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domingo, 25 de septiembre de 2016

Guillermina de los Países Bajos


Guillermina de los Países Bajos (en holandés: Wilhelmina Helena Pauline Maria van Oranje-Nassau; 31 de agosto de 1880 – 28 de noviembre de 1962) fue la reina gobernante de los Países Bajos desde 1890 (en realidad desde su mayoría de edad en 1898) hasta 1948 y Reina Madre con el título de Princesa de 1948 a 1962.

Reinó los Países Bajos durante más de cincuenta años, el reinado más largo de un monarca holandés. Durante su reinado se produjeron varios acontecimientos clave en la historia holandesa y mundial: la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial, la gran crisis económica holandesa de 1933 y el declinar de los Países Bajos como imperio colonial. En el exterior de los Países Bajos es recordada por su papel durante la Segunda Guerra Mundial, inspirando la resistencia holandesa y convirtiéndose en una destacada líder del gobierno holandés en el exilio.
             
Fue la hija única del rey Guillermo III de los Países Bajos y de su segunda esposa, la princesa Emma de Waldeck-Pyrmont. Su infancia se caracterizó por una estrecha relación con sus progenitores, especialmente con su padre, que ya tenía 63 años cuando su hija nació.

Guillermo III ya había tenido tres hijos con su primera esposa, la Reina Sofía. Sin embargo, cuando Guillermina nació, el rey ya había sobrevivido a dos de ellos y sólo vivía el Príncipe Alejandro de Orange, que no tenía hijos. Por lo tanto, Guillermina fue la segunda en la sucesión al trono holandés desde que nació. Cuando Guillermina tenía 4 años, el Príncipe Alejandro murió y ella se convirtió en la heredera real.

Guillermo III falleció el 23 de noviembre de 1890 y aunque la Princesa Guillermina se convirtió inmediatamente en Reina de los Países Bajos, fue su madre Emma quien gobernó como regente. En 1895, Guillermina visitó a la Reina Victoria del Reino Unido, que anotó una superficial entrada en su diario: “La joven Reina (…) todavía tiene su pelo suelto. Es esbelta y grácil y en una primera impresión parece una niña muy inteligente y dispuesta. Habla bien el inglés y sabe cómo comportarse de forma encantadora”.

En 1901 Guillermina se casó con el Príncipe Enrique Vladimiro, Duque de Mecklemburgo-Schwerin. Aunque se ha dicho que fue un matrimonio de estado sin apenas amor, parece que en sus comienzos Guillermina sintió un afecto genuino por Enrique, al que no agradaba su papel como príncipe consorte, que consideraba aburrido y una mera formalidad decorativa, y que le obligaba a someterse a su esposa. Carecía de poder político efectivo en los Países Bajos, y Guillermina se aseguró de que esa situación permaneciera.

Una serie de embarazos fallidos también contribuyeron a poner en crisis su matrimonio. Se sabe que el Príncipe Enrique tuvo varios hijos ilegítimos, lo que agravó la situación. Sin embargo, el nacimiento de la Princesa Juliana el 30 de abril de 1909 constituyó un alivio después de ocho años de matrimonio.

Reinado


La Reina Guillermina en 1909
 
Precavida y cuidadosa, actuando dentro de las limitaciones de lo que esperaban de su monarca los holandeses y sus representantes electos, Guillermina mostró una fuerte voluntad y personalidad a lo largo de su reinado. Estas virtudes le proporcionaron gran popularidad cuando, con 20 años, la reina ordenó a un barco de guerra holandés en Sudáfrica que rescatara a Paul Kruger, el presidente de Transvaal. Debido a esta acción, Guillermina atrajo la atención y el respeto internacional.

Guillermina sentía un profundo desagrado por el Reino Unido, que se había anexionado las repúblicas sudafricanas de Transvaal y el Estado Libre de Orange tras la guerras de los bóeres. Los bóeres eran los descendientes de los primeros colonos holandeses que habían llegado a la zona, y Guillermina sentía simpatía por ellos.

La Reina Guillermina también disponía de una gran perspicacia empresarial y sus inversiones la convirtieron en una de las mujeres más ricas del mundo. (Incluso durante una época se consideró que era la mujer más rica del mundo, un mito heredado por su hija y su nieta.) La familia real holandesa todavía sigue siendo la inversora más importante de la Royal Dutch Shell, la principal empresa petrolera de Holanda, y una de las mayores empresas petroleras del mundo.

Antes del estallido de la Primera Guerra Mundial, Guillermina había visitado al Emperador Guillermo II de Alemania, que según una anécdota presumió ante la reina de su poder diciendo: “Mis guardias miden más de 2 metros y los vuestros sólo les llegan al hombro”. La reina sonrió educadamente y respondió: “Cierto, Su Majestad, sus guardias miden más de 2 metros, pero cuando abrimos nuestros diques el agua llega a más de 3 metros.”

Primera Guerra Mundial


Guillermina y su hija Juliana hacia 1914.
Aunque permanecieron neutrales durante la Primera Guerra Mundial, las considerables inversiones alemanas en Holanda y los importantes holandés estrechó sus lazos comerciales con Alemania. Los alemanes disponían de queso Edam en sus raciones.

Guillermina fue llamada la “reina de los soldados”, pero como mujer no podía ostentar el título de Comandante Supremo. A pesar de esta limitación, la reina aprovechó cualquier oportunidad para inspeccionar las fuerzas armadas holandesas y expresar sus opiniones. En muchas ocasiones aparecía sin previo aviso, deseando contemplar la realidad militar, no un espectáculo preparado. Quería a sus soldados y se mostró disconforme con los sucesivos gobiernos holandeses, que continuamente aprobaban recortes en los presupuestos militares para ahorrar gastos.

Durante la guerra también fue llamada la “reina guardiana”. A pesar de sus buenas relaciones con Alemania, temía un ataque de los alemanes contra su país, especialmente en los comienzos del conflicto. Sin embargo, los ataques a la soberanía holandesas vinieron del Reino Unido y de los Estados Unidos, que con su bloqueo comercial apresaron muchos barcos mercantes holandeses en un intento de entorpecer los suministros de Alemania. Debido a las continuas tensiones entre los Países Bajos y las fuerzas de los Aliados, los holandeses se aferraron a su neutralidad.

Hacia el final del conflicto se extendió el descontento civil, provocado por la revuelta bolchevique en Rusia en 1917. Un líder socialista holandés llamado Troelstra trató de derribar el gobierno y la monarquía. Pero en lugar de recurrir a una revolución violenta quería controlar el “Tweede Kamer”, la cámara legislativa del Parlamento, y esperaba conseguirlo mediante las elecciones, convencido de que la clase trabajadora le apoyaría en masa. Sin embargo, la popularidad de la Reina Guillermina le ayudó a restaurar la confianza popular en el gobierno mediante una serie de actos públicos y populistas. Pronto quedó claro que la revolución socialista iniciada en Rusia no se extendería a los Países Bajos.

Después del armisticio y el fin de la Primera Guerra Mundial, el emperador Guillermo II, que había sido obligado a renunciar a su trono, se exilió a los Países Bajos, donde el gobierno holandés le ofreció asilo político, debido en gran parte a los lazos del emperador con la reina Guillermina. En respuesta a los esfuerzos de los Aliados por juzgar a Guillermo, la reina convocó a los embajadores ante su presencia y les leyó los derechos de asilo.

Período de entreguerras

Durante las décadas de 1920 y 1930, los Países Bajos comenzaron a emerger como poder industrial. Los ingenieros holandeses consiguieron ganar vastos terrenos al mar mediante el proyecto Zuiderzee.
A finales de 1934 moría el Príncipe Enrique, el marido de Guillermina, un año especialmente difícil en que también había fallecido su madre, la reina Emma.

Durante este período y sobre todo durante la crisis económica de la década de 1930, el poder personal de Guillermina alcanzó su auge, debido sobre todo a la elección de sucesivos gobiernos monárquicos, dirigidos por la destacada figura del primer ministro Hendrik Colijn, del Partido Antirrevolucionario. Guillermina participó en muchos asuntos y problemas de Estado, bien directamente o expresando su opinión en privado.

En 1939, el quinto y último gobierno de Hendrik Colijn fue derribado por una moción de confianza dos días después de su formación. Parece que la propia Reina Guillermina estuvo detrás de la formación de este último gobierno, que fue diseñado para convertirse en un gabinete “real” extraparlamentario. La reina se mostraba muy escéptica con el funcionamiento del sistema parlamentario, y de forma encubierta y sutil trató de manipularlo en más de una ocasión.
Durante esta época también preparó el matrimonio entre su hija Juliana y el conde Bernardo de Lippe-Biesterfeld, un príncipe alemán que había perdido la mayor parte de sus posesiones tras la Primera Guerra Mundial. Aunque al principio su elección como consorte despertó suspicacias ante los rumores infundados de sus simpatías hacia el gobierno nazi de Alemania, con el tiempo el Príncipe Bernardo se convertiría en una de las figuras más populares de la familia real holandesa.

Segunda Guerra Mundial


La reina Guillermina en 1942
El 10 de mayo de 1940, el ejército de Alemania invadió los Países Bajos, y la Reina Guillermina y su familia fueron evacuados al Reino Unido tres días después. La Reina Guillermina deseaba permanecer en los Países Bajos: había planeado dirigirse a la provincia de Zelanda en el sur del país con sus tropas para coordinar la resistencia en la ciudad de Breskens y permanecer allí hasta que llegara la ayuda, como había hecho el rey Alberto I de Bélgica durante la Primera Guerra Mundial. Un crucero británico iba a llevarla primero a la ciudad de La Haya, pero cuando se encontraba a bordo, el capitán le dijo que le era imposible acercarse a la costa holandesa, ya que Zelanda estaba siendo bombardeada por la Luftwaffe y la situación era muy peligrosa. Guillermina aceptó viajar al Reino Unido, desde donde esperaba regresar tan pronto le fuera posible, pero sus planes se demoraron.
Durante un tiempo estuvo en Canadá, donde se refugiaron varios miembros de su familia. Allí vivió en Rideau Hall, la residencia del Gobernador General canadiense. Se dice que mientras estuvo allí llamó la atención por sus costumbres relativamente sencillas. La reina insistió en hacer las compras en persona, paseando por las calles de Ottawa sin compañía y viajando en transportes civiles.

Los ejércitos holandeses terminaron rindiéndose el 15 de mayo de 1940. La Reina Guillermina asumió en su exilio el liderazgo del gobierno holandés exiliado, estableciendo una estructura ejecutiva y enviando un mensaje al pueblo holandés.

Las relaciones entre el gobierno holandés en el exilio y la reina fueron tensas, con un desagrado mutuo y varios desencuentros a medida que avanzaba la guerra. Guillermina consideraba que su figura debía ser la más destacada, debido a su experiencia y conocimiento, así como su popularidad y respeto entre otros líderes mundiales. Por otra parte, en aquella situación el gobierno holandés carecía del poder del parlamento para respaldar sus decisiones y pocos recursos a los que acudir. La primera crisis surgió cuando el primer ministro holandés en el exilio, Dirk Jan de Geer, intentó entablar negociaciones separadas con los nazis para conseguir un acuerdo de paz, pues creía que los Aliados no ganarían la guerra. Guillermina se opuso a las negociaciones y finalmente consiguió deponer al primer ministro con el apoyo del ministro Pieter Gerbrandy.
 
Durante la guerra, la fotografía de la reina fue una señal de resistencia contra los alemanes. Como Winston Churchill, la Reina Guillermina envió mensajes al pueblo holandés desde el exilio a través de la emisora Radio Oranje.

La Reina llamó a Adolf Hitler “el archienemigo de la humanidad”. Sus apariciones radiofónicas fueron bien recibidas por los holandeses, que tuvieron que escucharlas clandestinamente. Una anécdota publicada en su obituario en el “New York Times” ilustra cómo era valorada por sus súbditos durante este período: “Aunque la celebración del cumpleaños de la reina fue prohibida por los nazis, la conmemoración se celebraba. Cuando los feligreses de la pequeña ciudad pesquera de Hize se levantaban y cantaban versos del himno nacional holandés Wilhelmus van Nassauwe en el cumpleaños de la reina, la ciudad tuvo que pagar una multa de 60.000 guilders.”

Durante la guerra, la Reina casi resultó asesinada por una bomba que acabó con las vidas de varios de sus guardias y que dañó seriamente su propiedad cerca de South Mimms en Inglaterra. En 1944, la Reina Guillermina se convirtió en la segunda mujer que entró en la prestigiosa Orden de la Jarretera.

Churchill la describió como “el único hombre de verdad en los gobiernos exiliados en Londres”.
La Reina desarrolló ideas durante su estancia en Inglaterra para renovar la vida social y política holandesa tras la liberación. Quería crear un gabinete real fuerte formado por los principales líderes de la resistencia. Había depuesto al primer ministro De Geer con la aprobación de los demás políticos holandeses. Sin embargo, puede decirse que en general la Reina “odiaba” a los políticos, que consideraba alejados de la realidad del pueblo. Cuando los Países Bajos fueron liberados en 1945, se sintió decepcionada al comprobar que el poder político era nuevamente ocupado por las facciones políticas anteriores a la guerra.

Tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, la Reina Guillermina tomó la decisión de no volver a su palacio y se trasladó a una mansión en La Haya, donde vivió durante ocho meses y viajó por el país para motivar a sus súbditos, en ocasiones utilizando bicicleta en lugar de coche. Sin embargo, en 1947, mientras el país seguía recuperándose de los daños sufridos durante la Segunda Guerra Mundial, las revueltas en las colonias holandesas del Sudeste Asiático provocaron duras críticas contra la reina y la élite económica. Su pérdida de popularidad y la presión internacional la llevaron a abandonar las colonias y a abdicar poco después.

Últimos años

El 4 de septiembre de 1948, después de reinar 58 años y 50 días, la reina Guillermina abdicó a favor de su hija Juliana. Desde entonces asumió el tratamiento de “Su Alteza Real la Princesa Guillermina de los Países Bajos”. Tras su reinado, la influencia de la monarquía holandesa comenzó a declinar, aunque su popularidad se mantuvo. Guillermina se retiró al Palacio Het Loo, haciendo pocas apariciones públicas hasta que el país fue devastado por la inundación de los Países Bajos en 1953.



Una vez más recorrió el país animando y motivando a los holandeses.
Durante sus últimos años escribió su autobiografía titulada Eenzaam, maar niet alleen (En solitario, pero no sola), en la que opinaba sobre los acontecimientos que habían marcado su vida, mostrando sus motivaciones y unos fuertes sentimientos religiosos.

La Reina Guillermina murió a los 82 años el 28 de noviembre de 1962 y fue enterrada en el panteón familiar de la familia real holandesa en Nieuwe Kerk en Delft el 8 de diciembre de 1962. El funeral fue, a su petición, y contrariamente al protocolo, completamente de blanco, para expresar su creencia de que “la muerte terrenal sólo es el comienzo de la vida eterna”.



Si Guillermina no hubiera abdicado en su hija antes de morir, habría reinado 72 años y 5 días, lo que habría sido el segundo reinado más largo de Europa (tras el de Luis XIV de Francia), el sexto más prolongado del mundo y el más largo de una mujer en toda la historia.




Enrique Vladimiro de Mecklemburgo-Schwerin


El Duque Enrique de Mecklemburgo-Schwerin (Heinrich Wladimir Albrecht Ernst; 19 de abril de 1876 – 3 de julio de 1934), más tarde príncipe Enrique de los Países Bajos, fue príncipe consorte de los Países Bajos como esposo de la Reina Guillermina de los Países Bajos. En los Países Bajos, su nombre fue cambiado a Hendrik. Ha sido el consorte sobreviviente más longevo de los Países Bajos.
         
Enrique Vladimiro Alberto Ernesto de Mecklemburgo-Schwerin nació el 19 de abril de 1876 en Schwerin. Fue el hijo más joven de Federico Francisco II de Mecklemburgo-Schwerin, Gran Duque de Mecklemburgo-Schwerin, y su tercera esposa, la Princesa María Carolina de Schwarzburg-Rudolstadt.

De su matrimonio con la reina Guillermina tuvo a su única hija, la futura reina Juliana de los Países Bajos. Guillermina abdicó en su hija el 4 de septiembre de 1948, ya fallecido Enrique Vladimiro.
La pareja se había casado en La Haya, el 7 de febrero de 1901. Un día antes, él fue creado Príncipe de los Países Bajos.
Fue miembro del Consejo de Estado del Reino de los Países Bajos.

Títulos y estilos

  • Su Alteza el Duque Enrique de Mecklemburgo-Schwerin (19 de abril de 1876 – 7 de febrero de 1901).
  • Su Alteza Real el Príncipe de los Países Bajos (7 de febrero de 1901 – 3 de julio de 1934).

Distinciones honoríficas

  • WendischeKrone.Order.gif Caballero gran cruz con gema de la Orden de la Corona Wéndica (Ducado de Mecklemburgo-Schwerin).
  • Order of St. Giovanni of Gerusalem-Rhodes-Malta BAR.svg Soberano Gran maestre (y fundador) de la Orden de San Juan de los Países Bajos (Reino de los Países Bajos).
  • Royal Wedding Medal 1901.gif Medalla conmemorativa del Enlace Matrimonial entre Guillermina y Enrique de los Países Bajos (07/01/1901).
  • Order of the Golden Fleece Rib.gif Caballero de la Orden del Toisón de Oro (Rama Española) (Reino de España, 09/03/1924).
  • PRT Military Order of the Tower and of the Sword - Grand Cross BAR.png Caballero gran cruz de la Orden de la Torre y de la Espada (República Portuguesa).
  • POL Order Orła Białego BAR.svg Caballero de la Orden del Águila Blanca (República de Polonia).
  • Ord.Aquilanera.png Caballero de la Orden del Águila Negra (Imperio alemán).
  • FIN Order of the White Rose Grand Cross BAR.png Comandante gran cruz con collar de la Orden de la Rosa Blanca de Finlandia (República de Finlandia).



























Juliana de los Países Bajos

Enlace aquí:

Juliana de los Países Bajos (Juliana Emma Luisa María Guillermina de Oranje-Nassau; La Haya, 30 de abril de 1909 - Baarn, 20 de marzo de 2004) fue reina de los Países Bajos desde la abdicación de su madre en 1948 hasta su propia abdicación en favor de su hija Beatriz el 30 de abril de 1980. Desde esa fecha retomó el título de princesa de los Países Bajos.

Nacida en la ciudad de La Haya, era hija de la reina Guillermina de los Países Bajos y del Príncipe Enrique Vladimiro, Duque de Mecklemburgo-Schwerin. Era nieta por vía paterna del gran duque Federico Francisco II de Mecklemburgo-Schwerin y de la princesa María Carolina de Schwarzburg-Rudolstad. Por vía materna era nieta del rey Guillermo III de los Países Bajos y de la princesa Emma Guillermina de Waldeck-Pyrmont. Fue nombrada princesa de los Países Bajos desde su nacimiento y se le aplicó el tratamiento de Alteza Real.
                  
Pasó su infancia en el Palacio Het Loo, en Apeldoorn, el Palacio Noordeinde y el Palacio Huis ten Bosch, ambos en La Haya. Su tutor Jan Ligthart la educó en una pequeña escuela creada para ese propósito en el palacio de Noordeinde, a la que asistió desde los seis, y donde recibió una educación elemental con otras niñas de su edad. Dichas compañeras fueron la Baronesa Elise (Elisa) Bentinck, la Baronesa Elisabeth (Isabel) van Hardenbroek y la Jonkvrouwe Miek (María) de Jonge.
Como la constitución holandesa especificaba que debía estar preparada para acceder al trono desde los 18 años, la educación de la princesa Juliana se llevó a cabo de forma más acelerada que la de sus compañeros. Después de cinco años de educación primaria, la princesa recibió su educación secundaria y su preparación preuniversitaria de tutores privados.

El 30 de abril de 1927, la princesa Juliana celebró su 18º cumpleaños. Según la constitución, oficialmente había alcanzado la mayoría de edad y estaba preparada para asumir prerrogativas reales si fuese necesario. Dos días después su madre la nombró miembro del “Raad van State” (Consejo de Estado).

Ese mismo año la princesa comenzó su carrera como estudiante en la Universidad de Leiden. Durante sus primeros años universitarios realizó estudios de sociología, jurisprudencia, economía, historia de las religiones, historia parlamentaria y derecho constitucional. Durante sus estudios también realizó cursos sobre la cultura de Surinam y las Antillas holandesas, la Constitución de los Países Bajos, relaciones internacionales, derecho internacional, historia general, y derecho europeo. También estudió bajo la tutela privada del profesor Christiaan Snouck Hurgronje sobre los fundamentos del islam, una religión practicada por muchos habitantes de las colonias holandesas.

Como era costumbre en las monarquías de la época, la reina Guillermina también comenzó a buscar un marido adecuado para su hija. Los príncipes del Reino Unido y Suecia fueron “vetados”, pero otros declinaron o fueron rechazados por la princesa. Juliana conoció al príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld en los Juegos Olímpicos de Garmisch-Partenkirchen 1936, y su compromiso matrimonial fue aceptado por su madre. El Príncipe Bernardo era de un hombre de negocios con un estilo de vida dinámico y nada tradicional. Sin embargo, el matrimonio duró toda su vida y resistió la separación de ambos durante la Segunda Guerra Mundial, sus periódicas enemistades y las relaciones extramaritales e hijos ilegítimos del príncipe, conocidos públicamente. La reina Gillermina protegió a su hija con un acuerdo prematrimonial en el que se establecía exactamente lo que permitía o no hacer al príncipe alemán, además de la asignación monetaria que recibiría de la hacienda real. El documento fue firmado y el compromiso se anunció públicamente el 18 de septiembre de 1936.

El anuncio de la boda dividió a un país que desconfiaba de Alemania, entonces gobernada por Adolf Hitler. Antes de la boda, el 24 de noviembre de 1936, al príncipe Bernardo se le otorgó la ciudadanía holandesa y cambió la pronunciación y escritura de su nombre del alemán al holandés. Se casaron en la Haya el 7 de enero de 1937, en la misma fecha que lo hicieron los abuelos de Juliana, el rey Guillermo III y la reina Emma, cincuenta y ocho años antes. La ceremonia civil tuvo lugar en el salón del ayuntamiento de La Haya y posteriormente el matrimonio fue bendecido en la Gran Iglesia de San Jacobo (St. Jacobskerk). La joven pareja se instaló en el palacio de Soetsdijk, en Baarn.

Hijas

La Princesa Juliana y el Príncipe Bernardo tuvieron cuatro hijas:
  1. La princesa Beatriz de los Países Bajos, nacida el 31 de enero de 1938 en el Palacio de Soestdijk. Se casó con el alemán Claus von Amsberg, fallecido el 6 de octubre de 2002.
  2. La Princesa Irene de los Países Bajos, nacida el 5 de agosto de 1939 en el Palacio de Soestdijk. Se casó en 1964 en Roma con príncipe Carlos Hugo de Borbón-Parma, del que se divorció en 1981.
  3. La Princesa Margarita de los Países Bajos, nacida el 19 de enero de 1943, en Ottawa, Ontario, Canadá. Está casada con el holandés Pieter van Vollenhoven.
  4. La Princesa Cristina de los Países Bajos, nacida el 18 de febrero de 1947, en el Palacio de Soestdijk. Se casó en 1975 en la ciudad de Utrecht con el cubano Jorge Pérez Guillermo, del que se divorció en 1996.

Exilio

El clima político europeo ya era muy tenso a causa de la gran amenaza de la Alemania nazi, y esta tensión se intensificó en los Países Bajos cuando Adolf Hitler dejó entender que el matrimonio de Juliana era una señal de alianza entre los Países Bajos y Alemania. Una enfurecida reina Guillermina se apresuró a rechazar públicamente las palabras de Hitler, pero el incidente aumentó el resentimiento popular por la elección del marido de la princesa, calificada de desafortunada. Ciertas revelaciones sobre la pasada conducta del Príncipe Bernardo avivaron la animadversión de los holandeses, pero tras la invasión alemana el 10 de mayo de 1940, el posicionamiento del príncipe, claramente contra de los nazis, cambió en gran parte la opinión pública en su favor.

Durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación alemana de los Países Bajos los príncipes decidieron abandonar su país con sus dos hijas y viajaron al Reino Unido, representando al gobierno de los Países Bajos en el exilio. La princesa permaneció allí durante un mes antes de llevarse a las niñas a Ottawa, capital de Canadá, donde vivieron en una casa de Stornoway en el suburbio de Rockcliffe Park.

En la ciudad de Ottawa, donde pocas personas la conocían, las niñas acudían a la escuela pública y Juliana hacía las compras personalmente. Disfrutando de su anonimato, a menudo iba al cine y tomaba el autobús. Cuando su vecina dio a luz, la princesa de los Países Bajos se ofreció para cuidar de sus hijos mientras se recuperaba del parto.

Cuando su tercera hija, Margarita, nació en 1943, el Parlamento de Canadá aprobó una ley especial declarando territorio neerlandés la propiedad de la princesa Juliana en la ciudad y el Ottawa Civic Hospital, para que simbólicamente la niña naciera en tierra neerlandesa. De no haberse promulgado esta ley, la princesa Margarita habría quedado excluida de la sucesión al trono de los Países Bajos. El gobierno canadiense izó la bandera tricolor neerlandesa en la torre del parlamento mientras en su campanario sonaba música neerlandesa ante la noticia del nacimiento de la princesa Margarita. El Príncipe Bernardo, que había permanecido en Londres con la reina Guillermina y los miembros del gobierno neerlandés en el exilio, pudo visitar a su familia en Canadá y estar presente en el nacimiento de Margarita.

El 2 de mayo de 1945, Juliana regresó con la reina Guillermina en un avión militar a la zona liberada de los Países Bajos, instalándose en Breda para poner en marcha un gobierno holandés provisional. Una vez de regreso en su país expresó su gratitud a Canadá enviando a la ciudad de Ottawa más de 100.00 bulbos de tulipán. El 24 de junio de 1945 viajó desde Gourock (Escocia) a los Estados Unidos, abandonando su residencia permanente en Londres. Al año siguiente (1946), Juliana donó otros 20.500 bulbos de tulipán con la petición de que parte de ellos fuesen plantados en los terrenos del hospital donde había nacido Margarita, y prometió a la ciudad de Ottawa un regalo anual de tulipanes durante toda su vida para mostrar su eterno agradecimiento a Canadá por su hospitalidad.

Actualmente, Ottawa celebra el Festival Anual de los Tulipanes, en recuerdo de este regalo.

Regreso a los Países Bajos

El 2 de agosto de 1945 la Princesa Juliana se reunió con toda su familia en territorio holandés. Su austero y tradicional padre se había convencido de que las costumbres de su hija y nietas se habían corrompido irremediablemente durante su estancia en Canadá. La forma en que las niñas habían sido educadas fue motivo de discusión entre la princesa Juliana y su marido. Ella pensaba que la época de las monarquías tradicionalistas, rígidas y aisladas del pueblo había terminado, y que los príncipes debían interaccionar tanto como fuera posible con los ciudadanos.

Juliana colaboró con los proyectos de ayuda de posguerra en el norte de los Países Bajos, donde la ocupación nazi provocó hambrunas durante los inviernos de 1944 y 1945. Se mostró muy activa durante su período como presidenta de la Cruz Roja holandesa y trabajó estrechamente con la organización para la reconstrucción nacional. Durante la primavera de 1946, los príncipes Juliana y Bernardo visitaron los países que habían ayudado a los Países Bajos durante la ocupación.

Su última hija, María Cristina, nació casi ciega a causa de la rubéola que juliana padeció durante el embarazo. La visión de la princesa mejoró con el tiempo y los avances médicos, y utilizando gafas de cristales gruesos pudo asistir a la escuela e incluso montar en bicicleta. Sin embargo, en los primeros momentos, la princesa Juliana se aferró a cualquier posible esperanza de una cura para su hija, y de esta forma cayó bajo la influencia de Greet Hofmans, una curandera de creencias heterodoxas cuyos numerosos detractores veían como una farsante. Hacia 1956, cuando se conoció la influencia de Hofmans sobre las decisiones políticas de Juliana, el escándalo estuvo a punto de provocar la caída de la casa de Orange y la monarquía holandesa. Esta crisis constitucional hizo surgir una facción, liderada por el Príncipe Bernardo, decidida a derrocar a la reina, considerándola una fanática religiosa y una amenaza a la estabilidad de la OTAN. El Primer Ministro consiguió resolver la crisis y salvar a la monarquía, aunque Juliana perdió el apoyo de su poderoso marido Bernardo y de sus aliados. Greet Hofmans fue expulsada de la corte real y sus defensores apartados del servicio de la reina.

El Príncipe Bernardo llegó incluso a planear el divorcio de su esposa, que finalmente no se produjo, pues, como declaró un periodista americano: “A pesar de la crisis, de las enemistades y de los escándalos, su mujer todavía lo sigue amando”.

A finales de 1947 y otra vez en 1948 la princesa actuó como regente, cuando, por razones de salud, la reina Guillermina se vio incapaz de cumplir con sus tareas de estado. La guerrade independencia de Indonesia, que obligó al despliegue de más de 150.000 soldados holandeses, fue considerada un desastre económico para los Países Bajos, y ante la inminente pérdida de la colonia, la reina anunció su intención de abdicar. El 6 de septiembre de 1948, la princesa Juliana, fue coronada Reina de los Países Bajos en Ámsterdam, convirtiéndose en el 12° miembro de la Casa de Orange en ocupar el trono de los Países Bajos. El 27 de diciembre de 1949 en el palacio de Dam, en Ámsterdam, la reina Juliana firmó los papeles que reconocían a Indonesia la soberanía sobre las antiguas colonias de las Indias Orientales Neerlandesas.

Reinado

La ceguera de su hija Cristina, la creciente influencia de Hofmans en los asuntos de estado y el hecho de que se instalase en palacio afectó gravemente a la relación marital de la reina. Durante años, la presencia de la curandera fue acompañada por la controversia política. Se intentó ocultar esta situación a la prensa holandesa, pero el asunto terminó convirtiéndose en un debate nacional sobre la competencia de la reina para gobernar, a pesar de que gozaba de una gran popularidad. Juliana aparecía a menudo en público vestida como cualquier mujer, y comenzó a ejercitarse en público montando en bicicleta y paseando al aire libre. Muchos de sus empleados se dirigían a ella simplemente como "Mevrouw" (Señora).

Aunque la bicicleta y sus costumbres mundanas sugerían un estilo de vida sencillo, durante la década de 1950 y 1960, la corte real holandesa disfrutaba de gran prosperidad económica, con chambelanes que portaban magníficos uniformes, carruajes dorados, coches de lujo y espléndidos festejos y celebraciones en enormes palacios. Al mismo tiempo la reina visitaba a sus ciudadanos personalmente, y aparecía sin anunciarse en instituciones y escuelas públicas.

En el plano internacional, la reina Juliana estaba especialmente interesada en los problemas de los países en desarrollo, los refugiados de guerra, y sobre todo, el bienestar de la infancia, especialmente en el tercer mundo. El New York Times la describió como una “mujer sin pretensiones, de sentido común y buena voluntad.”

El 31 de enero de 1953, los Países Bajos sufrieron la tormenta más destructiva en 500 años: más de treinta diques y dunas de protección frente al mar se rompieron y muchas ciudades y pueblos fueron sumergidos por olas de varios metros. Vestida con unas botas y una vieja gabardina, la propia reina Juliana se metió en el agua y el barro y acudió a las zonas devastadas para llevar comida y ropa a la gente necesitada, mostrando su compasión e interés, consolando a la gente y aproximándose una vez más a los ciudadanos holandeses.
En 1963 la reina Juliana se enfrentó a una nueva crisis que sembró el descontento entre los protestantes holandeses, cuando la Princesa Irene de los Países Bajos se convirtió en secreto al catolicismo y, sin la aprobación del gobierno, se casó el 29 de abril de 1964 con el Príncipe Carlos Hugo de Borbón, duque de Parma, aspirante al trono de España y líder del partido carlista español. En la memoria de los holandese aún estaba fresco el recuerdo de la Guerra de los Ochenta Años que lucharon los holandeses para independizarse de la monarquía católica de España en los siglos XVI y XVII. La prensa añadió leña al fuego exhibiendo hasta la saciedad al matrimonio. Todo esto contribuyó a crear un sentimiento de hostilidad contra la monarquía por haberlo permitido, hasta el punto de que la abdicación de la reina llegó a ser una posibilidad real. Juliana superó la crisis gracias a la popularidad que se había ganado a lo largo de los años.

El anuncio en julio de 1965 del compromiso entre la princesa Beatriz, heredera del trono, y el diplomático alemán Claus von Amsberg provocó una nueva crisis. El prometido de la futura reina había sido miembro de la Wehrmacht y de las Juventudes Hitlerianas. Muchos holandeses furiosos se manifestaron en las calles contra la “traición” que suponía dicho compromiso. Aunque en esta ocasión los ciudadanos no pidieron la abdicación de la reina, debido a que el objeto de su ira era la princesa Beatriz, se inició un debate social sobre la utilidad y función de la monarquía. La reina Juliana trató de anular el compromiso, pero terminó cediendo y el matrimonio tuvo lugar bajo una tormenta de protestas y la sensación generalizada de que la princesa Beatriz podría ser el último miembro de la casa de Orange que gobernara los Países Bajos.

En abril de 1967 un acontecimiento revitalizó la popularidad de la monarquía holandesa, cuando nació el primer heredero directo varón al reino holandés en 116 años, el príncipe Guillermo Alejandro de los Países Bajos, hijo primogénito de la princesa Beatriz. En esta ocasión, la prosperidad económica contribuyó a las manifestaciones de entusiasmo y cariño.

Un nuevo escándalo afectó a la familia real en 1976, cuando se hizo público que el príncipe Bernardo había aceptado un soborno de más de 1 millón de dólares por parte de la empresa estadounidense Lockheed Corporation para que influyera en el gobierno holandés en la compra de varios aviones de combate. El primer ministro de los Países Bajos ordenó una investigación, mientras el Príncipe Bernardo evitaba las preguntas de la prensa diciendo: “Estoy por encima de esas cosas.” En esta ocasión los holandeses no pidieron la abdicación de la reina, sino que temieron que abdicara por sí misma ante la vergüenza de que su esposo fuera procesado.

El 26 de agosto de 1976 fue publicado un informe censurado, pero contundente y directo, sobre los negocios del príncipe Bernardo. Se le retiraron sus títulos de Teniente Almirante, General e Inspector General de las Fuerzas Armadas. El Príncipe también dimitió de sus puestos en los consejos administrativos de varias empresas, organizaciones como el WWF y otras instituciones, además de renunciar a vestir uniformes. A cambio, los Estados Generales de los Países Bajos accedieron a no procesarlo criminalmente. Posteriormente se supo que el gobierno holandés había manipulado el informe y había retirado los cargos más recientes de corrupción. Los cargos que fueron publicados ya no podían ser juzgados por haber prescrito. Con el tiempo, la familia real se esforzaría por rehabilitar el nombre del príncipe.

En 1979 William Hoffman publicó una biografía muy crítica con la monarquía titulada: “La Reina Juliana: La Historia de la mujer más rica del mundo”, donde se ofrecían varios detalles sobre la fortuna de la famiias real holandesa, una de las casas reales más adineradas de Europa.

El 8 de enero de 1980 realiza su primera visita a España, aunque de carácter privado. Nunca visitó el país oficialmente, ya que no lo quiso hacer mientras Francisco Franco estaba en el poder y esperó a que su yerno, Carlos Hugo de Borbón-Parma, adquiriera la nacionalidad española (1979). Al abdicar en abril de 1980 no se llegaría a realizar ninguna visita de carácter oficial.

Abdicación

El 30 de abril de 1980, el día de su 71º cumpleaños, la Reina Juliana firmó el Acta de Abdicación y su hija mayor le sucedió como reina Beatriz de los Países Bajos. Después de su abdicación sería conocida como “Su Alteza Real, la princesa Juliana de los Países Bajos”, y continuó participando en numerosas actividades humanitarias hasta bien pasados los ochenta años.

Enfermedad y muerte
Ataúd de la reina Juliana en su trayecto a Nieuwe Kerk en Delft

A mediados de la década de 1990, Juliana se retiró de la vida pública a causa de una progresiva demencia senil atribuida al síndrome de Alzheimer, aunque familia real negó este hecho. Por consejo médico, Juliana quedó al cuidado de dos enfermeras las 24 horas. El príncipe Bernardo admitió en una entrevista televisiva en 2001 que su esposa ya no era capaz de reconocer a su familia.
Juliana murió mientras dormía el 20 de marzo de 2004, con 94 años, en el palacio de Soetsdijk en Baarn, debido a las complicaciones de una neumonía, exactamente 70 años después de su abuela materna, la princesa Emma de Waldeck-Pyrmont.

Fue embalsamada (al contrario que su madre, que decidió no hacerlo) y el 30 de marzo de 2004 fue enterrada junto a su madre Guillermina en el panteón real de la Nieuwe Kerk de Delft. Se realizó una ceremonia ecuménica. Según dijo el vicario en su sermón, la princesa Juliana estaba interesada en todas las religiones y en la reencarnación.

Su marido, el Príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld, murió apenas ocho meses después, el 1 de diciembre de 2004, con 93 años.


 
 






 

Bernardo de Lippe-Biesterfeld

(Jena, Alemania, 29 de junio de 1911 - Utrecht, Países Bajos, 1 de diciembre del 2004). Tras su matrimonio con la reina Juliana I de los Países Bajos, fue príncipe consorte de aquel país y padre de la luego soberana, Beatriz I de los Países Bajos. Nació con el nombre y título de Conde Bernhard Leopold Friedrich Eberhard Julius Kurt Karl Gottfried Peter de Lippe-Biesterfeld (elevado posteriormente al rango de príncipe con tratamiento de Alteza Serenísima).

Aunque su vida privada es ampliamente conocida y ha generado numerosas controversias, al príncipe Bernardo se le ha considerado, en general, una figura encantadora y popular por la mayor parte del pueblo neerlandés, en gran parte debido a su papel como piloto y su actividad como oficial de enlace durante la Segunda Guerra Mundial, así como en la reconstrucción de los Países Bajos tras la guerra o, incluso, por su ayuda a personas privadas. El príncipe colaboró en la creación del World Wildlife Fund (posteriormente rebautizando como World Wide Fund for Nature), convirtiéndose en el primer presidente de este organismo en 1961. También fundó el 1001 Club en 1970, un fondo de ayuda a la Naturaleza. Asimismo ayudó a crear el Rotary International y fue uno de los dos fundadores del Grupo Bilderberg, una organización internacional con diversos miembros, que se reúne anualmente para debatir sobre el futuro del mundo y asuntos de interés europeo.
            
Bernardo fue bautizado como el conde Bernhard Leopold Friedrich Eberhard Julius Kurt Karl Gottfried Peter de Lippe-Biesterfeld en Jena, Alemania. Era el hijo mayor del príncipe Bernardo de Lippe-Biesterfeld (hermano menor del príncipe reinante de Lippe) y de su esposa Armgard von Sierstorpff-Cramm. Por no haberse celebrado el matrimonio de sus padres conforme a las leyes matrimoniales de la Casa de Lippe, Bernardo sólo recibió el título de conde (Graf, en alemán). Por este motivo, llegado el año 1916 su tío, el príncipe Leopoldo IV de Lippe, otorgó a Bernardo el título de príncipe de Lippe-Biesterfeld.

Después de la Primera Guerra Mundial, la familia de Bernardo perdió su principado alemán y con él los ingresos asociados al mismo. Sin embargo, la familia todavía disfrutaba de gran riqueza, por lo que Bernardo pasó sus primeros años en Reckenwalde, la nueva propiedad de la familia al este de Brandeburgo. Estaba a unos pocos kilómetros al este del río Oder (actualmente Woynovo en Polonia), cerca de la ciudad de Züllicau (Sulechów), y no en el este de Prusia, lo que deriva en un error que aparece en la página web de la familia real holandesa.

Recibió su educación elemental en su nuevo hogar. Cuando tenía doce años fue enviado a un internado y a un instituto de segunda enseñanza (gymnasium) en Züllicau y varios años después a otro internado y gymnasium en Berlín, donde se graduó en 1929.

Bernardo fue un niño muy enfermizo y de salud delicada. Los médicos predijeron que no viviría mucho tiempo. Puede que fuera esta negativa predicción lo que llevó a Bernardo a esforzarse y a asumir numerosos riesgos durante la Segunda Guerra Mundial y en otras ocasiones. A lo largo de su vida el príncipe destrozó varios coches y aviones. En una ocasión Winston Churchill dijo que sólo una persona se lo había pasado en grande durante la Segunda Guerra Mundial, y que esa persona era el príncipe Bernardo.

Bernardo estudió Derecho en la Universidad de Lausana, en Suiza, y en Berlín, donde adquirió afición por los coches rápidos, la equitación y la caza. Era un hombre audaz y temerario y casi murió en un accidente náutico y en otro de aviación, y se rompió el cuello y varias costillas en un accidente de coche a 160 km/h en 1938.

Después de la guerra se creó la posición de Inspector General de las Fuerzas Armadas para el príncipe Bernardo. También se convirtió en miembro del tribunal de supervisores de la KLM (KLM Royal Dutch Airlines) y en los años siguientes fue invitado a trabajar como consejero o director no ejecutivo de numerosas corporaciones e instituciones de los Países Bajos. Se han originado algunos rumores que afirman que la KLM ayudó a varios nazis a exiliarse de Alemania a Argentina mientras Bernardo se encontraba en la dirección de la KLM.

En 1948 la reina Guillermina abdicó en su hija Juliana. Después de un viaje en 1952 con la reina Juliana a los Estados Unidos, fue considerado por la prensa como un “embajador extraordinario de los Países Bajos”. En virtud de sus contactos mundiales, en mayo de 1954 se convirtió en el principal organizador de un encuentro en el Hotel Bilderberg en los Países Bajos para la élite intelectual y empresarial del mundo occidental con objeto de discutir los problemas económicos a los que se enfrentaban frente a la creciente amenaza del comunismo. Como resultado del éxito de la primera reunión, pasó a convertirse en un evento anual conocido como el Grupo Bilderberg. La idea de crear una Unión Europea, que había sido propuesta por primera vez por Robert Schuman el 9 de mayo de 1950, fue apoyada en Bilderberg.

Aunque el alcance total de la misma fue ocultada a la prensa holandesa, durante esta época el matrimonio entre la reina Juliana y el príncipe Bernardo atravesó una grave crisis. Bernardo utilizaba muchas de sus ausencias y viajes para dedicarse a sus intereses personales y celebrar fiestas y encuentros íntimos y comprometedores en varias embajadas holandesas. Gran parte de estos hechos no serían revelados completamente hasta después de la muerte del príncipe.
El príncipe Bernardo era una persona muy extrovertida, que a menudo rompía el protocolo realizando comentarios personales sobre temas que le gustaban. Hasta su muerte pidió un mayor reconocimiento para los veteranos polacos de la Segunda Guerra Mundial, que jugaron un papel importante en la liberación de los Países Bajos. Sólo después de su muerte, el gobierno holandés tomó la decisión de reconocer públicamente la deuda con los veteranos polacos. El 31 de mayo de 2006, Su Majestad la reina Beatriz de los Países Bajos recompensó en Binnenhof, La Haya, a la 1ª Brigada de Paracaidistas Independientes Polacos con la Orden de Guillermo, la condecoración más alta de las fuerzas armadas holandesas.

El príncipe Bernardo fue un amigo próximo del presidente Juan Domingo Perón (presidente constitucional argentino) y de su esposa Evita en Argentina, realizando una visita a Buenos Aires el 4 de abril de 1951. Al parecer los ayudó en varias negociaciones empresariales cuyo contenido no ha sido completamente aclarado.

En enero de 1960 efectuó una visita a la Ciudad de México por invitación del Gobierno Mexicano, siendo atendido por el Presidente Adolfo López Mateos, por lo que se dio un banquete en honor del príncipe. En su visita fue al sitio arqueológico de Teotihuacán, pero su visita se enfocó a una apertura del mercado holandés para productos mexicanos.

Fallecimiento


El príncipe Bernardo murió de cáncer en Utrecht con 93 años en el Universitair Medisch Centrum Utrecht (Centro Médico de la Universidad de Utrecht) el 1 de diciembre de 2004. Hasta su muerte sufrió los efectos de tumores pulmonares e intestinales. El 11 de diciembre fue enterrado en la cripta real de la Nieuwe Kerk de Delft, donde se celebró un funeral con honores militares, que fue diferente de los del príncipe Claus von Amsberg y el de su esposa, la princesa Juliana, pues no fue transportado en el carruaje tradicional de la familia real, como se hace en los funerales de Estado. Fue acompañado con el toque de varias marchas militares y una formación de guardias de honor de veteranos de la Segunda Guerra Mundial. Esta procesión otorgó un carácter militar al funeral, como el propio príncipe habría deseado. Como tributo final a su papel en la fuerza aérea holandesa, tres aviones modernos F-16 y un Spitfire de la Segunda Guerra Mundial sobrevolaron el cementerio durante el funeral en una formación clásica “missing man”.





1956: Princesa Guilhermina, reina  Juliana, y  Princesa Beatriz




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