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viernes, 9 de septiembre de 2016

Victoria del Reino Unido


Victoria del Reino Unido (Londres, 24 de mayo de 1819-isla de Wight, 22 de enero de 1901) fue monarca británica desde la muerte de su tío paterno, Guillermo IV, el 20 de junio de 1837, hasta su fallecimiento el 22 de enero de 1901, mientras que como emperatriz de la India fue la primera en ostentar el título desde el 1 de enero de 1877 hasta su deceso.

Victoria era hija del príncipe Eduardo, duque de Kent y de Strathearn, cuarto hijo del rey Jorge III. Tanto el duque como el rey murieron en 1820, lo que provocó que Victoria fuera criada bajo la supervisión de su madre, la princesa alemana Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. Heredó el trono a los dieciocho años, tras la muerte sin descendencia legítima de tres tíos paternos. El Reino Unido era ya en aquella época una monarquía constitucional establecida, en la que el soberano tenía relativamente pocos poderes políticos directos. En privado, Victoria intentó influir en el gobierno y en el nombramiento de ministros. En público, se convirtió en un icono nacional y en la figura que encarnaba el modelo de valores férreos y de moral personal típico de la época.
                  
Se casó con su primo, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha en 1840. Sus nueve hijos y veintiséis de sus cuarenta y dos nietos se casaron con otros miembros de la realeza o de la nobleza de Europa, uniendo a estas entre sí. Esto le valió el apodo de «abuela de Europa». Tras la muerte de Alberto en 1861, Victoria comenzó un luto riguroso durante el cual evitó aparecer en público. Como resultado de su aislamiento, el republicanismo ganó fuerza durante algún tiempo, pero en la segunda mitad de su reinado, su popularidad volvió a aumentar. Sus jubileos de oro y de diamante fueron muy celebrados.

Su reinado de 63 años, 7 meses y 2 días es el segundo más largo de la historia del Reino Unido, solo superado por el de su tataranieta Isabel II, y se le conoce como época victoriana. Fue un periodo de cambio industrial, cultural, político, científico y militar en el Reino Unido y estuvo marcado por la expansión del Imperio británico. Victoria fue la última monarca de la casa de Hannover. Su hijo y sucesor, Eduardo VII, pertenecía a la nueva casa de Sajonia-Coburgo-Gotha.

En 1817 la princesa Carlota Augusta de Gales murió dando a luz a un hijo que nació muerto, provocando una crisis sucesoria en el Reino Unido. Carlota era la única hija del príncipe regente (el futuro Jorge IV, hijo mayor de Jorge III del Reino Unido, que actuaba como regente debido a la enfermedad de su padre) y de su esposa «repudiada» Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel. El nacimiento fue visto como algo milagroso, ya que los padres alegaban no haber mantenido más de tres relaciones sexuales durante el matrimonio, por lo que el nacimiento de otro hijo del príncipe Jorge sería, como mínimo, improbable.


La línea de sucesión al trono británico se extinguió rápidamente: Jorge III tenía doce hijos, pero ningún nieto legítimo que pudiera heredar la corona. Sus cinco hijas estaban solteras o eran estériles y ninguno de sus hijos estaba casado, a excepción del segundo, Federico, que tampoco tenía hijos. Esto provocó una «carrera» por casarse por parte de los príncipes solteros. Su tercer hijo, Guillermo, se casó con la princesa Adelaida de Sajonia-Meiningen, de cuyo matrimonio nacieron dos hijas: Carlota (1819) e Isabel (1820), ambas muertas antes de cumplir dos años, y varios abortos espontáneos, el último de gemelos en 1821, por lo cual era probable que no tendrían más hijos.

El cuarto hijo de Jorge III, Eduardo, se casó con Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, viuda del duque de Leiningen —con el que había tenido dos hijos, Carlos y Feodora—, y hermana del viudo de Carlota, Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha. De este casamiento nació en 1819 una hija llamada Alejandrina Victoria. Tras las muertes sucesivas de las primas y del padre unos meses después y, ya en 1830, de Jorge IV, Victoria se convirtió en la heredera presunta al trono británico.

Nacimiento y familia

El padre de Victoria, el príncipe Eduardo, se casó con la princesa Victoria el 30 de mayo de 1818 en el palacio de Ehrenburg en Coburgo. Para que no hubiera dudas sobre la validez del matrimonio, se realizó una segunda ceremonia en Inglaterra, en el palacio de Kew, el 11 de junio de ese mismo año, el mismo día que el hermano mayor del príncipe, el también príncipe Guillermo, se casó con la princesa Adelaida de Sajonia-Meiningen.

El padre de la futura reina tenía bastantes deudas antes del matrimonio, pero su situación económica empezó a agravarse aún más: como Eduardo no estaba de acuerdo con las posturas políticas de su hermano, el príncipe regente, este se negó a ayudarlo y, por eso, los padres de Victoria tuvieron que irse de Inglaterra y empezaron a vivir en Alemania. Pocas semanas después, Victoria supo que estaba embarazada y el duque se dio cuenta de la importancia que tenía el hecho de que el niño naciera en Inglaterra. Por eso, con la ayuda de algunos amigos, consiguió reunir el dinero suficiente para el viaje cuando la duquesa estaba embarazada de siete meses. Llegaron a su destino el 24 de abril de 1819 y se instalaron en el palacio de Kensington. Allí nació la futura reina Victoria justo un mes después, el 24 de mayo a las 4:15.

Victoria fue bautizada en la Sala de la Cúpula del palacio de Kensington el 24 de junio del mismo año por Charles Manners-Sutton, arzobispo de Canterbury. Sus padrinos fueron el zar Alejandro I de Rusia —representado en la ceremonia por su tío, Federico de York—; su tío Jorge, futuro Jorge IV; su tía, Carlota de Gran Bretaña —representada por la princesa Augusta Sofía del Reino Unido— y la abuela materna de Victoria, la duquesa Augusta —representada por la princesa María—. Sus padres quisieron llamarla Victoria Georgina Alejandrina Carlota Augusta, pero el príncipe regente —y hermano mayor del duque— insistió en que tres de los nombres desaparecieran. Acabó siendo bautizada únicamente como Alejandrina Victoria, en honor al zar Alejandro I y a su madre.

Victoria se encontraba en el quinto lugar en la línea de sucesión, después de su padre y de los tres hermanos mayores de este. El príncipe regente estaba separado de su mujer, y la esposa del duque de York, la princesa Federica Carlota de Prusia, tenía 52 años, por lo que no había muchas posibilidades de que los dos hijos mayores tuvieran herederos. Las dos hijas del duque de Clarence murieron antes de cumplir los dos años. El abuelo y el padre de Victoria murieron en 1820 con solo una semana de diferencia y el duque de York murió en 1827. Tras la muerte del rey Jorge IV en 1830, Victoria se convirtió en heredera presunta de su tío Guillermo IV. El Acta de Regencia de 1830 incluía una cláusula especial que convertiría a la duquesa de Kent y madre de Victoria en regente si Guillermo moría antes de que Victoria cumpliera 18 años. El rey Guillermo desconfiaba de la capacidad de la duquesa para ser regente y, en 1836, declaró en su presencia que quería vivir hasta ver a Victoria cumplir 18 para evitar una regencia.

Heredera al trono

Victoria describiría más tarde su infancia como «bastante melancólica». Su madre era muy protectora, por lo que tuvo una educación aislada, lejos de otros niños de su edad, siguiendo el llamado «sistema Kensington», un conjunto de reglas y protocolos elaborados por la duquesa y su ambicioso y dominante mayordomo, sir John Conroy, que según algunos rumores era amante de la duquesa. El sistema le impedía encontrarse con personas que su madre y Conroy consideraran indeseables —un grupo que incluía gran parte de la familia de su padre— y tenía como objetivo volverla débil y dependiente de ellos. La duquesa evitaba la corte, pues le molestaba que allí hubiera hijos ilegítimos del rey, y también para mostrar la moralidad de Victoria al insistir en el hecho de que su hija evitase toda forma de indecencia sexual. Victoria compartía cuarto con su madre, estudiaba con tutores privados de acuerdo con un horario reglado y pasaba las horas de ocio jugando con sus muñecas y su toy spaniel inglés, llamado Dash. Aprendió francés, alemán, italiano y latín, pero hablaba inglés en casa.

En 1830 la duquesa de Kent y Conroy llevaron a Victoria al centro de Inglaterra para visitar Malvern Hills, deteniéndose en varios pueblos y en casas de campo por el camino. Entre 1832 y 1835 realizaron viajes semejantes. Para gran irritación del rey Guillermo, Victoria fue recibida con mucho entusiasmo en todos los lugares. Guillermo consideró que esos viajes reflejaban una ambición de realeza y temía que se empezara a ver a Victoria como una rival en vez de como una heredera. A Victoria no le gustaban esos viajes: las constantes apariciones públicas la dejaban muy cansada y tenía poco tiempo para relajarse. La princesa acabaría oponiéndose a esto, y argumentaría que no le gustaban al rey, pero su madre ignoró sus quejas por celos y la obligó a continuar. Mientras estaba en Ramsgate, en octubre de 1835, Victoria cogió una fuerte fiebre, pero Conroy lo ignoró y afirmó que sus quejas eran fantasías infantiles. Mientras Victoria estaba enferma, Conroy y la duquesa intentaron que nombrara a Conroy su secretario privado, pero la princesa se negó.

 Durante su adolescencia, Victoria resistió a los persistentes intentos por parte de su madre y de Conroy para que este fuera su secretario. Cuando llegó a reina, acabó finalmente por apartarlo de su presencia, pero Conroy se mantuvo en la casa de su madre.
 
En 1836 el hermano de la duquesa, Leopoldo, que se había convertido en rey de Bélgica en 1831, empezó a hacer planes para casar a su sobrina Victoria con su sobrino Alberto. Leopoldo, la madre de Victoria y el padre de Alberto (el duque Ernesto I de Sajonia-Coburgo-Gotha) eran hermanos. Leopoldo convenció a su hermana para invitar a los parientes de Coburgo para que la visitaran en mayo de 1836, con el objetivo de presentar a Alberto a Victoria. Sin embargo, Guillermo IV no aprobaba ningún tipo de unión de los miembros de su familia con los Coburgo y hubiera preferido que su sobrina se hubiera casado con el príncipe Alejandro de los Países Bajos, segundo hijo de Guillermo II de los Países Bajos. Victoria sabía de la existencia de estos planes y daba su opinión sobre los príncipes elegibles que le presentaban. Según su diario, a Victoria siempre le gustó la compañía de Alberto. Al final de la visita, escribió: «[Alberto] es extremadamente guapo, su pelo es del mismo color que el mío, sus ojos son grandes y azules y tiene una nariz bonita y una boca muy dulce con unos buenos dientes. Pero el encanto de su cara reside en su expresión, que es muy agradable». Por otra parte, encontraba a Alejandro «demasiado simple».

Victoria le escribió a su tío Leopoldo, a quien siempre consideró su «mejor y más amable consejero», para agradecerle la «expectativa de gran felicidad para la cual ha contribuido la persona del querido Alberto (...) él tiene todas las cualidades deseables para hacerme totalmente feliz. Es tan sensible, tan amable y tan amoroso. Además, tiene el exterior más agradable y encantador que he conocido». Sin embargo, con 17 años y a pesar de estar muy interesada en Alberto, Victoria no estaba lista para casarse. Ambas partes no avanzaron hacia un compromiso formal, pero asumieron que su unión ocurriría con el tiempo.

Primeros años de reinado

Victoria cumplió 18 años el 24 de mayo de 1837, por lo que se evitó así una regencia. El 20 de junio de 1837 Guillermo IV murió con 72 años, y Victoria se convirtió en reina del Reino Unido. En su diario escribió: «Mamá me levantó a las seis de la mañana y me dijo que el arzobispo de Canterbury y Conyngham estaban aquí y querían verme. Salí de la cama y fui a mi sala de espera (vestida solo con mi camisón), sola, y los vi. Conyngham me avisó de que mi pobre tío, el rey, ya no existía y que había dado su último suspiro doce minutos después de las dos de la mañana y que, por consiguiente, soy reina». Los documentos oficiales de su primer día de reinado se referían a ella como Alejandrina Victoria, pero su primer nombre fue retirado a petición de la reina y nunca volvió a ser usado.

Debido a que la Ley Sálica imperaba en Hanóver, este trono pasó a su tío menor, el duque de Cumberland, terminando así la unión entre el Reino Unido y Hanóver existente desde 1714. Mientras la joven reina no tuvo hijos, el duque de Cumberland fue el heredero presunto del trono.


Victoria en su coronación
El primer ministro whig, lord Melbourne, ejerció desde el comienzo una poderosa influencia sobre la políticamente inexperta soberana, quien acudía a él constantemente por consejos y ayuda. Charles Greville creía que al viudo Melbourne, que nunca había tenido hijos, «ella le caía muy bien y la quería como a una hija si hubiera tenido alguna», y es probable que Victoria lo viera como una figura paterna. Su coronación se realizó el 28 de junio de 1838 y Victoria se convirtió en la primera soberana en residir en el palacio de Buckingham. Heredó las propiedades de los ducados de Lancaster y Cornualles y empezó a recibir 385 000 libras al año. Al ser prudente a nivel financiero, consiguió pagar las deudas de su padre.

Al principio del reinado, Victoria fue muy popular. Sin embargo, su reputación sufrió un duro revés debido a una intriga en la corte en 1839, cuando la barriga de una de las damas de compañía de su madre, Flora Hastings, empezó a crecer de forma anormal, creando rumores de que se había quedado embarazada, fuera del matrimonio, de John Conroy. Victoria creyó en los rumores; odiaba a Conroy y despreciaba a «aquella odiosa lady Flora», ya que esta había conspirado con Conroy y la duquesa de Kent en el sistema Kensington. Al principio, lady Flora se negó a someterse a un examen médico desnuda, pero a mediados de febrero finalmente cedió y se descubrió que aún era virgen. Conroy, la familia Hastings y los conservadores organizaron una campaña de prensa afirmando que la reina había ayudado a extender rumores falsos sobre lady Flora. Cuando lady Flora murió en julio, la autopsia reveló que tenía un gran tumor en el hígado y que esa había sido la causa del crecimiento de la barriga. En apariciones públicas, a Victoria le silbaban y le llamaban «Mrs. Melbourne».

En 1839 Melbourne dimitió, cuando los radicales y conservadores —Victoria odiaba a ambos partidos— votaron contra una ley que suspendía la constitución de Jamaica, la cual retiraba el poder político a los dueños de las plantaciones que se estaban resistiendo a la abolición de la esclavitud.
La reina pidió a Robert Peel que formara gobierno, pero pronto entró en disputas con este debido a la Crisis de las Damas de Cámara. Por aquel entonces, la conformación de la corte real estaba regida por el sistema de patronazgo —es decir, el primer ministro escogía a los miembros que servirían a la reina entre sus partidarios—; muchas de las damas de cámara de la reina eran esposas de whigs, y sir Robert Peel exigía que fueran reemplazadas por esposas de tories. Victoria, aconsejada por Melbourne, se negó rotundamente a destituir a las damas de sus cargos, pues las había llegado a considerar amigas muy cercanas. Peel sentía que no podía gobernar bajo las restricciones impuestas por la reina y finalmente renunció al cargo de primer ministro, dejándole el camino libre a Melbourne para retornar al poder.

Matrimonio y familia

Matrimonio


Boda de la reina Victoria con el príncipe Alberto, pintura de George Hayter.
A pesar de ser reina, Victoria seguía viviendo con su madre, con la que no se llevaba bien debido al sistema Kensington y a su dependencia continua de Conroy, simplemente por estar soltera. Su madre vivía en aposentos alejados en el palacio de Buckingham y Victoria se negaba a verla muchas veces. Cuando la reina se quejó a Melbourne de que la proximidad de la madre había supuesto un «tormento durante muchos años», este simpatizó con ella y le dijo que eso se podía evitar con una boda, algo a lo que Victoria llamó la «alternativa chocante». Estaba interesada en la educación que Alberto estaba recibiendo para preparar su futuro papel de marido, pero se resistió a acelerar el matrimonio.

Victoria siguió elogiando a Alberto tras su segunda visita a Inglaterra en octubre de 1839. Alberto y Victoria se gustaban y la reina le pidió matrimonio el 15 de octubre de 1839, solo cinco días después de su llegada a Windsor. Se casaron el 10 de febrero de 1840 en la capilla real del palacio de St. James, en Londres. Victoria estaba totalmente enamorada. Se pasó la primera noche de casada con dolor de cabeza, pero escribió en su diario:
NUNCA, NUNCA he pasado una noche así. MI QUERIDO, QUERIDO, QUERIDO Alberto [...] con su gran amor y afecto me ha hecho sentir que estoy en un paraíso de amor y felicidad, algo que nunca esperaba sentir. Me cogió en sus brazos y nos besamos una y otra vez. Su belleza, su dulzura y su amabilidad —nunca podré agradecer suficientes veces tener un marido así— [...] que me llama con nombres tiernos como nunca antes me han llamado ha sido una increíble bendición. Este ha sido el día más feliz de mi vida.
Victoria I del Reino Unido
Alberto se convirtió en un consejero político importante, así como en el compañero de la reina, y sustituyó a lord Melbourne como la figura dominante e influyente en la primera mitad de su vida. La madre de Victoria tuvo que abandonar el palacio y fue enviada a Ingestre en Belgrave Square. Tras la muerte de la princesa Augusta Sofía del Reino Unido en 1840, la madre recibió las casas de Clarence y Frogmore. Con la ayuda de Alberto, la relación entre madre e hija empezó a mejorar poco a poco.

El 10 de junio de 1840, poco después de la boda y con Victoria embarazada de su primer hijo, un joven llamado Edward Oxford de 18 años de edad, intentó asesinarla cuando estaba en un carruaje acompañada por el príncipe Alberto camino de casa de la madre. Oxford disparó dos veces, pero ambas balas fallaron. Fue juzgado por alta traición y considerado culpable, aunque después fue liberado por considerar que estaba loco. Tras el incidente, la popularidad de Victoria aumentó y se olvidó la anterior crisis. Su primera hija, que también se llamó Victoria, nació el 21 de noviembre de 1840. La reina odiaba estar embarazada, pensaba que dar el pecho era asqueroso y creía que los recién nacidos eran feos. Aun así, tendría ocho hijos más con Alberto.

La casa de Victoria estaba regida por la que había sido su institutriz durante la infancia, la baronesa Louise Lehzen. Lehzen había sido una gran influencia para Victoria y la había apoyado contra el sistema Kensington. Sin embargo, Alberto creía que Lehzen era una incompetente y que su desgobierno amenazaba la salud de su hija. Tras una discusión entre Victoria y Alberto, Lehzen fue jubilada y su relación tan cercana con Victoria acabó.

Descendencia

 NombreFecha de nacimientoFecha de defunciónConsorte (fechas de nacimiento y muerte) e hijos
Vicky.jpgVictoria182021 de noviembre de
1840
19015 de agosto de
1901
Casada en 1858 (25 de enero),
Príncipe heredero Federico de Prusia (1831–1888),
futuro Federico III de Alemania
con descendencia
(entre otros, Guillermo II de Alemania
y Sofía de Prusia, reina de Grecia).
Prince of Wales00.jpgEduardo VII18419 de noviembre de
1841
19106 de mayo de
1910
Casado en 1863 (10 de marzo),
Alejandra de Dinamarca (1844–1925);
con descendencia
(entre otros Jorge V del Reino Unido
y Maud de Gales, reina de Noruega).
Alice do reino unido.jpgAlicia184325 de abril de
1843
187814 de diciembre de
1878
Casada en 1862 (1 de julio),
Luis IV de Hesse-Darmstadt;
con descendencia
(entre otros, Alejandra Fiódorovna Románova, última emperatriz de Rusia).
AlfredEdimbourg.jpgAlfredo18446 de agosto de
1844
190031 de julio de
1900
Casado en 1874 (23 de enero),
María Aleksándrovna de Rusia;
con descendencia
(entre otros, María de Sajonia-Coburgo-Gotha, reina de Rumanía).
HelenaSaxeCobourgGotha.jpgElena184625 de mayo de
1846
19239 de junio de
1923
Casada en 1866 (5 de julio),
Cristián de Schleswig-Holstein;
con descendencia
Princess Louise Downey copy.jpgLuisa184818 de marzo de
1848
19393 de diciembre de
1939
Casada en 1871 (21 de marzo),
John George Campbell;
sin descendencia
ArthurDkCnnght.jpgArturo18501 de mayo de
1850
194216 de enero de
1942
Casado en 1879 (13 de marzo),
Luisa Margarita de Prusia (1860–1917);
con descendencia (entre otros, Margarita de Connaught, princesa heredera de Suecia).
Prince Leopold (edited).jpgLeopoldo18537 de abril de
1853
188428 de marzo
1884
Casado en 1882 (27 de abril),
Elena de Waldeck-Pyrmont;
con descendencia (entre otros, Carlos Eduardo, duque de Sajonia-Coburgo-Gotha).
Princess Beatrice Downey.jpgBeatriz185714 de abril de
1857
1944 26 de octubre de
1944
Casada en 1885 (23 de julio),
Enrique de Battenberg;
con descendencia
(entre otros, Victoria Eugenia de Battenberg, reina de España).

Hemofilia

Uno de los hijos de Victoria, el segundo menor, Leopoldo, fue el primer descendiente de Victoria que padeció hemofilia B y dos de sus cinco hijas, Alicia y Beatriz, descubrieron, después de tener hijos, que eran portadoras del gen defectuoso. Entre los descendientes reales que padecieron esta enfermedad se encuentran sus bisnietos, el zarevich Alekséi Nikoláyevich Románov, Alfonso de Borbón y Battenberg y el infante Gonzalo de Borbón y Battenberg. La presencia de esta enfermedad en los descendientes de la reina, pero no así en sus antepasados, ha llevado a especulaciones que afirman que el verdadero padre de Victoria no era el duque de Kent, sino un hemofílico. No existe ninguna prueba documentada de la presencia de hemofílicos en la familia de la madre de Victoria. Es más probable que haya habido una mutación espontánea, ya que el padre de Victoria era bastante mayor cuando la concibió y la hemofilia aparece con mayor frecuencia en niños nacidos de padres mayores. Cerca del 30 % de los casos de hemofilia aparecen por mutaciones espontáneas.

Años de juventud


Victoria en 1842.
El 29 de mayo de 1842 Victoria estaba en un carruaje en la zona de The Mall en Londres cuando John Francis le apuntó con una pistola, pero no disparó. El día siguiente Victoria fue por el mismo camino, pero más deprisa y con más seguridad en un intento premeditado de provocar a Francis para que disparara nuevamente y, así, ser pillado in fraganti. Como se esperaba, Francis disparó pero fue atrapado por un policía vestido de paisano y condenado por alta traición. El 3 de julio, dos días después de que la sentencia de muerte de Francis fuera conmutada por el exilio a las colonias inglesas durante el resto de su vida, otro hombre, John William Bean, apuntó con una pistola a la reina, pero el arma solo estaba cargada con papel y tabaco. Bean fue condenado a 18 meses de cárcel. En 1849 hubo un ataque similar, esta vez llevado a cabo por el irlandés William Hamilton, que disparó una pistola cargada con pólvora contra el carruaje de Victoria cuando esta pasaba por Constitution Hill en Londres. En 1850 la reina fue herida al ser atacada por Robert Pate, un antiguo oficial del ejército, posiblemente loco. Mientras Victoria estaba en el carruaje, Pate la alcanzó con una bengala, destruyendo el sombrero y dejándole manchas negras en la cara. Tanto Hamilton como Pate fueron condenados a pasar siete años en las colonias británicas.

El apoyo que Melbourne tenía en el parlamento se debilitó a lo largo de los años de reinado de Victoria y, en las elecciones de 1841, los whigs salieron derrotados. Robert Peel se convirtió en el nuevo primer ministro y las damas de compañía que estaban relacionadas con los conservadores fueron sustituidas.

En 1845 Irlanda fue golpeada por la devastación de los cultivos de patata; en cuatro años, esta plaga costó las vidas de un millón de irlandeses y la emigración de otro millón. En respuesta a la llamada Hambre de la Patata Irlandesa (An Gorta Mor), la reina donó personalmente 2000 £, una cuantía superior a cualquier donación hecha por un solo individuo, y apoyó el crédito Maynooth a un seminario católico en Irlanda, a pesar de la oposición por parte de los protestantes. Sin embargo, Victoria fue conocida como la «reina del Hambre». De hecho, a finales del siglo XIX se contaban historias falsas que decían que donaba apenas 5 £ para aliviar el hambre y que era la misma cantidad que donaba para un refugio de animales.


La primera fotografía conocida de la reina Victoria,
realizada en 1844, con su hija mayor.
El gobierno de Peel se vio pronto envuelto en una crisis debido a las Leyes del Grano. Muchos tories —para entonces conocidos también como conservadores— se opusieron a la abrogación, pero algunos de ellos y la mayoría de los whigs la apoyaron. Peel dimitió en 1846, después de que la abrogación fuera aprobada por un estrecho margen, y fue substituido por lord John Russell.

A nivel internacional, Victoria se centró en la mejora de las relaciones entre Francia y el Reino Unido. Visitó y recibió muchas veces a la familia real francesa, los Orleans, algunos de los cuales eran parientes de los Coburgo por matrimonio. En 1843 y 1845, Victoria y Alberto se hospedaron en el castillo de Eu con el rey Luis Felipe I de Francia. Victoria fue la primera monarca británica en visitar a un monarca francés desde el encuentro en el Campo de la tela de oro en 1520. Cuando Luis Felipe los visitó en 1844, se convirtió igualmente en el primer soberano francés en visitar a un soberano británico. Luis Felipe fue depuesto por la revolución de 1848 y partió al exilio a Inglaterra. En el punto más álgido de la ola revolucionaria en el Reino Unido en abril de 1848, Victoria y su familia cambiaron Londres por la seguridad de Osborne House, una propiedad privada en la isla de Wight que la reina había comprado en 1845 y reformado. Las manifestaciones de los cartistas y de los nacionalistas irlandeses no consiguieron apoyos a nivel nacional y las perturbaciones se diluyeron sin mayores problemas. La primera visita de la reina a Irlanda en 1849 fue un éxito, pero no tuvo ningún impacto duradero en el crecimiento del nacionalismo irlandés.

El gobierno de Russell, aunque whig, no fue favorecido por la reina. Particularmente ofensivo para Victoria era el ministro de Asuntos Exteriores, lord Palmerston, que actuaba a menudo sin consultar al Gabinete, al primer ministro o a la reina. En 1849, Victoria introdujo en el parlamento una queja, apoyada por Russell, alegando que Palmerston había enviado despachos oficiales a los líderes extranjeros sin su consentimiento, pero este continuó en su puesto y siguió actuando por iniciativa propia, a pesar de las repetidas llamadas de atención de la reina. No fue hasta 1851 que Palmerston fue relevado de su cargo; en aquella ocasión había anunciado la aprobación del Gobierno británico al golpe de Estado del presidente Luis-Napoleón Bonaparte en Francia sin consultar previamente al primer ministro. El año siguiente, el presidente Bonaparte se convirtió en el emperador Napoleón III, cuando la administración Russell había sido sustituida por el gobierno minoritario de corta duración liderado por Edward Smith-Stanley, 14º conde de Derby.

En 1853 Victoria dio a luz a su octavo hijo, Leopoldo, con la ayuda de un nuevo anestésico, el cloroformo. Victoria quedó tan impresionada con el alivio que lo volvió a usar en 1857 en el parto de su última hija, Beatriz, a pesar de que muchos miembros del clero se opusieron al considerar que iba en contra de las enseñanzas de la Biblia y de que algunos miembros de la comunidad médica lo consideraran un medicamento muy peligroso. Victoria pudo haber sufrido depresión postparto tras muchos de sus embarazos. Existen cartas escritas por Alberto a Victoria donde se quejaba de su falta de autocontrol: por ejemplo, cerca de un mes después del nacimiento de Leopoldo, Alberto se quejó por carta de la «histeria continua» que padecía Victoria debido a «cualquier asunto sin importancia».
 
A principios de 1855 el gobierno de Aberdeen, que había sustituido al de Derby, fue criticado por el mal uso de las tropas británicas durante la Guerra de Crimea y cayó. Victoria habló con Derby y Russell para formar un nuevo gobierno, pero ninguno de los dos tuvo apoyo suficiente y Victoria tuvo que nombrar a Palmerston como nuevo primer ministro.

Napoleón III, que desde la guerra de Crimea se había convertido en el mayor aliado británico, visitó Londres en abril de 1855 y entre el 17 y el 28 de agosto de ese mismo año, Victoria y Alberto le devolvieron la visita. Napoleón se encontró con la pareja en Dunkerque y los acompañó a París. Visitaron la Exposición Universal (sucesora de la Gran Exposición organizada por el príncipe Alberto en Londres en 1851) y la sepultura de Napoleón en Los Inválidos (en la cual habían sido colocados sus restos mortales en 1840), y fueron invitados de honor en un baile con 1200 invitados en el palacio de Versalles.

El 14 de enero de 1858 un refugiado italiano que vivía en Gran Bretaña intentó asesinar a Napoleón III con una bomba fabricada en Inglaterra. Esto provocó una crisis diplomática que desestabilizó el gobierno e hizo que Palmerston dimitiese. Derby volvió a ser primer ministro. Victoria y Alberto estuvieron presentes en la apertura de una nueva base en el puerto militar francés de Cherburgo el 5 de agosto de 1858, un intento por parte de Napoleón para asegurar a Gran Bretaña que su armamento estaba dirigido hacia otro lugar. Cuando regresó a Inglaterra, Victoria escribió a Derby y le reprendió por el débil estado de la marina real británica en comparación con la francesa.

Once días después del intento de asesinato en Francia, la hija mayor de Victoria se casó con el príncipe Federico de Prusia en Londres. Estaban prometidos desde 1855, cuando la princesa real solo contaba con 14 años. El matrimonio fue atrasado por la reina y por el príncipe hasta que esta cumpliera 17. La reina y el príncipe Alberto esperaban que su hija y su yerno fueran responsables de la liberalización del creciente reino prusiano. Victoria sintió «un dolor en el corazón» al ver a su hija dejar Inglaterra para vivir en Alemania. «Haz que me arrepienta», le escribió en una de sus frecuentes cartas, «cuando veo a tus hermanas, tan dulces, tan felices y pienso que las voy a tener que dejar marchar una a una». Casi un año después, la princesa Victoria dio a luz al primer nieto de la reina Victoria, el futuro káiser Guillermo II de Alemania.

Viudez


Victoria y Alberto en 1861, pocos meses antes
de la muerte del príncipe consorte.
En marzo de 1861, la madre de Victoria murió a su lado. Cuando leyó los documentos que le dejó, Victoria comprendió que su madre la había querido profundamente. La reina se quedó destrozada y culpó a Conroy y a Lehzen por haberla alejado de ella «maliciosamente». Para distraer a su esposa durante este periodo de sufrimiento intenso, Alberto la sustituyó en la mayoría de sus deberes a pesar de que él tenía problemas crónicos en el estómago. En agosto, Victoria y Alberto visitaron a su hijo, el príncipe Eduardo de Gales, que estaba participando en unas maniobras del ejército en Dublín, y pasaron algunos días en Killarney. En noviembre, Alberto supo de la existencia de unos rumores de que Eduardo había dormido con una actriz en Irlanda. Horrorizado, fue hasta Cambridge, donde su hijo estaba estudiando, y se encaró con él. A principios de diciembre Alberto estaba muy enfermo, y el doctor William Jenner le diagnosticó fiebre tifoidea. Murió el 14 de diciembre de 1861. La pérdida de quien fuera su compañero, amigo y consejero devastó a Victoria, que mantuvo desde entonces un estado semipermanente de luto y usó el color negro en sus vestidos para el resto de su vida. Evitó las apariciones públicas y rara vez puso los pies en Londres durante los años siguientes, por lo que se ganó con ello el apodo de la «Viuda de Windsor». Victoria consideró a su hijo, el príncipe de Gales, joven indiscreto y frívolo, culpable de la muerte de su padre.

El aislamiento de Victoria del público disminuyó en gran medida la popularidad de la monarquía, e incluso animó el crecimiento del movimiento republicano. Aunque cumplió sus deberes oficiales, no participó activamente en el gobierno, y permaneció confinada en sus residencias reales, como Balmoral en Escocia —que Alberto había comprado en 1847—, Windsor y Osborne House, en la isla de Wight. En marzo de 1864 un hombre colocó un cartel en las balaustradas del palacio de Buckingham en el que decía: «esta propiedad está a la venta debido a la quiebra del negocio del antiguo ocupante». Su tío Leopoldo le escribió para aconsejarle que apareciera en público. La reina estuvo de acuerdo en aparecer en los jardines de la sociedad real de horticultura en Kensington y dar un paseo en un carro abierto por Londres.

A lo largo de la década de 1860, Victoria comenzó a confiar cada vez más en un criado escocés, John Brown; se ha llegado a alegar que entre ellos hubo una relación romántica e incluso un matrimonio secreto, y algunos periódicos empezaron a llamarla «Mrs. Brown». Existe también un cuadro de Edwin Landseer que muestra a la reina y a Brown, y que se encuentra expuesto en la Royal Academy. Victoria publicó un libro llamado Leaves from the Journal of Our Life in the Highlands, que habla mucho de Brown, y en el que la reina elogia en gran medida a su criado.

Entretanto, una de las piezas más importantes de la legislación del siglo XIX —el Acta de Reformas de 1867— fue aprobada por el parlamento. Esta reforma, que fue apoyada por la reina, duplicaba el número de electores y extendía el derecho al voto a diversos trabajadores urbanos, pero no a las mujeres. Lord Palmerston se había opuesto totalmente a la reforma electoral, pero su ministerio terminó con su muerte en 1865. Lord Derby asumió el cargo, siendo sucedido por Russell. Luego, Derby volvió a ocupar el cargo de primer ministro, y durante su ministerio se aprobó el Acta de Reforma. En 1866 Victoria estuvo presente en la primera sesión del parlamento por primera vez desde la muerte de Alberto. En 1868 Derby dimitió y fue sustituido por el conservador Benjamin Disraeli —posteriormente primer conde de Beaconsfield—, que encantó a la reina: «a todo el mundo le gustan los elogios», decía, «pero cuando una persona entra en contacto con la realeza, debe tomarlos con pinzas». Siempre saludaba a la reina con la frase «we authors, Ma'am» y la elogiaba. Sin embargo, su gobierno apenas duró unos meses y fue sustituido por su rival liberal William Ewart Gladstone. Se hicieron famosos los desacuerdos de Gladstone con Victoria y Disraeli durante su carrera política. Ella comentó una vez que cuando él se le dirigía era como si estuvieran en una reunión pública.

En 1870 el sentimiento republicano británico alcanzó un punto álgido, alimentado por el aislamiento de Victoria y por la creación de la Tercera República Francesa. Se realizó un mitin republicano en Trafalgar Square donde se exigió la abdicación de Victoria, y varios miembros radicales del gobierno la criticaron. Entre agosto y septiembre de 1871 la reina estaba gravemente enferma debido a un absceso en el brazo, que Joseph Lister consiguió tratar con éxito gracias a su nuevo spray de ácido carbólico antiséptico. A finales de noviembre de 1871, en el punto más alto del movimiento republicano, el príncipe de Gales contrajo fiebre tifoidea, la misma enfermedad que había matado a su padre, y Victoria temió por la muerte de su hijo. A medida que se acercaba el décimo aniversario de la muerte de su marido, la salud de Eduardo parecía no dar señales de mejora y la preocupación de Victoria continuó. Para alegría de todos, Eduardo sobrevivió. Madre e hijo estuvieron presentes en un acto público en Londres y en un gran servicio de acción de gracias en la catedral de San Pablo el 27 de febrero de 1872. El sentimiento republicano empezó a decaer.

El último día de febrero de 1872, dos días después del servicio de acción de gracias, Arthur O'Connor —sobrino nieto de un diputado irlandés— apuntó con una pistola sin balas al carruaje abierto de Victoria cuando esta atravesaba los portones del palacio de Buckingham. Brown, que estaba al lado de la reina, lo atrapó, y el pistolero fue condenado a doce meses de cárcel. Gracias a este incidente, la popularidad de la reina aumentó aún más.

Emperatriz de la India


Victoria en 1897.
Tras la rebelión de los cipayos en 1857, la Compañía Británica de las Indias Orientales, que había gobernado gran parte de la India, fue disuelta, y las posesiones y protectorados británicos fueron incorporados formalmente al Imperio británico. La reina tenía una visión relativamente neutral sobre el conflicto y condenó las atrocidades cometidas por ambos bandos. Escribió sobre su «sentimiento de horror y arrepentimiento por el resultado de esta guerra civil sangrienta», e insistió, incentivada por Alberto, que debía anunciar que la proclamación oficial afirmando la transferencia de poder de la compañía al Estado «debía mostrar un sentimiento de generosidad, benevolencia y tolerancia religiosa». Por orden de la reina, una referencia que amenazaba la «disminución de la religiones nativas y de sus costumbres» fue sustituida por un pasaje que garantizaba la libertad religiosa.

En las elecciones de 1874 Disraeli volvió al poder, y su gobierno aprobó una ley de regulación de culto público que retiraba los rituales católicos de la liturgia anglicana, ley que Victoria apoyó: la reina prefería misas cortas y sencillas, y le gustaba más la doctrina de la iglesia presbiteriana escocesa que la inglesa. Fue este primer ministro el que aprobó la ley que confería a la reina el título de «emperatriz de la India» el 1 de mayo de 1876. El nuevo título fue proclamado en el Delhi Durbar el 1 de enero de 1877.

El 14 de diciembre de 1878, aniversario de la muerte de Alberto, la segunda hija de Victoria, la princesa Alicia, que se había casado con el gran duque Luis IV de Hesse-Darmstadt, murió de difteria en Darmstadt. Victoria encontró la coincidencia de las fechas «casi increíble y muy misteriosa». En mayo de 1879 se convirtió en bisabuela por primera vez debido al nacimiento de la princesa Feodora de Sajonia-Meiningen, hija de su nieta Carlota de Prusia.

Entre abril de 1877 y febrero de 1878 Victoria amenazó con abdicar del trono cinco veces para presionar a Disraeli a condenar al Imperio ruso por sus acciones en la guerra ruso-turca, pero sus amenazas no tuvieron ningún impacto ni acabaron con el Congreso de Berlín. La política exterior expansionista de Disraeli, que Victoria apoyaba, inició conflictos como la guerra anglo-zulú y la segunda guerra anglo-afgana. «Si queremos mantener nuestra posición como gran potencia», escribió la reina, «tenemos que estar preparados para ataques y guerras en un lugar u otro CONTINUAMENTE». Victoria veía la expansión del Imperio británico como civilizadora y beneficiosa, ya que protegía a los pueblos nativos de las potencias más agresivas o de gobernantes crueles: «no es costumbre nuestra anexionar países», dijo, «a no ser que nos veamos obligados o forzados a hacerlo». Para desaliento de Victoria, Disraeli perdió las elecciones de 1880 y Gladstone volvió al poder como primer ministro. Cuando Disraeli murió al año siguiente, Victoria lloró y mandó colocar una placa en su sepultura en la que se podía leer: «colocada por su muy grata soberana y amiga, Victoria, R.I.».

Últimos años

El 2 de marzo de 1882 Roderick Maclean, un reconocido poeta que se sentía ofendido porque Victoria se había negado a leer uno de sus poemas, disparó contra la reina cuando su carruaje estaba saliendo de la estación de trenes de Windsor. Dos estudiantes del colegio Eton le golpearon con sus paraguas hasta que el poeta fue detenido por la policía. Victoria se enfureció cuando se enteró de que Maclean quedó en libertad por locura, pero se alegró con las demostraciones de lealtad después del ataque, y llegó a afirmar que «ha valido la pena ser disparada solo para ver cómo se me quiere».

El 17 de marzo de 1883 Victoria se cayó por las escaleras en Windsor, lo que provocó que estuviera en una silla de ruedas hasta julio. La reina nunca se recuperó completamente de la caída y sufrió reumatismo hasta el fin de sus días. John Brown murió días después del accidente y, para consternación de su secretario privado, Henry Ponsonby, la reina empezó a trabajar en una biografía laudatoria de su fiel criado. Ponsonby y Randall Davidson, decano de Windsor, que habían visto los primeros esbozos, le aconsejaron a Victoria que no publicara el trabajo, ya que podría causar rumores de que los dos habían tenido una relación amorosa. El manuscrito fue destruido. A principios de 1884 Victoria publicó el libro More Leaves from a Journal of a Life in the Highlands, una secuela de su primer libro, que dedicó a su «criado personal, devoto y fiel amigo, John Brown». Un día después del aniversario de la muerte de Brown, Victoria supo mediante un telegrama que su hijo pequeño, Leopoldo, había muerto en Cannes, víctima de hemofilia. Victoria lamentó la muerte de aquel que era «el más querido de entre mis hijos». Al mes siguiente, la hija menor de Victoria, Beatriz, conoció y se enamoró del príncipe Enrique de Battenberg en la boda de su sobrina Victoria de Hesse-Darmstadt con el hermano mayor del príncipe Luis de Battenberg. Beatriz y Enrique querían casarse, pero en un primer momento Victoria se opuso a la unión, pues quería que Beatriz se quedara en casa con ella para hacerle compañía. Un año después cambió de opinión, ya que Beatriz y Enrique prometieron que seguirían viviendo cerca para hacerle compañía.

Victoria se alegró cuando Gladstone se vio obligado a dimitir en 1885, tras no poder aprobar su presupuesto. La reina pensaba que su gobierno había sido el «peor que había tenido» y le culpaba de la muerte del general Gordon en Jartum. Gladstone fue sustituido por lord Salisbury. Sin embargo, este gobierno apenas duró unos meses, y Victoria tuvo que llamar nuevamente a Gladstone, a quien denominaba como «medio loco y, en verdad, no es más que un hombrecito ridículo de muchas maneras». Gladstone intentó aprobar una ley que daba a Irlanda un gobierno propio pero, para alegría de Victoria, no fue aprobada. En las elecciones, el gobierno Gladstone cedió el poder a Salisbury.

Jubileo de oro

Victoria en su Jubileo de oro.
En 1887 el Reino Unido celebró el Jubileo de oro de Victoria. La reina celebró el 20 de junio de 1887 —el quincuagésimo aniversario de su ascensión al trono— con un banquete, al cual fueron invitados cincuenta reyes y príncipes europeos. Al día siguiente, participó en un desfile que, en palabras de Mark Twain, «se extendía más allá del límite de la visión en ambas direcciones» y estuvo presente en una misa de acción de gracias en la abadía de Westminster. A estas alturas, Victoria era de nuevo extremadamente popular. Dos días después, el 23 de junio, contrató a dos indios musulmanes para que fueran sus criados. Uno de ellos, Abdul Karim, fue ascendido a «Munshi» (maestro), enseñó a la reina hindi urdu y se convirtió en su «escriba». La familia y los criados de la reina se asustaron y acusaron a Abdul Karim de ser un espía de la Liga Musulmana, e intentaron poner a la reina contra los indios. El caballerizo de la reina, Frederick Ponsonby —hijo de Henry, el secretario de la reina—, descubrió que Karim había mentido sobre sus padres y le dijo a lord Elgin, virrey de la India, que «el indio ocupa el mismo puesto que ocupaba John Brown». Victoria ignoró las quejas, al considerarlas racistas. Abdul Karim estuvo con la reina hasta la muerte de esta, y después volvió a la India con una pensión.

La hija mayor de Victoria se convirtió en emperatriz consorte de Alemania en 1888, pero enviudó tres meses después y su nieto, Guillermo, se convirtió en emperador de Alemania con el nombre de Guillermo II. Con el reinado de Guillermo, las esperanzas que Victoria y Alberto tenían puestas para que Alemania se liberalizase no se cumplieron, ya que éste creía en la autocracia. Victoria pensaba que su nieto tenía «poco corazón o tacto y [que] (...) su conciencia e inteligencia habían sido totalmente deformadas».

Gladstone volvió al poder una vez más en 1892, con 82 años. Victoria vetó el nombramiento del diputado radical Henry Labouchere para ocupar un sitio en el gobierno y Gladstone lo aceptó. En 1894 se jubiló y fue reemplazado por el liberal imperialista lord Rosebery. Rosebery fue sucedido por Salisbury en 1895, quien gobernó hasta la muerte de Victoria.

Jubileo de diamante

El 22 de septiembre de 1896 Victoria sobrepasó a su abuelo Jorge III como el monarca con más tiempo de reinado en la historia inglesa, escocesa o británica. De acuerdo a una petición de la reina, todas las celebraciones públicas especiales por el acontecimiento fueron retrasadas hasta 1897, el año en que se celebraba el jubileo de diamante de Victoria. El secretario de colonias, Joseph Chamberlain, propuso que el jubileo fuera un festival en todo el Imperio Británico.

Así, invitaron a los primeros ministros de todas las colonias autónomas junto con sus familias. El desfile en el que participó la reina por Londres hizo una parada para realizar una misa de acción de gracias al aire libre junto a la catedral de San Pablo, durante la cual la reina permaneció sentada en su carruaje abierto. La celebración estuvo marcada por muestras de afecto a la reina septuagenaria.

Victoria visitaba Europa muchas veces en vacaciones. En 1889, cuando estaba en Biarritz, en Francia, se convirtió en la primera soberana reinante que visitó España al cruzar la frontera para una breve visita. En abril de 1900, la segunda guerra de los Bóeres estaba siendo tan mal vista que se le desaconsejó su viaje anual a Francia. En vez de eso, fue a Irlanda, por primera vez desde 1861, en parte para agradecer la contribución de los regimientos irlandeses en Sudáfrica. En julio, su segundo hijo, Alfredo, murió: «Dios mío, mi querido y pobre «Affie» ha muerto», escribió en su diario; «este está siendo un año horrible, solo hay tristeza y horror por todas partes».

Muerte y sucesión

Siguiendo una costumbre que mantuvo durante toda su viudez, Victoria pasó su última Navidad en Osborne House —que el príncipe Alberto había diseñado por sí mismo—, en la isla de Wight. El reumatismo de sus piernas le impedía andar y su visión estaba muy afectada por las cataratas. A principios de enero afirmó sentirse «mal y débil», y a mediados de mes escribió en su diario que se encontraba «soñolienta (...) mareada y confusa». Murió allí, debido al debilitamiento de su salud, el martes 22 de enero de 1901, a las 6:30, con 81 años. En su lecho de muerte estaba acompañada por su hijo y futuro rey, Eduardo, y su nieto mayor, el emperador alemán Guillermo II.

En 1897 Victoria había dejado escritas las instrucciones para su funeral, que quería que fuera militar, ya que era hija de un soldado y jefe del ejército, y que el color dominante fuera el blanco y no el negro. El 25 de enero el rey Eduardo, el káiser Guillermo y el príncipe Arturo ayudaron a llevar el ataúd. La reina estaba vestida con su velo de novia. A petición suya, el médico y las criadas que la vistieron colocaron también varias fotografías y objetos de su numerosa familia y de sus criados en el ataúd. Así, colocaron una camisa de dormir de Alberto a su lado junto con un molde de yeso de su mano y una fotografía y un mechón de pelo de John Brown que escondieron en la parte izquierda, debajo de un ramo de flores. Varias joyas fueron enterradas junto con Victoria, incluyendo la alianza de la madre de John Brown que éste le había dado en 1883. Su funeral se realizó el sábado 2 de febrero de 1901 en la capilla de San Jorge del castillo de Windsor y, después de dos días de velatorio, fue enterrada junto a Alberto en el Mausoleo Real de Frogmore, en el gran parque de Windsor. Cuando fue enterrada, empezó a nevar.

La muerte de Victoria supuso el fin del poder de la Casa de Hannover en el Reino Unido. Como su marido pertenecía a la Casa de Sajonia-Coburgo-Gotha su hijo y heredero, Eduardo VII, fue el primer monarca británico de esta nueva dinastía.

Legado


La reina Victoria, por Alexander Melville.
Según uno de sus biógrafos, Giles St. Aubyn, Victoria escribió una media de 2500 palabras al día durante su vida adulta. Desde julio de 1832 hasta poco antes de su muerte escribió diarios con frecuencia y llegó a tener 122 volúmenes. Tras la muerte de Victoria, su hija Beatriz fue nombrada su ejecutora literaria. La hija pequeña de la reina transcribió y editó los diarios a partir de su llegada al trono y quemó los originales. A pesar de esta destrucción, muchos de los diarios aún existen. Además de la copia editada de Beatriz, lord Esher transcribió dos volúmenes de 1832 a 1861 antes de que Beatriz los destruyera. Parte de la extensa correspondencia de Victoria fue publicada en varios volúmenes de diferentes autores.

Victoria estaba desproporcionada físicamente: era corpulenta, poco elegante y no medía más de un metro y medio. A pesar de estos defectos, proyectó una imagen de grandeza. Fue poco popular durante los primeros años de viudedad, pero fue muy querida las décadas de 1880 y 1890, cuando encarnó la figura del imperio, una figura matriarcal benevolente. Solo se conoció su verdadera influencia política después de que se revelaran al público los diarios y cartas. Muchas biografías publicadas hasta hoy concluyen que Victoria era emocional, obstinada, honesta y sincera.

A lo largo del reinado de Victoria continuó el establecimiento gradual de una monarquía constitucional moderna en Gran Bretaña. Las reformas en el sistema electoral aumentaron el poder del parlamento perjudicando a los nobles y a la monarquía. En 1867 Walter Bagehot escribió que el monarca solo tenía «el derecho a ser consultado, el derecho de animar y el derecho de avisar». A medida que la monarquía de Victoria se volvía más simbólica que política, empezó a dar más importancia a la moralidad y a los valores familiares. Esto se contrapone a los escándalos financieros, sexuales y personales que se asociaban a los miembros anteriores de la casa de Hanóver, que habían desacreditado a la monarquía. El concepto de «monarquía familia», con el cual las clases medias se podían identificar, se fortaleció.

Los lazos que Victoria tenía con las familias reales europeas le valieron el apodo de «la abuela de Europa». Victoria y Alberto tuvieron 42 nietos. Entre sus descendientes se incluyen la reina Isabel II del Reino Unido; su marido, el príncipe Felipe; el rey Harald V de Noruega; el rey Carlos XVI Gustavo de Suecia, la reina Margarita II de Dinamarca; el rey Juan Carlos I de España, su esposa Sofía de Grecia y el hijo de ambos, el rey Felipe VI de España, entre otros miembros de la realeza europea.

Cultura popular

La reina Victoria ha sido retratada en diversas películas, libros, revistas y otras publicaciones. La primera película fue Victoria, the Great, dirigida y producida por Herbert Wilcox, y su actriz protagonista fue la británica Anna Neagle. La película se estrenó en 1937, año de la coronación del bisnieto de Victoria, el rey Jorge VI, y sirvió para conmemorar el centenario de la coronación de la reina en 1837. Tuvo tanto éxito que al año siguiente se estrenó la secuela Sixty Glorious Years.

Otra película muy conocida sobre la vida de Victoria se estrenó en 1950, The Mudlark. Tenía a Irene Dunne como protagonista y era una versión alternativa a los años de luto de la reina. En 1954 el director austríaco Ernst Marischka rodaría con Romy Schneider Los jóvenes años de una reina, precursora de la saga de Sissi. En 1997, Judi Dench y Billy Connolly protagonizaron la película Mrs Brown sobre la relación de la reina con su criado escocés, John Brown. La película fue muy aclamada por la crítica y le valió a Dench una nominación al Óscar. En 2001, la BBC estrenó una serie de dos episodios titulada Victoria & Albert, protagonizada por Victoria Hamilton y Jonathan Firth, que retrataba la vida de Victoria desde su infancia hasta la muerte de Alberto en 1861.

Más recientemente, en 2009, Emily Blunt y Rupert Friend protagonizaron la película The Young Victoria, una versión romántica de la vida de la pareja real, aclamada por la crítica y que recibió varias nominaciones para los Óscars y para los Globos de Oro, incluyendo mejor actriz dramática para Emily Blunt (en los Globos de Oro), mejor dirección artística, mejor maquillaje y vestuario (por el que consiguió el Óscar).

En 2015 aparece en el videojuego Assassin's Creed: Syndicate, ambientado durante el año 1868. La reina Victoria mantiene una relación de amistad con los Asesinos Jacob y Evie Frye (los protagonistas del juego), a los que les pide algunos favores en forma de misiones secundarias.

Títulos

  • 24 de mayo de 1819 – 20 de junio de 1837: Su Alteza Real la princesa Alexandrina Victoria de Kent y Strathearn
  • 20 de junio de 1837 – 22 de enero de 1901: Su Majestad la Reina
  • 1 de mayo de 1876 – 22 de enero de 1901: Su Majestad Imperial la Emperatriz de la India






Imagen de la Capilla Ardiente de la Reina Victoria (imagen tomada de www.dinastias.forogeneral.es)




Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha


El príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha (en alemán: Franz Albrecht August Karl Emanuel von Sachsen-Coburg und Gotha; 26 de agosto de 1819-14 de diciembre de 1861), conocido como el príncipe consorte, fue el esposo de la reina Victoria del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda.
Nació en el ducado sajón de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, en el seno de una familia conectada con muchos de los monarcas gobernantes de Europa. A los 20 años se casó con su prima hermana, la reina Victoria, con quien más adelante tendría nueve hijos. Al principio de su matrimonio, Alberto se sintió limitado por su posición como consorte, que no le confería ningún poder o responsabilidad; sin embargo, con el tiempo adoptó muchas causas públicas, como la reforma educativa y la abolición de la esclavitud a nivel mundial, y asumió la administración del personal, las propiedades y la oficina de la reina. Estuvo muy involucrado en la organización de la Gran Exposición de 1851. Alberto ayudó a desarrollar la monarquía constitucional del Reino Unido convenciendo a su esposa para que se mostrara menos partidista en sus relaciones con el Parlamento, aunque estaba profundamente en desacuerdo con la política exterior intervencionista seguida durante la permanencia de lord Palmerston como secretario de Relaciones Exteriores.
                  
Murió a la edad de 42 años, lo que sumió a la reina en un profundo duelo que duró el resto de su vida. Después de la muerte de la reina Victoria en 1901, su hijo mayor, Eduardo VII, la sucedió como el primer monarca británico de la Casa de Sajonia-Coburgo y Gotha, nombrada así por la casa ducal a la cual pertenecía Alberto.

Alberto nació el 26 de agosto de 1819 en el castillo Rosenau, cerca de Coburgo, Alemania; fue el segundo hijo de Ernesto III de Sajonia-Coburgo-Saalfeld y su primera esposa, Luisa de Sajonia-Gotha-Altenburgo. La reina Victoria, futura esposa de Alberto, nació poco tiempo antes, el mismo año y con la asistencia de la misma partera. Fue bautizado en la Iglesia Evangélica Luterana el 19 de septiembre de 1819 en el Marble Hall del castillo Rosenau con agua tomada del río local, el Itz.

 Sus padrinos fueron su abuela paterna, Augusta de Reuss-Ebersdorf, duquesa viuda de Sajonia-Coburgo-Saalfeld; su abuelo materno, Augusto, duque de Sajonia-Gotha-Altenburgo; Francisco
I, emperador de Austria; Alberto de Sajonia-Teschen, duque de Teschen; y Emanuel, conde de Mensdorff Pouilly. Federico IV duque de Sajonia-Gotha-Altenburgo y tío abuelo de Alberto, murió en 1825. Su muerte llevó a un nuevo arreglo de los ducados sajones al año siguiente y el padre de Alberto se convirtió en duque reinante de Sajonia-Coburgo-Gotha, como Ernesto I.

Alberto y su hermano mayor, Ernesto, tuvieron en su niñez y juventud una relación muy cercana, marcada por el turbulento matrimonio de sus padres y la eventual separación y divorcio. Después de que su madre fue exiliada de la corte en 1824, se casó con su amante, Alejandro de Hanstein, conde de Pölzig y Beiersdorf, después de obtener el divorcio en 1826 con la condición de que Luisa no volviera a ver nunca a sus hijos, murió de cáncer a la edad de 30 años en 1831. Al año siguiente, su padre se casó con su sobrina, prima de sus hijos, la princesa María Antonieta de Wurtemberg, pero el matrimonio no fue muy cercano y María Antonieta tuvo poco impacto en las vidas de sus hijastros.

Los hermanos fueron educados en casa por Christoph Florschütz y más tarde estudiaron en Bruselas, donde Adolphe Quetelet fue uno de sus tutores. Al igual que muchos otros príncipes alemanes, Alberto asistió a la Universidad de Bonn; estudió derecho, economía política, filosofía e historia del arte. Estudió música y destacaba en los deportes, especialmente esgrima y equitación. Sus maestros en Bonn incluyeron al filósofo Immanuel Hermann Fichte y al poeta August Wilhelm von Schlegel.

Consorte de la reina

La posición que el príncipe tenía por su matrimonio, si bien era una distinción, también le causaba grandes dificultades; en palabras de Alberto: «Estoy muy feliz y contento; pero la dificultad de ocupar mi lugar con la dignidad adecuada estriba en que soy solo el marido, no el jefe de la casa».

El hogar de la reina era dirigido por su antigua institutriz, la baronesa Lehzen. Alberto se refería a ella como «el dragón de la casa» y maniobró para desplazarla de su posición.

Se enteraron que Victoria estaba embarazada a los dos meses de matrimonio. Alberto empezó a asumir funciones públicas, se convirtió en presidente de la Society for the Extinction of Slavery (Sociedad para la extinción de la esclavitud), la esclavitud había sido abolida en todo el imperio británico, pero todavía era lícita en lugares como Estados Unidos y las colonias de Francia; y ayudó privadamente a Victoria en su trabajo con la papelería de gobierno. En junio de 1840, mientras daban un paseo en carruaje, Alberto y Victoria fueron tiroteados por Edward Oxford, quien más tarde fue juzgado demente. Ninguno de los dos resultó herido y Alberto recibió elogios en la prensa por su valentía y serenidad durante el ataque. Alberto estaba ganando el apoyo del pueblo, así como influencia política, lo que quedó demostrado en la práctica cuando el Parlamento aprobó en agosto la Ley de Regencia de 1840, para designarlo regente en caso del fallecimiento de Victoria antes de que su hijo llegara a la mayoría de edad. Su primera hija, Victoria, nombrada así por su madre, nació en noviembre; durante los próximos diecisiete años tendrían ocho hijos más. Los nueve hijos sobrevivieron hasta la edad adulta, un hecho que la biógrafa Hermione Hobhouse acredita a la «competente influencia» de Alberto en el sano funcionamiento de la guardería. Logró que la guardería real quedara fuera del penetrante control de la baronesa a principios de 1841 y, finalmente, Lehzen se fue definitivamente de Gran Bretaña en septiembre de 1842 —para alivio de Alberto.

Después de las elecciones generales del Reino Unido de 1841, Melbourne fue sustituido como primer ministro por sir Robert Peel, quien designó a Alberto como presidente de la Comisión Real encargada de decorar el nuevo palacio de Westminster. El palacio había sufrido un incendio siete años antes y estaba en reconstrucción. Como mecenas y compradora de cuadros y esculturas, la comisión se constituyó para promover las bellas artes en el Reino Unido . El trabajo de la comisión era lento y el arquitecto, Charles Barry, tomó muchas decisiones que deberían estar en manos de los comisarios, decorando las habitaciones con muebles ornamentados que fueron tratados como parte de la arquitectura. Alberto tuvo más éxito como coleccionista y mecenas privado. Entre sus adquisiciones más notables se encuentran antiguas pinturas alemanas e italianas —como Apolo y Diana de Lucas Cranach el Viejo y San Pedro mártir de Fra Angelico— y piezas contemporáneas de Franz Xaver Winterhalter y Edwin Landseer. Ludwig Gruner, de Dresde, asistió a Alberto en la compra de piezas de la más alta calidad.

Alberto y Victoria sufrieron nuevos atentados el 29 y el 30 de mayo de 1842, pero salieron ilesos. El culpable, John Francis, fue detenido y condenado a muerte, aunque más tarde fue indultado. Su impopularidad inicial surgió debido a la rigidez de la pareja y su apego al protocolo en público, aunque en privado la pareja era más relajada. Alberto y Victoria se separaron por primera vez desde su matrimonio a principios de 1844, cuando el príncipe regresó a Coburgo a causa de la muerte de su padre.
 
Para 1844, Alberto había logrado modernizar las finanzas reales y, gracias a diversos ahorros, tenían suficiente capital para comprar Osborne House en la isla de Wight, como residencia privada para su creciente familia. En los siguientes años construyeron una casa al estilo de una villa italiana según los diseños de Alberto y Thomas Cubitt. Alberto hizo un estudio del terreno y mejoró la finca y la granja. Alberto administró y mejoró otras propiedades reales, su granja modelo en Windsor fue admirada por sus biógrafos, y bajo su custodia los ingresos del ducado de Cornualles —la propiedad hereditaria del príncipe de Gales—, crecieron constantemente.

A diferencia de muchos terratenientes que aprobaban el trabajo infantil y se oponían a la derogación de Peel de las Corn Laws, Alberto apoyó los movimientos para elevar la edad requerida para trabajar y el libre comercio. En 1846, Alberto recibió reproches de lord George Bentinck cuando asistió al debate de las Corn Laws en la Cámara de los Comunes para manifestar su apoyo tácito a Peel.

 Durante el mandato de Peel, la autoridad de Alberto detrás o al lado del trono se volvió más evidente. Tenía acceso a todos los documentos de la reina cuando redactaba su correspondencia y estaba presente cuando Victoria se entrevistaba con sus ministros o los recibía a solas en su ausencia. El secretario del Consejo Privado, Charles Greville, escribió de Alberto: «Él es el rey para todos los fines y propósitos».

Reformador e innovador

En 1847, Alberto fue elegido a rector de la Universidad de Cambridge después de competir con el conde de Powis, quien al año siguiente fue asesinado accidentalmente por su propio hijo durante una sesión de tiro al faisán. Alberto utilizó su posición como rector para llevar adelante con éxito una campaña para reformar y modernizar los planes de estudio de la universidad, ampliando la cantidad de asignaturas que se impartían más allá de las matemáticas tradicionales y los clásicos, para incluir la historia moderna y las ciencias naturales.

Ese verano, Victoria y Alberto pasaron unas lluviosas vacaciones en el oeste de Escocia en el lago Laggan; pero su médico, sir James Clark, les dijo que su hijo habría podido disfrutar de días secos y soleados más hacia el este, en el castillo de Balmoral. El inquilino de Balmoral, sir Robert Gordon, murió repentinamente a principios de octubre y Alberto inició negociaciones para tramitar un contrato de arrendamiento con el propietario, el conde de Fife. En mayo del año siguiente, Alberto arrendó Balmoral, que nunca antes había visitado, y en septiembre de 1848, viajó para allá con su esposa y sus hijos mayores por primera vez, para disfrutar de la privacidad que el lugar ofrecía.

Como resultado de una crisis económica generalizada, las revoluciones se extendieron por toda Europa en 1848. Durante todo el año, Victoria y Alberto se quejaron de la política exterior intervencionista seguida por lord Palmerston como secretario de Relaciones Exteriores, que creían que más adelante desestabilizaría a otras potencias extranjeras. Alberto estaba preocupado por muchos de sus parientes reales, varios de los cuales fueron depuestos. Junto a Victoria, quien ese año dio a luz a su hija Luisa, pasó algún tiempo lejos de Londres en la relativa seguridad de Osborne.

Aunque hubo manifestaciones esporádicas en Inglaterra, no se llevó a cabo ninguna acción revolucionaria efectiva y Alberto consiguió la aclamación pública cuando expresó sus puntos de vista paternalistas, aunque bien intencionados y filantrópicos. En un discurso ante la Society for the Improvement of the Condition of the Labouring Classes (Sociedad para la mejora de la condición de las clases trabajadoras), de la cual era presidente, expresó su «simpatía e interés por ese grupo de nuestra comunidad, que tienen la mayor parte del trabajo duro y la menor cantidad de satisfacciones en este mundo». Era el «deber de quienes bajo las bendiciones de la Divina Providencia, disfrutaban de posición, riqueza y la educación», ayudar a aquellos menos afortunados.
 
Como hombre de ideas progresistas y relativamente liberales, Alberto no solo impulsó reformas en la educación universitaria, el bienestar, las finanzas reales y la esclavitud, también tenía un interés especial en la aplicación de la ciencia y el arte en la industria manufacturera. La Gran Exposición de 1851 fue concebida a raíz de las exhibiciones anuales que organizaba la Royal Society of Arts, de la que Alberto fue presidente desde 1843, y la mayor parte de su éxito se debió a sus esfuerzos por promoverla. Alberto sirvió como presidente de la Royal Commission for the Exhibition of 1851 (Comisión real para la exposición de 1851) y tuvo que luchar por cada etapa del proyecto. En la Cámara de los Lores, lord Brougham explotó contra la propuesta de hacer una exposición en Hyde Park. Los opositores profetizaban que pillos y revolucionarios extranjeros invadirían Inglaterra para socavar la moral de la gente y destruir su fe; Alberto pensaba que tales pretextos eran absurdos y silenciosamente perseveró, porque confiaba en que la industria manufacturera británica se beneficiaría de la exposición de los mejores productos de países extranjeros.

La reina inauguró la exposición en un edificio de vidrio especialmente diseñado y construido para el evento, conocido como The Crystal Palace, el 1 de mayo de 1851. Resultó un éxito colosal. Dejó un superávit de 180 000 libras, que se utilizó para adquirir tierras en South Kensington, para establecer instituciones educativas y culturales, incluyendo lo que más tarde sería nombrado Museo de Victoria y Alberto. Los escépticos denominaron a está zona «Albertopolis».

Familia y vida pública (1852-1859)

En 1852, el oportuno legado de un excéntrico avaro, John Camden Neild, hizo posible que Alberto pudiera comprar Balmoral como propiedad privada y como de costumbre se embarcó en un amplio programa de mejoras. El mismo año se le asignaron varios de los puestos que quedaron vacantes por la muerte del duque de Wellington, incluyendo el control de Trinity House y el de coronel a cargo de la Guardia de Granaderos. Con Wellington fuera del cuadro, Albert hizo campaña para modernizar el ejército, algo que se había postergado por largo tiempo. Como pensaba que el ejército no estaba listo para la guerra y que era preferible un régimen cristiano que uno islámico, Alberto propuso una solución diplomática al conflicto entre los imperios ruso y otomano. Palmerston fue más belicoso y estaba a favor de una política que evitara una mayor expansión rusa.

 Palmerston maniobró fuera del gabinete en diciembre de 1853, pero casi al mismo tiempo una flota rusa atacó a la flota otomana anclada en Sinope. La prensa londinense describió el ataque como una masacre criminal, lo que motivó que la popularidad de Palmerston se incrementara y la de Alberto se desplomara. En las siguientes dos semanas, Palmerston fue designado ministro nuevamente. Mientras continuaba la indignación pública por la acción rusa, circularon rumores falsos de que Alberto había sido detenido por traición y que estaba prisionero en la torre de Londres. Para marzo de 1854, el Reino Unido y Rusia estaban envueltos en la Guerra de Crimea. Alberto ideó un plan para ganar la guerra sitiando a Sevastopol mientras Rusia se debilitaba económicamente, el cual se convirtió en la estrategia aliada después de que el zar decidió pelear una guerra puramente defensiva.

 El optimismo británico inicial se desvaneció rápidamente cuando la prensa informó que las tropas de casa estaban mal equipadas y mal manejadas por envejecidos generales que utilizaban estrategias y tácticas obsoletas. El conflicto evidenció que los rusos estaban tan mal preparadas como sus oponentes. Lord Aberdeen, el primer ministro, dimitió y Palmerston le sucedió. Por medio de negociaciones, el Tratado de París puso fin a la guerra en 1856. Durante la guerra, Alberto arregló el matrimonio de Victoria, su hija de 14 años, con el príncipe Federico Guillermo de Prusia, aunque retrasó la boda hasta que la princesa tuviera 17 años. Alberto esperaba que su hija y su yerno serían una influencia que liberara la expansión del estado prusiano.
 
Alberto se involucró en la promoción de muchas instituciones educativas públicas; en todas las reuniones relacionadas con este tema expresó la necesidad de una mejor educación. Una recopilación de sus discursos se publicó en 1857. Reconocido como defensor de la educación y el progreso tecnológico, fue invitado a hablar en reuniones científicas, como el memorable discurso que pronunció como presidente de la British Association for the Advancement of Science (Asociación Británica para el Avance de la Ciencia) cuando se reunieron en Aberdeen en 1859. Su solidaridad con la ciencia generó la oposición de la iglesia. Su propuesta de nombrar caballero a Charles Darwin, después de la publicación de El origen de las especies, fue rechazada.

Alberto siguió dedicándose a la educación de su familia y al manejo del palacio. La institutriz de sus hijos, lady Lyttelton, lo consideraba inusualmente amable y paciente y describió como se unía con entusiasmo a los juegos infantiles. Sintió profundamente la partida de su hija mayor hacia Prusia cuando se casó con su prometido a principios de 1858 y estaba decepcionado de que su hijo mayor, el príncipe de Gales, no respondiera bien al intenso programa educativo que había diseñado para él.

A la edad de siete años, se esperaba que el príncipe de Gales tomara seis horas de instrucción todos los días, incluyendo una hora de alemán y una hora de francés. Cuando el príncipe de Gales fallaba en sus lecciones, Alberto le azotaba. El castigo corporal era común en aquel tiempo y no se consideraba excesivamente duro. El biógrafo de Alberto, Roger Fulford, escribió que las relaciones entre los miembros de la familia eran «amigables, cariñosas y normales no hay ninguna evidencia en los archivos reales o en los escritos de autoridades en la materia para justificar la creencia de que las relaciones entre el príncipe y su hijo mayor eran otras que profundamente afectuosas». Philip Magnus escribió en su biografía de Eduardo VII, que Alberto «intentó tratar a sus hijos como iguales; y fueron capaces de penetrar su rigidez y su reserva porque se dieron cuenta instintivamente que no solo los amaba, sino que disfrutaba y necesitaba su compañía».

Enfermedad y muerte

En agosto de 1859, Alberto estaba gravemente enfermo con calambres en el estómago. Durante un viaje a Coburgo en el otoño de 1860, iba conduciendo un carruaje tirado por cuatro caballos que repentinamente se desbocaron. Mientras los caballos continuaban galopando hacia una vehículo inmóvil que esperaba en un cruce ferroviario, Alberto saltó del carruaje para salvar su vida. Uno de los caballos murió en la colisión y Alberto resultó fuertemente afectado, aunque sus heridas físicas consistieron solamente en cortadas y moretones. Les dijo a su hermano y a su hija mayor que sintió que había llegado su hora.

En marzo de 1861, murió la duquesa de Kent, madre de Victoria y tía de Alberto, y la reina estaba desconsolada; Alberto se hizo cargo de la mayoría de las responsabilidades de la reina, a pesar de estar enfermo con problemas crónicos de estómago. El último evento público que presidió fue la inauguración de los Royal Horticultural Gardens el 5 de junio de 1861. En agosto, Victoria y Alberto visitaron Curraugh Camp en Irlanda, donde el príncipe de Gales estaba haciendo el servicio militar. En el campamento, los compañeros del príncipe le habían presentado a Nellie Clifden, una actriz irlandesa.

Para noviembre, Victoria y Alberto habían regresado a Windsor y el príncipe de Gales había regresado a Cambridge, donde realizaba sus estudios. Dos de los primos de Alberto, el rey Pedro V y el príncipe Fernando de Portugal, murieron de fiebre tifoidea. Para colmo de males, Alberto fue informado de que en los clubes de caballeros y la prensa extranjera se extendía el rumor de que el príncipe de Gales estaba involucrado aún con Nellie Clifden. Alberto y Victoria estaban horrorizados por la indiscreción de su hijo y temían que todo terminara en chantaje, escándalo o embarazo.

Aunque Alberto estaba enfermo y debilitado, se trasladó a Cambridge el 25 de noviembre, para ver al príncipe de Gales y discutir sobre la indiscreta aventura de su hijo. En sus últimas semanas, Alberto sufrió de dolores de espalda y piernas.

Cuando el Affaire del Trent —la sustracción forzada de dos diplomáticos confederados de un barco británico por parte de las fuerzas de la unión durante la Guerra de Secesión— amenazó con hacer estallar la guerra entre Estados Unidos y el Reino Unido, Alberto estaba gravemente enfermo, pero intervino para suavizar la respuesta diplomática británica. El 9 de diciembre, William Jenner, uno de los médicos de Alberto, le diagnosticó fiebre tifoidea. Alberto murió a las 22:50 del 14 de diciembre de 1861 en el Blue Room del castillo de Windsor, en presencia de la reina y cinco de sus nueve hijos. El diagnóstico contemporáneo fue la fiebre tifoidea, pero los escritores modernos han señalado que Alberto estuvo enfermo durante al menos dos años antes de su muerte, lo cual podría indicar que una enfermedad crónica, como la enfermedad de Crohn, la insuficiencia renal o el cáncer abdominal, fue la auténtica causa de la muerte.

Legado

El dolor de la reina fue abrumador y los tibios sentimientos que el pueblo experimentó con anterioridad por Alberto fueron reemplazados por compasión. Victoria vistió de negro como señal de luto por el resto de su larga vida y las habitaciones de Alberto en todas sus casas se mantuvieron como hasta ese día, incluso llevaban agua caliente por las mañanas y la ropa de cama y las toallas se cambiaban a diario. Tales prácticas no eran extrañas en las casas de los muy ricos. Victoria se retiró de la vida pública y su reclusión erosionó algunos de los intentos de Alberto por remodelar la monarquía como una institución nacional que establecía un ejemplo moral, no político. Se le acredita a Alberto la introducción del principio de que la familia real británica debía de permanecer por encima de la política. Antes de su matrimonio, Victoria apoyaba a los whigs; por ejemplo, a principios de su reinado Victoria frustró la formación de un gobierno conservador por sir Robert Peel al negarse a aceptar las substituciones que este le sugirió hacer entre sus damas de compañía.

Alberto fue sepultado temporalmente en la capilla de san Jorge en el castillo de Windsor, hasta que un año después de su muerte sus restos fueron depositados en el Mausoleo Real de Frogmore, que permaneció incompleto hasta 1871. El sepulcro en el que finalmente fueron colocados Alberto y Victoria, fue tallado en el mayor bloque de granito que se haya extraído en el Reino Unido. A pesar de la petición de Alberto de que no se crearan efigies suyas, se erigieron muchos monumentos públicos en su honor en todo el país y a través del Imperio británico. Los más destacados son el Royal Albert Hall y el Albert Memorial en Londres. La plétora de memoriales erigidos en honor de Alberto llegó a ser tan grande que Charles Dickens le dijo a un amigo que buscaba una «cueva inaccesible» para escapar de ellos.

Toda clase de objetos y lugares fueron nombrados como el príncipe Alberto, desde el lago Alberto en África hasta la ciudad de Prince Albert en Saskatchewan o la Albert Medal, otorgada por la Royal Society of Arts. Cuatro regimientos del ejército británico tomaron su nombre: la 11th Hussars del príncipe Alberto, la de Infantería ligera del príncipe Alberto, el Regimiento de Voluntarios de Caballería de Leicestershire del príncipe Alberto y la Brigada de Rifleros del Príncipe Consorte. Alberto y Victoria demostraron gran interés en el establecimiento y desarrollo de Aldershot en Hampshire como ciudad de guarnición en la década de 1850. Tenían allí un pabellón real de madera en el cual frecuentemente se quedaban cuando asistían a revisiones del ejército. Alberto estableció y dotó la biblioteca Prince Consort's Library en Aldershot.

Las biografías que se publicaron después de su muerte eran típicamente elogiosas. El Magnum opus de Theodore Martin de cinco volúmenes fue autorizado y supervisado por la reina Victoria y su influencia se nota en sus páginas. Sin embargo, es un registro preciso y exhaustivo. Queen Victoria (1921) de Lytton Strachey fue más crítica, pero fue desacreditada en parte por biógrafos de mediados del siglo XX como Héctor Bolitho y Roger Fulford, quienes, a diferencia de Strachey, tuvieron acceso a los diarios y las cartas de Victoria. Los mitos populares sobre el príncipe Alberto —tales como la afirmación de que introdujo los árboles de Navidad en el Reino Unido— son descartados por los académicos. Biógrafos recientes, como Stanley Weintraub, retratan a Alberto como el personaje de un romance trágico, que murió demasiado pronto y al que su amada le guardó luto durante toda la vida. En la película The Young Victoria de 2009, Alberto, representado por Rupert Friend, se convierte en un personaje heroico en la representación novelesca del atentado de 1840, donde recibe el impacto de una bala —algo que no sucedió en la vida real.

Títulos, tratamientos, honores y armas

Títulos y tratamientos

  • 26 de agosto de 1819 – 12 de noviembre de 1826: Su Alteza Serenísima el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Saalfeld, duque de Sajonia.
  • 12 de noviembre de 1826 – 6 de febrero de 1840: Su Alteza Serenísima el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, duque de Sajonia.
  • 6 de febrero de 1840 – 25 de junio de 1857: Su Alteza Real el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, duque de Sajonia.
  • 25 de junio de 1857 – 14 de diciembre de 1861: Su Alteza Real el príncipe consorte.

Honores

Imperio británico
  • KG: Caballero de la Orden de la Jarretera, 16 de diciembre de 1839.
  • KT: Caballero de la Orden del Cardo.
  • KP: Caballero de la Orden de San Patricio.
  • GMB: Gran maestre de la Orden del Baño.
  • KSI: Compañero de la Orden de la Estrella de la India.
  • GCMG: Caballero gran cruz de la Orden de San Miguel y San Jorge.
Extranjeros
  • Reino de Hannover
    Caballero gran cruz de la Orden Real Güélfica.
  • Flag of Spain (1785-1873 and 1875-1931).svg
    Caballero de la Orden del Toisón de Oro.











Victoria del Reino Unido (1840-1901)


Victoria del Reino Unido (Londres, 21 de noviembre de 1840 - Potsdam, 5 de agosto de 1901) fue una princesa real del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, hija mayor de Victoria del Reino Unido y Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. También fue reina de Prusia y emperatriz consorte de Alemania durante los 99 días de reinado de su marido, Federico III de Alemania.

Heredera de las ideas liberales de su padre, fue el principal apoyo del entonces príncipe heredero Federico, con quien se había casado a los 16 años, en su deseo de establecer una monarquía constitucional en Prusia y Alemania. Criticada por su conducta y por su origen inglés, Vicky (como la llamaba su familia) fue relegada al ostracismo tanto por los Hohenzollern como por la corte de Berlín. Su aislamiento aumentó aún más con la llegada de Otto von Bismarck al poder en 1862. Vicky y su marido no tuvieron ocasión de influir en la política alemana en las pocas semanas que duró el reinado de este en 1888, ya que padecía un cáncer de laringe en estado terminal. Federico no tuvo tiempo ni fuerzas para implantar las reformas con las que había soñado cuando era príncipe heredero.
Con la muerte de su marido, la emperatriz viuda fue definitivamente alejada del poder por su hijo, el káiser Guillermo II. Primero se instaló en Kronberg im Taunus y posteriormente pasó a vivir en Schloss Friedrichshof, un palacio construido en homenaje a su marido. Cada vez más sola tras las bodas de sus hijas más pequeñas, Victoria murió de cáncer de mama en 1901, poco después de la muerte de su madre.
                
La correspondencia entre Vicky y su madre aún puede consultarse. Cerca de 4000 cartas enviadas a la reina Victoria y 3777 recibidas de ella están preservadas y catalogadas y dan una visión detallada sobre la forma de vivir de la corte prusiana entre 1858 y 1900.

Nacida en 1840, Victoria (a la que sus padres llamaban Vicky o Pussy) fue el primer hijo de la reina Victoria del Reino Unido y su marido, el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Se le confirió el título de princesa real el 19 de enero de 1841 y se convirtió en la heredera presunta hasta el nacimiento de su hermano, el futuro Eduardo VII, el 9 de noviembre de ese mismo año. Fue bautizada en el Salón del Trono del palacio de Buckingham el 10 de febrero de 1841 por William Howley, arzobispo de Canterbury, siendo sus padrinos su abuelo paterno, el duque Ernesto I de Sajonia-Coburgo-Gotha; su abuela materna, la duquesa de Kent; su tío abuelo materno y paterno a la vez, el rey Leopoldo I de Bélgica; sus tíos abuelos maternos, el duque de Sussex y la duquesa de Gloucester (ambos hijos del rey Jorge III), y su tía abuela política materna, la reina viuda del Reino Unido, Adelaida de Sajonia-Meiningen. La pareja real quería darle a sus hijos la educación más completa posible, pues la reina, que sucedió a su tío con 18 años, declaró que no había sido lo suficientemente preparada para reinar. Por su parte, el príncipe Alberto, originario del pequeño ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha, recibió de su tío, el rey Leopoldo I de Bélgica, una educación mucho más cuidada.
 
Poco después del nacimiento de Vicky, el príncipe Alberto escribió un memorando detallado sobre las tareas y deberes de todas las personas involucradas en la educación de los infantes. Un año y medio después, otro documento de 48 páginas, escrito por el barón von Stockmar, íntimo de la pareja real, detallaba los principios educacionales para los pequeños príncipes. Sin embargo, la ignorancia de Victoria y Alberto sobre el desarrollo de un niño era considerable hasta el punto de que la reina creía que el hecho de que la pequeña Vicky chupara las pulseras era un síntoma de mala educación. Según Hanna Pakula, biógrafa de la futura emperatriz de Alemania, las dos primeras preceptoras de la princesa fueron escogidas con bastante criterio. Especialista en lidiar con niños, lady Littleton empezó a dirigir el nido por donde pasaban todos los hijos del matrimonio real a partir del segundo año de la princesa. Diplomática, la joven consiguió hacer agradables las exigencias, a veces descabelladas, de los padres para con los príncipes. Sarah Anne Hildyardm, segunda preceptora de Vicky, fue una profesora dedicada y competente, que desarrolló una estrecha relación con su pupila.

Con solo un año y medio de vida, la princesa recibía clases de francés y antes de los cuatro empezó a hablar alemán. A partir de los seis años, Vicky tenía clases desde las 8:20 hasta las 18:00, con tres horas de descanso, y su currículo incluía clases de geografía, aritmética e historia. Al contrario que su hermano, cuyo plan de estudios era aún más riguroso, ella se convirtió en una alumna excelente, siempre ansiosa por aprender. A pesar de esto, también fue descrita como una persona temerosa y traviesa.

La reina Victoria intentó alejar todo lo que pudo a sus hijos de la vida en la corte. Por ello, la pareja real adquirió el castillo de Osborne, en la isla de Wight, que fue remodelado al estilo de una villa napolitana, según el proyecto diseñado por el propio príncipe consorte. Cerca del edificio principal, Alberto mandó construir un chalé de inspiración suiza con una pequeña cocina y un taller de carpintería. En este sitio los niños aprendieron a cocinar y a realizar trabajos manuales. Alberto desempeñó un papel importante y directo en la educación de sus hijos, pues seguía de cerca su progreso, les daba lecciones y pasaba mucho tiempo jugando con ellos.

Primer encuentro con los Hohenzollern

El príncipe heredero Guillermo de Prusia y su esposa, la princesa Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach, estaban entre los miembros de las casas reales que tenían a la reina Victoria y al príncipe Alberto como amigos y aliados. La soberana británica mantenía correspondencia regular con su prima liberal desde 1846, no obstante, los lazos entre las dos parejas se fortalecieron en 1848, cuando la revolución de Marzo llegó a Berlín obligando a Guillermo y a Augusta a refugiarse durante tres meses en la corte británica.

En 1851, Guillermo volvió a Londres con su esposa y sus dos hijos (Federico y Luisa) para visitar la Gran Exposición. Fue la primera vez que Vicky vio a su futuro marido y, a pesar de la diferencia de edad (ella tenía 11 años y él 19), se cayeron muy bien. La joven princesa fue la encargada de ser la guía de Federico durante la exposición. Como el inglés del príncipe no era muy bueno, Victoria se comunicaba con él con un alemán bastante fluido. Años más tarde, Federico aún recordaba lo que le impresionó esa mezcla de carácter infantil, curiosidad intelectual y dignidad natural que la princesa había demostrado durante su visita.
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Victoria no fue la única que impresionó positivamente a Federico en las cuatro semanas que él estuvo en Inglaterra. El joven prusiano encontró en el príncipe Alberto un interlocutor con quien compartió y fortaleció sus ideas liberales. Las relaciones entre los miembros de la familia real británica (especialmente entre la reina, el príncipe consorte y sus hijos) y la vida en la corte londinense, menos rígida y conservadora que la berlinesa, fascinaron a Federico.

Tras su vuelta a Alemania, Federico inició un intercambio de correspondencias con Vicky. Sin embargo, detrás de esa amistad floreciente, estaba el deseo de la reina de Gran Bretaña y su marido de forjar lazos más estrechos con Prusia. En una carta enviada a su tío, Leopoldo de Bélgica, además de cuestiones sobre la soberanía británica, la reina Victoria expresó sus esperanzas en el estrechamiento de vínculos entre los dos jóvenes.

Compromiso con Federico de Prusia

Como Vicky, Federico recibió una educación bastante completa con profesores importantes como el escritor Ernst Moritz Arndt y el historiador Christoph Friedrich Dahlmann. Siguiendo la tradición de los Hohenzollern, recibió asimismo una rigurosa formación militar.

En 1855, Federico realizó un nuevo viaje a Gran Bretaña y visitó a Vicky y a su familia en el castillo de Balmoral en Escocia. El propósito de este nuevo viaje era evaluar a la princesa como posible pretendienta. En Berlín, mientras, esta visita no se veía con agrado porque en la corte prusiana muchos preferían ver al heredero al trono casado con una gran duquesa rusa. El rey Federico Guillermo IV de Prusia también se mostró reticente a permitir el matrimonio de su sobrino con una princesa británica y llegó incluso a mantenerlo en secreto delante de su esposa, cuya anglofobia era notoria.

Cuando recibió la visita de Federico, Victoria apenas tenía quince años. La reina Victoria temía que el heredero al trono prusiano no encontrase a su hija atractiva pues, además de medir solo 1,50 m, estaba muy alejada del ideal de belleza de aquella época. Sin embargo, desde la primera cena con el príncipe, quedó claro para la soberana y su marido que la simpatía mutua de la joven pareja era la misma que en 1851. De hecho, tras solo tres días con la familia real, Federico pidió la mano de Vicky. A pesar de estar satisfecho con la pedida, Victoria y Alberto declararon que no consentirían el matrimonio hasta que su hija tuviera 17 años.

Con el apoyo de Federico a la condición impuesta por la reina Victoria, el compromiso se anunció públicamente el 17 de mayo de 1856. El proyecto, sin embargo, fue criticado por la opinión pública británica, que no aceptaba la neutralidad prusiana durante la guerra de Crimea. En un artículo incendiario, The Times describió a los Hohenzollern como una «dinastía miserable», cuya permanencia en el trono dependía únicamente de Rusia y con una política exterior incoherente y de poca confianza. El periódico también criticó la falta de garantías políticas dadas a la población por el rey Federico Guillermo IV durante la revolución de marzo. En Alemania, la reacción al anuncio del compromiso no fue unánime, pues contaba con la oposición de los Hohenzollern y los conservadores, aunque la unión con la corona británica era bienvenida en los círculos liberales.

Preparación para el papel de princesa prusiana

El príncipe Alberto formaba parte de los «Liberales de Vormärz> y siempre apoyó el «Plan Coburgo», que defendía la idea de una Prusia liberal como ejemplo para otros estados alemanes para intentar alcanzar la unidad en torno a los principados germánicos. Durante la estancia voluntaria del príncipe Guillermo en Londres en 1848, el príncipe consorte ya había intentado convencer a su primo Hohenzollern de la necesidad de transformar Prusia en una monarquía constitucional al estilo británico. Mientras, el futuro emperador alemán no escuchó los argumentos de Alberto y mantuvo sus ideas ultraconservadoras.

Deseando convertir a su hija en un instrumento de liberalización de Alemania, Alberto aprovechó los dos años de compromiso entre Victoria y Federico para dar a la princesa real la formación más amplia posible. Él mismo le enseñó historia y escribió a la hija numerosos ensayos sobre los acontecimientos de Prusia. Sin embargo, el príncipe consorte sobrestimaba la capacidad del movimiento liberal para llevar a cabo una reforma en Alemania en un momento en que solo una pequeña parcela de la clase media y algunos círculos intelectuales compartían sus ideales en la Confederación Germánica. Era un papel particularmente difícil el que el príncipe Alberto confiaba a su hija, especialmente en una corte tan crítica como la de los Hohenzollern.

Asuntos domésticos y matrimonio

Para pagar la dote de la princesa real, el parlamento británico le concedió una suma de 40 000 libras, así como otras 8000 anualmente. Mientras tanto, en Berlín, el rey Federico Guillermo IV le concedió a su sobrino una suma anual de solo 9000 táleros. La renta del heredero al trono de Prusia era insuficiente para mantener su posición y la de su prometida. Consta que, a lo largo de su matrimonio, Victoria costeó con su propio dinero gran parte de los gastos de la pareja.

El séquito berlinés de la pareja real fue escogido por la reina Isabel Luisa de Baviera y por la madre de Federico, la princesa Augusta. Sin embargo, las dos llamaron para el servicio de la pareja a personas que les habían servido muchos años en la corte y, por lo tanto, eran mucho mayores que Vicky y Federico. Por ello, el príncipe Alberto solicitó permiso a los Hohenzollern para enviar a Alemania al menos dos damas de compañía británicas con edades similares a las de su hija, pero su pedido no fue atendido. Como compensación, Vicky recibió dos damas de compañía de origen alemán: las condesas Walburga von Hohental y Marie zu Lynar. Alberto, sin embargo, consiguió imponer a Ernest von Stockmar, hijo de su amigo, el conde Christian Friedrich von Stockmar, como secretario particular de su hija.

Convencido de que la unión de una princesa británica con el heredero al trono de Prusia sería considerado un honor por los Hohenzollern, Alberto insistió en que su hija pudiera mantener el título de princesa real después del matrimonio. Sin embargo, en la antibritánica y prorrusa corte de Berlín, la decisión del príncipe no hizo más que aumentar la antipatía contra Victoria.

No obstante, el lugar de la boda fue uno de los asuntos que levantó las mayores críticas y polémicas. Para los Hohenzollern, era natural que la boda del heredero al trono de Prusia se realizara en Berlín. Sin embargo, la reina Victoria insistió en casar a su hija mayor en su país, como finalmente sucedió. La unión entre Victoria y Federico se celebró el 25 de enero de 1858 en la capilla real del palacio de St. James en Londres.

Princesa de Prusia

Blanco de críticas

Con la mudanza de Victoria a Berlín, se inició un intercambio significativo de correspondencias entre la princesa y sus padres. Cada semana, la joven enviaba una carta a su padre en la que le comentaba los acontecimientos políticos en Alemania. La mayoría de esas cartas se conservan hoy día y son una fuente valiosa de información sobre la corte prusiana. Esas cartas demuestran asimismo el deseo de la reina Victoria de controlar cada movimiento de la hija. La soberana exigía que Victoria se comportara como una princesa británica, aunque estuviera en Alemania. Sin embargo, ese comportamiento provocó a la princesa gran incomodidad en actos significativos. Un ejemplo era el protocolo a seguir debido a la muerte de algún pariente distante de ambas familias reales: en Londres, se guardaba un periodo de luto de un mes, mientras que en Prusia era de apenas una semana. En estos casos, Victoria estaba obligada a respetar el protocolo de la casa de Hohenzollern, postura que su madre criticó pues esta entendía que, como princesa real e hija de la reina del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda, debía respetar el protocolo inglés.

Preocupado por las consecuencias que las continuas críticas maternas podían causar al equilibrio mental de Vicky, el barón von Stockmar solicitó al príncipe Alberto que obligara a la reina a moderar sus exigencias. Por otra parte, el barón no consiguió impedir ni reducir los ataques que su protegida sufría en los círculos rusófilos y anglófobos de la corte de Berlín. La joven eran también blanco frecuente de comentarios agresivos y mordaces por parte de la familia de sus suegros.

Funciones oficiales

Con solo 17 años, Victoria tuvo que realizar diversas y tediosas tareas oficiales. Casi todas las noches tenía que comparecer en cenas formales, representaciones teatrales o recepciones públicas. Si parientes extranjeros de los Hohenzollern visitaban Berlín o Potsdam, sus deberes protocolares eran aún mayores: muchas veces, Victoria tenía que estar a las 7:00 en la estación de trenes para recibir a los invitados de la familia real y a veces tenía que comparecer en fiestas oficiales tras la medianoche.

Tras la boda, Federico Guillermo IV dispuso una antigua ala del Palacio Real de Berlín para residencia de la pareja. Sin embargo, el edificio se encontraba en un pésimo estado de conservación y no tenía ni siquiera una bañera. En noviembre de 1858, Victoria y Federico se mudaron al Kronprinzenpalais y recibieron el Nuevo Palacio de Potsdam como residencia de verano.

El primer parto

Un año después de la boda, el 27 de enero de 1859, Victoria dio a luz a su primer hijo, el futuro káiser Guillermo II de Alemania. El parto fue bastante complicado pues la criada responsable de alertar a los médicos sobre el inicio de las contracciones tardó en dar el aviso. Además, los ginecólogos dudaron en examinar a la princesa, que solo llevaba un camisón de franela. El bebé se encontraba en posición pélvica y la tardanza en el parto podía causar la muerte tanto de la princesa como de su hijo.

Finalmente, los médicos consiguieron salvar a la madre y al hijo, pero el niño sufrió una lesión en los nervios del plexo braquial, lo que le provocó una parálisis en el brazo izquierdo. Con el paso del tiempo, el miembro se desarrolló de forma anormal y, en la edad adulta, el brazo izquierdo del príncipe era 15 cm más corto que el derecho. También se especula que el parto laborioso provocó un cuadro de sufrimiento fetal, que privó al futuro emperador de oxígeno durante algunos minutos y le habría acarreado otras secuelas neurológicas.

Los médicos intentaron tranquilizar a Victoria y a Federico afirmándoles que el bebé se recuperaría totalmente de sus lesiones. Aun así, la pareja optó por no informar a la corte británica sobre la enfermedad de Guillermo. Sin embargo, con el paso de las semanas quedó claro que el brazo del niño no se recuperaría y, tras cuatro meses de dudas, Vicky decidió dar la triste noticia a sus padres. Por suerte para la princesa, el nacimiento de su segundo bebé, la princesa Carlota el 24 de julio de 1860, fue tranquilo y sin incidentes.

Princesa heredera de Prusia

Una situación delicada

Con la muerte de Federico Guillermo IV el 2 de enero de 1861, su hermano, que ya actuaba como regente desde 1858, ascendió al trono como Guillermo I. Federico fue oficializado como príncipe heredero pero su situación en la corte no cambió mucho: su padre se negó a aumentar su sueldo y Victoria siguió contribuyendo significativamente al presupuesto familiar con su dote y sus prerrogativas. En una carta al barón von Stockmar, el príncipe Alberto le comentó la situación:
Para mí es obvio que cierta persona se opone a la independencia financiera de la princesa... [Ella] no solo no ha recibido un centavo de Prusia, lo que ya es calamitoso, sino que además ha tenido que usar su dote, lo cual no debería ser necesario. Si le niegan el dinero al pobre príncipe heredero por tener una «mujer rica», lo que van a conseguir es empobrecerla.
Además de las limitaciones financieras, a Federico y a Victoria se le acumularon más problemas. Como heredero al trono, no podía realizar viajes allende las fronteras sin el permiso del rey. Corría el rumor de que tal medida quería limitar los viajes de Victoria al Reino Unido. Tras su llegada al trono, Guillermo I recibió una gran carta del príncipe Alberto en la que este le pedía implícitamente que la constitución prusiana sirviera como ejemplo para otros estados alemanes. Sin embargo, esta carta aumentó el resentimiento del soberano por el príncipe consorte británico y por Federico y Victoria, que compartían las mismas ideas liberales.

Pérdida del padre y crisis política


El luto de las princesas británicas. En esta foto, datada de 1862,
se encuentran las cinco hijas de Alberto y Victoria (Vicky, Alicia, Beatriz, Elena y Luisa)
en torno al busto del padre.
El 14 de diciembre de 1861, con solo 42 años, el príncipe Alberto murió de fiebre tifoidea. Con una relación muy estrecha con el padre, Vicky quedó devastada con la noticia y fue con su marido al Reino Unido para asistir al funeral. Tras el acto, se produjo la primera gran crisis del reinado de Guillermo I y Federico y Vicky, aún de luto, no estaban preparados para enfrentarse a ella. El parlamento prusiano negó al soberano el dinero necesario para su plan de reorganización del ejército. Sin embargo, Guillermo consideraba la reforma como algo primordial y decidió disolver el parlamento el 11 de marzo de 1862. Al hacerlo, el monarca reavivó el conflicto constitucional prusiano. En un duro enfrentamiento entre la corona y la Dieta, el rey llegó a considerar fijar un plazo para dejar el cargo.

Ante esta perspectiva, Vicky intentó convencer a su marido para que aceptara la abdicación del padre. Sin embargo, el príncipe no estaba de acuerdo con su esposa y apoyó al rey para que se mantuviera firme ante la Dieta. Para Federico, la abdicación de un soberano tras un conflicto con el parlamento crearía un precedente peligroso y debilitaría a sus sucesores. El príncipe, por su parte, juzgaba que el apoyo a la renuncia de su padre en su favor sería una grave negligencia en sus deberes como hijo.

Finalmente, Guillermo optó por no abdicar y nombró al conde Otto von Bismarck como primer ministro de Prusia el 22 de septiembre. Líder del Partido Conservador, el político estaba dispuesto a gobernar sin mayoría parlamentaria e incluso sin presupuesto autorizado. El rey quedó satisfecho con la situación, pero su esposa, la liberal reina Augusta, y, especialmente, su hijo y su nuera, criticaron duramente la decisión. Sin embargo, Bismarck permaneció al frente del gobierno prusiano y, posteriormente, del alemán hasta 1890 y contribuyó decisivamente al aislamiento del príncipe heredero y de su esposa.

Aislamiento creciente

Con el estallido del conflicto constitucional prusiano, la oposición entre liberales y conservadores en Berlín alcanzó su punto álgido. Sospechosos de apoyar a los parlamentarios contra Guillermo I, el príncipe heredero y su esposa fueron objeto de durísimas críticas. El viaje que la pareja hizo por el Mediterráneo en octubre de 1862 a bordo del barco de la reina Victoria sirvió de pretexto para que los que los conservadores acusaran a Federico de abandonar a su padre en un momento de gran tensión política. También destacaron el hecho de que el príncipe viajase a bordo de una embarcación extranjera escoltada por un navío de guerra inglés.

Tras el anuncio del compromiso entre el príncipe de Gales con la princesa Alejandra de Dinamarca, hija del futuro Cristián IX y representante de un estado rival de Prusia, la posición de Vicky en la corte de Berlín se vio aún más debilitada. Para la opinión pública alemana, la princesa fue la responsable de incentivar esta unión entre Dinamarca y el Reino Unido.

Federico provocó un incidente al criticar abiertamente la política de su padre y de Bismarck. Durante la visita oficial a Danzig, el heredero al trono rechazó públicamente una orden emitida por el primer ministro el 1 de junio de 1863 que permitía a las autoridades prusianas prohibir la publicación de un periódico cuyo contenido fuera considerado inadecuado. Enfurecido con el discurso del hijo, Guillermo le acusó de desobediencia y lo amenazó con suspenderlo de sus funciones en el ejército e incluso excluirlo de la sucesión al trono. A los círculos conservadores, que exigían un castigo ejemplar, se unieron las voces del príncipe Carlos, hermano menor del rey y del general Edwin von Manteuffel, que creían que Federico debía ser sometido a una corte marcial. Naturalmente, Vicky no fue inmune a estas críticas de los conservadores. De hecho, muchos sospechaban que ella estaba detrás de las palabras del discurso del heredero en Danzig.

Severamente criticada en Alemania, la pareja vio su comportamiento elogiado en Gran Bretaña. The Times escribió: «Es difícil imaginar un papel más desafiante que el del príncipe heredero y el de su esposa, que se encuentran sin un consejero, entre un monarca cobarde, un gabinete impetuoso y una población indignada». El apoyo del periódico británico se convirtió en una nueva fuente de problemas para la pareja. El artículo contenía detalles cotidianos que hacían entrever que la princesa reveló informaciones confidenciales a la prensa. Las autoridades abrieron una investigación contra ella y, debido a la presión de estas, el secretario personal de Vicky, el baron von Stockmar, acabó renunciando a su cargo.

Guerra de los Ducados


Victoria durante la coronación de Guillermo I, en 1865.
En el escenario internacional, el primer ministro Bismarck intentaba conseguir la unidad alemana en torno a Prusia. Sus planes consistían en acabar con la influencia austriaca en la Confederación Germánica e imponer la hegemonía prusiana en Alemania. Fiel a sus objetivos, Bismarck llevó a Prusia a la llamada guerra de los Ducados contra Dinamarca en 1864. Sin embargo, el primer ministro contó con la ayuda de Austria en el conflicto.

A pesar de las relaciones del príncipe de Gales con Copenhague, el gobierno británico se negó a intervenir en la guerra entre la Confederación Germánica y Dinamarca. Aun así, este hecho tuvo cierta importancia en la familia real, que se encontraba profundamente dividida por el conflicto.

 Además, en Berlín, muchos sospechaban que Vicky no se alegraba de los éxitos militares de Prusia contra el país de su cuñada Alejandra.

A pesar de las críticas y de la desconfianza, Vicky apoyaba a las tropas alemanes. A ejemplo de Florence Nightingale, que había contribuido para mejorar los cuidados médicos de los soldados británicos en la guerra de Crimea, la princesa se involucró en socorrer a los soldados heridos. Durante las conmemoraciones del cumpleaños de Guillermo I, Vicky creó, junto con su marido, un fondo social para las familias de soldados muertos o gravemente heridos.

Durante la guerra, Federico se alistó en el ejército prusiano y formó parte de los combates bajo las órdenes del mariscal de campo Friedrich von Wrangel, distinguiéndose por su valor en la batalla de Dybbøl que marcó la derrota danesa frente a la coalición austroprusiana. Satisfecha con la victoria alemana, Vicky esperaba que el éxito militar de su marido pudiera animar al pueblo a entender que ella era la consorte del heredero al trono. En una carta a Federico, se quejó de las críticas constantes y del hecho de ser considerada demasiado inglesa en Prusia y demasiado prusiana en Gran Bretaña.

Con la victoria final sobre Dinamarca y el tratado de Viena del 30 de octubre de 1864, se definió que los ducados de Schleswig, Holstein y Lauenburg serían administrados por un gobierno austroprusiano. Sin embargo, esta nueva división se convirtió en una fuente de conflictos entre Viena y Berlín.

Guerra austro-prusiana

Tras la guerra de los Ducados, Alemania vivió un corto periodo de paz. La Convención de Gastein, firmada por los dos vencedores el 14 de agosto de 1865, colocaba la antigua provincia danesa bajo control austroprusiano y cada país ocupó una parte de los ducados. Sin embargo, diferencias de opinión sobre la administración de las provincias desencadenaron rápidamente un conflicto entre los antiguos aliados. El 9 de junio de 1866, Prusia ocupó Holstein, que estaba administrado por Austria. Por su parte, Viena solicitó a la Dieta de Frankfurt una movilización general de los estados germánicos contra Prusia, lo que sucedió el 14 de junio.

Considerando la decisión ilegal, Berlín proclamó la disolución de la Confederación Germánica e invadió Sajonia, Hanóver y Hesse-Kassel. Durante la batalla de Sadowa, en la que el príncipe Federico tuvo un papel decisivo, Austria sufrió una pesada derrota y terminó capitulando.

Finalmente, con la Paz de Praga, Viena se retiró de la unión alemana. Schleswig-Holstein, Hanóver, Hesse-Kassel, el ducado de Nassau y la ciudad de Fráncfort del Meno fueron anexionados por Prusia.

Poco después de la victoria de Prusia en Sadowa, Bismarck solicitó al parlamento dinero extra para el ejército, lo que levantó una nueva polémica entre los parlamentarios liberales. Federico recibió con satisfacción la creación de la Confederación Alemana del Norte, que unió Prusia y algunos principados germánicos, pues veía que era el primer paso para la unificación alemana. Sin embargo, la Confederación estaba lejos de adoptar las ideas liberales del príncipe. A pesar de haber sido elegido democráticamente, el Reichstag no tenía las mismas competencias ni los mismos poderes que un parlamento. Además, los soberanos locales, que tenían más interés en mantener sus prerrogativas, y la nueva constitución alemana dieron muchos poderes al ahora canciller Otto von Bismarck. Menos entusiasmada que su marido, Vicky veía la Confederación Alemana del Norte como una extensión del sistema político prusiano que ella tanto odiaba. A pesar de todo, mantenía viva la esperanza de que esa situación fuera temporal y pudiera crearse una Alemania unida y liberal.

Vida familiar

Durante la guerra austro-prusiana, Vicky y Federico recibieron un duro golpe. Segismundo, el cuarto hijo de la pareja, murió de meningitis con poco menos de dos años, algunos días antes de la batalla de Sadowa. Este hecho debilitó a la princesa, que no encontró consuelo ni en su madre ni en sus suegros. La reina Augusta exigió a su nuera que, en vez de autocompadecerse, volviera rápidamente a cumplir sus funciones oficiales. La reina Victoria, que estaba aún de luto por la pérdida del príncipe Alberto, no entendía los sentimientos de la hija y consideraba que la pérdida de un hijo era mucho menos grave que la de un marido.

Con la paz restaurada en Alemania, el príncipe heredero era constamente enviado al exterior para representar a la corte de Berlín. En esos viajes, Vicky raramente acompañaba a su marido porque, debido a sus estrecheces económicas, intentaban limitar los gastos al máximo. Por otro lado, la princesa esta también preocupada en dedicar gran parte de su tiempo a los hijos. A pesar de la muerte de Segismundo, la familia real siguió creciendo con la llegada de cuatro nuevos retoños entre 1866 y 1872. mientras que los hijos mayores de la pareja, (Guillermo, Carlota y Enrique) fueron dejados al cuidado de la gobernanta, los más pequeños (Segismundo, Victoria, Waldemar, Sofía y Margarita) fueron criados personalmente por Vicky, lo que supuso un punto de conflicto tanto con su madre como con su suegra.

En Berlín, la posición de Vicky aún era difícil y sus relaciones con la reina Augusta, que también tenía ideas liberales, seguían siendo tensas. Cualquier gesto de la princesa, por inofensivo que fuera, era un pretexto para las peores críticas por parte de la soberana como, por ejemplo, cuando optó por utilizar un carro empujado por dos caballos en vez del tradicional empujado por cuatro. La oposición entre las dos mujeres llegó a tal punto que la reina Victoria se vio obligada a interceder por su hija ante Guillermo I.

Guerra franco-prusiana

El 19 de julio de 1870 estalló la guerra franco-prusiana, que supuso la caída del Segundo Imperio francés. Como en los conflictos anteriores contra Dinamarca y Austria, Federico participó activamente en la lucha contra los franceses. Al frente del 3.er ejército alemán, tuvo un papel decisivo en las batallas de Frœschwiller-Wœrth y de Wissembourg, aunque también destacó en la batalla de Sedán, durante el asedio de París. Celoso por el éxito militar del heredero al trono, Bismarck intentó minar su prestigio. El canciller aprovechó la llegada tardía del 3.er ejército a París para acusar a Federico de proteger Francia por presión de su madre y de su esposa. Durante una cena oficial, Bismarck acusó a la reina y a la princesa de ser ardientemente francófilas, incidente que pronto llegó a los periódicos.

El compromiso de Vicky en favor de los soldados heridos no tuvo ninguna repercusión en la prensa alemana. En Hamburgo la princesa mandó construir un hospital militar, corriendo ella con todos los costes, además de visitar a los heridos de guerra en Wiesbaden, Biberach, Bingen, Bingerbrück, Rüdesheim y Maguncia. Sin embargo, al hacer esto, Vicky fue acusada de realizar tareas normalmente atribuidas a la reina, lo que provocó la ira de sus suegros. Finalmente, Guillermo I le ordenó que parase su «teatro de caridad» y volviera a Berlín para representar a la familia real.

Princesa heredera de Alemania

Proclamación del Imperio alemán

 
El 18 de enero de 1871, en el 170 aniversario de la ascensión de los Hohenzollern a la dignidad real, los príncipes de la Confederación Alemana del Norte y los del sur de Alemania (Baviera, Baden, Wurtemberg y Hesse-Darmstadt) proclamaron a Guillermo I emperador en la sala de los Espejos del palacio de Versalles, uniendo simbólicamente sus estados al nuevo Imperio alemán. Federico se convirtió, pues, en príncipe heredero de Alemania, mientras que Bismarck fue nombrado canciller imperial. Posteriormente, los estados católicos del sur de Alemania, que anteriormente estaban vinculados a Prusia por una unión aduanera, se incorporaron a la Alemania unificada por los tratados de Versalles (26 de febrero de 1871) y Fráncfort (10 de mayo de 1871).

Una princesa ilustrada

A pesar de ser nombrado mariscal de campo en virtud de su desempeño militar en las guerras de las décadas de 1860, Federico no recibió el mando de ninguna tropa tras la guerra franco-prusiana. En realidad, el káiser no confiaba en su propio hijo e intentó alejarlo de los asuntos de estado debido a sus ideas «demasiado inglesas». El príncipe heredero fue nombrado «protector de los museos reales», tarea que, de cierta manera, entusiasmó a su esposa. Siguiendo los consejos de su padre, Vicky había continuado su formación intelectual tras su llegada a Alemania: leía a Goethe, Lessing, Heine y Stuart Mill y frecuentaba los círculos intelectuales con su marido. El escritor Gustav Freytag era amigo íntimo de la pareja real y Gustav zu Putlitz fue nombrado camarero real de Federico durante algún tiempo. A pesar de la indignación de su madre, Vicky también se interesó por la Teoría de la Evolución de Darwin y por las ideas del geólogo británico Lyell. Ansiosa por comprender los principios del socialismo, leyó a Karl Marx y animó al marido a frecuentar el salón de la condesa Marie von Schleinitz, lugar conocido por ser punto de encuentro de los opositores a Bismarck.

Al contrario que muchos de sus contemporáneos, Vicky y Federico rechazaban el antisemitismo. En una carta a su madre, la princesa criticó duramente el ensayo Das Judenthum in der Musik («El judaísmo en la música») de Richard Wagner al considerarlo ridículo e injusto. En cuanto a Federico, este no dudó en aparecer en sinagogas cuando se produjeron manifestaciones de odio contra los judíos en Alemania, especialmente a principios de 1880. Tanto en el Kronprinzenpalais como en el Nuevo Palacio de Potsdam, la pareja real recibió a muchos plebeyos, incluyendo a algunas personalidades judías, lo que inevitablemente provocó la desaprobación del káiser y de la corte. Entre sus invitados estaban los médicos Hermann von Helmholtz, Rudolf Virchow, el filósofo Eduard Zeller y el historiador Hans Delbrück.

Amante del arte, Vicky también apreciaba la pintura y llegó a recibir clases de Anton von Werner y Heinrich von Angeli. También apoyaba la educación y fue miembro de la asociación fundada por Wilhelm Adolf Lette en 1866, cuyo objetivo era mejorar la formación femenina. Desde 1877, Vicky fundó escuelas para niñas («Victoriaschule für Mädchen») dirigidas por profesores británicos, además de escuelas de enfermería («Victoriahaus zur Krankenpflege») basadas en el modelo inglés.

Madre de una gran familia

Desde su nacimiento, el hijo mayor de Vicky pasó por diversos tratamientos para curar su brazo atrofiado. Métodos extraños, como los llamados «baños animales» en los que se sumergía el brazo en vísceras de conejos aún calientes, era realizados con cierta regularidad. Asimismo, Guillermo también fue sometido a sesiones de electroshock en un intento por reactivar los nervios que pasaban por el brazo izquierdo hasta el cuello para así impedir que la cabeza se inclinase hacia un lado.

Para Vicky, la minusvalía de su hijo era una vergüenza. Sus cartas y su diario muestran su dolor ante el brazo atrofiado de su hijo y su sentimiento de culpa por haber dado a luz a un hijo minusválido. Debido a una visita de sus padres en 1860 la princesa escribió sobre su hijo mayor: «Es realmente listo para su edad... si no tuviera ese brazo, yo estaría tan orgullosa de él».

Según Sigmund Freud, al ser incapaz de aceptar la enfermedad del hijo, Vicky acabó alejándose del primogénito, lo que causó un gran impacto en el comportamiento de Guillermo II. Sin embargo, otros autores, como el historiador Wolfgang J. Mommsen, insisten en que la princesa era muy cariñosa con sus hijos. Según él, la princesa quería que sus hijos fueran como la figura idealizada de su propio padre e intentó, como pudo, seguir los preceptos educacionales del príncipe Alberto. En 1863, Vicky y Federico compraron una casa de campo en Bornstedt para que sus hijos pudieran crecer en un ambiente semejante al de Osborne. Sin embargo, su influencia sobre la prole tuvo una importante limitación: como todos los Hohenzollern, sus hijos recibieron una formación militar desde muy jóvenes y la princesa temía que ese tipo de educación minase sus valores.
 
Dispuestos a darle a sus hijos la mejor educación posible, Vicky y su marido confiaron la tarea al brillante, aunque estricto, filólogo calvinista Georges Ernest Hinzpeter. Con fama de liberal, Hinzpeter era un conservador convencido que sometió a Guillermo y a Enrique a una educación rigurosa y puritana, sin elogios ni incentivos. Para completar su formación, los príncipes fueron enviados a un colegio en Kassel, a pesar de la oposición del rey y de la corte. Finalmente, Guillermo fue matriculado en la Universidad de Bonn, mientras que su hermano menor, que no mostraba ese interés intelectual, fue enviado a la Deutsche Marine con 16 años. Finalmente, la educación recibida no permitió a los hijos que desarrollasen personalidades abiertas y liberales, como sus padres pretendían.

Mientras sus dos hijos mayores se acercaban a la edad adulta, Vicky sufrió un duro golpe con la muerte del pequeño Waldemar, víctima de la difteria con apenas 11 años. Sin haberse recuperado de la muerte de Segismundo, la princesa quedó destrozada con la pérdida de otro hijo, especialmente porque murió por la misma enfermedad que su hermana, la princesa Alicia y su sobrina, la princesa María algunos meses antes. Vicky, sin embargo, intentó mantener su sufrimiento en secreto porque, a excepción de su marido, ningún otro familiar estaba dispuesto a consolarla.

Si los hijos varones eran fuentes de grandes preocupaciones, las hijas de la princesa no solían causarle problemas. La única excepción era Carlota, la mayor de las princesas. Niña con un crecimiento lento y una educación difícil, tuvo accesos de rabia durante la infancia. Al crecer, su salud se volvió delicada y, además de su personalidad caprichosa, también reveló un carácter irritable. Hoy, varios historiadores (como John Röhl, Martin Warren Martin y David Hunt) defienden la tesis de que Carlota sufría de porfiria, como su antepasado por parte de madre, Jorge III del Reino Unido. Eso podría explicar los problemas gastrointestinales, las migrañas y las crisis nerviosas que atormentaban a la princesa. Los mismo historiadores creen que los dolores de cabezas y las erupciones cutáneas que Vicky trataba con dosis de morfina también eran consecuencia de la porfiria, aunque de una forma más débil que la sufrida por Carlota.

Negociaciones matrimoniales: fuentes de conflicto

A medida que sus hijos crecieron, Vicky empezó a buscarles pretendientes. En 1878, Carlota se casó con el príncipe Bernardo III de Sajonia-Meiningen, heredero al trono de Sajonia-Meiningen, hecho que encantó a la corte de Berlín. Tres años después, Vicky empezó negociaciones para casar a Guillermo con la princesa Augusta Victoria de Schleswig-Holstein, provocando la indignación en los círculos alemanes conservadores. El canciller Bismarck criticó el proyecto pues la princesa pertenecía a la familia que fue destronada por Prusia con la anexión de los ducados de Schleswig y Holstein en 1864. En cuanto a los Hohenzollern, estos no consideraban a los Schleswig-Holstein sus iguales ni creían que Augusta Victoria estuviera a la altura del heredero al trono del Imperio alemán. Tras varios meses de negociaciones, Vicky consiguió lo que se proponía, pero acabó decepcionándonse cuando vio que su nuera no tenía la personalidad liberal que esperaba.

Vicky, sin embargo, no tuvo tanta suerte con sus planes de matrimonio para su hija Victoria. a principios de los años 1880, la joven se enamoró del príncipe Alejandro I de Bulgaria y su madre intentó obtener la autorización del káiser para el compromiso. A pesar de ocupar el trono, el príncipe era fruto de un matrimonio morganático, lo que lo colocaba en una posición de inferioridad frente la orgullosa casa de Hohenzollern. Además, la política de Alejandro en el principado balcánico desagradaba sobremanera a Rusia, tradicional aliada de Prusia. Bismarck temía que el matrimonio entre una princesa alemana y un enemigo del zar Alejandro II de Rusia representase un duro golpe para la Liga de los Tres Emperadores, es decir, la alianza austro-germano-rusa. El canciller, por su parte, obtuvo la desaprobación de Guillermo I para con la unión, para consternación de Vicky y Federico. Este nuevo conflicto entre padre e hijo hizo que el káiser sustituyera a Federico por el príncipe Guillermo en las ceremonias oficiales y en los grandes actos públicos. En diversas ocasiones, fue el nieto de Guillermo I el que representaba a la corte de Berlín en el exterior.

Emperatriz consorte de Alemania

Agonía de Guillermo I y enfermedad de Federico

En 1887, tras celebrar que cumplía 90 años, la salud de Guillermo I se resintió rápidamente, lo que indicaba que la sucesión estaba cerca. Sin embargo, el príncipe heredero también enfermó. Cada vez más enfermo, los médicos le dijeron que tenía cáncer de laringe. Para confirmar sus sospechas, el príncipe fue examinado por el médico británico Morell Mackenzie que, tras una biopsia, no encontró síntomas de enfermedad alguna.

Liberado por su médicos, Federico fue con su esposa a Inglaterra para el jubileo de oro de la reina Victoria en junio de 1887. En ese viaje, la pareja real llevó secretamente al castillo de Windsor tres cajas llenas de documentos personales que quería mantener lejos de los ojos de Bismarck y de los Hohenzollern. Siempre dispuesto a comprometer al heredero al trono, el canciller imperial seguía sus intrigas contra Vicky. Con la ayuda de Hugo von Radolinski y de Götz de Seckendorff, intentó elaborar un informe contra la princesa.

Como la salud del príncipe heredero no mejoraba, Mackenzie le aconsejó que fuera a Italia para someterse a un tratamiento. Federico y Vicky fueron a San Remo en septiembre de 1887, causando indignación en Berlín pues, a pesar del deterioro continuo del estado de salud del káiser, la pareja no volvía a la capital. A principios de noviembre, Federico perdió el habla y los médicos alemanes fueron convocados a San Remo para realizar nuevos exámenes. Finalmente, se le diagnosticó un tumor maligno y el único tratamiento posible era la ablación de la laringe, pero el príncipe heredero se negó a someterse a esa cirugía. Vicky apoyó a su marido en su decisión, lo que provocó un serio desentendimiento con su hijo mayor, que acabada de llegar a Italia y la acusaba de alegrarse con la enfermedad de Federico. En Berlín, la agonía de Guillermo I se extendió durante varios meses hasta que, el 9 de marzo de 1888, el primer káiser alemán falleció. Aún en San Remo, completamente mudo, su hijo lo sucedió como rey de Prusia y káiser de Alemania con el nombre de Federico III.

Emperatriz de los 99 días

En cuanto se convirtió en káiser, Federico III nombró a su esposa dama de la Orden del Águila Negra, el mayor honor de Prusia. Mientras, tras su regreso a Berlín, la nueva emperatriz se dio cuenta de que ella y su marido parecían «sombras listas para ser sustituidas por Guillermo»

Gravemente enfermo, Federico III limitaba sus acciones políticas a algunas medidas simbólicas, como declarar una amnistía a todos los presos políticos y cesar al reaccionario ministro del Interior Robert von Puttkamer. También condecoró con la Orden del Águila Negra a diversas personas que lo apoyaron y lo aconsejaron cuando aún era príncipe heredero, como el ministro de Justicia, Heinrich von Friedberg, y al presidente del parlamento de Fráncfort, Eduard von Simson.

Vicky intentó usar su nueva condición de emperatriz para promover el matrimonio de su hija Victoria con el príncipe Alejandro I de Bulgaria (archivado desde 1886). Sin embargo, ante las dificultades provocadas por el proyecto, ella misma le aconsejó a su hija que desistiera del compromiso.

Muerte de Federico III y sus consecuencias

Federico III murió alrededor de las 11:00 del 15 de junio de 1888. En cuanto se anunció la muerte de soberano, su hijo y sucesor el káiser Guillermo II ordenó la ocupación de la residencia imperial por soldados. Los aposentos de Federico y Vicky fueron cuidadosamente revisados en busca de documentos comprometedores. Sin embargo, la búsqueda no fue fructífera pues toda la correspondencia del matrimonio había sido llevada al castillo de Windsor el año anterior. Varios años después, Guillermo II afirmó que el objetivo de esa investigación era encontrar documentos de estado. Actualmente, sin embargo, muchos historiadores (como Hannah Pakula y Franz Herre) apuntan que lo que el nuevo soberano pretendía era recuperar documentos que pudieran amenazar su reputación.

El funeral de Federico III se produjo poco después en Potsdam, sin grandes actos públicos. Vicky, ahora emperatriz viuda, no apareció en la ceremonia en la Friedenskirche, en el palacio de Sanssouci, pero asistió a una misa en memoria de su marido en la propiedad real de Bornstedt.

En las siguientes semanas, Guillermo II realizó una verdadera purga en todas las instituciones y personas próximas a Federico y Vicky. Los restos mortales del jurista Franz von Roggenbach fueron exhumados y la viuda de Ernest von Stockmar, el exsecretario particular de Vicky, fue interrogada por la policía. Friedrich Heinrich Geffcken, consejero de Federico desde hacía años, fue juzgado por alta traición por publicar fragmentos del diario del soberano muerto. Por último, Heinrich von Friedberg fue cesado como ministro de Justicia.

Emperatriz viuda

Búsqueda de una nueva residencia

Con la viudedad, Vicky tuvo que dejar el nuevo palacio de Postdam para que Guillermo II se pudiera instalar. Al no poder establecerse en el palacio de Sanssouci, adquirió una propiedad en Kronberg im Taunus, en el antiguo electorado de Hesse-Kassel. Allí, Vicky construyó un castillo que recibió el nombre de Friedrichshof en homenaje a su marido. Al haber heredado varios millones de marcos de la riquísima duquesa de Galliera, la emperatriz viuda pudo financiar la construcción y ampliación del castillo. Con la conclusión de las obras, en 1894, pasó la mayor parte del año en la propiedad con sus hijas menores, de donde solo salía para viajar al exterior. Para disgusto del káiser, que prefería que abandonara Alemania, Vicky formó su propia corte y mantuvo estrechos vínculos en los círculos liberales.

Una emperatriz cada vez más solitaria

En octubre de 1889, la princesa Sofía, penúltima hija de Vicky, se casó con el futuro Constantino I de Grecia, dejando la residencia materna. El año siguiente, la princesa Victoria, infeliz expretendiente del soberano de Bulgaria, se casó con Adolfo de Schaumburg-Lippe, futuro regente del Principado de Lippe. Finalmente, en 1893, la princesa Margarita se casó con Federico Carlos de Hesse-Kassel, elegido en 1918 para el trono del efímero Reino de Finlandia. Aunque satisfecha con estos compromisos, la emperatriz viuda se sentía cada vez más aislada tras la salida de sus hijas. De hecho, Vicky fue completamente apartada de la vida pública por Guillermo II. Con la muerte de su suegra, la emperatriz viuda Augusta en 1890, Vicky tuvo esperanzas en sucederla al frente de la Cruz Roja alemana y de la Vaterländischer Frauenverein («Asociación de Mujeres Patriotas»). Sin embargo fue su nuera, la empatriz Augusta Victoria la que asumió la presidencia de las entidades, lo que causó una profunda amargura a Vicky.

La emperatriz viuda no dudó en criticar duramente las políticas y el comportamiento de su hijo. Cuando éste escribió en el libro de visitas de la ciudad de Múnich las palabras «Suprema lex regis voluntas» («La voluntad del rey es la ley suprema»), ella, indignada, le escribió a su madre:
El zar, un papa infalible, un Borbón o nuestro pobre Carlos I podrían haber pronunciado esa frase, pero un monarca del siglo XIX... Dios mío, creo que (...) el hijo de Fritz y el nieto de mi querido padre ha tomado esa dirección y apenas comprende los principios con los cuales aún es posible gobernar.

Últimos años

Vicky dedicó los últimos años de su vida a la pintura y solía visitar la colonia de artistas de Kronberg, donde se reunía regularmente con el pintor Norbert Schroeder. En estos últimos días solía pasear por la mañana y pasaba largas horas escribiendo cartas o leyendo en la biblioteca de su castillo.

A finales de 1898, los médicos le diagnosticaron cáncer de mama a Vicky, obligándola a permanecer en cama durante largos periodos. El 23 de febrero de 1901, le confirió a Frederick Ponsonby, secretario personal de su hermano, el rey Eduardo VII, sus documentos personales y le encargó que los llevara de vuelta a Inglaterra. La emperatriz murió el 5 de agosto de 1901, pocos meses después de su madre, la reina Victoria. Su cuerpo fue sepultado al lado de Federico III, en la cripta real de Friedenskirche.

Títulos

  • 21 de noviembre de 1840 – 19 de enero de 1841: Su Alteza Real La Princesa Victoria.
  • 19 de enero de 1841 – 25 de enero de 1858: Su Alteza Real La Princesa Real.
  • 25 de enero de 1858 – 2 de enero de 1861: Su Alteza Real Princesa Victoria de Prusia.
  • 2 de enero de 1861 – 18 de enero de 1871: Su Alteza Real La Princesa Heredera de Prusia.
  • 18 de enero de 1871 – 9 de marzo de 1888: Su Alteza Imperial y Real La Princesa Heredera de Alemania, Princesa Heredera de Prusia.
  • 9 de marzo de 1888 – 15 de junio de 1888: Su Majestad Imperial y Real La Emperatriz de Alemania, Reina de Prusia.
  • 15 de junio de 1888 – 5 de agosto de 1901: Su Majestad Imperial y Real La Emperatriz Viuda de Alemania, Reina Viuda de Prusia.







La emperatriz viuda con sus hijos en 1900, un año antes de su muerte.



Federico III de Alemania

Enlace aquí:

    Federico III de Hohenzollern (Potsdam, 18 de octubre de 1831-Potsdam, 15 de junio de 1888), segundo emperador de Alemania (Káiser) y octavo rey de Prusia, durante 1888 (9 de marzo-15 de junio).

    Perteneciente a la muy conservadora dinastía Hohenzollern, Federico adquirió pronto ideas liberales por influencia de su madre, Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach. Tras completar sus estudios, que aunaron formación militar y artes liberales, el joven se casó en 1858 con la princesa real Victoria, quien le reafirmó en sus ideas progresistas. Poco a poco, el príncipe se alejó de su padre, el rey Guillermo I, y sobre todo del jefe de gobierno, el ministro-presidente Otto von Bismarck. Aunque era el heredero al trono, el príncipe estuvo alejado de los asuntos políticos y relegado a un papel meramente representativo.
               
    A pesar de no comulgar con la política «bismarckiana» de «sangre y hierro», Federico deseaba también la unificación alemana y la creación de una gran nación en Europa. Aunque opuesto a la guerra, participó en los conflictos iniciados por su país en la década de 1860: la guerra de los Ducados (1864), la guerra austro-prusiana (1866) y la guerra franco-prusiana (1870). No obstante, y a pesar de sus éxitos militares, su padre lo mantenía alejado del poder. Además, la proclamación del Imperio alemán, en 1871, no supuso para él ninguna promoción política.
    Tras 27 años como heredero al trono, Federico sucedió finalmente a su padre como rey de Prusia y emperador alemán el 9 de marzo de 1888. No obstante, padecía un cáncer de laringe avanzado y murió 99 días después, lo que le impidió llevar a cabo las reformas que había soñado. Hoy en día, el emperador Federico III es una personalidad controvertida para los historiadores: mientras que algunos consideran que podría haber impedido el inicio de la Primera Guerra Mundial convirtiendo Alemania en una democracia liberal, otros piensan que no hubiera podido reformar el país en profundidad y dudan incluso de que quisiera hacerlo.

    Hijo del príncipe Guillermo de Prusia y de Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach, Federico era por parte de padre, nieto del rey Federico Guillermo III de Prusia y de su esposa Luisa de Mecklenburgo-Strelitz, mientras que por parte de madre descendía de Carlos Federico, gran duque de Sajonia-Weimar-Eisenach y su mujer, María Pávlovna Románova. El príncipe tenía una hermana, Luisa, que nació siete años antes que él y que llevaba el nombre de su abuela. Ésta se casó con el gran duque Federico I de Baden y dio a luz a dos hijos: Federico II de Baden y la futura reina Victoria de Suecia.

    Federico nació en el Nuevo Palacio de Potsdam en Prusia el 18 de octubre de 1831. El padre de Federico, el príncipe Guillermo, era el segundo hijo de Federico Guillermo III de Prusia y, por tanto, era hermano menor del rey Federico Guillermo IV de Prusia. Tras haber sido educado en la más estricta tradición militar de los Hohenzollern, ejerció la regencia del reino desde 1858. La madre de Federico, por el contrario, había recibido una educación más liberal y más artística que su esposo y era, de hecho, bastante conocida en Europa por sus ideas progresistas. Por estas diferencias en cuanto a su educación, la pareja apenas se entendía y Federico y su hermana Luisa tuvieron infancias solitarias y difíciles.

    A pesar del valor que le daba la familia Hohenzollern a la formación militar, la princesa Augusta insistió en que su hijo también recibiese una educación más tradicional. Federico resultó ser un alumno brillante y estaba especialmente dotado para las lenguas extranjeras, sobre todo el inglés, el francés y el latín. También fue un excelente gimnasta y estudió asimismo historia, geografía, física, música y religión. Como buen príncipe prusiano, llegó a ser un buen jinete.

    Iniciado muy pronto en los temas militares, con solo 10 años fue nombrado subteniente en el 1.er regimiento de Infantería de la guardia prusiana y condecorado con la Orden del Águila Negra. Cuando cumplió 18 años, su familia pensó que se implicaría más en los asuntos militares, pero rompió con la tradición y se matriculó en la Universidad de Bonn. Sus años como estudiante universitario, unido a la influencia de las personalidades menos conservadoras de su familia, son claves para entender sus convicciones liberales.

    Un matrimonio concertado pero feliz 

    En el siglo XIX, los matrimonios reales europeos eran concertados por la corte para crear y reforzar las relaciones entre los estados del continente. Desde 1851, la reina Victoria I del Reino Unido y su esposo, el príncipe Alberto, empezaron a hacer planes para casar a su hija mayor, la princesa Victoria, que acababa de cumplir 11 años, con Federico, el heredero al trono prusiano. En aquella época, la familia real de Gran Bretaña era casi enteramente de origen germano: había muy poca sangre inglesa corriendo por las venas de la reina Victoria y ninguna por las venas de su esposo.
     
    Los soberanos decidieron mantener vínculos familiares con Alemania. El príncipe consorte pensó, además, que la llegada de una princesa británica en la familia Hohenzollern podría permitir la apertura y la modernización del reino de Prusia. El rey de Bélgica, Leopoldo I, tío de Victoria, intervino para facilitar el matrimonio entre Federico y Victoria. Durante muchos años, apoyó la idea del barón Christian Friedrich Freiherr von Stockmar de crear una alianza entre Gran Bretaña y Prusia. En Berlín, la princesa Augusta también estaba a favor de un matrimonio inglés para su hijo. Sin embargo, su marido no compartía su opinión y prefería casar a Federico con una gran duquesa de Rusia.

    El compromiso entre Federico y Victoria se anunció en abril de 1856 y su matrimonio se celebró el 25 de enero de 1858 en la capilla real del palacio de St. James en Londres. Aunque fue concertada, la unión entre los dos jóvenes pronto se convirtió en un matrimonio feliz gracias a que Federico había recibido una educación liberal y Victoria compartía las ideas políticas de su marido.

    Relación con su hijo Guillermo

    Al estar tan unidos, la pareja no tardó en crear una familia numerosa. Su primer hijo, el príncipe Guillermo, nació un año después de la boda, el 27 de enero de 1859. Este tuvo problemas durante el parto y nació con un brazo mal formado, probablemente debido a que el feto estaba en una mala posición o a una parálisis cerebral.

    Cuando creció, Guillermo no comulgó con ninguna de las ideas liberales de sus padres. De hecho, su madre lo consideraba un «auténtico prusiano», y las diferencias ideológicas crearon un abismo entre el príncipe y sus padres durante toda la vida. Además, Bismarck hacía todo lo posible para empeorar aún más la situación.

    Desdeñando las ideas progresistas de sus padres y con deseos de humillarlos públicamente, Guillermo II no hizo ninguna referencia a su padre cuando lo sucedió en el trono en 1888. Por el contrario, declaró que deseaba seguir la vía abierta por su abuelo Guillermo I, por lo que el nuevo emperador continuó una política muy conservadora que llevó a su país a la Primera Guerra Mundial.

Heredero al trono de Prusia

    Cuando Guillermo I llegó al trono de Prusia el 2 de enero de 1861, Federico se convirtió en el príncipe heredero o kronprinz, su nombre en alemán, con 29 años, y mantendría este título durante 27 años. Al principio de su reinado, Guillermo I era considerado un soberano políticamente neutral y Federico y los liberales alemanes esperaban que abriera una nueva era política. Esta esperanza parecía compartida con la población pues, en las elecciones, los liberales aumentaron el número de escaños en el parlamento. Sin embargo, el rey Guillermo mostró pronto su sensibilidad conservadora y su oposición a las reformas.
     
    Soldado dogmático a pesar de sus 64 años, Guillermo I tuvo problemas con el parlamento prusiano. Así, desde septiembre de 1862, hubo un enfrentamiento entre el soberano y los diputados debido a una reforma del ejército que por poco supuso el remplazo de Guillermo por Federico. De hecho, el rey amenazó con abdicar si el parlamento se negaba a dar crédito a su plan de reorganización del ejército. Federico se sintió horrorizado por esto y le dijo a su padre que la abdicación «constituiría una amenaza para la dinastía, para el país y para la corona».

    Guillermo cambió de opinión y nombró a Otto von Bismarck ministro presidente de Prusia. La elección de Bismarck, político autoritario y poco respetuoso con el parlamento como jefe del gobierno, supuso un enfriamiento de las relaciones entre el rey y el príncipe heredero. Deseoso de unificar Alemania por medios políticos y liberales, Federico se sintió aislado ante esta política de «sangre y hierro». Pronto, su padre lo excluyó de los asuntos políticos y esta fue la situación que se reprodujo a lo largo de todo el reinado de Guillermo I. Apoyado por su mujer, el príncipe heredero no dudó en protestar públicamente contra el gobierno de su padre. En 1863, criticó duramente la restricción de la libertad de prensa decretada por Bismarck durante una recepción oficial en Gdansk.

    Pronto, desprovisto de cualquier función real en Prusia, Federico y Victoria pasaron largos periodos en el Reino Unido. Al contrario que Guillermo I, la reina Victoria I del Reino Unido no dudó en pedirle a su yerno que la representara en las ceremonias públicas.

     
     





    
    Federico con su familia en San Remo, durante su tratamiento, en 1887.



     

Eduardo VII del Reino Unido

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Eduardo VII del Reino Unido (Albert Edward of Saxe-Coburg and Gotha, 9 de noviembre de 1841-6 de mayo de 1910) fue rey del Reino Unido y los dominios de la Mancomunidad Británica y emperador de la India del 22 de enero de 1901 hasta su muerte el 6 de mayo de 1910. Fue el primer monarca británico de la casa de Sajonia-Coburgo-Gotha, que años después fue renombrada como la casa de Windsor por su hijo, Jorge V.

Antes de su ascenso al trono, llevó el título de príncipe de Gales y fue heredero aparente durante más tiempo que cualquiera de sus predecesores: 59 años, dos meses y trece días. Durante el largo reinado de su madre, la reina Victoria, fue excluido del poder político y llegó a personificar la tan de moda ociosa aristocracia.                

La época eduardiana, que abarca el reinado de Eduardo y fue nombrada en su honor, coincidió con la llegada de un nuevo siglo y el inicio de cambios significativos en la tecnología y la sociedad, incluyendo el vuelo con motor y el surgimiento del socialismo. Eduardo desempeñó un papel importante en la modernización de la flota británica, la reforma de los servicios médicos del ejército y la reorganización del ejército británico después de la Segunda Guerra de los Bóeres. Eduardo fomentó las buenas relaciones entre Gran Bretaña y otros países europeos, especialmente Francia, por lo que fue conocido popularmente como «el Pacificador».

Eduardo nació a las 10:48 de la mañana del 9 de noviembre de 1841 en el Palacio de Buckingham. Su madre era la reina Victoria del Reino Unido, la única hija del príncipe Eduardo, duque de Kent y Strathearn y la princesa Victoria de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. Su padre era el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha, primo y príncipe consorte de Victoria. Fue bautizado como Alberto Eduardo, el 25 de enero de 1842 en la Capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor. Sus padrinos fueron Federico Guillermo IV de Prusia, su tío abuelo el príncipe Adolfo, duque de Cambridge, Fernando II de Portugal, su tía María de Wurtemberg, la princesa Carolina de Hesse-Kassel y su tía abuela la princesa Sofía. Durante toda su vida fue llamado Bertie.

Siendo hijo mayor varón de un soberano británico, adquirió de forma automática los títulos de duque de Cornualles y duque de Rothesay desde su nacimiento. Como hijo del príncipe Alberto también tuvo los títulos de príncipe de Sajonia-Coburgo-Gotha y duque de Sajonia. La reina Victoria le otorgó el título de príncipe de Gales y conde de Chester el 8 de diciembre de 1841. El 9 de noviembre de 1853 se le concedió el título de conde de Dublín y fue nombrado caballero de la Orden de la Jarretera. El 24 de mayo de 1867 fue investido caballero de la Orden del Cardo. En 1863 renunció a sus derechos sucesorios sobre el Ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha en favor de su hermano menor, Alfredo, posteriormente duque de Edimburgo.

Educación

La reina Victoria y el príncipe Alberto estaban decididos a que su hijo mayor tuviera una educación que lo preparara para ser un monarca constitucional modelo. A los siete años, Eduardo emprendió un riguroso programa educativo ideado por el príncipe Alberto y supervisado por varios profesores. A diferencia de su hermana mayor, Eduardo no sobresalió en los estudios. Intentó alcanzar las expectativas de sus padres, pero fue en vano. Aunque no fue un estudiante destacado —sus verdaderos talentos eran el encanto, la sociabilidad y el tacto—, Benjamin Disraeli lo describió como inteligente, informado y de agradables modales.

Después de un viaje educativo a Roma, que realizó en los primeros meses de 1859, pasó el verano de ese año estudiando en la Universidad de Edimburgo bajo la tutela de Lyon Playfair, entre otros. En octubre se matriculó como estudiante en el Christ Church en Oxford. Libre de las restricciones educativas impuestas por sus padres, por vez primera disfrutó del estudio y realizó satisfactoriamente sus exámenes. En 1861, fue transferido al Trinity College en Cambridge, donde estudió la cátedra de historia bajo la tutela de Charles Kingsley, Regius Professor de Historia Moderna. Los esfuerzos de Kingsley consiguieron las mejores actuaciones académicas en la vida de Eduardo y este realmente espera con ansias las clases del profesor.

Juventud

En 1860, Eduardo emprendió la primera gira por América del Norte realizada por un heredero al trono británico. Su genial buen humor y bonhomía convirtieron la gira en un gran éxito. Inauguró el puente Victoria en Montreal, que cruza el río San Lorenzo, y colocó la piedra angular en Parliament Hill en Ottawa. Observó a Charles Blondin atravesar las cataratas del Niágara sobre la cuerda floja y permaneció durante tres días con el presidente James Buchanan en la Casa Blanca. Buchanan acompañó al príncipe a Mount Vernon, a presentar sus respetos ante la tumba de George Washington. Vastas multitudes lo saludaron en todas partes. Conoció a Henry Wadsworth Longfellow, Ralph Waldo Emerson y Oliver Wendell Holmes. Se dijeron oraciones por la familia real en la Iglesia de la Trinidad de Nueva York por primera vez desde 1776. La gira de cuatro meses a lo largo de Canadá y Estados Unidos impulsó considerablemente la confianza y la autoestima de Eduardo y tuvo muchos beneficios diplomáticos para Gran Bretaña.

A su regreso, Eduardo esperaba seguir una carrera en el ejército británico, pero le fue negado porque él era el heredero al trono. Sus rangos militares fueron honorarios. En septiembre de 1861, Eduardo fue enviado a Alemania, supuestamente para observar maniobras militares, pero en realidad con el fin de que tuviera una reunión con la princesa Alejandra de Dinamarca, la hija mayor del príncipe Christian de Dinamarca y de su esposa Luisa. La reina Victoria y el príncipe Alberto habían decidido que Eduardo y Alejandra debían casarse. Se conocieron en Espira el 24 de septiembre bajo los auspicios de su hermana, la princesa heredera de Prusia. La hermana de Eduardo, siguiendo las instrucciones de su madre, se había encontrado con la princesa Alejandra en Strelitz en junio; la joven princesa danesa le causó una impresión muy favorable. Eduardo y Alejandra simpatizaron desde el principio; la reunión fue favorable para ambas partes y los planes de matrimonio avanzaron.

A partir de esta época Eduardo comenzó a formarse una reputación de playboy. Decidido a obtener cierta experiencia militar, Eduardo asistió a maniobras del ejército en Irlanda. Durante ese tiempo, la actriz Nellie Clifden fue introducida a escondidas en su tienda por sus compañeros oficiales. El príncipe Alberto, aunque enfermo, quedó consternado y visitó a Eduardo en Cambridge para reprenderlo. Alberto murió en diciembre de 1861, apenas dos semanas después de la visita. La reina Victoria estaba inconsolable, por el resto de su vida vistió de luto y culpó a Eduardo por la muerte de su padre. En primer lugar, consideraba con disgusto a su hijo como frívolo, indiscreto e irresponsable. Victoria le escribió a su hija mayor: «No puedo, ni podré, mirarlo sin estremecerme».

Presunto heredero

Durante la viudez de la reina Victoria, Eduardo fue pionero en la idea de las apariciones reales públicas tal como las conocemos ahora —por ejemplo, la inauguración del Thames Embankment en 1871, del túnel Mersey en 1886 y del puente de la Torre en 1894. Sin embargo, su madre no le permitió a Eduardo desempeñar un papel activo en el funcionamiento del país hasta 1898. Se le enviaban resúmenes de los documentos importantes del Gobierno, pero se negó a darle acceso a los originales. Molestó a su madre por posicionarse a favor de Dinamarca en el asunto de Schleswig-Holstein en 1864 (la reina era progermánica) y el mismo año la molestó nuevamente por hacer un esfuerzo especial para encontrarse con Garibaldi. El primer ministro liberal William Gladstone le enviaba documentos secretamente.

En 1870, el sentimiento republicano en Gran Bretaña recibió un impulso cuando el emperador francés Napoleón III fue derrotado en la Guerra Franco-Prusiana y fue declarada la Tercera República Francesa. Sin embargo, en el invierno de 1871, un roce con la muerte condujo a una mejora tanto en la popularidad de Eduardo, como en la relación con su madre. Durante su estadía en el Londesborough Lodge, cerca de Scarborough en Yorkshire del Norte, Eduardo contrajo la fiebre tifoidea, la enfermedad que se pensaba que había matado a su padre. Hubo una gran preocupación nacional y uno de sus invitados (Lord Chesterfield) murió. La recuperación de Eduardo fue recibida con alivio casi universal. Como parte de las celebraciones públicas, Arthur Sullivan compuso Festival Te Deum. Eduardo cultivó relaciones de amistad con políticos de todos los partidos, incluidos los republicanos, y en gran medida esto disipó cualquier sentimiento residual en su contra.

 Desde 1886, el secretario de asuntos exteriores, Lord Rosebery, le enviaba despachos de su oficina, y desde 1892 se le permitió el acceso a algunos papeles del gabinete.

En 1875, Eduardo partió para la India en una extensa gira de ocho meses por el subcontinente. Sus consejeros comentaron sobre su costumbre de tratar a todas las personas por igual, independientemente de su clase social o color de piel. En cartas a su casa, se quejó del trato que los funcionarios británicos les daban a los nativos: «Porque un hombre tenga la cara negra y una religión diferente a la nuestra, no hay razón por la que deba ser tratado como un bruto». Al final de la gira, su madre recibió del Parlamento el título de Emperatriz de la India, en parte como resultado del éxito de la gira.

Eduardo fue mecenas de las artes y las ciencias y ayudó a fundar el Royal College of Music. Inauguró el colegio en 1883 con las palabras: «Las lecciones ya no pueden estar separadas de las aulas [...] Clamo por la música que produce esa unión de sentimientos que tanto deseo promover». Al mismo tiempo disfrutó de los deportes y los juegos de azar y fue un entusiasta cazador. Ordenó que todos los relojes en Sandringham estuvieran adelantados media hora para tener más tiempo para disparar. Esta tradición llamada Sandringham time continuó hasta 1936, cuando fue abolida por Eduardo VIII.

También estableció un campo de golf en Windsor. Para la década de 1870, el futuro rey había tomado gran interés en las carreras de caballos y las carreras de obstáculos. En 1896, su caballo Persimmon ganó el Derby de Epsom y el St. Leger Stakes. En 1900, el hermano de Persimmon, Diamond Jubilee, ganó cinco carreras (el Derby, el St Leger, el 2,000 Guineas Stakes, Newmarket Stakes y Eclipse Stakes) y otro de los caballos de Eduardo, Ambush II, ganó el Grand National.

En todo el mundo fue considerado como un árbitro de la moda masculina. Puso de moda el tweed, los sombreros Homburg y las chaquetas Norfolk y popularizó el uso de la corbata negra con esmoquin, en lugar de corbata blanca y frac. Fue pionero en el planchado de las piernas de los pantalones de lado a lado en lugar del ahora normal planchado con pliegues al frente y atrás, y se cree que introdujo el cuello de camisa que se levanta y se dobla. Un purista del buen vestir, se dice que amonestó al primer ministro, Lord Salisbury, por llevar los pantalones de miembro del Trinity House con la chaqueta del Consejo Privado. Inmerso en una crisis internacional, el primer ministro le contestó al príncipe de Gales, que había sido una mañana oscura y «mi mente debe haber estado ocupada en algún tema de menor importancia». La tradición masculina de dejar sin abrochar el botón inferior del chaleco se dice que está vinculada con Eduardo, quien supuestamente dejó de hacerlo debido a su gran circunferencia abdominal. Su cintura medía 122 cm poco antes de su coronación. Introdujo la práctica de comer rosbif, papas al horno, salsa de rábano y Yorkshire pudding los domingos, que sigue siendo uno de los platos favoritos británicos para el almuerzo del domingo.
 
En 1891, Eduardo estuvo envuelto en el real escándalo del bacará, cuando hizo público que había participado en un juego de cartas ilegal el año anterior. El príncipe se vio obligado a aparecer como testigo ante el tribunal por segunda ocasión cuando uno de los jugadores demandó a sus compañeros por difamación tras ser acusado de hacer trampa —finalmente la demanda no tuvo éxito. En el mismo año Eduardo estuvo involucrado en un conflicto personal, cuando Lord Charles Beresford amenazó con revelar detalles de la vida privada de Eduardo a la prensa, como protesta contra por la interferencia de Eduardo en el romance de Beresford con Daisy Greville, condesa de Warwick. La amistad entre los dos hombres se dañó irreversiblemente y el resentimiento de ambos duraría el resto de sus vidas. Por lo general los arrebatos de temperamento de Eduardo eran de corta duración y «después de dejarse ir... [podía] suavizar los problemas siendo especialmente agradable».

En diciembre de 1891, el príncipe Alberto Víctor, el hijo de Eduardo, se comprometió con la princesa Victoria María de Teck. Pocas semanas después del compromiso, Alberto Víctor murió de neumonía. Eduardo estaba desconsolado. «Perder nuestro hijo mayor», escribió, «es una de esas calamidades que uno nunca puede superar». Eduardo le dijo a la reina Victoria: «[Podría] haber dado mi vida por la suya, ya que no le doy ningún valor a la mía». Alberto Víctor fue el segundo de los hijos de Eduardo en morir. En 1871, su hijo Alejandro Juan murió apenas 24 horas después de nacer. En aquella ocasión, Eduardo insistió en colocar personalmente al pequeño en su ataúd «con lágrimas corriendo por sus mejillas».

El 4 de abril de 1900, durante un viaje a Dinamarca a través de Bélgica, Eduardo fue víctima de un intento de asesinato, cuando Jean-Baptiste Sipido le disparó en protesta por la Guerra Bóer. Sipido escapó a Francia; el retraso percibido de las autoridades belgas en la solicitud de extradición, combinado con el disgusto británico por las atrocidades belgas en el Congo, empeoraron la de por sí ya mala relación entre el Reino Unido y el continente. Sin embargo, en los próximos diez años, la afabilidad y la popularidad de Eduardo, así como su uso de las conexiones familiares, ayudaron a Gran Bretaña en la construcción de alianzas europeas.

Ascenso al trono

Cuando la reina Victoria murió el 22 de enero de 1901, Eduardo se convirtió en rey del Reino Unido, emperador de la India y, como una innovación, rey de los dominios británicos. Eligió reinar bajo el nombre de Eduardo VII, en lugar de Alberto Eduardo —el nombre que su madre deseaba que usara, declarando que no deseaba «infravalorar el nombre de Alberto» y disminuir el estatus de su padre con quien entre la realeza el nombre Albert debía permanecer solo. El número VII fue omitido ocasionalmente en Escocia, incluso por la iglesia nacional, en deferencia a las protestas de que los anteriores Eduardos fueron reyes ingleses que «habían sido excluidos de Escocia por batallas militares». J. B. Priestley recordaba: «Era sólo un niño cuando [Eduardo] sucedió a Victoria en 1901, pero puedo atestiguar su extraordinaria popularidad. Era de hecho el rey más popular que Inglaterra había conocido desde principios de la década de 1660».
 
Donó al Estado Osborne House, la casa de sus padres en la isla de Wight, y continuó viviendo en Sandringham House. Podía permitirse ser magnánimo: su secretario privado, sir Francis Knollys, afirmó que fue el primer heredero al trono con saldo positivo en sus cuentas. Las finanzas de Eduardo habían sido manejadas hábilmente por sir Dighton Probyn, contralor de palacio, que se había beneficiado de los consejos de los amigos de financieros judíos de Eduardo, como Ernest Cassel, Maurice de Hirsch y la familia Rothschild. En un momento de antisemitismo generalizado, Eduardo atrajo críticas por relacionarse abiertamente con judíos.

Eduardo VII y Alejandra fueron coronados en la abadía de Westminster el 9 de agosto de 1902 por el arzobispo de Canterbury, Frederick Temple, quien murió sólo cuatro meses más tarde. La coronación había sido programada originalmente para el 26 de junio, pero dos días antes, el 24 de junio, a Eduardo le diagnosticaron una apendicitis. La apendicitis en general no era tratada quirúrgicamente, lo que conllevaba una alta tasa de mortalidad, pero los avances en anestesia y antisepsia en los anteriores cincuenta años hicieron posible la cirugía que le salvó la vida. Sir Frederick Treves, con el apoyo de lord Lister, realizó una cirugía —en ese entonces radical— consistente en drenar el absceso del apéndice a través de una pequeña incisión. Al día siguiente, Eduardo estaba sentado en la cama fumando un cigarro. Dos semanas más tarde se anunció que el rey estaba fuera de peligro. Treves fue honrado con la dignidad de baronet (que Eduardo había arreglado antes de la cirugía) y el tratamiento quirúrgico de la apendicitis entró a formar parte de la corriente médica principal.

Edward reformó los palacios reales, reintrodujo las ceremonias tradicionales, como la Ceremonia de apertura del Parlamento, que su madre había dejado de lado, y fundó nuevas órdenes honorarias, como la Orden del Mérito, para reconocer las contribuciones a las artes y las ciencias. En 1902, el sha de Persia, Mozzafar ad-Din, visitó Inglaterra y esperaba recibir la Orden de la Jarretera. Eduardo se negó a darle este alto honor al sha porque la orden habitualmente era su regalo personal y el secretario de relaciones exteriores, Lord Lansdowne, había prometido la orden sin su consentimiento. Eduardo también se opuso a introducir a un musulmán en una orden cristiana de caballería. Su negativa amenazó con dañar los esfuerzos británicos por ganar influencia en Persia, pero a Eduardo le molestaron los intentos de sus ministros por reducir los poderes tradicionales del rey. Finalmente cedió y el año siguiente Gran Bretaña envió una embajada especial con una Orden de la Jarretera para el sha.

Tío de Europa

Como rey, los intereses principales de Eduardo residían en los campos de las relaciones exteriores y los asuntos navales y militares. Dominaba el francés y alemán, hizo varias visitas al extranjero y tomó vacaciones anuales en Biarritz y Mariánské Lázně. Uno de sus viajes al extranjero más importantes fue una visita oficial a Francia en la primavera de 1903, como invitado del presidente Émile Loubet. Una visita al papa León XIII en Roma ayudó a crear la atmósfera para la Entente Cordiale anglo-francesa, un acuerdo que delineaba las colonias británicas y francesas en África del Norte y descartaba cualquier futura guerra entre los dos países. La Entente fue negociada entre el ministro de relaciones exteriores francés, Théophile Delcassé, y el secretario de asuntos exteriores británico, lord Lansdowne. Firmado en Londres el 8 de abril de 1904 por Lansdowne y el embajador francés Paul Cambon, marcó el fin de siglos de rivalidad anglo-francesa y del espléndido aislamiento de Gran Bretaña de los asuntos continentales e intentó contrarrestar el predominio creciente del Imperio alemán y su aliado, el Imperio austrohúngaro.

Eduardo estaba relacionado con casi todos los monarcas europeos y llegó a ser conocido como el «Tío de Europa». El emperador Guillermo II de Alemania, el zar Nicolás II de Rusia, el gran duque Ernesto Luis de Hesse-Darmstadt, el duque Carlos Eduardo de Sajonia-Coburgo-Gotha y el duque Ernesto Augusto de Brunswick eran sobrinos de Eduardo; la reina Victoria Eugenia de España, la princesa heredera Margarita de Suecia, la princesa heredera María de Rumania, la princesa heredera Sofía de Grecia, la zarina Alejandra de Rusia, la gran duquesa Alejandra de Mecklemburgo-Schwerin y la duquesa Carlota de Sajonia-Meiningen eran sus sobrinas; el rey Haakon VII de Noruega era su sobrino por matrimonio y su yerno; el rey Jorge I de Grecia y el rey Federico VIII de Dinamarca eran sus cuñados; el rey Alberto I de Bélgica, los reyes Carlos I y Manuel II de Portugal y el zar Fernando I de Bulgaria eran sus primos segundos. Eduardo estaba fascinado con sus nietos y los consentía para consternación de sus institutrices. Sin embargo, había un familiar que a Eduardo le disgustaba, su difícil relación con su sobrino, el emperador Guillermo II, exacerbó las tensiones entre Alemania y Gran Bretaña.

En abril de 1908, durante la estancia anual de Eduardo en Biarritz, aceptó la dimisión del primer ministro británico sir Henry Campbell-Bannerman. Rompiendo con los precedentes, Eduardo invitó al sucesor de Campbell-Bannerman, H. H. Asquith, a que viajara a Biarritz para la ceremonia de besar las manos. Asquith obedeció, pero la prensa criticó la acción del rey de nombrar un primer ministro en suelo extranjero en lugar de regresar a Gran Bretaña. En junio de 1908, Eduardo se convirtió en el primer monarca británico en visitar el Imperio ruso, a pesar de haberse negado previamente en 1906, cuando las relaciones anglo-rusas eran tensas debido a las secuelas de la Guerra ruso-japonesa, el incidente de Dogger Bank y la disolución de la Duma por el zar. El mes anterior, Eduardo visitó los países escandinavos, convirtiéndose en el primer monarca británico en visitar Suecia.

Muerte

El 6 de mayo de 1910, Eduardo estaba enfermo de bronquitis. Se fumó un cigarro al mediodía y sufrió un infarto, muriendo a las 23:45 en el Palacio de Buckingham.

Legado

Antes de ascender al trono a la edad de 59 años, Eduardo fue el príncipe heredero por más tiempo que ningún otro en la historia británica, hasta que fue superado por su tataranieto Carlos, príncipe de Gales. Como el título de príncipe de Gales no es exactamente coincidente con la posición de heredero, Eduardo sigue siendo la persona que ostentó el título durante más tiempo: 59 años y 45 días.

Como rey, Eduardo VII resultó un éxito mayor del que nadie esperaba, pero ya era un hombre viejo y tuvo poco tiempo para desempeñar ese rol. Durante su breve reinado, se aseguró de que su segundo hijo y heredero, Jorge, estuviera bien preparado para ascender al trono. Los contemporáneos describen su relación como más de hermanos cariñosos que de padre e hijo. A la muerte de Eduardo, Jorge escribió en su diario: «He perdido a mi mejor amigo y el mejor de los padres [...] Nunca tuve una sola palabra de enfado con él. Estoy abrumado por el dolor y tengo el corazón roto [...]». Eduardo recibió críticas por su aparentemente autoindulgente búsqueda del placer, pero recibió grandes elogios por sus afables y amables buenos modales y por su habilidad diplomática. Como su nieto escribió: «Su lado más ligero [...] oscurece el hecho de que tuvo conocimiento e influencia». «Tuvo un enorme entusiasmo por el placer, pero también tenía un verdadero sentido del deber», escribió J. B. Priestley. lord Esher escribió que Eduardo era «amable, elegante y desenvuelto y no indecoroso – pero demasiado humano». Eduardo VII fue enterrado en la capilla de San Jorge en el Castillo de Windsor. Como Barbara Tuchman señaló en su libro de historia The Guns of August, su funeral marcó «el mayor conjunto de realeza y rango jamás reunido en un solo lugar y, de esta clase, el último».

Eduardo fue enaltecido como «pacificador», pero siempre temió que su sobrino, el emperador alemán Guillermo II, podría llevar a Europa a la guerra. Cuatro años después de la muerte de Eduardo, estalló la Primera Guerra Mundial. Las reformas navales y la alianza anglo-francesa que había apoyado, así como las relaciones entre su vasta familia real, fueron puestas a prueba.

El barco líder de una nueva clase de acorazados, lanzada en 1903, fue nombrado en su honor. Muchas escuelas en Inglaterra llevan el nombre de Eduardo; dos de las más grandes están en Melton Mowbray y Sheffield. La escuela King Edward VII en Johannesburgo, Sudáfrica, es una de las más antiguas escuelas en ese país y fue nombrada en honor de Eduardo después de su muerte. El hospital King Edward Memorial Hospital en Mumbai, India; el King Edward Medical University, Pakistán; King Edward Memorial Hospital for Women en Subiaco, Australia Occidental; y el King Edward VII Hall en la Universidad Nacional de Singapur llevan el nombre del rey Eduardo. El Parque Eduardo VII en Lisboa, King Edward Avenue en Vancouver, Rue Edouard VII en París y King Edward Cigars también llevan su nombre. El Kew Bridge en Londres fue llamado originalmente el King Edward VII Bridge después su apertura por el rey en 1903.

Se pueden encontrar estatuas de Eduardo a través de todo el antiguo imperio, como la de Waterloo Place, Londres; Centenary Square, Birmingham; Union Street, Aberdeen; Queen's Park, Toronto; North Terrace, Adelaida; Franklin Square, Hobart; Queen Victoria Gardens, Melbourne; Phillips Square, Montreal; y en el exterior del Real Jardín Botánico de Sídney.




Alejandra de Dinamarca


Alejandra de Dinamarca (Alexandra Carolina Marie Charlotte Louise Julia zu Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg; 1 de diciembre de 1844 – 20 de noviembre de 1925) fue reina consorte del Reino Unido y los dominios británicos y emperatriz de la India de 1901 a 1910, como esposa del rey Eduardo VII.

Su familia era relativamente poco conocida, hasta que su padre, el príncipe Cristián de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksbung, fue designado para suceder en el trono danés a Federico VII, su primo lejano, con el consentimiento de las grandes potencias. A la edad de dieciséis años fue elegida como la futura esposa de Alberto Eduardo, príncipe de Gales, heredero de la reina Victoria; se casaron dieciocho meses más tarde. Como princesa de Gales de 1863 a 1901, el periodo más largo durante el cual alguien ha ostentado el título, se ganó el cariño del pueblo británico y se volvió sumamente popular, su porte y estilo de vestir eran copiados por las mujeres conscientes de la moda. A pesar de que fue excluida de esgrimir cualquier poder político, intentó sin éxito influir en la opinión de los ministros y su familia para favorecer a sus parientes que reinaban en Grecia y Dinamarca. Sus funciones públicas se limitaron a la poco controvertida actividad de participar en obras de caridad.
                   
A la muerte de la reina Victoria en 1901, Alberto Eduardo se convirtió en rey-emperador como Eduardo VII, con Alejandra como reina consorte. Desde 1910, año en que murió Eduardo, hasta su propia muerte, fue la reina madre, como reina consorte viuda y madre del monarca reinante, Jorge V, pero fue más conocida como Su Majestad la reina Alejandra. Desconfiaba enormemente de su sobrino, el emperador alemán Guillermo II y apoyó a su hijo durante la Primera Guerra Mundial, en la que Gran Bretaña y sus aliados derrotaron a Alemania. Murió el 20 de noviembre de 1925 en Sandringham, después de sufrir un ataque al corazón y fue enterrada junto a su marido en la capilla de St. George en el castillo de Windsor.

La princesa Alejandra o «Alix», como era conocida dentro de su círculo familiar, nació el 1 de diciembre de 1844, en el palacio Amarillo, una casa del siglo XVIII ubicada en el número 18 de Amaliegade, justo al lado del complejo del palacio de Amalienborg, en Copenhague. Sus padres fueron el príncipe Cristián de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg y la princesa Luisa de Hesse-Kassel. A pesar de que su familia era de sangre real, vivió una vida relativamente normal. No poseían una gran riqueza, los ingresos de su padre, que provenían de una comisión del ejército, eran de alrededor de 800 libras al año y su casa era una propiedad de gracia y favor que les fue concedida sin pago de alquiler. Hans Christian Andersen, el escritor y poeta danés, era invitado ocasionalmente a la casa familiar para contarles a los niños historias infantiles antes de mandarlos a dormir.

El rey Cristián VIII de Dinamarca murió en 1848 y su único hijo, Federico, ascendió al trono. Federico no tenía hijos, había pasado por dos matrimonios fallidos y se suponía que era infértil. Esto causó una crisis de sucesión dinástica debido a que Federico reinaba en Dinamarca y Schleswig-Holstein y cada una tenía diferentes normas de sucesión. En Holstein, la Ley Sálica impedía la herencia a través de la línea femenina, mientras que tales restricciones no se aplicaban en Dinamarca. Holstein, predominantemente alemán, proclamó su independencia y pidió la ayuda de Prusia. En 1852, las grandes potencias mundiales convocaron a una conferencia en Londres para discutir la sucesión danesa. Se acordó un precario tratado de paz que incluía la disposición de que el príncipe Cristián de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg sería el heredero de Federico en todos sus dominios y las demandas previas de otras personas —que incluían las de la suegra, cuñado y esposa de Cristián— fueron subordinadas a esta decisión.

Al príncipe Cristián se le dio el título de príncipe de Dinamarca y su familia se mudó a una nueva residencia oficial, el palacio Bernstorff. Aunque la condición de la familia se había elevado, no hubo siquiera un pequeño incremento en sus ingresos y no participaban en la vida cortesana de Copenhague, ya que se negaron a conocer a la tercera esposa y antigua amante de Federico, Louise Rasmussen, porque tenía un hijo ilegítimo de un anterior amante. Alejandra compartía una habitación en el ático con su hermana Dagmar —que más tarde sería emperatriz de Rusia—, hacía su propia ropa y servía la mesa junto con sus hermanas. Durante su estancia en Bernstorff, Alejandra creció hasta convertirse en una joven mujer; el capellán inglés en Copenhague le enseñó el idioma inglés y fue confirmada en el palacio de Christiansborg. Fue devota toda su vida y siguió las prácticas de la Alta iglesia. Junto con su hermana Dagmar recibió clases de natación de la pionera sueca de la natación para mujeres Nancy Edberg.

Títulos, honores y armas

Títulos y tratamientos

Por nacimiento, Alejandra fue princesa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, con el tratamiento de Su Alteza Serenísima, como nieta del duque Federico Guillermo de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg. El 31 de julio de 1853, su padre, el príncipe Cristián, fue nombrado príncipe de Dinamarca, por lo cual, como princesa de Dinamarca, Alejandra recibió el tratamiento de Su Alteza Real. Después de su matrimonio el 10 de marzo de 1863 y antes de que su marido accediera al trono fue princesa de Gales con el tratamiento de Su Alteza Real. Tras el fallecimiento de la reina Victoria, el 22 de enero de 1901, Eduardo VII ascendió al trono y Alejandra se convirtió en reina consorte del Reino Unido y emperatriz de la India, recibiendo los tratamientos de Su Majestad y Su Majestad Imperial.

Honores

En 1901, Alejandra se convirtió en la primera mujer en ser investida como Dama Compañera de la Orden de la Jarretera desde 1495, como tal, su bandera de armas estuvo colgada durante toda su vida en la Capilla de St. George en el Castillo de Windsor. Algunos otros de los honores que recibió fueron: Miembro de primera clase de la Real Orden de Victoria y Alberto, Dama de la Imperial Orden de la Corona de la India y Dama de Justicia de la Orden de San Juan de Jerusalén.

Armas

Las armas de la reina Alejandra después del ascenso al trono de su marido en 1901, eran el Real Escudo de Armas del Reino Unido empalado con las armas de su padre, el rey Cristián IX de Dinamarca. El escudo está surmontado por la corona imperial y sostenido por el león coronado de Inglaterra y un hombre salvaje típico del Real Escudo de Armas de Dinamarca.












Alicia del Reino Unido


La princesa Alicia del Reino Unido (Londres, 25 de abril de 1843 - Darmstadt, 14 de diciembre de 1878) fue miembro de la familia real británica. Era el tercer descendiente de la reina Victoria del Reino Unido. Asimismo, fue esposa de Luis IV de Hesse-Darmstadt y se convirtió por matrimonio en la gran duquesa de Hesse-Darmstadt.

La educación de Alicia fue supervisada por Christian Friedrich Freiherr von Stockmar, amigo cercano del príncipe Alberto. Al igual que sus hermanos, Alicia pasó la infancia viajando con su familia por las diferentes residencias reales británicas. En 1861, cuando el príncipe Alberto enfermó de fiebre tifoidea, Alicia lo cuidó durante toda su enfermedad hasta su muerte el 14 de diciembre de ese mismo año. Tras la muerte de su marido, la reina Victoria cayó en un periodo de luto profundo y Alicia pasó a ser la secretaria no oficial de su madre durante los seis meses de duelo. Cuando la corte aún estaba inmersa en el luto, Alicia se casó, el 1 de julio de 1862, con Luis IV, gran duque de Hesse, un príncipe alemán menor, heredero del gran ducado de Hesse. La reina dijo que la ceremonia, celebrada de forma privada y sin grandes lujos en el castillo de Osborne, parecía «más un funeral que una boda». Debido a las dificultades económicas, las frecuentes tragedias familiares y a la mala relación entre el marido y la madre, la vida de la princesa en Darmstadt fue muy triste.
                          
Alicia fue una prolífica mecenas de las causas de las mujeres —principalmente de las enfermeras— y era admiradora de Florence Nightingale. Cuando Hesse entró en la Guerra austro-prusiana y Darmstadt se llenó de heridos, Alicia, embarazada de su hija Irene, dedicó gran parte de su tiempo a organizar los hospitales de campaña. Una de sus organizaciones, la Corporación de Mujeres de la Princesa Alicia, se extendió a nivel nacional y pasó a encargarse de todos los hospitales militares de Darmstadt. También se hizo gran amiga de David Friedrich Strauss, un teólogo que le ofreció una base intelectual para su fe más allá del tradicional sentimentalismo religioso de la época victoriana.

 En 1877 Alicia se convirtió en gran duquesa de Hesse tras la subida de su marido al trono y sus deberes empezaron a afectarle cada vez más a la salud. Al año siguiente hizo su último viaje a Inglaterra, pasando unas vacaciones pagadas por la reina en Eastbourne. En los últimos meses de 1878 la corte de Hesse sufrió una epidemia de difteria y Alicia cuidó de toda su familia durante más de un mes antes de enfermar. Murió 17 años después que su padre, con solo 35, el 14 de diciembre de 1878, en el nuevo palacio de Darmstadt.

La princesa Alicia fue la madre de la zarina Alejandra Fiódorovna Románova, así como bisabuela de Felipe de Edimburgo, marido de la actual reina Isabel II del Reino Unido.

Alicia Matilde María (Alice Maud Mary) nació el 25 de abril de 1843 en el palacio de Buckingham (Londres). Fue la tercera hija (la segunda mujer) nacida de la unión de la reina Victoria del Reino Unido y su marido, el príncipe Alberto. El nombre de Alicia le fue dado en honor al primer ministro de la reina, Lord Melbourne, que era un gran admirador de la soberana y que confesó en una ocasión que Alicia era su nombre de mujer favorito. Matilde fue elegido en honor a una de las madrinas de Alicia, la princesa Sofía Matilde de Gloucester, sobrina de Jorge III, y María se eligió porque Alicia nació el mismo día que su tía abuela, la princesa María.

Alicia fue bautizada en la capilla del palacio de Buckingham por el arzobispo de Canterbury, William Howel, el 3 de junio de 1843. La noticia de que era niña fue recibida con una mezcla de sentimientos por parte del pueblo, y el Consejo Privado envió un mensaje a Alberto dándole la enhorabuena por el nacimiento de su segunda hija. Los padrinos escogidos por la reina Victoria fueron Ernesto Augusto I de Hannover, Feodora de Leiningen, Ernesto II de Sajonia-Coburgo-Gotha y Sofía Matilde de Gloucester.

Infancia

El nacimiento de Alicia hizo que sus padres empezaran a buscar una casa más grande para la familia. El palacio de Buckingham no tenía los aposentos privados que la familia necesitaba ni los cuartos para los niños en las condiciones necesarias. Por eso, en 1844, Victoria y Alberto compraron el castillo de Osborne en la isla de Wight para las vacaciones familiares.

Alicia fue educada por su padre y por Christian Friedrich Freiherr von Stockmar. En Osborne, Alicia y sus hermanos aprendieron a realizar tareas prácticas concernientes al trabajo doméstico, a la cocina, la jardinería y la carpintería. Victoria y Alberto promovieron una monarquía cuya base eran los valores familiares, por lo que Alicia y sus hermanos usaban ropa de clase media todos los días, dormían en cuartos modestamente amueblados y con poca calefacción. Alicia estaba fascinada por el mundo de fuera de la Casa Real y cuando estaba en Balmoral, donde parecía ser más feliz, solía visitar a las personas que vivían y trabajaban en su propiedad. Una vez, de hecho, se escapó de su gobernanta en la capilla del castillo de Windsor y se sentó en un banco público para poder comprender mejor a las personas que no seguían el protocolo real. En 1854, durante la Guerra de Crimea, Alicia, con solo 11 años, visitó los hospitales de Londres para ver a los soldados heridos junto a su madre y a su hermana mayor. Era más sensible que el resto de sus hermanos y más empática con la tristeza de las personas. Estas características de su personalidad se contrarrestaban con una lengua afilada y un temperamento que se alteraba con facilidad.

Desde su infancia, Alicia tenía una relación cercana con su hermano Eduardo (príncipe de Gales) y, sobre todo, con su hermana Victoria. A pesar de esa relación tan cercana con su hermana, se enfadó con ella cuando esta se casó con el príncipe Federico de Prusia en 1858. A partir de ahí, empezó a sentirse más unida al príncipe de Gales.

La cariñosa de la familia

La compasión de Alicia hacia el sufrimiento de los otros hizo que se convirtiera en una figura popular. Su abuela Victoria, la madre de la reina Victoria, falleció en Frogmore House el 16 de marzo de 1861. Alicia había pasado mucho tiempo al lado de su abuela; iba a tocar el piano en la sala de visitas de su casa y cuidó de ella en las últimas fases de su enfermedad. La reina se sintió muy triste tras la muerte de su madre y descargó mucho de su dolor con Alicia, a quien su padre, Alberto, le había pedido que la consolara. Victoria le escribió a su tío Leopoldo, el rey de Bélgica, que «Alicia ha sido muy cariñosa y afectuosa conmigo y se ha preocupado mucho por mí».

Algunos meses después, el 14 de diciembre de 1861, Alberto murió en el castillo de Windsor. En sus últimos días, Alicia se mantuvo a su lado y avisó al príncipe de Gales por telegrama del empeoramiento en el estado de su padre sin que lo supiera la reina, ya que le acusaba de ser la causa de la enfermedad de Alberto. La reina quedó destrozada tras la muerte de su marido y la corte entró en un periodo de luto profundo. Alicia se convirtió en la secretaria no oficial de su madre, pues por ella pasaban los papeles oficiales de la reina antes de que llegaran a los ministros del gobierno.

 Para realizar esta tarea tuvo la ayuda de su hermana menor, Luisa, pues si bien en un primer momento escogió a su hermana Elena, el hecho de que no pudiera cumplir sus obligaciones sin llorar hizo que fuera apartada de este trabajo.

Matrimonio

Pretendientes

Los planes de matrimonio para Alicia fueron iniciados por su madre en 1860. La reina había dicho que quería ver a sus hijos casarse por amor, aunque eso no significaba que pudieran escoger a alguien de fuera de los círculos de las casas reales europeas. La cuestión de elevar un súbdito británico a miembro de la realeza, por muy alto que fuera el título que ostentara, provocaba problemas políticos y, además, haría que se perdiese una oportunidad para formar una alianza política con un país extranjero. La reina le pidió a su hija Victoria, que se había casado recientemente con el heredero al trono alemán, que le escribiera una lista con los príncipes disponibles en Europa. En su búsqueda encontró solo a dos candidatos: Guillermo de Orange y el príncipe Alberto de Prusia. Guillermo fue descartado en cuanto se supo que estaba enamorado de una archiduquesa católica y que no mostraba ningún interés por Alicia, a pesar de la presión de su madre, la reina Sofía de los Países Bajos, que era probritánica. Aun así, viajó hasta el castillo de Windsor para que la reina Victoria pudiera verlo personalmente, pero a Alicia no le gustó. El príncipe Alberto también fue descartado después de afirmar que Alicia no era lo suficientemente buena para «alguien que se merece lo mejor de lo mejor». La reina Victoria era fuertemente anticatólica y no eligió a su primo, el rey Pedro V de Portugal, solo por sus creencias religiosas.

Con los dos candidatos principales fuera de juego, la princesa Victoria se fijó en el príncipe Luis de Hesse, un miembro de la realeza menor alemana, sobrino del gran duque Luis III de Hesse-Darmstadt. Victoria fue hasta la corte de Hesse para sugerir a la hermana de Luis, Ana, como posible candidata para el matrimonio de su hermano Eduardo, el príncipe de Gales. A pesar de no haber quedado muy impresionada con ella, sí quedó con buena impresión de sus hermanos Luis y Enrique. Ambos fueron invitados a visitar el castillo de Windsor en 1860 para que pudieran asistir a las carreras de caballos de Ascot con la familia, pero en realidad la visita era una oportunidad para que la reina pudiese inspeccionar a su yerno en potencia. A la reina le gustaron ambos, pero se dio cuenta de que Luis y Alicia se habían caído bien. Cuando la familia se preparaba para irse, Luis pidió una fotografía de Alicia y ella le dejó claro que se sentía atraída por él.

Compromiso y boda

Alicia se comprometió con Luis de Hesse el 30 de abril de 1861, tras obtener el consentimiento de la reina. La soberana consiguió que el primer ministro Lord Palmerston llevara al parlamento una propuesta para crear una dote de 30 000 libras esterlinas para Alicia. A pesar de que la cuantía era bastante generosa para la época, el príncipe Alberto afirmó que «no se podía hacer gran cosa con ella» en el pequeño gran ducado, principalmente comparado con los bienes que recibió su hermana Victoria como futura reina de Prusia y emperatriz de Alemania. Además, la futura residencia de la pareja en Darmstadt, el palacio gran ducal, no era muy ostentosa. A pesar de que la reina Victoria esperaba que se construyera un nuevo palacio, la población de Darmstadt no quería realizar tal gasto y la controversia causó mucho resentimiento, lo que hizo que Alicia fuera muy impopular incluso antes de instalarse en su nueva casa.

Entre el compromiso y la boda, el padre de Alicia, el príncipe Alberto, murió el 14 de diciembre de 1861. A pesar de la tristeza de la reina, esta ordenó que la boda debía celebrarse tal y como se había planeado. El 1 de julio de 1862, Alicia y Luis se casaron en una ceremonia privada en Osborne House, donde se habilitó una capilla temporal. Alicia llegó al altar del brazo de su tío, Ernesto II de Sajonia-Coburgo-Gotha y tuvo cuatro damas de compañía: sus tres hermanas menores y la hermana de Luis, Ana. En la ceremonia llevó un vestido blanco con un velo, pero tuvo que usar ropa negra de luto antes y después de la ceremonia. La reina, sentada en su sillón, hizo lo posible para esconder las lágrimas y estuvo resguardada de la vista de los demás invitados por el príncipe de Gales y el príncipe Alfredo, que estuvo llorando durante toda la misa. El tiempo en Osborne era sombrío, con vientos provenientes del canal. La reina le escribió a su hija Victoria diciéndole que la ceremonia «parecía más un funeral que una boda» y que le dijo a Alfred Tennyson que había sido «el día más triste que podía recordar». La ceremonia, descrita por Gerard Noel como «la boda real más triste de los tiempos modernos», acabó a las 4 de la tarde y la pareja partió de luna de miel a St. Claire in Ryde, una casa que les prestó la familia Vernon Harcourt. La comitiva de Alicia estaba formada por lady Churchill, el general Seymour y Herr Westerweller, un cortesano de Hesse.

Alicia tuvo el cuidado de no desagradar a la reina tras la boda. Cuando esta visitó a la pareja en St. Claire, hizo lo posible por no parecer «demasiado feliz». A pesar de eso, la plenitud romántica de Alicia hacía que la reina tuviera celos de su felicidad.

Vida en Hesse

Llegada a Darmstadt

Alicia y Luis llegaron a Bingen el 12 de junio de 1862 y fueron recibidos por entusiastas multitudes, a pesar de la lluvia torrencial que caía. Tras ser presentada a los políticos de la ciudad, la pareja fue en tren hasta Maguncia, donde desayunaron antes de montarse en el barco a vapor que los llevó a lo largo del río Rin hasta Gustavsburgo. De ahí, tomaron el tren para Darmstadt, donde fueron recibidos con mucho entusiasmo. Alicia escribió a su madre para decirle que «creo que nunca vi una recepción tan sentida», mientras que su hermana Elena le escribió «no puede haber sido recibida con tanto entusiasmo en su entrada en Darmstadt». Alicia no se adaptó inmediatamente a su nueva vida. Echaba de menos su casa y aún no aceptaba que, mientras estaba tan lejos de Inglaterra, su padre ya no estaba vivo para reconfortar a su madre. La reina escribió en su diario:
Ya han pasado dos semanas desde que nuestra querida Alicia se fue y, por más extraño que parezca y por mucho que ella haya hecho por mí y por más querida y apreciada, por más que me haya reconfortado y me haya dado ánimos, poco la echo de menos o poco siento que se haya ido. Estoy tan sola por otra gran pérdida y tengo un único pensamiento, que todo ha pasado casi sin que me diera cuenta.
Victoria I del Reino Unido
La cuestión de la residencia donde la pareja iba a vivir se convirtió en un problema tras su llegada, ya que el gran duque no estaba dispuesto a gastar los escasos fondos de Hesse en una casa que fuera lo suficientemente buena para acomodar a una hija de la reina Victoria. Por ello, la pareja recibió una casa en la zona histórica de Darmstadt que tenía vistas a la calle. Sus paredes eran tan finas que se podían oír los carros pasar por la calle. Sin embargo, Alicia se adaptó bien, ya que pasaba el mayor tiempo posible en Hesse para conocer su nuevo hogar. En 1863 viajó a Inglaterra para asistir a la boda de su hermano Eduardo, el príncipe de Gales con la princesa Alejandra de Dinamarca, y dio a luz a su primera hija, Victoria, el 5 de abril de ese mismo año, en presencia de la reina Victoria. El capellán de la corte de Darmstadt fue enviado a Inglaterra expresamente para el bautizo.

Tras regresar a Darmstadt en mayo, Alicia y Luis recibieron una nueva residencia, Kranichstein, al noroeste de Darmstadt. Allí dio a luz a su segunda hija, Isabel, el 1 de noviembre de 1864. Alicia decidió amamantar a su hija, lo que enfureció a la reina Victoria, que era contraria a esa práctica. Además, el hecho de que la reina comprendiera que su hija había encontrado la felicidad plena y, por tanto, iría a visitarla menos a Inglaterra, hizo que se complicara la relación entre madre e hija, situación que se mantendría hasta la muerte de Alicia.

Guerra austro-prusiana


Alicia y Luis con sus hijas Victoria e Isabel.
En 1866, Viena le exigió a Berlín que entregase los territorios conjuntos de los Habsburgo-Hohenzollern a la familia Augustenborg. Berlín se negó y Otto von Bismarck envió tropas a Holstein, controlada por Austria. Esto hizo que el Imperio Austríaco y Prusia entraran en guerra. Hesse estaba de parte de los austríacos con lo cual, técnicamente, Alicia y su hermana Victoria serían enemigas.

Alicia estaba en los últimos días del embarazo de su tercera hija cuando vio a su marido partir para dirigir las tropas de Hesse contra los prusianos y envió a sus dos hijas a Inglaterra para que se quedaran con la reina Victoria. A pesar de su embarazo, Alicia cumplió con sus deberes reales, haciendo vendas para las tropas y preparando hospitales. El 11 de julio, dio a luz a su hija Irene y, cuando las tropas prusianas estaban a punto de entrar en Damstadt, imploró a su marido que se rindiese a los prusianos. Esto provocó la furia del príncipe Alejandro, fuertemente antiprusiano, pero Alicia sabía que los estados alemanes conquistados por Prusia acabarían muy probablemente en una unión formal que tanto ella como su hermana Victoria apoyaban.

Alicia y Luis siempre estuvieron en contacto durante la guerra. Alicia le pedía que no se arriesgara demasiado y Luis le contestaba que no se preocupara. El pánico llegó a Darmstadt y llevó a los jóvenes del ejército a desertar de sus puestos, dejando solo a los centinelas del palacio defendiendo la ciudad. El comportamiento histérico de un general que entró altivo en un hospital gritando «Vienen los prusianos, que cada uno se defienda a sí mismo», a la una de la mañana, enfureció a Alicia.

Con el tiempo, se firmó un tratado de paz entre Prusia y Hesse, y Luis le escribió a su esposa diciéndole que ya estaba «a salvo». Los dos se reencontraron por casualidad en la calle, y después fueron a visitar juntos a los heridos. Los prusianos ocuparon Darmstadt y Alicia dedicó mucho tiempo a cuidar a los enfermos y a los heridos. Era amiga de Florence Nightingale, quien consiguió reunir dinero en Inglaterra para enviárselo a Alicia, y esta siguió sus consejos sobre la limpieza y la ventilación de los hospitales.

A pesar de sentirse aliviada con el fin de la guerra, Alicia quedó conmocionada con el comportamiento de las tropas prusianas en Hesse. Berlín ocupó las líneas ferroviarias y los telégrafos del gran ducado, y pidió tres millones de florines de indemnización a Hesse. Alicia le escribió a su madre quien, a su vez, escribió a Victoria, que le respondió que no podía hacer nada por aliviar «la posición dolorosa y preocupante en la que nuestra querida Alicia se encuentra», pues era «uno de los resultados inevitables de esta horrible guerra». El zar ruso intervino pidiéndole al rey de Prusia que dejara al gran duque que se quedara con su trono. El hecho de que Alicia fuera hermana de la princesa heredera también influyó en la generosidad prusiana. Sin embargo, a Alicia le enfureció que la princesa Victoria visitase la región conquistada de Homburg, que había pertenecido a Hesse, poco después de que se convirtiera en territorio prusiano.

David Strauss

Alicia se hizo amiga del teólogo David Strauss, una figura controvertida de la época. En 1835, Strauss había publicado la obra La vida de Jesús, donde defendía que la Biblia no podía interpretarse literalmente como la palabra de Dios, una óptica que rozaba la herejía en círculos ortodoxos. La perspectiva de Alicia era similar a la del teólogo y creía que la sociedad victoriana de su época estaba representando a Dios de una forma que sería «irreconocible para los primeros cristianos». Strauss también le ofrecía a Alicia el tipo de compañerismo intelectual que su marido no podía darle y, por eso, era invitado muchas veces para leer en privado para Alicia. La amistad floreció y Strauss fue presentado a la hermana de Alicia, Victoria y a su cuñado Federico, que lo invitaron a ir a Berlín.

 En 1870, Strauss quiso dedicar su nueva obra Voltaire a Alicia, pero tuvo miedo de pedirlo y entonces ella le pidió a este que le dedicara el libro. Sin embargo, la amistad de Alicia con Strauss enfureció a la emperatriz Augusta, que denominó a Alicia «una completa atea», tras conocer el pensamiento del teólogo.

1871: relaciones políticas y familiares


Alicia en 1875.
En enero de 1871 se creó el Imperio alemán y la opinión de Alicia quedó dividida: se sentía orgullosa por ver la unificación de Alemania, pero triste por ver a su marido obligado a luchar en el bando prusiano. Los dos estuvieron separados durante un año entero y solo se veían en las pequeñas pausas de la guerra. Alicia se lamentaba de lo «infeliz que había sido el año pasado». Viajó hasta Balmoral para visitar a su madre, pero como estaba recuperándose de dos enfermedades graves, Alicia sentía que no era bien recibida. Por ello, Alicia y Luis se quedaron con los príncipes de Gales en Sandringham, donde Luis pudo ir de caza. Sin embargo, poco antes de la fecha de partida de estos, el príncipe de Gales enfermó de fiebre tifoidea y su estado llegó a ser crítico, aunque tras un periodo agitado pudo recuperarse.

Tras la recuperación del príncipe, la reina quería, por encima de todo, que los agasajos por su buena salud fueran para la princesa de Gales y no para Alicia. La reina aún recordaba que Alicia se había opuesto a su elección para el marido de la princesa Elena, y la relación entre ellas siguió empeorando hasta la muerte de Alicia. A la reina no le gustaba la idea de ver a Alicia amamantando a sus hijos, ni su interés por la ginecología o el cuerpo humano. Cuando la hermana de Alicia, Luisa, se casó el 21 de marzo de 1871, la reina le escribió a Luisa: «preferiría no tener que encontrármela [a Alicia] tan pronto, pues sé cómo es su curiosidad y, aún peor y es algo que no me gusta decir de mi propia hija, sé cómo es de poco delicada e incluso grosera cuando Lenchen me visitó en 1869 y le conté estas cosas, aquella pobre cristiana quedó conmocionada». La reina también se irritaba con las cartas de Alicia donde se quejaba de su pobreza y de sus intentos por animarla cuando la visitaba. Victoria estaba satisfecha con su tristeza y no quería que nadie la animara. El hecho de que a Alicia no le gustara el aislamiento funerario de su madre estropeó aún más la relación.

Últimos años

La tragedia alcanzó a Alicia el 29 de mayo de 1873, cuando su hijo más querido, Federico, a quien llamaba «Frittie», murió tras caer 6 metros desde una ventana. El niño padecía hemofilia y, a pesar de haber recuperado el conocimiento, no fue posible parar la hemorragia interna. Alicia nunca consiguió recuperarse de este golpe y le escribió a su madre, dos meses después: «Me alegra saber que tienes una fotografía en color de mi querido hijo. Me siento más baja de moral y más triste que nunca y lo echo de menos continuamente». Sin embargo, las atenciones de la reina estaban dirigidas a su hijo, el príncipe Alfredo, que estaba prometido a la gran duquesa María Aleksándrovna de Rusia. El zar se había negado a llevar a su hija hasta Inglaterra para supervisar la boda y, en vez de eso, le insistió a la reina para que se encontrara con la familia en Alemania. Alicia apoyó esta idea y, el mismo día que había escrito a la reina para hablarle de Federico, esta le respondió de forma seca: «Te pusiste totalmente del lado ruso y creo que tú, mi querida hija, no me deberías decir lo que debo hacer».


Alicia con sus hijos en 1876.
Tras la muerte de Federico, Alicia se sintió más próxima a su hijo Ernesto y a su hija recién nacida, María. En 1875 retomó sus deberes públicos, que incluían recaudar fondos así como trabajo médico y social, que siempre le habían interesado mucho. Mantuvo siempre una correspondencia activa con la reformista social Octavia Hill. Sin embargo, en estos años, la relación con su marido empezó a deteriorarse. A finales de 1876, fue a Inglaterra para tratarse de una curvatura en el vientre y se quedó en Balmoral mientras se recuperaba. Allí escribió una carta en la que criticaba la infantilidad de las cartas de su marido: «si mis hijos me escribieran cartas tan infantiles —solo pequeñas historias— de dónde han comido, de dónde han estado, etc. sin dar su opinión, ni ninguna observación o comentario, me hubiera sorprendido. Imagínate cómo me quedo cuando eres tú el que me escribes así». El 3 de octubre de 1876 le escribió otra carta desesperada a Luis:
Esperaba compañerismo verdadero pues, para colmo, la vida en Darmstadt no tiene nada más que ofrecerme ( Por eso, naturalmente, estoy muy desilusionada conmigo misma cuando miro atrás y veo que, a pesar de las grandes ambiciones, de las buenas intenciones y del esfuerzo, mis esperanzas se han deshecho ( Dices, querido mío, que nunca me harías daño a posta ( solo lamento la falta de cualquier intención o deseo —aunque fuera interiorizado— de tu parte para ser más para mí, y esto no significa que pases todo el tiempo conmigo, sin tener el deseo de compartir nada conmigo. Pero hago mal en hablar de esto. Tus cartas no son tan adorables y amables —sino tan vacías— que siento que cada vez tengo menos cosas que decirte que a cualquier otra persona. Lluvia, mal tiempo, cosas que pasaron, es todo lo que tengo que decirte —y es tan distante de mi verdadero ser, de mi vida más profunda, de la tuya— ( Intenté una y otra hablarte de cosas serias, cuando siento necesidad de hacerlo, pero nunca estamos juntos, nos desarrollamos por separado ( y es por eso que siento que el compañerismo verdadero nunca va a existir entre nosotros —porque nuestros pensamientos nunca se van a encontrar— ( también he de decir que te quiero mucho, mi querido marido, y por eso es tan triste sentir que nuestra vida, a pesar de esto, sigue tan incompleta (...) Pero no te puedo culpar por eso —nunca lo he pensado, nunca—.
Alicia del Reino Unido
Al día siguiente, Alicia escribió una carta mucho más corta a Luis en la que le decía que estaba ansiosa por reencontrarse con él y que esperaba que «mi carta no te haya preocupado —pero es mejor ser honesta con mis sentimientos—».

Gran duquesa


Alicia, c.1869.
A pesar de los problemas conyugales, Alicia siguió siendo un fuerte apoyo de su marido, censurando a quienes no le reconocían sus talentos y habilidades. El 20 de marzo de 1877, el padre de Luis, Carlos, murió, convirtiéndolos a ambos en herederos al trono. El 13 de junio de ese mismo año, el tío de Luis, Luis III, murió y ellos se convirtieron en grandes duques de Hesse. Sin embargo, la falta de popularidad de Alicia en Darmstadt hizo que ella y sus hijos pasaran los meses de julio y agosto en Houlgate, en Normandía, donde Luis los visitaba con frecuencia. La gran duquesa se sentía dolida por su reputación en Darmstadt y empezó a sentirse cada vez más frustrada debido a su mala fama en el gran ducado. En agosto de 1877, Luis le escribió, expresándole su esperanza de que «la amargura del agua salada te haga olvidar la amargura que ahora sientes por Darmstadt. Por favor, amor mío, no hables mal del reino cuando me una a ti, porque estropearías la felicidad de verte nuevamente».

Alicia se tomó a pecho las palabras de Luis y le respondió:
Ten la seguridad de que no te voy a hablar de Darmstadt cuando llegues (...) No tengo ninguna intención de decirte nada desagradable, mucho menos a ti. Tú te sacudes todo lo desagradable como un caniche se sacude el agua del pelo cuando sale del mar. Caracteres como el tuyo siempre hacen más felices a uno mismo, pero no están hechos para ayudar, reconfortar o aconsejar a los demás, ni para compartir con otros el calor del mediodía o el frío de la noche, con introspección, comprensión y simpatía.
Alicia del Reino Unido
La carta de respuesta de Luis «hizo a Alicia llorar» y, tras este incidente, las cartas de Alicia a Luis empezaron a ser más valientes y a elogiar la capacidad de Luis para tomar decisiones solo.

El regreso de Alicia y Luis a Darmstadt fue muy celebrado, algo que ella no esperaba. Sin embargo, las obligaciones eran muy exigentes y eso llevó a Alicia a escribirle a su madre que «todo me da miedo». Usó su nueva posición para reformar las condiciones sociales en Darmstadt, pero creía que su nueva responsabilidad de Landesmutter (madre del pueblo) le exigía mucho esfuerzo. En otra carta dirigida a su madre, escribió que sus obligaciones eran «más de lo podía aguantar mucho tiempo».

Sentía igualmente angustia por un rumor que decía que había sido cruel con la tía de Luis, la gran duquesa viuda Matilde, así como dolida por una carta poco simpática de la reina Victoria. Alicia se quejó a Luis de que esa carta «me hizo llorar de rabia (...) ojalá estuviera muerta y probablemente no falta mucho para darle ese gusto a mamá». Sin embargo, no queda constancia de qué pudo haber causado ese ataque de rabia.

La navidad de 1877 fue un descanso para Alicia, pues su familia se volvió a unir y ella adoraba a su hija pequeña, María. Estaba demasiado cansada para asistir a la boda de su sobrina, la princesa Carlota, en Berlín en enero de 1878. En lugar de eso, se introdujo en el mundo de las artes y las ciencias y se distanció de los protocolos sociales. Sin embargo, seguía sintiendo la pesada carga de sus obligaciones. En otoño de 1878, la reina Victoria le pagó unas vacaciones a la familia gran ducal en Eastbourne. Alicia cumplió varias de sus obligaciones reales en el viaje y visitó a su madre en Osborne antes de volver al nuevo palacio de Darmstadt cerca de final de año.

Enfermedad y muerte

En noviembre de 1878 el palacio se vio afectado por una epidemia de difteria. La hija mayor de Alicia, Victoria, fue la primera en enfermar tras haberse quejado de un dolor de garganta en la noche del 5 de noviembre. Le fue diagnosticada difteria la mañana siguiente y la enfermedad se extendió rápidamente a otros cuatro hijos de Alicia: Alejandra, María, Irene y Ernesto. Su marido se contagió poco después. Isabel fue la única que no enfermó y fue enviada al palacio de la abuela.

María estaba muy grave el 15 de noviembre y Alicia fue a su cuarto. Sin embargo, cuando llegó ya era tarde; María había muerto asfixiada. La gran duquesa le escribió a la reina Victoria que «el dolor no tiene palabras». Alicia le escondió la noticia de la muerte de María a sus hermanos durante varias semanas, pero acabó por decírselo a Ernesto a principios de diciembre. Su reacción fue peor de lo que esperaba y, en principio, se negó a creerla. Cuando él se puso a llorar, Alicia rompió su regla sobre el contacto personal con enfermos y le dio un beso. Sin embargo, en un principio, Alicia no enfermó. De hecho, se vio con su hermana Victoria cuando esta pasó por Darmstadt camino de Inglaterra y le escribió ese mismo día diciendo que sentía «una pequeña alegría». Sin embargo, el sábado de esa semana, el 14 de diciembre, la fecha del aniversario de la muerte de su padre, enfermó gravemente de difteria que su hijo le había contagiado. Sus últimas palabras fueron «querido papá» y quedó inconsciente a las 2:30 de la mañana. Murió a las 8:30 de esa misma mañana.

Alicia fue enterrada el 18 de diciembre de 1878 en el mausoleo gran ducal en Rosenhöhe, en los alrededores de Darmstadt, con la bandera del Reino Unido cubriendo el ataúd. Se erigió un monumento especial sobre su sepultura, que representaba a Alicia con su hija María en los brazos, concebido por Joseph Boehm. Alicia fue la primera hija de la reina Victoria que murió. Esta vivió aún más de veinte años y vio morir a dos hijos más (Leopoldo y Alfredo) antes de su muerte en 1901.

Legado


Alejandra, la hija más conocida de Alicia, con su marido, Nicolás II
y sus cinco hijos Alexis (en los brazos de la madre), Tatiana, María, Anastasia y Olga.
Alejandra recibió el gen de la hemofilia de su madre y se lo pasó a su hijo,
lo que afectó a la popularidad de los Romanov en Rusia
y ayudó al estallido de la revolución rusa en 1917
La muerte de Alicia causó un impacto emocional tanto en Gran Bretaña como en Hesse. The Times escribió: «Las personas más humildes se sentían afines a la princesa, que era un modelo de virtud familiar como hija, hermana, esposa y madre (...) Su abundante compasión buscó fuentes de ayuda para el gran desperdicio desconocido del sufrimiento humano». Illustrated London News escribió que «la lección de vida de la princesa fallecida es tan noble como obvia. El valor moral es más importante que una posición de privilegio». Su muerte fue también profundamente lamentada por la familia real, principalmente por el hermano y la cuñada de Alicia, el príncipe y la princesa de Gales. Cuando la princesa de Gales supo la noticia, exclamó: «Ojalá hubiera muerto yo en vez de ella». El príncipe le escribió al conde de Granville que Alicia «era mi hermana preferida. Tan bondadosa, tan amable, tan inteligente. Habíamos pasado por tantas cosas juntos...».

La reina Victoria, impactada por el dolor, le escribió a su hija Victoria: «Mi querida hija, que estuvo a mi lado y me animó hace diecisiete años se fue el mismo día y por una enfermedad tan horrible y espantosa (...) Ella tenía la personalidad de su querido papá y mucho de su carácter abnegado y sin miedo y esa dedicación completa al deber». La animosidad que Victoria sentía por su hija dejó de existir. La princesa Victoria expresó su dolor a su madre en una carta de 39 páginas en las que lamentaba profundamente la muerte de Alicia, la hermana a la que se sentía más cercana. Sin embargo, tanto ella como su marido no pudieron asistir al funeral porque el emperador de Alemania se lo impidió, pues temía por su seguridad.

Los descendientes de Alicia jugaron papeles importantes en la historia mundial. Su sexta hija, Alejandra, se casó con el zar Nicolás II de Rusia. Alejandra pasó el gen de la hemofilia que había heredado de la madre a su hijo, el zarévich Alexis, lo que ayudó en mucho al éxito de la Revolución rusa de 1917. Alejandra y su marido, así como sus cinco hijos, fueron asesinados por los bolcheviques el año siguiente. Del mismo modo, la segunda hija de Alicia, Isabel, que se casó con el gran duque Sergio, fue asesinada en 1918. El nieto de Alicia, Luis Mountbatten, fue el último virrey de la India, y su bisnieto, el príncipe Felipe de Edimburgo, se casó con la reina Isabel II.

Descendencia

NombreFecha de nacimientoFecha de fallecimientoNotas
Victoria5 de abril de 186324 de septiembre de 1950Se casó con Luis de Battenberg, futuro marqués de Milford Haven (1854-1921); con descendencia.
Isabel1 de noviembre de 186418 de julio de 1918Adoptó el nombre de Isabel Fiódorovna al bautizarse en la fe ortodoxa. Se casó con el hijo del emperador Alejandro II de Rusia, el gran duque Sergio (1857-1905). Fue asesinada por los bolcheviques. Sin descendencia.
Irene11 de julio de 186611 de noviembre de 1953Se casó con Enrique de Prusia (1862-1929), hijo de Federico III de Alemania y su tía, Victoria. Con descendencia.
Ernesto25 de noviembre de 18689 de octubre de 1937Se convirtió en gran duque de Hesse en 1892 y abdicó en 1918. Se casó con su prima Victoria Melita de Sajonia-Coburgo-Gotha (1876-1936), se divorció y se casó con Eleonore de Solms-Hohensolms-Lich (1871-1937). Con descendencia.
Federico7 de octubre de 187029 de mayo de 1873Sufría hemofilia y murió de una hemorragia interna tras caer de una ventana cuando tenía dos años y medio.
Alejandra6 de junio de 187217 de julio de 1918Adoptó el nombre de Alejandra Fiódorovna al bautizarse en la fe ortodoxa. Se casó con el zar Nicolás II de Rusia (1868-1918). Fue asesinada junto con su marido y sus hijos por los bolcheviques. Con descendencia.
María24 de mayo de 187416 de noviembre de 1878Murió de difteria con cuatro años. Sin descendencia.

Títulos

  • 25 de abril de 1843 - 1 de julio de 1862: Su Alteza Real La Princesa Alicia.
  • 1 de julio de 1862 - 13 de junio de 1877: Su Alteza Real Princesa Luis de Hesse y del Rin.
  • 13 de junio de 1877 - 14 de diciembre de 1878: Su Alteza Real La Gran Duquesa de Hesse y del Rin.






Luis IV de Hesse-Darmstadt


Luis IV de Hesse-Darmstadt (Darmstadt, 12 de septiembre de 1837 - ibídem, 13 de marzo de 1892) fue Gran Duque de Hesse-Darmstadt (1877-1892). Sobrino del Gran Duque Luis III de Hesse-Darmstadt, esposo de la Princesa Alicia del Reino Unido; descendientes suyos son Lord Luis Mountbatten o el Príncipe Felipe, Duque de Edimburgo.
                   
Luis IV era hijo del Príncipe heredero Carlos de Hesse-Darmstadt y de la Princesa Isabel de Prusia, que era hija del Príncipe Guillermo de Prusia y de la Landgravina María Ana de Hesse-Homburg, y por parte de padre nieta del Rey Federico Guillermo II de Prusia.
El Príncipe era, además, sobrino de la Princesa María de Hesse-Darmstadt y del Príncipe Alejandro de Hesse-Darmstadt, del cual descienden los príncipes de Battenberg y la familia Mountbatten.

Biografía

Durante la Guerra Austro-prusiana el gran ducado de Hesse-Darmstadt dio apoyo al emperador Francisco José I de Austria, en contra de Prusia. Se perdió la guerra, y Hesse fue ocupado. A pesar de ello, mantuvieron su soberanía a cambio de la colaboración durante la Guerra franco-prusiana de 1870.

Tras la muerte de su esposa, se volvió a casar de forma morganática con la señora Alejandrina Hutten-Czapska, mujer del delegado de negocios de la embajada rusa en Darmstadt. El matrimonio fue anulado un año después a causa del malestar de la familia ducal. A la señora Alejandrina se le dio el título de condesa de Romrod. No tuvieron descendencia en común.

Distinciones honoríficas

  • House Order of the Golden Lion - Knight (Hesse-Kassel) - ribbon bar.png Soberano Gran Maestre de la Orden del León de Oro (Gran Ducado de Hesse-Darmstadt).
  • Ludwig Order (Hesse) - ribbon bar.png Soberano Gran Maestre de la Orden de Luis (Gran Ducado de Hesse-Darmstadt).
  • D-PRU Pour le Mérite.png Caballero de la Orden del Mérito (Reino de Prusia).
  • D-PRU EK 1914 1 Klasse BAR.svg Caballero de I Clase de la Cruz de Hierro (Reino de Prusia).
  • D-PRU EK 1914 2 Klasse BAR.svg Caballero de II Clase de la Cruz de Hierro (Reino de Prusia).
  • Order of the Garter UK ribbon.png Caballero de la Nobilísima Orden de la Jarretera (Reino Unido, 1862).




 
 

Alfredo de Sajonia-Coburgo-Gotha


Alfredo, duque de Sajonia-Coburgo-Gotha (castillo de Windsor, Londres, 6 de agosto de 1844 - castillo de Rosenau, Coburgo, 30 de julio de 1900), fue un príncipe británico conocido como Alfredo, duque de Edimburgo, hasta su ascenso al trono del ducado germánico. Alfredo era el cuarto de los nueve hijos de la reina Victoria del Reino Unido y de su esposo, Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

El príncipe Alfredo fue bautizado en la Capilla Privada del castillo de Windsor el 6 de septiembre de 1844, por Guillermo Howley, arzobispo de Canterbury; sus padrinos eran su tío-abuelo materno, el duque de Cambridge (representado por su hijo Jorge de Hannover), su tía política paterna, Alejandrina de Baden, duquesa de Sajonia-Coburgo-Gotha (representada por la abuela materna de Alfredo, la duquesa de Kent) y su tío materno, el príncipe Carlos de Leiningen, medio-hermano de la reina Victoria (representado por el duque de Wellington).

Carrera en la Marina Británica                

Desde muy temprana edad se acordó que el príncipe Alfredo se enrolaría en la Marina, de acuerdo con los deseos de sus padres. En 1856, y de acuerdo con su propia voluntad, Alfredo ingresó en la Marina Real Británica. Se acordó un alojamiento separado para él, con el teniente Sowell, R.E., como gobernador. Aprobó los exámenes para ser marino en agosto de 1858, y fue inmediatamente enviado a servir en el navío Euryalus. En julio de 1860, mientras estaba en ese barco, tuvo que realizar una visita oficial a Ciudad del Cabo, en donde dio una impresión muy favorable tanto a los colonos como a los jefes nativos.

Tras la abdicación del rey Otón I de Grecia en 1862, el príncipe Alfredo fue escogido para sucederlo en el trono griego, pero diversos convencionalismos políticos impidieron que el gobierno británico aceptase el plan. Finalmente el príncipe alemán Guillermo de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg fue elegido como rey de los helenos.

El príncipe Alfredo, continuando con su carrera militar, fue promovido a teniente el 24 de febrero de 1863 y a capitán el 23 de febrero de 1866, siéndole encargado el mando de la fragata Galatea.
El 24 de mayo de 1866 fue creado duque de Edimburgo, conde de Kent y conde de Ulster, títulos que además iban acompañados de una pensión anual de £15,000 otorgadas por el Parlamento. Asimismo, ocupó su escaño en la Cámara de los Lores el 8 de junio.

Tras ser creado caballero de la Orden de la Jarretera el 24 de mayo de 1863, su madre, la reina Victoria también le confirió el rango de caballero de la Orden del Cardo (de Escocia), caballero de la Orden de San Patricio (de Irlanda), así como la dignidad de caballero gran cruz de la Orden del Baño, caballero gran comendador de la Orden de la Estrella de la India, caballero gran cruz de la Orden de San Miguel y San Jorge y caballero gran cruz de la Real Orden Victoriana.

Adicionalmente, ostentó las principales órdenes extranjeras de caballería, ya que fue caballero de la Orden del Águila Negra, de Prusia, caballero de la Orden del Toisón de Oro, de España, caballero de la Suprema Orden de la Santísima Anunciación, del Italia, caballero gran cruz de la Legión de Honor de Francia, la caballero de la Orden de San Esteban de Austria, caballero de la Orden de San Andrés en Rusia, la de Kamehameha I de Hawái y la de Ostmanieh en el Imperio otomano.

Cuando todavía estaba al mando del Galatea, el duque de Edimburgo partió de Plymouth el 24 de enero de 1867, comenzando entonces su viaje alrededor del mundo. El 7 de junio abandonó Gibraltar, y tras hacer escala en Tristán da Cunha, llegó a Ciudad del Cabo el 24 de julio. Arribó en Glenelg, en el sur de Australia, el 31 de octubre de ese año.

El príncipe Alfredo fue el primer príncipe británico en visitar Australia, y consecuentemente fue recibido con gran entusiasmo. Durante su estancia allí en casi cinco meses visitó Adelaida, Melbourne, Sídney, Brisbane y Tasmania.

El 12 de marzo de 1868, durante su segunda visita a Sídney, mientras tomaba un refrigerio en el suburbio de Clontarf, Enrique Jacobo O'Farrell le disparó; el príncipe recibió el disparo justo a la derecha de la espina dorsal; fue atendido durante las siguientes dos semanas por seis enfermeras entrenadas por Florence Nightingale que estaban bajo las directrices de la matrona Lucy Osburn, y que acababan de llegar a Australia en (febrero de 1868). En la mañana del 23 de marzo de 1868, las personas más influyentes de Sídney votaron para construir un edificio para "dejar testimonio de la gratitud del corazón de la comunidad por el restablecimiento de Su Alteza Real". De esta manera comenzó la construcción del Hospital Real del Príncipe Alfredo. El príncipe Alfredo pronto se recuperó de sus heridas lo suficiente como para comandar su nave y regresar a Gran Bretaña a comienzos de abril de 1868. Enrique Jacobo O'Farrell fue arrestado inmediatamente tras el atentado, rápidamente juzgado, condenado y ahorcado el 21 de abril de 1868.

El duque de Edimburgo llegó a Spithead el 26 de junio de 1868, después de una ausencia de 17 meses. Fue además el primer miembro de la familia real británica en visitar Nueva Zelandia, arribando allí en 1869 en el Galatea. El siguiente viaje del príncipe fue a la India, donde llegó en diciembre de 1869. Tanto allí como en Hong Kong, que había visitado en el camino, fue el príncipe británico en pisar ese país. Los gobernantes nativos de la India dieron magníficas muestras para el entretenimiento del príncipe Alfredo durante los tres meses que permaneció allí. También visitó oficialmente el Reino de Hawái, siendo recibido por Kamehameha V.

Matrimonio

El 23 de enero de 1874, en el palacio de Invierno de San Petersburgo, el príncipe Alfredo se casó con la gran duquesa María Aleksándrovna de Rusia, hija del zar Alejandro II. Los duques de Edimburgo hicieron su entrada formal en Londres el 12 de marzo. Sin embargo, el matrimonio no fue del todo feliz, debido en parte al arrogante comportamiento de la novia hacia la sociedad londinense. Tuvieron seis hijos en total:
  • Alfredo (palacio de Buckingham, 15.10.1874 - Merano, 6.2.1899).
  • María Alejandra Victoria (Eastwell Park, 29.10.1875 - castillo de Peleș, Sinaia, 10.7.1938), casada con el rey Fernando I de Rumanía.
  • Victoria Melita de Sajonia-Coburgo-Gotha (Palacio de San Antonio, Malta, 25.11.1876 - Amorbach, 2.3.1936), casada primero con su primo carnal, Ernesto Luis, Gran Duque de Hesse y del Rin (del que se divorció en 1901) y luego otro primo carnal, el Gran Duque Cirilo Vladimirovich de Rusia.
  • Alejandra Luisa Olga Victoria (Coburgo, 1.9.1878 - Schwäbisch-Hall, 16.4.1942), casada con el príncipe Ernesto de Hohenlohe-Langenburg.
  • Un hijo nacido muerto (13.10.1879).
  • Beatriz Leopoldina Victoria (Eastwell Park, 20.4.1884 - Sanlúcar de Barrameda, 13.7.1966), casada con Alfonso de Orleans y Borbón, Infante de España y Duque de Galliera.
El duque de Edimburgo estuvo totalmente entregado a su profesión, mostrando una completa maestría en su deber y una inusual inteligencia en tácticas navales. Estuvo estacionado en Malta durante muchos años y donde nació su tercer vástago, Victoria Melita, en 1876. Fue promovido sucesivamente a los rangos de Almirante Real el 30 de diciembre de 1878, Vice-Almirante, el 10 de noviembre de 1882, al de Almirante, el 18 de octubre de 1887, y finalmente recibió el rango de Almirante de la Flota, el 3 de junio de 1893. Asimismo, comandó la Flota del Canal de la Mancha entre 1883 y 1884; la Flota Mediterránea, en 1886-1889; y también fue designado Comandante en Fefe de Devonport, Plymouth, en 1890-1893.

Sucesión al trono de Coburgo y fallecimiento

El 22 de agosto de 1893 murió sin hijos su tío paterno, el duque Ernesto II de Sajonia-Coburgo-Gotha; el ducado recayó pues en Alfredo, después de que su hermano mayor, el príncipe de Gales, renunciara a sus derechos sucesorios del trono de Sajonia-Coburgo. En consecuencia, el duque de Edimburgo tuvo que renunciar a la pensión anual de £15,000 otorgada por el Parlamento británico y a sus escaños en la Cámara de los Lores y el Consejo Privado, pero logró conservar las £10,000 anuales otorgadas en ocasión de su matrimonio, con el propósito de poder mantener su residencia en Londres, Clarence House. Aunque en un principio fue recibido en Coburgo con cierta frialdad por ser "extranjero", Alfredo gradualmente fue ganando popularidad y, en el momento de su muerte, ya se había ganado el amor de sus súbditos. El duque tenía un enorme gusto por la música y era un excelente violinista, y tuvo mucho que ver en el establecimiento del Real Colegio de Música.

Asimismo, fue un coleccionsita de vasos y cerámicas raras, y su colección, valorada en medio millón de marcos, fue presentada por su viuda en el Veste Coburgo, una gran fortaleza cerca de Coburgo.
El único hijo del duque, Alfredo, príncipe heredero de Coburgo, se vio envuelto en un escándalo con una mujer de dudosa reputación, e intentó suicidarse de un disparo en enero de 1899, durante las celebraciones realizadas por el 25º aniversario de boda de sus padres. Sobrevivió, pero sus avergonzados progenitores lo enviaron a Merano para restablecerse, donde murió dos semanas más tarde, el 6 de febrero de 1899.

Alfredo, duque de Sajonia-Coburgo-Gotha, murió víctima de un cáncer de garganta, a los 55 años de edad, siendo sepultado en el cementerio de la familia ducal a las afueras de Coburgo.

Títulos

  • 6 de agosto de 1844–24 de mayo de 1866: Su Alteza Real el príncipe Alfredo.
  • 24 de mayo de 1866–23 de agosto de 1893: Su Alteza Real el duque de Edimburgo.
  • 23 de agosto de 1893–30 de julio de 1900: Su Alteza Real el duque de Sajonia-Coburgo-Gotha.



María Aleksándrovna de Rusia


Gran Duquesa María Aleksándrovna de Rusia (en ruso: Мария Алекса́ндровна Poмáнова; Tsárskoye Seló, 17 de octubre de 1853 - Zúrich, el 24 de octubre de 1920) era el quinto hijo y única hija sobreviviente del zar Alejandro II de Rusia y de su primera mujer la princesa María de Hesse-Darmstadt. Era la hermana menor del zar Alejandro III de Rusia y tía paterna del último zar de Rusia, Nicolás II.
                           
En 1874, se casó con el príncipe Alfredo, duque de Edimburgo, el segundo hijo de la reina Victoria del Reino Unido y del príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha; fue ​​la primera y única Románov en casarse con un miembro de la familia real británica. Viviendo sus primeros años de matrimonio en Inglaterra, María nunca se adaptó a la corte británica ni superó su aversión por el país de adopción. Más tarde, acompañó a su marido cuando él ejerció puestos de mando como almirante de la Royal Navy en Malta (1886-1889) y Devonport (1890-1893). La duquesa de Edimburgo viajó extensivamente por toda Europa visitando Rusia a menudo, y pasó largos periodos en Inglaterra y Alemania participando en eventos sociales y familiares.

En agosto de 1893, Alfredo sucedió a su tío, Ernesto II, como gobernante del ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha y la familia se fue a vivir permanentemente a Alemania. A diferencia de la aversión que sentía por Inglaterra, María estaba disfrutando de la vida en su nuevo país, donde fue activo en proyectos culturales y la caridad. Fue una madre presente que apoyaba firmemente a sus hijas, pero fue muy crítica con su hijo rebelde, que murió en 1899. Su marido murió al año siguiente.

En su viudez, María continuó viviendo en Coburgo, pero el estallido de Primera Guerra Mundial terminó dividiendo sus simpatías. Se puso al lado de Alemania en contra de su Rusia natal. Su único hermano vivo, el Gran Duque Pablo Aleksándrovich, su sobrino, zar Nicolás II, y muchos otros familiares fueron asesinados durante la Revolución Rusa de 1917 y perdió su considerable fortuna. Desde 1893 hasta su muerte, tuvo la distinción de ser gran duquesa rusa (de nacimiento), princesa y duquesa real británica (por matrimonio), y la consorte (y más tarde la viuda) de un duque soberano alemán.

En noviembre de 1918, con el final de la Primera Guerra Mundial, el ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha, en el que había gobernado y marido y posteriormente su sobrino, dejó de existir. María Aleksándrovna murió dos años más tarde en el exilio en Suiza, donde vivía modestamente.

Nació en el palacio de Tsárskoye Seló, y pasó su infancia en Rusia siendo la preferida de su padre, el zar Alejandro II, que fue asesinado en 1881. Su madre, la zarina María de Hesse-Darmstadt, hija legal de Luis II de Hesse-Darmstadt, aunque se rumoreaba abiertamente que su padre era el barón Augusto de Senarclens, chambelán de su madre. Era la tía del zar Nicolás II de Rusia, quien fue asesinado en 1918. También era hermana del padre de Nicolás, el zar Ajejandro III al cual se parecía bastante. Su hermano, el gran duque Sergio Aleksándrovich de Rusia fue asesinado en Moscú en 1905, y otro hermano, el gran duque Pablo Aleksándrovich de Rusia fue asesinado en San Petersburgo en 1919.

Matrimonio


La gran duquesa María con su esposo y su primer hijo.
El 23 de enero de 1874 en el Palacio de Invierno, San Petersburgo, la gran duquesa María contrajo matrimonio con el príncipe Alfredo de Inglaterra, duque de Edimburgo, segundo hijo de la reina Victoria. Para conmemorar la ocasión, una pequeña panadería inglesa creó las ahora internacionalmente populares galletas María, con el nombre impreso de la duquesa en su parte superior. Los duques de Edimburgo hicieron su entrada pública en Londres el 12 de marzo.
El matrimonio, sin embargo, no fue feliz, y la novia era considerada altiva por la sociedad londinense. Además, el zar Alejandro II insistía en que a su hija se la denominara «Alteza Imperial» y que tuviera precedencia sobre la entonces princesa de Gales, lo que enfurecía a la reina Victoria. La reina insistía en que se la denominara «Su Alteza Real» María Aleksándrovna, algo adquirido después del matrimonio, y que siempre debía preceder al título de «Alteza Imperial», que era suyo por nacimiento. Además, a la nueva duquesa de Edimburgo parecía molestarle el hecho de que la princesa de Gales, que era hija del rey de Dinamarca, tuviese precedencia sobre ella, la hija del emperador de Rusia.
Después de la boda, María varió su referencia de Alteza Real a Alteza Real e Imperial, y finalmente a Alteza Imperial y Real. La reina Victoria le concedió prioridad inmediatamente después de la princesa de Gales. Su padre le dio como dote la asombrosa suma de 100.000 libras esterlinas, a lo que se sumaba un sueldo anual de £ 28 000.

Sajonia-Coburgo-Gotha

A la muerte del tío de Alfredo, Ernesto II de Sajonia-Coburgo-Gotha, el 22 de agosto de 1893, la corona del ducado vacante cayó en el duque de Edimburgo, pues ya su hermano mayor, el príncipe de Gales había renunciado a sus derechos a la sucesión. Entregó su asignación británica de 15.000 libras esterlinas al año y su escaño en la Cámara de los Lores y en el Consejo Privado, pero mantuvo la asignación de 10.000 libras concedidas por su matrimonio con el fin de mantener Clarence House como su residencia en Londres. Tras la ascensión de su marido al trono ducal, la gran duquesa María Alexandrovna se convirtió en duquesa de Sajonia-Coburgo-Gotha, además de ser la duquesa de Edimburgo. Dado que era la consorte de un duque soberano alemán, técnicamente superaba a sus cuñadas en las celebraciones del Jubileo de Diamante de la reina Victoria.

El único hijo de la pareja, el príncipe heredero Alfredo, se involucró en un escándalo con su amante y se disparó a sí mismo en enero de 1899, durante el vigésimo quinto aniversario de bodas de sus padres. Sobrevivió, pero sus padres lo enviaron avergonzados a recuperarse a Merano, donde murió dos semanas más tarde, el 6 de febrero. El duque de Sajonia-Coburgo Gotha murió de cáncer de garganta el 30 de julio de 1900 en el Castillo de Rosenau en Coburgo. El trono ducal pasó entonces a su sobrino, el príncipe Carlos Eduardo, duque de Albany, pese a lo cual, la duquesa viuda de Sajonia-Coburgo-Gotha siguió residiendo en Coburgo.

Vida posterior

Tras la Primera Guerra Mundial, en la que todos los principados alemanes perdieron a sus soberanos, se fue a vivir a Suiza. Esos años fueron trágicos para la duquesa, que vio morir a muchos parientes Románov en la Revolución rusa. Murió en octubre de 1920 en Zürich, aparentemente después de recibir un telegrama dirigido a ella como «Frau Coburgo», y fue enterrada en el cementerio de la Familia Ducal. De sus cuatro hijas, a la reina de Rumanía se le prohibió viajar a Alemania para asistir al entierro de su madre, debido a la reciente guerra, en la que Alemania y Rumanía habían luchado en bandos opuestos.

Descendencia

  1. Alfredo (1874–1899).
  2. María (1875–1938), casada con el rey Fernando I de Rumania.
  3. Victoria Melita (1876–1936), casada primero con Ernesto Luis, Gran Duque de Hesse y del Rin (del que se divorció en 1901) y luego con el Gran Duque Cirilo Vladímirovich de Rusia.
  4. Alejandra (1878–1942), casada con el Príncipe Ernesto de Hohenlohe-Langenburg.
  5. Un hijo nacido muerto (1879).
  6. Beatriz (1884–1966), casada con Alfonso de Orleans y Borbón, Infante de España y Duque de Galliera.

Títulos, tratamientos y distinciones honoríficas

Títulos y tratamientos

  • 17 de Octubre de 1853 - 23 de enero de 1874: Su Alteza Imperial la Gran Duquesa María Aleksándrovna de Rusia
  • 23 de enero de 1874 - 22 de Agosto de 1893: Su Alteza Imperial y Real la Duquesa de Edimburgo
  • 22 de Agosto de 1893 - 11 de Octubre de 1905: Su Alteza Imperial y Real la Duquesa de Sajonia-Coburgo-Gotha
  • 11 de Octubre de 1905 - 24 de Octubre de 1920: Su Alteza Imperial y Real la Duquesa viuda de Sajonia-Coburgo-Gotha

Distinciones honoríficas

  • Order Saint Catherine.png Dama de la Orden de Santa Catalina.
  • Galó de l'Orde de l'Estrella de l'Índia.gif Dama de la Orden de la Corona de la India, Bandera de Reino Unido Reino Unido
  • Royal Order of Victoria and Albert - ribbon bar.gif Dama de la Real Orden de Victoria y Alberto, Bandera de Reino Unido Reino Unido
  • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa, Bandera de España Reino de España







Elena del Reino Unido


La princesa Elena del Reino Unido (en inglés: Helena Augusta Victoria Saxe-Coburg and Gotha 25 de mayo de 1846 – 9 de junio de 1923), por matrimonio princesa Christian de Schleswig-Holstein, fue la quinta de los nueve hijos de la reina Victoria y el príncipe Alberto. Fue educada por tutores privados elegidos por su padre y su amigo y consejero, el barón Stockmar. Su infancia transcurrió al lado de sus padres, viajando entre la variedad de residencias reales que tenían en el Reino Unido. La atmósfera íntima de la corte real llegó a su fin el 14 de diciembre de 1861, cuando su padre murió y su madre inició un período de intenso duelo.
              
En los primeros años de la década de 1860, Elena comenzó un flirteo con el bibliotecario alemán del príncipe Alberto, Carl Ruland. Aunque la naturaleza de la relación es desconocida en gran parte, aún sobreviven algunas cartas románticas que Elena escribió a Ruland. Cuando la reina se enteró en 1863, despidió a Ruland, quien regresó a su natal Alemania. Tres años más tarde, el 5 de julio de 1866, Elena se casó con el empobrecido príncipe alemán Christian de Schleswig-Holstein. La pareja permaneció en Inglaterra, a corta distancia de la reina, a quien le gustaba tener cerca a sus hijas, y Elena junto a su hermana menor, la princesa Beatriz, se convirtió en la secretaria no oficial de la reina. Sin embargo, después de la muerte de la reina Victoria el 22 de enero de 1901, Elena se relacionó relativamente poco con sus hermanos sobrevivientes.

Fue el miembro más activo de la familia real y llevó a cabo un extenso programa de compromisos reales en un momento en el que no se esperaba que la realeza apareciera en público con frecuencia. También fue una activa patrocinadora de organizaciones benéficas y uno de los miembros fundadores de la Cruz Roja. Fue la presidenta fundadora de la Royal School of Needlework y presidenta de la Royal British Nurses' Association. Como presidenta de esta última, fue una firme partidaria del registro de enfermeras, en contra de lo recomendado por Florence Nightingale. Fue el primer miembro de su familia en celebrar su 50 aniversario de bodas en 1916, pero su marido murió un año después. Elena le sobrevivió por seis años y murió a la edad de 77 en Schomberg House el 9 de junio de 1923.

Elena nació en el palacio de Buckingham, la residencia real oficial en Londres, el 25 de mayo de 1846, un día después del cumpleaños 27 de su madre. Fue la tercera hija mujer y la quinta entre los nueve hijos de la reina Victoria y su esposo el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. Alberto le informó a su hermano, Ernesto II, duque de Sajonia-Coburgo-Gotha, que Elena «vino a este mundo bastante azul, pero ahora está bastante bien». Añadió que la reina «tuvo un sufrimiento mayor y más largo que las otras veces y tiene que permanecer muy tranquila para recuperarse». Alberto y Victoria eligieron el nombre de Helena Augusta Victoria. El apodo alemán para Elena fue Helenchen, más tarde acortado a Lenchen, el nombre por el cual los miembros de la familia real invariablemente hacían referencia a Elena. Como hija del soberano, Elena recibió el tratamiento de Alteza Real desde su nacimiento. Fue bautizada el 25 de julio de 1846 en la capilla privada del palacio de Buckingham. Sus padrinos fueron el gran duque heredero de Mecklemburg-Strelitz, Federico Guillermo; la duquesa Elena de Orleans, representada por la madre de la reina, la duquesa de Kent; y la duquesa de Cambridge.

Elena fue una niña alegre y extrovertida, que respondía a las provocaciones de sus hermanos golpeando en la nariz al bravucón de turno. Uno de sus primeros talentos fue el dibujo. Lady Augusta Stanley, dama de compañía de la reina, comentó favorablemente sobre las ilustraciones que Elena realizó a los tres años. Como sus otras hermanas, podía tocar el piano a un nivel alto desde una edad temprana. Otros de sus intereses incluían la ciencia y la tecnología, los cuales compartía con su padre el príncipe Alberto, y las cabalgatas y paseos en bote, dos de sus ocupaciones favoritas de la infancia. Sin embargo, se convirtió en la hija de en medio tras el nacimiento de la princesa Luisa en 1848, y sus habilidades fueron eclipsadas por sus hermanas más talentosas.

Muerte del príncipe Alberto

El príncipe Alberto, padre de Elena, murió el 14 de diciembre de 1861. La reina quedó devastada y arregló que su personal, junto con sus hijas, se mudaran de Windsor a Osborne House, la residencia de la reina en la isla de Wight. El dolor de Elena también era profundo, un mes más tarde le escribió a un amigo: «Lo que hemos perdido nunca nada podrá reemplazarlo y nuestro dolor es muy, muy amargo. Adoraba a papá, lo amaba más que a nada en la tierra, su palabra era una ley sagrada, y era mi ayuda y mi consejero. Esas horas fueron las más felices de mi vida y ahora se acabó todo.

La reina le otorgó a su segunda hija, la princesa Alicia, el papel de secretaria no oficial, pero Alicia también necesitaba una asistente. Aunque Elena era la siguiente en edad, era considerada poco confiable por Victoria debido a su incapacidad de hacer algo sin estallar en lágrimas. Por lo tanto, Luisa fue seleccionada para asumir el papel en su lugar. Alicia se casó con el príncipe Luis de Hesse en 1862, tras lo cual Elena asumió el papel —descrito por un biógrafo como la «muleta» en la vejez de la reina— al lado de su madre. En este papel llevó a cabo tareas secretariales menores, como escribir cartas de la reina, ayudándola con la correspondencia política y brindándole compañía.

Matrimonio

Controversia matrimonial

Elena inició un flirteo con el exbibliotecario de su padre, Carl Ruland, después de que fuera incluido dentro del personal de palacio recomendación del barón Stockmar en 1859. Era lo suficientemente confiable para enseñar alemán al joven príncipe de Gales y fue descrito por la reina como «útil y capaz». Cuando la reina descubrió que la princesa se había relacionado románticamente con el sirviente real, Ruland fue despedido con prontitud y enviado a su natal Alemania, y jamás pudo deshacerse de la hostilidad de la reina.

Tras la partida de Ruland en 1863, la reina comenzó a buscar un marido para Elena. Sin embargo, como hija de en medio, la perspectiva de conseguir una alianza poderosa con una casa real europea era baja. Su apariencia también era motivo de preocupación, a la edad de quince años fue descrita por su biógrafo como gruesa, desaliñada y con papada. Además, Victoria insistió en que el futuro esposo de Elena debería estar preparado para vivir cerca de la reina, para que su hija pudiera mantenerse cerca. Su elección recayó finalmente en el príncipe Christian de Schleswig-Holstein; sin embargo, la pareja era políticamente incómoda y causó severas diferencias dentro de la familia real. Schleswig y Holstein eran dos territorios disputados por Prusia y Dinamarca durante la primera] y la segunda guerra de Schleswig.
Durante la última guerra, Prusia y Austria derrotaron a Dinamarca, pero los ducados fueron reclamados por Austria para la familia del príncipe Christian. Sin embargo, después de la Guerra austro-prusiana, durante la cual Prusia invadió y ocupó los ducados, estos se convirtieron en prusianos, no obstante, el título de duque de Schleswig-Holstein fue reclamado por la familia del príncipe Christian. Por este motivo, el matrimonio horrorizó a Alejandra, princesa de Gales e hija del rey Christian IX de Dinamarca, quien exclamó: «Los ducados pertenecen a papá».

 Alejandra encontró apoyo en el príncipe de Gales y la princesa Alicia, quien acusó abiertamente a su madre de sacrificar la felicidad de Elena en la busca de su propia conveniencia. También sostuvo que reduciría la ya baja popularidad de su hermana, la princesa heredera de Prusia, en la corte alemana en Berlín. Los príncipes Alfredo y Jorge, duque de Cambridge, también se opusieron al matrimonio, pero la reina fue apoyada ardientemente por Victoria, su hija mayor, quien había sido amiga personal de la familia de Christian durante muchos años.
 
A pesar de las controversias políticas y la diferencia de edades —el príncipe era quince años mayor que ella—, Elena estaba feliz con el Christian y estaba decidida a casarse con él. Como el hijo menor de un duque no reinante, la ausencia de cualquier compromiso en el extranjero le permitió a Christian permanecer permanentemente en Gran Bretaña, la principal preocupación de la reina, por lo que ella decidió que el matrimonio se llevaría a cabo. Elena y Christian eran primos terceros descendientes de Federico, príncipe de Gales. Las relaciones entre Elena y Alejandra permanecieron tensas, Alejandra no estaba preparada para aceptar a Christian —que también era su primo tercero por descender del rey Federico V de Dinamarca— como primo o cuñado. La reina nunca perdonó a la princesa de Gales por las acusaciones de posesividad y poco después escribió acerca de los príncipes: Bertie es más cariñoso y amable pero Alix [diminutivo coloquial de Alejandra] no es lo que debería ser. Tomará tiempo, si es que sucede, que llegue a recobrar mi confianza.

Compromiso y boda

El compromiso fue anunciado el 5 de diciembre de 1865, a pesar de la negativa inicial del príncipe de Gales a asistir, la princesa Alicia intervino y la boda, celebrada el 5 de julio de 1866, fue una ocasión feliz. La reina permitió que la ceremonia se efectuara en el castillo de Windsor, aunque en la Capilla Privada en lugar de la más grande Capilla de San Jorge, y suavizo su negro vestido con una gorra blanca de luto que caía en pliegues sobre su espalda. Los principales participantes ingresaron en línea en la capilla ambientada con el sonido de la Marcha Triunfal de Beethoven, creando un espectáculo que únicamente se vio empañado por la repentina desaparición del príncipe Jorge, duque de Cambridge, que tuvo un repentino ataque de gota. Christian se presentó en la capilla con sus dos acompañantes, el príncipe Eduardo de Sajonia-Weimar y el príncipe Federico de Schleswig-Holstein, y Elena fue entregada por su madre, quien la acompañó por el pasillo con el príncipe de Gales y ocho damas de honor.

Christian se veía mayor de lo que era y uno de los invitados comentó que parecía que Elena se casaba con un tío envejecido. De hecho, cuando fue convocado por vez primera a Gran Bretaña, Christian asumió que la reina viuda estaba inspeccionándolo como prospecto de nuevo marido para ella y no como candidato para una de sus hijas. La pareja pasó la primera noche de casados en Osborne House, antes de partir de luna de miel a París, Interlaken y Génova.

Vida de casada

Elena y Christian estaban consagrados el uno al otro y llevaron una vida tranquila en comparación con las otras hermanas de la princesa. Después de su matrimonio, fijaron su residencia en Cumberland Lodge en Windsor Great Park, la residencia tradicional del Ranger of Windsor Great Park, la posición honoraria otorgada a Christian por la reina. Durante su estancia en Londres, vivían en la Suite belga en el palacio de Buckingham. La pareja tuvo seis hijos: Cristián Víctor en 1867, Alberto en 1869 y las princesas Elena Victoria y María Luisa en 1870 y 1872 respectivamente. Sus dos últimos hijos murieron tempranamente; Harald murió ocho días después de su nacimiento en 1876 y un hijo sin nombre nació muerto en 1877. La princesa Luisa, hermana de Elena, le encargó al escultor francés Jules Dalou que esculpiera un monumento para los niños muertos.

A la pareja se le concedió una anualidad parlamentaria de £6000 al año, solicitada personalmente por la reina. Además, la novia recibió una dotación de £30 000 y la reina le dio a la pareja £100 000, lo que produjo un ingreso extra de aproximadamente £4000 al año. Además del puesto de Ranger of Windsor Great Park, a Christian se le otorgó el cargo honorario de High Steward of Windsor y fue nombrado Royal Commissioner para la Gran Exposición de 1851. Sin embargo, a menudo era la figura ausente en las reuniones, en su lugar pasaba el tiempo jugando con su perro Corrie, alimentando a sus numerosas palomas y participando en excursiones de caza.

Como lo prometió, Elena permaneció viviendo cerca de su madre y tanto ella como Beatriz realizaban tareas para la reina. Beatriz, a quien Victoria preparó para desempeñar el papel principal a su lado, llevaba a cabo las tareas más importantes y Elena se ocupaba de los asuntos menos relevantes para los que Beatriz no tenía tiempo. Más adelante, Elena sería asistida por su hija soltera, Elena Victoria, a quien la reina dictaba su diario en los últimos meses de su vida.

La salud de Elena no era buena y que era adicta a drogas como el opio y láudano. Sin embargo, la reina no creía que Elena estaba realmente enferma y la acusaba de ser hipocondría alentada por un marido indulgente. La reina le escribió a su hija Victoria, princesa heredera de Prusia, quejándose de que Elena estaba dispuesta a «mimarse a si misma (y Christian también) y a rendirse en todo aquello que condujera al mayor objetivo de sus médicos y enfermeras, estimularla y hacer que pensara menos en si misma y en su confinamiento». No todos sus problemas de su salud eran consecuencia de la hipocondría; en 1869, tuvo que cancelar su viaje al castillo de Balmoral cuando enfermó en la estación de tren. En 1870, sufrió de reumatismo severo y problemas con sus articulaciones. En julio de 1871, padeció de congestión en los pulmones, una enfermedad lo suficientemente grave como para aparecer en la circular de la corte, que anunció que la enfermedad «causó mucha ansiedad a los miembros de la familia real». En 1873, se vio obligada a recuperarse en Francia como resultado de la enfermedad y en la década de 1880, viajó a Alemania para ver a un oculista.

Responsabilidades reales

Enfermería


Florence Nightingale, en contra de quien
Elena promovió el registro de enfermeras.
Elena tenía un firme interés en la y se convirtió en presidenta de la British Nurses' Association (RBNA) desde su fundación en 1887. En 1891, recibió el prefijo «Real» y recibió la Carta Real al año siguiente. Fue una firme partidaria del registro de enfermeras, un tema al que se oponían Florence Nightingale y algunas figuras públicas. En un discurso que realizó en 1893, Elena dejó claro que el RBNA estaba trabajando para «mejorar la educación y el estado de esas dedicadas y abnegadas mujeres cuyas vidas se han dedicado a cuidar a los enfermos, a los que sufren y a los agonizantes».

 En el mismo discurso advirtió sobre la oposición y tergiversación que habían encontrado. Aunque el RBNA estaba a favor del registro como medio de mejorar y garantizar el estatus profesional de las enfermeras entrenadas, su incorporación al Consejo Privado le permitió mantener una lista en lugar de un registro formal de enfermeras.

Tras la muerte de la reina Victoria en 1901, la nueva reina, Alejandra, insistió sobre el reemplazo de Elena como presidenta del Servicio de Enfermería del Ejército. Esto causó una brecha mayor entre ambas mujeres, con el rey Eduardo VII atrapado en el medio entre su hermana y su esposa. Lady Roberts, una cortesana, escribió a un amigo: «los asuntos eran a veces muy difíciles y no siempre agradables». Sin embargo, por cuestiones de rango, Elena accedió a renunciar en favor de Alejandra y ella retuvo la presidencia de la Reserva de Enfermería del Ejército. Elena ejerció un régimen autocrático y eficiente —«Si alguien se aventuraba a estar en desacuerdo con Alteza Real, simplemente decía, "es mi deseo y eso es suficiente"».

El RBNA entró gradualmente en decadencia después de que se creó la Ley de inscripción enfermeras de 1919; tras seis fallidos intentos entre 1904 y 1918, el Parlamento británico aprobó la ley permitiendo el registro formal de las enfermeras. Como resultado se creó el Real Colegio de Enfermería (RCN) y el RBNA perdió pertenencia y dominio. Elena apoyó la fusión del RBNA con el nuevo RCN, pero resultó infructuosa cuando la RBNA se retiró de las negociaciones. Sin embargo, Elena se mantuvo activa en otras organizaciones de enfermería y fue presidenta de las ramas de la isla de Wight, Windsor y Great Western Railway de la Orden de San Juan. Desde esta posición, firmó y presentó personalmente muchos miles de certificados de competencia en enfermería.

Bordado

Elena fue también activa en la promoción del bordado y se convirtió en la primera presidenta de la recién creada School of Art Needlework en 1872; en 1876, la escuela adquirió el prefijo «royal», convirtiéndose en la Royal School of Needlework. En palabras de Elena, el objetivo de la escuela era: «primero, revivir un bello arte que estaba casi perdido; y en segundo lugar, a través de su reactivación, proporcionar empleo a damas que quedaron sin medios adecuados de subsistencia».

Como en sus otras organizaciones, fue una presidenta activa y trabajó para mantener la escuela en un nivel a la par de otras escuelas. Escribió personalmente a Comisiones Reales solicitando dinero; por ejemplo, en 1895, solicitó y consiguió £30 000 para erigir un edificio para la escuela en South Kensington. Su estatus real ayudó a la promoción, ideó las fiestas de té de la tarde del jueves en la escuela para las damas de sociedad que querían ser vistas junto a personajes reales como la princesa Elena. Cuando realizó el bazar navideño, actuó como jefa de vendedoras, generando largas colas de gente ansiosa de ser atendidos personalmente por ella.

Elena estaba ansiosa por ayudar a los niños y a los desempleados y comenzó a organizar cenas gratis para su beneficio en el Ayuntamiento de Windsor. Presidió dos de estas cenas, en febrero y marzo de 1886, y se sirvieron más de 3000 comidas a los niños y los hombres desempleados durante el duro invierno de ese año. A través de sus actividades caritativas se popularizó entre la gente; un autor contemporáneo, C. W. Cooper, escribió que «los pobres de Windsor la adoraban».

Escritura

Entre los otros intereses de Elena estaba la escritura, especialmente la traducción. En 1867, cuando se escribió la primera biografía de su padre, el príncipe consorte, el autor, sir Charles Grey, señala que las cartas del príncipe fueron traducidas del alemán al inglés por Elena «con una fidelidad sorprendente». Siguieron otras traducciones y en 1887 publicó una traducción de The Memoirs of Wilhelmine, Margravine of Bayreuth. El periódico Saturday Review informó que Elena escribió una versión en inglés que estaba completamente viva, con una buena traducción de diccionario y una alta exactitud en el espíritu. Su última traducción la realizó en 1882, de un folleto alemán llamado First Aid to the Injured, publicado originalmente por el cuñado de Christian. Se volvió a publicar varias veces hasta 1906.

El caso Bergsträsser

Se presentó un problema de derechos de autor después de la publicación de unas cartas escritas por la princesa Alicia, hermana de Elena. Un clérigo de Darmstadt llamado Dr. Carl Sell, publicó en Alemania una edición de las cartas de Alicia en 1883, que eligió una selección de cartas puestas a su disposición por la reina. Elena le escribió a Sell y le pidió permiso para publicar la traducción del texto alemán en inglés y fue concedido, pero sin el conocimiento del editor, el Dr. Bergsträsser. En diciembre de 1883, Elena escribió a sir Theodore Martin, el biógrafo real favorito, informándole que Bergsträsser estaba reclamando derechos de autor de las cartas de Alicia y sobre esa base exigía una demora en la publicación de la edición en inglés. Martin actuó como intermediario entre Elena y Bergsträsser, que afirmaba haber recibido muchas ofertas de editores en inglés y que del elegido esperaba obtener altos honorarios.

Bergsträsser fue persuadido para retirar su demanda de retrasar la publicación y modificar sus reclamos por derechos de autor a cambio de una suma de dinero. Sin embargo, la reina y Elena se negaron, afirmando que los derechos de autor en realidad pertenecían a la reina y que únicamente el prefacio original de Sell estaba abierto a la negociación. Las damas reales consideraban las reclamaciones de Bergsträsser «injustificadas, sino es que impertinentes» y no podían comunicarse directamente con él. Finalmente, Bergsträsser llegó a Gran Bretaña en enero de 1884, dispuestos a aceptar £100 por los primeros 3000 ejemplares y un adicional de 40 libras por cada mil copias posteriores vendidas. Martin eligió al editor John Murray, quien después de posteriores negociaciones con Bergsträsser, imprimió los primeros ejemplares a mediados de 1884. La edición se agotó casi inmediatamente; para la segunda edición, Murray reemplazó el bosquejo biográfico de Sell de la princesa Alicia por las memorias de 53 páginas escritas por Elena. Así se evitó el problema de las regalías por la venta y el hecho de que Elena diera su nombre a las memorias de su hermana atrajo gran interés en el libro.

Después de la reina Victoria

Periodo eduardiano

El hijo predilecto de Elena, el príncipe Cristián Víctor, murió en 1900, seguido pronto por su madre, la reina Victoria, el 22 de enero de 1901 en Osborne House. El nuevo rey, rey Eduardo VII, no tenía vínculos estrechos con sus hermanas sobrevivientes, con la excepción de princesa Luisa. El sobrino de Elena, el príncipe Alejandro de Battenberg —más tarde Marqués de Carisbrooke— recordaba que la Alejandra estaba celoso de la familia real y no invitaba a sus cuñadas a Sandringham House. Por otra parte, Alejandra nunca se reconcilió completamente con Elena y Christian después de la controversia sobre su matrimonio en la década de 1860.

Elena vio relativamente poco a sus hermanos sobrevivientes y continuó su papel como apoyo a la monarquía y como activista de las muchas obras de caridad que representaba. Christian también llevó una vida tranquila, aunque a pesar de su avanzada edad, representó al rey en un gran número de eventos en el extranjero, incluyendo las bodas de plata del emperador Guillermo II de Alemania, hijo de Victoria, la hermana de Elena. Durante el período eduardiano, Elena visitó la tumba de su hijo, el príncipe Cristián Víctor, quien murió en 1900 tras enfermarse de malaria mientras servía en la Segunda Guerra Boer. Fue recibida por el ministro sudafricano Louis Botha, pero Jan Smuts se negó a conocerla, en parte porque le amargaba que Sudáfrica hubiera perdido la guerra y en parte porque su hijo había muerto en un campo de concentración británico.

Últimos años

Eduardo VII murió en 1910 y la Primera Guerra Mundial comenzó cuatro años después de su muerte. Elena dedicó su tiempo a la enfermería y su hija, la princesa María Luisa, registró en sus memorias las peticiones de noticias de sus seres queridos y las solicitudes de que contactaran a Elena y sus hermanas. Se decidió que las cartas deberían enviarse a Margarita, princesa heredera de Suecia, ya que Suecia fue neutral durante la guerra. Fue durante la guerra que Elena y Christian celebraron sus bodas de oro en 1916 y a pesar del hecho de que Gran Bretaña y Alemania estaban en guerra, el Káiser envió un telegrama de felicitación a su tía y su tío a través de la princesa heredera de Suecia.

 El rey Jorge V y la reina María estaban presentes cuando se recibió el telegrama y el rey señaló a María Luisa, la hija de Elena, que su exesposo, el príncipe Ariberto de Anhalt, le hizo un servicio cuando le dejó. Cuando María Luisa dijo que ella habría corrido a Gran Bretaña aún si estuviera casada, el rey dijo: «con un brillo en sus ojos», que tendría que haberla hecho prisionera de guerra.

En 1917, en respuesta a la ola de sentimiento antialemán que rodeaba la guerra, Jorge V cambió el apellido de la familia de Sajonia-Coburgo -Gotha a Windsor. También descontinuó los títulos y tratamientos alemanes. El príncipe y la princesa Cristián y sus dos hijas renunciaron a la designación Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg. Christian, Elena y sus hijas se convirtieron simplemente en príncipe y princesa Christian y princesas Elena Victoria y María Luisa sin ninguna designación territorial. Alberto, el hijo de Elena, luchó del lado de los prusianos, aunque dejó claro que no lucharía contra el país de su madre.
Ese mismo año, el 8 de octubre, el príncipe Christian murió en Schomberg House. Elena pasó sus últimos años discutiendo con los administradores, que trataban de convencerla de dejar Schomberg House y Cumberland Lodge debido a los gastos de funcionamiento de ambas residencias. Fracasaron, cuando se mostraron evidencias claras de su derecho a vivir en esas residencias de por vida.

La princesa Elena murió en Schomberg House el 9 de junio de 1923. Su funeral, descrito por su biógrafo Seweryn Chomet como una «escena magníficamente orquestada», estuvo encabezado por el rey Jorge V. El regimiento de su hijo predilecto, el príncipe Cristián Víctor, flanqueó el camino a la capilla de San Jorge en el castillo de Windsor. Aunque originalmente fue sepultada en la bóveda real de San Jorge el 15 de junio de 1923, su cuerpo fue exhumado y sepultado en el Mausoleo Real de Frogmore, a pocos kilómetros de Windsor, después de su consagración el 23 de octubre de 1928.

Legado

Elena se comprometió con la enfermería y tomó el liderazgo de las organizaciones caritativas que representaba. También fue un activa defensora del registro de enfermeras y escribió cartas a los periódicos y revistas para promoverlo. Su estatus real ayudó a promover la publicidad y el interés de la sociedad que rodeaba organizaciones tales como el Royal British Nurses' Association. El RBNA sobrevive aún hoy con la baronesa Cox como presidenta.

La apariencia de Elena fue descrita por John Van der Kiste como regordeta y desaliñada; y el temperamento, como plácido y formal, con un espíritu autoritario. En una ocasión, durante una huelga nacional en el muelle, el arzobispo de Canterbury creó una oración pidiendo por su pronto final. Elena llegó a la iglesia, examinó su hoja de servicio y en un tono de voz descrito por su hija como «el penetrante susurro de la familia real, que llegaba más lejos que cualquier megáfono», comentó: «Esa oración no va resolver ninguna huelga». Su apariencia y su personalidad fue criticada en las cartas y diarios de la reina Victoria y los biógrafos siguieron su ejemplo. Sin embargo, su hija, la princesa María Luisa, la describió así:
[ muy hermosa, con cabello castaño ondulado, una hermosa nariz recta y pequeña y hermosos ojos color ámbar [ Era muy talentosa: tocaba el piano exquisitamente, tenía una perceptible aptitud natural para el dibujo y la pintura en acuarela [ Su don excepcional fue la lealtad a sus amigos ] Fue brillantemente inteligente, tenía una cabeza maravillosa para los negocios ].
La música era una de sus pasiones; en su juventud tocaba el piano con Charles Hallé y Jenny Lind y Clara Butt estaban entre sus amigas personales. Su determinación para llevar a cabo una amplia gama de funciones públicas ganó una amplia popularidad. . Representó dos veces a su madre en presentaciones de debutantes, donde los huéspedes fueron instruidos para presentarse a Elena como si estuvieran frente a la reina.

Elena fue muy cercana a su hermano, el príncipe Alfredo, que la consideraba su hermana favorita. Aunque descrita por contemporáneos como temerosamente dedicada a la reina, hasta el punto de no tener pensamientos propios, participó activamente en la campaña por los derechos de las mujeres, un campo aborrecido la reina. Sin embargo, tanto ella como Beatriz permanecieron muy cercanas a la reina y Elena se mantuvo cerca de su madre hasta la muerte de esta última. Su nombre fue el último en ser escrito en el diario de setenta años de la reina.

Títulos, tratamientos, honores y armas

Títulos y tratamientos

  • 25 de mayo de 1846 – 5 de julio de 1866: Su Alteza Real la Princesa Elena.
  • 5 de julio de 1866 – 17 de julio de 1917: Su Alteza Real la Princesa Cristián de Schleswig-Holstein.
  • 17 de julio de 1917 – 9 de junio de 1923: Su Alteza Real la Princesa Cristián.

Honores

  • 1 de enero de 1878: Compañera de la Orden de la Corona de la India.
  • 29 de abril de 1883: Miembro de la Real Cruz Roja.
  • 23 de marzo de 1896: Dama de justicia de la Venerable Orden de San Juan.
  • 10 de febrero de 1904: Miembro de 2ª clase de la Real Orden Familiar del Rey Eduardo VII.
  • 3 junio de 1911: Miembro 2ª clase de la Real Orden Familiar del Rey Jorge V.
  • 3 junio de 1918: Dama gran cruz de la Orden del Imperio Británico.




Cristián de Schleswig-Holstein


Federico Cristián Carlos Augusto de Schleswig-Holstein (en inglés: Frederick Christian Charles Augustus; 22 de enero de 1831 - 28 de octubre de 1917) fue un príncipe alemán que se convirtió en miembro de la Familia Real Británica por su matrimonio con la princesa Elena del Reino Unido, hija de la reina Victoria y de Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

Biografía                       

El príncipe Cristián nació en Augustemburgo, Dinamarca, como segundo hijo del duque Cristián Augusto de Augustemburgo y de la condesa Luisa Sofía de Danneskjold-Samsøe.

El príncipe Cristián fue tal vez, por descendencia, el príncipe más étnicamente danés de la dinastía real danesa de su generación (en la que Dinamarca tuvo su más reciente crisis de sucesión que finalmente benefició a su prima, Luisa Carolina de Hesse-Kassel). Su familia pertenecía a la dinastía de Oldemburgo, la casa real de la que provenían todas las dinastías medievales escandinavas, y contaba con importantes miembros de la familia real y la alta nobleza danesa.

En 1848, el padre de Cristián se colocó a la cabeza de un movimiento reivindicatorio a favor de Dinamarca por los ducados de Schleswig y Holstein, posesiones personales de los reyes de Dinamarca, de los cuales solo Holstein formaba parte de la Confederación Germánica. Un año antes, el rey Federico VII accedió al trono danés sin la esperanza de tener un heredero varón. A diferencia de Dinamarca, cuando en 1665 la Lex Regia permitió que el trono pasara a través de la línea real femenina, en Holstein prevaleció la Ley Sálica, que imposibilitaba la accesibilidad de las mujeres al trono. Lo más probable era que el ducado de Holstein revertiera a la familia Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburg, rama menor de la Casa de Schleswig-Holstein.
En 1852, durante la Primera Guerra de Schleswig, el príncipe Cristián sirvió brevemente en el recién constituido ejército de Schleswig-Holstein. Después de la guerra, estudió en la Universidad de Bonn, donde hizo amistad con el príncipe heredero Federico de Prusia (futuro kaiser Federico III de Alemania).

En 1866, fue nombrado mayor general del Ejército, luego teniente general, en 1874, y general, en 1877, además de coronel honorario del 1.er Batallón de Voluntarios del Regimiento de Berkshire, en 1869. En 1897, fue nombrado ayudante de campo de la reina Victoria, posición que también tuvo para Eduardo VII. Además, fue alto senescal de Windsor, guardabosques del Gran Parque de Windsor y doctor por la Universidad de Oxford.

En julio de 1917, el fuerte sentimiento anti-germánico provocado por la Primera Guerra Mundial llevó al rey Jorge V a anglicanizar el nombre de la Casa Real de Sajonia-Coburgo-Gotha a Windsor. Además, el rey renunció en su nombre y en el de todos los descendientes de la reina Victoria que fueran súbditos británicos a "grados, tratamientos, dignidades, títulos, honores y denominaciones alemanas". Por esta orden del rey, el príncipe y sus dos hijas renunciaron a la denominación territorial de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Augustenburgo.

En octubre de 1917, el príncipe Cristián murió en Schomberg House, Pall Mall, y fue enterrado en el real cementerio de Frogmore.











Luisa del Reino Unido (1848-1939)


La princesa Luisa del Reino Unido (en inglés Princess Louise, Duchess of Argyll) nació el 18 de marzo de 1848 y falleció el 13 de diciembre de 1939. Miembro de la Familia Real Británica desde su nacimiento, como sexta de los nueve hijos de la reina Victoria y su esposo, el príncipe Alberto.

Fue bautizada en la Capilla Privada del palacio de Buckingham, el 13 de mayo de 1848, por Juan Bird Summer, arzobispo de Canterbury, siendo sus padrinos el príncipe Gustavo de Mecklemburgo-Schwerin (cuya madre, Luisa de Sajonia-Gotha, era prima del rey Jorge III), María de Hesse-Kassel, duquesa de Sajonia-Meiningen, y Augusta Carolina de Hannover, princesa heredera de Mecklemburgo-Strelitz (prima de la reina Victoria).
                  
Luisa fue educada por una gobernanta en al castillo de Windsor, y a los 20 años de edad, en 1868, asiste a la Escuela Nacional de Entrenamiento en el Arte (más tarde Real Colegio de Arte), en Kensington.

Su madre, la reina, deseaba para ella un esposo adecuado. La princesa de Gales sugirió a su hermano, el príncipe heredero de Dinamarca, Federico (futuro rey Federico VIII) como un posible candidato, pero la reina se opuso firmemente, pues temía que otra unión danesa pudiera enojar a Prusia. La hermana mayor de Luisa, la princesa heredera de Prusia, propuso a su propio candidato, el alto y rico príncipe Alberto de Prusia, primo de su esposo. Sin embargo, él estaba dudoso en vivir en Inglaterra. La reina Victoria entonces propone la idea de que Luisa se case con algún miembro de la nobleza británica. El príncipe de Gales (futuro rey Eduardo VII), estuvo en desacuerdo con esta idea.

Eventualmente apareció un candidato adecuado, John George Campbell, marqués de Lorne, heredero del duque de Argyll. Los padres del marqués eran conocidos por la reina, y ellos aceptaron gustosos el enlace. Además, para ese momento el marqués era también miembro del Parlamento.
Luisa y el marqués de Lorne se casaron en la Capilla Privada del castillo de Windsor, el 21 de marzo de 1871.

No tuvieron hijos. De acuerdo a un historiador, Luisa quedó estéril a consecuencia de haber sufrido paperas juveniles agravadas por una meningitis. Otros varios biógrafos, sin embargo, han hecho hincapié en la sexualidad de su marido. Es cierto que él prefería la compañía de otros hombres a la de su esposa y que también, durante su matrimonio, se separaron por largos periodos por ostensibles razones de mal temperamento por parte de Luisa.
En el libro Ena, la novela de la periodista Pilar Eyre, queda al descubierto la relación amorosa de Luisa del Reino Unido con su cuñado Enrique de Battenberg.

En 1878, el marqués fue designado gobernador general de Canadá. El 14 de noviembre de 1878, Lord Lorne y la princesa Luisa partieron del puerto de Liverpool en un largo viaje hacia Canadá. Luisa fue popular en Canadá, y en su extensivo tour por este país, pudo visitar a su vecino, los Estados Unidos.
La princesa Luisa fue una excepcional escritoria, escultora y artista, pudiendo pintar tanto en óleo como en colores al agua. La puerta que pintó con delicadas flores de manzana aún puede verse en el corredor Monck de Rideau Hall. Ella le dio el nombre de Regina (latín de Reina) a la capital de los Territorios del Noroeste (desde 1905 provincia de Saskatchewan), y el de Alberta a uno de los distritos del los Territorios del Noroest (luego la provincia de Alberta); el Lago Luisa en ese mismo distrito fue llamado así en su honor. Además, fue una mujer compasiva, llegando al extremo de que, durante la epidemia de fiebre escarlatina, no dudó en cuidar personalmente a los enfermos.

El 14 de febrero de 1880 quedó gravemente herida cuando su carruaje se volcó en las calles de Ottawa, en Ontario, pero logra recuperarse totalmente. Luisa y su esposo regresan definitivamente a Inglaterra en 1883, aunque ella ya había regresado previamente por dos años para recuperase de sus heridas.

El 4 de abril de 1900, el 8.º duque de Argyll murió, y el marqués de Lorne pasa a ser el 9.º duque de Argyll, y Luisa, la duquesa de Argyll.

El duque murió de neumonía en 1914. La princesa Luisa, ahora viuda, pasa la mayor parte de la Primera Guerra Mundial visitando las tropas canadienses que marchaban a combatir en Francia. Ella sobrevivió hasta los inicios de la Segunda Guerra Mundial, falleciendo en el palacio de Kensington, el 13 de diciembre de 1939, a los 91 años de edad. Según sus deseos, su cuerpo fue cremado en el Crematorio de Golders Green, en el norte de Londres, y sus cenizas depositadas en el Real Cementerio de Frogmore.

Títulos

  • 18 de marzo de 1848 – 21 de marzo de 1871: Su Alteza Real La Princesa Luisa.
  • 21 de marzo de 1871 – 24 de abril de 1900: Su Alteza Real La Princesa Luisa, Marquesa de Lorne.
  • 24 de abril de 1900 – 3 de diciembre de 1939: Su Alteza Real La Princesa Luisa, Duquesa de Argyll.



John George Campbell


John George Edward Henry Douglas Sutherland Campbell, 9.º duque de Argyll, KG, GCMG, GCVO, VD, PC (6 de agosto de 1845 - 2 de mayo de 1914), usualmente mejor conocido por el título de cortesía de marqués de Lorne, por el que fue conocido entre 1847 a 1900, fue un noble británico y cuarto gobernador general de Canadá desde 1878 a 1883. Es recordado principalmente por haber dado nombre a lugares de la geografía canadiense en honor de su esposa, y por su paráfrasis métrica del Salmo 121: "Hasta los montes a mi alrededor puedo levantar".
                   
Nació en Londres, hijo mayor de George, marqués de Lorne y de Lady Elizabeth Sutherland-Levenson-Gower, hija del 2.º duque de Sutherland, fue titulado conde de Campbell desde su nacimiento. En 1847, cuando tenía 21 meses de edad, su padre sucedió como 8.º duque de Argyll, y él asumió el título de cortesía de marqués de Lorne. Fue educado en Edinburgh Academy, Eton, St. Andrews y en el Trinity College, Cambridge, también en la Escuela Nacional de Entrenamiento de Arte.
Diez años antes de ir a Canadá, Campbel viajó a lo largo del Norte y Centro de América, escribiendo literatura y poesía en el viaje. En el Reino Unido, representó, desde 1868, al distrito electoral de Argyllshire como miembro liberal del Parlamento en la Cámara de los Comunes.

Campbell se casó con la cuarta hija de la reina Victoria, la princesa Luisa, el 28 de marzo de 1861. Esta era la primera vez que una princesa se casaba con un plebeyo desde 1515. La pareja compartía una común afición por las artes, pero llevaron una vida separada y nunca tuvieron hijos. Además Campbell, mantenía una amistad íntima con hombres que se rumoreaba tenían inclinaciones homosexuales, lo que planteó preguntas acerca del matrimonio de Campbell y suscitó los rumores alrededor de Londres de que Campbell era bisexual, sino ampliamente predispuesto a la homosexualidad.

Gobernador General de Canadá


La princesa Luisa y Lord Lorne.
Cuando el nombramiento de Lord Lorne fue anunciado, hubo gran entusiasmo en todo Canadá. Por primera vez, Rideau Hall tendría un residente real. El primer ministro relajó su activo programa de campaña para preparar la llegada y organizar un carruaje especial y los guardia de corps para proteger a la princesa. Un autor escribió en 1880 que «el nombramiento fue saludado con satisfacción en todas las partes del dominio, y el nuevo gobernador general inicia su mandato con los corazones de la gente fuertemente predispuestos a su favor». Sin embargo, Campbell y su esposa no fueron inicialmente bien recibidos por la prensa canadiense, ya que le molestaba la imposición de la realeza en el que hasta ese momento era un país con una sociedad no-real, una posición que solo fue exasperada por contratiempos y malentendidos. Las molestias de una rígida corte en la Residencia Canadiense de la Reina no tenía sentido, la pareja real fue mas relajada que sus predecesores, como lo demostraron en patinajes en hielo, fiestas de trineo, galas, cenas y otras ocasiones de Estado en que el marqués y la marquesa fueron anfitriones.

Durante el mandato de Lorne, la recesión sufrida por la economía canadiense terminó, y sir John A. Macdonald regresó como primer ministro. Canadá experimentaba una renovación de optimismo y un repunte de nacionalismo.

A los 33 años, Lord Lorne fue el gobernador general de Canadá más joven, pero no demasiado como para manejar las demandas de su cargo. Él y la princesa Luisa hicieron muchas contribuciones a la sociedad canadiense, especialmente en las artes y las ciencias. Favorecieron la creación de la Real Sociedad de Canadá, la Real Academia Canadiense de Artes, la Galería Nacional de Canadá, incluso seleccionando las primeras pinturas. Campbell también estuvo involucrado en la realización de la Canadian Pacific Railway y otros proyectos, como un hospital en Columbia Británica. Además de actuar como mecenas de las artes y las letras en Canadá, Lorne fue autor de muchos libros de prosa y poesía. Sus escritos muestran una profunda apreciación por la belleza física de Canadá.

Durante su gobierno, Lorne se interesó profundamente en Canadá y en los canadienses. Viajó por todo el país promoviendo la creación de diversas instituciones, reuniéndose con miembros de las Primeras Naciones de Canadá.

Después de Canadá

La princesa Luisa regresó a Inglaterra en 1881, y Lord Lorne dos años después, en 1883. Lord fue gobernador y condestable del Castillo de Windsor de 1892 a 1914, y ocupó su escaño por Manchester South de 1895 hasta la muerte de su padre el 24 de abril de 1900, cuando sucedió como noveno y segundo duque de Argyll (su padre había sido creado duque de Argyll en la nobleza del Reino Unido en 1892). Él y la princesa Luisa vivieron en el Palacio de Kensington hasta su muerte por neumonía en 1914.

Uno de sus amigos íntimos fue Frank Shackelton (hermano del explorador sir Ernest Shackleton), principal sospechoso del robo de las joyas de la Corona Irlandesa. El robo, sucedido en el Castillo de Dublín en 1907, no ha sido esclarecido hasta ahora.



 
 
 
 


Arturo de Sajonia-Coburgo-Gotha


Arturo de Sajonia-Coburgo-Gotha, primer duque de Connaught y Strathearn KG TD (Arthur William Patrick Albert Saxe-Coburg and Gotha, 1 de mayo de 1850 — 16 de enero de 1942) nació en el palacio de Buckingham, Londres y fue el séptimo de los 9 hijos de la reina Victoria del Reino Unido y del príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.

Fue bautizado en la Capilla Privada del palacio de Buckingham, el 22 de junio de 1850, por Juan Bird Summer, arzobispo de Canterbury, siendo sus padrinos el príncipe heredero de Prusia, Guillermo (futuro emperador Guillermo I de Alemania); Ida de Sajonia-Meiningen, por matrimonio princesa de Sajonia-Weimar-Eisenach (hermana de la reina viuda del Reino Unido, Adelaida de Sajonia-Meiningen; y el primer duque de Wellington, Arthur Wellesley (con quien el pequeño príncipe compartía el cumpleaños y en cuyo honor recibió su primer nombre).
                       
Como sus hermanos mayores, recibió su primera educación de manos de tutores y se ha afirmado que era el hijo favorito de la reina. El príncipe Arturo se interesó en la vida militar desde muy temprana edad. En 1866 ingresó a la Real Academia Militar en Woolwich y recibe una comisión como Teniente del Cuerpo de Ingenieros Reales dos años después. Luego fue transferido al Real Regimiento de Artillería y después a la Brigada de Rifles.

Matrimonio e hijos

Fue nombrado duque de Connaught y de Strathearn y conde de Sussex en 1874.
El 13 de marzo de 1879, Arturo se casó con la princesa Luisa Margarita de Prusia, en la Capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor. De este matrimonio nacieron 3 hijos:
  • Margarita Victoria (n. Bagshot Park, 15 de enero de 1882 - m. Estocolmo, 1 de mayo de 1920), casada con el príncipe Gustavo Adolfo, heredero del trono de Suecia -luego rey Gustavo VI Adolfo de Suecia-.
  • Arturo Federico (n. castillo de Windsor, 13 de enero de 1883 - m. Londres, 12 de septiembre de 1938).
  • Victoria Patricia (n. palacio de Buckingham, Londres, 17 de marzo de 1886 - m. Ribsden Holt, Windlesham, Surrey, 12 de enero de 1974), casada con el Ho. Sir Alexander Ramsay.
Los duques de Connaught adquieren Bagshot Park en Surrey como su residencia campestre y desde 1900 usan Clarence House como su residencia oficial en Londres.

Vida pública

Arturo tuvo una larga y distinguida carrera en la Armada Británica y prestó servicios en Sudáfrica, Canadá, Irlanda, Egipto en 1882 y en la India desde 1886 hasta 1890.
El 1 de abril de 1893 fue promovido al rango de General. Arturo tenía la esperanza de suceder a su primo lejano, el duque de Cambridge, como Comandante en Jefe de la Armada Británica, cuando tuvo que retirarse en 1895. Sin embargo, le fue negada la comisión. En su lugar, le fue entregado el comando del distrito sureño de Aldershot de 1893 a 1898.
Arturo es nombrado mariscal de campo el 26 de junio de 1902. El sirvió en varias e importantes posiciones: Comandante en Jefe en Irlanda (1900-1904); Inspector General de las Fuerzas (1904-1907), y gobernador general de Canadá (1911-1916).

Cuando su hermano mayor se vio obligado a renunciar tras acceder al trono como Eduardo VII, en 1901, Arturo fue elegido gran maestre de la Gran Logia Unida de Inglaterra, siendo reelecto anualmente 37 veces hasta 1939, cuando contaba cerca de 90 años.

En 1899, Arturo se convirtió en el siguiente en la línea sucesoria del ducado de Sajonia-Coburgo-Gotha en Alemania, luego de la muerte de su sobrino Alfredo, único hijo varón de su hermano, el duque reinante. Sin embargo, decidió renunciar a sus derechos sucesorios, en su nombre y en el de su hijo, pasando entonces el ducado a su sobrino Carlos Eduardo, hijo póstumo de su hermano menor Leopoldo, duque de Albany.

En 1911, el gobierno británico designa a Arturo como gobernador general de Canadá. Durante el tiempo que estuvo en dicho cargo, sir Roberto Borden fue el Primer Ministro y Canadá comienza a hacer notorios progresos con el fin de transformarse en una nación independiente. El gobernador general, sin embargo, siguió siendo designado por los británicos, siendo Arturo el primer miembro de la familia real británica en servir en dicho puesto (sin contar a su hermana Luisa, casada con un anterior gobernador general, lord Lorne), lo que ayudó a mantener el estrecho lazo entre la Monarquía Británica y Canadá.

Arturo viajó a Canadá con su esposa, la duquesa de Connaught, y su hija menor, la princesa Patricia. Fijaron su residencia en Rideau Hall, en Ottawa, viajando extensamente por todo Canadá. Arturo sirvió entonces como un fuerte ligazon entre el Gobierno británico y Canadá durante la Primera Guerra Mundial. Él repuso la piedra angular del incendiado Parlamento Federal en 1917. La piedra había sido colocada en su lugar original por su hermano mayor, el príncipe de Gales (luego rey Eduardo VII) en 1860. Tanto la duquesa como su hija Patricia se hicieron figuras populares en la sociedad Canadiense. Además, los duques de Connaught hicieron importantes remodelaciones en Rideau Hall durante el tiempo que Arturo sirvió como Gobernador General.

En 1914, estalló la Primera Guerra Mundial, y los Canadienses fueron convocados a las armas contra Alemania y Austria-Hungría. Los duques de Connaught permanecieron en Canadá al comienzo de la Guerra. Arturo enfatizó la necesidad del entrenamiento militar para poder combatir adecuadamente, y dio su nombre al Connaught Cup de la Real Policía Montada del Noroeste, animando el uso de pistolas reglamentarias para los reclutas. Además, participó activamente en los servicios auxiliares de guerra y en caridades, lleganado a visitar hospitales, mientras que su esposa trabajaba en la Cruz Roja y otras organizaciones para apoyar la causa de la guerra. Ella también era Coronel en Jefe de su propio batallón de Rangers Canadienses Irlandeses, uno de las Regimientos de la Fuerza Expedicionaria Canadiense.
Su hija, la princesa Patricia, también dio su nombre y apoyo a la creación de un nuevo Regimiento Armado Canadiense: la Legión de Infantería Canadiense de la princesa Patricia.

Tras concluir la guerra, Arturo comisionó la creación de un gran ventanal conmemorativo en la Iglesia de San Bartolomé, cerca de Rideau Hall, donde su familia acudía a rezar regularmente.

Últimos años de vida

Luego de terminar su mandato en Rideau Hall, el duque de Connaught regreso al servicio militar por el resto de la guerra. La duquesa, que había estado enferma durante esos años en Rideau Hall, murió el 14 de marzo de 1917.
Arturo se retiró de la vida pública en 1928, falleciendo en Bagshot Park, Surrey, el 16 de enero de 1942, a los 91 años de edad, siendo sepultado al lado de su esposa en el Mausoleo Real de Frogmore, en Windsor.

Títulos

  • 1 de mayo de 1850–24 de mayo de 1874: Su Alteza Real El Príncipe Arturo.
  • 24 de mayo de 1874–16 de enero de 1942: Su Alteza Real El Duque de Connaught y Strathearn.



Luisa Margarita de Prusia


Princesa Luisa Margarita de Prusia (Luisa Margarita Alejandra Victoria Inés; después Duquesa de Connaught y Strathearn; 25 de julio de 1860 - 14 de marzo de 1917), fue una princesa alemana, después miembro de la Familia Real Británica por su matrimonio con el príncipe Arturo, duque de Connaught y Strathearn. Fue Virreina consorte de Canadá cuando su esposo fue nombrado Gobernador General de Canadá de 1911 a 1916.
                     
Luisa Margarita nació en el Marmorpalais (Palacio de Mármol), cerca de Potsdam, Reino de Prusia. Su padre era el príncipe Federico Carlos de Prusia, hijo de Carlos de Prusia y la princesa María de Sajonia-Weimar-Eisenach. Su madre era la princesa María Ana de Anhalt-Dessau, hija del duque Leopoldo IV de Anhalt-Dessau y de la princesa Federica Guillermina de Prusia. Su padre, sobrino del emperador Guillermo I de Alemania, se distinguió como comandante de campo durante la Batalla de Metz y en las campañas en el oeste de París durante la Guerra Franco-Prusiana.

La duquesa de Connaught murió de la gripe y bronquitis en Clarence House. Se convirtió en el primer miembro de la Familia Real Británica en ser incinerada, realizándose en el Crematorio de Golders Green. El procedimiento de colocar las cenizas en una urna era todavía desconocida en el momento, y su urna fue transportada en un ataúd ordinario durante las ceremonias fúnebres. Sus cenizas fueron enterradas en el Cementerio Real, Frogmore. El duque de Connaught le sobrevivió al menos unos veinticinco años.

Títulos, estilos y honores

Títulos y estilos

  • 25 de julio de 1860 - 13 de marzo de 1879: Su Alteza Real la Princesa Luisa Margarita de Prusia.
  • 13 de marzo de 1879 - 14 de marzo de 1917: Su Alteza Real la Duquesa de Connaught y Strathearn.

Honores

  • CI: Dama compañera de la Corona de la India (Imperio Británico, 1879).
  • VA: Dama de la Real Orden de Victoria y Alberto (Primera Clase) (Reino Unido, 1893).
  • DStJ: Dama de justicia de la Venerable Orden de San Juan (Reino Unido, 1888).
  • RRC: Miembro de la Real Cruz Roja (Reino Unido, 1883).
  • Dama de la Orden de Luisa (Reino de Prusia).
  • Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa (Reino de España).


 
 
 


Leopoldo de Albany


Leopoldo del Reino Unido (cuyo nombre completo fue Leopoldo Jorge Duncan Alberto, en inglés Leopold George Duncan Albert; palacio de Buckingham, Londres, 7 de abril de 1853 - Cannes, 28 de marzo de 1884), duque de Albany, fue el octavo de los 9 hijos de la reina Victoria del Reino Unido, y de Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha.
                 
Es conocido oficialmente como el primer niño nacido en un parto sin dolor, luego de que su madre recibiera cloroformo por parte del Dr. John Snow, quien por este hecho recibió el título de Sir.
Fue bautizado en la Capilla Privada del palacio de Buckingham, el 28 de junio de 1853, por Juan Bird Summer, arzobispo de Canterbury, siendo sus padrinos el rey Jorge V de Hannover, Augusta de Sajonia-Weimar-Eisenach, por matrimonio princesa de Prusia (luego reina de Prusia y emperatriz de Alemania), María Adelaida de Hannover (hija del duque de Cambridge y prima de la reina Victoria), y el príncipe Ernesto I de Hohenlohe-Langenburg. Fue llamado Leopoldo en honor a su tío-abuelo, el rey Leopoldo I de Bélgica.

Heredó la enfermedad de la hemofilia de su madre, lo que hizo que viviera gran parte de su niñez como un semi-inválido.

En 1872 el príncipe Leopoldo ingresó en la Christ Church, Oxford, donde estudió una variedad de materias. Abandonó la universidad con un doctorado honorario en Ley Civil en 1876. Además, viajó por Europa, y en 1880, visitó Canadá y los Estados Unidos con su hermana, la princesa Luisa, cuyo esposo, John George Campbell, marqués de Lorne, era el Gobernador General de Canadá.

Incapacitado para seguir la carrera militar por su padecimiento, Leopoldo se dedica a patrocinar las artes y la literatura. En 1878 se convierte en presidente de la Real Sociedad de Literatura, y al año siguiente, en 1879, asume el cargo de vicepresidente de la Real Sociedad de Artes. Desde 1876 hasta su muerte, sirvió como secretario privado de su madre, la reina Victoria.

Subyugado por su madre, que deseaba tenerlo siempre a su lado, Leopoldo vio que la única salida para conseguir su independencia era el matrimonio. En 1881 fue creado duque de Albany, conde de Clarence y Barón Arklow.

La heredera Daisy Maynard fue considerada como una posible novia en algún momento. Como la hemofilia que padecía le impedía conseguir una esposa por su propia voluntad, el duque de Albany se vio obligado a recurrir a la ayuda de su madre.

La reina sugirió entonces a la princesa Elena de Waldeck-Pyrmont. El matrimonio entre Leopoldo y Elena se celebró en la Capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, el 27 de abril de 1882. De la unión nacieron dos hijos:
  • Princesa Alicia de Albany (n. castillo de Windsor, 25-2-1883 - m. palacio de Kensington, 3-1-1981), casada con el príncipe Alejandro de Teck, luego creado conde de Athlone.
  • Carlos Eduardo, Duque de Albany (n. póstumo, Claremont House, 19-7-1884 - m. Coburgo, 6-3-1954), duque de Sajonia-Coburgo-Gotha al suceder a su tío Alfredo (30-7-1900).
Leopoldo partió a Cannes, en Francia, por recomendación médica en febrero de 1884: el dolor agudo es un síntoma común de la hemofilia y el clima invernal en Inglaterra fue siempre difícil para él. Su esposa, embarazada para ese entonces, permaneció en casa pero Leopoldo le pidió que se reuniera con él. El 27 de marzo sufre un accidente al caerse en el Yacht Club, en Villa Nevada, Cannes, dañando su rodilla.

Murió en las primeras horas del día siguiente, 28 de marzo, al parecer a causa de los efectos de la morfina que le había sido aplicada y del vino claret que le fue servido en su cena. Tenía 30 años de edad. Fue sepultado en el Albert Memorial Chapel, en el castillo de Windsor.

Títulos, tratamiento, honores y armas

Tratamiento

  • 7 de abril de 1853–24 de mayo de 1881: Su Alteza Real El Príncipe Leopoldo.
  • 24 de mayo de 1881–28 de marzo de 1884: Su Alteza Real El Duque de Albany.



Elena de Waldeck-Pyrmont


La princesa Elena de Waldeck-Pyrmont (Elena Federica Augusta, después duquesa de Albany; 17 de febrero de 1861 - 1 de septiembre de 1922) era hija de Jorge Víctor, príncipe de Waldeck-Pyrmont (ahora Alemania) y su esposa la princesa Elena de Nassau; se convirtió en miembro de la Familia Real Británica por su matrimonio con Leopoldo de Albany.
                  
Ella nació en Arolsen, capital de Waldeck, principado de Alemania. Era hermana de Federico, príncipe de Waldeck-Pyrmont; de María, primera esposa de Guillermo II de Wurtemberg; y de Emma, reina consorte de Guillermo III de los Países Bajos (madre de la reina Guillermina).

Sus abuelos maternos eran Guillermo, duque de Nassau y de su segunda esposa, la princesa Paulina de Wurtemberg. Paulina era hija del príncipe Pablo de Wurtemberg y de su esposa, la princesa Carlota de Sajonia-Hildburghausen.

Pablo era hijo de Federico I de Wurtemberg y su esposa la duquesa Augusta Carolina de Brunswick-Wolfenbüttel. Augusta era la hija mayor de Carlos Guillermo Fernando, duque de Brunswick-Luneburgo y la princesa Augusta de Gran Bretaña, hermana mayor de Jorge III del Reino Unido.

Personalidad y trabajo social

Según las memorias de la hija de Elena, la princesa Alicia, condesa de Athlone, Elena era muy inteligente, tenía un fuerte sentido del deber y un genuino amor por el trabajo social.
Elena particularmente disfrutaba de la resolución de problemas matemáticos y leer filosofía: durante su trágico y breve matrimonio, el príncipe Leopoldo presentó orgullosamente a su esposa en círculo de académicos del que se había hecho amigo en la Universidad de Oxford. Elena mantuvo estas amistades toda su vida.

Durante su viudez, se convirtió en fundadora del Fondo Deptford, una organización inicialmente dedicada a ayudar a encontrar trabajo alternativo para mujeres y niñas en malas condiciones. En 1899 Elena abrió el Instituto Albany. Este más tarde se ampliaría en un centro combinado comunitario y de representaciones con un teatro conocido como Albany Empire. Dicho centro sufriría un incendio provocado en 1978, y se sería reinaugurado por la princesa Diana de Gales en 1982 como Teatro Albany.

Años después

Después de la muerte de Leopoldo, Elena y sus dos hijos, Alicia y Carlos Eduardo, continuaron residiendo en Claremont House. Tras la muerte de Alfredo, príncipe heredero de Sajonia-Coburgo-Gotha, en 1900, el hijo de dieciséis años de Elena, Carlos Eduardo, fue seleccionado como nuevo heredero del ducado alemán, se separó de su madre y hermana con el fin de establecer su residencia allí. Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, catorce años después, Carlos Eduardo luchaba en el Ejército alemán, y como resultado de ello, fue despojado de sus títulos británicos por una ley del Parlamento en 1917. Por el contrario, su hija Alicia se quedó en el Reino Unido y contrajo matrimonio con un hermano de la reina María, consorte del rey Jorge V.

En 1901, se especuló que se casaría con Archibald Primrose, V conde de Rosebery.
La princesa Elena de Waldeck-Pyrmont murió el 1 de septiembre de 1922 de un ataque al corazón en Hinterriss, Tirol, Austria, mientras visitaba a su hijo.

A través de su hijo Carlos Eduardo, Elena es bisabuela de Carlos XVI Gustavo, actual rey de Suecia.

Títulos y estilos

  • 27 de febrero de 1861 - 27 de abril de 1882: Su Alteza Serenísima la princesa Elena de Waldeck-Pyrmont.
  • 27 de abril de 1882 - 1 de septiembre de 1922: Su Alteza Real la Duquesa de Albany.

Distinciones honoríficas

  • ImperialOrderCrownIndiaRibbon.gif Dama de la Imperial Orden de la Corona de la India (Imperio Británico).
  • Royal Red Cross (UK) ribbon.png Miembro de la Real Cruz Roja (Reino Unido).
  • Royal Order of Victoria and Albert - ribbon bar.gif Dama de la Real Orden de Victoria y Alberto (Reino Unido).
  • Ord.fam.EdwardVII.JPG Dama de la Real Orden Familiar del Rey Eduardo VII (Reino Unido).
  • Order of St John (UK) ribbon.png Dama de justicia de la Venerable Orden de San Juan (Reino Unido).

Hijos

ImagenNinbreNacimientoFallecimientoNotas
Princess Alice of Albany colour.jpgPrincesa Alicia de Albany25 de febrero de 18833 de enero de 1981después SAR Princesa Alicia, Condesa de Athlone (cuñada de la reina María de Teck)
Bundesarchiv Bild 183-R05618, Karl-Eduard von Sachsen-Coburg und Gotha.jpgPríncipe Carlos Eduardo, Duque de Albany19 de julio de 18846 de marzo de 1954Nacido cuatro meses más tarde de la muerte de su padre; conocido como 'Charlie'; Leopoldo Carlos Eduardo Jorge Alberto; último Duque reinante de Sajonia-Coburgo-Gotha

 












 
 
 

Beatriz del Reino Unido


La princesa Beatriz del Reino Unido (en inglés: Beatrice Mary Victoria Feodore Saxe-Coburg and Gotha 14 de abril de 1857 – 26 de octubre de 1944), por matrimonio princesa Beatriz de Battenberg, fue la menor de los nueve hijos de la reina Victoria y el príncipe Alberto. Felipe VI, el actual monarca de España, es su tataranieto. Beatriz fue la última de los hijos de la reina Victoria en morir, 66 años después de que muriera la primera, su hermana Alicia.

La niñez de Beatriz coincidió con el dolor de la reina Victoria tras la muerte de su marido el 14 de diciembre de 1861. Como sus hermanas mayores se casaron y dejaron a su madre, la reina Victoria se refugió en la compañía de su hija menor, a quien llamó «Baby» la mayor parte de su infancia. Beatriz parecía estar llamada a permanecer siempre al lado de su madre y ella pronto se resignó a su destino. La reina Victoria tenía tan fijada su posición en contra de que su hija menor contrajera matrimonio que se negaba siquiera a discutir la posibilidad. Sin embargo, se le presentaron muchos pretendientes, incluyendo Napoléon, príncipe imperial, el hijo del emperador exiliado Napoleón III de Francia, y Luis IV, gran duque de Hesse, el viudo de Alicia, su hermana mayor. Beatriz se sentía atraída por el príncipe imperial e incluso se habló de un posible matrimonio, pero Napoleón fue asesinado en la Guerra anglo-zulú en 1879.
                   
Beatriz se enamoró del príncipe Enrique de Battenberg, el hijo del príncipe Alejandro de Hesse-Darmstadt y de Julia von Hauke. Después de un año de persuasión, la reina Victoria accedió al matrimonio, que tuvo lugar en Whippingham en la isla de Wight el 23 de julio de 1885.
La reina Victoria aceptó la boda a condición de que Beatriz y Enrique vivieran con ella y su hija continuara con su labor como secretaria no oficial de la reina.
El príncipe y la princesa tuvieron cuatro hijos, pero a diez años de su matrimonio, el 20 de enero de 1896, el príncipe Enrique murió de malaria mientras combatía en la Guerra anglo-asante. Beatriz permaneció al lado de su madre hasta que la reina Victoria murió el 22 de enero de 1901. Dedicó los siguientes treinta años a la edición de los diarios de la reina Victoria, ya que fue designada su albacea literaria y continuó a haciendo apariciones públicas. Murió a los 87, sobrevivió a todos sus hermanos, varios de sus hijos y algunos sobrinos y sobrinas.

Beatriz nació en el palacio de Buckingham el 14 de abril de 1857. Fue la quinta hija y el menor de los nueve hijos de la reina Victoria y el príncipe Alberto de Sajonia-Coburgo-Gotha. El nacimiento causó polémica cuando se anunció que la reina Victoria procuraría el alivio de los dolores de parto mediante el uso de cloroformo administrado por el doctor John Snow. El cloroformo era considerado peligroso para la madre y el niño y su uso fue reprobado por la Iglesia de Inglaterra y las autoridades médicas. La reina Victoria no se inmutó y utilizó «ese bendito cloroformo» para su último embarazo.

Dos semanas más tarde, la reina Victoria registró en su diario: «Fui ampliamente recompensada y olvidé todo lo que había pasado cuando escuché a mi querido Alberto decir "Es un bebe hermoso y ¡es niña!"». Alberto y Victoria eligieron los nombres de Beatrice Mary Victoria Feodore: María por la princesa María, duquesa de Gloucester, la última hija sobreviviente del rey Jorge III del Reino Unido; Victoria por la reina; y Feodora, por la princesa Feodora de Hohenlohe-Langenburg, medio hermana mayor de la reina. Fue bautizada en la capilla privada del palacio de Buckingham el 16 de junio de 1857. Sus padrinos fueron su abuela materna, la duquesa de Kent; su hermana mayor, Victoria, princesa real; y el prometido de la princesa, el príncipe Federico de Prusia.
 
Desde su nacimiento Beatriz fue una niña favorecida. La hija mayor, la favorita del príncipe Alberto, estaba a punto de irse a vivir a Alemania con su nuevo esposo, Federico de Prusia. Al mismo tiempo, la recién llegada Beatriz era una promesa. Alberto le escribió a Augusta, la madre de Federico, que «la bebé practica sus escalas como buena prima donna antes de una actuación y ¡tiene buena voz!». Aunque era conocido que a la reina Victoria le desagradaban la mayoría de los bebés, le gustaba Beatriz, a quien consideraba atractiva. Esto le proporcionó a Beatriz una ventaja sobre sus hermanos mayores. La reina Victoria comentó una vez que Beatriz era «una niña bonita, regordeta y floreciente, con bellos y grandes ojos azules, [una] pequeña y bonita boca y piel muy fina». Su larga cabellera dorada fue el centro de algunas pinturas encargadas por la reina, que disfrutaba bañando a Beatriz, en marcado contraste con sus otros hijos. Beatriz demostró ser inteligente, lo cual agradecía el príncipe consorte, que se divertía con la precocidad infantil.

Alberto le escribió al barón Stockmar que Beatriz «era el bebé más divertido que hemos tenido». A pesar de compartir el programa de rigurosa educación diseñado por su padre y su cercano asesor, el barón Stockmar, Beatriz tuvo una infancia más relajada que sus hermanos debido a la relación con sus padres. A los cuatro años de edad, la más joven y la última niña real reconocida, Beatriz no se vio obligada a compartir la atención de sus padres como sus hermanos y sus maneras divertidas proporcionaban comodidad a su inseguro padre.

Devota compañera de la reina Victoria


La princesa Beatriz en 1868
En marzo de 1861, la madre de la reina Victoria, la duquesa de Kent, murió en Frogmore. La reina colapsó por el dolor y la culpa por su alejamiento al principio de su reinado. Beatriz trató de confortar a su madre recordándole que la duquesa de Kent «estaba en el Cielo, pero Beatriz espera que regresará». Este consuelo fue significativo porque la reina se había aislado de sus hijos excepto de la mayor de las solteras, la princesa Alicia, y de Beatriz. La reina Victoria se refugió otra vez en Beatriz y Alicia tras la muerte de Alberto por fiebre tifoidea el 14 de diciembre.

La profundidad del dolor de la reina por la muerte de su marido sorprendió a su familia, cortesanos, políticos y población en general. Como cuando murió su madre, ella misma se aisló de su familia, particularmente del príncipe de Gales —a quien culpaba por la muerte de su marido—, con excepción de Alicia y Beatriz. La reina Victoria a menudo tomaba a Beatriz de su cuna, la llevaba a su cama y «se recostaba sin dormir, abrazándose a su hija, envuelta con el pijama de un hombre que no lo usaría más». Después de 1871, cuando se casó la última de las hermanas mayores de Beatriz, la reina se volvió dependiente de su hija menor, quien había declarado desde muy temprana edad: «No me gustan las bodas en absoluto. Nunca me casaré. Me quedaré con mi madre». Como secretaria de su madre, realizó tareas como escribir en nombre de la reina y ayudando con la correspondencia política. Estas tareas mundanas eran semejantes a las que habían realizado en sucesión sus hermanas Alicia, Elena y Luisa. Sin embargo, la reina pronto agregó tareas más personales. Durante una grave enfermedad en 1871, la reina le dictó su diario a Beatriz y en 1876 le permitió clasificar la música que ella y el príncipe consorte habían interpretado, algo inusual desde la muerte de Alberto quince años antes.

La reina reconocía la devoción que Beatriz le mostraba en sus diarios y cartas, pero su necesidad constante por Beatriz era cada vez más fuerte. La reina sufrió otro duelo en 1883, cuando murió su sirviente escocés John Brown en Balmoral. Una vez más, la reina se hundió en público duelo y se refugió en el apoyo de Beatriz. A diferencia de sus hermanos, Beatriz no sentía desagrado por Brown y a menudo se les veía juntos; ya que solían trabajar en conjunto para complacer los deseos de la reina.

Matrimonio

Posibles pretendientes

Aunque la reina tenía tan fijada su posición en contra de que su hija menor contrajera matrimonio con la esperanza de que siempre permaneciera a su lado, se le presentaron algunos posibles pretendientes antes de que Beatriz se casara finalmente con el príncipe Enrique de Battenberg. Uno de ellos fue Napoleón Eugenio, el príncipe imperial francés, hijo y heredero del emperador exiliado Napoleón III de Francia y su esposa, la emperatriz Eugenia. Después que Prusia derrotó a Francia en la Guerra franco-prusiana, Napoleón fue depuesto y se trasladó con su familia a Inglaterra en 1870. Después de la muerte del emperador en 1873, la reina Victoria y la emperatriz Eugenia establecieron un estrecho vínculo y los periódicos informaron del inminente compromiso de Beatriz con el príncipe imperial. Los rumores terminaron con la muerte del príncipe durante la Guerra anglo-zulú el 1 de junio de 1879. El diario de la reina Victoria registra el dolor de su hija: «[Mi] querida Beatriz lloró al igual que yo, me dio el telegrama [ Amanecía y pude dormir muy poco ] Beatrice está tan consternada; todos nos sentimos bastante aturdidos».
 
Después de la muerte del príncipe imperial, Alberto Eduardo, príncipe de Gales y hermano de Beatriz, sugirió que se casara con el viudo de su hermana Alicia, Luis IV, gran duque de Hesse-Darmstadt, que había perdido a su esposa por difteria en 1878. Alberto Eduardo argumentó que Beatriz podría actuar como madre substituta para los niños pequeños de Luis y pasar la mayor parte de su tiempo en Inglaterra cuidando a su madre. Además sugirió que la reina podría supervisar la crianza de sus nietos con mayor facilidad. Sin embargo, en esa época la ley prohibía que Beatriz se casara con el viudo de su hermana. Esto fue contrarrestado por el príncipe de Gales, quien apoyó con vehemencia el paso por el Parlamento de la ley sobre el matrimonio de la hermana de la esposa fallecida de 1907, que habría eliminado el obstáculo. A pesar del apoyo popular y de que había sido aprobada en la Cámara de los Comunes, la ley fue rechazada por la Cámara de los Lores debido a la oposición de los Lores espirituales. Aunque a la reina le decepcionó que el proyecto de ley fracasara, estaba feliz de mantener a su hija a su lado.

Se presentaron otros candidatos para casarse con Beatriz, incluyendo dos hermanos del príncipe Enrique, el príncipe Alejandro y el príncipe Luis de Battenberg, pero no lo consiguieron. Aunque Alejandro nunca pretendió formalmente a Beatriz, alguna vez afirmó que «en algún momento pude incluso haberme comprometido con una amiga de la infancia, Beatriz de Inglaterra». Luis estaba más interesado, la reina Victoria lo invitó a cenar pero se sentó entre él y Beatriz, que había sido aconsejada por la reina que ignorara a Luis para desalentar sus pretensiones. Luis, que durante muchos años no entendió las razones de este silencio, se casó con una sobrina de Beatriz, la princesa Victoria de Hesse-Darmstadt. Aunque sus esperanzas de conseguir casarse sufrieron otro golpe, mientras asistía a la boda de Luis en Darmstadt, Beatriz se enamoró del príncipe Enrique de Battenberg, quien correspondió a sus sentimientos.

Compromiso y boda


La princesa Beatriz vestida de novia, Osborne, 1885.
Beatriz utilizó el velo de novia de su madre realizado con encaje de Honiton.
Después de regresar de Darmstadt, cuando Beatriz le dijo a su madre que planeaba casarse, la reina reaccionó con un silencio aterrador. Aunque siempre estaban juntas, la reina no le habló por siete meses y se comunicaba con ella por escrito. El comportamiento de la reina Victoria resultó inesperado incluso para su familia, parecía causado por la amenaza de perder a su hija. La reina veía a Beatriz como su «bebé» –su hija inocente– y veía las relaciones sexuales que vendrían con el matrimonio como el fin de la inocencia.

Solo la capacidad de persuasión de la princesa de Gales y de la princesa heredera de Prusia, quien le recordó a su madre la felicidad que Beatriz le había traído al príncipe Alberto, pudo inducir a la reina a hablar de nuevo con su hija menor. La reina Victoria otorgó su consentimiento para el matrimonio con la condición de que Enrique renunciara a sus compromisos en Alemania y viviera permanentemente con Beatriz y la reina.

Beatriz y Enrique se casaron en la iglesia de Santa Mildred en Whippingham el 23 de julio de 1885. La novia que llevaba el velo de bodas de su madre realizado en encaje de Honiton, fue escoltada por la reina y su hermano mayor, el príncipe de Gales. Fue acompañada por diez damas de honor, todas ellas sobrinas suyas: la princesa Alix y la princesa Irene de Hesse-Darmstat; la princesa Alejandra, la princesa María y la princesa Victoria Melita de Sajonia-Coburgo-Gotha; la princesa Luisa, la princesa Maud y la princesa Victoria de Gales; y la princesa María Luisa y la princesa Elena Victoria de Schleswig-Holstein. Los padrinos del novio fueron sus hermanos, el príncipe Alejandro de Bulgaria y el príncipe Francisco José de Battenberg.

La ceremonia —que no contó con la presencia del príncipe y la princesa de Prusia, que fueron retenidos en Alemania; William Ewart Gladstone; y la prima de Beatriz, la princesa María Adelaida, duquesa de Teck, que estaba de luto por su suegro– terminó con la salida de la pareja para su luna de miel en Quarr Abbey House, a pocos kilómetros de Osborne. La reina los despidió «con valentía hasta su partida y luego casi colapsó», como más tarde admitió a la princesa heredera.

Últimos años de la reina Victoria

Después de una corta luna de miel, Beatriz y su esposo cumplieron su promesa y regresaron al lado de la reina. La reina dejó claro que no podía valerse por sí misma y que la pareja no podía viajar sin ella. Aunque la reina relajó esta restricción poco después del matrimonio, Beatriz y Enrique viajaron sólo para realizar visitas cortas con su familia. El amor de Beatriz por Enrique, al igual que el de la reina por el príncipe Alberto, pareció aumentar durante el transcurso de su matrimonio. Cuando Enrique viajaba solo, la princesa parecía más feliz a su regreso.

La adición del príncipe Enrique a la familia dio nuevas razones a Beatriz y a la reina para ver hacia adelante y la corte fue más brillante de lo que había sido desde la muerte del príncipe consorte.

Aun así, Enrique, con el apoyo de su esposa, estaba decidido a tomar parte en las campañas militares, lo que molestó a la reina, quien se oponía a que participara en un conflicto armado que pusiera su vida en peligro. También se presentaron disputas cuando Enrique asistió al carnaval de Ajaccio y anduvo en «malas compañías», Beatriz envió un oficial de Royal Navy para apartarlo de las tentaciones. En una ocasión que Enrique escapó a Córcega con su hermano Luis, la reina envió un buque de guerra para traerlo de vuelta. Enrique se sentía oprimido por la necesidad constante de la reina de la compañía de él y de su esposa.

A pesar de estar casada, Beatriz cumplió la promesa que hizo a su madre de continuar como su secretaria y confidente a tiempo completo. La reina Victoria trató con cariño a Enrique, como hacía a menudo con otros hombres guapos y fuertes. Sin embargo, la reina criticó la conducta de Beatriz durante su primer embarazo. Cuando dejó de asistir a cenar con la reina una semana antes de dar a luz, ya que prefería comer sola en su habitación, la reina le escribió enojada a su médico, el doctor James Reid: «[rogué a la princesa que continuara] presentándose a cenar y no que simplemente se deprimiera en su habitación, lo cual es muy malo para ella. En mi caso acudí regularmente a cenar hasta el último día, excepto cuando estaba mal —aún cuando sufría en gran medida». Beatriz, ayudada por cloroformo, dio a luz a su primer hijo, Alejandro, la semana siguiente.
A pesar de sufrir un aborto espontáneo en los primeros meses de su matrimonio, Beatriz dio a luz a cuatro hijos: Alejandro, llamado Drino, nació en 1886; Ena en 1887; Leopoldo en 1889 y Mauricio en 1891.

Después del nacimiento de sus hijos, tomó un interés considerado y favorable en cuestiones sociales, como las condiciones laborales en las minas de carbón. Sin embargo, este interés no se extendió a tratar de cambiar las condiciones de pobreza, como sucedió con su hermano, el príncipe de Gales.

Aunque los entretenimientos en la corte eran pocos después de la muerte del príncipe consorte, Beatriz y la reina disfrutaban de la fotografía estilo tableau vivant, que a menudo se practicaba en las residencias reales. Enrique, cada vez más aburrido por la falta de actividad en la corte, deseaba fervientemente un empleo y en respuesta la reina lo nombró gobernador de la isla de Wight en 1889.

 Sin embargo, Enrique anhelaba la aventura militar y le rogó a su suegra que lo dejara unirse a la expedición que participaría en la Cuarta Guerra anglo-asante. A pesar de algunos recelos, la reina accedió; Enrique y Beatriz se despidieron el 6 de diciembre de 1895 y no volverían a verse otra vez. Enrique enfermó de malaria y fue enviado de regreso a casa. El 22 de enero de 1896, Beatriz, que esperaba a su marido en Madeira, recibió un telegrama informándole que había fallecido dos días antes.

Devastada, dejó la corte durante un mes de luto antes de regresar a su puesto al lado de su madre. El diario la reina informa que Victoria «[fue] a la habitación de Beatriz y se sentó un rato con ella. Era desgarradora su tristeza». A pesar de su dolor, Beatriz permaneció como fiel compañera de su madre. Conforme la reina envejeció, dependió cada vez más de ella para manejar la correspondencia. Sin embargo, se dio cuenta de que Beatriz necesitaba un espacio propio y le dio los apartamentos del palacio de Kensington que alguna vez ocupó junto a su madre. La reina nombró a Beatriz gobernadora de la isla de Wight, puesto que quedó vacante al morir el príncipe Enrique.

En respuesta al interés de Beatriz en la fotografía, la reina instaló un cuarto oscuro en Osborne House. Los cambios en la familia, incluyendo la preocupación de Beatriz por su madre, pudieron haber afectado a sus hijos, quienes se rebelaron en la escuela. Beatriz escribió que Ena era «problemática y rebelde» y que Alejandro decía «injustificables falsedades».

Vida posterior


La princesa Beatriz con su madre, la reina Victoria
La vida de Beatriz se derrumbó tras la muerte de la reina Victoria el 22 de enero de 1901. En marzo le escribió al director de la Universidad de Glasgow: « podrá imaginarse como es el dolor. Yo, que casi nunca me había separado de mi querida madre, apenas puedo darme cuenta como será la vida sin ella, que era el centro de todo».  Continuó haciendo apariciones públicas, pero su posición en la corte disminuyó. A diferencia de su hermana Luisa, no era muy cercana a su hermano, el nuevo rey Eduardo VII, y no fue incluida en su círculo íntimo. Aunque su relación no estaba rota por completo, en ocasiones era tensa, por ejemplo, cuando durante su coronación Beatriz dejó caer accidental pero ruidosamente su libro de oraciones desde la galería real sobre una mesa chapada en oro.

Después de heredar Osborne House, el rey hizo retirar las fotografías y pertenencias personales de su madre y algunas de ellas fueron destruidas, especialmente todo aquello relacionado con John Brown, a quien detestaba. La reina Victoria había previsto que la casa fuera una residencia privada y aislada para sus descendientes, lejos de la pompa y la ceremonia de la vida en el continente. Sin embargo, el nuevo rey no necesitaba la casa y consultó con sus abogados como disponer de ella, transformando el ala principal en un hogar de convalecencia, la apertura al público de los apartamentos de estado y construyendo una Escuela Naval en los terrenos adyacentes. Sus planes se enfrentaron con la fuerte desaprobación de Beatriz y Luisa. La reina Victoria les había legado casas en la finca y la privacidad que les prometió se vio amenazada. Cuando Eduardo les habló sobre el destino de la casa, Beatriz argumentó en contra de permitir que la familia abandonara la casa, citando la importancia que tenía para sus padres.

Sin embargo, el rey no quería la casa y se la ofreció a Jorge, su heredero y sobrino de Beatriz, quien declinó, debido a los altos costos de mantenimiento de la propiedad. Posteriormente, Eduardo extendió los terrenos de la casa de Beatriz, Osborne Cottage, para compensarla por la inminente pérdida de su intimidad. Poco después, el rey declaró al primer ministro Arthur Balfour, que la casa principal iría a la nación como un regalo. A excepción de los apartamentos privados, que estaban cerrados para todos menos para los miembros de la familia real, que los convirtieron en un altar a la memoria de su madre.

Los diarios de la reina Victoria

Después de la muerte de la reina Victoria, Beatriz comenzó la trascendental tarea de transcribir y editar los diarios de su madre, que fueron iniciados desde 1831. Los cientos de volúmenes contienen opiniones personales de la reina sobre asuntos cotidianos e incluían temas personales y familiares, así como asuntos de estado.

La reina Victoria encargó a Beatriz la tarea de editar los diarios para su publicación, lo que significó la eliminación de material privado, así como varios pasajes que si llegaban a publicarse podrían ser perjudiciales para algunas personas vivas. Beatriz eliminó tanto material que las diarios editados tenían solo un tercio del volumen de los originales. La destrucción de grandes secciones de los diarios de la reina angustió a su sobrino, el rey Jorge V, y a su esposa, la reina María, quienes no tenían autoridad para intervenir. Beatriz hacía un bosquejo del original y luego transcribía sus notas en una serie de cuadernos azules. Los originales y sus primeros bosquejos fueron destruidos según avanzaba. La tarea le tomó treinta años y terminó en 1931. Los 111 cuadernos sobrevivientes se guardan en los archivos reales del castillo de Windsor.

Retiro de la vida pública

Beatriz siguió apareciendo en público después de la muerte de su madre. Los compromisos públicos que llevaba a cabo estaban frecuentemente relacionados con su madre, la reina Victoria, y las personas siempre asociaron a Beatriz con la monarca fallecida.
 
La belleza de su hija Ena era conocida en toda Europa y a pesar de su bajo rango era una novia deseable. El pretendiente elegido fue el rey Alfonso XIII de España. Sin embargo, el matrimonio causó polémica en Gran Bretaña, ya que obligaba a Ena a convertirse al catolicismo. A este paso se opuso el rey Eduardo VII, hermano de Beatriz, y un sector de españoles ultraconservadores estaban también en contra del matrimonio del rey con una protestante de origen inferior, ya que su padre, el príncipe Enrique, era hijo de un matrimonio morganático. Por tanto consideraban a Ena solo parcialmente de origen real y no apta para ser reina de España. No obstante, la pareja se casó el 31 de mayo de 1906. El matrimonio se inició en condiciones desfavorables, debido a que un anarquista atentó contra la vida de la pareja lanzándoles una bomba el mismo día de su boda. Al parecer, la pareja se distanció casi desde el principio. Ena se volvió impopular en España y su impopularidad creció más cuando se descubrió que su hijo, el heredero al trono, sufría de hemofilia; Alfonso responsabilizaba a Beatriz por haber llevado esta enfermedad a la casa real española y se volvió resentido contra Ena.

Durante su tiempo como reina de España, Ena volvió varias veces a visitar a su madre en Gran Bretaña, pero siempre sin Alfonso y generalmente sin sus hijos. Mientras tanto, Beatriz vivió en Osborne Cottage en East Cowes hasta que la vendió en 1913, cuando el castillo de Carisbrooke, la casa del gobernador de la isla de Wight, quedó vacante. Se mudó al castillo y además mantuvo un apartamento en el palacio de Kensington en Londres. Había estado muy involucrada en la recolección de material para el Museo del Castillo Carisbrooke, que abrió en 1898.

Su presencia en la corte disminuyó conforme fue envejeciendo. Devastada por la muerte de su hijo predilecto, Mauricio, durante la Primera Guerra Mundial en 1914, comenzó a retirarse de la vida pública. en respuesta a la guerra con Alemania, Jorge V cambió el apellido de la familia de Sajonia-Coburgo-Gotha a Windsor para restar importancia a sus orígenes alemanes. Posteriormente, Beatriz y su familia renunciaron a sus nombres alemanes; el tratamiento de Beatriz revirtió de Su Alteza Real la princesa Enrique de Battenberg a su tratamiento de nacimiento, Su Alteza Real la princesa Beatriz. Adoptaron el apellido Mountbatten, una versión inglesa de Battenberg.
Sus hijos renunciaron a su tratamiento de cortesía, príncipe de Battenberg. Alejandro, el mayor, se convirtió en sir Alejandro Mountbatten y más tarde recibió el título de marqués de Carisbrooke de la nobleza del Reino Unido.

Su hijo menor, Leopoldo, se convirtió en lord Leopoldo Mountbatten y recibió el rango del hijo menor de un marqués. Leopoldo era hemofílico y heredó la «enfermedad real» de su madre, murió durante una operación de rodilla en 1922, un mes antes de su cumpleaños 33.

Después de la guerra, Beatriz fue una de varios miembros de la familia real que se convirtieron en mecenas de la Liga de Ypres, una sociedad fundada por veteranos de la Saliente de Ypres y por los desconsolados familiares de los muertos en los combates que tuvieron lugar en el saliente. Ella misma era uno de los afligidos familiares, ya que su hijo, el príncipe Mauricio de Battenberg, había muerto en acción durante la primera batalla de Ypres. Entre las escasas apariciones públicas que hizo Beatriz después de la muerte de su hijo estuvieron algunos eventos celebrados por la liga, como la colocación de coronas en el cenotafio en 1930 y 1935, para conmemorar los aniversarios 10º y 15º de la fundación de la liga.

Últimos años

Aún después de los 70, Beatriz continuó manteniendo correspondencia con amigos y familiares e hizo algunas apariciones públicas, tal como cuando, empujada en una silla de ruedas, presenció la colocación de las coronas después de la muerte de Jorge V en 1936. Publicó su último trabajo de traducción en 1941. Titulado In Napoleonic Days, que era el diario personal de la abuela materna de la reina Victoria, Augusta, duquesa de Sajonia-Coburgo-Saalfeld. Ella intercambio algunas cartas con el editor, John Murray, quien mostró una gran aprobación por la obra.

En enero de 1919, Jorge V crea a la princesa Beatriz Dama Gran Cruz de la Excelentísima Orden del Imperio Británico, en reconocimiento a su desempeño como Gobernadora de la Isla de Wight y a su labor en la Sociedad de la Cruz Roja Británica. Además, fue creada Dama Gran Cruz de la Orden de San Juan de Jerusalén en 1927.

Murió en Brantridge Park, Balcombe, Sussex, el 26 de octubre de 1944, a los 87 años de edad. Su funeral tuvo lugar el 3 de noviembre en la Capilla de San Jorge, en el castillo de Windsor, siendo sepultada en la cripta real.
El 28 de agosto de 1945, sus restos fueron trasladados a la Capilla Battenberg en la Iglesia de Santa Mildred, Whippingham, en la Isla de Wight, en el mismo lugar donde se casó.

Beatriz fue la última sobreviviente de los nueve hijos de la Reina Victoria y el Príncipe Alberto y en ese tiempo la futura Reina Isabel II tenía dieciocho años de edad.

Títulos

  • 14 de abril de 1857 – 23 de julio de 1885: Su Alteza Real La Princesa Beatriz.
  • 23 de julio de 1885 – 14 de julio de 1917: Su Alteza Real Princesa Beatriz de Battenberg.
  • 14 de julio de 1917 – 26 de octubre de 1944: Su Alteza Real La Princesa Beatriz.

Distinciones honoríficas

  • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa (Reino de España).
  • Royal Order of Victoria and Albert - ribbon bar.gif Dama de la Real Orden de Victoria y Alberto (Reino Unido).
  • UK Royal Victorian Order ribbon.svg Dama gran cruz de la Real Orden Victoriana (Reino Unido).
  • Royal Red Cross (UK) ribbon.png Dama de la Real Cruz Roja (Reino Unido).
  • UK OBE 1917 civil BAR.svg Dama gran cruz de la Orden del Imperio Británico (Reino Unido).
  • ImperialOrderCrownIndiaRibbon.gif Dama de la Imperial Orden de la Corona de la India (Reino Unido).
  • Order of St John (UK) ribbon.png Dama gran cruz de la Venerable Orden de San Juan (Reino Unido).
  • Ord.fam.EdwardVII.JPG Dama de la Real Orden Familiar de Eduardo VII (Reino Unido).
  • Royal Family Order of King George V - ribbon bar.png Dama de la Real Orden Familiar de Jorge V (Reino Unido).

 

Enrique de Battenberg


Enrique Mauricio de Battenberg, príncipe de Battenberg (en alemán: Heinrich Moritz von Battenberg, 5 de octubre de 1858 - 20 de enero de 1896) fue un príncipe alemán, cuarto hijo y tercer varón del matrimonio del príncipe Alejandro de Hesse-Darmstadt y la condesa Julia von Hauke. Se casó con la princesa Beatriz del Reino Unido, hija de la reina Victoria y el príncipe Alberto, y posteriormente se nacionalizó ciudadano británico y se enroló en la Royal Army, donde llegó al grado de coronel.
                                 
Enrique nació el 5 de octubre de 1858 en Milán, Italia; fue el tercer hijo del matrimonio morganático del príncipe Alejandro de Hesse-Darmstadt con la condesa Julia von Hauke. Como su padre había perdido los derechos dinásticos y sus títulos nobiliarios en el gran ducado de Hesse-Darmstadt, recibió desde su nacimiento el tratamiento de Su Alteza Ilustrísima y el título de conde conferido por su madre. El 26 de diciembre de 1858 se convirtió automáticamente en Su Alteza Serenísima el príncipe Enrique de Battenberg, cuando su madre fue elevada a princesa de Battenberg con el tratamiento de Alteza Serenísima por decreto de su cuñado, Luis III, gran duque de Hesse-Darmstadt.

Recibió una educación militar, empezando como teniente en el Primer Regimiento de Húsares Renanos en el Ejército Prusiano. Debido a sus relaciones con la casa de Hesse-Darmstadt, los Battemberg entraron en contacto con muchas familias reales y principescas de Europa, incluyendo la Casa Real Británica. El hermano mayor de Enrique, el príncipe Luis de Battenberg, se había casado con la princesa Victoria de Hesse-Darmstadt, su prima y nieta a la vez de la reina Victoria del Reino Unido.

En 1884, Enrique conoció a la princesa Beatriz del Reino Unido, hija de la reina Victoria y del príncipe Alberto. La reina aceptó el matrimonio, pero con la condición de que deberían permanecer viviendo con ella. El matrimonio se celebró el 23 de julio en St. Mildred's Church, Whippingham en la isla de Wight. El mismo día de la boda, la reina concedió a Enrique el tratamiento de Alteza Real, que le daba el mismo rango que a su esposa.

Enrique se nacionalizó inglés e ingresó en el ejército británico, llegando a ser coronel. Además se le hizo Capitán General y Gobernador del castillo de Carisbrooke y la isla de Wight.

En noviembre de 1895 Enrique persuadió a la reina Victoria para que le permitiera marchar al África occidental a entrar en combate en la guerra Ashanti. Sirvió en la secretaría militar del comandante en jefe de las fuerzas británicas, el General Sir Francis Scott. Contrajo la malaria cuando la expedición llegó a Prahsu, a 30 millas de Kumasi, muriendo el 20 de enero de 1896 a bordo del crucero HMS Blonde estacionado en las costas de Sierra Leona. Fue enterrado el 5 de febrero de 1896, en la misma iglesia de St. Mildred, en la isla de Wight, donde se había casado, que pasará a denominarse Capilla Battenberg. Posteriormente se depositarán junto a él los restos de su esposa y su hijo mayor, el marqués de Carisbrooke y su mujer.

Distinciones honoríficas

  • Order of the Garter UK ribbon.png Caballero Gran Cruz de la Nobilísima Orden de la Jarretera (1885









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