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domingo, 25 de septiembre de 2016

Federico III de Alemania


Federico III de Hohenzollern (en alemán: Friedrich III.)(Potsdam, 18 de octubre de 1831-Potsdam, 15 de junio de 1888), segundo emperador de Alemania (Káiser) y octavo rey de Prusia, durante 1888 (9 de marzo-15 de junio).
                               
Perteneciente a la muy conservadora dinastía Hohenzollern, Federico adquirió pronto ideas liberales por influencia de su madre, Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach. Tras completar sus estudios, que aunaron formación militar y artes liberales, el joven se casó en 1858 con la princesa real Victoria, quien le reafirmó en sus ideas progresistas. Poco a poco, el príncipe se alejó de su padre, el rey Guillermo I, y sobre todo del jefe de gobierno, el ministro-presidente Otto von Bismarck. Aunque era el heredero al trono, el príncipe estuvo alejado de los asuntos políticos y relegado a un papel meramente representativo.

A pesar de no comulgar con la política «bismarckiana» de «sangre y hierro», Federico deseaba también la unificación alemana y la creación de una gran nación en Europa. Aunque opuesto a la guerra, participó en los conflictos iniciados por su país en la década de 1860: la guerra de los Ducados (1864), la guerra austro-prusiana (1866) y la guerra franco-prusiana (1870). No obstante, y a pesar de sus éxitos militares, su padre lo mantenía alejado del poder. Además, la proclamación del Imperio alemán, en 1871, no supuso para él ninguna promoción política.

Tras 27 años como heredero al trono, Federico sucedió finalmente a su padre como rey de Prusia y emperador alemán el 9 de marzo de 1888. No obstante, padecía un cáncer de laringe avanzado y murió 99 días después, lo que le impidió llevar a cabo las reformas que había soñado. Hoy en día, el emperador Federico III es una personalidad controvertida para los historiadores: mientras que algunos consideran que podría haber impedido el inicio de la Primera Guerra Mundial convirtiendo Alemania en una democracia liberal, otros piensan que no hubiera podido reformar el país en profundidad y dudan incluso de que quisiera hacerlo.

Hijo del príncipe Guillermo de Prusia y de Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach, Federico era por parte de padre, nieto del rey Federico Guillermo III de Prusia y de su esposa Luisa de Mecklenburgo-Strelitz, mientras que por parte de madre descendía de Carlos Federico, gran duque de Sajonia-Weimar-Eisenach y su mujer, María Pávlovna Románova. El príncipe tenía una hermana, Luisa, que nació siete años antes que él y que llevaba el nombre de su abuela. Ésta se casó con el gran duque Federico I de Baden y dio a luz a dos hijos: Federico II de Baden y la futura reina Victoria de Suecia.
El 25 de enero de 1858 Federico se casó en Londres con Victoria, princesa real del Reino Unido, hija de la reina Victoria de Gran Bretaña e Irlanda y Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, con la que tuvo ocho hijos de los cuales dos murieron antes de llegar a la adolescencia:
  • Guillermo II, rey de Prusia, emperador de Alemania. Se casó en primeras nupcias con Augusta Victoria de Schleswig-Holstein y, tras la muerte de esta, con Herminia de Reuss-Greiz.
  • Carlota de Prusia, casada con Bernardo III de Sajonia-Hildburghausen.
  • Enrique de Prusia, casado con Irene de Hesse-Darmstadt.
  • Segismundo de Prusia, muerto a los 2 años.
  • Victoria de Prusia, casada con Adolfo von Schaumburg-Lippe. Viuda, se casó con el ruso blanco Alexandre Zoubkoff.
  • Waldemar de Prusia, murió con 11 años.
  • Sofía de Prusia, casada con Constantino I de Grecia.
  • Margarita de Prusia, casada con el landgrave Federico de Hesse, efímero rey de Finlandia.

Príncipe de Prusia

Primeros años y educación 


La duquesa Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach,
madre de Federico III.
Federico nació en el Nuevo Palacio de Potsdam en Prusia el 18 de octubre de 1831. El padre de Federico, el príncipe Guillermo, era el segundo hijo de Federico Guillermo III de Prusia y, por tanto, era hermano menor del rey Federico Guillermo IV de Prusia. Tras haber sido educado en la más estricta tradición militar de los Hohenzollern, ejerció la regencia del reino desde 1858. La madre de Federico, por el contrario, había recibido una educación más liberal y más artística que su esposo y era, de hecho, bastante conocida en Europa por sus ideas progresistas. Por estas diferencias en cuanto a su educación, la pareja apenas se entendía y Federico y su hermana Luisa tuvieron infancias solitarias y difíciles.

A pesar del valor que le daba la familia Hohenzollern a la formación militar, la princesa Augusta insistió en que su hijo también recibiese una educación más tradicional. Federico resultó ser un alumno brillante y estaba especialmente dotado para las lenguas extranjeras, sobre todo el inglés, el francés y el latín. También fue un excelente gimnasta y estudió asimismo historia, geografía, física, música y religión. Como buen príncipe prusiano, llegó a ser un buen jinete.

Iniciado muy pronto en los temas militares, con solo 10 años fue nombrado subteniente en el 1.er regimiento de Infantería de la guardia prusiana y condecorado con la Orden del Águila Negra. Cuando cumplió 18 años, su familia pensó que se implicaría más en los asuntos militares, pero rompió con la tradición y se matriculó en la Universidad de Bonn. Sus años como estudiante universitario, unido a la influencia de las personalidades menos conservadoras de su familia, son claves para entender sus convicciones liberales.

El impacto de las ideas liberales en Alemania 

Federico creció en una época conflictiva durante la cual el liberalismo conoció un fuerte empuje en el mundo germánico. Se empezaba a gestar una voluntad de unificar Alemania y de instaurar una monarquía constitucional que garantizara la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, la protección de la propiedad privada y el reconocimiento de los derechos civiles y políticos. Los liberales querían imponer a la Confederación Germánica un gobierno sometido a la voluntad y la representación populares.

En 1848, cuando el joven Federico tenía 16 años, el desarrollo del sentimiento nacional y de las ideas liberales condujeron al estadillo de una serie de revoluciones que eliminaron algunas monarquías germanas y europeas. En los estados alemanes, el objetivo de los liberales era el reconocimiento de las libertades fundamentales, como el derecho de reunión y la libertad de prensa, así como la creación de un parlamento y una constitución alemana. No obstante, algunos meses después, la revolución alemana de 1848-1849 fue barrida del mapa por las fuerzas conservadoras. Sin embargo, y aunque la revolución fracasó porque no pudieron mantener sus reformas, los liberales estuvieron muy presentes en la vida política alemana a lo largo de la vida de Federico.

Un matrimonio concertado pero feliz

En el siglo XIX, los matrimonios reales europeos eran concertados por la corte para crear y reforzar las relaciones entre los estados del continente. Desde 1851, la reina Victoria I del Reino Unido y su esposo, el príncipe Alberto, empezaron a hacer planes para casar a su hija mayor, la princesa Victoria, que acababa de cumplir 11 años, con Federico, el heredero al trono prusiano. En aquella época, la familia real de Gran Bretaña era casi enteramente de origen germano: había muy poca sangre inglesa corriendo por las venas de la reina Victoria y ninguna por las venas de su esposo.
 
Los soberanos decidieron mantener vínculos familiares con Alemania. El príncipe consorte pensó, además, que la llegada de una princesa británica en la familia Hohenzollern podría permitir la apertura y la modernización del reino de Prusia. El rey de Bélgica, Leopoldo I, tío de Victoria, intervino para facilitar el matrimonio entre Federico y Victoria. Durante muchos años, apoyó la idea del barón Christian Friedrich Freiherr von Stockmar de crear una alianza entre Gran Bretaña y Prusia.

 En Berlín, la princesa Augusta también estaba a favor de un matrimonio inglés para su hijo. Sin embargo, su marido no compartía su opinión y prefería casar a Federico con una gran duquesa de Rusia.

El compromiso entre Federico y Victoria se anunció en abril de 1856 y su matrimonio se celebró el 25 de enero de 1858 en la capilla real del palacio de St. James en Londres. Aunque fue concertada, la unión entre los dos jóvenes pronto se convirtió en un matrimonio feliz gracias a que Federico había recibido una educación liberal y Victoria compartía las ideas políticas de su marido.

Relación con su hijo Guillermo 


El joven Guillermo de Prusia en 1874.
Al estar tan unidos, la pareja no tardó en crear una familia numerosa. Su primer hijo, el príncipe Guillermo, nació un año después de la boda, el 27 de enero de 1859. Este tuvo problemas durante el parto y nació con un brazo mal formado, probablemente debido a que el feto estaba en una mala posición o a una parálisis cerebral.

Cuando creció, Guillermo no comulgó con ninguna de las ideas liberales de sus padres. De hecho, su madre lo consideraba un «auténtico prusiano», y las diferencias ideológicas crearon un abismo entre el príncipe y sus padres durante toda la vida. Además, Bismarck hacía todo lo posible para empeorar aún más la situación.

Desdeñando las ideas progresistas de sus padres y con deseos de humillarlos públicamente, Guillermo II no hizo ninguna referencia a su padre cuando lo sucedió en el trono en 1888. Por el contrario, declaró que deseaba seguir la vía abierta por su abuelo Guillermo I, por lo que el nuevo emperador continuó una política muy conservadora que llevó a su país a la Primera Guerra Mundial.

Heredero al trono de Prusia

Cuando Guillermo I llegó al trono de Prusia el 2 de enero de 1861, Federico se convirtió en el príncipe heredero o kronprinz, su nombre en alemán, con 29 años, y mantendría este título durante 27 años. Al principio de su reinado, Guillermo I era considerado un soberano políticamente neutral y Federico y los liberales alemanes esperaban que abriera una nueva era política. Esta esperanza parecía compartida con la población pues, en las elecciones, los liberales aumentaron el número de escaños en el parlamento. Sin embargo, el rey Guillermo mostró pronto su sensibilidad conservadora y su oposición a las reformas.
 
Soldado dogmático a pesar de sus 64 años, Guillermo I tuvo problemas con el parlamento prusiano. Así, desde septiembre de 1862, hubo un enfrentamiento entre el soberano y los diputados debido a una reforma del ejército que por poco supuso el remplazo de Guillermo por Federico. De hecho, el rey amenazó con abdicar si el parlamento se negaba a dar crédito a su plan de reorganización del ejército. Federico se sintió horrorizado por esto y le dijo a su padre que la abdicación «constituiría una amenaza para la dinastía, para el país y para la corona».

Guillermo cambió de opinión y nombró a Otto von Bismarck ministro presidente de Prusia. La elección de Bismarck, político autoritario y poco respetuoso con el parlamento como jefe del gobierno, supuso un enfriamiento de las relaciones entre el rey y el príncipe heredero. Deseoso de unificar Alemania por medios políticos y liberales, Federico se sintió aislado ante esta política de «sangre y hierro». Pronto, su padre lo excluyó de los asuntos políticos y esta fue la situación que se reprodujo a lo largo de todo el reinado de Guillermo I. Apoyado por su mujer, el príncipe heredero no dudó en protestar públicamente contra el gobierno de su padre. En 1863, criticó duramente la restricción de la libertad de prensa decretada por Bismarck durante una recepción oficial en Gdansk.

Pronto, desprovisto de cualquier función real en Prusia, Federico y Victoria pasaron largos periodos en el Reino Unido. Al contrario que Guillermo I, la reina Victoria I del Reino Unido no dudó en pedirle a su yerno que la representara en las ceremonias públicas.

De la guerra de los Ducados a la guerra austro-prusiana

En 1863 estalló la guerra de los Ducados, en la que Dinamarca se enfrentó a Prusia y a Austria por la posesión del ducado de Schleswig-Holstein. El conde Friedrich von Wrangel fue nombrado comandante supremo de los ejércitos de la Confederación Germánica y el príncipe heredero supo suavizar con tacto las tensiones que dividían a los oficiales. Los prusianos y sus aliados austriacos vencieron a los daneses e invadieron el sur del país hasta Jutlandia. Sin embargo, tras la guerra los aliados estuvieron dos años disputándose el liderazgo de los estados alemanes. Sus tiranteces condujeron a la guerra austro-prusiana. Contrario a un conflicto con Viena, Federico aceptó, a pesar de todo, el mando de uno de los tres ejércitos prusianos y puso al conde Leonhard von Blumenthal como jefe del Estado mayor. La llegada, en el momento adecuado, de las tropas del príncipe heredero en la batalla de Sadowa fue decisiva para asegurar la victoria prusiana.

Tras la batalla, Guillermo I condecoró a su hijo por la orden Pour le Mérite en recompensa por su comportamiento en el campo de batalla. Algunos días antes de Sadowa, el príncipe heredero escribió a su esposa que esperaba que esta guerra fuera la última en la que estuviera. Sin embargo, el tercer día del conflicto, escribió a Victoria: «¿Quién sabe si no habrá una tercera guerra para conservar lo que ya hemos ganado?»

Guerra franco-prusiana

Cuatro años después del final de la guerra austro-prusiana, en 1870, estalló la guerra franco-prusiana, durante la cual el príncipe heredero dirigió el III ejército alemán, compuesto por tropas procedentes de los estados de Alemania del Sur. Durante este nuevo conflicto, Federico fue loado por su acción contra los franceses en las batallas de Froeschwiller-Woerth y de Wissembourg, pero fue en la batalla de Sedán y el asedio de París donde obtuvo los mayores éxitos. El respeto con el que Federico trató a los enemigos de su país le ganó el reconocimiento de los observadores de los países neutrales. Evidentemente, sus victorias militares aumentaron el amor del príncipe por sus hombres. Tras la batalla de Woerth, un periodista londinense fue testigo de las numerosas visitas del príncipe heredero a los soldados prusianos heridos y describió el afecto y el respeto con el que los militares lo trataban.

Sin embargo, el heredero al trono no era un hombre de guerra. Durante una entrevista con dos periodistas parisinos, declaró: «A mí no me gusta la guerra, señores. Cuando reine, espero no tener que hacerla nunca». Otro periodista francés escribió sobre el príncipe: «El príncipe heredero ha dejado cantidad de pruebas de su bondad y de su humanidad en el país contra el que hace la guerra». The Times publicó una loa a Federico en julio de 1871: «el príncipe está ganando tantos honores por su nobleza de corazón como por sus proezas durante la guerra».

Príncipe heredero de Alemania

La proclamación del II Reich

El 18 de enero de 1871, aniversario de la llegada de los Hohenzollern a la dignidad real en 1701, los príncipes de la Confederación Alemana del Norte, así como los de la Alemania del Sur (Baviera, Baden, Wurtemberg y Hesse-Darmstadt) proclamaron a Guillermo I emperador en la Galería de los Espejos del palacio de Versalles. Estos adhirieron, por el momento simbólicamente, sus estados al nuevo Imperio alemán. Federico se convirtió, pues, en príncipe heredero de Alemania y Otto von Bismarck en canciller imperial. Poco después, los países católicos de la Alemania del Sur, que solo tenían con Prusia un acuerdo de unión aduanera, se incorporaron oficialmente a la Alemania unificada por el Tratado de Versalles (26 de febrero de 1871) y el Tratado de Fráncfort (10 de mayo de 1871) que, además, supusieron la adhesión al imperio de Alsacia y Lorena.

Un papel siempre limitado

Siempre en conflicto con las políticas y los actos de su padre y de Bismarck, Federico se puso de parte de los liberales alemanes y los apoyó sobre todo en su oposición al aumento de dinero para el ejército. Sin embargo, no se tenía muy en cuenta la opinión del heredero al trono imperial. Sus únicas funciones eran las de representar a Alemania y a su soberano en las ceremonias, las bodas y las celebraciones oficiales como el Jubileo de diamante de la reina Victoria de 1887.

El príncipe Federico invirtió en numerosos trabajos de interés público como la fundación de escuelas o de iglesias en la región de Bornstädt, cerca de Potsdam. Deseoso de ayudar a su padre en convertir a Berlín en un importante centro cultural en Europa, el heredero fue nombrado «protector de los museos públicos». De hecho, gracias a él la capital alemana adquirió nuevas colecciones de objetos de arte y se fundó el museo Bode (conocido con el nombre de «museo del káiser Federico» hasta 1956).

Emperador alemán

Un emperador esperado pero gravemente enfermo

Las fuerzas progresistas alemanas esperaban con impaciencia la llegada de Federico al trono.
Sin embargo, el muy conservador emperador Guillermo vivió hasta los 90 años y murió el 9 de marzo de 1888. En ese momento Federico tenía ya 57 años y padecía cáncer de laringe. Cuando por fin se convirtió en káiser, se dio cuenta de la importancia de su enfermedad y se lamentó por no poder servir a su país.

Enfermo, Federico III recibió consejos contradictorios por parte de sus médicos. En Alemania, el doctor Ernst von Bergmann le propuso extirparle totalmente la laringe, mientras que su colega, el doctor Rudolf Virchow se opuso totalmente pues no se había completado una operación semejante sin causarle la muerte al paciente. El célebre laringólogo británico Morell Mackenzie, que no reconoció el cáncer del emperador, le aconsejó una sencilla cura en Italia, lo que finalmente aceptaron tanto el emperador como su esposa.

El 8 de febrero de 1888, un mes antes de la muerte de Guillermo I, el doctor Bergmann le puso una cánula al entonces príncipe heredero para permitirle respirar. Sin embargo, esta operación quirúrgica le privó del habla. Incapaz de comunicarse verbalmente, Federico resolvió utilizar la escritura para comunicarse. A pesar de todo, el príncipe tuvo suerte durante la operación: el doctor Bergmann estuvo a punto de matar al heredero al trono al realizar la incisión en la tráquea y dirigir la cánula hacia el lado derecho de la garganta. Federico empezó a toser y a sangrar y Bergmann tuvo que introducir su índice en la herida para colocar bien la cánula. El sangrado se calmó después de dos horas pero la acción del médico produjo un absceso en el cuello del paciente. Rápidamente, el pus acabó acumulándose en el cuello y eso le provocó molestias al emperador en los últimos meses de su vida. Tras la operación, el príncipe se quejó a sus allegados del mal trato dispensado por Bergmann y se preguntaba «por qué Bergmann me metió el dedo en la garganta». Algunas semanas más tarde, el doctor Thomas W. Evans le practicó de nuevo, y con éxito, una traqueotomía con una cánula de plata.

«El emperador de los 99 días»


En el mausoleo del káiser Federico de Potsdam,
la tumba del emperador está coronado
con una efigie que lo representa.
A pesar de su enfermedad, el emperador Federico hizo cuanto pudo para cumplir sus obligaciones oficiales y no olvidó recompensar a los que siempre lo apoyaron. Inmediatamente después de llegar al trono, condecoró a su esposa con la Orden del Águila Negra. Durante su corto reinado, el soberano recibió la visita oficial de la suegra, la reina Victoria del Reino Unido y el rey Óscar II de Suecia.

También asistió a la boda de su hijo, el príncipe Enrique de Prusia, con su sobrina, la princesa Irene de Hesse-Darmstadt. No obstante, Federico solo fue emperador durante 99 días y se mostró incapaz de llevar a cabo las reformas que tenía en mente desde hacía tanto tiempo. De hecho, un edicto que había escrito antes de ser emperador y que limitaba los poderes del soberano y del canciller nunca fue aplicado. El 8 de junio de 1888, Federico obligó a dimitir al ministro del Interior, Robert von Puttmaker tras descubrirse que interfirió en las elecciones al Reichstag.

Consciente de que iba a morir en breve, Federico se preocupó sobre todo por la suerte de su país. En mayo de 1888, declaró «No puedo morir… ¿qué le ocurriría a Alemania?» Murió el 15 de junio siguiente y su hijo mayor, el joven Guillermo II, le sucedió en el trono. Federico fue enterrado en un mausoleo anexo a la iglesia Friedenskirche de Potsdam. Tras la muerte del emperador, el primer ministro británico William Gladstone lo calificó como «el Barbarroja del liberalismo alemán».

Controversia historiográfica

Durante toda su vida, Federico estuvo convencido de que un gobierno no debería actuar contra la voluntad de su pueblo. Muy liberal, admiraba a su suegro Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha y el régimen parlamentario británico. Antes de ascender al trono, tuvo la ocasión de debatir largo y tendido con la reina Victoria y otras personas sus ideas con respecto al gobierno. De acuerdo con su esposa, preveía reformar el Imperio alemán y poner a la cabeza de este a ministros más liberales.
 
Cuando llegó al trono, Federico y Victoria intentaron limitar el papel del canciller imperial y reorganizar el sistema político alemán para añadirle más elementos del modelo liberal británico. Muchos historiadores, como William Harbutt Dawson o Erich Eyck, han considerado que la muerte repentina de Federico III obstaculizó el desarrollo del movimiento liberal en el interior del Imperio alemán. Estos piensan que si hubiera reinado más tiempo y con mejor salud, Federico hubiera convertido a Alemania en una democracia liberal y hubiera impedido su militarización. Otros autores, como Michael Balfour o Michael Freund, van aún más lejos y defienden que si hubiera reinado más tiempo, Federico habría impedido el estallido de la Primera Guerra Mundial y, por consiguiente, de la Segunda Guerra Mundial. Más prudente, el historiador Frank Tipton se pregunta: «¿Qué habría pasado si su padre hubiera muerto antes o si él hubiera vivido más tiempo?»

Por el contrario, otros investigadores, como Wilhelm Mommsen o Arthur Rosenberg, se oponen a la idea de que el emperador podría haber «liberalizado» Alemania ya que no hubiera osado oponerse a su padre y a Bismarck para cambiar la historia de su país. Excelente soldado criado en la tradición militar de su familia, Federico se sometió a la mayoría de las decisiones políticas de su padre y del canciller. Andreas Dorpalen afirma que es poco probable que el emperador hubiera cambiado de opinión si hubiera estado más tiempo en el trono, si bien tenía un carácter muy débil para poder llevar a cabo cambios reales en Alemania. Arthur Rosenberg va más lejos y considera que, a pesar de sus tendencias liberales, Federico creía firmemente en Bismarck y en su sistema. Por su parte, James J. Sheehan supone que el clima político y el sistema de partidos alemanes era demasiado conservador a finales del s. XIX para que Federico hubiera podido «liberalizarlo» en profundidad.

Por último, Andreas Dorpalen añade que el liberalismo de Federico ha sido exagerado tras su muerte para dar una imagen fuerte del movimiento liberal germano. Además, considera que los errores cometidos por Guillermo I han contribuido a que se vea a su padre con mejores ojos.




Victoria del Reino Unido


Victoria del Reino Unido (Londres, 21 de noviembre de 1840 - Potsdam, 5 de agosto de 1901) fue una princesa real del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, hija mayor de Victoria del Reino Unido y Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. También fue reina de Prusia y emperatriz consorte de Alemania durante los 99 días de reinado de su marido, Federico III de Alemania.

Heredera de las ideas liberales de su padre, fue el principal apoyo del entonces príncipe heredero Federico, con quien se había casado a los 16 años, en su deseo de establecer una monarquía constitucional en Prusia y Alemania. Criticada por su conducta y por su origen inglés, Vicky (como la llamaba su familia) fue relegada al ostracismo tanto por los Hohenzollern como por la corte de Berlín. Su aislamiento aumentó aún más con la llegada de Otto von Bismarck al poder en 1862. Vicky y su marido no tuvieron ocasión de influir en la política alemana en las pocas semanas que duró el reinado de este en 1888, ya que padecía un cáncer de laringe en estado terminal. Federico no tuvo tiempo ni fuerzas para implantar las reformas con las que había soñado cuando era príncipe heredero.
                  
Con la muerte de su marido, la emperatriz viuda fue definitivamente alejada del poder por su hijo, el káiser Guillermo II. Primero se instaló en Kronberg im Taunus y posteriormente pasó a vivir en Schloss Friedrichshof, un palacio construido en homenaje a su marido. Cada vez más sola tras las bodas de sus hijas más pequeñas, Victoria murió de cáncer de mama en 1901, poco después de la muerte de su madre.

La correspondencia entre Vicky y su madre aún puede consultarse. Cerca de 4000 cartas enviadas a la reina Victoria y 3777 recibidas de ella están preservadas y catalogadas y dan una visión detallada sobre la forma de vivir de la corte prusiana entre 1858 y 1900.

Nacida en 1840, Victoria (a la que sus padres llamaban Vicky o Pussy) fue el primer hijo de la reina Victoria del Reino Unido y su marido, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Se le confirió el título de princesa real el 19 de enero de 1841 y se convirtió en la heredera presunta hasta el nacimiento de su hermano, el futuro Eduardo VII, el 9 de noviembre de ese mismo año. Fue bautizada en el Salón del Trono del palacio de Buckingham el 10 de febrero de 1841 por William Howley, arzobispo de Canterbury, siendo sus padrinos su abuelo paterno, el duque Ernesto I de Sajonia-Coburgo-Gotha; su abuela materna, la duquesa de Kent; su tío abuelo materno y paterno a la vez, el rey Leopoldo I de Bélgica; sus tíos abuelos maternos, el duque de Sussex y la duquesa de Gloucester (ambos hijos del rey Jorge III), y su tía abuela política materna, la reina viuda del Reino Unido, Adelaida de Sajonia-Meiningen.
La pareja real quería darle a sus hijos la educación más completa posible, pues la reina, que sucedió a su tío con 18 años, declaró que no había sido lo suficientemente preparada para reinar. Por su parte, el príncipe Alberto, originario del pequeño ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha, recibió de su tío, el rey Leopoldo I de Bélgica, una educación mucho más cuidada.
 
Poco después del nacimiento de Vicky, el príncipe Alberto escribió un memorando detallado sobre las tareas y deberes de todas las personas involucradas en la educación de los infantes. Un año y medio después, otro documento de 48 páginas, escrito por el barón von Stockmar, íntimo de la pareja real, detallaba los principios educacionales para los pequeños príncipes. Sin embargo, la ignorancia de Victoria y Alberto sobre el desarrollo de un niño era considerable hasta el punto de que la reina creía que el hecho de que la pequeña Vicky chupara las pulseras era un síntoma de mala educación. Según Hanna Pakula, biógrafa de la futura emperatriz de Alemania, las dos primeras preceptoras de la princesa fueron escogidas con bastante criterio. Especialista en lidiar con niños, lady Littleton empezó a dirigir el nido por donde pasaban todos los hijos del matrimonio real a partir del segundo año de la princesa. Diplomática, la joven consiguió hacer agradables las exigencias, a veces descabelladas, de los padres para con los príncipes. Sarah Anne Hildyardm, segunda preceptora de Vicky, fue una profesora dedicada y competente, que desarrolló una estrecha relación con su pupila.

Con solo un año y medio de vida, la princesa recibía clases de francés y antes de los cuatro empezó a hablar alemán. A partir de los seis años, Vicky tenía clases desde las 8:20 hasta las 18:00, con tres horas de descanso, y su currículo incluía clases de geografía, aritmética e historia. Al contrario que su hermano, cuyo plan de estudios era aún más riguroso, ella se convirtió en una alumna excelente, siempre ansiosa por aprender. A pesar de esto, también fue descrita como una persona temerosa y traviesa.

La reina Victoria intentó alejar todo lo que pudo a sus hijos de la vida en la corte. Por ello, la pareja real adquirió el castillo de Osborne, en la isla de Wight, que fue remodelado al estilo de una villa napolitana, según el proyecto diseñado por el propio príncipe consorte. Cerca del edificio principal, Alberto mandó construir un chalé de inspiración suiza con una pequeña cocina y un taller de carpintería. En este sitio los niños aprendieron a cocinar y a realizar trabajos manuales. Alberto desempeñó un papel importante y directo en la educación de sus hijos, pues seguía de cerca su progreso, les daba lecciones y pasaba mucho tiempo jugando con ellos.

Primer encuentro con los Hohenzollern

El príncipe heredero Guillermo de Prusia y su esposa, la princesa Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach, estaban entre los miembros de las casas reales que tenían a la reina Victoria y al príncipe Alberto como amigos y aliados. La soberana británica mantenía correspondencia regular con su prima liberal desde 1846, no obstante, los lazos entre las dos parejas se fortalecieron en 1848, cuando la revolución de Marzo llegó a Berlín obligando a Guillermo y a Augusta a refugiarse durante tres meses en la corte británica.

En 1851, Guillermo volvió a Londres con su esposa y sus dos hijos (Federico y Luisa) para visitar la Gran Exposición. Fue la primera vez que Vicky vio a su futuro marido y, a pesar de la diferencia de edad (ella tenía 11 años y él 19), se cayeron muy bien. La joven princesa fue la encargada de ser la guía de Federico durante la exposición. Como el inglés del príncipe no era muy bueno, Victoria se comunicaba con él con un alemán bastante fluido. Años más tarde, Federico aún recordaba lo que le impresionó esa mezcla de carácter infantil, curiosidad intelectual y dignidad natural que la princesa había demostrado durante su visita.

Victoria no fue la única que impresionó positivamente a Federico en las cuatro semanas que él estuvo en Inglaterra. El joven prusiano encontró en el príncipe Alberto un interlocutor con quien compartió y fortaleció sus ideas liberales. Las relaciones entre los miembros de la familia real británica (especialmente entre la reina, el príncipe consorte y sus hijos) y la vida en la corte londinense, menos rígida y conservadora que la berlinesa, fascinaron a Federico.

Tras su vuelta a Alemania, Federico inició un intercambio de correspondencias con Vicky. Sin embargo, detrás de esa amistad floreciente, estaba el deseo de la reina de Gran Bretaña y su marido de forjar lazos más estrechos con Prusia. En una carta enviada a su tío, Leopoldo de Bélgica, además de cuestiones sobre la soberanía británica, la reina Victoria expresó sus esperanzas en el estrechamiento de vínculos entre los dos jóvenes.

Compromiso con Federico de Prusia


La princesa real en 1857.
Como Vicky, Federico recibió una educación bastante completa con profesores importantes como el escritor Ernst Moritz Arndt y el historiador Christoph Friedrich Dahlmann. Siguiendo la tradición de los Hohenzollern, recibió asimismo una rigurosa formación militar.

En 1855, Federico realizó un nuevo viaje a Gran Bretaña y visitó a Vicky y a su familia en el castillo de Balmoral en Escocia. El propósito de este nuevo viaje era evaluar a la princesa como posible pretendienta. En Berlín, mientras, esta visita no se veía con agrado porque en la corte prusiana muchos preferían ver al heredero al trono casado con una gran duquesa rusa. El rey Federico Guillermo IV de Prusia también se mostró reticente a permitir el matrimonio de su sobrino con una princesa británica y llegó incluso a mantenerlo en secreto delante de su esposa, cuya anglofobia era notoria.

Cuando recibió la visita de Federico, Victoria apenas tenía quince años. La reina Victoria temía que el heredero al trono prusiano no encontrase a su hija atractiva pues, además de medir solo 1,50 m, estaba muy alejada del ideal de belleza de aquella época. Sin embargo, desde la primera cena con el príncipe, quedó claro para la soberana y su marido que la simpatía mutua de la joven pareja era la misma que en 1851. De hecho, tras solo tres días con la familia real, Federico pidió la mano de Vicky. A pesar de estar satisfecho con la pedida, Victoria y Alberto declararon que no consentirían el matrimonio hasta que su hija tuviera 17 años.

Con el apoyo de Federico a la condición impuesta por la reina Victoria, el compromiso se anunció públicamente el 17 de mayo de 1856. El proyecto, sin embargo, fue criticado por la opinión pública británica, que no aceptaba la neutralidad prusiana durante la guerra de Crimea. En un artículo incendiario, The Times describió a los Hohenzollern como una «dinastía miserable», cuya permanencia en el trono dependía únicamente de Rusia y con una política exterior incoherente y de poca confianza. El periódico también criticó la falta de garantías políticas dadas a la población por el rey Federico Guillermo IV durante la revolución de marzo. En Alemania, la reacción al anuncio del compromiso no fue unánime, pues contaba con la oposición de los Hohenzollern y los conservadores, aunque la unión con la corona británica era bienvenida en los círculos liberales.

Preparación para el papel de princesa prusiana

El príncipe Alberto formaba parte de los «Liberales de Vormärz» y siempre apoyó el «Plan Coburgo», que defendía la idea de una Prusia liberal como ejemplo para otros estados alemanes para intentar alcanzar la unidad en torno a los principados germánicos. Durante la estancia voluntaria del príncipe Guillermo en Londres en 1848, el príncipe consorte ya había intentado convencer a su primo Hohenzollern de la necesidad de transformar Prusia en una monarquía constitucional al estilo británico. Mientras, el futuro emperador alemán no escuchó los argumentos de Alberto y mantuvo sus ideas ultraconservadoras.

Deseando convertir a su hija en un instrumento de liberalización de Alemania, Alberto aprovechó los dos años de compromiso entre Victoria y Federico para dar a la princesa real la formación más amplia posible. Él mismo le enseñó historia y escribió a la hija numerosos ensayos sobre los acontecimientos de Prusia. Sin embargo, el príncipe consorte sobrestimaba la capacidad del movimiento liberal para llevar a cabo una reforma en Alemania en un momento en que solo una pequeña parcela de la clase media y algunos círculos intelectuales compartían sus ideales en la Confederación Germánica. Era un papel particularmente difícil el que el príncipe Alberto confiaba a su hija, especialmente en una corte tan crítica como la de los Hohenzollern.

Asuntos domésticos y matrimonio


Victoria y Federico, cuatro días después de su boda.
Para pagar la dote de la princesa real, el parlamento británico le concedió una suma de 40 000 libras, así como otras 8000 anualmente. Mientras tanto, en Berlín, el rey Federico Guillermo IV le concedió a su sobrino una suma anual de solo 9000 táleros. La renta del heredero al trono de Prusia era insuficiente para mantener su posición y la de su prometida. Consta que, a lo largo de su matrimonio, Victoria costeó con su propio dinero gran parte de los gastos de la pareja.

El séquito berlinés de la pareja real fue escogido por la reina Isabel Luisa de Baviera y por la madre de Federico, la princesa Augusta. Sin embargo, las dos llamaron para el servicio de la pareja a personas que les habían servido muchos años en la corte y, por lo tanto, eran mucho mayores que Vicky y Federico. Por ello, el príncipe Alberto solicitó permiso a los Hohenzollern para enviar a Alemania al menos dos damas de compañía británicas con edades similares a las de su hija, pero su pedido no fue atendido. Como compensación, Vicky recibió dos damas de compañía de origen alemán: las condesas Walburga von Hohental y Marie zu Lynar. Alberto, sin embargo, consiguió imponer a Ernest von Stockmar, hijo de su amigo, el conde Christian Friedrich von Stockmar, como secretario particular de su hija.

Convencido de que la unión de una princesa británica con el heredero al trono de Prusia sería considerado un honor por los Hohenzollern, Alberto insistió en que su hija pudiera mantener el título de princesa real después del matrimonio. Sin embargo, en la antibritánica y prorrusa corte de Berlín, la decisión del príncipe no hizo más que aumentar la antipatía contra Victoria.

No obstante, el lugar de la boda fue uno de los asuntos que levantó las mayores críticas y polémicas. Para los Hohenzollern, era natural que la boda del heredero al trono de Prusia se realizara en Berlín. Sin embargo, la reina Victoria insistió en casar a su hija mayor en su país, como finalmente sucedió. La unión entre Victoria y Federico se celebró el 25 de enero de 1858 en la capilla real del palacio de St. James en Londres.

Princesa de Prusia

Blanco de críticas

Con la mudanza de Victoria a Berlín, se inició un intercambio significativo de correspondencias entre la princesa y sus padres. Cada semana, la joven enviaba una carta a su padre en la que le comentaba los acontecimientos políticos en Alemania. La mayoría de esas cartas se conservan hoy día y son una fuente valiosa de información sobre la corte prusiana. Esas cartas demuestran asimismo el deseo de la reina Victoria de controlar cada movimiento de la hija. La soberana exigía que Victoria se comportara como una princesa británica, aunque estuviera en Alemania. Sin embargo, ese comportamiento provocó a la princesa gran incomodidad en actos significativos. Un ejemplo era el protocolo a seguir debido a la muerte de algún pariente distante de ambas familias reales: en Londres, se guardaba un periodo de luto de un mes, mientras que en Prusia era de apenas una semana. En estos casos, Victoria estaba obligada a respetar el protocolo de la casa de Hohenzollern, postura que su madre criticó pues esta entendía que, como princesa real e hija de la reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, debía respetar el protocolo inglés.

Preocupado por las consecuencias que las continuas críticas maternas podían causar al equilibrio mental de Vicky, el barón von Stockmar solicitó al príncipe Alberto que obligara a la reina a moderar sus exigencias. Por otra parte, el barón no consiguió impedir ni reducir los ataques que su protegida sufría en los círculos rusófilos y anglófobos de la corte de Berlín. La joven eran también blanco frecuente de comentarios agresivos y mordaces por parte de la familia de sus suegros.

Funciones oficiales

Con solo 17 años, Victoria tuvo que realizar diversas y tediosas tareas oficiales. Casi todas las noches tenía que comparecer en cenas formales, representaciones teatrales o recepciones públicas. Si parientes extranjeros de los Hohenzollern visitaban Berlín o Potsdam, sus deberes protocolares eran aún mayores: muchas veces, Victoria tenía que estar a las 7:00 en la estación de trenes para recibir a los invitados de la familia real y a veces tenía que comparecer en fiestas oficiales tras la medianoche.

Tras la boda, Federico Guillermo IV dispuso una antigua ala del Palacio Real de Berlín para residencia de la pareja. Sin embargo, el edificio se encontraba en un pésimo estado de conservación y no tenía ni siquiera una bañera. En noviembre de 1858, Victoria y Federico se mudaron al Kronprinzenpalais y recibieron el Nuevo Palacio de Potsdam como residencia de verano.

El primer parto


El príncipe Federico, con su hijo Guillermo,
durante un viaje al castillo de Balmoral, en 1863.
Un año después de la boda, el 27 de enero de 1859, Victoria dio a luz a su primer hijo, el futuro káiser Guillermo II de Alemania. El parto fue bastante complicado pues la criada responsable de alertar a los médicos sobre el inicio de las contracciones tardó en dar el aviso. Además, los ginecólogos dudaron en examinar a la princesa, que solo llevaba un camisón de franela. El bebé se encontraba en posición pélvica y la tardanza en el parto podía causar la muerte tanto de la princesa como de su hijo.

Finalmente, los médicos consiguieron salvar a la madre y al hijo, pero el niño sufrió una lesión en los nervios del plexo braquial, lo que le provocó una parálisis en el brazo izquierdo. Con el paso del tiempo, el miembro se desarrolló de forma anormal y, en la edad adulta, el brazo izquierdo del príncipe era 15 cm más corto que el derecho. También se especula que el parto laborioso provocó un cuadro de sufrimiento fetal, que privó al futuro emperador de oxígeno durante algunos minutos y le habría acarreado otras secuelas neurológicas.

Los médicos intentaron tranquilizar a Victoria y a Federico afirmándoles que el bebé se recuperaría totalmente de sus lesiones. Aun así, la pareja optó por no informar a la corte británica sobre la enfermedad de Guillermo. Sin embargo, con el paso de las semanas quedó claro que el brazo del niño no se recuperaría y, tras cuatro meses de dudas, Vicky decidió dar la triste noticia a sus padres. Por suerte para la princesa, el nacimiento de su segundo bebé, la princesa Carlota el 24 de julio de 1860, fue tranquilo y sin incidentes.

Princesa heredera de Prusia

Una situación delicada

Con la muerte de Federico Guillermo IV el 2 de enero de 1861, su hermano, que ya actuaba como regente desde 1858, ascendió al trono como Guillermo I. Federico fue oficializado como príncipe heredero pero su situación en la corte no cambió mucho: su padre se negó a aumentar su sueldo y Victoria siguió contribuyendo significativamente al presupuesto familiar con su dote y sus prerrogativas. En una carta al barón von Stockmar, el príncipe Alberto le comentó la situación:
Para mí es obvio que cierta persona se opone a la independencia financiera de la princesa... [Ella] no solo no ha recibido un centavo de Prusia, lo que ya es calamitoso, sino que además ha tenido que usar su dote, lo cual no debería ser necesario. Si le niegan el dinero al pobre príncipe heredero por tener una «mujer rica», lo que van a conseguir es empobrecerla.
Además de las limitaciones financieras, a Federico y a Victoria se le acumularon más problemas. Como heredero al trono, no podía realizar viajes allende las fronteras sin el permiso del rey. Corría el rumor de que tal medida quería limitar los viajes de Victoria al Reino Unido. Tras su llegada al trono, Guillermo I recibió una gran carta del príncipe Alberto en la que este le pedía implícitamente que la constitución prusiana sirviera como ejemplo para otros estados alemanes. Sin embargo, esta carta aumentó el resentimiento del soberano por el príncipe consorte británico y por Federico y Victoria, que compartían las mismas ideas liberales.

Pérdida del padre y crisis política


El luto de las princesas británicas. En esta foto, datada de 1862,
se encuentran las cinco hijas de Alberto y Victoria
(Vicky, Alicia, Beatriz, Elena y Luisa) en torno al busto del padre.
El 14 de diciembre de 1861, con solo 42 años, el príncipe Alberto murió de fiebre tifoidea. Con una relación muy estrecha con el padre, Vicky quedó devastada con la noticia y fue con su marido al Reino Unido para asistir al funeral. Tras el acto, se produjo la primera gran crisis del reinado de Guillermo I y Federico y Vicky, aún de luto, no estaban preparados para enfrentarse a ella. El parlamento prusiano negó al soberano el dinero necesario para su plan de reorganización del ejército. Sin embargo, Guillermo consideraba la reforma como algo primordial y decidió disolver el parlamento el 11 de marzo de 1862. Al hacerlo, el monarca reavivó el conflicto constitucional prusiano. En un duro enfrentamiento entre la corona y la Dieta, el rey llegó a considerar fijar un plazo para dejar el cargo.

Ante esta perspectiva, Vicky intentó convencer a su marido para que aceptara la abdicación del padre. Sin embargo, el príncipe no estaba de acuerdo con su esposa y apoyó al rey para que se mantuviera firme ante la Dieta. Para Federico, la abdicación de un soberano tras un conflicto con el parlamento crearía un precedente peligroso y debilitaría a sus sucesores. El príncipe, por su parte, juzgaba que el apoyo a la renuncia de su padre en su favor sería una grave negligencia en sus deberes como hijo.

Finalmente, Guillermo optó por no abdicar y nombró al conde Otto von Bismarck como primer ministro de Prusia el 22 de septiembre. Líder del Partido Conservador, el político estaba dispuesto a gobernar sin mayoría parlamentaria e incluso sin presupuesto autorizado. El rey quedó satisfecho con la situación, pero su esposa, la liberal reina Augusta, y, especialmente, su hijo y su nuera, criticaron duramente la decisión. Sin embargo, Bismarck permaneció al frente del gobierno prusiano y, posteriormente, del alemán hasta 1890 y contribuyó decisivamente al aislamiento del príncipe heredero y de su esposa.

Aislamiento creciente

Con el estallido del conflicto constitucional prusiano, la oposición entre liberales y conservadores en Berlín alcanzó su punto álgido. Sospechosos de apoyar a los parlamentarios contra Guillermo I, el príncipe heredero y su esposa fueron objeto de durísimas críticas. El viaje que la pareja hizo por el Mediterráneo en octubre de 1862 a bordo del barco de la reina Victoria sirvió de pretexto para que los que los conservadores acusaran a Federico de abandonar a su padre en un momento de gran tensión política. También destacaron el hecho de que el príncipe viajase a bordo de una embarcación extranjera escoltada por un navío de guerra inglés.

Tras el anuncio del compromiso entre el príncipe de Gales con la princesa Alejandra de Dinamarca, hija del futuro Cristián IX y representante de un estado rival de Prusia, la posición de Vicky en la corte de Berlín se vio aún más debilitada. Para la opinión pública alemana, la princesa fue la responsable de incentivar esta unión entre Dinamarca y el Reino Unido.

Federico provocó un incidente al criticar abiertamente la política de su padre y de Bismarck. Durante la visita oficial a Danzig, el heredero al trono rechazó públicamente una orden emitida por el primer ministro el 1 de junio de 1863 que permitía a las autoridades prusianas prohibir la publicación de un periódico cuyo contenido fuera considerado inadecuado. Enfurecido con el discurso del hijo, Guillermo le acusó de desobediencia y lo amenazó con suspenderlo de sus funciones en el ejército e incluso excluirlo de la sucesión al trono. A los círculos conservadores, que exigían un castigo ejemplar, se unieron las voces del príncipe Carlos, hermano menor del rey y del general Edwin von Manteuffel, que creían que Federico debía ser sometido a una corte marcial. Naturalmente, Vicky no fue inmune a estas críticas de los conservadores. De hecho, muchos sospechaban que ella estaba detrás de las palabras del discurso del heredero en Danzig.

Severamente criticada en Alemania, la pareja vio su comportamiento elogiado en Gran Bretaña. The Times escribió: «Es difícil imaginar un papel más desafiante que el del príncipe heredero y el de su esposa, que se encuentran sin un consejero, entre un monarca cobarde, un gabinete impetuoso y una población indignada». El apoyo del periódico británico se convirtió en una nueva fuente de problemas para la pareja. El artículo contenía detalles cotidianos que hacían entrever que la princesa reveló informaciones confidenciales a la prensa. Las autoridades abrieron una investigación contra ella y, debido a la presión de estas, el secretario personal de Vicky, el baron von Stockmar, acabó renunciando a su cargo.

Muerte de Federico III y sus consecuencias

Federico III murió alrededor de las 11:00 del 15 de junio de 1888. En cuanto se anunció la muerte de soberano, su hijo y sucesor el káiser Guillermo II ordenó la ocupación de la residencia imperial por soldados. Los aposentos de Federico y Vicky fueron cuidadosamente revisados en busca de documentos comprometedores. Sin embargo, la búsqueda no fue fructífera pues toda la correspondencia del matrimonio había sido llevada al castillo de Windsor el año anterior. Varios años después, Guillermo II afirmó que el objetivo de esa investigación era encontrar documentos de estado. Actualmente, sin embargo, muchos historiadores (como Hannah Pakula y Franz Herre) apuntan que lo que el nuevo soberano pretendía era recuperar documentos que pudieran amenazar su reputación.

El funeral de Federico III se produjo poco después en Potsdam, sin grandes actos públicos. Vicky, ahora emperatriz viuda, no apareció en la ceremonia en la Friedenskirche, en el palacio de Sanssouci, pero asistió a una misa en memoria de su marido en la propiedad real de Bornstedt.

En las siguientes semanas, Guillermo II realizó una verdadera purga en todas las instituciones y personas próximas a Federico y Vicky. Los restos mortales del jurista Franz von Roggenbach fueron exhumados y la viuda de Ernest von Stockmar, el exsecretario particular de Vicky, fue interrogada por la policía. Friedrich Heinrich Geffcken, consejero de Federico desde hacía años, fue juzgado por alta traición por publicar fragmentos del diario del soberano muerto. Por último, Heinrich von Friedberg fue cesado como ministro de Justicia.

Emperatriz viuda

Búsqueda de una nueva residencia

Con la viudedad, Vicky tuvo que dejar el nuevo palacio de Postdam para que Guillermo II se pudiera instalar. Al no poder establecerse en el palacio de Sanssouci, adquirió una propiedad en Kronberg im Taunus, en el antiguo electorado de Hesse-Kassel. Allí, Vicky construyó un castillo que recibió el nombre de Friedrichshof en homenaje a su marido. Al haber heredado varios millones de marcos de la riquísima duquesa de Galliera, la emperatriz viuda pudo financiar la construcción y ampliación del castillo. Con la conclusión de las obras, en 1894, pasó la mayor parte del año en la propiedad con sus hijas menores, de donde solo salía para viajar al exterior. Para disgusto del káiser, que prefería que abandonara Alemania, Vicky formó su propia corte y mantuvo estrechos vínculos en los círculos liberales.

Una emperatriz cada vez más solitaria

En octubre de 1889, la princesa Sofía, penúltima hija de Vicky, se casó con el futuro Constantino I de Grecia, dejando la residencia materna. El año siguiente, la princesa Victoria, infeliz expretendiente del soberano de Bulgaria, se casó con Adolfo de Schaumburg-Lippe, futuro regente del Principado de Lippe. Finalmente, en 1893, la princesa Margarita se casó con Federico Carlos de Hesse-Kassel, elegido en 1918 para el trono del efímero Reino de Finlandia. Aunque satisfecha con estos compromisos, la emperatriz viuda se sentía cada vez más aislada tras la salida de sus hijas. De hecho, Vicky fue completamente apartada de la vida pública por Guillermo II. Con la muerte de su suegra, la emperatriz viuda Augusta en 1890, Vicky tuvo esperanzas en sucederla al frente de la Cruz Roja alemana y de la Vaterländischer Frauenverein («Asociación de Mujeres Patriotas»). Sin embargo fue su nuera, la empatriz Augusta Victoria la que asumió la presidencia de las entidades, lo que causó una profunda amargura a Vicky.

La emperatriz viuda no dudó en criticar duramente las políticas y el comportamiento de su hijo. Cuando éste escribió en el libro de visitas de la ciudad de Múnich las palabras «Suprema lex regis voluntas» («La voluntad del rey es la ley suprema»), ella, indignada, le escribió a su madre:
El zar, un papa infalible, un Borbón o nuestro pobre Carlos I podrían haber pronunciado esa frase, pero un monarca del siglo XIX... Dios mío, creo que (...) el hijo de Fritz y el nieto de mi querido padre ha tomado esa dirección y apenas comprende los principios con los cuales aún es posible gobernar.

Últimos años


La emperatriz viuda con sus hijos en 1900, un año antes de su muerte.
Vicky dedicó los últimos años de su vida a la pintura y solía visitar la colonia de artistas de Kronberg, donde se reunía regularmente con el pintor Norbert Schroeder. En estos últimos días solía pasear por la mañana y pasaba largas horas escribiendo cartas o leyendo en la biblioteca de su castillo.

A finales de 1898, los médicos le diagnosticaron cáncer de mama a Vicky, obligándola a permanecer en cama durante largos periodos. El 23 de febrero de 1901, le confirió a Frederick Ponsonby, secretario personal de su hermano, el rey Eduardo VII, sus documentos personales y le encargó que los llevara de vuelta a Inglaterra. La emperatriz murió el 5 de agosto de 1901, pocos meses después de su madre, la reina Victoria. Su cuerpo fue sepultado al lado de Federico III, en la cripta real de Friedenskirche.

Títulos

  • 21 de noviembre de 1840 – 19 de enero de 1841: Su Alteza Real La Princesa Victoria.
  • 19 de enero de 1841 – 25 de enero de 1858: Su Alteza Real La Princesa Real.
  • 25 de enero de 1858 – 2 de enero de 1861: Su Alteza Real Princesa Victoria de Prusia.
  • 2 de enero de 1861 – 18 de enero de 1871: Su Alteza Real La Princesa Heredera de Prusia.
  • 18 de enero de 1871 – 9 de marzo de 1888: Su Alteza Imperial y Real La Princesa Heredera de Alemania, Princesa Heredera de Prusia.
  • 9 de marzo de 1888 – 15 de junio de 1888: Su Majestad Imperial y Real La Emperatriz de Alemania, Reina de Prusia.
  • 15 de junio de 1888 – 5 de agosto de 1901: Su Majestad Imperial y Real La Emperatriz Viuda de Alemania, Reina Viuda de Prusia.

Familia

Descendencia

NombreFotoFecha de nacimientofecha de defunciónNotas
Guillermo II de AlemaniaWilhelm II, German Emperor, by Russell & Sons, c1890.jpg27 de enero de 18594 de junio de 1941Se casó con Augusta Victoria de Schleswig-Holstein y después con
Herminia de Reuss-Greiz
Carlota de PrusiaSarolta of Prussia and Saxe-Meiningen.jpg24 de julio de 18601 de octubre de 1919Se casó con Bernardo III de Sajonia-Meiningen.
Enrique de PrusiaHenrik porosz királyi herceg (1862–1929).JPG14 de agosto de 186220 de abril de 1929Se casó con Irene de Hesse-Darmstadt.
Segismundo de PrusiaSigismund (1).jpg15 de septiembre de 186418 de junio de 1866Murió de meningitis.
Victoria de PrusiaViktória schaumburg–lippei hercegné.jpg12 de abril de 186613 de noviembre de 1929Se casó con Adolfo de Schaumburg-Lippe y posteriormente con
Alexander Zoubkoff.
Waldemar de PrusiaPrince Waldemar of Prussia.jpg10 de febrero de 186827 de marzo de 1879Murió de difteria.
Sofía de PrusiaSophia of Prussia.jpg14 de junio de 187013 de enero de 1932Se casó con Constantino I de Grecia.
Margarita de PrusiaMargit of Prussia.jpg22 de abril de 187222 de enero de 1954Se casó con Federico Carlos de Hesse-Kassel.




















Federico III murió el 15 de junio de 1888. Federico fue enterrado en un mausoleo anexo a la iglesia Friedenskirche de Potsdam







Guillermo II de Alemania

Enlace aquí:

Guillermo II de Alemania (en alemán: Wilhelm II; nombre completo: Friedrich Wilhelm Viktor Albrecht von Hohenzollern; Berlín, 27 de enero de 1859-Doorn, 4 de junio de 1941) fue el último emperador o káiser del Imperio alemán y el último rey de Prusia. Fue el hijo primogénito de Federico III y de la princesa del Reino Unido Victoria y gobernó entre 1888 y 1918.

Guillermo (apodado Willy en familia) nació el 27 de enero de 1859 en Berlín. Era el hijo mayor del Príncipe Federico de Prusia y de su esposa, Victoria. Su abuelo paterno, Guillermo de Prusia era el hermano y heredero del rey Federico Guillermo IV de Prusia, que no tenía hijos. A su muerte en 1861 Guillermo heredó la corona prusiana y Federico, padre del futuro Guillermo II, se convirtió en príncipe heredero. La madre de Guillermo II era la hija mayor de la Reina Victoria y del Príncipe Alberto, así como la tía de la futura zarina de Rusia Alejandra Fiódorovna, esposa del último zar Nicolás II, y hermana de Eduardo VII del Reino Unido.
                       
El parto fue difícil, y como consecuencia de ello el bebé nació con una deformidad en el brazo izquierdo, que los médicos de la corte berlinesa intentaron corregir en vano. Esta deformación consistía en una hipotrofia relativamente leve aunque visible. Guillermo la ocultaría celosamente durante toda su vida bajo uniformes militares y poses estudiadas de antemano, como se puede observar en varias fotografías de la época.

Ascenso al trono

A la muerte de su padre, quien solo reinó durante 99 días, el 15 junio de 1888, Guillermo II accedió al trono alemán. Sus condiciones como gobernante eran muy buenas ya que tenía una gran intuición para darse cuenta de la raíz de los problemas, y su formación intelectual era muy completa. Además, poseía grandes dotes de oratoria que le hicieron más de una vez exaltarse en sus discursos políticos y decir más de lo debido.

Se comprometió con la importancia de su misión y sentía firmemente que si Dios le había llevado a ganar la corona, también lo iluminaría para que pudiera seguir el camino correcto en el ejercicio de sus funciones como Káiser. Sin embargo, a pesar de estas excelentes cualidades, Guillermo II acusaba una cierta inmadurez y una clara tendencia a sobrestimar sus propios poderes, cuando ocupó el trono a los 29 años de edad. Aunque carecía de experiencia en el campo internacional, desde el comienzo de su reinado quiso mantener la autoridad monárquica en el interior de Alemania y en sus relaciones con el exterior. Para ello se propuso conservar el poderoso ejército de que disponía y crear una fuerte armada, no sólo para impedir que su país fuese atacado, sino para incrementar su prestigio entre las potencias extranjeras, siendo un emperador respetado por los forasteros. Esta es una de las causas por la cual Alemania tuvo un gran número de judíos sobre su territorio, Guillermo II respetaba el judaísmo.

Vida social y política entre 1888 y 1900

En su juventud, Guillermo estuvo muy enamorado de una de sus primas de Darmstadt, Ella von Hesse o futura Isabel Fiódorovna e intentó por todos los medios conquistarla sin éxito. El rechazo de Isabel se debió principalmente a los modales bruscos y poco atinados del entonces príncipe de Prusia. Nunca la olvidó. En su lugar, se casó el 27 de febrero de 1881, siendo Príncipe de Prusia, con la princesa Augusta Victoria de Schleswig-Holstein (1858-1921), con la que tuvo siete hijos.

Aunque en su juventud Guillermo había sido un gran admirador de Otto von Bismarck, la impaciencia característica de su personalidad y sobre todo la determinación por su parte de reinar y administrar al mismo tiempo –a diferencia de su abuelo, que solía encargar la administración diaria al brillante Bismarck– lo llevó rápidamente a un conflicto con el «Canciller de Hierro», la figura dominante en la fundación de su imperio. El viejo canciller creía que Guillermo II era un hombre ligero, que podía ser dominado, y mostraba respeto por las ambiciones de éste en la década de 1880. Después de un intento de su parte de introducir una ley antisocialista de largo alcance a principios de la década de 1890, la separación final entre el monarca y el estadista ocurrió pronto. Guillermo II no estaba dispuesto a iniciar su reinado con una masacre al por mayor de trabajadores industriales, y despidió a Bismarck en 1890.

Guillermo II designó entonces en su lugar a Leo von Caprivi, que posteriormente fue sustituido por el Príncipe Chlodwig zu Hohenlohe-Schillingsfürst en 1894. Al designar a Caprivi y luego a Hohenlohe, Guillermo II se embarcaba en lo que se conoce como «el nuevo curso», por medio del cual esperaba ejercer una decisiva influencia en el gobierno del imperio. Los historiadores debaten acerca del grado de éxito que tuvo Guillermo II al implantar el «gobierno personal» en su época. Pero queda clara la diferencia que existía entre la corona y el canciller en el período de Guillermo II. Estos cancilleres eran servidores civiles veteranos, no eran hombres de estado, políticos, como Bismarck lo fue. Guillermo II quiso evitar el resurgimiento de Bismarck, el «Canciller de Hierro», a quien había llegado a detestar, llamándolo «viejo grosero y aguafiestas». Bismarck jamás había permitido a ningún ministro ver en persona al emperador sin estar él presente, manteniendo así su influencia y su poder político. Después de su retiro forzado, hasta el día de su muerte, Bismarck se convirtió en un duro crítico de las políticas de Guillermo II, pero sin el apoyo del árbitro supremo de todas las designaciones políticas (el emperador), había poca oportunidad para que el viejo canciller pudiera ejercer alguna influencia.

Lo que sí logró Bismarck fue la creación del «Mito Bismarck». Esta visión (que algunos dirían que fue confirmada por sucesos posteriores) sostenía que con el despido de Bismarck, Guillermo II había deshecho cualquier posibilidad de que Alemania tuviera un gobierno estable y efectivo. Desde este punto de vista, el «nuevo curso» de Guillermo II se caracterizó por el descontrol del gobierno alemán, eventualmente conduciendo a la nación por una serie de crisis hasta los horrores de las dos guerras mundiales. Pero en realidad, Guillermo II estuvo probablemente en lo correcto al despedir a Bismarck, un hombre cuyas habilidades políticas estaban disminuyendo y que se había vuelto peligrosamente hostil con los elementos socialistas dentro del Reich.

Otro de los aspectos que jugaron en forma gravitante en la política exterior durante aquellos años fue la gran influencia que ejerció sobre Nicolás II de Rusia, manipulando astutamente en beneficio de los intereses alemanes, con consecuencias nefastas que acabarían por desencadenar la guerra entre Rusia y Japón en 1905, y posteriormente cuando brindó apoyo al Imperio austrohúngaro, desencadenó la Primera Guerra Mundial al obligar a movilizar a Rusia en defensa de los eslavos de Serbia.

Vida social y política entre 1900 y 1914

Tras el despido de Hohenlohe en 1900, Guillermo II designó canciller al hombre a quien llamaba «su propio Bismarck», el príncipe Bernhard von Bülow. Guillermo II esperaba encontrar en Bülow un hombre que combinara la habilidad del Canciller de Hierro con el respeto a los deseos del káiser, lo que permitiría al imperio ser gobernado como creyera conveniente. Guillermo II ya había notado el enorme potencial de Bülow, y muchos historiadores piensan que su designación como canciller no fue más que la conclusión de un largo período de «arreglos». Sin embargo, durante la década siguiente, Guillermo se desilusionó de su decisión, y en vista de la oposición de Bülow sobre el «Asunto del Daily Telegraph» de 1908 y otros más, el káiser despidió a Bülow y designó en su lugar a Theobald von Bethmann-Hollweg en 1909.

Bethmann era un burócrata de profesión, y con cuya familia había vivido Guillermo II cuando era joven. El káiser llegó a sentir un gran respeto por Bethmann-Hollweg, pero a pesar de eso, no estuvo de acuerdo con ciertas políticas de Bethmann, tales como sus intentos de reformar las leyes electorales prusianas.

La participación de Guillermo II en la esfera doméstica estuvo más limitada a principios del siglo XX que lo que había estado a comienzos de su reinado. Esto se debió, en parte, a la designación de Bülow y Bethmann (hombres de mucho más carácter que los primeros cancilleres de Guillermo II), pero también se debió a su creciente interés por los asuntos exteriores.

Política exterior entre 1888 y 1914

La política exterior alemana durante el reinado de Guillermo II se enfrentó con varios problemas significativos. Probablemente el más aparente fue que Guillermo II, un hombre impaciente por naturaleza, subjetivo en sus reacciones y afectado fuertemente por sus impulsos y sentimientos, no estaba personalmente preparado para conducir la política exterior alemana por un camino racional. Esta debilidad también lo hacía vulnerable a la manipulación por intereses de la élite de la política exterior alemana, y sucesos posteriores lo demostrarían.

Luego del despido de Bismarck, Guillermo II y su nuevo canciller se dieron cuenta de la existencia del Tratado de Reaseguro con el Imperio ruso, el cual era secreto y había sido concluido por Bismarck en 1887. La negativa de Guillermo II de renovar este acuerdo (que garantizaba la neutralidad de Rusia en caso de un ataque por Francia) fue vista por muchos historiadores como la peor ofensa cometida por Guillermo II en términos de política exterior. En realidad, la decisión de permitir el vencimiento del tratado fue principalmente responsabilidad de Caprivi, aunque Guillermo II apoyaba las acciones de su canciller. Es importante no sobreestimar la influencia del Emperador en materia de política exterior después del despido de Bismarck, pero es cierto que su participación contribuyó a la falta general de coherencia y consistencia de la política del Imperio Alemán con otras potencias.

Un ejemplo típico de esto fue su relación de «amor-odio» con el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, y en particular con sus primos británicos. Un conflicto armado con el Reino Unido nunca fue totalmente descartado por Guillermo II, quien a menudo abrigaba sentimientos antibritánicos dentro de los principales ámbitos del gobierno alemán, a pesar de lo que su madre le había inculcado en su juventud. Cuando la guerra estalló en 1914, Guillermo II creyó sinceramente que era víctima de una conspiración diplomática fraguada por su tío Eduardo VII del Reino Unido, en la que el Reino Unido había buscado activamente «rodear» a Alemania a través de la conclusión de la Entente Cordiale con Francia en 1904 y un acuerdo similar con Rusia en 1907. Esto es un indicativo del hecho de que Guillermo II tenía un sentimiento bastante irreal sobre la importancia de la «diplomacia personal» entre los monarcas europeos, y no podía comprender que la totalmente diferente posición constitucional de sus primos británicos hacía esto bastante irrelevante.

Similarmente, creía que su relación personal con su primo político el zar Nicolás II de Rusia era suficiente para evitar la guerra entre los dos países. Durante una reunión privada en Björkö en 1905, Guillermo II concluyó un acuerdo con su primo. El káiser ascendió dicho acuerdo a un tratado de alianza, sin antes consultarlo con Bülow. Una situación similar confrontó el zar Nicolás durante su regreso a San Petersburgo, y el tratado era, como resultado, inválido. Pero Guillermo II creyó que Bülow lo había traicionado, y ese hecho contribuyó al creciente sentimiento de insatisfacción hacia el hombre que consideraba que sería su más leal sirviente. En términos muy similares a los de la «diplomacia personal» en Björkö, sus intentos por evitar una guerra con Rusia por medio de un intercambio de telegramas con Nicolás II en los últimos días antes del estallido de la Primera Guerra Mundial no surtieron efecto debido a la realidad política de las potencias europeas. Sus intentos por atraer a Rusia estaban seriamente fuera de lugar a causa de la existencia de sus compromisos con el Imperio austrohúngaro. En caballerosa fidelidad a la alianza con Austria, Guillermo II informó al emperador austriaco Francisco José en 1889 que «el día de la movilización austrohúngara sería también el día de la movilización alemana». En caso de darse esta movilización austriaca, era más probable que se diera en contra de Rusia. Por tanto, una política de alianza con Rusia y Austria a la vez era imposible.
En la actualidad, es ampliamente reconocido que los diversos actos espectaculares que Guillermo II llevó a cabo en el ámbito internacional eran a menudo parcialmente alentados por la élite alemana de política exterior. Hubo un número de excepciones clave, tales como el famoso «telegrama Kruger» en el cual el káiser Guillermo II felicitaba al presidente bóer Paul Kruger de Transvaal por haber vencido al «raid de Jameson» de los británicos, indisponiendo así la opinión pública respecto a Alemania por parte de la población británica. Aunque su impacto total se sintió años después, su discurso del 27 de julio de 1900, en el que se exhortó a las tropas alemanas que habían sido enviadas para calmar la Rebelión de los Bóxers a emular a los antiguos hunos («hagan que la palabra «alemán» sea recordada en China durante mil años, de forma que ningún chino vuelva a atreverse siquiera a mirar mal a un alemán»), es otro ejemplo de su desafortunada inclinación a sus expresiones públicas inapropiadas (es menester recordar que esta desafortunada frase fue expresada después de la toma de la embajada alemana en China y posterior asesinato del embajador alemán -Klemens von Ketteler-).

Probablemente, el error personal más dañino cometido por Guillermo II en el terreno de la política exterior tuvo más impacto en Alemania que en el resto del mundo. El asunto del «Daily Telegraph» de 1908 se derivó de la publicación de ciertas opiniones de Guillermo II en una edición del diario británico de ese nombre. Guillermo II vio esto como una oportunidad para promover sus ideas y puntos de vista en cuanto a la relación diplomática entre Alemania y el Reino Unido, pero en su lugar, debido a sus arrebatos emocionales durante la entrevista, Guillermo II terminó negando no sólo a los británicos, sino también a los rusos, franceses y japoneses, sosteniendo que a los alemanes no les importaban los británicos; que los franceses y los rusos habían tratado de instigar a Alemania a intervenir en la Segunda Guerra de los Bóer; y que el desarrollo naval alemán estaba enfocado a frenar a los japoneses, no a los británicos. El efecto en Alemania fue bastante contundente, con serias llamadas para su abdicación mencionadas en la prensa. Comprensiblemente, Guillermo II mantuvo un comportamiento muy discreto después del fiasco del «Daily Telegraph», y posteriormente concretó su venganza forzando la renuncia del príncipe von Bülow, que había abandonado al emperador a la crítica pública asumiendo públicamente cierta responsabilidad por no haber editado la transcripción de la entrevista antes de su publicación.

La crisis del «Daily Telegraph» hirió profundamente la ya dañada autoconfianza de Guillermo II, tanto que pronto sufrió de grave depresión clínica, de la que nunca se recuperó realmente. A partir de ese momento perdió mucha de la influencia que con anterioridad había ejercido en términos de política exterior y doméstica.

En algunos casos, los errores diplomáticos de Guillermo II eran parte de una política de más alcance emanada de la élite de gobierno alemana. Una de tales acciones detonó la Primera Crisis Marroquí en 1906, cuando Guillermo II fue persuadido (muy en contra de sus deseos) a realizar una espectacular visita a Marruecos. Su presencia fue vista como una aserción de los intereses alemanes en Marruecos, e incluso hizo ciertas afirmaciones a favor de la independencia de Marruecos en un discurso. Esto lo condujo a una cierta fricción con Francia, que tenía intereses coloniales en ese país, acentuada por el gobierno alemán con la Crisis de Agadir. Sin embargo, nada de lo que Guillermo II hizo en el ámbito internacional tuvo más influencia que su decisión de llevar a cabo una política de construcción naval a gran escala.

 Tampoco tranquilizaron mucho los ánimos de la Paz armada declaraciones altisonantes y con tono expansionista, dado el contexto de la época, hechas por Guillermo II tales como «Alemania busca su lugar bajo el Sol».

Expansión naval

Una armada poderosa era el principal proyecto de Guillermo II. Había heredado de su madre el amor por la Royal Navy británica (la más poderosa del mundo) y cierta vez confesó a su tío Eduardo VII que su sueño era tener «una flota propia algún día», como los británicos. Guillermo II se sentía frustrado debido a que la flota alemana era escasa en comparación con la británica, así como por su incapacidad de ejercer una influencia alemana en Sudáfrica. Luego del escándalo del «telegrama Kruger», Guillermo II comenzó a emprender acciones para iniciar la construcción de una flota que pudiera rivalizar con la de sus primos británicos. Guillermo II tuvo la fortuna de llamar a su servicio al dinámico oficial de Marina Alfred von Tirpitz, a quien designó comandante general de la Oficina Naval del Reich en 1897.

El nuevo almirante había concebido lo que más tarde sería conocido como el «plan Tirpitz», por medio del cual Alemania podría forzar a Gran Bretaña a acceder a sus demandas en el ámbito internacional a través de la amenaza de una flota poderosa concentrada en el Mar del Norte. Tirpitz disfrutaba del total apoyo de Guillermo II en los presupuestos navales sucesivos de 1897 y 1900, por medio de los cuales la armada alemana se reforzaba para contender con la británica. La expansión naval en ese período eventualmente causó en Alemania severas crisis financieras para 1914. Guillermo II se enfocó en la construcción de acorazados de gran tamaño.

Primera Guerra Mundial

La crisis de Sarajevo

Guillermo II era íntimo amigo del archiduque Francisco Fernando de Austria y quedó profundamente conmocionado por su asesinato el 28 de junio de 1914 (véase Atentado de Sarajevo). Guillermo II ofreció su apoyo a Austria-Hungría para desmantelar la Mano Negra, la organización secreta que había planeado el asesinato, e incluso sancionó el uso de la fuerza por parte de Austria contra la presunta fuente del movimiento: El Reino de Serbia. Quería permanecer en Berlín hasta que la crisis fuera resuelta, pero su corte lo persuadió a ir a su crucero anual por el Mar del Norte el 6 de julio de 1914. Probablemente se sabía que su presencia sería útil para aquellos elementos en el gobierno que deseaban sacar provecho de esta crisis para aumentar el prestigio de Alemania, incluso con el riesgo de una guerra general, algo a lo que Guillermo era extremadamente aprensivo.

Guillermo hizo intentos erráticos para permanecer informado de la crisis por medio de telegramas, y cuando el ultimátum austrohúngaro se entregó a Serbia, se apresuró a volver a Berlín. Llegó a la ciudad el 28 de julio, leyó una copia de la respuesta serbia, y escribió en ella:
Una solución brillante, ¡y en apenas 48 horas! Esto es más de lo que se podría haber esperado. Una gran victoria moral para Viena; pero con ella todos los pretextos para la guerra caen al suelo, y [al Embajador] Giesl más le valía haberse quedado tranquilamente en Belgrado. En este documento, nunca debería haber dado órdenes para la movilización.
Sin que Guillermo lo supiera, los ministros y generales austrohúngaros ya habían convencido a Francisco José de Austria, de 84 años, que firmara una declaración de guerra contra Serbia. Como consecuencia directa, Rusia empezó una movilización general para atacar Austria en defensa de Serbia. En la noche del 30 de julio, cuando recibió un documento indicando que Rusia no cancelaría su movilización, Guillermo escribió un comentario con las siguientes observaciones:
...Porque yo ya no tengo ninguna duda de que Inglaterra, Rusia y Francia han acordado entre ellos, sabiendo que nuestras obligaciones en los tratados nos obligan a apoyar a Austria, usar el conflicto entre Austria y Serbia como pretexto para librar una guerra de aniquilación contra nosotros... Nuestro dilema sobre mantener la fe con el anciano y honorable Emperador ha sido aprovechado para crear una situación que le da a Inglaterra la excusa que ha estado buscando para aniquilarnos con una falsa apariencia de justicia, con el pretexto de ayudar a Francia y de mantener la conocida Balanza de Poder en Europa, es decir, enfrentando en nuestra contra todos los estados europeos para su propio beneficio.
Otros autores más recientes indican que Guillermo II realmente declaró: «La crueldad y la debilidad iniciarán la guerra más terrible del mundo, cuyo propósito es destruir Alemania. Porque no hay ninguna duda que Inglaterra, Francia y Rusia han conspirado entre ellos para librar una guerra de aniquilación en nuestra contra».

Cuando Berlín recibió la noticia de la movilización rusa, les fue posible a los ansiosos oficiales militares y a la Oficina de Asuntos Exteriores de Alemania de persuadir al káiser de que firmara la orden de movilización. Se dice que al firmar la orden de movilización, Guillermo II exclamó: «Se arrepentirán de esto, caballeros». Finalmente, el 1 de agosto de 1914, Alemania declaró la guerra a Rusia.

No es fácil demostrar que Guillermo II quisiera activamente desatar la Primera Guerra Mundial. A pesar de que tenía deseos de que el Imperio Alemán fuera una potencia mundial, nunca fue intención de Guillermo II conjurar un conflicto de gran escala para lograr tales fines. Simplemente quería que el Imperio Alemán prosperara en paz sin afectar negativamente a ningún otro país. A pesar de saber que una guerra a escala global era inminente, hizo grandes esfuerzos para preservar la paz, como demuestra su correspondencia con Nicolás II y su interpretación optimista del ultimátum austrohúngaro de que las tropas de esa potencia no irían más lejos de Belgrado, limitando así el conflicto. La referencia británica contemporánea de la Primera Guerra Mundial de ser la Guerra del Káiser, de la misma manera que la Segunda Guerra Mundial fue llamada la Guerra de Hitler, es vista actualmente como infundada (y hasta cierto punto injusta) al sugerir que Guillermo II fuera personalmente culpable de desatar el conflicto.

Inicio de la guerra

Cuando se hizo obvio que Alemania experimentaría una guerra en dos frentes, y que el Reino Unido entraría en guerra si Alemania atacaba Francia a través de Bélgica, el pánico llevó a Guillermo a intentar redirigir el ataque principal hacia Rusia. Cuando Moltke el Joven (que había elegido ejecutar el plan de 1905, hecho por el ex General Alfred von Schlieffen, para la posibilidad de una guerra alemana en dos frentes) le dijo que eso era imposible, Guillermo le contestó: «¡Tu tío me habría dado una respuesta distinta!»

Guillermo también dijo: «¡Pensar que Jorge y Nicó me han engañado! Si mi abuela estuviera viva, nunca lo hubiera permitido.» En el plan Schlieffen original, Alemania atacaría al (supuesto) enemigo más débil, en este caso, Francia. El plan suponía que costaría un tiempo antes de que Rusia estuviera preparada para la guerra. Derrotar a Francia había sido fácil durante la Guerra Franco-Prusiana de 1870. Con las fronteras de 1914, un ataque al sureste de Francia podía ser detenido por las fortalezas francesas en la frontera. Se decidió atacar por Bélgica, aunque Guillermo consiguió que von Moltke el Joven no invadiera también los Países Bajos.

El Káiser en la sombra

El papel de árbitro en los asuntos de política exterior en tiempos de guerra probó ser una carga demasiado pesada para Guillermo II. El Alto Mando continuó con la estrategia vigente a pesar de que era obvio que el plan Schlieffen había fallado. A medida que la guerra progresaba, su influencia decaía e, inevitablemente, su falta de habilidad en materia militar lo condujo a una progresiva dependencia de sus generales. En 1916, el Imperio se había convertido en una dictadura militar bajo el control de Paul von Hindenburg y Erich Ludendorff. Alejado de la realidad y del proceso político de toma de decisiones, Guillermo II vacilaba entre el derrotismo y los sueños de victoria, dependiendo de la fortuna de «sus» ejércitos. Continuó siendo una figura útil, viajaba por las líneas del frente, repartía medallas y daba alentadores discursos. La inactividad de la flota alemana durante los primeros años de la guerra se debió al deseo del Káiser contra el parecer de Von Tirpitz. Similarmente, Guillermo II fue instrumento de la política de inactividad adoptada por la Flota de Alta Mar alemana luego de la batalla de Jutlandia en 1916.

No obstante, Guillermo II seguía teniendo la máxima autoridad en materia de designaciones políticas, y sólo con su consentimiento se podían hacer cambios importantes en el Alto Mando. Guillermo II estaba a favor de despedir a Helmut von Moltke el Joven en septiembre de 1914 y de reemplazarlo por Erich von Falkenhayn. En 1917, Hindenburg y Ludendorff decidieron que Bethman-Hollweg ya no era acceptable como Canciller, y le pidieron al Káiser que designara a otra persona. Cuando les preguntó a quién aceptarían, Ludenddorf recomendó a Georg Michaelis. Guillermo no lo conocía, pero aceptó la propuesta.

Cuando escuchó en julio de 1917 que su primo Jorge V había cambiado el nombre de la casa real británica de Sajonia-Coburgo y Gotha a Windsor, debido al sentimiento germanófobo en el Reino Unido, Guillermo indicó que había planeado ver la obra de Shakespeare Las alegres comadres de Sajonia-Coburgo y Gotha.

A mediados de 1918, se puso de manifiesto la imposibilidad de que Alemania ganase la guerra; un Consejo de la Corona, bajo la presidencia de Guillermo II, decidió iniciar las conversaciones de paz, pero se perdió mucho tiempo en tomar esta decisión. El apoyo hacia el Káiser se colapsó por completó en octubre-noviembre de 1918 en el ejército, en el gobierno civil, y en la opinión pública alemana. En gran medida se debe a su sentido de sufrimiento que Guillermo II haya tratado de tomar un papel predominante en la crisis de 1918. Se dio cuenta de la necesidad de un armisticio y no consideraba que Alemania debiera desangrarse por una causa perdida. Dada su escasa popularidad, el Presidente Woodrow Wilson dejó claro que el Káiser no podía tomar parte en las negociaciones de paz. Ese año, Guillermo también enfermó debido a la epidemia de gripe de 1918, aunque sobrevivió.

Abdicación y huida

Guillermo II se encontraba en el cuartel general del Ejército Imperial en Spa (Bélgica) a finales de 1918. El motín de Wilhelmshaven, surgido en la Kaiserliche Marine (marina imperial alemana) lo conmocionó profundamente. Después del estallido de la Revolución Alemana, Guillermo II no podía decidirse si abdicar o no. Hasta ese punto, confiaba que incluso si era obligado a abandonar el trono alemán, aún tendría el control sobre el reino de Prusia, manteniendo su título. La irrealidad de esto se reveló cuando, con el fin de preservar alguna forma de gobierno en tiempos de anarquía, la abdicación de Guillermo II como Emperador de Alemania y como rey de Prusia fue anunciada por el Canciller, el príncipe Max von Baden, el 9 de noviembre de 1918. De hecho, el mismo von Baden fue obligado a renunciar más tarde ese mismo día, cuando quedó claro que sólo Friedrich Ebert, líder del SPD, podría ejercer un control efectivo.

Guillermo II aceptó la abdicación sólo después de que Ludendorff fuera reemplazado por el general Wilhelm Groener. Este último le informó que el ejército se retiraría bajo las órdenes de Hindenburg, pero que no lucharía para ayudar a Guillermo II a recuperar el trono. La monarquía había perdido a su último y más fuerte apoyo, y finalmente el mismo Hindenburg (que estaba a favor de la monarquía) fue obligado (con cierta vergüenza) a aconsejar al Emperador que presentara su abdicación.

Al día siguiente, el exemperador Guillermo II cruzó la frontera alemana en tren camino a su exilio en los Países Bajos, que se había mantenido neutral durante la guerra. Tras la firma del Tratado de Versalles en 1919, el artículo 227 del mismo estipulaba la persecución legal contra Guillermo II «por haber cometido una ofensa suprema en contra de la moralidad internacional y la santidad de los tratados», pero la Reina Guillermina rehusó extraditarlo, a pesar de las apelaciones por parte de los Aliados. El emperador se asentó en Amerongen, y luego se le otorgó un pequeño castillo en la municipalidad de Doorn, el cual fue su hogar por el resto de su vida.

Vida en el exilio

En 1922, Guillermo II publicó el primer volumen de sus memorias, un pequeño volumen que, sin embargo, reveló la extraordinaria memoria de Guillermo II. En ellas afirmaba que él no era el culpable de haber desatado la Gran Guerra y defendía su conducta a lo largo de su reinado, especialmente en materias de política exterior. Durante los 20 años restantes de su vida, el envejecido emperador regularmente entretenía a sus huéspedes y se mantenía informado de los acontecimientos mundiales. Gran parte de su vida en el exilio la pasó cortando madera (un pasatiempo que descubrió desde que llegó a los Países Bajos). Parece que su actitud hacia el Reino Unido y los británicos finalmente se unió en este período en un tibio deseo de emular las costumbres británicas. Se dice que lo primero que Guillermo II pidió, luego de llegar a los Países Bajos, fue «una buena taza de té británico«. No siendo capaz de volver a llamar a su barbero de la corte, y en parte debido a su deseo de disfrazar sus características físicas, Guillermo II se dejó crecer una barba completa, permitiendo así que su famoso bigote se inclinara hacia abajo.
Guillermo II con su hijo y su nieto.

A principios de la década de 1930, el ex-emperador aparentemente esperaba que la victoria del Partido nazi estimularía el interés en Alemania por el resurgimiento de la monarquía. Su segunda esposa, Herminia, pidió activamente al gobierno nazi beneficios para su esposo, pero el desprecio de Adolf Hitler por el hombre responsable de la peor derrota militar de Alemania hasta entonces, y sus propios deseos de poder absoluto, impidieron que el Tercer Reich aceptase cualquier idea de restablecimiento de la monarquía. Si bien había oficiales antiguos en la Wehrmacht que no desaprobaban la idea de restablecer una monarquía (con Guillermo II o alguno de sus descendientes), gran parte de los jerarcas nazis y de sus propias masas de simpatizantes rechazaba de plano el retorno de los Hohenzollern al poder, por lo que Hitler pronto descartó semejante idea.

Guillermo II en 1933.
A pesar de haber recibido a Hermann Göring en Doorn al menos en una ocasión, Guillermo II desconfiaba de las intenciones de Hitler, aunque admiraba enormemente el éxito que éste había logrado en los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, e incluso envió al Führer un telegrama de felicitaciones después de la caída de París en 1940. También había asegurado en septiembre de 1939 a Hitler el apoyo leal de los miembros de la antigua Casa de Hohenzollern (entre ellos seis nietos del exemperador) que eran oficiales de la Wehrmacht. Sin embargo, tras la invasión germana de los Países Bajos en mayo de ese mismo año, el anciano Guillermo II se retiró completamente de la vida pública. No obstante la ocupación alemana en suelo holandés, los líderes nazis tampoco realizaron entonces ningún acercamiento oficial al antiguo káiser. Tiempo después de la ocupación, la admiración que sentía por el dictador alemán pronto se extinguió al enterarse de las persecuciones de judíos ocurridas tanto en las zonas ocupadas como en el territorio alemán llegando a decir: "Los judíos son los responsables del bolchevismo en Rusia y en Alemania también. Fui demasiado indulgente con ellos durante mi reinado y lamento amargamente los favores que les dí a prominentes banqueros judíos.".

Guillermo II murió de embolia pulmonar en Doorn (Países Bajos) el 4 de junio de 1941, con soldados alemanes custodiando las puertas de su residencia al enterarse del fallecimiento del ex-emperador. Guillermo II fue sepultado en un mausoleo en las tierras de Huis Doorn, que desde entonces se han convertido en un lugar de peregrinaje de los monárquicos alemanes.

Se respetaron los deseos de Guillermo II de que sus restos nunca fueran devueltos a Alemania hasta que se restaurase la monarquía, y las autoridades nazis de ocupación permitieron que se realizara un pequeño funeral de tipo estrictamente militar, en tanto dicho acontecimiento no implicase que el Tercer Reich apoyaba la monarquía. Aun así no se respetó la petición de Guillermo II, de que la esvástica y otros símbolos nazis no se desplegaran en sus funerales.

Personalidad

Guillermo II tenía una personalidad compleja, brutal para algunos, manipulador excesivo para otros, en suma una personalidad que algunos historiadores han tildado de megalómana extrema, poco tolerante y avasallante. No por ello menos inteligente y vivaz, y se ha afirmado que con el tiempo y la experiencia adquirió astucia política y militar.
En memoria de Guillermo II.

Tal enfoque ciertamente estropeó la política alemana bajo su liderazgo, ejemplificándose principalmente en acontecimientos como el despido del cauteloso canciller Otto von Bismarck. El káiser tuvo una relación difícil con su madre, quien era fría y estricta con él, y se sentía en cierta manera culpable por la deformidad del brazo izquierdo de su hijo, tratando en muchas ocasiones de corregirla a través de un riguroso régimen de ejercicio y dolorosos sistemas médicos. En 1908 sufrió problemas mentales y, en adelante, su posición tuvo menor peso en la toma de decisiones en Berlín.
Resulta interesante que, dados sus orígenes ingleses, Victoria tratase de inculcar en su hijo un sentido de supremacía británica en muchos aspectos. Insistía en llamar a sus hijos por sus nombres en inglés: a Guillermo (Wilhelm) lo llamaba «William» y a su segundo hijo Enrique (Heinrich) le llamaba «Henry». Ciertamente, el futuro káiser sentía un profundo respeto por Gran Bretaña, por su abuela la reina Victoria y por los ingleses. Esto se dio desde las etapas más tempranas de su desarrollo.

Guillermo II fue educado en Kassel en el instituto de enseñanza Friedrichsgymnasium y en la Universidad de Bonn. Poseía una mente muy ágil, que era frecuentemente subyugada por su temperamento cascarrabias. Tenía cierto interés por la ciencia y la tecnología del período, pero gustaba de hacer notar a la gente que él era un hombre de mundo, perteneciente a un orden distinto de la raza humana, designada a la monarquía. Guillermo II fue acusado de megalomanía, en 1894, por el pacifista alemán Ludwig Quidde.

Como vástago de la casa real de Hohenzollern, Guillermo II estuvo expuesto, desde una edad temprana, a la sociedad militar de la aristocracia prusiana. No es necesario mencionar que esto fue un elemento importantísimo en su vida, ya que se puede notar con facilidad que en su madurez era raro verlo sin el uniforme militar. Esta cultura militar del período tuvo un gran papel al forjar el carácter político de Guillermo II, así como en sus relaciones personales.

 Un indicio de su personalidad agresiva está en su deporte preferido: la caza mayor en la cual Guillermo II se jactaba de haber matado a más de 1000 ciervos.

La relación de Guillermo II con los demás miembros de su familia era tan interesante como la que tenía con su madre. Veía a su padre con un profundo amor y respeto. La posición de su padre como héroe de las guerras de unificación fue responsable de la actitud del joven Guillermo, ya que en las circunstancias en las que fue criado, el contacto emocional cercano entre padre e hijo no era muy alentado. Más tarde, cuando estuvo en contacto con los opositores políticos de su padre, Guillermo II adoptó sentimientos ambivalentes hacia su padre, dada la notable influencia de su madre sobre una figura que debió haber sido de independencia masculina y de fuerza.

Guillermo II también idolatraba a su abuelo, Guillermo I de Alemania, y posteriormente intentó implementar una cultura del primer emperador alemán como «Guillermo el Grande». Guillermo I murió en Berlín el 9 de marzo de 1888, y el padre del príncipe Guillermo fue proclamado emperador como Federico III de Alemania. Federico murió de cáncer de garganta, y el 15 de junio de ese mismo año, su hijo de 29 años lo sucedió como Emperador de Alemania y Rey de Prusia.

Familia
Guillermo II y su primera esposa Augusta Victoria.

Su madre era la princesa real Victoria del Reino Unido y su padre era el príncipe heredero Federico de Prusia futuro Federico III de Alemania. Nieto de la reina Victoria del Reino Unido. El 27 de febrero de 1881, Guillermo II, entonces Príncipe de Prusia, se casó con la princesa Augusta Victoria de Holstein-Sonderburg-Augustenburg (1858-1921), con la que tuvo siete hijos:
Después de la muerte de Augusta Victoria, Guillermo II contrajo matrimonio con la princesa Herminia de Reuss-Greiz el 9 de noviembre de 1922. No tuvo descendencia de su segundo matrimonio.



Augusta Victoria de Schleswig-Holstein


Augusta Victoria de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg (en alemán: Auguste Viktoria Friederike Luise Feodora Jenny von Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg; Dolzig, actual Polonia, 22 de octubre de 1858 - Doorn, Países Bajos, 11 de abril de 1921) fue una princesa de la Casa de Augustemburgo, una rama secundaria de la Casa de Oldemburgo (a la que pertenece la familia Real danesa); fue la última Emperatriz y Reina consorte de Alemania y Prusia respectivamente.
                           
Hija del duque Federico VIII de Schleswig-Holstein y de la princesa Adelaida Victoria de Hohenlohe-Langenburg, sus abuelos maternos eran el duque Ernesto Cristián IV de Hohenlohe-Langenburg y la princesa Feodora de Leiningen, hermana por parte de madre de la reina Victoria del Reino Unido. En la familia, era conocida como Dona.

Se casó en 1881 con el futuro emperador Guillermo II de Alemania, entonces príncipe Guillermo de Prusia. El Canciller Otto von Bismarck era un importante proponente de este matrimonio, con la convicción de que esto terminaría con la disputa entre el gobierno prusiano y el padre de Augusta.[1] Su esposo fue proclamado emperador de Alemania el 15 de junio de 1888 después de la muerte de su padre Federico III de Alemania.

Al finalizar la I Guerra Mundial y desaparecer la monarquía en Alemania con la abdicación de su esposo el 9 de noviembre de 1918, Augusta y la familia imperial alemana parten para el exilio y se instalan en un castillo de la localidad holandesa de Doorn.

Tragedia

En 1920 la ex emperatriz sufre un terrible golpe al enterarse del suicidio de su hijo favorito, el príncipe Joaquín de Prusia, quien termina disparándose un tiro en la cabeza luego de quedar arruinado financieramente. Augusta no logra sobreponerse y fallece de un ataque cardíaco el 11 de abril de 1921; su esposo se volverá a casar en 1922 con la princesa Herminia de Reuss-Greiz.

Distinciones honoríficas

 

 







Herminia de Reuss-Greiz


Herminia de Reuss, reina de Prusia (Greiz, 1887 - Fráncfort del Óder, 1947) fue la segunda esposa del káiser Guillermo II de Alemania.

Primer matrimonio                  

Hija del príncipe soberano Enrique XXII de Reuss-Greiz y de la princesa Ida Matilde Adelaida de Schaumburg-Lippe. Se casó en primeras nupcias con el príncipe Juan Jorge von Schoenaich-Carolath (1873-1920) del cual nacieron cinco hijos:
  • Príncipe Hans Georg von Schoenaich-Carolath, nacido en 1907 y muerto en acción en el frente ruso el 1943, se casó con la baronesa Sibylle von Zedlitz und Leipe.
  • Príncipe Georg Wilhelm von Schoenaich-Carolath, nacido en 1909 y fallecido en 1927.
  • Princesa Hermine Caroline von Schoenaich-Carolath, nacida en 1910. Se casó con Hugo Herbert Hartung, fallecido en 1945 mientras era prisionero de los soviéticos.
  • Príncipe Ferdinand Johann von Schoenaich-Carolath, nacido en 1913 y fallecido en 1973. Se casó en primeras nupcias con Rose Rauch y en segundas nupcias con la baronesa Margret von Seckendorff.
  • Su Alteza la princesa Enriqueta de Schoenaich-Carolath, nacida en 1918 y fallecida en 1972. Se casó con el príncipe Carlos Francisco de Prusia.

Matrimonio con Guillermo II



Herminia con Guillermo II y su hija Enriqueta en Doorn, 1931.
Tras enviudar en abril de 1920, la princesa conoció a su segundo marido, el antiguo káiser de Alemania Guillermo II, a fines de 1921. Éste acababa de perder a su primera esposa, la princesa Augusta Victoria de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg, apenas un año después de que se suicidara uno de sus hijos, el príncipe Joaquín de Prusia. Desde 1918 residía exiliado en los Países Bajos, en su residencia de Haus Doorn tras su abdicación al final de la I Guerra Mundial.
La razón del encuentro en Haus Doorn se enmarcó en el agradecimiento que el káiser quiso dispensar al hijo de Herminia después de que éste le envió un regalo de cumpleaños. El káiser invitó a Herminia y sus hijos al Haus Doorn y allí quedó impresionado por la belleza e inteligencia de la princesa. El káiser y Herminia se casaron en 1922.

Herminia pronto se sintió atraída por el movimiento nacionalsocialista y no dudó ni un momento en mostrar su pleno apoyo a éste, pero fracasó al sondear la posibilidad de que el nacionalsocialismo restaurara en el trono de Alemania a su esposo. Durante la guerra residió con su marido en el Haus Doorn hasta enviudar en 1941.

Últimos años y fallecimiento

De vuelta en Alemania tras la muerte de Guillermo II, se instaló en una finca de los Hohenzollern en Saabor, Silesia, y después en Brandeburgo de donde no pudo escapar durante el avance de las tropas soviéticas en las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial. Arrestada por las autoridades militares soviéticas fue internada en un campo de concentración de Paulinenhof. Hubo mucha actividad por dejarla libre y traerla a la zona de ocupación de Alemania Federal por medio de su pariente cercano Karl Ludwig Conde de Luxburg, Príncipe de Schonaich-Carolath-Beuthen, Posteriormente fue liberada y se le permitió residir bajo arresto domiciliario en la ciudad de Fráncfort del Óder dentro de la zona de ocupación soviética donde murió a causa de un ataque al corazón el 7 de agosto de 1947. A Petición del Conde de Luxburg fue sepultada en el "Templo Antiguo" en el Parque de Sanssouci en Potsdam, lugar de descanso de otros miembros de la familia imperial, incluyendo la primera esposa de Guillermo II, Augusta Victoria de Schleswig-Holstein.



Carlota de Prusia


Princesa Carlota de Prusia (Victoria Isabel Augusta Carlota), duquesa de Sajonia-Meiningen. Nacida en Potsdam el 24 de julio de 1860 y fallecida en Baden-Baden el 1 de octubre de 1919. Carlota era la segunda hija del príncipe Federico y de Victoria de Reino Unido, hija ésta de la reina Victoria del Reino Unido y de Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.
                              
Ya a corta edad, Carlota dio muestras de una personalidad nerviosa y agitada, con frecuencia se mordía las uñas y se desgarraba la ropa. La reina Victoria escribió en una ocasión a su hija: "Me dicen que Carlota se muerde sus uñas. A la abuela no le gustan las niñas traviesas". Carlota era castigada por ella por tener sus bolsillos cosidos o por estar de pie con sus manos en la espalda en las esquinas. Pero estas medidas no fueron suficientes y siempre volvía a sus viejos hábitos. Ello, además de su indiferencia a los estudios, entristecía a su madre. Era muy querida por sus abuelos paternos, el emperador Guillermo I y la emperatriz Augusta, y siempre fue muy cercana a su hermano mayor, el futuro Guillermo II de Alemania.

Matrimonio y descendencia

En 1876 Carlota se comprometió con su primo segundo el Príncipe Bernardo de Sajonia-Meiningen, y se casaron en Berlín el 18 de febrero de 1878. La pareja tuvo una hija, Feodora, que nació el 12 de mayo de 1879. Tras el nacimiento de su hija, Carlota abandonó la vida familiar en favor de la sociedad de Berlín. Feodora estuvo bajo el cuidado de niñeras y otros sirvientes, cuando no visitando a su abuela materna en Berlín, o en su ducado, Friedrichshof. Carlota era partidaria de la política conservadora su hermano el emperador y del canciller Bismarck, lo que la enfrentó con su madre, favorable a una política más liberal.

En 1914, a la muerte de su padre, el príncipe Bernardo se convierte en duque de Sajonia-Meiningen. A pesar de ser elevada al rango de la duquesa, su mandato iba a ser corto pues Bernardo abdicó al final de la Primera Guerra Mundial. En ese momento, Carlota, afectada por problemas de salud, se estaba muriendo; finalmente, sucumbe a su enfermedad el 1 de octubre de 1919 a la edad de cincuenta y nueve años.

Los últimos exámenes médicos realizados sobre sus restos y los de su hija Feodora, que se suicidó en 1945 tras toda una vida de problemas de salud, han puesto de manifiesto que ambas probablemente sufrieron porfiria, una enfermedad genética que se cree que había afectado anteriormente al tatarabuelo de Carlota, el rey Jorge III del Reino Unido.

Distinciones honoríficas

  • LouiseOrden.PNG Dama de la Orden de Luisa (Reino de Prusia).
  • ImperialOrderCrownIndiaRibbon.gif Dama Compañera de la Orden de la Corona de la India (Raj británico).
  • Royal Order of Victoria and Albert - ribbon bar.gif Dama de la Real Orden de Victoria y Alberto (Reino Unido).



Bernardo III de Sajonia-Meiningen


Bernardo III Federico Guillermo Alberto Jorge, Duque de Sajonia-Meiningen (n. Meiningen, 1 de abril de 1851 - m. Meiningen, 16 de enero de 1928), fue el último duque reinante de Sajonia-Meiningen.

Era el hijo mayor del duque Jorge II de Sajonia-Meiningen y su primera esposa la princesa Carlota Federica de Prusia. Tenía una hermana de sangre, la princesa María Isabel, y varios hermanastros del segundo matrimonio de su padre.            

Bernardo asumió el ducado de Sajonia-Meiningen tras la muerte de su padre en 1914. Su breve reinado estuvo afectado por la I Guerra Mundial. Cuando Alemania perdió la guerra, todos los príncipes alemanes perdieron sus títulos y estados. Bernardo fue obligado a abdicar como duque el 10 de noviembre de 1918, y gastó el resto de su vida en su anterior país como ciudadano privado.

Títulos, estilos, honores, y armas

  • 1 de abril de 1851 - 20 de septiembre de 1866: Su Alteza Serenísima Príncipe Bernardo de Sajonia-Meiningen.
  • 20 de septiembre de 1866 - 25 de junio de 1914: Su Alteza El Príncipe Heredero de Sajonia-Meiningen.
  • 25 de junio de 1914 - 16 de enero de 1928: Su Alteza El Duque de Sajonia-Meiningen.









Enrique de Prusia


Enrique de Prusia (Alberto Guillermo Enrique; Berlín, 14 de agosto de 1862 - Hemmelmark, 20 de abril de 1929), conocido como "Henry", era el hermano menor del Emperador Guillermo II de Alemania. Hizo carrera de oficial de marina, ocupando diversos comandos de la Armada Imperial Alemana y, finalmente, fue ascendido al grado de Gran Almirante.

Era el tercer hijo y segundo varón del Príncipe heredero Federico Guillermo (después Federico III de Alemania) y de Victoria del Reino Unido, hija de la Reina Victoria.
                           
Tras asistir al instituto de Kassel, en el que llegó al grado medio en 1877 a los 15 años de edad, Enrique entró en la Armada Imperial y fue entrenado como oficial. Su educación naval incluyó un viaje de dos años alrededor del mundo (de 1878 a 1880), el examen de oficial de la marina (Seeoffizierhauptprüfung) el 1 de octubre de 1880, y más tarde (1884 a 1886), la asistencia a la academia naval alemana. Se suponía que los estudiantes se graduarían durante los meses de invierno, tras el período de preparación.

Carrera naval

Como un Príncipe imperial, Enrique alcanzó rápidamente el mando. En 1887, mandó un torpedero y al mismo tiempo la Primera División de Barcos Torpederos; en 1888 el yate imperial SMY Hohenzollern; en 1889-1890 el crucero de segunda clase Irene, el acorazado de defensa costera Beowulf y los buques insignia SMS Sachsen (1877) y SMS Wörth.

Desde 1897, el Príncipe Enrique estuvo al cargo de algunas misiones militares, entre las que destacan el mandar una improvisada escuadra que tomó parte, con el Escuadrón de Asia oriental, en la represión de los disturbios en la región china de Kiautschou y ocupó luego el puerto de Tsingtao como una posesión del Imperio Alemán (1897). El éxito del Príncipe fue debido más a la diplomacia que a la campaña militar. Así se convirtió en el primer potentado europeo que era recibido en la corte imperial china. En 1899 pasó a ser oficialmente el comandante del Escuadrón de Asia Oriental, después de un escuadrón de buques insignia, y en 1903 comandante de la estación naval del mar Báltico. Desde 1906 a 1909, Enrique fue comandante de la Flota de Alta Mar. En 1909, fue ascendido a Gran Almirante.

Matrimonio e hijos

El 24 de mayo de 1888 Enrique se casó con su prima hermana, Irene de Hesse-Darmstadt, hija del Gran Duque Luis IV de Hesse y de Alicia de Inglaterra. El matrimonio tuvo tres hijos:
ImagenNombreDuración de vida
Valdemar Guillermo Luis Federico Víctor Enrique(1889-1945)
Guillermo Víctor Carlos Augusto Enrique Segismundo(1896-1978)
Enrique Víctor Luis Federico(1900-1904)

Al comienzo de la Primera Guerra Mundial, el príncipe Enrique fue nombrado Comandante en Jefe de la Flota del Báltico. Siendo los medios navales alemanes muy superiores a la Flota Rusa del Báltico, logró triunfar. Al finalizar las hostilidades con Rusia, su misión terminó, y el príncipe Enrique abandonó el servicio activo. Con el final de la guerra y la abolición de la monarquía en Alemania, el príncipe Enrique dejó la Marina.

Enrique tenía poco en común con su hermano, el emperador alemán. Carecía, por ejemplo, de la errática naturaleza de Guillermo y de su egoísmo. El príncipe fue realmente popular en Alemania, y por causa de su humildad y sus maneras abiertas era muy querido por los que estaban bajo sus órdenes. En sus viajes al extranjero era un buen diplomático, que, a diferencia de su hermano, fue capaz de encontrar el tono. Así, en 1902, en su viaje a los Estados Unidos, Enrique logró ganar la simpatía de la prensa americana, así como los corazones de la población germano-americana.
Como oficial de la marina, Enrique estaba completamente satisfecho de ello, pues amaba su situación. Recibió una de las primeras licencias de piloto de Alemania, y fue considerado como un activo y excelente marino. Tuvo gran interés en la tecnología moderna y fue capaz de entender rápidamente el valor práctico de las innovaciones técnicas.
 
Enrique estaba muy interesado en los automóviles y fue él, el que supuestamente inventó el limpiaparabrisas y, según otras fuentes, introdujo la bocina. En su honor se creó la Prinz-Heinrich-Fahrt (Carrera del Príncipe Enrique) en 1908, al igual que el anterior Kaiserpreis, un precursor del Gran Premio de Alemania.

Enrique también fue partidario de la introducción de los submarinos y aviones en la marina. En el mar Báltico, tenía un vapor convertido en un portaaviones, para atacar a Rusia con las fuerzas aéreas de la marina.

Enrique respetaba a su hermano, pero esta actitud no fue recíproca. Ciertamente, Guillermo era intelectualmente superior. Mantuvo a su hermano menor lejos de la política, aunque Enrique actuó como su representante mientras el príncipe heredero era menor de edad. Enrique cumplió con ello, pero nunca encontró interés en la política. No fue capaz de ver los efectos que tendría la política alemana de construcción naval ni tampoco estaba en la posición de aconsejar a su hermano una política diferente.

Vida tras el fin del Imperio

Tras la Revolución Alemana de 1918-1919, Enrique se trasladó con su familia a Hemmelmark, cerca Eckernförde, en Schleswig-Holstein. Continuó con los deportes de motor y de vela, e incluso en la vejez obtuvo grandes éxitos en las regatas. Él popularizó la gorra conocida como la Prinz-Heinrich-Mütze ("gorra del príncipe Enrique").
 
En 1899, Enrique recibió un doctorado honoris causa en Ingeniería de la Universidad Técnica de Berlín. También en el extranjero recibió numerosos honores similares, incluyendo un doctorado honoris causa en 1902 por la Universidad Harvard.

Enrique contrajo matrimonio con su prima hermana la princesa Irene, nieta de la Reina Victoria del Reino Unido, hermana de la Zarina Alejandra de Rusia. De sus tres hijos, dos eran hemofílicos. Waldemar murió en 1945 a los 56 años. Su hermano Enrique falleció de una hemorragia a los 4 años tras una vida corta y apartada de la sociedad.

El Príncipe Enrique murió al igual que su padre de un cáncer de garganta en 1904. Ese año falleció su hijo Enrique (1900-1904), el menor. Años más tarde, en 1945 falleció Waldemar. Segismundo (1896-1978) contrajo matrimonio con la Princesa Carlota y procrearon dos hijos: Bárbara (ya fallecida) y un varón, de nombre Alfredo, también conocido como Príncipe Alfredo de Prusia Sajonia Altenburgo, quien vivió en Costa Rica, muy humildemente, y en medio de una gran controversia.
De esta familia real sobreviven las únicas dos hijas de Bárbara, quienes residen en Europa.


Enrique de Prusia como oficial naval durante
la Primera Guerra Mundial.



Irene de Hesse-Darmstadt


Princesa Irene de Hesse y del Rin (11 de julio de 1866 – 11 de noviembre de 1953), nacida como Irene Luise Marie Anna, fue la tercera hija del Gran Duque Luis IV de Hesse-Darmstadt y de la princesa inglesa Alicia del Reino Unido.Sus abuelos maternos fueron la Reina Victoria del Reino Unido y el Príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo y los paternos el Príncipe Carlos de Hesse-Darmstadt y la Princesa Isabel de Prusia. Se casó con el Príncipe Enrique de Prusia, hermano del Káiser Guillermo II de Alemania. Sus hermanos fueron Victoria de Hesse-Darmstadt, esposa de Luis de Battenberg, la Gran Duquesa Isabel, esposa del Gran Duque Sergio, el Gran Duque Ernesto y la emperatriz Alejandra Románova, la última zarina de Rusia, esposa del zar Nicolás II.
                
La princesa Irene, recibió su nombre del griego Ειρἠνη, que significa paz, ya que nació al finalizar la Guerra Austro-Prusiana . La educación que recibió no distó mucho de la de sus hermanas, tuvo una niñera inglesa y comían comidas simples. Su madre, la Princesa Alicia, decidió que debían aprender a realizar las tareas domésticas más básicas, como hacer la cama, cocinar y limpiar sus habitaciones. Además, les hizo hincapié en la caridad, por ello, a menudo llevaba a sus hijos a visitas hospitalarias y a organizaciones benéficas. Tal vez, el primer trauma de la Princesa Irene fue en 1873, cuando su hermano Federico, hemofílico, cayó por una venta y se golpeó, muriendo a las pocas horas de una hemorragia cerebral.

Unos años más tarde, en 1878, Irene y sus hermanos (a excepción de la Princesa Isabel) enfermaron de difteria. Su hermana menor, María, falleció y su madre también enfermó. Sabiendo que estaba en su lecho de muerte, la Princesa Alicia ordenó redactar testamento dejando instrucciones sobre cómo educar a sus hijas. Murió de difteria el 14 de diciembre de 1878 y tras su muerte, la Reina Victoria del Reino Unido, decidió hacerse cargo de la educación de sus nietos. Desde ese momento, la Princesa Irene junto a sus hermanos, iban una vez al año a Inglaterra.

Tuvo un estilo de vida y un código muy victoriano. En 1884, su hermana Isabel se casó con el Gran Duque Sergio y se convirtió a la fe ortodoxa rusa, algo que no sentó nada bien a Irene. En 1892, su padre, Gran Duque Luis IV, murió, y su hermano, Ernesto, lo sucedió como Gran Duque de Hesse, y dos años más tarde se casó con la princesa Victoria Melita. Fue en medio de las festividades de esta boda cuando la hermana más joven, Alejandra, aceptó la propuesta de matrimonio del zarevich Nicolás, su primo segundo, y cuando el padre de Nicolas murió en noviembre de 1894, Irene y su marido viajaron a San Petersburgo, para estar presente, tanto el entierro del zar Alejandro III de Rusia, como en la boda de Nicolás y Alejandra, que había tomado el nombre de Alejandra Fiódorovna Románova por su conversión a la ortodoxia. A pesar del desacuerdo que tenía sobre la conversión de sus hermanas a la ortodoxia rusa, lo terminó aceptando y manteniendo muy buena relación con ellas.

Irene transmitió la hemofilia a sus hijos Waldemar y Enrique. El primero de ellos, el Príncipe Waldemar siempre fue un niño muy enfermo, pero logró vivir años, por el contrario, su hijo más pequeño, el Príncipe Enrique, murió a la edad de cuatro años al caer y golpearse la cabeza. Seis meses después de la muerte de su hijo, la Princesa Irene viajó a Rusia a apoyar a su hermana Alejandra por la hemofilia que ella transmitió al zarévich Alexis Romanov. Dos primas suyas, la reina Victoria Eugenia de España y la Princesa Alicia de Albany, también dieron a luz a hijos hemofílicos. En 1912, Irene fue un fuerte apoyo para la zarina Alejandra Románova, cuando Alexei casi murió por complicaciones de su hemofilia en el pabellón de caza de la familia imperial en Polonia.

Vida posterior

Las relaciones entre Irene y sus hermanas no se interrumpieron durante la Primera Guerra Mundial, ellas seguían en contacto gracias a la, por entonces, princesa Luisa Mountbatten, hija de la princesa Victoria futura esposa de Gustavo VI Adolfo de Suecia.

Tras la guerra, el káiser Guillermo II abdicó al trono y la familia real de Prusia dejó de gobernar Alemania, pero Irene y Enrique de Prusia siguieron manteniendo su patrimonio en Hemmelmark, al norte de Alemania. En 1920 apareció en Berlín una chica llamada Anna Anderson que decía ser la Gran Duquesa Anastasia Nikoláyevna. Irene, que desde 1913 no veía a su sobrina, fue al hospital psiquiátrico donde la joven estaba hospitalizada a comprobar su identidad, pero la negó.

Peter Kurth, uno de los biógrafos de Anna Anderson publicó como el Príncipe Segismundo de Prusia, formuló varias preguntas a Anderson a través de su tío, el Príncipe Federico Ernesto de Sajonia-Altenburgo  y como afirmó que las respuestas eran muy precisas. El caso de Anna Anderson/Anastasia sembró la discordia entre madre e hijo. A la muerte de su esposo, el Príncipe Enrique de Prusia, en 1929, Irene intentó acercarse a Segismundo y sus nietos. Pidió que volviesen a Alemania, pero Segismundo se negaba a abandonar Costa Rica.

En noviembre de 1934, viajó durante unos meses a Costa Rica con su dama de compañía para tratar de convencer a su hijo de que se retractase de su apoyo a Anna Anderson, pero no lo consiguió. En 1938, el proceder de Segismundo con quien afirmaba ser la Gran Duquesa Anastasia enfadó mucho a Irene, tanto que amenazó con desheredarlo si no se retractaba de una declaración jurada que hizo apoyando el caso de Anderson.

Segismundo y su esposa Carlota-Inés decidieron enviar a Alemania a sus dos hijos, el Príncipe Alfredo y la Princesa Bárbara, y aunque Alfredo regresó a Costa Rica con sus padres, Bárbara se quedó en Alemania. Segismundo se negó a volver a vivir a Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Su otro hijo, Valdemar, se enfermó y murió en 1945 debido a la falta de sangre para una transfusión.

En 1952, la Princesa Irene adoptó a Bárbara y un año después, el 11 de noviembre de 1953 murió, dejando toda su herencia a su nieta/hija, Bárbara.

Sepultura

El cuerpo de la Princesa Irene está enterrado en el mausoleo familiar de Hemmelmark, junto a su esposo y su hijo Enrique.









Segismundo de Prusia


El príncipe Segismundo de Prusia (Francisco Federico Segismundo) (15 de septiembre de 1864 - 18 de junio de 1866) fue el cuarto hijo del entonces príncipe heredero Federico Guillermo de Prusia, y de Victoria, princesa real del Reino Unido, hija de la reina Victoria de Gran Bretaña e Irlanda y del prínicpe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.
                            
Nació en el Palacio Nuevo en Potsdam, Reino de Prusia, en 1864. Sin embargo, murió de meningitis en dicho Palacio Nuevo el 18 de junio de 1866, con unos veintiún meses de edad. Fue enterrado en el mausoleo real de la Friedenskirche en Potsdam. El dolor y la desesperación de su madre fueron intensas, como su padre, se encontraba dirigiendo el ejército prusiano en la batalla contra Austria, se había llevado todos los médicos disponibles por lo que es imposible para ella aliviar el sufrimiento de su hijo o evitar su muerte, su recuerdo le atormentaría por el resto de su vida.



Victoria de Prusia


Victoria de Prusia (Federica Amalia Guillermina Victoria) (12 de abril de 1866 – 13 de noviembre de 1929) fue la segunda hija de Federico III de Alemania y su esposa, Victoria, hija de la reina Victoria del Reino Unido.

Biografía                  

Como sus hermanas, las princesas Sofía y Margarita, Victoria era devota hacia su madre y abrazó los ideales británicos. Siendo una joven, Victoria se enamoró del príncipe Alejando de Battenberg, quien se convertiría en el zar Alejandro I de Bulgaria. Sus padres estaban a favor de la unión, pero su abuelo, el emperador Guillermo I y su canciller Otto von Bismarck eran opuestos al plan. Creían que si Victoria se casase con Alejandro, esto sería una ofensa a los rusos, a quienes Alejandro desafiaba desde Bulgaria.

Ella terminó casándose con el Príncipe Adolfo de Schaumburg-Lippe el 19 de noviembre de 1890.
A pesar de estar técnicamente sobre el lado alemán en la Primera Guerra Mundial, Victoria era muy proclive a la causa británica. Después de la guerra, ella se encontró a su primo, Jorge V, rey del Reino Unido y le expresó a él que volviesen a ser amigos pronto. Jorge le dijo que: él no pensaba que esto fuese a ser posible hasta pasados muchos años.

Ya viuda, contrajo matrimonio morganático en 1927 con un vividor de origen ruso, Alexander Zoubkoff, que la dejó abandonada y arruinada para ir a vender la historia de su sórdido "idilio" con una princesa opiómana a los escritores de teatro de boulevard. Ella falleció dos años después de neumonía.

Distinciones honoríficas

  • LouiseOrden.PNG Dama de la Orden de Luisa (Reino de Prusia).
  • Royal Order of Victoria and Albert - ribbon bar.gif Dama de la Real Orden de Victoria y Alberto (Reino Unido).



Adolfo de Schaumburg-Lippe


El príncipe Adolfo de Schaumburg-Lippe (20 de julio de 1859 - 9 de julio de 1916) fue el regente del Principado de Lippe desde 1895 hasta 1897.

Nacido en el Palacio de Bückeburg Palace (en alemán, Schloss Bückeburg) en Bückeburg siendo el séptimo hijo de Adolfo I, príncipe de Schaumburgo-Lippe (1817-1893), y la princesa Herminia de Waldeck-Pyrmont (1827-1910).                

Después de la muerte del príncipe Valdemar el 20 de marzo de 1895 y la ascensión del hermano de Valdemar, Alejandro, Adolfo fue elegido para actuar como regente de Lippe debido a la incapacidad para gobernar del príncipe Alejandro por causa de una enfermedad mental. Continuó actuando como regente hasta 1897 cuando fue remplazado por el conde Ernesto de Lippe-Biesterfeld.





Waldemar de Prusia


El príncipe Valdemar o Waldemar de Prusia (Joaquín Federico Ernesto Valdemar) (10 de febrero de 1868 - 27 de marzo de 1879) fue el sexto hijo del entonces príncipe heredero Federico III y de Victoria, princesa real del Reino Unido, hija de la reina Victoria de Gran Bretaña e Irlanda y de Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.
                      
Valdemar fue el hijo favorito de su madre y su padre. Él era un muchacho alegre, con una naturaleza sensible, independiente y honesto. Era muy inteligente y a su madre le complacía de enseñarle muchas cosas. Valdemar tenía un gran sentido del humor y amor por los animales. En una ocasión, al visitar a su abuela, la reina Victoria, Valdemar dejó suelta a su mascota, un cocodrilo, en el estudio de la reina que ya tenía una edad avanzada, a quien le dio un gran susto. La Princesa Victoria escribió que iba a ser infeliz cuando Valdemar se fuera a la escuela, "como él es mi niño". Ella parecía preferir más a Valdemar que a sus hijos mayores, Guillermo y Enrique.

Menos de cuatro meses después de la muerte de su tía, Alicia, Gran Duquesa de Hesse-Darmstadt, Valdemar enfermó gravemente de difteria y murió en Berlín, Alemania el 27 de marzo de 1879. Fue enterrado en el mausoleo real de la Friedenskirche en Potsdam, cerca del altar mayor y de su hermano mayor, el príncipe Segismundo. Sus padres fueron enterrados más tarde, no muy lejos de él, en el centro del mausoleo, directamente bajo la cúpula.



Sofía de Prusia


Sofía de Prusia (en alemán: Sophie von Preußen; bautizada con los nombres Sofía Dorotea Ulrica Alicia; en alemán Sophie Dorothea Ulrike Alice; Potsdam, 14 de junio de 1870 - Fráncfort, 13 de enero de 1932) fue princesa de Prusia, princesa de Alemania y reina consorte de Grecia tras su boda con Constantino I de Grecia. La princesa Sofía era hija del emperador Federico III y de Victoria, Princesa Real.
                                        
Fue educada directamente por su madre, quien le inculcó ciertos sentimientos anglófilos.
El 27 de octubre de 1889 se casó con el príncipe Constantino de Grecia, futuro Constantino I. La boda se celebró en Atenas, aunque el compromiso había pasado por dificultades en la corte de Berlín, especialmente porque era mal visto que una princesa luterana se casase con un ortodoxo.
Los príncipes tuvieron seis hijos:
  • Príncipe Jorge (1890-1947), Rey de los Helenos como Jorge II, casado con Isabel de Rumanía. Sin descendencia.
  • Príncipe Alejandro (1893-1920), Rey de los Helenos como Alejandro I, casado con Aspasia Manos. Con descendencia.
  • Princesa Elena (1896-1982), Reina de Rumanía por su matrimonio con Carlos II de Rumanía. Con descendencia.
  • Príncipe Pablo (1901-1964), Rey de los Helenos como Pablo I, casado con Federica de Hannover. Con descendencia.
  • Princesa Irene (1904-1974), brevemente Reina de Croacia por su matrimonio con Tomislav II de Croacia. Con descendencia.
  • Princesa Catalina (1913-2007), Lady Brandram por su matrimonio con Richard Brandram. Con descendencia.
Se la consideró como influyente en su esposo el rey, sobre todo en los sentimientos proalemanes que Constantino mostró durante la Primera Guerra Mundial.

El 11 de julio de 1917 tuvo que abandonar el país junto con su marido hacia Suiza, tras complicaciones políticas. En 1920 regresaron a Grecia con motivo de los funerales de su hijo Alejandro, y ese mismo año el rey Constantino retomó el poder, para abdicar tan sólo dos años después, en 1922, y enseguida partir nuevamente al exilio, esta vez a Italia.
Sofía enviudó en 1923. Falleció de cáncer en la ciudad alemana de Fráncfort del Meno, en 1932.

Títulos, tratamientos y condecoraciones

Títulos

  • 14 de junio de 1870 - 27 de octubre de 1889: Su Alteza Real la Princesa Sofía de Prusia
  • 27 de octubre de 1889 - 18 de marzo de 1913: Su Alteza Real la Princesa Heredera de Grecia
  • 18 de marzo de 1913 - 27 de septiembre de 1922: Su Majestad la Reina consorte de los Helenos

Condecoraciones

  • LouiseOrden.PNG Dama de la Orden de Luisa (Reino de Prusia).
  • Royal Order of Victoria and Albert - ribbon bar.gif Dama de la Real Orden de Victoria y Alberto (Reino Unido).



Constantino I de Grecia

Enlace aquí:

Constantino I rey de los Helenos (en griego: Κωνσταντίνος A'; 1868-1923), rey de Grecia de 1913 a 1917 y de 1920 a 1922. Después de sus éxitos militares en las Guerras Balcánicas que permitieron extender el territorio de Grecia, su apoyo pasivo a las Potencias Centrales y su enfrentamiento con el primer ministro Eleftherios Venizelos durante la Primera Guerra Mundial le valieron el descrédito de los Aliados y provocaron una profunda y duradera ruptura en la sociedad griega, por lo que se exilió en 1917. Entre 1917 y 1920, fue proclamado rey su hermano Alejandro I de Grecia. Luego, fue devuelto al trono en 1920, el descontento popular y militar tras el fracaso griego en la Guerra Greco-Turca le obligó a exiliarse de nuevo en 1922. Murió en 1923 en Italia.
               
Fue el segundo soberano de la Casa de Glücksburg, hijo mayor del rey Jorge I de Grecia y de su esposa, Olga Konstantínova Románova, Gran Duquesa de Rusia. Nació en la ciudad de Atenas el 2 de agosto de 1868 y estudió en varias academias militares griegas y alemanas.

En 1889 contrajo matrimonio con la princesa Sofía de Prusia, que era hermana del káiser alemán Guillermo II, y nieta, por vía materna, de la reina Victoria I del Reino Unido.

 













Margarita de Prusia


La princesa Margarita de Prusia (Margarethe Beatrice Feodora) (22 de abril de 1872 - 22 de enero de 1954) fue una de las hijas de Federico III de Alemania y su esposa Victoria, hija mayor de la reina Victoria I del Reino Unido. Se casó con el príncipe Federico Carlos de Hesse-Kassel.

La princesa Margarita de Prusia fue la última de las hijas de Federico, después emperador del Segundo Imperio Alemán, y Victoria. Nació el 22 de abril de 1872 en el Nuevo Palacio, residencia de la familia imperial alemana, en Potsdam. Fue llamada Margarita Beatriz Feodora, y Margarita, la princesa heredera de Italia, era su madrina.
                       
La princesa Margarita creció entre el gran privilegio y la formalidad propios de una familia imperial. Junto con sus hermanas, las princesas Victoria y Sofía, Margarita estaba fuertemente atada a sus padres, oponiéndose a sus hermanos Guillermo II, la princesa Carlota y el príncipe Enrique. Margarita es extensamente vista como la más popular de las hermanas del káiser Guillermo II, pues mantuvo buenas relaciones con una amplia serie de miembros de su familia. Era prima hermana del rey Jorge V del Reino Unido y de la zarina consorte Alejandra de Rusia, así como de todos los nietos de la reina Victoria.

Margarita se enamoró primero del príncipe Maximiliano de Baden, pero como el no correspondió sus afectos ella siguió adelante con su segunda opción, el amigo cercano de Max, el landgrave Federico Carlos de Hesse-Kassel, futura cabeza de la dinastía Hesse-Kassel y futuro rey electo de Finlandia. Se casaron el 25 de enero de 1893, en el Hohenzollern Stadtschloss de Berlín en el aniversario de la boda de sus padres.

En la época de la boda, el príncipe Federico Carlos no era todavía la cabeza de la Casa de Hesse-Kassel. Éste le fue otorgado cuando su hermano mayor Alejandro Federico abdicó para casarse con una plebeya. El trato del príncipe Federico fue ascendido al de Alteza, en cuanto el de Margarita lo fue al de Alteza Real.

Descendencia

Tuvo dos partos gemelares. Sus hijos, todos varones, fueron:
  • Federico de Hesse-Kassel (1893–1916). Muerto en la Primera Guerra Mundial.
  • Maximiliano de Hesse-Kassel (1894–1914). Muerto en la Primera Guerra Mundial.
  • Felipe de Hesse-Kassel (1896–1980). Casado con la princesa Mafalda de Saboya.
  • Wolfgang de Hesse-Kassel (1896–1989). Gemelo con el anterior. Casado con la princesa María Alejandra de Baden. Sin descendencia.
  • Ricardo de Hesse-Kassel (1901–1969). Falleció soltero y sin descendencia.
  • Cristóbal de Hesse-Kassel (1901–1943). Gemelo con el anterior. Casado con la princesa Sofía de Grecia y Dinamarca. Con descendencia. Muerto en la Segunda Guerra Mundial.

Distinciones honoríficas

  • LouiseOrden.PNG Dama de la Orden de Luisa (Reino de Prusia).
  • Royal Order of Victoria and Albert - ribbon bar.gif Dama de la Real Orden de Victoria y Alberto (Reino Unido).



Federico Carlos de Hesse-Kassel


Federico Carlos de Hesse-Kassel (Panker, Holstein, 1 de mayo de 1868 – Kassel, Hesse, 28 de mayo de 1940) fue un príncipe alemán de Hesse, hijo del príncipe Federico de Hesse-Kassel y de la princesa Ana de Prusia. Fue elegido rey de Finlandia el 9 de octubre de 1918, pero nunca subió al trono debido a la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial. El emperador Guillermo II de Alemania era su cuñado.            








 

FEDERICO III Emperador de Alemania y Rey de Prusia

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