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martes, 11 de octubre de 2016

Carlos III de España


Carlos III de España, llamado «el Político» o «el Mejor Alcalde de Madrid» (Madrid, 20 de enero de 1716-ibídem, 14 de diciembre de 1788), fue duque de Parma y Plasencia —como Carlos I— entre 1731 y 1735, rey de Nápoles—como Carlos VII— y rey de Sicilia —como Carlos V— de 1734 a 1759 y de España desde 1759 hasta su muerte.
                    
Carlos era el tercer hijo varón de Felipe V que llegó a la vida adulta y el primero que tuvo con su segunda mujer, Isabel de Farnesio, por lo que fueron sus medio hermanos Luis I y Fernando VI, quienes sucedieron a su padre en un primer momento. La muerte sin descendencia de estos llevaría a Carlos a ocupar el Trono español.

Carlos sirvió a la política familiar como una pieza en la lucha por recuperar la influencia española en Italia: heredó inicialmente de su madre los ducados de Parma y Plasencia en 1731; pero más tarde, al reconquistar Felipe V el Reino de Nápoles y Sicilia en el curso de la Guerra de Sucesión de Polonia (1733-1738), pasó a ser rey de aquellos territorios con el nombre de Carlos VII.
Contrajo matrimonio en 1738 con María Amalia de Sajonia, hija de Federico Augusto II, duque de Sajonia y de Lituania y rey de Polonia.

Nació el 20 de enero de 1716 a las cuatro de la madrugada en el Real Alcázar de Madrid. Su cuidadora fue María Antonia de Salcedo. Luego, fueron responsables de él un grupo de hombres a cargo de Francisco María Spínola y Spínola, duque de San Pedro. El 15 de enero 1724 su medio hermano mayor Luis heredó el trono por la abdicación de su padre en su favor, pero falleció en agosto y su padre volvió a ser rey.

En 1729, se trasladó a Sevilla junto con su padre. Las naciones europeas, con el Tratado de Utrecht de entre 1713 y 1715 y el Tratado de Hannover de septiembre 1725, firmado como respuesta al Tratado de Viena de abril de 1725, establecieron sus posiciones en Europa. España había perdido muchos territorios e influencia tras la Guerra de Sucesión. Sin embargo, esta situación no duraría mucho ya que en los planes de Felipe V estaba recuperar sus territorios en Italia.

Desde Sevilla, el monarca puso en marcha un plan para asegurar la sucesión de su hijo en el Ducado de Parma, firmando el Tratado de Sevilla con Inglaterra y Francia. Sin embargo, a la muerte del duque de Parma, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos VI invadió esos territorios y Felipe V, al no recibir apoyo de las dos potencias, amenazó con declarar la guerra por su cuenta. En 1731, el Imperio Romano Germánico se adhirió al Tratado de Sevilla y Carlos III, con 15 años, abandonó Andalucía rumbo a Italia para ocupar sus plazas.

El 1 de febrero de 1733 murió Augusto II, rey de Polonia, cuya monarquía no era hereditaria, sino elegida por el Parlamento polaco, el Sejm. Felipe V envió desde Sevilla un emisario a Varsovia para negociar la candidatura del infante don Felipe y la del infante Carlos. Sin embargo, sus candidatos tenían pocas posibilidades frente a otros con apoyos de Austria y Francia. Felipe V se trasladó a Madrid y firmó el Tratado del Escorial, Primer Pacto de Familia, con el que España abandonó su pretensión polaca y decidió aliarse con Francia para luchar contra el Imperio Romano Germánico a cambio de la ayuda de Francia en su campaña contra Nápoles y Sicilia, bajo el control austríaco, y para conseguir Gibraltar. La guerra en Italia se ganó, y el 10 de mayo de 1734 el infante don Carlos ordenó proclamar rey a su padre, sin embargo Felipe V cedió Nápoles y Sicilia a su hijo.

Rey de Nápoles y Sicilia


Carlos como Rey de Nápoles y Sicilia, Rey de las Dos Sicilias
por Giuseppe Bonito, Madrid, Museo del Prado.
 
Durante su reinado en Nápoles y Sicilia (Carlos VII, Carlo VII en italiano, o simplemente Carlo di Borbone, que es como se le suele llamar allí), intentó reformar y modernizar el reino, unificándolo, conquistando el afecto de los ciudadanos junto con su esposa María Amalia de Sajonia.

Carlos contrajo matrimonio en 1738 con María Amalia Walburga de Sajonia, de 14 años. Ella era una princesa polaca de familia rica y fecunda, y su matrimonio tuvo un interés político, sin embargo fue también bien avenido. Se casaron por poderes en el Palacio de Dresde, en Sajonia, el 9 de mayo de 1738 y la boda se celebró en Nápoles el 9 de junio de ese año.

Intentó dotar a la capital, Nápoles, del aspecto que debía tener una Corte. Hizo hincapié en mejorar las edificaciones públicas, como el Hospicio, y trató de adaptar el palacio virreinal de acuerdo con la moda que imperaba desde la construcción de Versalles. También hizo construir complejos palaciegos en otros lugares del reino, como el Palacio Real de Caserta, uno de los mayores palacios reales del mundo. Otra de sus aportaciones fue el Teatro de San Carlos, para las representaciones de ópera.
Sus años como rey de las Dos Sicilias le dieron una experiencia muy valiosa como rey de España.

Los barones y la Iglesia acaparaban más del 50 % de las tierras, y en el caso de los primeros tenían además jurisdicción sobre las mismas, por lo que impedían el acceso de sus vasallos a los tribunales.

El rey limitó su influencia política, dejando clara la supremacía de la Corona, pero su poder económico siguió intacto. El 3 de julio de 1738, en ocasión de su matrimonio, fundó la Insigne y Real Orden de San Jenaro, de la cual fue su primer gran maestre.

En 1740, uno de sus consejeros, el duque de Salas, permitió a los judíos retornar al reino, de donde habían sido expulsados por Carlos V, con la finalidad de impulsar la actividad económica. El pueblo y la Iglesia se opusieron y Salas fue destituido, derogándose el permiso. Poco después, el arzobispo Spinelli intentó introducir la Inquisición, pero el pueblo se opuso también a esta medida y hubo de desistir.

También durante estos años encontró el monarca a algunos de los hombres que más influirían en su vida, como Bernardo Tanucci, jurista al que nombró Ministro de Justicia primero y de Asuntos Exteriores después, y que quedó como miembro del Consejo de Regencia cuando Carlos III heredó el trono español.

Destaca el hecho de haber sido quien ordenó comenzar la excavación sistemática de las poblaciones sepultadas por la erupción del Vesubio del año 79: Pompeya, Herculano, Oplontis y las Villas Stabianas. No sólo eso, sino que en 1752, al ordenar construir una carretera hacia el sur (precursora de la actual Statale 18), salieron a la luz los restos de la ciudad de Paestum, que llevaban años cubiertos por la maleza (parte del anfiteatro yace precisamente bajo dicha carretera). Fue un hallazgo especialmente importante, porque allí se hallaban tres templos griegos en muy buen estado de conservación. Se encargaron de su estudio Felice Gazzola (un culto aristócrata y militar de confianza de Carlos, al que servía desde su época de duque de Parma) y Francesco Sabatini.

La muerte sin descendencia de su medio hermano Fernando VI de España, hizo recaer en Carlos la Corona de España, que pasó a ocupar en 1759, dejando con gran tristeza, tanto de los reyes como del pueblo, la corona del Reino de Nápoles y Sicilia a su tercer hijo, Fernando.

Rey de España

Tras los fallecimientos de Luis I y de Fernando VI sin descendencia, el trono de España pasó a Carlos III, tercer hijo de Felipe V y primero de su matrimonio con Isabel de Farnesio, con gran experiencia de gobierno como rey de Nápoles. Regresó a Madrid el 9 de diciembre de 1759. Fray Sebastián de Jesús de niño le pronosticó que iba a ser rey. Carlos III a su fallecimiento promovió el proceso de beatificación, mediante una carta dirigida en mayo de 1771 al cardenal arzobispo de Sevilla, Francisco de Solís.

Política exterior

La Guerra de los Siete Años (1756-1763)

El primer asunto que el rey trató fue la Guerra de los Siete Años. El monarca español se vio obligado a tomar parte en la guerra tras la ocupación británica de Honduras y la pérdida de la colonia francesa de Quebec, lo que requirió la intervención española en el conflicto para frenar el expansionismo británico por América.

En 1761 se firmó el Tercer Pacto de Familia y España entró en el conflicto bélico. El monarca se equivocó en cuanto a la ayuda real que podía prestar Francia y el estado de sus tropas. Una escuadra inglesa de 53 buques con un ejército de 14 000 hombres consiguió tomar La Habana por la falta de entrenamiento de las milicias, en número muy inferior a los ingleses, y la incompetencia del gobernador de la plaza, Juan de Prado. Poco después una escuadra procedente de la India bombardeó y tomó Manila. Los ingleses no pudieron extender su dominio por las Filipinas gracias a la resistencia de las guerrillas organizadas por Simón de Anda. La guerra terminó con la Paz de París de 1763. España cedió a Gran Bretaña la Florida y territorios del golfo de México, a cambio de la devolución de La Habana y Manila. La Luisiana francesa pasó a manos de España, más preparada para defenderla. Portugal, aliado de los británicos, recuperó la colonia del Sacramento.

Guerra de independencia de los Estados Unidos (1776-1783)[

España continuó la alianza francesa. La sublevación de las Trece Colonias contra Jorge III dio a ambas potencias la ocasión para el desquite. Así, en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, España intervino junto a Francia y contra Gran Bretaña.

Desde la Declaración de Independencia (4 de julio de 1776) los sublevados recibieron ayuda española de forma solapada. En 1779 se rompieron las relaciones. Se asedió Gibraltar sin éxito, pero se pudo recuperar Menorca. Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana, ocupó Florida. Inglaterra, aislada y sin poder someter a los rebeldes, tuvo que firmar la paz.

El Tratado de París puso fin a la guerra. España recuperó Menorca, Florida y la costa de Honduras, aunque no pudo conseguir lo mismo con Gibraltar, que los ingleses se negaron en redondo a ceder.

 España, de esta forma, contribuyó a la independencia de los Estados Unidos, hecho que creó un precedente para la emancipación de las colonias españolas en el siglo xix.

Rusia y Prusia

Dos nuevas potencias, Rusia y Prusia, entraron en el mapa político europeo del siglo xviii bajo los reinados de dos déspotas ilustrados: Catalina II y Federico II respectivamente. Ambos monarcas suscitaron interés y admiración en España, aunque la expansión rusa había alcanzado el Pacífico y se llegó a temer una alianza anglorrusa en el Mediterráneo. Tal evento no sólo no llegó a materializarse, sino que Rusia se opuso a la pretensión inglesa de controlar todos los movimientos marítimos en tiempo de guerra.

Mediterráneo

Carlos III había firmado un tratado de comercio con Turquía siendo rey de Nápoles y Sicilia, pues consideraba a este imperio un freno a los intereses ingleses, austríacos y rusos. El Monarca excluyó una alianza que estimó no sería bien recibida en el país, pero intervino en Orán que dependía del Imperio otomano, con el doble objetivo de conseguir liberar el mar de piratas berberiscos y obtener concesiones económicas. En 1775 envió una expedición militar contra Argel al mando del general O'Reilly que acabó en desastre. Después de dos nuevos ataques, en 1783 y 1784, se firmó el Tratado Hispano-Argelino de 1786.

Pacífico

En diversas áreas del océano Pacífico el Virreinato del Perú y el Virreinato de la Nueva España tuvieron la autorización del rey Carlos III de expandir el poder español y afianzarlo en el Gran Océano. Así pues, hubo varios intentos de incorporar la costa de Oregón y Alaska al Virreinato de la Nueva España con expediciones como la de Bruno de Heceta y otras. Mientras tanto, en el océano Pacífico Sur (llamado en ese momento los Mares del Sur) el Virreinato del Perú de Manuel de Amat y Junient ordenó dos expediciones: la primera, en la que se descubrió la isla de Pascua por Felipe González de Haedo tomando posesión de ella en nombre de Carlos III en 1770, y la segunda en 1772, capitaneada por Domingo de Bonechea que llegó al archipiélago Tuamotu y a las islas de la Sociedad donde estableció la soberanía española y la del rey sobre las islas. Los jefes de las principales aldeas de Tahití aceptaron la soberanía de España y ser súbditos de la corona española. Sin embargo, el proceso de ocupación de la Polinesia fue abandonado por el poco apoyo que le daban a esa iniciativa en Madrid y por los problemas religiosos del reino, por lo que dejaron la presencia española en esa área y abandonaron a finales de 1775.

Política interior: despotismo ilustrado


Carlos III con el hábito de la Orden de Carlos III,
hacia 1783-1784. Óleo de Mariano Salvador Maella (Palacio Real).
 
En política interior, intentó modernizar la sociedad utilizando el poder absoluto del Monarca bajo un programa ilustrado.
En la línea de la Ilustración propia de su época, Carlos III realizó importantes cambios —sin quebrar el orden social, político y económico básico, despotismo ilustrado— con ayuda de un equipo de ministros y colaboradores ilustrados, como el Marqués de Esquilache, Aranda, Campomanes, Floridablanca, Wall y Grimaldi.

Las reformas de Esquilache


Retrato del monarca por Goya.
 
El Monarca nombró al marqués de Esquilache Secretario de Hacienda. Éste incorporó señoríos a la Corona, controló a los sectores eclesiásticos y reorganizó las Fuerzas Armadas. Su programa de reformas y la intervención española en la Guerra de los Siete Años necesitaron más ingresos, que se consiguieron con un aumento de la presión fiscal y nuevas fórmulas, como la creación de la Lotería Nacional. Al mismo tiempo liberalizó el comercio de los cereales, lo que originó una subida de los precios de los productos de primera necesidad a causa de las especulaciones de los acaparadores y de las malas cosechas de los últimos años. Campomanes apoyó esta medida, pero el pueblo hizo responsable de todo al siciliano.

En marzo de 1766 se produjo el Motín de Esquilache. Su detonante fue la orden de cambiar la capa larga y el sombrero de ala ancha de los madrileños por la capa corta y el sombrero de tres picos. La tensión subió gracias a los pasquines que circulaban por la capital y que aparecían en sitios públicos, pasquines cuyo léxico y ortografía sólo podían provenir de hombres con cultura. La manipulación realizada por sectores nobiliarios y eclesiásticos lo convirtió en un ataque directo a la política reformista llevada a cabo por ministros extranjeros del gobierno del rey.

En Madrid el punto álgido de la revuelta se produjo cuando la muchedumbre que se había congregado frente al Palacio Real se topó con la Guardia Valona, que en 1764 había cargado contra el gentío durante la boda de una de las hijas del rey, la infanta María Luisa, con el futuro emperador de Austria. Se produjo una refriega y hubo bajas por ambas partes, sin que la Guardia Española interviniera. Carlos III recabó el parecer de sus consejeros, y aunque recibió opiniones contrapuestas, acabó siguiendo el consejo del conde de Revilla Gigedo, que declaró que dimitiría de su cargo antes que ordenar disparar a la multitud.

De Madrid, el levantamiento se trasladó a ciudades como Cuenca, Zaragoza, La Coruña, Oviedo, Santander, Bilbao, Barcelona, Cádiz y Cartagena entre otras muchas. Pero mientras que en Madrid las quejas se referían al gobierno de la nación, en las provincias las quejas se dirigían contra las autoridades locales, lo cual revela un problema subyacente de corrupción e incompetencia administrativa.

Los amotinados exigieron la reducción del precio de los alimentos y la supresión de la Junta de Abastos, la derogación de la orden sobre la vestimenta, el cese de ministros extranjeros de Carlos III, su sustitución por españoles y un perdón general. El Monarca desterró a Esquilache y nombró en su lugar al conde de Aranda. Se tomaron medidas para acelerar la importación de cereales desde Sicilia y se reformaron los gobiernos concejiles, añadiendo a éstos diputados del estado llano elegidos por sufragio.

La política religiosa

Desaparecidos los ministros extranjeros, el rey se apoyó en los reformistas españoles, como Pedro Rodríguez de Campomanes, el conde de Aranda o el conde de Floridablanca. Campomanes, nombrado fiscal del Consejo de Castilla, trató de demostrar que los verdaderos inductores del motín de Esquilache habían sido los jesuitas. Se nombró una comisión de investigación y sus principales acusaciones fueron:
  • Sus grandes riquezas.
  • El control de los nombramientos y de la política eclesiástica.
  • Su apoyo al papa.
  • Su lealtad al marqués de la Ensenada.
  • Su participación en los asuntos de Paraguay.
  • Su intervención en dicho motín.
Sectores de la nobleza y diversas órdenes religiosas estuvieron claramente en contra. Por todo ello, mediante el decreto real del 27 de febrero de 1767, se les expulsó de España y todos sus dominios y posesiones fueron confiscados.

Reformas

La expulsión de los jesuitas se quiso aprovechar para realizar una reforma de la enseñanza que debía fundamentarse en las disciplinas científicas y en la investigación. Sometió las universidades al patronazgo real y creó en Madrid los Estudios de San Isidro (1770), como centro moderno de enseñanza media destinado a servir de modelo, y también la Escuela de Artes y Oficios, que han perdurado hasta el siglo xx, cuando pasaron a llamarse Escuelas de Formación Profesional, EFP. Las propiedades de los jesuitas sirvieron para crear nuevos centros de enseñanza y residencias universitarias. Sus riquezas, para beneficiar a los sectores más necesitados, se destinaron a la creación de hospitales y hospicios.

Promovió un nuevo plan de Estudios Universitarios, que fue duramente contestado por la Universidad de Salamanca, proponiendo un plan propio, que a la postre fue implantado años después.
El impulso hacia la reforma de la agricultura durante el reinado de Carlos III vino de mano de las Sociedades Económicas de Amigos del País creadas por su ministro José de Gálvez. Campomanes, influido por la fisiocracia centró su atención en los problemas de la agricultura. En su Tratado de la Regalía de la Amortización, defendió la importancia de ésta para conseguir el bienestar del Estado y de los ciudadanos y la necesidad de una distribución más equitativa de la tierra.

En 1787, Campomanes elaboró un proyecto de repoblación de las zonas deshabitadas de las tierras de realengo de Sierra Morena y del valle medio del Guadalquivir, creando las Nuevas Poblaciones de Andalucía y Sierra Morena. Para ello, y supervisado por Pablo de Olavide, intendente real de Andalucía, se trajeron inmigrantes centroeuropeos. Se trataba principalmente de alemanes y flamencos católicos, para fomentar la agricultura y la industria en una zona despoblada y amenazada por el bandolerismo. El proyecto fue financiado por el Estado. Se fundaron así nuevos asentamientos, como La Carolina, La Carlota o La Luisiana, en las actuales provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla.

Se reorganizó el ejército, al que dotó de unas Ordenanzas en 1768 destinadas a perdurar hasta el siglo XX, se impulsó el comercio colonial formando compañías, como la de Filipinas, y mediante el Reglamento de libre comercio de 1778 que liberalizó el comercio con América. También destaca el Decreto de libre comercio de granos de 1765.

Otras medidas reformistas del reinado fueron la creación del Banco de San Carlos, en 1782, y la construcción de obras públicas, como el Canal Imperial de Aragón y un plan de caminos reales de carácter radial, con origen en Madrid y destino a Valencia, Andalucía, Cataluña y Galicia.
 
Hizo un ambicioso plan industrial en el que destacan como punteras las industrias de bienes de lujo: Porcelana del Buen Retiro, Cristales de la Granja y traslada la Platería Martínez a un edificio en el paseo del Prado, pero no faltaron muchas otras para la producción de bienes de consumo, en toda la geografía española.

Entre los planteamientos teóricos para el desarrollo de la industria destacó el Discurso sobre el fomento de la industria popular de Campomanes, para mejorar con ella la economía de las zonas rurales y hacer posible su autoabastecimiento. Las Sociedades Económicas de Amigos del País se encargaron de la industria y su teoría en esta época.

Hizo hospitales públicos, servicios de alumbrado y recogida de basura, uso de adoquines, una buena red de alcantarillado. En Madrid, un ambicioso plan de ensanche, con grandes avenidas, monumentos como la Fuente de Cibeles, la de Neptuno, la Puerta de Alcalá, la fuente de la Alcachofa, la construcción del jardín botánico (trasladando al paseo del Prado el antiguo de Migas Calientes), el hospital de San Carlos (hoy Museo Reina Sofía), el edificio del Museo del Prado (destinado originalmente a Museo de Historia Natural).

La sociedad

La nobleza

Descendió en número, debido a la desaparición de los hidalgos en los censos por las medidas restrictivas hacia este grupo por el rey. Representaba el 4 % del total de la población. Su poder económico se acrecentó gracias a los matrimonios entre familias de la alta nobleza, que propiciaron una progresiva acumulación de bienes patrimoniales. Mediante un decreto en 1783, el rey aprobó el trabajo manual y lo reconoció, favoreciendo a los nobles. A partir de ese momento, los nobles podían trabajar, cosa que antes no podían hacer, únicamente podían vivir de sus riquezas. Los títulos nobiliarios aumentaron con las concesiones hechas por Felipe V y Carlos III. Se crearon la Orden Militar de Carlos III, las Reales Maestranzas con estatutos nobiliarios y el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid. En contrapartida se pusieron numerosas restricciones a los mayorazgos y a los señoríos, aunque nunca llegaron a desaparecer durante el reinado.

El clero

La Iglesia poseía cuantiosas riquezas. Siendo el clero un 2 % de la población, según el Catastro de Ensenada era propietaria de la séptima parte de las tierras de labor de Castilla y de la décima parte del ganado lanar. A los bienes inmuebles se añadían el cobro de los diezmos, a los que se descontaban las tercias reales, y otro ingresos como rentas hipotecarias o alquileres. La diócesis más rica era la de Toledo, con una renta anual de 3.500.000 reales. Carlos III ayudó a repartir las riquezas entre los más necesitados en el país y abolió algunos leyes dictadas por la iglesia que suprimian derechos del pueblo.

El estado llano

Era el grupo más numeroso. En él se encontraban los campesinos que gozaban de cierta estabilidad económica. Los jornaleros sufrían situaciones de miseria. De acuerdo con el Catastro de Ensenada, los artesanos representaban el 15 % del total de los asalariados y tenían mejores retribuciones que los campesinos. La burguesía comenzó a despuntar tímidamente en España. Localizada en la periferia peninsular, se identificó con los propósitos reformistas y los ideales ilustrados del siglo. Fue especialmente importante en Cádiz, por su vinculación al comercio americano, Barcelona y Madrid.

Los gitanos

Desde el fracaso de la Gran Redada de 1749 los gitanos estaban sujetos a una situación muy problemática, que se pretendió resolver con una serie de iniciativas legislativas desde 1763, finalmente sustanciadas en la Real Pragmática de 19 de septiembre de 1783, con propósitos claramente asimiladores y de carácter utilitarista, tras dicha pragmática, se deja de considerar su origen o naturaleza diferenciada o inferior (raíz infecta); se prohíbe el uso de la denominaciones gitano o castellano nuevo (tenidas por injuriosas); se concede libertad de residencia (excepto en la Corte y Reales Sitios por ahora) y se permiten nuevos modos para ganarse la vida, incluyendo la admisión en gremios, pero se prohíben oficios como poseer tabernas o esquilar caballos, de vital importancia para el pueblo gitano; también se prohíben sus vestiduras tradicionales y su gerigonza (su idioma diferenciador, el caló) y una vez más se establece la obligación de asentarse, abandonando el nomadismo; todo ello bajo graves penas a los desobedientes, que serían considerados vagos y sujetos a las penas correspondientes sin distinción de los demás vasallos (se les aplica el código penal general).

Aquellos casos en los que un individuo se negase a acatar las leyes en cuanto a residencia, lengua, oficios, vestimenta y demás, la primera vez que fuese detenido sería marcado con un hierro candente en la espalda (en sustitución de las penas anteriormente previstas: la muerte o cortar las orejas), en caso de ser detenido una segunda vez serían condenados a la pena capital, dicha ley no se aplicaba a los menores de diecieseis años, que serían separados de sus familias y educados por las Juntas o Diputaciones de caridad.

Proyección posterior


Detalle de la estatua ecuestre de Carlos III en la Puerta del Sol de Madrid.
 
Cuando el rey murió en 1788, terminó la historia del reformismo ilustrado en España, pues el estallido casi inmediato de la Revolución francesa al año siguiente provocó una reacción de terror que convirtió el reinado de su hijo y sucesor, Carlos IV, en un periodo mucho más conservador. En seguida, la invasión francesa arrastraría al país a un ciclo de revolución y reacción que marcaría el siglo siguiente, sin dejar espacio para continuar un reformismo sereno como el que había desarrollado Carlos III.

Entre los aspectos más duraderos de su herencia quizá haya que destacar el avance hacia la configuración de España como nación, a la que dotó de algunos símbolos de identidad (como los que en el futuro se convertirían en su himno y su bandera nacionales) e incluso de una capital digna de tal nombre, pues se esforzó por modernizar Madrid (con la construcción de paseos y trabajos de saneamiento e iluminación pública) y engrandecerla con monumentos (de su época datan la Puerta de Alcalá, el Museo del Prado —concebido como Gabinete de Historia Natural—, el hospital de San Carlos o la construcción del nuevo Jardín Botánico, en sustitución del antiguo de Migas Calientes) y con edificios representativos destinados a albergar los servicios de la creciente administración pública. El impulso a los transportes y comunicaciones interiores (con la organización del Correo como servicio público y la construcción de una red radial de carreteras que cubrían todo el territorio español, convergiendo sobre la capital) ha sido, sin duda, otro factor político que ha actuado en el mismo sentido, acrecentando la cohesión de las diversas regiones españolas. Estas son sólo algunas de las razones por las cuales Carlos III fue conocido como el «mejor Alcalde de Madrid».

Matrimonio e hijos

Contrajo matrimonio en 1737 con María Amalia de Sajonia (1724-1760), hija de Federico Augusto II. Tuvieron trece hijos, pero sólo siete llegaron a adultos:
  • María Isabel Antonia, infanta de España (6 de septiembre de 1740-31 de octubre de 1742)
  • María Josefa Antonia, infanta de España (20 de enero de 1742-3 de abril de 1742)
  • María Isabel Ana, infanta de España (30 de abril de 1743-5 de marzo de 1749)
  • María Josefa Carmela, infanta de España (6 de julio de 1744-8 de diciembre de 1801). Figura importante en el cuadro de Goya, La familia de Carlos IV. Murió sin descendencia.
  • María Luisa, infanta de España (13 de junio de 1745-15 de mayo de 1792). Casada con Leopoldo II de Austria, Sacro Emperador Romano Germánico; con descendencia.
  • Felipe Antonio, infante de España y duque de Calabria (13 de julio de 1747-6 de diciembre de 1777). Fue excluido de la sucesión al trono de España y al de Nápoles debido a su condición de deficiente mental.
  • Carlos IV, rey de España (11 de noviembre de 1748-19 de enero de 1819). Casado con María Luisa de Borbón-Parma, princesa de Parma; con descendencia.
  • María Teresa Antonia, infanta de España (2 de diciembre de 1749-2 de marzo de 1750)
  • Fernando I, rey de las Dos Sicilias (12 de enero de 1751-4 de enero de 1825). Casado con María Carolina de Habsburgo, archiduquesa de Austria; con descendencia.
  • Gabriel, infante de España (11 de mayo de 1752-23 de noviembre de 1788). Casado con Mariana Victoria de Braganza, infanta de Portugal; aunque murió joven (antes que su padre, lo que fue devastador para Carlos III que falleció poco después) de viruela como su mujer; le sobrevivió solo un hijo.
  • María Ana, infanta de España (3 de julio de 1754-11 de mayo de 1755)
  • Antonio Pascual, infante de España (31 de diciembre de 1755-20 de abril de 1817). Casado con María Amalia de Borbón, infanta de España; sin descendencia.
  • Francisco Javier, infante de España (15 de febrero de 1757-10 de abril de 1771). Murió sin descendencia



María Amalia de Sajonia


María Amalia de Sajonia (María Amalia Cristina Francisca Javiera Flora Walburga; Dresde, 24 de noviembre de 1724 - Madrid, 27 de septiembre de 1760) fue la Reina consorte de Nápoles y Sicilia (1737-1759) y de España (1759-1760), esposa de Carlos III.
               
Fue hija de Federico Augusto II, príncipe-elector de Sajonia y después rey de Polonia y gran duque de Lituania (como Augusto III); y de la archiduquesa María Josefa de Austria, hija de José I, emperador del Sacro Imperio.

Con apenas catorce años contrajo matrimonio con Carlos, entonces rey de Nápoles y Sicilia, que era el hijo primogénito de Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio. A pesar de que se trataba de un matrimonio concertado, Amalia y Carlos se mantuvieron muy unidos, y el rey, al enviudar, no volvió a contraer matrimonio. La boda se celebró por poderes en el Palacio de Dresde, en Sajonia, el 9 de mayo de 1738 y la celebración fue en Nápoles el 9 de junio de ese año.

En 1759 falleció el rey Fernando VI de España, hermano de Carlos, sin descendencia, y Amalia acompañó a su esposo a España para ocupar el trono. A la reina María Amalia se le debe la introducción en España de la costumbre navideña del belén o "nacimiento" de origen napolitano.

En septiembre de 1760, apenas dos años después de su llegada a España, María Amalia murió a causa de una tuberculosis. Carlos III señaló: "En 22 años de matrimonio, éste es el primer disgusto serio que me da Amalia".






María Isabel Antonia, infanta de España (6 de septiembre de 1740-31 de octubre de 1742)



María Josefa Antonia, infanta de España (20 de enero de 1742-3 de abril de 1742)



María Isabel Ana, infanta de España (30 de abril de 1743-5 de marzo de 1749)



María Josefa Carmela de España


María Josefa Carmela de Borbón (Gaeta; 6 de julio de 1744 – Madrid; 8 de diciembre de 1801) fue princesa de Nápoles y Sicilia por nacimiento. Cuando su padre accedió al trono de España como Carlos III, se convirtió en infanta de España. Nacida en el Reino de Nápoles, llegó a España con su familia en octubre de 1759, a la edad de quince años. Vivirá primero en la corte de su padre y luego en la corte de su hermano Carlos IV permaneciendo soltera hasta su fallecimiento.
          
La princesa María Josefa de Nápoles y Sicilia nació en Gaeta, por entonces parte del Reino de Nápoles. Recibió el nombre de su abuela materna, María Josefa de Austria. Su padre, Carlos de Borbón, era rey de Nápoles y Sicilia desde 1734. Sus padres se habían casado en 1738 y María Josefa fue el cuarto de sus hijos, pero el primero en sobrevivir por encima de la edad de cinco años. En el momento de su nacimiento todavía vivía su hermana mayor María Isabel Ana (1743–1749). Sus padres formaron una pareja armónica; su madre María Amalia de Sajonia fallecerá poco más de una año después del traslado de la familia a España, pero su padre no se volverá a casar.

En 1764 su hermana menor la infanta María Luisa fue preferida sobre María Josefa para desposar con el que por entonces era Gran Duque de Toscana, que luego sería Emperador de Austria.

María Josefa sería de nuevo candidata al matrimonio para desposar con el recientemente viudo Luis XV, cuya mujer María Leszczynska había muerto en 1768 cuando María Josefa tenía 24 años. Sin embargo, Luis XV (por entonces de 58 años) rechazaría la idea debido a la juventud de la Infanta. María Josefa permanecerá soltera por el resto de su vida.

Tras la muerte de su padre en 1788, la infanta María Josefa continuará viviendo en la corte junto con su hermano Carlos IV. La corte por entonces estaba dominada por la figura de su cuñada María Luisa de Parma, nieta de Luis XV, con la que María Josefa no se llevaba muy bien. La infanta María Josefa fallecerá a la edad de 57 años en el Palacio Real de Madrid, poco antes de que su hermano Carlos perdiera el trono de España y tuviera que marchar al exilio en 1808. Fue inicialmente sepultada en el convento de Santa Teresa de Madrid, de las monjas Carmelitas, a las que había favorecido en vida. Sin embargo, en 1877, sus restos serían trasladados al Panteón de Infantes de El Escorial.

Distinciones honoríficas

  • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa.






María Luisa de Borbón


María Luisa, infanta de España (Reino de Nápoles, 24 de noviembre de 1745 - Sacro Imperio Romano Germánico, 15 de mayo de 1792), infanta de España y penúltima emperatriz consorte del Sacro Imperio Romano Germánico (1790-1792) como cónyuge de Leopoldo II del Sacro Imperio Romano Germánico.
                 
Nació en la localidad de Portici, en la región de Campania como princesa de Nápoles y Sicilia, hija de los reyes de Nápoles y Sicilia Carlos III de España y María Amalia de Sajonia. En 1759, tras la muerte del medio hermano de su padre, Fernando VI, Carlos se convierte en Carlos III de España y María Luisa viaja con su familia a la península.

Gran Duquesa de Toscana

El 16 de febrero de 1764 ella contrae matrimonio por poderes en Madrid con el archiduque Pedro Leopoldo de Habsburgo-Lorena, (hijo de la emperatriz María Teresa I de Austria y del emperador Francisco I) quien más tarde se convertiría en Leopoldo II del Sacro Imperio Romano Germánico, el año siguiente, el 5 de agosto en Innsbruck (Austria) vuelven a contraer matrimonio, ahora en persona.

Sacra emperatriz romana

En 1790, tras la muerte sin descendencia del hermano de Leopoldo, José II, el marido de María Luisa heredó los títulos de Habsburgo, y se convirtió en emperador del Sacro Imperio Romano. Tomando el nombre de Leopoldo II del Sacro Imperio Romano Germánico, el nuevo emperador se trasladó con su familia a Viena, donde María Luisa asumió el papel de consorte imperial. Leopoldo murió apenas dos años más tarde, el 1 de marzo de 1792. María Luisa siguió a su marido a la tumba en menos de tres meses, que no viviría lo suficiente para ver a su hijo mayor Francisco como el último emperador del Sacro Imperio Romano.

Descendencia

De su matrimonio con Leopoldo tuvo 16 hijos, de los que 14 sobrevivieron la infancia.
  • María Teresa (1767-1827) - casada con Antonio I de Sajonia , Rey de Sajonia (1755 - 1836). Con descendencia.
  • Francisco II (1768–1835), último emperador del Sacro Imperio Germánico y primer emperador de Austria. Casado en primeras nupcias con Isabel Guillermina de Württemberg (1767-1790); casado en segundas nupcias con María Teresa de Borbón Dos Sicilias (1772-1807); casado en terceras nupcias con María Luisa de Austria-Este (1787-1816); casado en cuartas nupcias con Carolina Augusta de Baviera (1792-1873). Con descendencia de sus dos primeros matrimonios.
  • Fernando III (1769–1824). Gran duque de Toscana. Casado en primeras nupcias con Luisa de Borbón-Dos Sicilias (1773-1802), con descendencia. Casado en segundas nupcias con María Fernanda de Sajonia (1796-1865).
  • María Ana (1770-1809). Abadesa del convento teresiano de Praga.
  • Carlos (1771–1847), duque de Austria-Teschen, (vencedor de la Batalla de Aspern-Essling). Casado con Enriqueta de Nassau-Weilburg (1797-1829). Abuelo de la reina regente de España, María Cristina de Habsburgo-Lorena (1858-1929).
  • Alejandro Leopoldo (1772-1795), nádor de Hungría. Murió soltero
  • Alberto (1773-1774).
  • Maximiliano (1774-1778).
  • José Antonio (1776–1847), casado en primeras nupcias con Alejandra Pávlovna de Rusia (1783-1801), muerta en el parto, junto con su hija; casado en segundas nupcias con Herminia de Anhalt-Bernburg-Schamburg-Hoym (1797-1817), con descendencia; casado en terceras nupcias con María Dorotea de Wurtemberg (1797-1855), con descendencia.
  • María Clementina (1777-1801); contrajo matrimonio con su primo Francisco I, Rey de las Dos Sicilias (1777-1830), con descendencia.
  • Antonio Víctor (1779-1835), brevemente Arzobispo-Elector de Colonia y después Gran Maestro de la Orden Teutónica.
  • María Amalia (1780-1798).
  • Juan (1782–1859), príncipe de Estiria. Casado morganáticamente con Ana Plöchl (1804 -1885), creada condesa de Merau. Con descendencia.
  • Raniero (1783–1853). Casado con María Isabel de Saboya (1800-1856), con descendencia.
  • Luis (1784-1864).
  • Rodolfo (1788–1831), Cardenal-Arzobispo de Olmoutz, protector de Schüler y Beethoven.

Distinciones honoríficas

  • Ordre de la Croix étoilée autro-hongrois.jpg Soberana Gran Maestre de la Orden de la Cruz Estrellada (S.I.R.G.).
  • AUT Order of the Love of the Neighbour.svg Soberana Gran Maestre de la Orden del Amor al Prójimo (S.I.R.G.).
  • AUT Order of the Slaves of the Virtue BAR.svg Soberana Gran Maestre de la Orden de los Virtuosos (S.I.R.G.).
  • Ord.ElisabettaTeresa.PNG Protectora de la Orden de Isabel Teresa (S.I.R.G.).

Leopoldo II del Sacro Imperio Romano Germánico


Leopoldo de Habsburgo-Lorena (Peter Leopold Josef Anton Joachim Pius Gotthard von Habsburg-Lothringen; Viena, 5 de mayo de 1747 - id. 1 de marzo de 1792) fue un archiduque austriaco y luego emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
          
Leopoldo II von Habsburg-Lothringen (nacido Pedro Leopoldo José) era hijo de los emperadores María Teresa y Francisco I. Gran Duque de Toscana (1765-1790), Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de Hungría y de Bohemia (1790-1792) al fallecer su hermano José II.

Durante su breve reinado se sofocaron las sublevaciones que tuvieron lugar en Hungría y la actual Bélgica. Firmó la paz de Sistova en 1791, que puso fin al conflicto con los turcos, y acordó con Federico Guillermo II de Prusia una alianza contra la Francia revolucionaria. La posible expansión de la revolución francesa resultaba para él una doble amenaza, en su carácter de monarca absoluto y hermano de María Antonieta, reina de Francia. A pesar de ello, se opuso a una intervención armada en Francia.

Le sucedió su hijo Francisco II, el último emperador del Sacro Imperio Romano y el primero de Austria, (Francisco I).





Felipe Antonio de Borbón


Felipe Antonio de Borbón (Portici, Nápoles, 13 de junio de 1747 – Portici, Nápoles, 19 de septiembre de 1777) Infante de España y duque de Calabria. Fue apartado de la sucesión por minusvalía mental.
                
Nació en la Reggia di Portici (Palacio de Portici) en el Reino de Nápoles, era el sexto hijo y el único varón del rey Carlos III de España, entonces rey de Nápoles y Sicilia, y de su esposa, la princesa María Amalia de Sajonia. Su nacimiento fue un acontecimiento alegre pues su madre ya tenía cinco infantas, tres de las cuales habían muerto en la infancia. El Príncipe fue bautizado con los nombres: Felipe Antonio Jenaro Pascual Francisco de Paula. Su abuelo, Felipe V de España en cuyo honor fue nombrado, había muerto un año antes de que él naciera el 9 de julio de 1746. Los padrinos del niño fueron el Rey de España Fernando VI y su esposa Bárbara de Braganza. Se le dio el título de duque de Calabria, un estilo que se creó en el momento de que era heredero del reino de Nápoles.

Aunque nació bien, pronto se hizo evidente que no gozaba de buena salud, ya que sufría de ataques epilépticos. Cuando creció se confirmó que no era un niño normal. Su rostro era una peculiar prueba de su deficiencia. De acuerdo con un observador del príncipe sufría de "una gran pesadez de cabeza, lo que lo ponía triste y de mal humor.

En 1754, el embajador de Cerdeña informó que "el príncipe real no parecía gozar de buena salud" y agregó que "hay algo en sus ojos que no armoniza con el resto de sus características".

Muerte

En septiembre de 1777, el Infante Felipe contrajo la viruela. El rey y su esposa por temor al contagio se fueron a Caserta. Felipe murió en el palacio de Portici, en Nápoles a la edad de 30 años. Fue enterrado en el complejo de la basílica de Santa Chiara en Nápoles.


Túmulo en la Basílica de Santa Clara, Nápoles.
 


Carlos IV de España

Enlace aquí:

Carlos IV de España, llamado «el Cazador» (Portici, 11 de noviembre de 1748-Nápoles, 19 de enero de 1819), fue rey de España desde el 14 de diciembre de 1788 hasta el 19 de marzo de 1808. Hijo y sucesor de Carlos III y de María Amalia de Sajonia.
              
Accedió al trono poco antes del estallido de la Revolución francesa, y su falta de carácter hizo que delegase el gobierno de su reinado en manos de su esposa María Luisa de Parma y de su valido, Manuel Godoy, de quien se decía que era amante de la Reina, circunstancia aceptada como cierta por historiadores como Balansó o Zavala y negada por otros. Estos acontecimientos frustraron las expectativas con las que inició su reinado. A la muerte de Carlos III, el empeoramiento de la economía y el desbarajuste de la administración revelan los límites del reformismo, al tanto que la Revolución francesa pone encima de la mesa una alternativa al Antiguo Régimen.

Nació el 11 de noviembre de 1748 en Portici, durante el reinado de su padre en las Dos Sicilias. Fue bautizado como Carlos Antonio Pascual Francisco Javier Juan Nepomuceno José Januario Serafín Diego.

En 1759, tras la muerte sin descendencia de su tío, el rey Fernando VI de España, su padre pasó a ocupar el Trono español. De esta forma, Carlos se convirtió en heredero de la monarquía hispánica, siendo jurado como príncipe de Asturias el 19 de julio de 1760.
Sucedió a su padre, Carlos III, al morir éste el 14 de diciembre de 1788.

Reinado

Gobierno del conde de Floridablanca

Las primeras decisiones de Carlos IV mostraron unos propósitos reformistas. Confirmó en su puesto como primer Secretario de Estado y del Despacho al conde de Floridablanca, un ilustrado que inició su gestión con medidas como la condonación del retraso de las contribuciones, limitación del precio del pan, restricción de la acumulación de bienes de manos muertas, supresión de vínculos y mayorazgos y el impulso del desarrollo económico. El propio Monarca tomó la iniciativa de derogar la Ley Sálica impuesta por su antecesor Felipe V, medida ratificada por las Cortes de 1789, que no se llegó a promulgar.

El estallido de la Revolución francesa en 1789 cambió radicalmente la política española. Conforme llegan las noticias de Francia, el nerviosismo de la corona crece y acaba por cerrar las Cortes que, controladas por Floridablanca (mantenido en el poder por consejo de su padre), se habían reunido para reconocer al Príncipe de Asturias. El aislamiento parece ser la receta para evitar la propagación de las ideas revolucionarias a España. Floridablanca, ante la gravedad de los hechos dejó en suspenso los Pactos de Familia, estableció controles en la frontera para impedir la expansión revolucionaria y efectuó una fuerte presión diplomática en apoyo a Luis XVI. También puso fin a los proyectos reformistas del reinado anterior y los sustituyó por el conservadurismo y la represión (fundamentalmente a manos de la Inquisición, que detiene a Cabarrús, destierra a Jovellanos y despoja de sus cargos a Campomanes).

Gobierno del conde de Aranda

En 1792, Floridablanca fue sustituido por el conde de Aranda, amigo de Voltaire y de otros ilustrados franceses, a quien el rey encomienda la difícil papeleta de salvar la vida de su primo el rey Luis XVI en el momento en que tras el fracaso de la fuga de Varennes éste había aceptado la Constitución francesa de 1791.

Sin embargo, la radicalización revolucionaria a partir de 1792 y el destronamiento de Luis XVI —el rey francés fue encarcelado y quedó proclamada la República— precipitó la caída del conde de Aranda y la llegada al poder de Manuel Godoy el 15 de noviembre de 1792.

Primer Gobierno de Manuel Godoy



La familia de Carlos IV por Goya (Museo del Prado).
 
Manuel Godoy, un guardia de corps, ascendió rápidamente en la corte gracias a la amistad y confianza que le otorgaron los reyes. En pocos años pasó de ser un hidalgo a convertirse en duque de Alcudia y de Sueca, capitán general y, desde finales de 1792, en «ministro universal» de Carlos IV con un enorme poder. De pensamiento ilustrado impulsó medidas reformistas como las disposiciones para favorecer las enseñanzas de las ciencias aplicadas, la protección a las Sociedades Económicas de Amigos del País y la llamada desamortización de Godoy de bienes pertenecientes a hospitales, casas de misericordia y hospicios regentados por comunidades religiosas.

La Revolución francesa condicionó su actuación en la política española. Sus primeras medidas se encaminaron en salvar la vida de Luis XVI, procesado y condenado a muerte. Pese a los esfuerzos de todas las cortes europeas, el monarca francés fue guillotinado en enero de 1793, lo que generalizó una guerra de las potencias europeas contra la Francia revolucionaria conocida como la Guerra de la Convención, en la que España participó y fue derrotada por la Francia republicana, fruto del desastroso abastecimiento, la pésima preparación del ejército y la escasa moral de la tropa frente a los enardecidos sans culottes franceses. Un ejército de 25.000 hombres dirigido por el general Ricardos entró en el Rosellón y logró algunos éxitos. A partir de 1794 las tropas españolas se vieron forzadas a la retirada. Los franceses ocuparon Figueras, Irún, San Sebastián, Bilbao, Vitoria y Miranda de Ebro.

Godoy suscribió con Francia la Paz de Basilea en 1795. La República francesa devolvió a España las plazas ocupadas, a cambio del territorio hispano de la isla de La Española —colonia de Santo Domingo—. En agradecimiento el rey Carlos IV le concedió el título de príncipe de la Paz.

En 1796, concluida la fase más radical de la Revolución, Godoy firmó el Tratado de San Ildefonso y España se convirtió en aliada de Francia. Este cambio de postura buscaba el enfrentamiento con Gran Bretaña, principal adversario de la Francia revolucionaria y tradicional enemiga de España con la que disputaba la hegemonía marítima y, concretamente, el comercio con América. La escuadra española sufrió la derrota frente al cabo de San Vicente en 1797, pero Cádiz y Santa Cruz de Tenerife resistieron a los ataques del almirante Nelson. En América los británicos ocuparon la isla de Trinidad, y sufrieron una derrota en Puerto Rico. Ello provocó la caída de Godoy en mayo de 1798.

Gobiernos de Saavedra y Urquijo

Tras ello, dos ilustrados, Francisco de Saavedra y Mariano Luis de Urquijo, se sucedieron al frente del gobierno entre 1798 y 1800.

Segundo gobierno de Manuel Godoy

La llegada al poder de Napoleón en 1799 y su proclamación como Emperador en 1804 alteró las relaciones internacionales y se renovó la alianza con Francia. Napoleón necesitaba, en su lucha contra los británicos, contar con la colaboración de España, sobre todo de su escuadra. Por ello, presionó a Carlos IV para que restituyera su confianza en Godoy. Éste asumió de nuevo el poder en 1800 y firmó el Convenio de Aranjuez de 1801 por el que ponía a disposición de Napoleón la escuadra española, lo que implicaba de nuevo la guerra contra Gran Bretaña.

Godoy declaró en 1801 la guerra a Portugal, principal aliado británico en el continente, antes de que lo hiciera Francia. Este conflicto, conocido como la Guerra de las Naranjas, significó la ocupación de Olivenza por España, que además obtuvo el compromiso de Portugal de impedir el atraque de buques británicos en sus puertos.

En 1805, la derrota de la escuadra franco-española en la batalla de Trafalgar por la Armada británica modificó la situación radicalmente. Frente a la hegemonía de Gran Bretaña en los mares, Napoleón recurrió al bloqueo continental, medida a la que se sumó España. En 1807 se firmó el Tratado de Fontainebleau que estableció el reparto de Portugal entre Francia, España y el propio Godoy, y el derecho de paso por España de las tropas francesas encargadas de su ocupación.

Crisis final

Con tal sucesión de guerras se agravó hasta el extremo la crisis de la Hacienda; y los ministros de Carlos IV se mostraron incapaces de solucionarla, pues el temor a la revolución les impedía introducir las necesarias reformas, que hubieran lesionado los intereses de los estamentos privilegiados, alterando el orden tradicional.

La presencia de soldados franceses en territorio español aumentó la oposición hacia Godoy, enfrentado con los sectores más tradicionales por su política reformista y entreguista hacia Napoleón.

 A finales de 1807 se produjo la Conjura de El Escorial, conspiración encabezada por Fernando, Príncipe de Asturias, que pretendía la sustitución de Godoy y el destronamiento de su propio padre. Pero, frustrado el intento, el propio Fernando delató a sus colaboradores. En marzo de 1808, ante la evidencia de la ocupación francesa, Godoy aconsejó a los reyes que abandonaran España. Pero se produjo el Motín de Aranjuez, levantamiento popular contra los reyes aprovechando su presencia en el palacio de Aranjuez. Godoy fue hecho preso por los amotinados. Carlos IV, ante el cariz de los acontecimientos, abdicó en su hijo Fernando VII:
Como los achaques de que adolezco no me permiten soportar por más tiempo el grave peso del gobierno de mis reinos, y me sea preciso para reparar mi salud gozar en clima más templado de la tranquilidad de la vida privada; he determinado, después de la más seria deliberación, abdicar mi corona en mi heredero y mi muy caro hijo el Príncipe de Asturias. Por tanto es mi real voluntad que sea reconocido y obedecido como Rei y Señor natural de todos mis reinos y dominios.
Gaceta de Madrid, 25 de marzo de 1808
Napoleón, receloso ante el cambio de monarca, convocó a la familia real española a un encuentro en la localidad francesa de Bayona. Fernando VII, bajo la presión del Emperador y de sus padres, devolvió la Corona a Carlos IV el día 6 de mayo, sin saber que el día antes Carlos IV había pactado la cesión de sus derechos a la corona en favor de Napoleón, quien finalmente designó como nuevo rey de España a su hermano José.

Exilio y muerte

Napoleón dispuso el traslado de Carlos al palacio de Compiègne, a 80 km al norte de París. Pero al poco tiempo, el rey solicita poder establecerse en Niza, pues el clima de la Picardía acentuaba los sufrimientos causados por la gota que le aquejaba desde hacía años. El emperador acepta el traslado, aclarando que el mismo se produce "por propia cuenta del rey", incumpliendo las promesas de compensaciones económicas hechas al monarca. No encontraron los reyes españoles acomodo en Niza, y agobiados por las deudas, se establecen en Marsella. Pero no pasará mucho tiempo hasta que Napoleón mande a Carlos, su esposa y su corte, al palacio Borghese de Roma, en donde se instalarán en el verano de 1812.

Al caer Napoleón en 1814, Carlos y María Luisa se trasladan al palacio Barberini, también en Roma, donde permanecerán casi cuatro años viviendo de la pensión que les enviaba su hijo Fernando, quien ya repuesto en el trono de España, negó a sus padres el retorno. Carlos viajó a Nápoles para visitar a su hermano Fernando I de las Dos Sicilias y encontrar alivio a la gota que le atormentaba, dejando en Roma a su esposa postrada en la cama con las dos piernas rotas y un estado de salud extremadamente deteriorado. Tras haber recibido la extrema unción el uno de enero de 1819, muere al día siguiente María Luisa de Borbón-Parma.
Cuando Carlos, informado del fallecimiento de su esposa, se disponía a volver a Roma el 13 de enero, se vio acometido por un ataque de gota con fiebre del que no se recuperaría, muriendo el 19 de enero de 1819.

Mecenazgo

Carlos se interesó desde su juventud por el arte. Violinista aficionado, en 1775 compró para la corte el cuarteto de instrumentos Stradivarius conservado actualmente en el Palacio Real de Madrid y se rodeó de un entorno musical privilegiado dirigido por el violinista y compositor Gaetano Brunetti.

También se interesó por la pintura, encargando obras a Luis Meléndez, Claude Joseph Vernet y Luis Paret y nombrando a Francisco de Goya pintor de cámara en 1789. Reunió además varias pinturas antiguas de máxima calidad, ahora en el Museo del Prado, como las dos tablas laterales del tríptico Werl de Robert Campin y dos famosas obras de Rafael: Sagrada Familia del cordero y Retrato de cardenal.

Títulos nobiliarios otorgados

Durante su reinado otorgó entre títulos de España y títulos de Indias: 179 títulos nobiliarios, de los cuales 33 fueron Grandes de España.

Matrimonio e hijos

Carlos IV contrajo matrimonio con su prima hermana María Luisa de Borbón-Parma (hija de Felipe, Duque de Parma) en 1765. Tuvieron 14 hijos de las veinticuatro veces que María Luisa de Borbón-Parma estuvo embarazada, pero solo siete llegaron a la edad adulta:





María Luisa de Parma


María Luisa de Parma (Parma, 9 de diciembre de 1751 – Roma, 2 de enero de 1819) fue reina consorte de España como esposa de Carlos IV, de quien era prima carnal por el lado paterno. Era nieta de Luis XV de Francia, hermana de Fernando I de Borbón-Parma y también prima carnal de los reyes franceses Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X. Se la considera la última reina del Antiguo Régimen en España.
            
Era hija de Felipe I, duque de Parma y de la princesa Luisa Isabel de Francia, hija del rey Luis XV. Según muchos historiadores, recibió una educación discutible, bajo influencia del controvertido abad Étienne Bonnot de Condillac, quien defendía ciertas libertades en cuanto a moralidad que en aquella época resultaban impropias de las damas nobles.

En 1765 contrajo matrimonio con el príncipe de Asturias, futuro Carlos IV; eran primos carnales por vía paterna y parientes cercanos por la vía materna de María Luisa.

En 1788 se convirtió en reina consorte de España tras producirse la muerte de su suegro el rey Carlos III y ser reconocido como rey de España su esposo, Carlos IV.

María Luisa de Parma ejerció una gran influencia sobre su marido. De carácter caprichoso, llegó a participar en numerosos episodios por los que fue considerada, ya en su época, una mujer intrigante y, para muchos, depravada. Sufrió un ostensible deterioro físico por los numerosos embarazos y partos, lo que le dio un semblante poco grato que aumentó su impopularidad. Ella, sin embargo, estaba orgullosa de sus brazos torneados y procuró embellecerse con joyas y costosos vestidos de manga corta importados de París, tal como atestiguan diversos retratos de Goya.

Manuel Godoy, presunto amante de María Luisa,
retratado en 1790 por Francisco Bayeu.
Estuvo enfrentada con numerosos miembros de la Corte española del momento. Destacó la rivalidad que mantuvieron la reina y la duquesa de Alba, musa de Goya. También tuvo desavenencias con la duquesa de Osuna. Entre los numerosos amantes atribuidos a la reina María Luisa destaca Manuel Godoy, antiguo miembro de la Guardia de Corps que alcanzó una influencia política muy notable como valido de Carlos IV.

La firma del Tratado de Fontainebleau (1807), decisión de Godoy, provocó la entrada del ejército francés en España. Se fue extendiendo el descontento entre la población y se organizó una conjura en la que tomó parte el príncipe de Asturias, Fernando, futuro Fernando VII. El 17 de marzo de 1808 tuvo lugar un levantamiento popular (Motín de Aranjuez) que logró la caída de Manuel Godoy. Napoleón Bonaparteaprovechó la situación para intervenir en España al forzar la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando y la renuncia de éste a sus derechos de sucesión. Napoleón les había obligado a acudir a Bayona. Este episodio es conocido como las abdicaciones de Bayona y tuvo lugar el 5 de mayo de 1808.

María Luisa acompañó a su marido al destierro, primero en Francia, confinados por Napoleón en Compiègne, y posteriormente en Roma, donde falleció, reinando ya su hijo Fernando en España, el cual ordenó el traslado de los restos de sus padres para ser enterrados en el Panteón de los Reyes del Monasterio de El Escorial.

Distinciones honoríficas

  • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Gran maestre de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa.
  • Ordre de la Croix étoilée autro-hongrois.jpg Dama de la Orden de la Cruz Estrellada (S.I.R.G.).


 
 



María Teresa Antonia, infanta de España (2 de diciembre de 1749-2 de marzo de 1750)




Fernando I de las Dos Sicilias


Fernando I de Borbón-Dos Sicilias (Fernando Antonio Pascual Juan Nepomuceno Serafín Jenaro Benedicto; Nápoles, 12 de enero de 1751 - Ib., 4 de enero de 1825) Infante español que ocupó los tronos de Nápoles (como Fernando IV) en tres períodos de tiempo (1759-1799, 1799-1806 y 1815 -1816), Sicilia (como Fernando III) (1759-1816) y de las las Dos Sicilias, Estado formado por los dos anteriores en 1816, del que fue monarca hasta su muerte en 1825.
   
Era el tercer hijo de Carlos III de España y de María Amalia de Sajonia. Cuando su padre heredó la corona española (su hermano había muerto sin descendencia), Fernando se convirtió en el heredero del reino italiano de su padre, pues los acuerdos internacionales impedían que se reunieran ambas coronas. Ninguno de sus hermanos o hermanas le sobrevivieron, siendo además el hijo de Carlos III que reinó por más tiempo, concretamente en Sicilia de forma ininterrumpida durante 66 años, entre 1759 y 1825.

Fernando fue nombrado a la vez Fernando III de Sicilia (6 de enero de 1759 - 8 de diciembre de 1816) y Fernando IV de Nápoles (6 de octubre de 1759 - 23 de enero de 1799; 13 de junio de 1799 - 30 de marzo de 1806; 3 de mayo de 1815 - 8 de diciembre de 1816).

El 23 de enero de 1799, el Reino de Nápoles fue declarado abolido para ser reemplazado por la República Napolitana o República Partenopea la que solamente duraría hasta el 13 de junio de 1799. Fernando fue restaurado en el trono por un corto espacio de tiempo. El 30 de marzo de 1806, Napoleón I de Francia declaró a Fernando depuesto y lo reemplazó con su propio hermano José Bonaparte. Fernando fue restaurado por una tercera vez por su victoria en la Batalla de Tolentino (3 de mayo de 1815) sobre el monarca rival Joaquín I. El 8 de diciembre de 1816, reunió los tronos de Sicilia y Nápoles en el Reino de las Dos Sicilias y continuó rigiendo como gobernante hasta su muerte el 4 de enero de 1825. No obstante, su reinado fue principalmente dominado por su esposa.

Infancia

Fernando había nacido en Nápoles. Cuando su padre ascendió al trono español en 1759, Fernando, de acuerdo a los tratados que prohibían la unión de las dos coronas, lo sucedió como rey de Nápoles, bajo una regencia presidida por el toscano Bernardo Tanucci. Éste, un capacitado y ambicioso político, mantiene la mayor cuota de poder en sus manos, adrede fue negligente con la educación del joven rey, y lo alentó en su amor al placer, su pereza y su excesiva dedicación a los deportes al aire libre. Fernando tenía porte atlético, pero ignorante, mal educado, adicto a las diversiones más bajas; se deleitaba en la compañía de los lazzaroni, cuyo dialecto y costumbres él utilizaba, e incluso vendía pescado en el mercado, regateando el precio.

Reinado

Finalizada la minoría de Fernando en 1767, su primer acto fue la expulsión de los Jesuitas. Al siguiente año contrajo matrimonio con María Carolina, hija de la emperatriz María Teresa de Austria y hermana del Emperador José II y de María Antonieta futura reina de Francia. Por el contrato matrimonial la reina iba a tener voz en el consejo de estado después del nacimiento de su primer hijo varón, y ella no tardó en beneficiarse, de este modo, de su influencia política. Hermosa, hábil y altiva, igual que su madre, pero cruel y pérfida, su ambición fue aumentando hasta lograr una posición de gran poder en el Reino de Nápoles; ella vino pronto a usar completamente el poder sobre su estúpido y perezoso esposo, y era la verdadera gobernante del reino.

Tanucci, quien intentó contrarrestarla, fue destituido en 1777, y un inglés sir John Acton, quien en 1779 era nombrado director de la marina, lo sucedió de esta manera ganando completamente el favor de María Carolina. Para ayudarla en sus planes de liberar Nápoles de España bajo la influencia de una alianza con Austria y Inglaterra, llegó a ser enseguida el primer ministro. Aunque no fue un mero aventurero usurpador, fue en gran medida responsable del paso de una reducción de la administración interna del reino a un sistema de espionaje, corrupción y crueldad.

En el estallido de la Revolución Francesa en 1789 la corte Napolitana no era hostil al movimiento, y la reina simpatizaba en paralelo con las ideas revolucionarias de esos días. Pero, cuando la monarquía Francesa fue abolida, el rey y la reina (su hermana María Antonieta) ejecutados, Fernando y María Carolina fueron presa de una sensación de peligro y horror, y se unieron a la Primera Coalición en contra de Francia en el año 1793.

Ocupación francesa

Aún cuando la paz fue hecha con Francia en 1796, las demandas del Directorio Francés, cuyas tropas ocuparon Roma, sobresaltaron al rey una vez más. Su esposa le instigó a tomar ventaja de la ausencia de Napoleón en Egipto y de las victorias de Nelson en la guerra. Marchó con sus ejércitos contra los franceses y entró en Roma (29 de noviembre). Sin embargo con la derrota de algunas de sus columnas regresó precipitadamente a Nápoles, y con la aproximación de las tropas francesas, escapó embarcando con Nelson a bordo del Vanguard a Sicilia, viviendo su capital en un estado de anarquía.
Los franceses entraron a la ciudad en medio de la feroz resistencia de los lazzaroni, quienes eran unos devotos seguidores del rey, y con la ayuda de los nobles y burgueses establecieron la República Napolitana (enero de 1799). Cuando unas pocas semanas después las tropas francesas volvieron al norte de Italia, Fernando envió a Calabria una expedición compuesta de bandidos y carceleros-asesinos bajo el mando del Cardenal Ruffo, un hombre de capacidad contributiva real, muy dedicada al rey, y de ninguna manera tan malo como ha sido pintado, para reconquistar el reino del continente.

La expedición de Ruffo fue un completo éxito, y llegó a Nápoles en mayo de 1800. Sus ejércitos y los lazzaroni cometieron atrocidades sin nombre, que él trato honestamente de impedir, y la República Partenopea se derrumbó.

El Rey, y sobre todo la reina, fueron especialmente ávidos en que no se debía mostrar misericordia a los rebeldes, y María Carolina hizo uso de Lady Hamilton, amante de Nelson para inducir a este último para llevar a cabo su venganza rencorosa propia. María Carolina usó como única excusa que era hermana de María Antonieta. La palabra misma "Republicanos" o "Jacobinos" la llenaba de odio.

Tercera coalición

El rey regresó a Nápoles poco después, y ordeno al por mayor arrestos y ejecuciones de supuestos liberales, los cuales continuaron prosperando bajo los franceses forzándolo a conceder un tratado que incluía amnistía para los partidarios de los franceses. Cuando la guerra estalló entre Francia y Austria en 1805, Fernando firmó un tratado de neutralidad con estos últimos, pero unos pocos días después se alió con Austria y consintió que las fuerzas anglo-rusas pasaran por Nápoles (ver Primera Coalición).

La victoria francesa en la Batalla de Austerlitz el 2 de diciembre de 1805 permitió a Napoleón enviar un ejército al sur de Italia. Fernando huyó precipitadamente a Palermo (23 de enero de 1806), seguido pronto por su esposa e hijo. Pocos días después, el 14 de febrero de 1806, los franceses entraban en Nápoles. Napoleón declaró que la dinastía de Borbón había perdido el trono, proclamando a su hermano mayor, José como rey de Nápoles y Sicilia. Sin embargo, Fernando continuó su reinado en Sicilia, bajo la protección británica. En la isla existían instituciones parlamentarias de cuño feudal desde hacía mucho tiempo, y el ministro británico, Lord Guillermo Bentinck, insistió en una reforma constitucional como las constituciones inglesa y francesa. El rey de hecho abdicó su poder en su hijo Francisco, que ofició de regente, y la reina, a instancias de Bentinck, fue exiliada a Austria, donde murió en 1814.

La Restauración

Después de la caída de Napoleón, Joaquín Murat, quien había sucedido a José Bonaparte como rey de Nápoles en 1808, fue destronado y posteriormente fusilado (1815), y Fernando retornó a Nápoles. Por un tratado secreto había limitado avanzar a una tendencia constitucional que Austria deseaba aprobar en cualquier momento; pero, aunque en términos generales actuó de acuerdo con Metternich y con la política de preservar el status quo, se mantiene con ligeros cambios. Pero las leyes de Murat y su sistema administrativo las aprovechó para abolir la constitución de Sicilia, violando su propio juramento, y proclamar la unión de los dos estados en el Reino de las Dos Sicilias el 12 de diciembre, 1816.
Fernando estaba ahora completamente subordinado a Austria. Un austríaco, el Conde Nugent, fue nombrado comandante en jefe del ejército; y durante cuatro años reinó como un déspota. Todos los esfuerzos tentativos a la libertad de expresión y opinión fueron despiadadamente reprimidos.

La Revolución de 1820

La supresión de la libertad de expresión y opinión provocó una alarmante propagación de la influencia y actividad de la sociedad secreta de los Carbonería, con el tiempo afecta a su vez a una gran parte del ejército. En julio de 1820 una sublevación militar estalló al mando del general Guglielmo Pepe, y Fernando se aterrorizó al estar subscrista a una constitución según el modelo de la Constitución española de 1812. Por otra parte, una revuelta en Sicilia, a favor de la recuperación de su independencia, fue suprimida por las tropas napolitanas.

El éxito de la revolución militar en Nápoles alarmó seriamente a los poderes de la Santa Alianza, quienes temieron que se extendiera a otros estados italianos y así dar lugar a la conflagración general europea, cuya principal preocupación era evitarla. Tras largas negociaciones diplomáticas se decidió celebrar el Congreso de Troppau (octubre de 1820). Los principales resultados de este congreso fueron las negociaciones del famoso Protocolo de Troppau, firmado por Austria, únicamente Prusia y Rusia, y una invitación al rey Fernando para ocuparse del cierre del Congreso de Laibach (1821), una invitación por la cual el Reino Unido, aprobó "en el sentido de negociación". En Laibach, Fernando jugó un papel tan triste como para provocar el desprecio de aquellos cuya política sería utilizada por él para volver a establecerse en el poder absoluto. Él había jurado dos veces, con gratuita solemnidad, para mantener la nueva Constitución; pero apenas habían dejado Nápoles repudió sus juramentos, y en cartas dirigidas a todos los soberanos de Europa, declaró que sus actos quedaban nulos y sin efecto. Una actitud tan poco decorosa amenazó con derrocar los objetivos mismos de las fuerzas reaccionarias, y Friedrich von Gentz ordenó al Congreso que estas protestas debían ser clausuradas en los archivos, ofreciéndose al mismo tiempo escribir para el rey una carta digna en la que debería expresar su reticencia a tener que violar sus juramentos alegando fuerza irresistible! Pero, bajo estas circunstancias, Metternich no tuvo dificultad en convencer al rey para que un ejército austríaco marchara hacía Nápoles "para restaurar el orden".

La campaña que siguió dio poco crédito tanto a los austríacos como a los napolitanos. Los últimos, al mando del General Pepe, quien no hizo ningún intento para defender las difícultades de los desfiladeros de Abruzos, donde fueron derrotados después de una poco entusiasta lucha en Rieti (7 de marzo de 1821), por lo que los austríacos entraron en Nápoles. El parlamento fue ahora descartado, y Fernando inauguró una era de persecución salvaje, con el apoyo de espías e informadores en contra de los Liberales y los Carbonari. El comandante austriaco en vano protestó contra la barbarie que con su presencia hizo posible.

Fernando falleció en Nápoles, el 4 de enero de 1825.

Matrimonio e hijos

  • María Teresa (1772-1807), se casó con su primo Francisco II del Sacro Imperio Romano Germánico. Tuvo descendencia.
  • Luisa María (1773-1802), esposa del gran duque Fernando III de Toscana. Tuvo descendencia.
  • Carlos Francisco (1775-1778), duque de Calabria. Murió en la infancia.
  • María Ana (1775-1780). Murió en la infancia.
  • Francisco Genaro, duque de Calabria (1777-1830), luego rey Francisco I. Tuvo catorce hijos.
  • María Cristina (1779-1849), esposa del rey Carlos Félix de Cerdeña. Sin descendencia.
  • María Cristina Amelia (1779-1783), gemela de la anterior. Murió en la infancia.
  • Carlos Genaro (1780-1789). Murió en la infancia.
  • José Carlos (1781-1783). Murió en la infancia.
  • María Amelia (1782-1866), esposa del rey Luis Felipe I de Francia. Tuvo diez hijos.
  • María Cristina (1783-1783). Nació muerta
  • María Antonia (1784-1806), esposa del futuro rey Fernando VII de España. Sin descendencia.María Clotilde (1786-1792). Murió en la infancia
    María Enriqueta (1787-1792). Murió en la infancia.
    Carlos Genaro (1788-1789). Murió en la infancia.
    Leopoldo Juan (1790-1851), príncipe de Salerno, casado con la archiduquesa María Clementina de Austria, hija de su hermana, la archiduquesa María Teresa. Tuvo cuatro hijos.
    Alberto Luis (1792-1798). Murió en la infancia.
    María Isabel (1793-1801). Murió en la infancia.






    María Carolina de Austria


    María Carolina de Austria (Palacio de Schönbrunn, Viena, 13 de agosto de 1752 - ibídem, 8 de septiembre de 1814), fue una princesa austriaca, y hermana de la reina de Francia María Antonieta. Fue conocida como Reina María Carolina al ser reina consorte y gobernante de facto de Nápoles desde 1768 hasta 1799 y entre 1799 y 1806, y de Sicilia desde 1768 hasta su muerte en 1814, aunque ella había perdido el poder de facto en 1812.
     
    Su Majestad, la Reina María Carolina Luisa Josefa Juana Antonia de Nápoles y Sicilia, Princesa Imperial y Archiduquesa de Austria, Princesa Real de Hungría y Bohemia, Princesa de Toscana nacida en 1752, en el Palacio de Schönbrunn, Viena, hija de María Teresa de Austria y Francisco I, Sacro Emperador Romano Germánico. Fue bautizada en honor a sus dos hermanas mayores, María Carolina, que murió dos semanas después de su primer cumpleaños, y María Carolina, quien murió varias horas después de haber sido bautizada. Sin embargo, fue llamada Carlota por su familia durante su niñez y adolescencia. Sus padrinos fueron el rey Luis XV de Francia y su esposa, María Leszczynska.

    María Carolina era la hija que más se parecía a su madre y formó un vínculo muy estrecho con su hermana menor, María Antonia. Desde muy temprana edad ambas compartían la misma institutriz, la Condesa de Lerchenfeld. Un testimonio de su cercanía, es el hecho de que cuando una se enfermó, la otra también lo hizo. Sin embargo en agosto de 1767, María Teresa separa a las dos niñas, que hasta ahora estaban conjuntamente bajo los auspicios de la condesa Maria von Brandis, a causa de su mal comportamiento. Poco después, en octubre del mismo año, la hermana de María Carolina María Josefa, destinada a casarse con Fernando IV de Nápoles, como parte de una alianza con España, muere durante una epidemia de viruela.

    Ansioso por salvar la alianza Austro-Española, Carlos III de España, padre de Fernando, solicitó a una hermana de María Josefa como un reemplazo. La emperatriz ofreció a la corte de Madrid, negociar en nombre de la de Nápoles, con María Amelia y María Carolina. María Amelia era cinco años mayor que el hijo de Carlos III, y este optó por la segunda. María Carolina reaccionó mal a su compromiso, llorando, suplicando y diciendo que los matrimonios napolitanos tenían mala suerte. Sus objeciones, sin embargo, no retrasaron su preparación para su nuevo papel como reina de Nápoles por la Condesa de Lerchenfeld. Nueve meses más tarde, el 7 de abril de 1768, María Carolina se casó con Fernando IV de Nápoles por poder.

    Matrimonio

    El 12 de mayo de 1768, contrajo matrimonio con el joven Fernando IV de Nápoles quien era además Fernando III de Sicilia. Fernando no era muy inteligente, y María Carolina tomó ventaja de esto para controlarlo, llegando a convertirse en la verdadera gobernante del reino.

    El 4 de enero de 1775, cuando dio a luz a su hijo varón, Carlos Francisco, se convirtió en consejera de estado y tomó una posición ventajosa de influencia política. De las cualidades de su madre ella heredó su inteligencia, pero era ambiciosa y cruel, logrando aumentar una posición de gran poder en el reino. María Carolina finalmente estableció un reinado despótico por medio del poder de su esposo.

    Del mismo modo que su hermana María Antonieta, su hija María Amalia de Borbón-Dos Sicilias llegó a ser reina consorte de Francia. Otra de sus hijas María Teresa de las Dos Sicilias fue la esposa de Francisco II del Sacro Imperio Romano Germánico, posteriormente la hija mayor de María Teresa, María Luisa, llegó a ser la segunda esposa del Emperador Napoleón I. Su bisnieta Carlota de Bélgica llegó a ser emperatriz de México.

    Subida al Trono y caída de Tanucci

    A los dieciséis años de edad, viajó desde Viena a Nápoles, deteniéndose en el camino en Mantua, Bolonia, Florencia y Roma. Entró en el Reino de Nápoles el 12 de mayo de 1768, desembarcando en Terracina, donde se despidió de sus acompañantes connacionales. Desde Terracina, ella y el resto de su séquito, que incluía a su hermano el Gran Duque de Toscana y su esposa María Luisa de España, se aventuraron a Poztella, donde conoció a su marido, a quien encontró "muy feo". A la condesa de Lerchenfeld, le escribió, "yo no lo amo, excepto para el deber...." Fernando, en la misma línea, declaró después de su primera noche juntos, "duerme como si a la hubieran asesinado y suda como un cerdo." Sin embargo esto no fue impedimento para tener hijos y perpetuar la dinastía, siendo su deber de esposa real. En total, María Carolina le dio a Fernando dieciocho hijos, de los cuales sólo siete sobrevivieron a la edad adulta, incluyendo a su sucesor, Francisco I, la última Emperatriz del Sacro Imperio Romano, una Gran Duquesa de Toscana, la última Reina de Francia, una Princesa de Asturias y una Reina de Cerdeña.

    Fernando había recibido una mediocre educación de parte del Príncipe de San Nicandro y carecía de habilidades para gobernar, por lo que delegó el gobierno en su consejero Bernardo Tanucci, quien contaba con la confianza plena de su padre, Carlos III de España  Sin embargo, cuando María Carolina se hizo con el poder, cesó a Tanucci según las instrucciones de la Emperatriz María Teresa, María Carolina se ganó la confianza de Fernando fingiendo interés en su actividad favorita, la caza.

    Con ello, ella obtuvo una puerta trasera a la administración del estado, solamente lo logró plenamente con el nacimiento del heredero en 1775, con lo cual ingreso al Concejo Privado. Desde entonces, María Carolina presidió el rejuvenecimiento de la vida de la corte napolitana, en gran parte descuidada desde el advenimiento de la regencia de su esposo. Academicós como Gaetano Filangieri, Domenico Cirillo y Giuseppe Maria Galanti frecuentaron su salón, entre otros.

    Tanucci cayó en desgracia producto de una discusión durante una pelea con María Carolina con respecto a la masonería, de la cual ella era una adherente. Actuando por órdenes de Carlos III, Tanucci revivió una ley de 1751 que prohibía la masonería en respuesta al descubrimiento de una logia masónica entre el regimiento real.

    Enfurecida, la Reina le expresó a Carlos III su opinión de que Tanucci estaba arruinando al país, por medio de una carta escrita por su esposo, haciéndo parecer que era idea suya. Resignado a los deseos de la Reina, Fernando despidió a Tanucci en octubre de 1776, causando una ruptura con su padre. El sucesor de Tanucci, fue el Marqués de Sambuca, María Carolina dejó de ser el poder títere, representando el fin de la influencia de España en Nápoles, hasta ese momento una virtual provincia de ese país. María Carolina procedió a alejarse de grandes partes de la nobleza mediante la sustitución de la influencia de España por la de Austria. Su impopularidad entre la nobleza se incrementó con sus intentos dirigidos a limitar sus prerrogativas.

    Acton y los militares

    Sin Tanucci en el gobierno, la Reina gobernó sola Nápoles y Sicilia, asistida por su favorito inglés, de origen francés, John Acton, 6th Barón, desde 1778 en adelante. Actuando aconsejada por su hermano el Sacro Romanó Emperador José II, María Carolina y Acton renovaron la marina de guerra Napolitana, hasta ese momento descuidada, abriendo 4 colegios para la marina y la puesta en marcha de 150 barcos de varios tamaños. La marina mercante, también, fue aumentada por tratados comerciales con Rusia y Génova. Carlos III, había declarado la guerra a Gran Bretaña en alianza con América, estaba enfurecido por el nombramiento de Acton al Ministerio de Guerra y la Marina porque el sentía que sus candidato Español, Don Antonio Otero, era más digno de tan alto cargo en el gobierno, puesto que en virtud del hecho que él no era Inglés. María Carolina una vez más respondió usando una carta escrita por el Rey, exponiendo a Carlos III que Acton, era hijo de una mujer Francesa, no era Inglés y que él fue nombrado antes que estallaran las hostilidades entre España y Gran Bretaña. Los ataques de Carlos en contra de Acton solo sirvieron al final para hacerlo más querido por la Reina, quien procedió a nombrarlo Mariscal de Campo. Las reformas de Acton no se restringieron a la expansión de la Armada; al mismo tiempo, él recorto el gasto de su ministerio en 500,000 ducados e invito a sargentos instructores y oficiales extranjeros a ocupar las vacantes de la Armada. Acton y María Carolina fueron vistos tan cercanos para llegar a decirse en 1782, que, según el embajador de Cerdeña en Nápoles, la gente falsamente creían que eran amantes. Que el rumor fuese falso lo que desconocía el Rey, quien intento varias veces "sorprenderlos juntos" y amenazó con matarlos a ambos en un momento de furia. En respuesta, María Carolina coloco una serie de espías a su esposo, pero una reconciliación pronto fue lograda. Como parte de este rapprochment, Acton se fue a vivir a Castellamare, pero regresó a Nápoles tres veces a la semana a ver a la Reina.

    Patrocinio artístico y la muerte de Carlos III

    María Carolina patrocino artistas germano-suizos, principalmente a Angelica Kauffmann, quien hizo una celebre pintura a la familia de la Reina en un jardín informal en 1783, y le dio lecciones de dibujo a sus hijas. María Carolina derramo con regalos a Kauffman, pero ella prefería los círculos artísticos de Roma a Nápoles. El patronazgo de la Reina no se restringía a retratistas: ella le asigno al paisajista Jacob Philipp Hackert un ala del palacio en Francavilla. Como Kauffman, dio clases a los niños de la Reina y disfrutó de su confianza. Por recomendación de Hackert, el Rey y la Reina restauraron las estatuas del Palacio Farnesio en Roma y las trajo a Nápoles. En 1784, la Reina estableció la filantrópica colonia de San Leucio, un pueblo con sus propias leyes y costumbres, cuyo uno objetivo era el tejer seda. Ella también encargó decoradas cajas de tabaco y joyas de orfebrería.

    En 1788, con la muerte del Rey Carlos III, las relaciones Napolitano-Españolas mejoraron. El nuevo Rey, Carlos IV, estaba ansioso de estar en buenos términos con su hermano, el Rey de Nápoles, enviándole una flota Española para saludarle. Para consolidar su reconciliación, Carlos IV propuso que su hija se casara con el hijo mayor del Rey y la Reina, el Duque de Calabria. Mientras que el Rey apoyaba el casamiento, María Carolina lo rehuía. Al igual que su madre, ella había elegido cuidadosamente los posibles esposos y esposas de sus hijos, casamientos que iban a cimentar las alianzas políticas de su elección. La muerte de la esposa la Duquesa Isabel de Württemberg, del sobrino de la Reina el Príncipe de la Corona de Austria  le brindó la oportunidad de cumplir sus ambiciones matrimoniales. Sus hijas Maria Teresa y Luisa se casaron con el Príncipe de la Corona Francisco y Fernando III, Gran Duque de Toscania, respectivamente, durante una visita de la familia real Napolitana a Viena en 1790.

    La primera coalición

    Durante la Revolución francesa, la reina se compadeció realmente con los rebeldes franceses bajo la monarquía francesa que fue abolida el 21 de septiembre de 1792. Ella ulteriormente se dispuso en contra de los rebeldes por la ejecución de su cuñado Luis XVI de Francia (21 de enero de 1793), y después a su propia hermana menor María Antonieta el (16 de octubre de 1793).

    La reina y su esposo estaban horrorizados, y María Carolina uso a su esposo para traer los ejércitos napolitanos y sicilianos a la Primera Coalición en contra de Francia. La paz fue hecha en 1796.

    República Partenopea

    A comienzos de 1799, Nápoles tuvo su propia revolución (aunque de corta existencia), la cual reemplazo el Reino de Nápoles con la República Partenopea o República Napolitana. En junio, destruyendo la república, restauradas por las fuerzas militares comandadas por el Cardenal Ruffo, retornando la familia real al poder. Anteriormente había entrado la flota británica, aliadas de la corte y comandadas por Lord Nelson en el interior de la Bahía de Nápoles, y se produce una notable negociación de la capitulación hecha por Ruffo dando a muchos republicanos salvo conducto a Francia. El rey y la reina, intentaron aplastar el espíritu de la república y no demostrando ninguna compasión hacia los rebeldes. Trabajo de un lado al otro Lady Hamilton, esposa del embajador británico y amante de Lord Nelson (y de esto era sabido por la Reina María Carolina), víctima del engaño los republicanos fueron puestos a sí mismos en una posición con la cual ellos pudieron ser capturados. Varios miles de ellos fueron juzgados y colgados.

    Deposición y muerte

    En 1806, su esposo era depuesto como Rey de Nápoles (de este modo depuesta como la gobernante de facto) por Napoleón Bonaparte. No obstante, María Carolina conservó su estatus y poder en Sicilia hasta 1812, cuando su esposo indispensablemente (pero no oficialmente) abdicó, nombrando regente a su hijo Francisco, por lo que la reina fue privada de su influencia.

    María Carolina fue exiliada a su tierra natal en Austria, donde ella murió en 1814, siendo la última de sus 15 hermanos en morir. Después de su muerte, su esposo llegó a ser útil para Austria a la cual le aconsejó que marchara María Carolina. Cuando Napoleón Bonaparte se casó con María Luisa de Austria, María Carolina tuvo que aceptar que su nieta se había casado con "el Diablo" y nació un hijo de él.

    María Carolina fue enterrada en la Cripta Imperial de Viena; sus padres y la mayoría de sus hermanos también están enterrados allí.

    Distinciones honoríficas

    • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa.






    
    María Carolina y Fernando I, Rey de las Dos Sicilias, con sus hijos cuando eran niños, pintura de Angelica Kauffmann. Este retrato representa una ruptura con representaciones típicas de los Borbones. La incorporación de un paisaje de Arcadia y poses simples Tarabra, con ropa sencilla plantea sobre un paisaje Arcadiano.

    
    María Carolina con sus cinco hijos mayores. De izquierda a derecha: el príncipe Carlos Francisco, a sus pies el príncipe Francisco Genaro, la princesa Luisa, la princesa María Ana, la reina María Carolina, y la princesa María Teresa, en 1777.




    Gabriel de Borbón


    Gabriel de Borbón (Portici, 12 de mayo de 1752 - San Lorenzo de El Escorial, 23 de noviembre de 1788), infante de España, hijo de Carlos III y hermano de Carlos IV de España y Fernando IV de Nápoles.
       
    El infante Gabriel era hijo de Carlos de Borbón, que por aquel entonces era rey de Nápoles y Sicilia (bajo el nombre de Carlos VII). Don Carlos era el presunto heredero de su medio hermano, el rey Fernando VI de España, que no tenía hijos. La madre de don Gabriel era María Amalia de Sajonia, hija de Augusto III de Polonia.

    El infante don Gabriel nació en Portici en 1752, y fue bautizado con los nombres de Gabriel Antonio Francisco Javier Juan Nepomuceno José Serafín Pascual Salvador; desde su más tierna infancia fue el más inteligente y trabajador de los hijos del rey Carlos, que llegaría a ser un hombre de vastísima cultura, renombrado como excelente traductor de Salustio y verdadero mecenas ilustrado. Tuvo como profesor de música al padre Antonio Soler, que compuso varias de sus sonatas de clavicémbalo expresamente para su aventajado discípulo y los conciertos para dos órganos para interpretarlos a dúo con él en la Basílica del Monasterio de El Escorial.

    Adolescencia y traslado a España

    En 1759 moría en Villaviciosa de Odón el rey de España, Fernando VI, tío de Gabriel, y Carlos ascendía el trono español como Carlos III. Gabriel, como la mayor parte de sus hermanos se trasladó a la corte madrileña. Éstos incluían al Príncipe de Asturias, mientras que en Nápoles permanecían el infante don Felipe (que había nacido con un severo caso de retraso mental, y fue consecuentemente apartado de la sucesión) y el nuevo rey de Nápoles y Sicilia, Fernando, nacido un año antes que don Gabriel.

    En España don Gabriel llegó a ser Gran Prior de la Orden Hospitalaria de San Juan en Castilla y León. En 1771 encargó a Juan de Villanueva la construcción de la llamada Casita del Infante, levantada al sur del monasterio escurialense.

    Matrimonio y vida adulta

    En 1785 casó con la infanta Mariana Victoria de Portugal, primero por poderes en Lisboa el 12 de abril, y personalmente el 23 de mayo del mismo año, en Aranjuez. Doña Mariana Victoria era hija del rey Pedro III de Portugal y de la reina María I de Portugal, y la hermana menor del rey Juan VI.
    La pareja tuvo tres hijos en total:
    • Pedro Carlos (18 de junio de 1786 - 4 de julio de 1812).
    • María Carlota (4-11 de noviembre de 1787).
    • Carlos José Antonio (28 de octubre - 9 de noviembre de 1788).
    Poco después de dar a luz a su último hijo, doña Mariana Victoria cayó enferma de viruela, y expiró el 2 de noviembre de ese año; pocos días después su hijo la seguía a la tumba, al igual que el propio infante don Gabriel, que murió el 23 de ese mes en San Lorenzo de El Escorial. Su muerte fue un duro golpe para su padre, el rey, que fallecería también poco tiempo después. Están todos enterrados en El Escorial. Su hijo, Pedro Carlos de Borbón, fue criado por su abuela materna en Lisboa.




    Mariana Victoria de Braganza


    Mariana Victoria Josefa de Braganza, conocida también como María Ana Victoria (15 de diciembre de 1768 - 2 de noviembre de 1788) fue una infanta de Portugal por nacimiento e infanta de España por matrimonio.

    Mariana Victoria era el tercer vástago y la primera hija de la reina María I y su consorte Pedro III. La familia de Mariana era relativamente endogámica, pues su padre era tío de su madre, y el hermano mayor de Mariana Victoria estaba casado con una hermana de su madre. Además, las dos abuelas de Pedro III eran hermanas.

    Mariana Victoria nació en el Palacio de Queluz, Portugal, y se crio principalmente en Lisboa. A muy temprana edad contrajo matrimonio con el infante español Gabriel de Borbón, hijo del rey de España Carlos III y de María Amalia de Sajonia. Aunque la pareja tuvo tres hijos en total, la mediana murió a muy corta edad. El pequeño, llamado Carlos, murió de viruela pocos días después de su madre, que murió de la misma enfermedad. Su viudo, el infante Gabriel, sucumbió a la viruela dos semanas después. El mayor de los hijos, Pedro Carlos de Borbón, fue reconocido también infante de Portugal (aparte de ser infante de España, título y rango que le correspondían por nacimiento), al igual que el hijo de este, Sebastián Gabriel de Borbón. Pedro Carlos fue criado en Portugal y Brasil por su abuela materna.

    Mariana Victoria murió de viruela en Madrid a la edad de 19 años. Está enterrada en San Lorenzo de El Escorial al igual que su marido e hijos.

    Hijos

    La pareja tuvo tres hijos en total:
    • Pedro Carlos (18 de junio de 1786 - 4 de julio de 1812). Tuvo descendencia.
    • María Carlota (4-11 de noviembre de 1787).
    • Carlos José Antonio (28 de octubre - 9 de noviembre de 1788).
    Poco después de dar a luz a su último hijo, doña Mariana Victoria cayó enferma de viruela, y expiró el 2 de noviembre de ese año; pocos días después su hijo la seguía a la tumba, al igual que su viudo, el propio infante don Gabriel, que murió el 23 de ese mes en San Lorenzo de El Escorial. Su muerte fue un duro golpe para su padre, el rey, que fallecería también poco tiempo después. Están todos enterrados en El Escorial. Su hijo, Pedro Carlos de Borbón, fue criado por su abuela materna en Lisboa.




    María Ana, infanta de España (3 de julio de 1754-11 de mayo de 1755)




    Antonio Pascual de España


    Antonio Pascual de Borbón (Caserta, 31 de diciembre de 1755 - San Lorenzo de El Escorial, 20 de abril de 1817), infante de España, hijo de Carlos III y hermano menor de Carlos IV de España y Fernando IV de Nápoles.
      
    Antonio Pascual Francisco Javier Juan Nepomuceno Ángel Raimundo Silvestre nació en el Palacio de Acquaviva en Caserta, donde residía la familia real antes de la construcción del Palacio Real de Caserta. Este bondadoso infante fue el más inteligente y laborioso de los hijos de Carlos III, después de su difunto hermano Gabriel, y al igual que éste fue celebrado como humanista, muy devoto de las artes. Guardaba un sorprendente parecido físico con su hermano Carlos IV.

    Matrimonio

    Casó con su sobrina María Amalia de Borbón el 25 de agosto de 1795, de la que no tuvo hijos, enviudando tres años después.

    Época napoleónica

    Fue partidario del príncipe Fernando, y aborrecía a favorito de Carlos IV, Manuel Godoy.

    Encabezó la Junta Suprema de Gobierno, por designación de Fernando VII, mientras éste acudía a la cita conminatoria de Napoleón en Bayona, con objeto de de entenderse con las tropas francesas y buscar la buena armonía.

    Durante la guerra de la Independencia compartió con la familia real el encierro en Valençay. De regreso a España, desempeñó altos cargos oficiales. Fue toda su vida un firme partidario del absolutismo, y congregaba en torno suyo lo más florido del partido realista furibundo.
    Según la recreación literaria del personaje hecha por Benito Pérez Galdós en La corte de Carlos IV, novela perteneciente a los Episodios Nacionales, el infante:
    acostumbraba a matar los ocios de la vida regia alternando los oficios de carpintero y encuadernador con el cultivo del arte de la zampoña jamás vi fisonomía tan bonachona. Tenía costumbre de saludar con tanta solemnidad como cortesanía a cuantas personas le salían al paso se habría confundido con cualquier sacristán de parroquia. Era, entre todos los individuos de la regia familia, el que me parecía de mejor carácter. Más tarde conocí cuánto me había equivocado al juzgarle como el más benévolo de los hombres.
    Emprendió obras de restauración en el Real Sitio de La Isabela, en Sacedón, sumergido desde 1955 por las aguas del embalse de Buendía.



    María Amalia de Borbón


    María Amalia de Borbón (9 de enero de 1779 - 22 de julio de 1798), Infanta de España, era la cuarta de los descendientes del rey Carlos IV de España y su esposa, la princesa María Luisa de Parma.
       
    Durante su juventud se la consideró como una posible candidata para contraer matrimonio con el que años más tarde sería el rey Luis I de Etruria, aunque finalmente este escogió a su hermana menor, María Luisa.

    El 25 de agosto de 1795, cuando contaba con solo 16 años de edad, contrajo matrimonio con su tío, el infante Antonio Pascual de Borbón (quién era 24 años mayor que ella) en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso. Falleció muy joven, a la edad de 19 años, en el Palacio Real de Madrid, el 22 de julio de 1798 , al dar a luz un bebé que falleció al poco tiempo, por lo que no hubo descendencia de este matrimonio.

    Distinciones honoríficas

    • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa.



    Francisco Javier de Borbón


    Francisco Javier de Borbón (Portici, 15 de febrero de 1757 - Aranjuez, 10 de abril de 1771), infante de España, hijo de Carlos III y hermano de Carlos IV de España y Fernando IV de Nápoles.
      
    El infante Francisco era hijo de Carlos de Borbón, que por aquel entonces era rey de Nápoles y Sicilia (bajo el nombre de Carlos VII). Don Carlos era el presunto heredero de su hermano de padre, el rey Fernando VI de España, que no tenía hijos. La madre de don Francisco Javier era María Amalia de Sajonia, hija de Augusto III de Polonia. Recibió los nombres de Francisco Javier Antonio Pascual Bernardo Francisco de Paula Juan Nepomuceno Julián.

    Se conoce muy poco de este infante, en 1757 recibió la Orden del Toisón de Oro. Murió en el Palacio Real de Aranjuez, a causa de la viruela, a la edad de 14 años.


    
    Grandes armas de Carlos III con manto real, cimera real de Castilla y el lema A solis ortu usque ad occasum (Desde la salida del sol hasta el ocaso), origen de la frase atribuida a Felipe II: En mis dominios no se pone el sol, haciendo referencia a que el sol nunca se ponía en los territorios españoles, pues abarcaban los dos hemisferios. También se incluye la palabra Santiago, en referencia al Santo Patrón de España, Santiago el Mayor, y más concretamente al lema tradicional Santiago y cierra España. Fueron utilizadas por sus sucesores hasta 1931, aunque en el siglo xix cayó en desuso.



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