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martes, 4 de octubre de 2016

Eduardo VIII del Reino Unido


Eduardo VIII del Reino Unido (Edward Albert Christian George Andrew Patrick David), después conocido como duque de Windsor (23 de junio de 1894 – 28 de mayo de 1972), fue rey del Reino Unido y los dominios de la Mancomunidad Británica y emperador de la India, desde la muerte de su padre el 20 de enero de 1936 hasta su abdicación el 11 de diciembre del mismo año.
                 
Antes de su ascenso al trono, Eduardo ostentó sucesivamente los títulos de príncipe Eduardo de York, príncipe Eduardo de Cornualles y York, duque de Cornualles y Rothesay, y príncipe de Gales. En su juventud sirvió en la Primera Guerra Mundial, realizó varias giras por el extranjero en representación de su padre, Jorge V, y fue asociado con una sucesión de mujeres casadas de mayor edad que la suya.

A sólo unos meses de iniciar su reinado, Eduardo causó una crisis constitucional cuando le propuso matrimonio a la celebridad estadounidense y dos veces divorciada Wallis Simpson. Los primeros ministros del Reino Unido y los dominios se opusieron al matrimonio, argumentando que el pueblo nunca la aceptaría como reina. Eduardo sabía que el gobierno encabezado por el primer ministro británico Stanley Baldwin renunciaría si los planes de matrimonio seguían adelante, lo que obligaría a convocar nuevas elecciones generales y podría arruinar irremediablemente su condición de monarca constitucional, políticamente neutral. En lugar de renunciar a su amor por la señora Simpson, Eduardo decidió abdicar. Fue sucedido por su hermano menor, Alberto, que eligió usar el nombre de Jorge VI. Con un reinado de sólo 325 días, Eduardo fue uno de los monarcas de más corta duración en el trono en la historia del Reino Unido y nunca llegó a ser coronado.

Después de su abdicación fue nombrado duque de Windsor y, en 1937, recorrió la Alemania nazi.

Durante la Segunda Guerra Mundial fue destinado en un primer momento con la Misión militar británica a Francia, pero, después de acusaciones privadas de que mantenía simpatías pronazis, fue enviado a las Bahamas como gobernador. Después de la guerra, nunca se le dio otro cargo oficial y pasó el resto de su vida en el retiro.

Eduardo VIII nació el 23 de junio de 1894 en White Lodge, en el distrito de Richmond en Surrey, Inglaterra. Fue el hijo mayor de los duques de York (más tarde los reyes Jorge V del Reino Unido y María). Su padre era el segundo hijo del príncipe de Gales (más tarde rey Eduardo VII) y de Alejandra, princesa de Gales. Su madre era la hija mayor del duque Francisco de Teck y su esposa, la duquesa de Teck (antes princesa María Adelaida de Cambridge). Como bisnieto de la reina Victoria, en la línea masculina, Eduardo recibió desde su nacimiento el tratamiento de Su Alteza y el título de príncipe Eduardo de York.

Fue bautizado en la Sala Verde de Dibujo de White Lodge el 16 de julio de 1894, por Edward White Benson, arzobispo de Canterbury. Los nombres fueron elegidos en honor a su difunto tío, que era conocido por su familia como Eddy o Eduardo, y su bisabuelo el rey Cristián IX de Dinamarca. El nombre de Alberto fue incluido a petición de la reina Victoria, y sus últimos cuatro nombres: Jorge, Andrés, Patricio y David, provinieron de los santos patronos de Inglaterra, Escocia, Irlanda y Gales. Su familia y amigos cercanos lo llamaron siempre por su último nombre, David.
 
Los padres de Eduardo, el duque y la duquesa de York, a menudo estuvieron apartados de la crianza de sus hijos, al igual que otros padres ingleses de clase alta de la época. Eduardo y sus hermanos menores fueron criados por niñeras. Una de sus primeras niñeras abusaba de Eduardo con pellizcos antes de que fuera presentado a sus padres. Su llanto y sus gemidos llevaban al duque y la duquesa a pedir a la nana que se lo llevara. Cuando los padres se enteraron despidieron a la niñera.

El padre de Eduardo, aunque ejercía una dura disciplina, acostumbraba demostrar su afecto, y su madre solía mostrar un lado divertido con sus hijos que contraponía a su imagen pública austera y les animaba a confiar en ella.

Educación

Los primeros estudios de Eduardo fueron realizados en casa y tutelados por Helen Bricka. Cuando sus padres recorrieron el Imperio británico durante casi nueve meses, después de la muerte de la reina Victoria en 1901, el joven Eduardo y sus hermanos se quedaron en Gran Bretaña con sus abuelos, la reina Alejandra y el rey Eduardo VII, que acostumbraban a colmar de afecto a sus nietos. Al regreso de sus padres, Eduardo fue puesto bajo el cuidado de dos hombres, Frederick Finch y Hansell Henry, que prácticamente criaron a Eduardo y sus hermanos el resto de su infancia.

Eduardo estuvo bajo la estricta tutela de Hansell hasta cerca de los 13 años; Hansell quería que Eduardo entrara en la escuela desde una edad más temprana, pero su padre no estuvo de acuerdo. Eduardo presentó el examen para entrar al Osborne Naval College, y comenzó sus estudios allí en 1907. Tras dos años en el instituto educativo de Osborne, los cuales no disfrutó, Eduardo se cambió al Real Colegio Naval de Dartmouth. Se planeó que tomara ahí un curso de dos años, seguido por su entrada en la Marina Real, sin embargo, Eduardo se convirtió automáticamente en duque de Cornualles y duque de Rothesay cuando su padre, Jorge V, ascendió al trono el 6 de mayo de 1910, tras la muerte de Eduardo VII. Eduardo fue designado príncipe de Gales, un mes después de cumplir 16 años, el 23 de junio de 1910, y comenzaron a prepararlo seriamente para sus futuras funciones como rey. Se retiró de la carrera naval antes de su graduación formal, sirvió como guardiamarina durante tres meses a bordo del acorazado HMS Hindustan; a continuación, entró en el Magdalen College de la Universidad de Oxford, por lo que, en opinión de sus biógrafos, recibió una baja preparación intelectual. Salió de Oxford después de ocho trimestres sin recibir ningún tipo de credenciales académicas.

Príncipe de Gales


Eduardo durante la Primera Guerra Mundial.
Eduardo fue investido oficialmente como príncipe de Gales en una ceremonia especial en el castillo de Caernarfon el 13 de julio de 1911. La investidura tuvo lugar en Gales, a instancias del político galés David Lloyd George, condestable del Castillo y ministro de Hacienda del gobierno liberal.

Lloyd George ideó una ceremonia bastante extravagante al estilo de las festividades galesas y preparó a Eduardo para que hablara unas pocas palabras en galés.

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial, Eduardo había alcanzado la edad mínima para el servicio activo y estaba dispuesto a participar. Se había unido a los Grenadier Guards en junio de 1914, y aunque estaba dispuesto a servir en la primera línea, el secretario de Estado para la Guerra, Lord Kitchener se negó a permitirlo, citando el inmenso daño que se produciría si el heredero al trono fuera capturado por el enemigo. A pesar de esto, Eduardo fue testigo de la guerra de primera mano y trató de visitar la línea del frente tan a menudo como pudo, por lo que fue condecorado con la Cruz Militar en 1916. Su papel en la guerra, aunque limitado, le volvió popular entre los veteranos del conflicto. Eduardo emprendió su primer vuelo militar en 1918 y más tarde obtuvo su licencia de piloto.

A lo largo de la década de 1920, Eduardo, como príncipe de Gales, representó a su padre, el rey Jorge V, en el país y en el extranjero en muchas ocasiones, realizando unos 16 viajes a diversas partes del Imperio entre 1919 y 1935 (en el proceso adquirió la finca Bedingfield, cerca de Pekisko, Canadá).

 No obstante, no en todos sus viajes se comportó bien, existen registros de sus desapegos al protocolo y negativa a conocer a personalidades importantes en la India. Dentro de Gran Bretaña se interesó por las zonas afectadas por la crisis económica. Su rango, viajes, buena apariencia y soltería lo convirtieron en una figura sumamente popular: casi tanto como una estrella de cine, que recién estaban surgiendo. A diferencia de su padre, al que nunca se le veía sonreír, él mostraba jovialidad con respecto al resto de la realeza. En el apogeo de su popularidad, se convirtió en la celebridad más fotografiada de su tiempo y establecía la moda masculina. En 1924, donó el Trofeo Príncipe de Gales a la Liga Nacional de Hockey.

Sus actitudes hacia muchos de los súbditos del imperio y varios pueblos extranjeros, tanto durante su etapa como príncipe de Gales y más tarde como duque de Windsor, fueron poco comentadas en su momento, pero posteriormente deterioraron su reputación. Sobre los indígenas australianos dijo: «¡Son la forma más repugnante de seres vivos que he visto! ¡Son la forma más baja conocida de seres humanos y son lo más parecido a los monos!».

Romances


Eduardo en 1932.
El hecho de que Eduardo fuera un mujeriego compulsivo y otras conductas imprudentes durante los años 1920 y 1930, preocupaban al primer ministro Baldwin, al rey Jorge V y a las personas cercanas al príncipe. Alan Lascelles, secretario privado de Eduardo por ocho años, durante este período, creía que, «por alguna razón hereditaria o fisiológica su desarrollo mental normal se detuvo en seco al llegar a la adolescencia». Jorge V estaba decepcionado por el fracaso de Eduardo para establecerse en la vida y disgustado por sus muchos romances con mujeres casadas. El rey se mostraba reacio a ver a Eduardo heredar la Corona, y fue citado diciendo acerca de Eduardo: «Después de mi muerte, el chico se arruinará en 12 meses».

En 1929, la revista Time informó que Eduardo embromaba a su nueva cuñada, Isabel, la esposa de su hermano Alberto, llamándola «reina Isabel». La revista preguntaba si «ella no se cuestionaría cuánto de verdad habría en la historia de que [Eduardo] una vez dijo que renunciaría a sus derechos tras la muerte de Jorge V —lo que haría que su apodo se convirtiera en realidad—». Pasaron los años y Eduardo permaneció soltero, pero su hermano y cuñada, tuvieron dos hijas. La mayor de ellas era la princesa Isabel. El rey Jorge V dijo de su hijo Alberto («Bertie») y su nieta Isabel («Lilibet»): «Ruego a Dios que mi hijo mayor [Eduardo] nunca se case y tenga hijos, y que nada se interponga entre Bertie y Lilibet y el trono».

En 1930, el rey le dio a Eduardo una casa, Fort Belvedere, cerca de Sunningdale, Inglaterra.
Eduardo mantuvo ahí relaciones con una serie de mujeres casadas como la mitad británica y mitad estadounidense heredera de empresas textiles Freda Dudley Ward, y Lady Furness, una estadounidense, que presentó al príncipe a su amiga estadounidense Wallis Simpson. La señora Simpson se había divorciado de su primer marido en 1927 y posteriormente se había casado con Ernest Simpson, un hombre de negocios mitad británico y mitad estadounidense. Se acepta por lo general, que la señora Simpson y el príncipe de Gales, se convirtieron en amantes mientras que Lady Furness viajaba por el extranjero, aunque Eduardo insistió firmemente ante su padre, el rey, en que no había intimado con ella y que no era apropiado describirla como su amante. La relación de Eduardo con la señora Simpson debilitó aún más la mala relación que este mantenía con su padre. Aunque el rey y la reina conocieron a la señora Simpson en el palacio de Buckingham en 1935, más tarde se negaron a recibirla. Sin embargo, Eduardo se había enamorado de Wallis y la pareja se hizo cada vez más cercana.

El romance de Eduardo con la divorciada estadounidense causó una preocupación tan grave, que la pareja fue seguida por los miembros de la Sección Especial de la Policía Metropolitana, que examinó en secreto la naturaleza de su relación. Un informe sin fecha detalla la visita de la pareja a una tienda de antigüedades, donde el propietario señalaría: «Que la dama parecía tener al PDG [Príncipe de Gales] completamente bajo su mano». La posibilidad de que una divorciada estadounidense con un pasado cuestionable tuviera tal influencia sobre el heredero condujo a la ansiedad entre las figuras del gobierno y el establishment.

Reinado

El rey Jorge V murió el 20 de enero de 1936 y Eduardo subió al trono como el rey Eduardo VIII. Al día siguiente, rompió el protocolo real al ver la proclamación de su ascenso al trono desde una ventana del palacio de St. James, en compañía de Wallis, que a la sazón permanecía casada.
Eduardo VIII se convirtió en el primer monarca de los reinos de la Mancomunidad en volar en un avión cuando se dirigía de Sandringham a Londres para su Consejo de adhesión.

Eduardo causó malestar en los círculos de gobierno con acciones que fueron interpretadas como una interferencia en asuntos políticos. Cuando visitó los pueblos afectados por las minas de carbón en el sur de Gales, su observación «hay que hacer algo» para los mineros desocupados se consideró directamente como una crítica al Gobierno, aunque nunca quedó claro si Eduardo tenía algo en particular en mente. Los ministros del gobierno se mostraron renuentes a enviar los documentos confidenciales y los documentos de estado a Fort Belvedere, porque estaba claro que Eduardo les estaba prestando poca atención y porque percibían el peligro de que la señora Simpson u otros invitados de la casa pudieran verlos.

En las relaciones exteriores también comenzó a intervenir, manteniendo conversaciones con el embajador alemán en Londres, Leopold von Hoesch, consideradas indebidas constitucionalmente. Hasta le llegó a confesar a von Hoesch que amenazó al primer ministro Baldwin con la abdicación si Inglaterra entraba en guerra con Alemania. Esto convenció a Hitler de que los británicos no intervendrían ante la ocupación de Renania.

El enfoque poco ortodoxo de Eduardo sobre su función se extendió también a la moneda que llevaba su imagen. Rompió con la tradición de que en las sucesivas monedas de cada monarca la imagen miraba en la dirección opuesta a la de su predecesor. Eduardo insistió en que la cara mirara hacia la izquierda (como había hecho su padre), para mostrar la raya que efectuaba en su peinado. Sólo un puñado de monedas fueron acuñadas antes de la abdicación y cuando lo sucedió Jorge VI, su imagen también miraba hacia la izquierda, para mantener la tradición sugiriendo que había alguna cantidad de monedas acuñadas con el retrato de Eduardo mirando hacia la derecha.
 
El 16 de julio de 1936 se produjo un intento de asesinar a Eduardo. Un irlandés descontento, Jerome Brannigan (también conocido como George Andrew McMahon), sacó un revólver cargado cuando el rey montaba a caballo por Constitution Hill, cerca del palacio de Buckingham. La policía vio el arma, se abalanzó sobre él y lo detuvo rápidamente. En el juicio, Brannigan alegó que «una potencia extranjera» se le había acercado para que matara a Eduardo y que había informado al MI5 del plan, y que él no estaba en el sitio más que meramente como un observador y para ayudar al MI5 en la captura de los verdaderos culpables. El tribunal rechazó los alegatos y lo envió a la cárcel por un año. Ahora se piensa que Brannigan había estado en contacto con el MI5, pero la veracidad del resto de sus afirmaciones permanece en duda.

En agosto y septiembre, Eduardo y la señora Simpson recorrieron el Mediterráneo oriental en el yate de vapor Nahlin. En octubre quedó claro que el nuevo rey planeaba casarse con la señora Simpson, sobre todo cuando el proceso de divorcio entre el señor y la señora Simpson fue llevado a la Corte de la Corona en Ipswich. Se hicieron los preparativos para todas las contingencias, incluida la perspectiva de la coronación del rey Eduardo y la reina Wallis. Debido a las implicaciones religiosas de cualquier matrimonio, se hicieron planes para celebrar una ceremonia de coronación secular fuera de la tradicional ubicación religiosa, la abadía de Westminster, sino en el Banqueting House en el palacio de Whitehall.

Abdicación

El 16 de noviembre de 1936, Eduardo invitó al primer ministro Stanley Baldwin al palacio de Buckingham y le expresó su deseo de casarse con Wallis Simpson, cuando esta estuviera en condiciones de volver a casarse. Baldwin informó al rey de que sus súbditos consideraban el posible matrimonio como moralmente inaceptable, en gran parte debido a que volverse a casar después del divorcio era opuesto a los principios de la iglesia de Inglaterra, y el pueblo no toleraría a Wallis como reina. Como rey, Eduardo ocupaba el puesto de Gobernador Supremo de la Iglesia de Inglaterra, y el clero esperaba que apoyara las enseñanzas de la Iglesia.
 
Eduardo propuso la solución alternativa de un matrimonio morganático, según el cual podría mantenerse como rey, pero Wallis no se convertiría en reina. A Wallis se le otorgaría un título menor en su lugar y los hijos que tuvieran no heredarían el trono. Esto también fue rechazado por el gabinete británico, así como otros gobiernos de los Dominios, cuyas opiniones se solicitaron de conformidad con el Estatuto de Westminster de 1931, que prevé, en parte, que «cualquier alteración en la ley que afecte la sucesión al trono o los títulos o tratamientos reales en lo sucesivo, requerirá del consentimiento de los Parlamentos de todos los dominios, así como del Parlamento del Reino Unido». Los primeros ministros de Australia, Canadá y África del Sur dejaron clara su oposición al matrimonio del rey con una divorciada, el primer ministro irlandés expresó su indiferencia y desapego, mientras que el primer ministro de Nueva Zelanda, que nunca antes había oído hablar de la señora Simpson, vaciló con incredulidad. Frente a esta oposición, Eduardo en un primer momento respondió que «no había mucha gente en Australia» y que su opinión no importaba.

El rey informó a Baldwin que iba a renunciar si no podía casarse con la señora Simpson. Baldwin le presentó después a Eduardo tres opciones: renunciar a la idea del matrimonio, casarse en contra de los deseos de sus ministros o abdicar. Era evidente que Eduardo no estaba dispuesto a renunciar a la señora Simpson, y sabía que si se casaba contra el consejo de sus ministros causaría que el gobierno dimitiera, lo que provocaría una crisis constitucional. Eduardo escogió abdicar.

El 10 de diciembre de 1936, Eduardo firmó debidamente los instrumentos de abdicación en Fort Belvedere, en presencia de sus tres hermanos varones sobrevivientes, el duque de York, el duque de Gloucester y el duque de Kent (el hermano menor, el príncipe Juan, había muerto en 1919). Al día siguiente, el último acto de su reinado fue la aprobación real del Acta de la Declaración de Abdicación de Su Majestad de 1936. Según lo dispuesto por el Estatuto de Westminster, todos los dominios consintieron a la abdicación del rey, aunque el Estado Libre Irlandés no pasó el Acta de Relaciones Exteriores, que incluía la abdicación en su lista, hasta el 12 de diciembre.

La noche del 11 de diciembre de 1936, Eduardo, que ahora tenía nuevamente el título de príncipe, dio un discurso a la nación y al Imperio, para explicar su decisión de abdicar. Fue entonces cuando dijo la famosa frase: «[...] me ha resultado imposible soportar la pesada carga de responsabilidad y desempeñar mis funciones como rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo». Después de la emisión, Eduardo partió del Reino Unido para dirigirse a Austria, aunque no pudo reunirse con la señora Simpson hasta que su divorcio fue efectivo, varios meses después. Su hermano, el príncipe Alberto, duque de York, accedió al trono como Jorge VI. La hija mayor de Jorge, la princesa Isabel, ocupó el primer lugar en la línea de sucesión, convirtiéndose en la heredera al trono.

Duque de Windsor

El 12 de diciembre de 1936, en la reunión de adhesión del Consejo Privado del Reino Unido, Jorge VI anunció que iba a convertir a su hermano en «Su Alteza Real el duque de Windsor». Quería que este fuera el primer acto de su reinado, aunque los documentos formales no se firmaron hasta el 8 de marzo del año siguiente. Mientras tanto, Eduardo fue conocido universalmente como el duque de Windsor. La decisión del rey de designar a Eduardo duque real aseguró que no podía presentarse a las elecciones de la Cámara de los Comunes ni hablar sobre temas políticos en la Cámara de los Lores.

Sin embargo, la patente de letras del día 27 de mayo de 1937, que reconfiere al duque de Windsor, «el título, estilo, o atributo de Alteza Real», declaraba expresamente que «su esposa y sus descendientes, si los hubiere, no podrían recibir dicho título o atributo». Algunos ministros británicos afirmaban que Eduardo no tenía necesidad de que se le otorgara el tratamiento, porque no lo había perdido, y, además, que la señora Simpson automáticamente obtenía el rango de esposa de un príncipe con el tratamiento de Su Alteza Real; mientras que otros sostenían que había perdido todo rango real y ya no debería llevar ningún título o tratamiento real, como rey que abdicó. El 14 de abril de 1937, el procurador general Sir Donald Somervell presentó al ministro del Interior, Sir John Simon, un memorando que resumía las opiniones del Lord Abogado T. M. Cooper, el asesor parlamentario Sir Granville Ram y él mismo:
  1. Nos inclinamos a opinar que debido a su abdicación, el duque de Windsor no podía haber reivindicado el derecho a ser descrito como Alteza Real. En otras palabras, ninguna objeción razonable podría haberse esgrimido si el rey hubiera decidido que su exclusión de la línea de sucesión, lo excluía del derecho a este título que le confiere la patente vigente.
  2. El asunto, sin embargo, tiene que considerarse sobre la base del hecho que, por razones que son fácilmente comprensibles, con la aprobación expresa de Su Majestad disfruta de este título y se le menciona como Alteza Real en una ocasión formal y en los documentos oficiales. A la luz de los precedentes, parece claro que la esposa de un Alteza Real cuenta con el mismo título a menos que se lleve a cabo algún paso expreso para privarla de ello.
  3. Hemos llegado a la conclusión de que la esposa no podía reclamar este derecho sobre ninguna base legal. El derecho a usar este tratamiento o título, bajo nuestro punto de vista, reside en la prerrogativa de Su Majestad y él tiene el poder de regularlo en Patentes, de forma general o en circunstancias particulares.

Château de Candé, el lugar de celebración de su casamiento.
El duque de Windsor se casó con la señora Simpson, quien había cambiado su nombre por el de Wallis Warfield, en una ceremonia privada el 3 de junio de 1937, en el castillo de Candé, cerca de Tours, Francia. Cuando la Iglesia de Inglaterra se negó a autorizar la unión, un clérigo del condado de Durham, el reverendo Robert Anderson Jardine (vicario de San Pablo, Darlington), se ofreció a realizar la ceremonia y el duque aceptó. El nuevo rey, Jorge VI, prohibió a los miembros de la familia real que asistieran a la ceremonia. Eduardo en particular, quería que sus hermanos los duques de Gloucester y Kent y su primo segundo Luis Mountbatten estuvieran allí; estas actitudes continuaron durante muchos años y amargaron la vida del duque y de la duquesa de Windsor.

A la duquesa de Windsor se le negó el tratamiento de Su Alteza Real, lo que causó conflictos, al igual que los asuntos financieros el gobierno se negó a incluir al duque o la duquesa en la Lista Civil y el rey pagó personalmente el subsidio del duque. Pero el duque había deteriorado su relación con el rey al ocultarle el valor de sus finanzas, cuando se acordó de manera informal la cantidad que el rey tendría que pagar. Eduardo había acumulado una riqueza procedente de las rentas que el ducado de Cornualles le pagaba como príncipe de Gales que normalmente estaban a disposición del futuro rey. El nuevo rey y la reina también le pagaron por Sandringham House y por el castillo de Balmoral.

Estas posesiones eran propiedad personal de Eduardo, heredadas de su padre el rey Jorge V, y por lo tanto no pasaban automáticamente a Jorge VI con su ascenso al trono. Las relaciones entre el duque de Windsor y el resto de la familia real fueron tensas durante décadas. Eduardo se resintió con su madre, le escribió en 1939: «[tu última carta] destruyó el último vestigio de sentimientos que tenía para ti [y ha] hecho que una posterior correspondencia normal entre nosotros sea imposible». En los primeros días del reinado de Jorge VI, el duque llamó por teléfono todos los días, importunando por dinero e insistiendo en que a la duquesa se le concediera el tratamiento de Alteza Real, hasta que el acosado rey ordenó que no le pasaran las llamadas.

El duque había asumido que iba a instalarse en Gran Bretaña después de uno o dos años de exilio en Francia. Sin embargo, el rey Jorge VI (con el apoyo de su madre, la reina María y su esposa la reina Isabel) amenazó con cortar el apoyo económico en caso de que regresaran a Gran Bretaña sin invitación.

Segunda Guerra Mundial


Eduardo revisando un escuadrón de la SS con Robert Ley, 1937.
En octubre de 1937, el duque y la duquesa visitaron la Alemania nazi en contra del consejo del gobierno británico y se reunieron con Adolf Hitler en su retiro en Obersalzberg. La visita fue muy publicitada por los medios de comunicación alemanes. Durante la visita, el duque efectuaba el saludo fascista. El exembajador de Austria, el conde Albert von Mensdorff-Pouilly-Dietrichstein, que era primo en segundo grado y amigo de Jorge V, creía que Eduardo favorecía el fascismo alemán como un baluarte contra el comunismo, e incluso que en un principio estuvo a favor de una alianza con Alemania. La experiencia de Eduardo con «las escenas de horror sin fin» acontecidas en la Primera Guerra Mundial, lo llevaron a apoyar la política de apaciguamiento. Hitler consideraba que Eduardo se mostraba amistoso con la Alemania nazi y pensaba que las relaciones angloalemanas podrían haber mejorado a través de Eduardo, de no haber sido por la abdicación. Albert Speer, arquitecto jefe y miembro del círculo cercano de Hitler, lo cita directamente: «Estoy seguro de que a través de él se podrían haber logrado relaciones permanentes de amistad. Si se hubiera quedado, todo habría sido diferente. Su abdicación fue una grave pérdida para nosotros».

El duque y la duquesa se establecieron en Francia. Después del estallido de la Segunda Guerra Mundial en septiembre de 1939, Lord Mountbatten los llevó de vuelta a Gran Bretaña a bordo del HMS Kelly, y el duque, a pesar de ser mariscal de campo honorario, fue nombrado mayor general adscrito a la misión militar británica en Francia. En febrero de 1940, el ministro alemán en La Haya, el conde Julius von Zac-Burkersroda, afirmó que el duque había filtrado los planes de guerra de los aliados para la defensa de Bélgica. Cuando Alemania invadió el norte de Francia en mayo de 1940, los Windsor huyeron hacia el sur, primero a Biarritz y luego en junio a España. En julio la pareja se mudó a Lisboa, Portugal, donde se alojaron en la casa de Ricardo de Espírito Santo, un banquero portugués con contactos británicos y alemanes. Durante la ocupación de Francia, el duque pidió a las fuerzas alemanas que pusieran guardias en sus casas de París y de la Costa Azul y los alemanes lo hicieron. El duque otorgó una entrevista en tono «derrotista» que se distribuyó ampliamente y que fue el colmo para el gobierno británico. El primer ministro, Winston Churchill, amenazó al duque con someterlo a una corte marcial si no regresaba a suelo británico. En agosto, un buque de guerra británico transportó a la pareja a las Bahamas, desde donde, en opinión de Churchill, el duque podía hacer menos daño al esfuerzo de guerra británico.

El duque de Windsor fue instalado como gobernador de las Bahamas, posición que no le gustó, y se refería a las islas como «una colonia británica de tercera clase». El ministerio de Relaciones Exteriores británico se opuso enérgicamente cuando la pareja planeó un recorrido a bordo de un yate que pertenecía al magnate sueco Axel Wenner-Gren, a quien la inteligencia estadounidense consideraba erróneamente como amigo cercano de Hermann Göring, comandante de la Luftwaffe.

En una entrevista en la revista Liberty dijo que «si Hitler fuese derrocado sería verdaderamente trágico para el mundo. Hitler es el líder adecuado y lógico para el pueblo alemán, es un gran hombre. Dígale al sr. Roosevelt que si propone una oferta de intervención por la paz, el duque de Windsor promulgará inmediatamente un alegato apoyándola, y con ello comenzará una Revolución en Inglaterra que obligará al gobierno a alcanzar la paz». El artículo fue severamente censurado en Gran Bretaña.

Sin embargo, el duque fue elogiado por sus esfuerzos para combatir la pobreza en las islas, a pesar de despreciar a sus pobladores como le sucedía con la mayoría de los pueblos no blancos del Imperio. De Étienne Dupuch, el editor del diario Nassau Daily Tribune, dijo: «Hay que recordar que Dupuch es más de la mitad negro y, debido a la peculiar mentalidad de esta raza, [los negros] parecen incapaces de destacar sin perder su equilibrio». Fue elogiado, incluso por Dupuch, por resolver los conflictos civiles causados por los bajos salarios en Nassau en 1942, a pesar de que culpó de los problemas a «problemáticos comunistas» y a «los hombres de ascendencia judía de Europa Central». Renunció al cargo el 16 de marzo de 1945.

Muchos historiadores han sugerido que Hitler estaba dispuesto a reintegrar a Eduardo como rey con la esperanza de establecer un régimen fascista en Gran Bretaña. Era una creencia ampliamente extendida, que el duque y la duquesa simpatizaban con el fascismo antes y durante la Segunda Guerra Mundial y que fueron trasladados a las Bahamas para reducir al mínimo sus posibilidades de actuar en ese sentido. En 1940, Eduardo dijo: «En los últimos 10 años Alemania ha reorganizado totalmente el orden de su sociedad. Los países que no estaban dispuestos a aceptar tal reorganización de la sociedad y los sacrificios concomitantes deben dirigir sus políticas en consecuencia». Lord Caldecote le escribió a Winston Churchill justo antes de que la pareja fuera enviada a las Bahamas, «[el duque] es bien conocido por ser pronazi y puede convertirse en el centro de la intriga». Esta última parte de la evaluación, pero no la primera, se corroboró por las operaciones alemana  diseñadas para utilizar al duque. Los aliados se preocuparon por los complots alemanes lo suficiente para que el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt ordenara la vigilancia discreta del duque y la duquesa cuando visitaron Palm Beach, Florida, en abril de 1941. El duque Carlos Alejandro de Wurtemberg (que en ese entonces era monje en un monasterio estadounidense) había convencido al Buró Federal de Investigación (FBI) de que la duquesa, que se había acostado con el embajador alemán en Londres, Joachim von Ribbentrop, se había mantenido en contacto permanente con él y le había seguido filtrando secretos.

Algunos autores han afirmado que Anthony Blunt, un agente del MI5 que actuaba por orden de la familia real británica, hizo hacia el final de la guerra, un exitoso viaje secreto a Schloss Friedrichshof en Alemania, para recuperar cartas de la correspondencia entre el duque de Windsor y Adolfo Hitler y otros líderes nazis. Lo que es seguro es que Jorge VI envió al bibliotecario real, Owen Morshead, acompañado de Blunt, que entonces trabajaba a tiempo parcial en la Biblioteca Real así como para la inteligencia británica, a Friedrichshof en marzo de 1945, para asegurar documentos relacionados con la emperatriz alemana Victoria, hija de la reina Victoria. Los saqueadores robaron parte del archivo del castillo, incluyendo cartas sobrevivientes entre hija y madre, así como otros objetos de valor, algunos de los cuales fueron recuperados más tarde, después de la guerra, en Chicago. Los documentos rescatados por Morshead y Blunt fueron devueltos por las autoridades estadounidenses y depositados en el Archivo Real.

Después de la guerra, el duque admitió en sus memorias que admiraba a los alemanes, pero negó ser pronazi. De Hitler escribió: «[El] Führer me pareció una figura un tanto ridícula, con sus posturas teatrales y sus pretensiones grandilocuentes». Sin embargo, durante la década de 1960, dijo en privado a su amigo Patrick Balfour, tercer barón Kinross: «Nunca pensé que Hitler fuera un mal tipo».


El duque de Windsor en 1970.

Vida posterior

Después de la guerra, los duques regresaron a Francia y pasaron el resto de su vida retirados, ya que Eduardo no volvió a desempeñar ninguna otra función oficial después de gobernar las Bahamas. La asignación del duque se complementó con favores del gobierno y el comercio ilegal de divisas.

 La ciudad de París le otorgó al duque, por un alquiler simbólico, una casa en el número 4 de rue du Champ d'Entraînement, en Neuilly-sur-Seine del Bois de Boulogne. El gobierno francés le eximió de pagar impuestos sobre la renta y la pareja podía comprar productos libres de impuestos a través de la embajada británica y la comisaría militar. En 1951, el duque publicó su autobiografía redactada por un escritor fantasma, A King's Story, en la que mostraba su desacuerdo con la política liberal. Las regalías del libro resultaron otra fuente de ingresos. Nueve años más tarde, escribió un libro relativamente desconocido, A Family Album, que trata principalmente acerca de la moda y las costumbres de la familia real durante el transcurso de toda su vida, desde la época de la reina Victoria y a través de los reinados de su abuelo y su padre, además de describir sus propios gustos.

El duque y la duquesa desempeñaban el papel de celebridades menores y eran considerados parte de la café society de los años 1950 y 1960. Organizaban fiestas e iban y venían entre París y Nueva York; muchos de los que se reunieron socialmente con los Windsor, incluyendo a Gore Vidal, dieron cuenta de la vacuidad de la conversación del duque. La pareja sentía un gran cariño por sus perros pug.

En junio de 1953, en lugar de asistir a la coronación de la reina Isabel II en Londres, el duque y la duquesa vieron la ceremonia por televisión en París. El duque dijo que iba contra de los precedentes que un soberano o exsoberano asistiera a la coronación de otro. Al duque se le pagó por escribir artículos sobre la ceremonia para el Sunday Express y para el Women's Home Companion, así como un libro corto, The Crown and the People, 1902–1953. En 1955, visitó al presidente Dwight D. Eisenhower en la Casa Blanca. En 1956, la pareja apareció en el programa de entrevistas por televisión de Edward R. Murrow, Person to Person, y en una entrevista de 50 minutos para BBC en 1970. Ese año, fueron invitados por el presidente Richard Nixon a una cena en la Casa Blanca como huéspedes de honor.

La familia real nunca aceptó a la duquesa. La reina María se negó a recibirla formalmente. Sin embargo, el duque se reunió ocasionalmente con su madre y su hermano, el rey Jorge VI, y también asistió al funeral de Jorge. La reina María mantuvo su rabia contra Eduardo y su indignación por su matrimonio con Wallis; decía: «Renunciar a todo esto por qué». En 1965, los Windsor regresaron a Londres y fueron visitados por la reina, la princesa Marina, duquesa de Kent, y por María, princesa real y condesa de Harewood. Una semana más tarde, la princesa real murió y la pareja asistió a su funeral. En 1967, se unieron a la familia real para el centenario del nacimiento de la reina María. La última ceremonia real a la que el duque asistió fue el funeral de la princesa Marina en 1968.

Declinó una invitación de la reina para asistir a la investidura del príncipe de Gales en 1969, alegando que el príncipe Carlos no quería allí a su «viejo tío abuelo».

A partir de la década de 1960, la salud del duque comenzó a deteriorarse. En diciembre de 1964, el doctor Michael DeBakey lo operó en la ciudad de Houston, Texas, de un aneurisma de la aorta abdominal, y en febrero de 1965, Sir Stewart Duke-Elder le trató un desprendimiento de retina en el ojo izquierdo. El duque fumó desde una edad muy temprana y a finales de 1971 se le diagnosticó cáncer de garganta y fue sometido a una terapia de cobalto. La reina Isabel II visitó a los Windsor en 1972, durante una visita de Estado a Francia; sin embargo, sólo la duquesa se unió a la comitiva real para una sesión fotográfica.
El duque murió en su casa de París el 28 de mayo de 1972, a la edad de 77 años. Su cuerpo fue enviado a Gran Bretaña, para ser velado en la capilla de St. George, en el castillo de Windsor. El servicio funeral se celebró en la capilla el 5 de junio en presencia de la reina, la familia real y la duquesa de Windsor. Fue sepultado en el cementerio real en Frogmore, detrás del Mausoleo Real de la reina Victoria y el príncipe Alberto. Durante la visita, la duquesa se quedó en el palacio de Buckingham. Hasta que llegaron a un acuerdo con Isabel II en 1965, los duques tenían planeado que su entierro se realizara en una parcela del Green Mount Cemetery en Baltimore, lugar donde fue sepultado el padre de Wallis. Frágil y cada vez más afectada por la demencia senil, la duquesa murió 14 años más tarde y fue enterrada junto a su marido simplemente como «Wallis, duquesa de Windsor».

Títulos, tratamientos, honores y armas

Títulos y tratamientos

  • 14 de diciembre de 1895 – 28 de mayo de 1898: Su Alteza príncipe Eduardo de York
  • 28 de mayo de 1898 – 22 de enero de 1901: Su Alteza Real príncipe Eduardo de York
  • 22 de enero de 1901 – 9 de noviembre de 1901: Su Alteza Real príncipe Eduardo de Cornualles y York
  • 9 de noviembre de 1901 – 6 de mayo de 1910: Su Alteza Real príncipe Eduardo de Gales
  • 6 de mayo de 1910 – 23 de junio de 1910: Su Alteza Real el duque de Cornualles
  • 23 de junio de 1910 – 20 de enero de 1936: Su Alteza Real el príncipe de Gales
    • en Escocia: 1910 – 1936: Su Alteza Real el príncipe Eduardo, duque de Rothesay
  • 20 de enero de 1936 – 11 de diciembre de 1936: Su Majestad el rey
    • en India: Su Majestad Imperial el rey-emperador
  • 11 de diciembre de 1936 – 8 de marzo de 1937: Su Alteza Real el príncipe Eduardo
  • 8 de marzo de 1937 – 28 de mayo de 1972: Su Alteza Real el duque de Windsor

Honores

Armas

Como príncipe de Gales, las armas de Eduardo eran el escudo de armas del Reino Unido, diferenciado con un lambel argén de tres pendientes y con un escudo con las armas reales de Gales surmontado por la corona del heredero (idéntica a la utilizada por Carlos, príncipe de Gales). Como soberano usó el escudo de armas real sin ninguna diferencia y después de su abdicación lo utilizó otra vez diferenciado, pero esta vez con un lambel que llevaba en el pendiente central una corona imperial.












                 El duque murió en su casa de París el 28 de mayo de 1972, a la edad de 77 años.













Wallis Simpson


Wallis, duquesa de Windsor, registrada al nacer como Bessie Wallis Warfield y más tarde, por matrimonio, llamada Wallis Spencer y después Wallis Simpson (19 de junio de 1896 - 24 de abril de 1986), fue una socialité estadounidense que, después de haberse divorciado dos veces, se casó en terceras nupcias, el 3 de junio de 1937, con el príncipe Eduardo, duque de Windsor, quien antes de su matrimonio había sido Eduardo VIII rey del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y emperador de la India.
                
El padre de Wallis murió poco después de su nacimiento, y Wallis, junto a su madre viuda, recibió el apoyo de algunos parientes ricos. Su primer matrimonio, con un oficial de la Marina de los Estados Unidos, se caracterizó por varios períodos de separación y finalmente terminó en divorcio. En 1934, durante el transcurso de su segundo matrimonio, supuestamente se hizo amante de Eduardo, por entonces príncipe de Gales. Dos años más tarde, después de la muerte de Jorge V y el ascenso al trono de Eduardo VIII, Wallis se divorció de su segundo marido y Eduardo le propuso matrimonio.

 El deseo del rey de contraer nupcias con una mujer que tenía dos ex maridos vivos provocó una crisis constitucional en el Reino Unido y sus dominios, lo que finalmente condujo a que abdicara al trono en diciembre de 1936 y se casara, según sus propias palabras, con «la mujer que amo». Después de la abdicación, el antiguo rey fue nombrado duque de Windsor por su hermano, el rey Jorge VI.

Eduardo se casó con Wallis seis meses más tarde, después de lo cual ella fue conocida formalmente como la duquesa de Windsor, sin el tratamiento de Su Alteza Real.

Antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial, muchas personas del gobierno y de la sociedad sospechaban que el duque y la duquesa de Windsor simpatizaban con los nazis. En el transcurso de las décadas de 1950 y 1960, la pareja vivió entre Europa y los Estados Unidos, disfrutando de una vida de ocio como celebridades sociales. Después de la muerte del duque en 1972, la duquesa se recluyó y rara vez volvió a ser vista en público. Su vida privada fue la fuente de múltiples especulaciones y todavía sigue siendo una figura controvertida en la historia británica.

Bessie Wallis Warfield fue hija única y nació en Square Cottage, en el Monterey Inn, un hotel ubicado al otro lado de la carretera frente al Monterey Country Club, en Blue Ridge Summit, Pensilvania, Estados Unidos. Como centro vacacional veraniego situado cerca de la frontera entre Maryland y Pensilvania, Blue Ridge Summit era popular entre los miembros de la sociedad de Baltimore que deseaban escapar del calor de la temporada, y el Monterey Inn, que tenía un edificio central y también cabañas individuales, era el hotel más grande de la ciudad. Su padre fue Teackle Wallis Warfield, el menor de los cinco hijos de Henry Mactier Warfield, comerciante de harina descrito como «uno de los más conocidos y personalmente uno de los más populares ciudadanos de Baltimore», que se postuló para alcalde en 1875. Su madre era Alice Montague, hija de William Montague, un vendedor de seguros. En honor a su padre y a la hermana mayor de su madre, Wallis recibió el nombre Bessie —la señora D. Buchanan Merryman—, y era llamada Bessie Wallis, hasta que en algún momento durante su juventud «el Bessie se perdió y la niña fue llamada simplemente Wallis».

Las fechas del matrimonio de sus padres y de su nacimiento permanecen confusas. Ninguno de estos acontecimientos parece haber sido registrado, pero las fechas aceptadas por lo general son el 19 de noviembre de 1895 y el 19 de junio de 1896, respectivamente. Su padre murió de tuberculosis el 15 de noviembre de 1896. En sus primeros años, Wallis y su madre dependieron de la caridad del hermano rico de su padre, Solomon Warfield Davies, presidente y fundador de la Continental Trust Company. Inicialmente vivieron en la gran casa que Solomon compartía con su madre, en el 34 de East Preston Street.

Su tía Bessie Merryman quedó viuda en 1901 y al año siguiente Alice y Wallis se mudaron a su mansión en el 9 de West Chase Street en Baltimore. Alice se casó nuevamente en 1908, con John Freeman Rasin, Jr., hijo de un prominente miembro del Partido Demócrata de los Estados Unidos.

 El 17 de abril de 1910, Wallis fue confirmada en la Iglesia Episcopal de Cristo en Baltimore, y de 1912 a 1914, Solomon Warfield pagó por su asistencia a Oldfields School, la escuela de niñas más cara de Maryland. Allí trabó amistad con la heredera Renée du Pont, hija del senador T. Coleman du Pont, de la familia du Pont, y con Mary Kirk, cuya familia fundó Kirk Silverware. Un compañero de una de las escuelas a las que asistió recuerda: «Era brillante, más brillante que todos nosotros. Tomó la decisión de ir a la cabeza de la clase y lo hizo.» Wallis siempre estaba impecablemente vestida y se presionaba bastante para hacer bien las cosas.

Primer matrimonio



En mayo de 1916, durante una visita a su prima Corinne Mustin en Pensacola, Florida, Wallis conoció a Earl Winfield Spencer Jr., piloto de la Armada de los Estados Unidos. Por esas fechas fue además testigo de dos accidentes de aviación con aproximadamente dos semanas de diferencia, lo que le causó un miedo permanente a volar. El 8 de noviembre de 1916, la pareja se casó en la Iglesia Episcopal de Cristo en Baltimore, que había sido la parroquia de Wallis. Su marido era alcohólico, bebía incluso antes de volar y una vez se estrelló en el mar pero logró salir casi ileso.

 Después de que Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial en 1917, Spencer fue enviado a San Diego como primer oficial al mando de una base de entrenamiento en Coronado, ahora conocida como Estación Aeronaval de North Island, donde permanecieron hasta 1920. En 1920, Eduardo, príncipe de Gales, visitó San Diego, pero no conoció a Wallis en esa época. Poco después, Spencer dejó a su esposa por un período de cuatro meses, pero se reunieron en Washington, D. C. en la primavera de 1921, aunque pronto se separaron de nuevo. En 1923, cuando Spencer fue enviado al Lejano Oriente como comandante del Pampanga, Wallis permaneció en los Estados Unidos y mantuvo una relación amorosa con el diplomático argentino Felipe Espil.
En enero de 1924, visitó París acompañada de su prima Corinne Mustin, quien acababa de enviudar, antes de partir hacia el Oriente a bordo de un transporte para tropas. Los Spencer se reunieron por un breve periodo hasta que Wallis enfermó por beber agua contaminada, después de lo cual fue evacuada a Hong Kong.

Un diplomático italiano la recordaba del tiempo que permaneció en China: «Su charla era brillante y tenía la costumbre de traer a colación el tema correcto de conversación con cualquier persona que entrara en contacto con ella y entretenerlos con ese tema». Según Hui lan-Koo, la segunda esposa del diplomático y político chino Wellington Koo, la única frase que Wallis aprendió en mandarín durante su estancia en Asia fue: «joven, páseme el champán».

Wallis realizó un recorrido por China y se hospedó con Katherine y Herman Rogers, quienes seguirían siendo sus amigos mientras estuvo en Pekín. De acuerdo con la esposa de Milton E. Miles, uno de los compañeros de su marido, fue allí donde Wallis conoció al conde Galeazzo Ciano, más tarde yerno de Benito Mussolini y ministro de Relaciones Exteriores italiano, con quien tuvo un romance como resultado del cual quedó embarazada; como consecuencia de un aborto mal practicado, perdió para siempre la capacidad de concebir. Este rumor se extendió posteriormente, pero nunca pudo demostrarse, y la esposa de Ciano, Edda Mussolini, lo negaba. Para septiembre de 1925, Wallis y su marido estaban de regreso en los Estados Unidos, aunque vivían separados. La pareja se divorció finalmente el 10 de diciembre de 1927.

Segundo matrimonio

Para el momento en que se disolvió su matrimonio con Spencer, Wallis ya se había involucrado con Ernest Aldrich Simpson, un angloestadounidense ejecutivo de transporte marítimo y excapitán de la Guardia Coldstream. Simpson se divorció de su primera esposa, Dorothea —con quien tuvo una hija llamada Audrey—, para casarse con Wallis Spencer el 21 de julio de 1928, en la Oficina de Registro de Chelsea, Londres. Desde Cannes, donde se alojaba con sus amigos, el señor y la señora Rogers, Wallis le había telegrafiado que aceptaba su propuesta de matrimonio.
 
Los Simpson se instalaron temporalmente en una casa amueblada con cuatro criados en Mayfair.

 En 1929, Wallis navegó de regreso a Estados Unidos para visitar a su madre enferma, que en ese momento estaba casada con Charles Gordon Allen. Durante el viaje, las inversiones de Wallis se hicieron polvo en el crack de Wall Street y su madre murió sin un centavo el 2 de noviembre de 1929. Wallis regresó a Inglaterra y como el negocio naviero continuaba boyante, los Simpson se mudaron a un apartamento grande con una plantilla de criados.

A través de una amiga suya, Consuelo Thaw, Wallis conoció a Lady Thelma Furness, hermana de Consuelo y en ese entonces amante de Eduardo, príncipe de Gales. El 10 de enero de 1931, Lady Furness la presentó con el príncipe. Eduardo era el hijo mayor del rey Jorge V y la reina María y heredero al trono británico. Entre 1931 y 1934, se reunió con los Simpson en diversas fiestas y Wallis fue presentada en la corte. Ernest comenzaba a tener dificultades financieras debido a que vivían fuera del alcance de sus medios y por ese motivo tuvieron que despedir a su personal.

Relación con Eduardo, príncipe de Gales

En diciembre de 1933, mientras Lady Furness se encontraba en Nueva York, supuestamente Wallis se convirtió en amante del príncipe. Eduardo lo negó ante su padre, a pesar de que su personal llegó a verlos juntos en la cama, así como a encontrar «evidencia física de un acto sexual». Wallis pronto derrocó a Lady Furness y distanció al príncipe de una antigua amante y confidente, la heredera angloestadounidense de textiles Freda Dudley Ward.

Para 1934, el príncipe estaba perdida e irremediablemente enamorado, encontraba atractivas sus maneras dominantes y la abrasiva irreverencia hacia su posición; en palabras de su biógrafo oficial, se convirtió en «servilmente dependiente» de ella. De acuerdo con Wallis, fue durante un crucero en 1934, en el yate privado de Walter Guinness, primer barón de Moyne, llamado Rosaura, que ella se enamoró de Eduardo. En una velada en el palacio de Buckingham, el príncipe la presentó a su madre, lo que causó la indignación de su padre, principalmente a causa de su historia marital, ya que los divorciados generalmente eran excluidos de la corte. Eduardo cubría a Wallis con dinero y joyas, además en febrero de 1935 y más tarde ese mismo año, vacacionaron juntos por Europa.

 Los cortesanos estaban cada vez más alarmados porque el romance comenzó a interferir con las actividades oficiales del príncipe.

En 1935, el jefe de la Sección Especial de la Policía Metropolitana de Londres le informó al comisionado que Wallis también tenía un romance con Guy Marcus Trundle, que «se decía era empleado de la Ford Motor Company». Estos informes se hicieron públicos por primera vez en 2003.

Sin embargo, la tesis sobre un romance es puesta en duda por el capitán Val Bailey, que conocía bien a Trundle y cuya madre tuvo un romance con este durante casi dos décadas, y también por la historiadora Susan Williams.

Crisis de abdicación

Jorge V murió el 20 de enero de 1936 y el príncipe de Gales subió al trono como Eduardo VIII. Al día siguiente rompió el protocolo real cuando observó la proclamación de su ascenso al trono desde una ventana del palacio de St. James en compañía de Wallis, que a la sazón permanecía casada.

 Cada vez era más evidente para la corte y los círculos gubernamentales que Eduardo tenía la intención de casarse con ella. El comportamiento del rey y su relación con Wallis le volvió impopular con el Partido Conservador —que en ese momento dirigía el gobierno británico— y angustiaba a su madre y su hermano. A pesar de que los medios británicos de la época preguerra se mantenían respetuosos para con la monarquía y no se publicaban historias sobre el romance en la prensa nacional, los medios de comunicación extranjeros informaron ampliamente de la relación.

El monarca del Reino Unido es también el gobernador supremo de la iglesia de Inglaterra y al momento de la propuesta de matrimonio —y hasta el año 2002— la iglesia de Inglaterra no permitía que volvieran a casarse las personas divorciadas cuyo excónyuge seguía vivo. En consecuencia, si bien no había una barrera impuesta por la ley civil para que Eduardo se casara, la posición constitucional era que un rey no podía casarse con una divorciada y permanecer como rey —de hacerlo entraría en conflicto con su papel de gobernador supremo—. Por otra parte, el gobierno británico y los gobiernos de los dominios estaban en contra de la idea del matrimonio entre el rey y una estadounidense divorciada dos veces por otras razones, la consideraban política, social y moralmente inadecuada como prospecto de consorte. En el Imperio británico era percibida por muchos como una mujer de «ambición ilimitada», que perseguía al rey por su riqueza y posición.

Wallis le había presentado una demanda de divorcio a su segundo marido alegando que había cometido adulterio con su amiga de la infancia Mary Kirk y la sentencia condicional se le concedió el 27 de octubre de 1936. Su relación con el rey se volvió del dominio público en el Reino Unido a principios de diciembre y Wallis decidió huir del país en el momento en que estalló el escándalo. Fue llevada al sur de Francia en una dramática carrera por escapar de la prensa y permaneció sitiada por los medios de comunicación durante los siguientes tres meses en la Villa Lou Viei, la casa de sus amigos Herman y Katherine Rogers ubicada cerca de Cannes.

De vuelta en el Reino Unido, Eduardo consultó con el primer ministro Stanley Baldwin tratando de encontrar la forma de casarse con Wallis y conservar en el trono. Propuso un matrimonio morganático, donde él seguiría siendo rey aunque su esposa no sería reina, pero esto fue rechazado por Baldwin y los primeros ministros de Australia y Sudáfrica. Si Eduardo se hubiera casado en contra del consejo de Baldwin, el gobierno estaría obligado a dimitir, causando una crisis constitucional.


Carta de abdicación de Eduardo VIII del Reino Unido.
Mientras tanto, Peregrine Cust, sexto barón Brownlow y Lord in Waiting del rey, presionaba a Wallis en su escondite en el sur de Francia, para que renunciara a Eduardo. El 7 de diciembre de 1936, Lord Brownlow leyó a la prensa la declaración que había ayudado a redactar y que anunciaba la resolución de Wallis de renunciar al rey. Sin embargo, Eduardo estaba decidido a casarse. Como el asunto de la abdicación cobró fuerza, John Theodore Goddard, procurador de Wallis, declaró que: «[su] cliente estaba dispuesta a hacer algo para aliviar la situación, pero el otro extremo de la cancha [Eduardo VIII] estaba decidido». Esto indicaba, aparentemente, que el rey había decidido que no tenía más remedio que abdicar si quería casarse.

El 10 de diciembre de 1936, Eduardo VIII firmó el Instrumento de abdicación en presencia de sus tres hermanos sobrevivientes, el duque de York —que ascendería al trono al día siguiente como Jorge VI—, el duque de Gloucester y el duque de Kent. Algunas leyes especiales aprobadas por los parlamentos de los dominios finalizaron el proceso de la abdicación al día siguiente y en el caso de Irlanda, un día después. El 11 de diciembre de 1936, Eduardo emitió una declaración pública que decía:
Todos ustedes conocen las razones que me han inducido a renunciar al trono. Quisiera hacerles comprender que, al tomar esta resolución, no he olvidado en absoluto al país o al Imperio, a los cuales, primero como príncipe de Gales y más tarde como rey, he dedicado veinticinco años de servicio. Pero pueden creerme si les digo que me ha resultado imposible soportar la pesada carga de la responsabilidad y desempeñar mis funciones como rey, en la forma en que desearía hacerlo, sin la ayuda y el apoyo de la mujer que amo.
Eduardo partió de Gran Bretaña a Austria, donde se alojó en el castillo Enzesfeld, la casa del barón y la baronesa Eugen y Kitty de Rothschild. Tuvo que permanecer alejado de Wallis hasta que no hubiera peligro de comprometer la concesión de un decreto absoluto en el proceso de divorcio. Cuando el divorcio se resolvió en mayo de 1937, Wallis volvió a usar su nombre de soltera Wallis Warfield. La pareja se reunió en el castillo de Candé, en Monts, Francia, el 4 de mayo de 1937.

Tercer matrimonio: duquesa de Windsor

Un mes más tarde, el 3 de junio de 1937, Wallis y Eduardo se casaron en el castillo de Candé, que les había prestado Charles Bedaux, quien más tarde trabajó activamente en favor de la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. La fecha coincidía con el que hubiera sido el 72 cumpleaños del rey Jorge V; la reina María pensó que la boda fue programada en esa fecha como un desaire deliberado. Ningún miembro de la familia real británica asistió.

Eduardo fue creado duque de Windsor por su hermano, Jorge VI; sin embargo, la patente real aprobada por el nuevo rey y apoyada por unanimidad por los gobiernos de los dominios, impedía a Wallis, ahora duquesa de Windsor, usar el tratamiento de Su Alteza Real. El rey tenía la firme idea de que Wallis no debía recibir un tratamiento real y esta opinión era compartida por su madre, la reina María, y por su esposa, la reina Elizabeth —más tarde la reina madre—. Al principio, la familia real no aceptó a la duquesa y no la recibió formalmente, aunque Eduardo se reunió varias veces con su madre y sus hermanos después de su abdicación. Algunos biógrafos han sugerido que la reina Elizabeth, la cuñada de Eduardo, estaba resentida con Wallis por el papel que desempeñó en la llegada al trono de Jorge VI —que pudo haber visto como un factor influyente en la temprana muerte de este—, y por comportarse prematuramente como la consorte de Eduardo, cuando solo era su amante. Estas afirmaciones fueron negadas por amigos cercanos de la reina Elizabeth; por ejemplo, el duque de Grafton escribió que «nunca dijo algo desagradable acerca de la duquesa de Windsor, con excepción de que realmente no tenía ni idea de con que estaba tratando». Por otra parte, la duquesa de Windsor se refería a la reina Elizabeth como la «señora Temple» —señora Templo— y «Cookies» —Galletas—, en alusión a su figura sólida y su gusto por los alimentos, y a su hija, la princesa Isabel —que más tarde sería la reina Isabel II—, como «Shirley», en alusión a Shirley Temple. La duquesa resintió amargamente que le negaran el tratamiento real y que los familiares de Eduardo no la aceptaran como parte de la familia. Sin embargo, dentro del círculo de los duques de Windsor, el tratamiento de Su Alteza Real era utilizado por aquellos que estaban cerca de la pareja.

Según Diana Mitford, esposa del exlíder de la Unión Británica de Fascistas, Oswald Mosley, que conocía a la futura reina madre y a Wallis, pero solamente era amiga de esta última, la antipatía de la reina hacia su concuña podía haber tenido una fuente más profunda. Lady Mosley escribió a su hermana, la duquesa de Devonshire, tras la muerte del duque de Windsor, «probablemente la teoría de sus contemporáneos [de los Windsor] de que Cake [un apodo de Mitford para la reina madre, que derivaba de su exclamación de alegría en la fiesta en la que Deborah Devonshire la conoció] estaba más bien enamorada de él [el duque] —como una niña— y se llevó al segundo mejor, puede explicar muchas cosas».

Los duques vivieron en Francia los años anteriores a la guerra. En 1937, realizaron una visita de alto perfil a Alemania y se reunieron con el líder nazi Adolfo Hitler, quien, según informes, dijo de la duquesa que «habría sido una buena reina». Esa visita apoyaba las fuertes sospechas que tenían muchas personas en el gobierno y en la sociedad, de que la duquesa era un agente alemán, afirmación que Wallis ridiculizó en sus cartas a Eduardo. Los archivos del FBI recopilados en la década de 1930, también la retratan como posible simpatizante nazi. El exduque Carl Alexander de Württemberg le dijo al FBI que Wallis y el líder nazi Joachim von Ribbentrop habían sido amantes en Londres. Incluso hubo informes aún más inverosímiles sobre sus circunstancias en la Segunda Guerra Mundial, como que Wallis conservaba una fotografía firmada de Ribbentrop en su mesita de noche, y que había seguido pasándole información, incluso durante la invasión de Francia.

Vida posterior y fallecimiento

En 1946, Wallis se alojaba en Ednam Lodge, la casa del conde de Dudley, cuando algunas de sus joyas fueron robadas. Hubo rumores de que el robo fue planeado por la familia real británica, en un intento por recuperar las joyas que Eduardo había tomado de la Royal Collection, o por los propios duques de Windsor, como parte de un fraude contra la aseguradora —ya que el año siguiente la pareja realizó un gran depósito de piedras sueltas en Cartier—. Sin embargo, en 1960, Richard Dunphie confesó el delito. Las piezas robadas eran solo una pequeña parte de las joyas de los Windsor que habían sido compradas de forma privada, heredadas por el duque o que le fueron regaladas cuando era príncipe de Gales.

Eduardo regresó a Inglaterra en febrero de 1952, para asistir al funeral de Jorge VI. Wallis no quiso asistir; en su estancia previa en Londres, el mes de octubre anterior, le había dicho a su marido: «Odio este país. Seguiré odiándolo hasta la tumba». Más tarde ese año, las autoridades municipales de París les ofrecieron el uso de una casa. La pareja vivió en el número 4 de rue du Champ d'Entraînement en Neuilly-sur-Seine la mayor parte del resto de sus vidas, en esencia tuvieron una vida cómoda. También compraron una segunda residencia en el país, donde pronto se convirtieron en amigos íntimos de sus vecinos Oswald y Diana Mosley. Años más tarde, Diana Mosley afirmó que los duques de Windsor compartían el punto de vista de ella y su marido de que a Hitler se le debía haber dado mano libre para destruir el comunismo. El propio Eduardo escribió en el New York Daily News el 13 de diciembre de 1966, «[...] era del interés de Gran Bretaña y de Europa también, que Alemania se animara a atacar el Este y aplastara al comunismo para siempre [...]. Pensé que el resto de nosotros podría mantenerse neutral, mientras que los nazis y los rojos peleaban».

En 1965, cuando los duques de Windsor visitaron Londres porque Eduardo necesitaba una cirugía ocular, la reina Isabel II y la princesa Marina, duquesa de Kent, los visitaron. Más tarde, en 1967, la pareja se unió a la familia real en Londres cuando Isabel II desveló una placa para conmemorar el centenario del nacimiento de la reina María. Isabel II y el príncipe Carlos visitaron a los Windsor en París en los últimos años del duque, de hecho la visita ocurrió poco antes de su muerte.

Cuando Eduardo murió de cáncer en 1972, Wallis viajó a Inglaterra para asistir al funeral, durante su visita se alojó en el palacio de Buckingham. Cada vez más senil y frágil, vivió el resto de su vida como reclusa, con el apoyo del patrimonio de su marido y de un subsidio de la reina. En octubre de 1976, se esperaba que recibiera a la reina madre Elizabeth, pero estaba demasiado enferma de demencia y su personal canceló la visita en el último minuto. La reina madre envió flores con una tarjeta en que se leía, «Con amistad, Elizabeth». Después de la muerte de su marido, la duquesa le otorgó su autoridad legal a la abogada francesa Suzanne Blum. Esta relación de potencial explotación fue explorada en libro de Caroline Blackwood, The Last of the Duchess, escrito en 1980, pero que no se publicó hasta después de la muerte de Blum en 1995. En 1980, Wallis perdió la capacidad de hablar. Al final permaneció confinada a su cama y no recibía visitas a excepción de su médico y enfermeras.

La duquesa de Windsor murió en su casa en el Bois de Boulogne de París el 24 de abril de 1986. Su funeral se celebró en la Capilla de San Jorge en el castillo de Windsor y contó con la asistencia de sus dos cuñadas sobrevivientes: la reina madre y la princesa Alicia, duquesa de Gloucester. Isabel II, el príncipe Felipe, el príncipe y la princesa de Gales asistieron a la ceremonia fúnebre y al entierro. Fue sepultada junto a Eduardo en el cementerio real cercano al castillo de Windsor, como «Wallis, duquesa de Windsor». Hasta que llegaron a un acuerdo con Isabel II en 1965, los duques tenían planeado que su entierro se realizara en una parcela del Green Mount Cemetery en Baltimore, lugar donde fue sepultado el padre de Wallis.

La mayor parte de su herencia fue a la fundación para la investigación médica del Instituto Pasteur, según las instrucciones de Suzanne Blum. La decisión tomó por sorpresa a la familia real y a los amigos de la duquesa, porque durante su vida nunca había mostrado algún interés en la caridad.

En abril de 1987, la notable colección de joyería de Wallis recaudó 45 millones de dólares para el instituto en una subasta en Sotheby's, aproximadamente siete veces su precio estimado, además atrajo ofertas de famosas personalidades como Elizabeth Taylor, Calvin Klein y Jacqueline Onassis. En reconocimiento a la ayuda que Francia les brindó suministrándoles una casa y en lugar de los impuestos por defunción, la colección de muebles estilo Luis XVI, algunas piezas de porcelana y pinturas pasaron a ser propiedad del estado francés. La familia real británica no recibió legados importantes. El empresario egipcio Mohamed Al-Fayed compró gran parte del patrimonio no financiero, incluyendo el usufructo de la mansión de París. La mayor parte de su colección se vendió en 1998, un año después de la muerte de su hijo en el accidente automovilístico que también cobró la vida de Diana, princesa de Gales. La venta recaudó más de £ 14 millones para la caridad.

Legado

La vida de Wallis estuvo plagada de rumores de que tenía otros amantes. El playboy estadounidense Jimmy Donahue, heredero de la fortuna Woolworth, que además era homosexual, afirmó haber tenido una relación con la duquesa en la década de 1950, pero Donahue era conocido por sus bromas ingeniosas y su afinidad a hacer circular rumores. Casi todos los historiadores y biógrafos han negado la existencia del llamado «expediente de China» —que se supone detalla las hazañas sexuales y criminales de Wallis en ese país—. Aunque hubo ciertos rumores acerca de un embarazo y posterior aborto mientras Wallis vivió en China, especialmente aquellos relacionados con el conde Ciano, no hay pruebas contundentes de que haya quedado embarazada de cualquiera de sus amantes o de sus tres maridos. Las afirmaciones de que sufría de síndrome de insensibilidad a los andrógenos, también conocido como feminización testicular, parecen improbables, por no decir imposibles, habida cuenta de su cirugía por miomas uterinos en 1951.

En 1956, la duquesa publicó sus memorias realizadas por un escritor fantasma, The Heart Has Its Reasons. El autor Charles Higham dijo del libro, «los hechos fueron reordenados sin remordimientos en lo que equivalía a un lifting facial autorealizado [...] reflejando en abundancia la personalidad de su autora, políticamente equivocada pero encantadora y conveniente». Higham describió a la duquesa como «carismática, electrizante y compulsivamente ambiciosa».
La evaluación de la vida de la duquesa de Windsor ha sido enturbiada por rumores, conjeturas y propaganda políticamente motivada, sin que fuera necesaria la ayuda de su propia manipulación de la verdad; pero no existe ningún documento que pruebe directamente que Wallis haya sido otra cosa más que una víctima de su propia ambición, que vivió un gran romance que se convirtió en una gran tragedia. En opinión de sus biógrafos, «experimentó el supremo cuento de hadas, convirtiéndose en la adorada favorita del soltero más glamoroso de su tiempo. El idilio tomó el camino equivocado cuando haciendo caso omiso de sus súplicas, él abandonó su posición para pasar el resto de su vida con ella». Los académicos coinciden en que Wallis ascendió al borde de un precipicio que:
la dejó con menos alternativas de lo que había previsto. De alguna manera pensó que el establishment podría ser superado una vez que [Eduardo] fuera rey y confesó con franqueza a la tía Bessie sus «ambiciones insaciables». Atrapado en su evasión de la responsabilidad en exactamente el papel que ella había buscado, de pronto ella le advirtió en una carta, «tú y yo solo podemos crear desastres juntos» [Wallis] predijo a la anfitriona social Sybil Colefax, «dos personas van a sufrir» por causa «del funcionamiento de un sistema». Habiéndosele negado la dignidad y sin nada útil que hacer, el nuevo duque de Windsor y su duquesa serían para una generación, los parásitos de la sociedad más conocidos internacionalmente, mientras se aburrían profundamente entre si. Ella pensó que él era emocionalmente como Peter Pan y se veía a sí misma como Alicia en el País de las Maravillas. Sin embargo, el libro que escribieron en conjunto fue más El paraíso perdido.
Se dice que Wallis resumió su vida en una frase: «No tienes idea de lo difícil que es vivir un gran romance».
























Primer matrimonio


En mayo de 1916, durante una visita a su prima Corinne Mustin en Pensacola, Florida, Wallis conoció a Earl Winfield Spencer Jr., piloto de la Armada de los Estados Unidos. Por esas fechas fue además testigo de dos accidentes de aviación con aproximadamente dos semanas de diferencia, lo que le causó un miedo permanente a volar. El 8 de noviembre de 1916, la pareja se casó en la Iglesia Episcopal de Cristo en Baltimore, que había sido la parroquia de Wallis. Su marido era alcohólico, bebía incluso antes de volar y una vez se estrelló en el mar pero logró salir casi ileso.

Earl Winfield Spencer Jr.


Earl Winfield Spencer Jr. (20 de septiembre de 1888 – 29 de mayo de 1950) fue un piloto de la Marina de Estados Unidos que sirvió como primer comandante de la Base Aeronaval de North Island en San Diego, California. También fue el primer marido de Wallis Simpson, la mujer por quien dejó el trono Eduardo VIII del Reino Unido.
         
Earl Winfield, conocido coloquialmente como «Win», nació en Kinsley, Kansas, y sus padres fueron Earl Winfield Spencer y Agnes Lucy Hughes. Estudió en el Racine College en Racine, Wisconsin. Se graduó en la Academia Naval de los Estados Unidos en 1910 y fue enviado a San Diego en 1917 con instrucciones de establecer una estación aérea naval permanente que sería utilizada para ejercicios de entrenamiento y de la cual se convertiría en su primer comandante.

Spencer contrajo matrimonio en cuatro ocasiones. Su primera esposa fue Bessie Wallis Warfield, hija única de Teackle Wallis Warfield, miembro de una prominente familia de Maryland. Se casaron en Baltimore el 8 de noviembre de 1916. Spencer era alcohólico, además fue acusado de ser abusivo.

Después de varias separaciones, los Spencer se divorciaron en diciembre de 1927. Tras un segundo matrimonio y posterior divorcio, con Ernest Simpson, Wallis se casó con el exrey Eduardo VIII del Reino Unido, quien abdicó al trono para poder casarse con ella, y se convirtió en la duquesa de Windsor.

La segunda esposa fue Mariam Caro Maze, exesposa de Albert Cressey Maze e hija de Simon Caro. Se casaron después de 1927 y se divorciaron en 1936, el mismo año que Spencer fue nombrado caballero de la Orden de la Corona de Italia por Benito Mussolini. De este matrimonio tuvo un hijastro, Robert Claude Maze Sr., mayor del Cuerpo de Marines de los Estados Unidos (muerto en acción en 1945). Mariam Spencer se casó nuevamente en 1939, su tercer marido, Arthur William Radford, era vicealmirante y posteriormente fue almirante de la Marina de Estados Unidos, futuro presidente del Estado Mayor.

El tercer matrimonio fue con Norma Johnson, viuda de Homer Sturdevant Johnson, un fabricante de Detroit que murió en 1928, e hija de Carl Reese. Spencer y Johnson se casaron en Los Ángeles, California, el 4 de julio de 1937. De este matrimonio tuvo dos hijastras: Betty L. Johnson y Kathryne Johnson. Se trató de una boda doble, junto con Betty, su hijastra, y Peyton Legare, cuya boda en febrero de 1942 en Tijuana, México, no era válida bajo la ley de California y debía de ser oficializada. La pareja se separó el 9 de febrero de 1940 y se divorció más tarde ese año en Santa Mónica, California.

El cuarto matrimonio fue con Lillian Phillips y ocurrió después de 1940. El comandante Spencer falleció en Coronado, California el 29 de mayo de 1950 y está enterrado en el Cementerio Nacional del Fuerte Rosecrans en San Diego, California, junto con su esposa Lillian.






Segundo matrimonio


Para el momento en que se disolvió su matrimonio con Spencer, Wallis ya se había involucrado con Ernest Aldrich Simpson, un angloestadounidense ejecutivo de transporte marítimo y excapitán de la Guardia Coldstream. Simpson se divorció de su primera esposa, Dorothea —con quien tuvo una hija llamada Audrey—, para casarse con Wallis Spencer el 21 de julio de 1928, en la Oficina de Registro de Chelsea, Londres. Desde Cannes, donde se alojaba con sus amigos, el señor y la señora Rogers, Wallis le había telegrafiado que aceptaba su propuesta de matrimonio.
 

Ernest Aldrich Simpson


Ernest Aldrich Simpson (6 de mayo de 1897 – 30 de noviembre de 1958) fue un ejecutivo de transporte marítimo angloestadounidense, mejor conocido por haber sido el segundo marido de Wallis Simpson, la mujer por quien dejó el trono Eduardo VIII (entonces duque de Windsor). Fue socio de la firma de corretaje naviero Simpson, Spence & Young de la ciudad de Londres.
                
Nació en Nueva York y fue educado en The Hill School y Harvard. Fue capitán de los Coldstream Guards por un breve periodo durante la Primera Guerra Mundial. Su padre, Ernest Louis Simpson, que fue cofundador de la firma internacional de corretaje naviero Simpson, Spence & Young en 1880, era un ciudadano británico cuyo apellido original era Salomon. Su madre, Charlotte Woodward Gaines, era una estadounidense hija de Royal Aldrich Gaines, abogado de Nueva York, y su esposa Laura Walker.

Simpson renunció a la ciudadanía de Estados Unidos poco después de salir de Harvard y se convirtió en ciudadano naturalizado británico. Aparentemente ocultó su origen judío para ser aceptado por el Establishment. «En sus años de juventud era descrito como alto, con los ojos azules, el cabello rubio y rizado, un prolijo bigote rubio y exigente en el vestir», según un artículo de The New York Times.

Primer matrimonio

Se casó por vez primera el 22 de febrero de 1923 en la ciudad de Nueva York con Dorothea Parsons Dechert, ex esposa de James Flanagan Dechert e hija de Arthur Webb Parsons y Frances Margaret Graves. La novia era bisnieta de Theophilus Parsons, un juez de la Suprema Corte de Justicia de Massachusetts que fue presidente de la Universidad de Harvard. Dorotea y Ernest tuvieron una hija, Audrey, nacida en 1924. Audrey Simpson Driggs, como es más conocida, es artista y actualmente vive en Canadá.

Segundo matrimonio

La segunda esposa de Simpson fue Wallis Warfield Spencer, nacida en Baltimore, Maryland, ex esposa de Earl Winfield Spencer Jr. e hija única de Teackle Wallis Warfield y Alice Montague; con quien inició un romance cuando todavía estaba casado con Dorotea. Wallis y Simpson se casaron en Londres, Inglaterra, el 21 de julio de 1928 y se divorciaron el 3 de mayo de 1937.

A pesar de que Wallis había sido amante de Eduardo VIII desde unos años atrás, Simpson decidió ofrecerle el divorcio e inculparse de adulterio para proteger el prestigio de su esposa y que esta pudiera después casarse con Eduardo.

Como su obituario en The New York Times observó, la publicidad sobre el nuevo matrimonio de Wallis con el duque de Windsor y su fama posterior, lo colocó en el papel de «el hombre olvidado». Sin embargo, los dos siguieron siendo amigos, según el periódico, la duquesa de Windsor incluso le envió flores cuando estuvo en el hospital por una cirugía y Simpson le ofreció asesoramiento y aclaraciones a Wallis cuando trabajaba en sus memorias.

Mantuvieron correspondencia íntima durante mucho tiempo después de su divorcio y las cartas, recientemente reveladas a la luz pública, demuestran que Wallis siguió sintiendo un profundo cariño por Ernest y que lamentaba haberlo perdido.

Tercer matrimonio

Su tercera esposa fue Mary Huntemuller Kirk, que había estado casada con Jacques Achille Louis Raffray, un agente de seguros nacido en Francia, y era hija de Henry Child Kirk, propietario y gerente de Kirk Silversmith Co. de Baltimore y de Edith Huntemuller. Mary era amiga de la juventud de Wallis Warfield y fue su dama de honor cuando contrajo matrimonio con Earl Winfield Spencer Jr. También fue la mujer con quien Simpson se alojó en un hotel en Berkshire, para darle a Wallis las pruebas de adulterio necesarias para obtener el divorcio.

Ernest Simpson y Mary Raffray se casaron el 19 de noviembre de 1937, seis meses después del divorcio de Simpson y tres semanas después del divorcio de Mary. La pareja tuvo un hijo que nació en 1939, Ernest Henry Child Simpson, quien más tarde cambió su nombre a Aharon Solomons y se convirtió en soldado del ejército Israelí, acualmente es instructor de buceo libre. Mary murió de cáncer de mama el 2 de octubre de 1941.

Cuarto matrimonio

La cuarta esposa de Simpson fue Avril Joy Mullens, ex esposa del brigadier-general Hugh Leveson-Gower y del príncipe George Imeretinsky, hija menor de Sir John y Lady Mullens (Adamson, de soltera). Simpson y Avril Leveson-Gower se casaron en Westminster el 12 de agosto de 1948.

Avril Simpson murió en un accidente automovilístico en México.

Muerte

Ernest Simpson murió de cáncer de garganta el 30 de noviembre de 1958 en el Middlesex Hospital en Inglaterra. Al momento de su fallecimiento tenía 61 años de edad.







 
 

 















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