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viernes, 16 de septiembre de 2016

Francisco José I de Austria


Francisco José I de Austria (en alemán: Franz Joseph I.) (Viena, 18 de agosto de 1830-ibídem, 21 de noviembre de 1916) fue emperador de Austria, rey de Hungría y rey de Bohemia, entre otros títulos, desde el 2 de diciembre de 1848 hasta su muerte. Su reinado de casi 68 años es el tercero más prolongado de la historia europea, después de Luis XIV de Francia y Juan II de Liechtenstein. Su lema personal era Viribus Unitis (‘Con unión de fuerzas’).
        
Nació a las 9:45 del 18 de agosto de 1830 en Schönbrunn, Viena, como primogénito del matrimonio entre el archiduque Francisco Carlos –quien a su vez era el segundo hijo del último sacro emperador romano y primer emperador de Austria, Francisco I– y Sofía de Baviera.

Dado que a la muerte de Francisco lo sucedió su hijo Fernando, Francisco José no estaba en la línea directa de la sucesión del trono. Sin embargo, como su tío demostraba sufrir de problemas mentales y carecía de hijos, la regencia secreta dirigida por Metternich ordenó inmediatamente que se comenzara a educar al muchacho como posible sucesor a la Corona.

Durante las Revoluciones de 1848, Metternich huyó del país, y tras el Tercer Levantamiento de Viena, el príncipe Schwarzenberg clausuró la Dieta Constituyente, instauró la dictadura y convenció a Fernando para que abdicara (2 de diciembre de 1848) en favor de Francisco José, que de este modo fue proclamado emperador a los 18 años de edad.

Los primeros años de reinado

El reinado de Francisco José se desarrolló en medio de violentas conmociones internacionales que lo persiguieron toda su vida: comenzaron con la revolución austríaca de 1848 y culminaron con la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Las ideas liberales y el pensamiento demócrata ganaban terreno. Apenas llegado al trono, Francisco José debió vérselas con estas dos fuerzas disociadoras de su monarquía centralizada, por lo que los primeros 18 años de su gobierno estuvieron caracterizados por un fuerte absolutismo.

En 1848, la situación política de las monarquías europeas era desesperada. Como otros reyes, debió enfrentar tiempos de nacionalismo creciente, y tuvo éxito en su empeño de mantener unido el Imperio austrohúngaro. Los avances de los demócratas y capitalistas por una parte, y de los nacionalistas germanochecos que luchaban por la independencia de Bohemia por el otro, acorralaron la gestión del monarca, que además debía contener a los belicosos serbios que también ansiaban independizarse y abandonar el imperio.
 
Todos intentaban que el soberano se volcara en su favor, pero el Emperador siempre intentó mantener una posición equidistante sin ceder con ninguno, cuidando con particular interés el mantenimiento de la integridad del imperio. No alcanzó a ver, empero, la situación de debilidad en que dejaba al poder central su pretendida prescindibilidad en estos graves asuntos.

Para poner fin a la revolución húngara, Francisco José se vio obligado a aliarse con Rusia. En septiembre de 1848 la Dieta húngara no había reconocido a Francisco José como su soberano. En marzo de 1849 Francisco José impuso una nueva constitución centralista y restauró el absolutismo. Esta constitución, llamada de Olmütz, afirmaba que Hungría es parte del Imperio Austriaco, sin ningún derecho especial. En respuesta, al mes siguiente Luis Kossuth proclamó la república. En mayo el zar Nicolás I y Francisco José se reunieron en Varsovia para concertar la acción militar común antihúngara. Tras la batalla de Temesvar, los húngaros capitulan en Vilagos y Kossuth huye a Turquía. Se instauraron tribunales especiales para juzgar a los rebeldes, se impuso la lengua alemana, y Hungría quedó dividida en cinco provincias bajo administración directa de Austria.

Tras un período de reacción contrarrevolucionaria la constitución absolutista fue abolida en 1851. Se impuso una burocracia centralista y se cedió ante la Santa Sede la jurisdicción sobre las leyes civiles (especialmente las matrimoniales) y educativas, que a partir de entonces pasaron a estar controladas por la Iglesia católica. La insuficiencia de los ingresos dio al traste con la política arancelaria, obligando al gobierno a subirlos para poder mantener el equilibrio presupuestario, lo cual supuso la oposición de los liberales.

La «traición» a Rusia, al negarle Austria su apoyo durante la Guerra de Crimea (1853-56), condujo al aislamiento político del Imperio, que sería incapaz de enfrentarse por sí solo a la sucesión de desastres que se le vendrían encima.

La emperatriz Isabel


La emperatriz Sissi (óleo de Franz Xaver Winterhalter).
En este entorno de decadencia y cambios destructivos, la única fuerza unificadora y moderadora en la corte de Francisco José era su esposa, la emperatriz Isabel, a quien todo el mundo (aún hoy en día) conoce por su sobrenombre de Sissi, nacida princesa de Baviera, de quien era prima carnal.

La muchacha y el joven emperador de 23 años se conocieron en la población estival de Bad Ischl durante las vacaciones del monarca, en el verano de 1853. La familia pretendía casar a Francisco José con la princesa Elena de Baviera, pero en cambio el emperador quedó prendado de la hermana menor de ésta, Elisabeth, de tan solo 15 años. La jovencita estaba allí por casualidad, pero quedaron encantados el uno con el otro de tal modo que su compromiso se celebró de hecho al día siguiente.
El 24 de abril de 1854, Sissi y Francisco José se casaron en la Iglesia de los Agustinos de Viena, convirtiéndose así en la pareja más observada del mundo. Como ambos poseían un enorme encanto personal, la gente de todo el mundo los vigilaba como protagonistas de un hermoso cuento de hadas de la vida real.

No era tal: la emperatriz, que había entregado su vida rural sin preocupaciones por el estricto protocolo de la corte vienesa, pronto comenzó a tener problemas. No era fácil adaptarse a la vida como esposa de un hombre que, si bien la amaba tiernamente, también gobernaba un imperio habitado por más de 50 millones de personas.

Atrapada entre la melancolía y la etiqueta, Sissi comenzó a preocuparse por los pobres e indefensos, convirtiéndose en asidua colaboradora de hospitales y asilos, llevando adelante una importante tarea social, caso prácticamente inédito entre las mujeres nobles de esa época.

Poco a poco comenzó a acumular influencias en la corte y especialmente sobre su marido. Las ideas de Sissi eran avanzadas, progresistas y liberales, y su apoyo a la causa húngara fue determinante para que ese país alcanzara la igualdad política con Austria en 1867. El matrimonio tuvo cuatro hijos, los primeros tres en rápida sucesión inmediatamente después de casarse:
Pero Sissi no era, por causa de su personalidad y de su trabajo solidario, una madre muy afecta al cuidado y enseñanza de los niños, ni tampoco les ofreció demasiada calidez ni cariño. Tenía sólo 20 años cuando nació el primogénito Rodolfo, y la madre de Francisco José (la archiduquesa Sofía de Baviera) comenzó a interferir constantemente en la educación del heredero. Se prohibía a la Emperatriz amamantar al infante, y, luego de los tres primeros partos, la Archiduquesa convenció a Elisabeth de que no tuviese más hijos. Esta decisión, aparentemente intrascendente, demostró tener una importancia política enorme, ya que cuando Rodolfo, el único varón, se suicidó, la familia quedó sin sucesores al trono de Francisco José.

La única forma de no tener más niños era observar una cuidadosa abstinencia: la propia Sissi buscó una amante para Francisco José, lo cual repercutió negativamente en el ánimo del emperador, que amaba a su esposa y ambicionaba tener una familia y un tipo de relación normal con ella.

La emperatriz Sissi, que tenía la costumbre de efectuar múltiples viajes, encontró la muerte en Ginebra en 1898. Un fallo en su dispositivo de vigilancia y seguridad, permitió que un terrorista anarquista italiano llamado Luigi Lucheni se aproximara a ella asestándole con un estilete una única y certera puñalada al corazón. La emperatriz cayó al suelo, se levantó y al cabo de una hora murió en el hotel dónde se había hospedado la noche anterior. El deceso de su querida esposa terminó de sumir a Francisco José en la tristeza.

Guerras constantes y pérdidas territoriales

Aunque Francisco José logró poner fin a la revolución húngara en 1849 y derrotar al rey Víctor Manuel II de Piamonte-Cerdeña, al cabo de diez años la alianza de Napoleón III con los Saboya supondría el fin de la hegemonía austríaca en Italia. Derrotado en Solferino, Francisco José hubo de avenirse al Armisticio de Villafranca (ratificado en el Tratado de Zúrich el 10 de noviembre de 1859) y permitir la unificación italiana. Austria perdió todas sus posesiones excepto el Véneto, dejando Lombardía en manos de Víctor Manuel y permitiendo la anexión de los ducados de Parma, Módena y Toscana. Se intentó entonces una solución federalista para los problemas generados por las minorías nacionales, el Diploma de Octubre de 1860, que confería el poder legislativo a un Reichsrat y a una serie de Dietas regionales. Sin embargo, húngaros y austriacos rechazaron la propuesta, así como la Patente de Febrero de 1862, que dividía el Reichsrat en una Cámara de Señores y otra de Diputados, en detrimento de las Dietas.

Por otro lado, la preponderancia de Austria dentro de la Confederación Germánica condujo a tensiones entre austriacos y prusianos en torno a una reforma del Bund que proporcionara mayor peso a Prusia. Tras haber sobrevivido a las Revoluciones de 1848, la política de Austria se centraba en preservar su hegemonía en Europa Central. A finales de la década de los 50 Prusia hizo público un plan, el de Olmutz, que abogaba por la integración de los estados alemanes del Norte. Austria lo consideró una humillación y obligó a Prusia a retirarlo.

En 1864, Austria y Prusia estuvieron aliadas en la Guerra de los Ducados. De acuerdo con lo establecido en la Convención de Gastein que puso fin a ésta, el ducado de Holstein quedó bajo dominio de Austria, y los de Schleswig y Lauenburgo bajo el de Prusia, pero ninguno de los dos países quedó satisfecho con el acuerdo. Finalmente, Prusia se separó del Bund e invadió el ducado de Holstein, dando así comienzo la Guerra Austroprusiana (junio-agosto de 1866), en la que Austria fue derrotada en tan solo 7 semanas. La estrepitosa derrota de Königgrätz obligó a Francisco José a retirarse de la Confederación, cediendo su hegemonía a Prusia y aceptando la anexión de Hanóver, Hesse-Kassel, Nassau, Fráncfort del Meno y los ducados de Schleswig, Holstein y Lauenburgo (Paz de Praga del 23 de agosto de 1866). El Bund se disolvió, y los prusianos consiguieron de este modo, institucionalizar la Federación Alemana del Norte que tras su victoria en la guerra franco-prusiana de 1870-71 permitió la unificación alemana (la Pequeña Alemania o Kleindeutschland, con la exclusión de Austria) bajo control de Prusia (liderada por Otto von Bismarck), lo que llevó al establecimiento del Imperio Alemán en 1871.

Simultáneamente atacado por Italia, el imperio se veía obligado a ceder Venecia a Francia quien, a su vez, la cedió a Italia por el Tratado de Viena del 12 de octubre de 1866.

Desgracias familiares

Su vida familiar fue amarga, principalmente por el choque entre su mentalidad retrógrada y reaccionaria y el carácter y las ideas liberales de sus familiares. Francisco José perdió violentamente a su hijo, el Archiduque Rodolfo, que aparentemente se suicidó por un desengaño pasional en medio de una crisis depresiva (30 de enero de 1889), y a su esposa, la emperatriz Isabel, asesinada en Suiza el 10 de septiembre de 1898. Al conocer la noticia, el emperador musitó: en mi imperio la desgracia no conoce el ocaso.

Francisco José tuvo tres hermanos, el primero de ellos fue Maximiliano (1832-1867), con el cual tenía escasa diferencia de edad. En 1863, una junta de notables le ofreció el trono del Imperio Mexicano, y con el apoyo de Napoleón III, se instauró como cabeza del segundo proyecto monárquico del México independiente. El corto reinado de Maximiliano estuvo constantemente amenazado por las tropas del presidente Benito Juárez. Tras la crisis militar francesa (que ocasionó el retiro de las tropas de Napoleón III del territorio mexicano), Benito Juárez apresó y fusiló a Maximiliano, junto con sus dos generales más cercanos, el 19 de junio de 1867. La tragedia del regicidio conmovió a toda Europa, culpándose a Napoleón III del abandono de su aliado en manos de los republicanos (como se evidencia en la obra El fusilamiento de Maximiliano de Édouard Manet). Ciertamente, entre los que más lamentaron su muerte estuvo Francisco José, hermano y amigo de quien había sido ejecutado.

El segundo, Carlos Luis murió de tifus (19 de mayo de 1896). Con respecto al hermano menor, Luis Víctor, fue condenado al exilio en circunstancias poco claras, presuntamente por abuso sexual a un menor de edad en un baño público.

El Ausgleich

Con respecto al Imperio, Francisco José sufrió las permanentes demandas de Hungría para separarse legalmente de Austria bajo la forma de una monarquía dual: Austrohungría. Por el Ausgleich o compromiso de febrero de 1867, Austria y Hungría se convertían en dos entidades con gobiernos y dietas propios, unidas bajo una misma monarquía, con una común política exterior, financiera (cubriendo Austria el 70% de los gastos) y militar. Se crearon dos milicias territoriales, una húngara (Honved) y otra austriaca (Landwehr). Francisco José aceptó la nueva ordenación constitucional y mantuvo celosamente sus prerrogativas militares (era comandante en jefe del ejército y tenía potestad para declarar la guerra y firmar tratados de paz) y de política exterior.

La propia Austria (la llamada Cisleitania) constaba de 8 naciones diferentes, con 15 Estados y 17 parlamentos. El sufragio estamental en 4 curias (5 desde 1897) sería sustituido en 1907 por el sufragio universal directo. La Transleitania, Hungría, tenía una Dieta propia elegida por sufragio censitario.

Derrotado en Italia y Alemania, el imperio de Francisco José decidió comenzar a intervenir asiduamente en los Balcanes. Con el estallido de la Guerra ruso-turca de 1877, Rusia (Príncipe Gorchakov) y Austrohungría (Conde Andrássy) firmaron el acuerdo secreto de Reichstadt el 8 de julio, por el que se dividía la Península Balcánica dependiendo del resultado de la guerra. La oposición directa de los intereses rusos en los Balcanes llevó a Francisco José a aliarse con Alemania para intentar lograr un equilibrio político y militar que era vital para sus intereses.

La asociación entre la Alemania de Bismarck y el Imperio Austrohúngaro fue el primer paso en el proceso de alianzas europeas que, junto con las luchas nacionalistas de los pueblos del Danubio y los Balcanes, apilaría explosivos sobre el polvorín étnico y político que incendiaría Europa en la Primera Guerra Mundial. Efectivamente, el Congreso de Berlín otorgó la administración de Bosnia-Herzegovina a Austrohungría. La invasión (1878) y posterior ocupación (1879) del territorio colocó al imperio en una difícil situación frente al amenazante paneslavismo de Serbia y Rusia, naciones que se sintieron engañadas y frustradas por este Congreso.

En 1879, Francisco José se unió a Alemania en una alianza que luego incluyó también a Italia, llamada La Triple Alianza. Entretanto, la Liga de los Tres Emperadores (Rusia-Alemania-Austrohungría) fue revocada, lo que condujo al acuerdo contra natura entre la autocrática y reaccionaria Rusia y la republicana Francia (Doble Alianza del 17 de agosto de 1894).

El imperio de Francisco José, que había logrado alcanzar una considerable prosperidad económica gracias a su política económica liberal, se vio acosado por las exigencias de las minorías nacionales descontentas, particularmente los eslavos.

El creciente paneslavismo del Imperio ruso llevó a este país a proclamarse protector de los pueblos eslavos. En ocasiones financiados directamente desde San Petersburgo, estos movimientos nacionalistas se envalentonaron y actuaron con mayor audacia e irresponsabilidad, enrareciendo el clima político con las periódicas crisis balcánicas que se sucedieron hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial.

La anexión de Bosnia-Herzegovina y la Crisis de 1887

Una de las peores crisis anteriores a la Gran Guerra llegó cuando Francisco José tomó la determinación de anexionarse Bosnia-Herzegovina, el 6 de octubre de 1908, tal y como le autorizaba el artículo 25 del Tratado de Berlín (13 de julio de 1878). Si bien se pretendía detener la cada vez mayor violencia de los separatistas serbios, en realidad, la anexión no hizo más que azuzarlos contra el Imperio, y muy bien pudo haberse iniciado la Gran Guerra en ese momento.

Serbia, indignada ante esta actuación, que ponía fin a sus aspiraciones nacionalistas de la Gran Serbia, movilizó sus tropas. Rusia, sintiéndose engañada por Austria en lo referente a sus aspiraciones de dominar el Bósforo y los Dardanelos, apoyó a Serbia. Los ingleses convocaron una conferencia internacional, que Austria rechazó por temor a resultar vencida. Italia, por su parte, suscribió un acuerdo secreto con Rusia (Tratado de Racconigi) para mantener el status quo en los Balcanes. Alemania mantiene su "fidelidad nibelunga" (sic) hacia Austria, aunque contiene a Hötzendorf, en sus intentos de declarar la guerra a Serbia, a la vez que convence a los rusos para que se echen atrás. Con ello triunfó la política alemana, que haría frente común con Austria, su único aliado seguro.

La Gran Guerra y muerte del emperador

La Primera Guerra Mundial surgió, entre otras causas, como consecuencia de la inestabilidad interna del Imperio Austrohúngaro. La constante tirantez entre el poder central y las minorías separatistas (checos, serbios, italianos y rumanos) llevó a un conflicto multinacional en el seno del Imperio, que no podía menos que ser aprovechado por sus enemigos exteriores. Además, Francisco José permitió que los militares acaudillados por el conde Conrad von Hötzendorf (partidario de una guerra preventiva con Serbia) dirigieran la política imperial de manera hostil y belicista hacia la amenazante Serbia, apoyada por la Rusia paneslavista, que con sus aspiraciones nacionalistas ponía en peligro la estabilidad y la unidad del Imperio.

El odio de los separatistas serbios por la anexión de Bosnia-Herzegovina llevó al asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria (sobrino de Francisco José I y heredero imperial) y su esposa, Sofía von Chotek, en Sarajevo el 28 de junio de 1914 a manos del joven estudiante nacionalista serbio Gavrilo Princip, miembro de un grupo nacionalista conocido como la Mano Negra, que actuaba impunemente desde Serbia con financiación rusa (véase Atentado de Sarajevo).
Decidido a dar una lección a Serbia, el gobierno austríaco envió un ultimátum perentorio, que fue rechazado. Austria declaró la guerra el 28 de julio. Como Austria-Hungría se había aliado con Alemania e Italia en la Triple Alianza, Francisco José debió apoyarse en el Káiser Guillermo, el cual era partidario de castigar a Serbia, pero no creía que Rusia se involucrara en una guerra a favor de unos regicidas. Con el conflicto con Serbia ya planeado, lo único que debían hacer Austria-Hungría y su aliada era apaciguar a los rusos e impedir la escalada del conflicto.


Tumba del emperador Francisco José, su esposa Sissí
y su primogénito Rodolfo.
Sin embargo, contra lo esperado, Rusia decidió inmediatamente enviar tropas para defender a los serbios, y a pesar de los intentos de apaciguamiento realizados tanto por el emperador Guillermo como por el zar Nicolás, se decretó la movilización general, sin que Francia, deseosa de resarcirse de la humillación de 1871 hiciera nada para calmar los ánimos. Alemania, temerosa de perder la guerra, ya inevitable, si no tomaba la iniciativa, exigió la cesación inmediata de la movilización y al no recibir respuesta declaró la guerra a Rusia (1 de agosto) y su aliada Francia (3 de agosto), invadiendo a la neutral Bélgica para caer por sorpresa en la retaguardia francesa (Plan Schlieffen). Gran Bretaña, decidida a impedir la hegemonía alemana en Europa y obligada a defender a Bélgica, declaró la guerra a Alemania (4 de agosto). La Gran Guerra Europea había estallado.

Con respecto a Italia, en 1915 violó su alianza con Austria y Alemania con la esperanza de que su victoria le proporcionara los territorios austriacos ambicionados por el nacionalismo italiano, la llamada Italia irredenta (Trento, Gorizia, Trieste, Istria, Fiume y Dalmacia).

Francisco José murió en paz y serenidad a mitad de la guerra, el 21 de noviembre de 1916, tras haber ido a comulgar y despachado los asuntos de Estado aquella misma mañana. El 30 de noviembre, «Francisco José, un humilde pecador que implora la misericordia de Dios», recibió cristiana sepultura en el convento de los capuchinos en Viena.

El problema sucesorio

Como Rodolfo se había suicidado y Sissi no había querido tener más hijos, la corona debía pasar necesariamente a los hermanos y sobrinos de Francisco José, porque las leyes impedían que sus hijas heredaran el imperio. Al quedar sin herederos la línea principal, la sucesión recayó en los hijos del archiduque Carlos Luis, que había muerto diez años antes: Francisco Fernando, enfermizo y débil; Otto, libertino, indisciplinado y salvaje; y Fernando Carlos, que estaba deseoso de abdicar sus derechos.

Francisco Fernando, carente tanto de encanto como de elegancia, había ofendido a Francisco José al casarse con una mujer que, según el emperador, se hallaba por debajo de su clase: la condesa Sofía de Chotkowa y Wognin, que se casaría con Francisco Fernando en 1900. La negativa del joven a renunciar a ella le costó que Francisco José apartara a los hijos de la pareja de los derechos sucesorios. Cuando el archiduque fue asesinado, el emperador ni siquiera asistió a los funerales.

Así pues, la sucesión recayó en el sobrino nieto del emperador Francisco José I, un nieto de su hermano el archiduque Carlos Luis. En concreto el primogénito de Otto, Carlos I de Austria-Hungría, coronado a la muerte de Francisco José en 1916. Carlos fue el último monarca Habsburgo. Sus intentos de lograr una solución diplomática al conflicto chocaron de frente con la intransigencia de Clemenceau y Wilson, que ya tenían decidida la desaparición de la Doble Monarquía danubiana. Incapaces de seguir sosteniendo el esfuerzo militar, Austria y Alemania pidieron el armisticio el 1 de octubre de 1918. Apenas 20 días después, Austria-Hungría se disolvió, en tanto que el emperador, negándose a abdicar, hubo de huir al extranjero (11 de noviembre).

Semblanza del emperador


Retrato de Francisco José I (1910).
Considerado en su tiempo un perfecto caballero, Francisco José I fue un hombre de mentalidad conservadora, convencido de su derecho divino a gobernar, inteligente, atractivo y encantador, pero incapaz de enfrentarse adecuadamente a los brutales cambios ideológicos y políticos que se avecinaban. Afecto a considerar a su dinastía como llamada por el destino a gobernar Europa, su benevolente despotismo paternalista era sencillo como su vida privada. Francisco José estuvo dedicado por entero al cumplimiento de sus deberes como gobernante y al mantenimiento del honor y el bienestar de su pueblo. Sin embargo, la historia se encargaría de demostrar que esto no era suficiente para impedir el derrumbe de su imperio y la oleada de luchas secesionistas, nacionalistas y de otras variadas índoles que confluirían en el gran conflicto continental que devastaría Europa.

Su muerte y la división de Austria-Hungría representan el fin de una época y el comienzo de la Europa contemporánea.

Consecuencias

Francisco José llevó adelante con considerable éxito el reinado más largo de todos los gobernantes Habsburgo y también uno de los más tumultuosos, que indicó el final de los monarcas gobernantes para dejarles paso a las democracias y monarquías parlamentarias europeas del siglo XX.
Igualmente, la tarea de Francisco José I no fue escasa ni despreciable: consiguió mantener su monarquía durante todo ese tiempo, mientras las fuerzas nacionalistas centrífugas y los poderes extranjeros intentaban hacer trizas al Imperio por todos los medios.

Básicamente, la rotunda negativa del emperador a permitir las reformas democráticas que se le exigían, así como su unión con las fuerzas conservadoras y absolutistas, abrieron el camino para el final de la monarquía. En 1914, Austria-Hungría comprendía 676 616 kilómetros cuadrados y 52,8 millones de habitantes, lo que le convertía en el segundo país más extenso de Europa (después de Rusia) y el tercero más poblado (después de Rusia y Alemania). Incluía 15 nacionalidades: 12,5 millones de austroalemanes, 10,5 millones de magiares, siete millones de checos y dos millones de eslovacos, 5,2 millones de polacos, otros tantos serbios, croatas y bosnios, 3,5 millones de rumanos, 4 millones de rutenos y ucranianos , 800 000 italianos, friulanos y ladinos y 1,3 millones de eslovenos.

Había 40 millones de católicos romanos y grecocatólicos (ucranios y rumanos), 4,5 millones de ortodoxos (serbios, rumanos y ucranios), 4,7 millones de luteranos y calvinistas, 2,5 millones de judíos y 800 000 musulmanes, cuya coexistencia pacífica era garantizada por el Imperio. Si la situación balcánica había sido durante el s. XIX sangrienta y problemática, la disolución de Austrohungría exacerbaría los problemas, con el añadido de que las nuevas fronteras crearon unas férreas barreras arancelarias que asfixiaron el comercio y condujeron a la crisis económica y la miseria de los nuevos países.

Para Austria, la consecuencia más importante de esta disolución fue su degradación a un poder de tercera categoría, hasta el punto de ser absorbida por Alemania en 1938. Nunca recuperaría su estatus de gran potencia. Viena, que había sido una de las capitales del mundo, se convirtió de la noche a la mañana en la cabeza de un país diminuto.
En 2006 aún se halla muy lejos de la población que tenía 90 años atrás (1,6 millones actualmente frente a 2,3 millones en 1916).







 
 
 

Isabel de Baviera


Isabel Amalia Eugenia Duquesa de Baviera (en alemán: Elisabeth Amalie Eugenie Herzogin in Bayern; Múnich, 24 de diciembre de 1837-Ginebra, 10 de septiembre de 1898), más conocida como Sissi, fue emperatriz de Austria (1854-1898) y reina consorte de Hungría (1867-1898), entre otros muchos títulos inherentes a la Casa de Habsburgo-Lorena.
Perteneciente a la Casa de Wittelsbach y nacida con la dignidad de duquesa en Baviera y tratamiento de Alteza Real, era hija del duque Maximiliano de Baviera y de la princesa real Ludovica de Baviera.
                     
Isabel nació en la ciudad de Múnich, Baviera. Su padre, Maximiliano de Baviera, duque en Baviera, procedía de una rama menor de la Casa de Wittelsbach, la de Condes Palatinos de Zweibrücken-Birkenfeld-Gelnhausen, en ese momento "Duque en Baviera". En cambio su madre, Ludovica de Baviera, era hija del rey Maximiliano I de Baviera y, por tanto, princesa real de Baviera.

Educada, como sus hermanos, lejos de la Corte de Baviera, pasó la mayor parte de su infancia a caballo entre su ciudad natal y los salvajes parajes que rodeaban al castillo de Possenhofen, una construcción a orillas del lago de Starnberg que su padre había adquirido para residencia de verano y que pronto se convirtió en la residencia preferida por la familia ducal.

A los 16 años, Isabel acompañó a su madre y a su hermana mayor, Elena de Baviera, a quien familiarmente apodaban Nené, en un viaje a la residencia de verano de la Familia Real de Austria, situada en Bad Ischl, donde esperaba la archiduquesa Sofía de Baviera, hermana de Ludovica, junto a su hijo, el emperador de Austria, Francisco José I. Tal encuentro estaba preparado para que el Emperador se fijase en Elena y la tomase como prometida. Sin embargo, Francisco José, de 23 años, se sintió inmediatamente atraído por Isabel, trastocando los planes que madre y tía tenían para ellos.

En una visita a Hungría en 1857, Isabel se empeñó en llevar consigo a las archiduquesas Sofía y Gisela, a pesar de la rotunda negativa de su suegra, la archiduquesa Sofía. Durante el viaje, las niñas enfermaron gravemente, padeciendo altas fiebres y severos ataques de diarrea. Mientras que la pequeña Gisela se recuperaba rápidamente, su hermana no tuvo la misma suerte y pereció, seguramente deshidratada. Su muerte, que sumió a Isabel en una profunda depresión que marcaría su carácter para el resto de su vida, propició que le fuese denegado el derecho sobre la crianza del resto de sus hijos, que quedaron a cargo de su suegra, la archiduquesa Sofía. Tras el nacimiento del príncipe Rodolfo, la relación entre Isabel y Francisco José comenzó a enfriarse.

Isabel, por su parte, sólo pudo criar a su última hija, María Valeria, a la que ella misma llamaba cariñosamente «mi hija húngara», dado el gran aprecio que le tenía al país de Hungría, lugar donde habitualmente se refugiaba y en cuya cultura y costumbres se empeñó en educarla. Los grandes enemigos que Isabel se hizo a lo largo de su vida la llamaban despectivamente «la niña húngara» y no precisamente por el amor que su madre profesaba por tal país, sino porque creían que la niña era fruto en realidad de algún escarceo sexual que Isabel habría mantenido con el conde húngaro Gyula Andrássy. No obstante, el gran parecido que Valeria guardaba con su padre, el Emperador, se encargó de desmentir tales rumores.

Personalidad



Coronación de Francisco José e Isabel
como Rey y Reina de Hungría.
Dotada de una gran belleza física, Isabel se caracterizó por ser una persona rebelde, culta y demasiado avanzada para su tiempo. Adoraba la equitación, llegando a participar en muchos torneos. Sentía un gran aprecio por los animales; amaba a sus perros, costumbre heredada de su madre, hasta el punto de pasear con ellos por los salones de palacio. Le gustaban los papagayos y los animales exóticos en general. Incluso llegó a tener su propia pista circense en los jardines de su palacio en Corfú. Hablaba varios idiomas: el alemán, el inglés, el francés, el húngaro, propiciado por su interés e identificación con la causa húngara, y el griego, este último aprendido con ahínco para poder disfrutar de las obras clásicas en su idioma original. Cuidaba su figura de una forma maniática, llegando a hacerse instalar unas anillas en sus habitaciones para poder practicar deporte sin ser vista. Su alimentación dio también mucho que hablar, pues se alimentaba básicamente a base de pescado hervido, alguna fruta y jugo de carne exprimida. A partir de los 35 años no volvió a dejar que nadie la retratase o tomase una fotografía; para ello, adoptó la costumbre de llevar siempre un velo azul, una sombrilla y un gran abanico de cuero negro con el que cubría su cara cuando alguien se acercaba demasiado a ella. Entre otras excentricidades, al final de su vida también se hizo tatuar un ancla en el hombro (por el gran amor que sentía por el mar y las travesías y por sentirse sin patria propia, como los eternos marineros que vagan por el mundo) y se hacía atar al mástil de su barco durante las tormentas. Paseaba a diario durante ocho largas horas, llegando a extenuar a varias de sus damas de su séquito, entre ellas Ida Ferenczy o Marie Festetics. Además, adoraba viajar, no permaneciendo nunca en el mismo lugar más de dos semanas. Disfrutó de la literatura, en especial de las obras de William Shakespeare, de Friedrich Hegel y de su poeta predilecto, Heinrich Heine. Por último, detestaba el ridículo protocolo de la corte imperial de Viena, de la que procuró permanecer alejada durante el mayor tiempo posible y hacia la que desarrolló una auténtica fobia que le provocaba trastornos psicosomáticos, como cefaleas, náuseas y depresión nerviosa. La emperatriz se mantuvo alejada, siempre que pudo, de la vida pública. Fue una emperatriz ausente de su imperio, aunque no por ello menos pendiente de los asuntos de Estado. De hecho, fue la propia emperatriz una de las impulsoras de la coronación de Francisco José como rey de Hungría, hecho que se produjo finalmente en 1867.

El crimen de Mayerling


El príncipe Rodolfo.


 
En 1889, la vida de la Emperatriz cambiaría radicalmente a causa de la muerte de su único hijo y de las circunstancias en que ocurrió. El príncipe Rodolfo, de 30 años, que padecía de ciertos trastornos psicológicos causados en parte por la estricta educación militar a la que fue sometido en su infancia, convenció a su amante, la joven baronesa María Vetsera, para que se quitase la vida junto a él. Sin embargo, se habló, y aún hoy en día se habla, de un complot contra Rodolfo. Por un lado, la hipótesis de un complot tejido por los servicios secretos austríacos, dadas las ideas radicales y liberales que el hijo del Emperador profesaba. Por otro lado, la hipótesis de un complot urdido por los servicios secretos franceses ante la negativa de Rodolfo a dar un golpe fatal a la política de su padre. Todo esto se fundamenta en los estudios sobre los cuerpos de los fallecidos. Ella, según dichos estudios, no murió del disparo en la cabeza, sino de una paliza previa. Él presentaba cortes en la cara y en varias partes del cuerpo, algo impropio de un suicidio, que se taparon con maquillaje antes de su funeral en Viena. A pesar de las hipótesis, la causa de su muerte es a día de hoy una incógnita.

Este episodio, que se conoce con el nombre de «el crimen de Mayerling» por ser Mayerling el nombre del refugio de caza donde ocurrió la tragedia, dejó marcado también al Emperador, que de la noche a la mañana se encontró sin un heredero que se hiciese cargo del vasto imperio austrohúngaro.
Tras la muerte de su hijo, la emperatriz abandonó Viena y adoptó el negro como único color para su vestimenta, a la par que su fobia a ser retratada incrementaba. Sólo unas pocas fotografías se conservan de fotógrafos con suerte que lograron congelarla en una imagen sin que ella lo advirtiera. Con el tiempo, se hizo extraño que la emperatriz visitase a su marido en Viena, pero, curiosamente, su correspondencia aumentó de frecuencia durante los últimos años, y la relación entre los esposos se fue convirtiendo en platónica y cariñosa.

Esta última etapa en la vida de la emperatriz estuvo marcada más que nunca por los viajes. Compró un barco de vapor al que llamó Miramar, y en él recorrió el mar Mediterráneo, siendo uno de sus lugares favoritos Cap Martin, en la Riviera francesa, donde el turismo se había hecho constante a partir de la segunda mitad del siglo XIX. También pasaría algunas temporadas de verano en el lago de Ginebra en Suiza, Bad Ischl, en Austria, y en Corfú, donde construyó su palacio, el Achilleion, en honor de Aquiles, uno de sus héroes griegos preferidos. Dedicó largas temporadas en estos años a aprender griego, con ayuda de un joven profesor particular, Constantin Christomanos. Además, visitó otros países como Portugal, España, Marruecos, Argelia, Malta y Grecia, Turquía y Egipto.

Asesinato y entierro


Grabado del asesinato de la Emperatriz.

Ficha policial de Luigi Lucheni.


 
El 10 de septiembre de 1898, mientras paseaba por el lago Lemán de Ginebra con una de sus damas de compañía, la condesa Irma Sztaray, fue atacada por un anarquista italiano, Luigi Lucheni, que fingió tropezarse con ellas, aprovechando el desconcierto para deslizar un fino estilete en el corazón de la emperatriz. Al principio, Isabel no fue consciente de lo que había sucedido. Solamente al subir al barco que las estaba esperando comenzó a sentirse mal y a marearse. Cuando se desvaneció, su dama de compañía avisó al capitán del barco de la identidad de la dama y regresaron al puerto. Ella misma desabrochó el vestido de la emperatriz para que respirara mejor y, al hacerlo, vio una pequeña mancha de sangre sobre el pecho, causada por el estilete, que había provocado una mínima pérdida de sangre sobre el miocardio, suficiente para causar la muerte.

Luigi Lucheni estaba en realidad planeando un atentado contra el pretendiente al trono francés, un príncipe de la Casa de Orléans, pero cambió de víctima al leer en un periódico que la visita del príncipe francés había sido anulada y que la emperatriz se encontraba en la ciudad. El cuerpo de la emperatriz fue trasladado a Viena entre el gran cortejo fúnebre que el protocolo dictaba, siendo sepultada en la Cripta Imperial o Kaisergruft, en la iglesia de los Capuchinos, en vez de en su palacio en la isla griega de Corfú, el Achilleion, donde deseaba recibir sepultura realmente, tal como indicó en su testamento.

Distinciones honoríficas

  • Ordre de la Croix étoilée autro-hongrois.jpg Soberana Gran maestre de la Orden de la Cruz Estrellada (Imperio Austrohúngaro).
  • AUT Order of the Love of the Neighbour.svg Soberana Gran maestre de la Orden del Amor al Prójimo (Imperio Austrohúngaro).
  • AUT Order of the Slaves of the Virtue BAR.svg Soberana Gran maestre de la Orden de los Virtuosos (Imperio Austrohúngaro).
  • Ord.ElisabettaTeresa.PNG Protectora de la Orden de Isabel Teresa (Imperio Austrohúngaro).
  • Imperial Order of Saint Charles (Mexico) - ribbon bar.gif Dama gran cruz de la Imperial Orden de San Carlos (Segundo Imperio Mexicano).
  • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa (Reino de España).
  • Golden Rose MNMA Cl2351 n1.jpg Rosa de Oro de la Cristiandad (Ciudad del Vaticano, 1868).

Influencia y legado

Su imagen es actualmente un icono turístico de Austria; así, en el palacio Hofburg de Viena, que ella tanto detestaba, hay actualmente un museo en su honor. También es un icono turístico bávaro, región de origen de Isabel, con un museo en su localidad natal, Possenhofen. Uno de los más famosos valses de Johann Strauss, que lleva el nombre de Myrthen-Kränze Walzer, Op.154, fue estrenado en un cumpleaños de la soberana y ha pasado a la posteridad como una gran obra musical decimonónica. En su visita a la provincia de Alicante en 1894 estuvo en Alicante y Elche y allí al ver la famosa palmera de siete brazos del Palmeral exclamó que era digna de un imperio, por lo que recibió el nombre de "Palmera imperial". La escritora española Ángeles Caso ha escrito varios libros sobre la emperatriz, intentando desmitificar la imagen edulcorada e infantil que de ella se dio en el cine, aunque basándose en la primera gran biografía realista sobre la emperatriz de la escritora e historiadora alemana - austríaca Brigitte Hamman, y existen además numerosas publicaciones sobre su vida en numerosos idiomas.
Fuente:











Sofía Federica de Austria


Sofía Federica, Archiduquesa de Austria (en alemán, Sophie Friederike, Erzherzogin von Österreich; Viena, 5 de marzo de 1855 - Budapest, 29 de mayo de 1857) fue la primogénita del emperador Francisco José I de Austria y su esposa Isabel de Baviera, llamada Sissi. Murió cuando tenía dos años de edad.
                  
Sofía nació el 5 de marzo de 1855, siendo la primera hija del emperador Francisco José I de Austria y su mujer la emperatriz Isabel (más conocida como Sissi), quién estaba próxima a cumplir 18 años al momento del nacimiento de su hija. Fue bautizada el mismo día de su nacimiento, sin el conocimiento de su madre con el nombre de Sofía Federica Dorotea María Josefa en honor a su abuela paterna, Sofía de Baviera. Siendo sus padres primos hermanos, Sofía era por parte de ambos descendiente de Maximiliano I de Baviera, y además por parte de su padre, lo era también del último emperador del Sacro Imperio, Francisco II.

Un año después de su nacimiento, nació su hermana Gisela. A pesar de ambas ser niñas y no estar obligadas a ser educadas en las funciones que un monarca debía cumplir, su abuela Sofía de Baviera las alejó de su madre al ser esta muy joven para criarlas. La emperatriz Isabel, posteriormente diría:
Ella alejó mis hijos de mí enseguida. Sólo me estaba permitido verlos cuando Sofía [de Baviera] daba su consentimiento. Ella siempre estaba presente cuando iba visitar a los niños. Con el tiempo, sólo pude ceder ante ella y sólo rara vez pude acercarme a verlos.
Sin importar cuantas veces Isabel rogaba a Francisco José discutir dicho asunto con su madre, sus súplicas no fueron escuchadas. Sin embargo, con el tiempo Francisco José llegó a discutirlo con su madre e Isabel finalmente comenzó a expresar abiertamente sus deseos con su suegra llegando incluso a llevar a las niñas con ella cuando viajaba.

Muerte

La emperatriz Isabel adoraba Hungría y a su gente, y propuso a su marido que viajaran a dicho país e incluso recorrerlo. Francisco José aceptó y viajaron a principios de la primavera de 1857 acompañados de sus hijas Sofía y Gisela. En Budapest, tanto Sofía como su hermana cayeron enfermas de diarrea sufriendo una fiebre muy alta. Gisela lograría recuperarse pero Sofía no, muriendo el 29 de mayo de 1857 a las 9:15 de la noche. Sofía murió en los brazos de su madre, probablemente debido a la deshidratación producto a la diarrea o convulsiones ocasionadas por la fiebre alta. Sin embargo, posteriormente se planteó la idea que su muerte fue causada por fiebre tifoidea, hecho que no ha sido probado.

Posteridad

El cuerpo de Sofía fue llevado a Viena y sepultado en la Cripta Imperial, en el Ferdinandsgruft (literalmente significa la bóveda de Fernando).

La muerte de su primogénita perseguiría a Isabel el resto de su vida. Sofía de Baviera la consideraba indirectamente responsable de su muerte. La emperatriz sufrió una crisis nerviosa y se encerraba en sus apartamentos durante días o montaba caballo hasta llegar a un estado de agotamiento, sólo para evitar tener que pensar.

La muerte de Sofía también definió el futuro de los hijos de Isabel, pasando a estar bajo la tutela de su abuela tan pronto nacían. Una de las damas de honor de Isabel, María Festetics, escribió en su diario que la emperatriz ni siquiera se tomó un tiempo para asistir a los preparativos de la boda de su hija Gisela. Rodolfo, su único hijo varón, recibió el mismo trato de su madre. Isabel llevó el resto de su vida un brazalete con la imagen de su hija muerta y mantendrían en su habitación un retrato de ella.
Fuente:




Gisela de Austria


Gisela Luisa María de Austria (Laxenburg, 12 de julio de 1856 - Múnich, 27 de julio de 1932) fue Princesa Imperial y Archiduquesa de Austria, princesa de Hungría, Bohemia y Baviera, por ser la segunda hija del emperador Francisco José I de Austria y de su esposa Isabel de Baviera, más conocida como Sissi.
                         
A pesar de que había sido bautizada Gisella, con dos L, ella siempre escribía su nombre con una L. Su nombre fue elegido para conmemorar a la princesa Gisela de Baviera, que se casó con el rey Esteban I de Hungría y unió la corona de Baviera y Hungría.

En la educación de los hijos, Isabel de Baviera y su suegra Sofía de Baviera tenían fuertes desacuerdos ya que ésta se creía con el derecho de seguir educándolas sin consultar a su nuera. Esto le supuso una educación marcada por un catolicismo exacerbado. Cuando la emperatriz llevó a sus hijas Sofía y Gisela en una visita de Estado a su amada Hungría, las niñas enfermaron gravemente y la mayor murió con sólo dos años. Sissi fue culpada por su suegra del incidente y cayó en un estado grave de depresión.

Matrimonio

El 20 de abril de 1873, en Viena, Gisela contrajo matrimonio con el príncipe Leopoldo Maximiliano de Baviera, hijo de Leopoldo, Príncipe Regente de Baviera, convirtiéndose en princesa de Baviera. El matrimonio fue mal visto por muchos como una desventaja para una hija del emperador. La pareja se fue a vivir a Múnich.

Cuando se fue, el hermano de Gisela, Rodolfo, lloró mucho la pérdida de su compañera de la infancia, así como también Francisco José fue conmovido. Isabel se mostró contraria al matrimonio de su hija, a una edad tan joven (Gisela sólo tenía quince años de edad), pero cuando se dio cuenta de que estaba realmente enamorada, ayudó en la decisión de que su hija se casara -convenciendo a su marido y también a su hijo- con Leopoldo, quien antes del compromiso se había prometido a la princesa Amalia de Sajonia-Coburgo-Gotha. Posteriormente Amalia se casaría con Maximiliano Manuel de Baviera, hermano de Isabel.

El matrimonio fue feliz, y Gisela se salvó del destino de sufrimientos que su madre había padecido.


Gisela de Austria.

Descendencia

La pareja tuvo cuatro hijos:
  1. Princesa Isabel María de Baviera (1874-1957), quien se casó con el conde Luis Felipe Otón de Seefried auf Buttenheim;
  2. Princesa Augusta María de Baviera (1875-1964), quien se casó con José Augusto de Austria, Archiduque de Austria;
  3. Príncipe Jorge de Baviera (1880-1943), quien se casó con la archiduquesa Isabel de Habsburgo-Teschen (anulado en 1913);
  4. Príncipe Conrado de Baviera (1883-1969) se casó con la princesa María Bona de Saboya-Génova (1896-1971).

Primera Guerra Mundial

Durante la Primera Guerra Mundial, funcionó un hospital militar en su palacio mientras su marido era un mariscal de campo en el frente oriental. Cuando estalló la revolución en 1918, toda su familia huyó de la ciudad, pero Gisela se quedó y participó en 1919 en las elecciones para la Asamblea Nacional de Weimar, donde votaron, por primera vez, las mujeres mayores de 20 años.

Viudez y muerte

Gisela y su marido celebraron sus bodas de oro en 1923. Su marido murió en 1930 y Gisela le sobrevivió por dos años, y murió a la edad de 76 años en Múnich, Alemania, el 27 de julio de 1932 y está enterrada al lado de su marido en la Iglesia de San Miguel.




LEOPOLDO MAXIMILIANO DE BAVIERA.


Leopoldo Maximiliano de Wittelsbach.
Nació el 09 de febrero de 1846 en Munich, Alemania. Hijo del Príncipe Regente Leopoldo de Baviera y de la Archiduquesa Augusta de Austria.
                
El Príncipe entró en el Ejército a la edad de 15 años, convirtiéndose en Teniente el 28 de noviembre de 1861.
Entró en combate por primera vez durante la Guerra Austro-prusiana en 1866, donde comandó una batería de artillería en Kissingen y Roßbrunn. En 1870, el Rey Luis II de Baviera, envió a Leopoldo a los campos de batalla de Francia, donde el Ejército bávaro estaba luchando junto al ejército prusiano en la guerra franco-prusiana.

Sirvió en el Regimiento Bávaro de tercera Artillería y estuvo en acción en Sedán y Beauvert. Fue ascendido a Mayor en diciembre de 1870.
Por su valentía contra el enemigo recibió la Cruz de Hierro, la Orden de Caballero al Mérito Militar de Baviera, la Cruz de Caballero de la Orden Militar de Maximiliano José y condecoraciones de varios estados alemanes.

En los años posteriores a la guerra, Leopoldo pasó la mayor parte de su tiempo viajando por África, Asia y los países de Europa.

Se casó el 20 de abril de 1873 en Viena, Austria con la Archiduquesa Gisela de Austria, hija del Emperador Francisco José I de Austria y de la Princesa Isabel de Baviera.

De dicho matrimonio nacieron 4 hijos:

la Princesa María Isabel de Baviera, casada con el Conde Otto von Seefried auf Buttenheim;
la Princesa María Augusta de Baviera, casada con el Archiduque José de Austria;
el Príncipe Jorge de Baviera, casado con la Archiduquesa Isabel de Austria;
y el Príncipe Conrado de Baviera, casada con la Princesa Margarita de Saboya Bona-Génova.

El Príncipe Leopoldo permaneció en el ejército bávaro y fue promovido finalmente al rango de Mariscal de Campo el 01 de enero de 1905.
Se retiró del servicio activo en 1913. Sin embargo su descanso no duró mucho.

El 16 de abril de 1915, fue reactivado y puesto al mando del noveno Ejército alemán.

Leopoldo pronto demostró ser un hábil Comandante al tomar Varsovia, Polonia, el 04 de agosto de 1915.
Tras este éxito, fue puesto al mando del Grupo de Ejércitos “Príncipe Leopoldo de Baviera”, que era un combinado de fuerzas alemanas y austro-húngaras en el sector central del Frente Oriental.

Se le concedió la Gran Cruz de la Orden Militar de Maximiliano José, el 05 de agosto de 1915, el prestigioso Pour le Mérite, la más alta condecoración militar de Prusia, el 09 de agosto de 1915.

 El 29 de agosto de 1916, Leopoldo se convirtió en el Comandante Supremo de las fuerzas alemanas en el frente oriental, ocupando este cargo durante el resto de la guerra. El 04 de marzo de 1918, Leopoldo recibió otro alto honor, la Gran Cruz de Hierro.
El Príncipe Leopoldo se retiró nuevamente en 1918 luego de la firma del Tratado de Brest-Litovsk, que ponía fin a la guerra en el Frente Oriental.
Este tratado fue altamente favorable a Alemania, y Leopoldo terminó su carrera con éxito.

El Príncipe Leopoldo de Baviera murió el 28 de septiembre de 1930 en Munich, Baviera, siendo sepultado en el Colombarium en el Michaelskirche de Munich.
Leopoldo es también, de acuerdo con las disposiciones de la Constitución griega de 1843, el Heredero del depuesto Rey Otto I de Grecia.

Debido a la renuncia de su hermano mayor, Luis de Baviera, a todos sus derechos a la sucesión griega y puesto a que la Constitución griega prohibía que el Soberano fuera gobernante de otro país (Luis se convirtió en el Rey Luis III de Baviera), Leopoldo se convirtió en el sucesor de Otto.

A la muerte de Leopoldo sus derechos fueron heredados por su hijo Jorge.
Fuente:







 
 
 


Rodolfo de Habsburgo (príncipe heredero de Austria)


El Archiduque Rodolfo de Habsburgo-Lorena, príncipe heredero de Austria, Hungría y Bohemia (Viena, 21 de agosto de 1858-Mayerling, 30 de enero de 1889) fue el único hijo varón del emperador Francisco José I y su esposa la emperatriz Isabel de Baviera. La madrugada del 30 de enero de 1889, fue hallado muerto junto a su amante la baronesa de Vetsera, tras haberse suicidado en el pabellón de caza de Mayerling, según la primera versión «oficial» del suceso.
                  
El futuro emperador recibió en todo momento una educación dirigida a convertirlo en digno sucesor de su padre y continuador de la Casa de Habsburgo-Lorena. Pero Rodolfo tenía el temperamento artístico de su madre, era un redomado mujeriego y, en política, simpatizaba con las ideas liberales y los movimientos nacionalistas húngaros.

El 9 de julio de 1864 el conde Leopold Gondrecourt es nombrado su preceptor. Pero los métodos draconianos del general parecen amenazar gravemente la salud física y mental del heredero, por lo que, en 1865, es sustituido por Joseph Latour von Thurmburg. Este se gana rápidamente la confianza de Rodolfo, convirtiéndose en una especie de «segundo padre». Francisco José quiere para su hijo un programa educativo extenso y riguroso. Pero, gracias a la decisiva influencia de la emperatriz, su formación, comparada con la de cualquier otro archiduque europeo de la época, resulta completamente diferente. Alrededor de cincuenta profesores se ocuparán de su instrucción; el contenido de los cursos será, ante todo, liberal y burgués

Rodolfo era inteligente, curioso y aficionado a las Ciencias Naturales; pero resultaba casi imposible hacer de él un hombre religioso: sus ideas al respecto eran críticas y anticlericales (tampoco la aristocracia se salvó de sus reproches). Como resultado de su educación liberal, el heredero al trono se siente atraído por la gran burguesía, por lo que se encuentra tanto en la Corte como en los círculos conservadores del Gobierno completamente aislado.

Incluso Francisco José desconoce las ideas de su hijo. Este respeta al emperador, pero a quien verdaderamente «venera» es a su madre, ocupada la mayor parte de su tiempo en largos viajes oficiales, a la vez que sumida en su convulso mundo interior.

Tras la victoria de Prusia sobre Austria en la Batalla de Sadowa (julio de 1866), surge una profunda desconfianza entre aquella y Alemania. Influido por su madre, Rodolfo comienza a sentir una fuerte atracción por Hungría, convencido de la necesidad de extender el Imperio hacia el Este, contrarrestando así el predominio de Rusia en la zona.

El heredero termina sus estudios en 1877. Visita Inglaterra y Alemania. En julio del año siguiente, es nombrado coronel del 36.° Regimiento de Infantería y, poco después, comandante.

En 1880, contrae matrimonio en Bruselas con la princesa Estefanía de Lieja, hija del rey Leopoldo II de Bélgica. El 10 de mayo de 1881, tiene lugar una segunda ceremonia en la iglesia de San Agustín de Viena. La luna de miel transcurrió en el Palacio de Laxenburg.

En 1881, conoce a Moritz Szeps, editor del Neues Wiener Tagblatt, considerado el diario liberal más importante de la prensa austríaca, y donde Rodolfo critica anónimamente la política de su padre, lo que provoca graves enfrentamientos con los grupos proalemanes, conservadores y antisemitas. En la Corte, sus relaciones con los medios liberales y burgueses son tachados de impropios de un príncipe.
El 2 de septiembre de 1883, nace en Laxenburg su única hija, Elisabeth de Austria. Pero su matrimonio con Estefanía había sido una farsa, por lo que Rodolfo no renunció nunca a sus aventuras amorosas, especialmente desde que, en el otoño de 1888, conoce a María Vetsera, una bella aristócrata de origen húngaro, de la que no se separará hasta su muerte.
«Cartas de despedida»
Al parecer, días antes, Rodolfo escribe una serie de misivas de tono especialmente macabro:
Sé muy bien que no era digno de ser vuestro hijo.
A su madre, Isabel de Baviera.
Ya estás libre de mi presencia y la calamidad que soy.
A su esposa, Estefanía de Bélgica.
A Valeria, su hermana pequeña, de la que se despide con un hermético:
Muero a pesar mío.
Se ha hablado incluso de otras dos cartas: en la dirigida a su ayuda de cámara Johann Loschek, le rogaría que lo enterrasen junto a María en el monasterio de Heiligenkreuz; en la segunda, a Szügenyi, un amigo húngaro, explicaría los motivos que lo llevaban a quitarse la vida y que podrían resumirse en que no le quedaba otra salida.

Mayerling

Últimas fotografías de Rodolfo de Habsburgo
(enero de 1889)
Hacia el 20 de enero de 1889, el príncipe Rodolfo había invitado a sus amigos el conde Hoyos y su concuñado Felipe de Sajonia-Coburgo a una partida de caza en Mayerling los días 29 y 30:
Si el tiempo lo permite, el final de la próxima semana quisiera que viniese conmigo a Mayerling.
Día 26
Se produce una fuerte discusión entre el emperador y su hijo Rodolfo. Francisco José llega a decirle que no es digno de ser su sucesor. Tres parecen ser las razones de tan duro enfrentamiento:
* Se habría informado al emperador de que el heredero había remitido una solicitud a la Santa Sede pidiendo la nulidad de su matrimonio con Estefanía (Francisco José lo ignoraba hasta ese momento).
* El emperador habría ordenado a su hijo que, inmediatamente, pusiese fin a su relación con María Vetsera (se conocen cartas de la joven en este sentido).
* Francisco José habría descubierto que el príncipe mantenía frecuentes contactos con la oposición húngara.
Día 27
Por la noche, Rodolfo asiste a la fiesta de cumpleaños de Guillermo II en la embajada de Alemania. Lo acompaña Estefanía y es la última vez que se le ve en público.
Día 28
  • 13:00 p. m. Rodolfo se encuentra con Josef Bratfisch, su chófer de confianza, y María en el conocido restaurante «Roter Stadel» de Breitenfurt.
  • 15:30 p. m. Rodolfo y María llegan a Mayerling.
Día 29
A cierta hora aún no fijada, el heredero le ordena al conde Hoyos que cierre todas las ventanas que dan a la carretera, como si el pabellón estuviese vacío.
Día 30
Finalmente, la madrugada del 30 de enero de 1889, Rodolfo de Habsburgo (príncipe heredero de Austria), hijo del emperador Francisco José I y la emperatriz Elizabeth, más conocida como Sissi, fue hallado muerto junto a su amante la baronesa de Vetsera (de apenas 18 años), tras haberse suicidado, según la primera versión «oficial» de lo ocurrido (de ella no se dice nada.

Tras el suceso, el cadáver de Rodolfo fue trasladado a Viena la noche del 30 de enero y sepultado en la Cripta Imperial con todos los honores el martes 5 de febrero.

Versión «oficial» de la muerte

En el protocolo de autopsia firmado por el doctor Hofmann el 1 de febrero de 1889, se afirma escuetamente que la bóveda craneana estaba «rota». Al día siguiente, se rectifica diciendo que «la bala había entrado por la sien izquierda y salido por la derecha, abriendo una herida apenas visible».
El día 4, el corresponsal de Le Figaro en Viena asegura que «no se ha encontrado el proyectil». Dos días después, escribe:
Decididamente, en Hofburg no quieren decir la verdad. Han tenido que renunciar a la primera versión de la muerte natural por apoplejía, cosa que nadie creyó nunca, y se aferran ahora a la teoría del suicidio.
Por último, el día 9, el embajador de Alemania informa a Bismarck de que «las heridas no están en los lugares indicados oficialmente. El cuerpo presenta otras heridas. El revólver que se encontró cerca del lecho del Kronprinz, un Bulldog, no le pertenecía y los seis cartuchos habían sido disparados».

Conspiración política

Pero hay más. Si se tiene en cuenta que Rodolfo era diestro, resulta muy extraño que se disparase con la mano derecha en la sien izquierda, si verdaderamente quería suicidarse.

Frederic Wolf, un carpintero residente cerca de Mayerling, dijo que su padre, carpintero como él, fue llamado «para poner orden en el pabellón de caza dos días después del drama»; que la habitación parecía «el escenario de una auténtica batalle campal»: muebles rotos, impactos de bala, huellas de sangre por todas partes…; para acabar destacando que «tuvo que cambiar hasta el suelo de madera».
Varios testigos afirmaron que la mano derecha de Rodolfo había sido cercenada de un sablazo, lo que se intentó disimular con un guante relleno de gutapercha.

Francisco José mandó un telegrama a León XIII para que el cadáver de Rodolfo recibiera sepultura eclesiástica, lo que la Santa Sede denegó habida cuenta de que, en aquel primer momento, solo se hablaba de suicidio. El emperador envió entonces un segundo telegrama en el que explicaba al Papa la verdad sobre la muerte de Rodolfo: su asesinato por cuestiones políticas. El Papa dio inmediatamente su permiso.

El 11 de marzo de 1983, la otrora emperatriz Zita (1892–1989), en una entrevista concedida al Kronen Zeitung de Viena, declara: «Se han escrito muchas leyendas. Lo que se ha contado se limita a sospechas e hipótesis. La verdad es que el archiduque Rodolfo fue asesinado y que este asesinato fue político. En nuestra familia, siempre hemos sabido la verdad, pero Francisco José hizo jurar a todos los que estaban al corriente del crimen que nunca dirían nada». Afirma que los asesinos venían «en parte» del extranjero. En noviembre, durante una conversación con el historiador austriaco Eric Feigl, publicada en el mismo diario, la anciana aristócrata afirma rotundamente que el asesino del archiduque fue «Georges Clemenceau», director entonces del diario La Justice.




Estefanía de Bélgica


Estefanía de Bélgica (Laeken, Bélgica, 21 de mayo de 1864 - Pannonhalma, Hungría, 23 de agosto de 1945), fue Princesa de Bélgica y de Sajonia-Coburgo-Gotha, y durante algún tiempo Kronprinzessin (esposa del Príncipe heredero) del Imperio austrohúngaro por estar casada con el Archiduque Rodolfo de Habsburgo.
                   
Estefanía era la hija del Rey Leopoldo II de los Belgas y de su esposa, la Archiduquesa María Enriqueta de Austria. Por línea paterna era la nieta de Leopoldo I de Bélgica y la esposa de éste, Luisa María de Orleáns, sobrina de la que fuera emperatriz de México y hermana de su padre Carlota de México, princesa de Bélgica. Por vía materna era nieta del Archiduque José de Austria, Palatino de Hungría, y su mujer, María Dorotea de Wurtemberg. Estefanía tenía un hermano, Leopoldo, que falleció joven, y dos hermanas llamadas Luisa María y Clementina, que contrajeron matrimonios con sendos miembros de las dinastías de Sajonia-Coburgo y Bonaparte respectivamente.

Viudez

En 1889 Rodolfo fue hallado muerto junto a su amante, María Vetsera, en un pabellón de caza en Mayerling, tras un episodio nunca del todo aclarado. Las esperanzas imperiales de Estefanía se esfumaron con este hecho, y la joven viuda quedó aislada del resto de la corte imperial de Viena. Poco después, en 1900, Estefanía se casó con un noble húngaro, el conde Elémer Lónyay (1864-1946), por lo que el Emperador Francisco José I de Austria la desposeyó de sus títulos imperiales y además provocó la ira de su padre, quien la desheredó. De allí en adelante y por muchos años, Estefanía trataría de hacer valer sus derechos patrimoniales en Bélgica, a los bienes dejados por su padre sin éxito.

Vivió con su familia en el castillo de Oroszvar, en la zona occidental de Hungría, hasta que el avance del Ejército Rojo durante la Segunda Guerra Mundial obligó a la pareja a huir; encontraron refugio en la abadía benedictina de Pannonhalma, cerca de Györszentmarton, en Hungría. Estefanía murió allí el 23 de agosto de 1945. En 1935, Estefanía publicó sus memorias, que aparecieron fuera de Austria bajo el título de Ich Sollte Kaiserin Werden (Debí haber sido emperatriz).

Descendencia

Su única hija habida con el archiduque Rodolfo, Isabel María de Austria (1883-1963), contrajo matrimonio en 1902 con el príncipe Otto Weriand de Windisch-Grätz (1873–1952), con quien tuvo amplia descendencia que se prolonga hasta nuestros días. Isabel se divorció en 1948 y contrajo matrimonio con Leopold Petznek, con quien llevaba viviendo desde hacía años. Petznek era un hombre de tendencia socialdemocrática, que le valió a su esposa el sobrenombre de "La Archiduquesa Roja". No tuvieron descendencia.

Distinciones honoríficas

  • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa.










María Valeria de Austria


María Valeria Matilda Amalia de Habsburgo-Lorena y Wittelsbach (Hungría, 22 de abril de 1868 - 6 de septiembre de 1924) Archiduquesa de Austria, la cuarta de los cuatro hijos del emperador Francisco José I de Austria y de la emperatriz Isabel de Baviera, más conocida por el diminutivo de Sissi.
                                 
La archiduquesa María Valeria nació en Ofen (Buda), Hungría, y al contrario de sus hermanos, los Archiduques Sofía Federica de Austria, Gisela de Austria y Rodolfo de Habsburgo, María Valeria fue educada por Sissi y no por su abuela paterna, la archiduquesa Sofía de Baviera. Las malas lenguas cortesanas solían decir que la archiduquesa no era hija del emperador. Como era la hija favorita, se notaba, era nombrada como "la única" hija de Sissi. Otro de los apodos de María Valeria fue el de "La niña húngara", dado a que su nacimiento fue una concesión de Isabel, a quien no le gustaba la intimidad física ni el embarazo, a cambio de la conciliación de Francisco José con Hungría, su país favorito del Imperio. Finalmente, la conciliación se dio con la coronación conjunta de Sissi y Francisco José en Budapest el 8 de junio de 1867, como rey y reina de Hungría.

El nacimiento de María Valeria en Hungría se debió a una deliberada decisión de su madre, debido a que ningún príncipe imperial había nacido en ese país desde hacía siglos.

Rumores infundados decían que María Valeria era en realidad la hija de un amigo y admirador de Sissi, el conde Gyula Andrássy, el primer ministro húngaro. Sin embargo, los rumores desaparecieron con el tiempo puesto que María Valeria llegó a ser la hija físicamente más parecida a Francisco José. Debido a la atmósfera creada, sin embargo, María Valeria desarrolló una permanente antipatía hacia cualquier asunto que tuviese que ver con Hungría, exacerbada por la insistencia de Sissi de hablar con ella sólo en húngaro. Sin embargo, se alegró cuando se le permitió hablar en alemán con su padre, a quien adoraba. Además, hablaba con fluidez el inglés, francés e italiano y era una profunda admiradora del teatro y la poesía, llegando a escribir obras y asistir al Burgtheater de Viena.

Matrimonio y descendencia

Se esperaba que, a la hora de casarse, lo hiciese con alguien como el príncipe heredero de Sajonia o el Duque de Braganza. Sin embargo, en Ischl, el 31 de julio de 1890, y con el apoyo de su madre, contrajo matrimonio con el archiduque Francisco Salvador de Austria-Toscana, a quien había conocido en un baile en 1886.

María Valeria renunció solemnemente a sus derechos al trono de Austria, requisito necesario para que el matrimonio se pudiera dar, el 16 de julio de 1890 en Hermesvilla. La fiesta de bodas se realizó en la iglesia parroquial de Bad Ischl, el 31 de julio, siendo dirigida por el obispo de Linz, Franz Maria Doppelbauer. La luna de miel fue en Italia, Suiza y Baviera.

Tuvieron diez hijos.
  • SAI la archiduquesa Isabel Francisca, nació en Viena el 1892 y murió en Syrgenstein el 1930. Se casó con el conde Georg von Waldburg-Zeil.
  • SAI la archiduquesa Hedwig de Austria-Toscana, nació el 1896 en Bad Ischl y murió el 1970 en Hall. Se casó con el conde Bernard of Stolberg-Stolberg.
  • SAI el archiduque Teodoro Salvador de Austria-Toscana, nació el 1899 en el castillo de Wallsee y murió el 1978 en Amstetten. Se casó con la condesa María Theresia von Waldburg zu Zeil und Trauchburg.
  • SAI la archiduquesa Gertrudis de Habsburgo-Lorena, nació el 1900 en el castillo de Wallsee y murió el 1962 en Wangen. Se casó con el conde Georg von Waldburg-Zeil.
  • SAI el archiduque Clemente Salvador de Austria-Toscana, nació el 1904 en el castillo de Wallsee y murió el 1974 en Salzburg. Se casó con la condesa Elizabeth de Miremont Resseguier.
  • SAI la archiduquesa Matilde de Austria-Toscana, nació el 1906 en Bad Ischl y murió el 1991 en Hall. Se casó con Ernest Hefel.

Títulos y tratamientos

  • 22 de abril de 1868 – 31 de julio 1890: Su Imperial y Real Alteza la archiduquesa y princesa imperial María Valeria, princesa de Hungría y Bohemia.
  • 31 de julio de 1890 – 6 de septiembre de 1924: Su Imperial y Real Alteza la archiduquesa y princesa imperial María Valeria de Austria, princesa de Hungría y Bohemia, princesa de Toscana.

Distinciones honoríficas

  • AT Order of Elizabeth BAR.png Dama Gran Cruz de la Imperial Orden de Isabel (Imperio Austrohúngaro).



Francisco Salvador de Austria-Toscana


Francisco Salvador de Austria-Toscana o, en su nombre original alemán: Franz Salvator von Österreich-Toskana (Altmünster en la Alta Austria 1866 - Viena 1939). Archiduque de Austria, príncipe de Bohemia, de Hungría y de Toscana con el doble tratamiento de alteza imperial y real.
       
Nacido el 21 de agosto de 1866 en la localidad de Alt-Münster, era hijo del archiduque Carlos Salvador de Austria-Toscana y de la princesa María Inmaculada de Borbón-Dos Sicilias. Francisco Salvador era nieto por vía paterna del gran duque Leopoldo II de Toscana y de la princesa María Antonieta de Borbón-Dos Sicilias; y por vía materna lo era el rey Fernando II de las Dos Sicilias y de la archiduquesa María Teresa de Austria (reina de las Dos Sicilias).

Después de la caída del Imperio austrohúngaro a raíz de la derrota militar de la Primera Guerra Mundial, Francisco Salvador y su mujer perdieron la mayor parte de la fortuna personal de la que disponían, convirtiéndose en simples ciudadanos de la república de Austria. Desde el mismo 1918, María Valeria y Francisco Salvador iniciaron una batalla legal para recuperar parte de las posesiones particulares del Emperador.

María Valeria murió el 1924. El 28 de abril de 1934 Francisco contrajo de nupcias de nuevo, esta vez en Viena con la baronesa Melanie von Riesenfels, de la cual no tuvo descendencia. Tuvo un hijo ilegítimo de la princesa Estefanía de Hohenlohe:
  1. Francisco José Rodolfo Hans Weriand Max Esteban Antonio de Hohenlohe-Waldenburg-Schillingsfürst (n. 05 de diciembre 1914). Se le dio el apellido del esposo de su madre en el momento de su nacimiento, aunque Francisco Salvador era su padre.
Francisco Salvador murió el 20 de abril de 1939, con 73 años.

















El cuerpo de Elizabeth fue trasladado a Viena, a la corte de la que ella siempre huyó, en la que nunca encontró su sitio y fue una mujer infeliz. Su última voluntad, descansar en su amada Corfú, isla griega en la que pasó largas temporadas, no se cumplió. Su marido, de nuevo, sobrepuso la razón de estado por encima de los anhelos personales. Sus restos fueron depositados en la cripta imperial de la Iglesia de los Capuchinos de Viena, junto al cuerpo de su amado hijo, el archiduque Rodolfo, quien, como su madre, fue un alma soñadora que nunca encajó en su papel.

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