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miércoles, 12 de octubre de 2016

Felipe V de España


Felipe V de España, llamado «el Animoso» (Versalles, 19 de diciembre de 1683-Madrid, 9 de julio de 1746), fue rey de España desde el 16 de noviembre de 1700 hasta su muerte en 1746, con una breve interrupción (comprendida entre el 16 de enero y el 5 de septiembre de 1724) por causa de la abdicación en su hijo Luis I, prematuramente fallecido el 31 de agosto de 1724.
Fue el sucesor del último monarca de la casa de Austria, su tío-abuelo Carlos II, por lo que se convirtió en el primer rey de la casa de Borbón en España. Su reinado de 45 años y 3 días (partido, como ya se ha señalado, en dos periodos separados) es el más prolongado en la historia de este país.

Ascenso al trono y llegada a España            

Felipe de Borbón, duque de Anjou, nació en Versalles como segundo de los hijos de Luis, Gran Delfín de Francia y de María Ana de Baviera. Por tanto, era nieto del rey francés Luis XIV y María Teresa de Austria, nacida infanta de España, y biznieto de Felipe IV de España, de la Casa de Austria.

Al no tratarse del primogénito, sus posibilidades de heredar el trono de Francia parecían escasas, al igual que las posibilidades de heredar el de España por su ascendencia española. Su abuela paterna María Teresa (hija de Felipe IV —de su primer matrimonio, con Isabel de Borbón— y por tanto medio hermana del rey Carlos II de España —nacido del segundo matrimonio de aquel con Mariana de Austria—) había renunciado a sus derechos al trono español para poder casarse con el rey de Francia (que por otro lado era también primo hermano suyo, tanto por parte de padre como de madre). De hecho, Luis XIV y los demás reyes europeos ya habían pactado que el heredero del trono de España sería José Fernando de Baviera, ante la previsible muerte sin herederos de Carlos II. Este Primer Tratado de Partición de España, firmado en La Haya en 1698, adjudicaba a José Fernando todos los reinos peninsulares —salvo Guipúzcoa—, así como Cerdeña, los Países Bajos españoles y todos los territorios americanos. Por su parte Francia se quedaría con Guipúzcoa, Nápoles y Sicilia, mientras que Austria se quedaría con el Milanesado.


Felipe V de España por Hyacinthe Rigaud (1701).
 
La muerte de José Fernando de Baviera en 1699 frustró dicha partición, con lo cual se negoció un nuevo Tratado de Partición —a espaldas de España— y de quien debería ser su rey, firmándose el Segundo Tratado de Partición en 1700. Este reconocía como heredero al archiduque Carlos, biznieto a su vez de Felipe III de España, asignándole todos los reinos peninsulares, los Países Bajos españoles y las Indias; por contra Nápoles, Sicilia y Toscana serían para el Delfín de Francia, mientras que el emperador Leopoldo, duque de Lorena, recibiría el Milanesado a cambio de ceder Lorena y Bar al Delfín de Francia. Pero si tanto Francia, como Holanda e Inglaterra estaban satisfechas con el acuerdo, el emperador no lo estaba y reclamaba la totalidad de la herencia española, ya que pensaba que el propio Carlos II nombraría heredero universal al archiduque. Sin embargo, Carlos II nombró heredero a su sobrino-nieto Felipe, con la esperanza de que Luis XIV evitara la división de su imperio, al ser rey de España su propio nieto. Poco después, el 1 de noviembre de 1700, moría Carlos II y Felipe de Borbón, duque de Anjou, aceptaba la Corona el 16 de noviembre.

La noticia de la muerte de Carlos II el 1 de noviembre en Madrid llegó a Versalles el 6 de noviembre.

 El 16 de noviembre de 1700, Luis XIV anunció en el tribunal español que aceptaba la voluntad de su primo, hermano y sobrino. A continuación presenta a su nieto, de diecisiete años, a la Corte con estas palabras: «Señores, he aquí el Rey de España». Entonces le dijo a su nieto: «Pórtate bien en España, que es tu primer deber ahora, pero recuerda que naciste en Francia, para mantener la unión entre nuestras dos naciones, es esta la manera de hacerlos felices y preservar la paz de Europa».
Tras esto, el Imperio español y todas las monarquías europeas —a excepción de la Casa de Austria— reconocieron al nuevo rey. Felipe V dejó Versalles el 4 de diciembre y entró en España por Irún el 22 de enero de 1701, haciendo su entrada triunfal en Madrid el 18 de febrero. Pero después de unos meses de reinado, los errores políticos se acumularon:
  • El 1 de febrero de 1701, el Parlamento de París conservó las cartas de derechos de Felipe V, preservando su derecho al trono de Francia.
  • En febrero de 1701, Luis XIV, a petición del Consejo de Regencia español, envió tropas francesas junto a las guarniciones españolas de los Países Bajos Españoles, en la frontera con las Provincias Unidas, instaladas de acuerdo a un tratado bilateral firmado con España en 1698.
  • Tras el fallecimiento en el exilio de Jacobo II de Inglaterra, en septiembre de 1701, Luis XIV reconoció como rey de Inglaterra y Escocia a su hijo Jacobo Estuardo, el viejo pretendiente, con gran indignación del rey Guillermo III de Inglaterra.
  • Los franceses se establecieron en los altos cargos en Madrid y decidieron la nueva forma de orientar la política española.
Aunque la mayoría de los países aceptaron al nuevo rey, el emperador Leopoldo se negó a hacerlo al considerar que el archiduque Carlos de Austria, su segundo hijo, tenía más derechos al trono. Poco después Luis XIV reconoció que los derechos sucesorios a la Corona de Francia de su nieto segundogénito, el nuevo rey de España, permanecían intactos. A pesar de que la posibilidad de que Felipe heredara el trono francés era remota, ya que el hijo de Luis XIV, el Gran Delfín, gozaba de una excelente salud, y el hijo de éste y hermano mayor de Felipe, estaba también en edad de reinar y casado, la perspectiva de una unión de las Coronas de España y Francia bajo la Casa de Borbón, pilotada desde la corte de Versalles, era temida por el resto de las potencias. Ante esta situación, Inglaterra-Escocia, las Provincias Unidas (ambos países bajo la autoridad de Guillermo III de Inglaterra, rey de Inglaterra y Escocia y estatúder de las Provincias Unidas), junto con los Habsburgo austríacos, firmaron en septiembre de 1701 el Tratado de La Haya. Previamente el rey francés había establecido una alianza formal con el elector de Baviera en el tratado de Versalles de marzo de 1701, y en septiembre de 1701 Luis XIV logró que Felipe V se casara con María Luisa Gabriela de Saboya, que se convertiría en su mayor apoyo en los difíciles momentos que pronto tendrían lugar; ya su hermano, el duque de Borgoña se había casado con la hermana de María Luisa, con lo que el matrimonio de las dos hermanas con dos hermanos iba dirigido a lograr una alianza con Saboya y a facilitar la entrada francesa en Italia.

En mayo de 1701 los ejércitos austriacos penetraron en Italia sin previa declaración de guerra con la intención de ocupar las posesiones españolas. En septiembre, el emperador, Inglaterra y los Países Bajos firmaron el Tratado de La Haya, estableciéndose una Alianza con la que oponerse a Francia y España. Finalmente, en mayo de 1702 esta «Gran Alianza» declaró la guerra a Francia y España, dando así comienzo formal a la Guerra de Sucesión Española.

Guerra de Sucesión Española (1701–1714)

La Guerra de Sucesión era un conflicto internacional, pero también un conflicto civil, pues mientras la Corona de Castilla y Navarra se mantenían fieles al candidato borbónico, la mayor parte de la Corona de Aragón prestó su apoyo al candidato austriaco. En el interior los combates fueron favorables a las tropas felipistas, que tras la victoria de Almansa (1707) obtuvieron el control sobre Aragón y Valencia.

En 1713 el Archiduque Carlos fue elegido emperador de Alemania. Las potencias europeas, temerosas ahora del excesivo poder de los Habsburgo, retiraron sus tropas y firmaron ese mismo año el Tratado de Utrecht, en el que España perdía sus posesiones en Europa y conservaba los territorios metropolitanos (a excepción Gibraltar y Menorca, que pasaron a Gran Bretaña) y de ultramar. No obstante, Felipe fue reconocido como legítimo rey de España por todos los países, con excepción del archiduque Carlos, entonces ya emperador, que seguía reclamando para sí mismo el trono español.

Política interior

 

Tomo V de la edición del Diccionario de la Lengua Castellana en 1737.
 
A pesar de las condiciones personales y de su enfermedad, que le sumía en intermitentes y largas demencias, supo elegir a sus ministros: desde los primeros gobiernos franceses, seguidos por el de Julio Alberoni y, tras la aventura del barón de Ripperdá, por los ministros españoles, entre los que destacó, por su programa de gobierno interior y por su acción diplomática, José Patiño. Actuaban desde las secretarías de Estado y de Despacho, el equivalente más cercano a los ministerios posteriores, que suplantaron a los consejos del régimen polisinodial de los Austrias, reservados para honores y consideraciones pero vaciados de poder, a excepción del Consejo de Castilla, creciente en sus atribuciones. Por ello, la oposición a los gobiernos de Felipe V provino siempre de los nobles relegados.

Durante su largo reinado consiguió cierta reconstrucción interior en lo que respecta a la Hacienda, al Ejército y a la Armada, prácticamente recreada por exigencias de la explotación racional de las Indias, y como medio inevitable para afrontar las rivalidades marítimas y coloniales de Inglaterra. Su logro fundamental, no obstante, fue el de la centralización y unificación administrativa y la creación de un Estado moderno, sin las dificultades que supusieran antes los reinos históricos de la Corona de Aragón, incorporados al sistema fiscal y con sus fueros y derecho público (no así el privado) abolidos con la aplicación de los Decretos de Nueva Planta. Se gobernó España desde Madrid.

Los Decretos de Nueva Planta (Decreto de 1707 para Aragón y Valencia, de 1715 para Mallorca y de 1716 para Cataluña) impusieron el modelo jurídico, político y administrativo castellano en los territorios de la Corona de Aragón, que habían tendido, especialmente en Cataluña, a apoyar las pretensiones del candidato austriaco. Solo las Provincias Vascongadas y Navarra, así como el Valle de Arán, conservaron sus fueros e instituciones forales tradicionales por su demostrada fidelidad al nuevo rey durante la Guerra de Sucesión Española. Así, el Estado se organizó en provincias gobernadas por un Capitán General y una audiencia, que se encargaron de la administración con total lealtad al gobierno de Madrid. Además, para la administración económica y financiera se establecieron las Intendencias provinciales, siguiendo el modelo francés, lo que conllevó la aparición de la figura de los intendentes.

Para el gobierno central se crearon las secretarías de Estado, antecesoras de los actuales ministerios, cuyos cargos eran ocupados por funcionarios nombrados por el rey. Se abolieron los Consejos de los territorios desaparecidos jurídica o físicamente de la Monarquía Católica (Consejos de Aragón, Italia y Flandes). Quedaron, pues, el de Navarra, el de Indias, el de la Inquisición, el de Órdenes (el único que ha pervivido hasta nuestros días), etc. De hecho, todo se concentró en el Consejo de Castilla. Asimismo se organizaron las Cortes de Castilla, en las que se integraron progresivamente representantes de los antiguos estados aragoneses. No obstante, el declive de las Cortes Castellanas continuó como en los siglos precedentes, con un papel meramente protocolario (como juras de los Príncipes de Asturias).

Felipe V se enfrentó a la ruinosa situación económica y financiera del Estado, luchando contra la corrupción y estableciendo nuevos impuestos para hacer más equitativa la carga fiscal. Fomentó la intervención del Estado en la economía, favoreciendo la agricultura y creando las llamadas manufacturas reales. Al final de su reinado los ingresos de la Hacienda se habían multiplicado y la economía había mejorado sustancialmente.

Siguiendo el ejemplo de su abuelo Luis XIV, quien consideraba la cultura y el arte como un medio para demostrar la grandeza real, Felipe V fomentó el desarrollo artístico y cultural. Ordenó la construcción del Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, inspirado en el estilo francés cuyo modelo paradigmático era Versalles, al cual se retiraba para cazar y recuperarse de su depresión. Con todo, la influencia italiana en el arte cortesano del reinado es notoria, debida principalmente a la fuerte personalidad de la reina Isabel Farnesio. Felipe V adquirió para decorar la Granja importantes esculturas romanas de Cristina de Suecia. Su otro gran proyecto artístico fue el Palacio Real de Madrid, que ordenó construir tras el incendio del Alcázar de Madrid, que siempre le había disgustado. Durante su reinado se amplió y reformó notablemente el palacio de Aranjuez. Su reinado coincidió con la introducción en España del estilo rococó. Felipe V fue también el fundador de organismos culturales tan prestigiosos como la Real Academia Española y la Real Academia de la Historia, siguiendo el modelo francés.

Igualmente en el terreno del derecho dinástico Felipe V instauró en España los usos franceses. Así, tras un intento de introducir la Ley Sálica frustrado por la oposición de las Cortes, el 10 de mayo de 1713 promulgó un nuevo reglamento de sucesión, que constituyó la Ley de Sucesión Fundamental, en el que las mujeres solo podrían heredar el trono de no haber herederos varones en la línea principal (hijos) o lateral (hermanos y sobrinos), con lo que se pretendía bloquear el acceso de dinastías extranjeras al trono español.

Como consecuencia de las necesidades de la guerra y siguiendo el modelo francés, Felipe V realizó una profunda remodelación del ejército, sustituyendo los antiguos tercios por un nuevo modelo militar basado en brigadas, regimientos, batallones, compañías y escuadrones. Se introdujeron novedades como los uniformes, los fusiles y la bayoneta, y se perfeccionó la artillería. Durante el reinado de Felipe V se inicia la reconstrucción de la armada española, construyéndose buques más modernos y nuevos astilleros y organizando las distintas flotillas y armadas en la Armada Española (1717). Esta política sería proseguida por sus hijos, y hasta finalizar el siglo el poder naval español siguió siendo uno de los más importantes del mundo.

Cabe destacar que, si bien Felipe V tenía un poder absoluto, nunca gobernó como tal. La enfermedad que padecía desde la adolescencia y que provocaba en el rey ataques transitorios de depresión (Isabel de Farnesio pretendió curar la melancolía del rey con el canto del castrato Farinelli) impidió que Felipe V pudiera cumplir regularmente con sus tareas de gobierno. Por ello, el verdadero poder lo ejercieron sus primeros ministros, algunos cortesanos como la princesa de los Ursinos, y posteriormente su segunda mujer, Isabel de Farnesio, con la que se había casado en 1714.

Reformas políticas y administrativas

Felipe V haría que la administración pública corriera directamente por cuenta del Estado y se establecieron las intendencias. La administración sería ejercida en adelante por la Corona y por funcionarios públicos especialmente nombrados para tales fines. Todas las funciones de la administración pública debían caer en manos de profesionales. El nombramiento de los funcionarios tendría en cuenta únicamente su preparación y competencia. Solo ascenderían por sus méritos y debían percibir un buen salario para evitar la corrupción.

Felipe V realizó una completa modernización de las técnicas administrativas. Esto sería posible gracias al profesionalismo de los funcionarios públicos y a la elaboración de leyes e indicaciones claras. La rendición de cuentas a las autoridades sería regular y periódica, y la fiscalización se realizaría permanentemente, pudiendo sustituir al funcionario que no cumpliera sus funciones.

Se constituyó la obligatoria e inmediata observancia de la ley. Durante los siglos XVI y XVII muchas ordenanzas enviadas desde la metrópoli fueron «acatadas, mas no cumplidas» por las autoridades coloniales. Según el historiador Céspedes del Castillo, la meta reformadora consistió en sustituir esa fórmula por otra como esta: «Obedezco, cumplo e informo de haberlo hecho con rapidez y exactitud». Por último se limitaron el poder del arzobispado y las funciones de los obispos, reduciendo el poder de la iglesia.

Reformas económicas

Se fortalecieron y regularon las actividades económicas. España debía recuperar el comercio con sus posesiones de ultramar, arrebatándoselo a los franceses e ingleses, y combatir el contrabando. Se mejoró el sistema fiscal. También se aumentaron los impuestos y se crearon aduanas, encargadas de recaudar los impuestos del comercio interior y exterior.

Felipe V ratificó las medidas mercantilistas, como la prohibición de importar manufacturas textiles o la de exportar grano; y se intentó reanimar el comercio colonial a través de la creación de compañías privilegiadas de comercio (al estilo de los Países Bajos o el Reino de Gran Bretaña) aunque no tuvieron demasiado éxito. Las cláusulas del tratado de Utrecht, que daban a Inglaterra el derecho a un navío de permiso y el asiento de negros, hacían que fuera más sencillo para los comerciantes ingleses que para los españoles (sujetos a las reglamentaciones monopolísticas de la flota de Cádiz y la Casa de Contratación).

Reformas educativas

El control de la educación pasa a manos del Estado. La instrucción también fue objeto de reforma; la enseñanza primaria siguió en manos de las órdenes religiosas ante la falta de profesorado competente. Sin embargo, la educación universitaria fue reformada a fondo. Se crearon nuevas instituciones de educación superior llamadas «colegios mayores», que eran administrados por el Estado, como el Colegio de Minería; en ellos se implantó el sistema de provisión de becas. Las academias científicas completaron las reformas en este campo.

Política exterior (1715–1724)

Los protagonistas de este período fueron Isabel de Farnesio y el primer ministro Giulio Alberoni, agente de la corte de Parma que había negociado su enlace matrimonial y que actuó como el hombre fuerte en la Corte. La muerte de su abuelo Luis XIV de Francia produjo el ascenso como regente de Francia del duque de Orleans, enemigo personal de Felipe V, frustrando toda posible aspiración a intervenir de algún modo en Versalles. Esto llevó a un giro en la política exterior, que se sumó al producido en el interior.
Cabe destacar de esta fase la política exterior, que partió del rechazo de los tratados de Utrecht y Rastatt y tuvo como objetivo la recuperación de los territorios italianos para situar en ellos a los hijos de Isabel de Farnesio y crear reinos satélites de España.

En 1717 las tropas españolas conquistaron Cerdeña e invadieron Sicilia al año siguiente. Por ello, Gran Bretaña, Francia, Holanda y Austria firmaron la Cuádruple Alianza contra España. Una escuadra inglesa destruyó la armada española en Cabo Pesaro y los aliados solicitaron la dimisión de Giulio Alberoni, promotor de esta política, como condición para la paz.

Abdicación, reinado de Luis I y recuperación del trono (1724)


Retrato de Luis I, rey de España, por Jean Ranc (c. 1724).
Óleo sobre lienzo, 108 x 84 cm, Museo del Prado (Madrid).
 
El 10 de enero de 1724, el rey Felipe V firmó un decreto por el que abdicaba en su hijo Luis, de diecisiete años, casado con Luisa Isabel de Orleans, dos años menor que éste. El príncipe recibió los documentos el 15, siendo publicada la disposición al día siguiente. Los motivos de esta abdicación son objeto de discusión. Durante la época se dijo que el monarca esperaba acceder al trono de Francia ante una posible muerte prematura de Luis XV que le convertiría en su sucesor, siempre y cuando no ocupara el trono español (puesto que el Tratado de Utrecht prohibía que España y Francia estuvieran regidos por una misma persona). O también es posible que la abdicación de Felipe V fuese la acción de un hombre enfermo de mente que es consciente de que no está en condiciones de gobernar y elige apartarse de las responsabilidades de Gobierno. Este último punto de vista es el que defendió el historiador Pedro Voltes: Felipe V abdicó a causa de la fuerte depresión que sufría en aquellos años.

Los reyes padres Felipe e Isabel se retiraron al Palacio Real de La Granja de San Ildefonso, pero la reina estuvo siempre perfectamente informada de lo que sucedía en la corte de Madrid.

Luis I reinó sólo durante ocho meses. A mediados de agosto enfermó de viruela y murió el 31. Al haber abdicado Felipe V, su sucesor tendría que haber sido el otro hijo varón Fernando, de once años de edad, pero la rápida actuación de la reina Isabel de Farnesio lo impidió. Tuvo que hacer frente a ciertos sectores de la nobleza castellana que apoyaban la opción de Fernando argumentando que no cabía la marcha atrás en la abdicación de un rey. «El mismo confesor del rey, padre Bermúdez, entendía que era pecado mortal reasumir una corona a la cual había renunciado con todas las solemnidades. El confesor reunió luego, a petición del monarca, una junta de teólogos en el convento de jesuitas, la cual fue contraria a que Felipe V volviera al trono y sólo estaba dispuesta a aprobar que ejerciera el poder como regente de su hijo y heredero, Fernando. Ni como regente ni como rey ni como nada, contestó Felipe V colérico, deseoso de rumiar en paz su depresión». Para contrarrestar la opinión de los teólogos, la reina presionó al Consejo de Castilla para que pidiera a Felipe V que recobrara el trono. El 6 de septiembre de 1724, una semana después de la muerte de su hijo, Luis, Felipe V volvía a ostentar la Corona de la Monarquía de España, y su hijo Fernando era proclamado como el nuevo Príncipe de Asturias y jurado poco después por las Cortes de Castilla, convocadas con tal fin.

Política exterior (1725–1746)

En 1725 se firmaron tratados de paz y alianza con Carlos VI de Austria, y al año siguiente comenzó la guerra hispano-británica. Esta rivalidad, originada de las ventajas que había obtenido Inglaterra en el Tratado de Utrecht, marcó el resto del reinado con incesantes incidentes marítimos (desde 1739 la conocida con el nombre de Guerra del Asiento). La organización de la Liga de Hannover entre las potencias europeas recelosas del tratado hispano-austriaco obligó a denunciarlo y a firmar el Convenio de El Pardo (1728) que reconoció definitivamente la vigencia del Tratado de Utrecht. Bajo la dirección de Patiño se reorientó la política exterior, buscando la alianza con Francia a través del Primer Pacto de Familia (1733), en el contexto de la Guerra de Sucesión Polaca.

La ambivalente posición frente al tratado de Utrecht y la política europea de Francia también tuvieron como objetivo la recuperación de los territorios italianos para situar en ellos a los hijos de Isabel de Farnesio y crear reinos satélites de España. La tarea fue encomendada a Carlos, el futuro Carlos III de España, que empezó por Plasencia, Parma y Toscana (1732) para luego ocupar el trono de Nápoles en 1734 (los tres ducados hubieron de ser devueltos a Austria, para ser más tarde recuperados, menos Toscana, por el infante Felipe). España volvió a ser una potencia naval, dominando el Atlántico, y a tener en cuenta en el Mediterráneo Occidental (aunque Inglaterra siguió controlando Gibraltar y Menorca). El nuevo ministro José del Campillo y Cossío, en el contexto de la Guerra de Sucesión Austríaca llevó al Segundo Pacto de Familia (1743).

Sacro Imperio Romano Germánico

El tratado de Viena de 1725 fue firmado por Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico y Felipe V de España. Según los términos del acuerdo, Carlos VI renunciaba a sus aspiraciones al trono español mantenidas durante la guerra de sucesión española, mientras Felipe V renunciaba a los territorios del Imperio en Italia y los Países Bajos.
En la firma del tratado comparecieron Eugenio de Saboya, Felipe Ludovico y Gundavaro Thomas en nombre de Carlos VI y Juan Guillermo Ripperdá en representación de Felipe V.

Dinamarca

El tratado de San Ildefonso de 1742, firmado entre Felipe V (España) y Cristián VI (Dinamarca), fue un tratado de amistad, navegación y comercio por el que se establecían las condiciones por las que se regirían las relaciones comerciales entre ambos países.
En la firma del tratado comparecieron José del Campillo y Cossío en nombre de Felipe V y Federico Luis, barón de Dehn, por parte de Cristián VI, quienes ajustaron el acuerdo en el Palacio Real de La Granja de San Ildefonso el 18 de julio de 1742. El acuerdo quedaría anulado en 1753.

Francia, Nápoles y la República de Génova

El tratado de Aranjuez de 1745 fue una alianza militar pactada entre los reinos de España, Francia y Nápoles con la República de Génova, para apoyar a ésta última frente a los ataques de Cerdeña y Austria, en el marco de la Guerra de Sucesión Austriaca.

A la redacción y firma del tratado, concluido en Aranjuez el 1 de mayo de 1745, asistieron Sebastián de la Cuadra, en nombre de Felipe V de España, Luis Guido Guerapin Baureal, en representación del rey Luis XV de Francia, Esteban Reggio y Gravina, enviado de Carlos VII de Nápoles, y Jerónimo Grimaldi en nombre de la república de Génova.

Pactos de Familia

Los Pactos de Familia fueron tres alianzas acordadas en distintas fechas del siglo XVIII entre las monarquías de España y Francia. Deben su nombre a la relación de parentesco existente entre los reyes firmantes de los pactos, todos ellos pertenecientes a la Casa de Borbón. España se dio cuenta de que le convenía una política de amistad con Francia, por lo que se firmó un acuerdo por el que se ligaban militarmente. Dos de ellos se firmaron en la época de Felipe V, y los pactos llevaron a España a una serie de guerras europeas de la época:
  • Primer pacto: firmado en 1734, hace intervenir a España en la guerra de sucesión de Polonia, que acaba con el tratado de Viena en 1738. En este tratado, el príncipe Carlos obtiene Nápoles y Sicilia.
  • Segundo pacto: España entra en la guerra de sucesión de Austria en 1743, y cuando acaba esta guerra en 1748, Felipe V había muerto, y por el tratado de Aguisgrán, el príncipe Felipe obtiene los ducados de Parma, Plasencia y Guastalla.

Fallecimiento

Durante los últimos años de su reinado, la enfermedad mental y el deterioro físico de Felipe V se fueron acentuando —«hasta los pintores de cámara, como Jean Ranc y Van Loo, habían tenido que reflejar la decrepitud del rey, hinchado y torpe, con las piernas arqueadas y la mirada perdida»—, hasta que en la noche del 9 de julio de 1746 murió de un ataque cerebrovascular. Apenas transcurrida una semana de la muerte de su padre, el nuevo rey Fernando VI —el único hijo varón de su primer matrimonio que le había sobrevivido— ordenó a su madrastra, la reina viuda Isabel de Farnesio —quien había sometido a los príncipes de Asturias a una especie de «arresto domiciliario» durante casi quince años—, que abandonara el palacio real del Buen Retiro y se marchara a vivir a una casa de la duquesa de Osuna, acompañada de sus hijos, los infantes Luis y María Victoria. Al año siguiente fue desterrada de Madrid y su residencia quedó fijada en el palacio de La Granja de San Ildefonso. Cuando la reina viuda protestó por medio de una carta en la que le decía al rey que «desearía saber si he faltado en algo para enmendarlo», Fernando VI le respondió con otra misiva en la que decía: «lo que yo determino en mis reinos no admite consulta de nadie antes de ser ejecutado y obedecido»—.


Sepulcro de Felipe V e Isabel de Farnesio en la Real Colegiata de la Santísima Trinidad,
en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso (provincia de Segovia).
 
Por expreso deseo de Felipe V, su cuerpo no fue enterrado en la cripta real del Monasterio de El Escorial, como lo habían sido los reyes de la casa de Austria y también lo serían sus sucesores Borbón (salvo, asimismo, Fernando VI), sino en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso ubicado en la localidad de La Granja de San Ildefonso (provincia de Segovia), que había sido preferido por él en vida, como un capricho arquitectónico mucho más de su agrado y que le recordaba a la añorada corte francesa.

Los restos de Felipe V reposan junto con los de su segunda esposa Isabel de Farnesio en un mausoleo emplazado en la Real Colegiata de la Santísima Trinidad, en la llamada Sala de las Reliquias, dentro del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, a pocos kilómetros de Segovia.

Personalidad de Felipe V

El noble francés Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon hizo una pequeña descripción generalizada del primer Rey de España de la Casa de Borbón cuando era embajador de Francia en Madrid:
Felipe V, Rey de España, posee un gran sentido de la rectitud, un gran fondo de equidad, es muy religioso, tiene un gran miedo al diablo, carece de vicios y no los permite en los que le rodean.
Louis de Rouvroy, Duque de Saint-Simon
Sin embargo, la historiadora francesa Janine Fayard afirma:
El despacho le aburría, no sabía divertirse y al final de su vida este aburrimiento le llevaría a sumirse en una inercia total, preso de una profunda melancolía patológica. Solo la guerra lo sacó por breves momentos de su apatía congénita, lo que le valió el sobrenombre de «animoso». Toda su vida estuvo dominado por sus familiares. Pronto aparecieron caricaturas alusivas. Una de ellas lo muestra guiado por el cardenal Portocarrero y el embajador de Francia, duque de Harcourt, con esta inscripción: «Anda, niño, anda porque el cardenal lo manda»
En la misma línea que la historiadora francesa, el historiador Pedro Voltes destacó el deterioro mental de Felipe V a lo largo de su vida. Así relata una de las múltiples crisis que padeció:
El príncipe Fernando fue admitido alguna que otra vez a la presencia de su padre, que se había recluido en El Pardo. Allí pudo captar con sus propios ojos los tragicómicos desatinos del soberano: se había empeñado en llevar siempre una camisa usada antes por la reina, porque temía que le envenenasen con una camisa; otras veces prescindía de esa prenda y andaba desnudo ante extraños; se pasaba días enteros en la cama en medio de la mayor suciedad, hacía muecas y se mordía a sí mismo, cantaba y gritaba desaforadamente, alguna vez pegó a la reina, con la cual se peleaba a voces y repitió tanto sus intentos de escaparse que fue preciso poner guardias en su puerta para evitarlo. Peor aún: en cierto momento en que pudo disponer de papel y pluma, compuso rápidamente una carta de abdicación y la mandó al presidente del Consejo de Castilla, supremo órgano de gobierno, para que reuniera a los consejeros y los enterase de que cedía la corona, al príncipe Fernando, su heredero. El presidente, arzobispo de Valencia, era adicto a la reina y entretuvo la carta hasta informar a ésta. Isabel Farnesio se espantó y encolerizó y mandó reforzar la vigilancia sobre su esposo.
Una valoración parecida es la que realiza el también historiador Ricardo García Cárcel:
Felipe V reinó dos veces. Hay ciertamente un primer Felipe, antes de 1724, que quiso ser rey... Pero tras la muerte de su hijo Luis, el Felipe V que vuelve a ejercer como rey ya no será el mismo. Kamen vio la abdicación no solo guiada por motivos religiosos —versión oficial—, sino producida por la incidencia de la enfermedad depresiva que se manifestaba ya de manera galopante. [...] El segundo Felipe es un rey, ante todo, consorte de su mujer, Isabel de Farnesio, que usó con frecuencia la frase «el rey y yo», como emblema de una singular monarquía dual en la que quien tomaba las decisiones era la reina. El estado psicopatológico de Felipe a lo largo de estos años fue calamitoso —aunque la enfermedad viniera de lejos— y hay que valorar positivamente el cierto descaro de Kamen a la hora de romper con las pudorosas valoraciones de la psicología del rey por parte de la historiografía romántica, que siempre prefirió creer en un rey secuestrado en la alcoba por su mujer —como lo creía Macanaz— antes que un rey inhabilitado mentalmente para reinar.

Matrimonios e hijos

Felipe V de España contrajo matrimonio con su prima, María Luisa Gabriela de Saboya (17 de septiembre de 1688 – 14 de febrero de 1714), el 2 de noviembre de 1701 y tuvieron cuatro hijos:
  1. Luis I (25 de agosto de 1707 – 31 de agosto de 1724), rey de España. Casado con Luisa Isabel de Orleans, sin descendencia.
  2. Infante Felipe (2 de julio de 1709 – 8 de julio de 1709).
  3. Felipe Pedro (7 de junio de 1712 – 29 de diciembre de 1719).
  4. Fernando VI (23 de septiembre de 1713 – 10 de agosto de 1759), rey de España.

 
 

María Luisa Gabriela de Saboya


María Luisa Gabriela de Saboya (Turín, 13 de septiembre de 1688-Madrid, 14 de febrero de 1714), primera esposa de Felipe V, fue, como tal, reina consorte de España de 1701 a 1714 y, en ocasiones, regente.              

María Luisa era hija de Víctor Amadeo II, duque de Saboya y rey de Cerdeña (bisnieto de Enrique IV de Francia, primer rey francés de la dinastía de Borbón) y de Ana María de Orléans (hija de Felipe I de Orleans, hermano del rey Luis XIV de Francia). Su hermana mayor, María Adelaida de Saboya, fue duquesa de Borgoña y delfina de Francia, siendo además la madre del rey Luis XV de Francia.

Matrimonio

Contrajo matrimonio con su primo, el rey Felipe V (primer rey español de la dinastía borbónica), nieto de María Teresa de Austria, infanta de España, y de Luis XIV de Francia, el 2 de noviembre de 1701 en Figueras, con sólo 13 años.
Sometida a la influencia de la princesa de los Ursinos y el cardenal Portocarrero, fue nombrada Gobernadora y Administradora General cuando su esposo debió trasladarse a los escenarios bélicos en 1702. Actuó con responsabilidad durante la Guerra de Sucesión.

Muerte

Fue madre de Luis I y de Fernando VI. Falleció a los 25 años en 1714, a causa de una Tuberculosis ganglionar. Sus restos descansan en la Cripta Real del Monasterio de El Escorial.
Cabe destacar que María Luisa fue una eficaz reina regente y una gobernadora muy competente y dedicada a los destinos nacionales españoles.

Legado

Fue apodada La Saboyana por sus súbditos que la adoraban y fue muy querida en España. Después de su muerte, dos de sus hijos, su hijo menor y mayor, se convertirían en reyes de España.



Retratos de Don Felipe V y Doña Maria-Luisa Gabriela de Saboya, Reyes de las Españas y de las Indias, con el Infante Luis, Príncipe de Asturias; obra de Miguel Jacinto Meléndez, 1708.



Luis I de España


Luis I de España, llamado «el Bien Amado» o «el Liberal» (Madrid, 25 de agosto de 1707-ibídem, 31 de agosto de 1724), fue rey de España desde el 15 de enero de 1724 hasta su muerte 229 días después, lo que convierte a su reinado en el más efímero de la historia de España. Era el hijo mayor de Felipe V y María Luisa de Saboya.

Príncipe de Asturias                

El 7 de abril de 1709, fue jurado como príncipe de Asturias en las Cortes reunidas en el monasterio de San Jerónimo de Madrid y, el 10 de enero de 1724, el rey Felipe V firmó un decreto por el que abdicaba en favor de su hijo Luis. El príncipe recibió los documentos el 15 y se publicó la disposición al día siguiente.

Luis como Príncipe de Asturias en 1723.

Matrimonio

Luis estaba casado con la princesa francesa Luisa Isabel de Orleans, hija de Felipe II de Orleans, desde 1722. Cuando contrajeron matrimonio, él tenía quince años y ella doce.
Luisa Isabel, como reina, se hizo acreedora de fuertes censuras por su conducta extravagante debido al trastorno límite de la personalidad que padecía. Luisa Isabel se presentaba ante toda la corte sucia y maloliente, se negaba a utilizar ropa interior e intentaba provocar al personal exponiendo sus partes vergonzantes de un modo sibilino. También se dice que rechazaba tocar la comida en la mesa, pero luego se escondía y engullía de modo compulsivo todo lo que encontraba a mano, fuera o no comestible. Su comportamiento parecía empeorar con el tiempo, ya que de la noche a la mañana, se la ve limpiando pañuelos, cristales, baldosas, azulejos y tejidos de toda índole en el palacio. Los súbditos allí presentes ven atónitos cómo la soberana se desnuda, agarra su vestido y se afana en limpiar con él los cristales del salón. Incluso Luis horrorizado ante la situación escribió a su padre:
"No veo otro remedio que encerrarla lo más pronto posible, pues su desarreglo va en aumento".

Muerte

Sin embargo, cuando el joven rey enfermó de viruela en agosto de ese mismo año, lo cuidó solícitamente, exponiéndose al contagio, como así ocurrió aunque con distinto desenlace al de su esposo. A los siete meses de haber ascendido al trono el monarca murió de viruela en Madrid el 31 de agosto de 1724, con diecisiete años recién cumplidos.

Este reinado relámpago fue intrascendente por su brevedad y porque, en realidad, no se gobernaba tanto desde Madrid (corte de Luis I), cuanto desde el Real Sitio de La Granja (en la localidad segoviana de San Ildefonso), la otra corte paralela de Felipe V y de su mujer Isabel de Farnesio, pues Luis I se ocupaba únicamente de fiestas con sus amigos. Su padre volvió al trono después de su muerte y la reina viuda Luisa Isabel fue enviada de regreso a Francia, puesto que su estancia en España era inútil y gozaba de pocas simpatías en la Corte española. No tuvieron descendencia.




Luisa Isabel de Orleans


Luisa Isabel de Orleans (Versalles, 9 de diciembre de 1709 - París, 16 de junio de 1742), fue reina consorte de España, esposa de Luis I. Era hija de Felipe, duque de Orleans y regente de Francia durante la minoría de edad de Luis XV, y de Francisca María de Borbón, duquesa de Orleans. Luisa Isabel era sobrina nieta del rey Luis XIV de Francia por parte de su padre y nieta de él por su madre.
Fue conocida en la corte española, sobre todo, por su comportamiento inapropiado debido al Trastorno límite de la personalidad (TLP) que padecía. Los miembros de la corte empezaron a llamarla La reina loca.
   
Luisa Isabel fue una de las siete hijas de Felipe II de Orleans y de su esposa Francisca María de Borbón. Su madre era hija legitimada de Luis XIV de Francia y de su amante, Madame de Montespan. Como miembro de la reinante Casa de Borbón, Luisa Isabel era una princesa de sangre.
Nació en el Palacio de Versalles, y fue la cuarta hija sobreviviente de sus padres (su hermana mayor, Mademoiselle de Valois, murió un año después de su nacimiento). Antes de su matrimonio, era conocida como Mademoiselle de Montpensier. Creció con un hermano y cinco hermanas.

Debido a que casi nadie le prestaba atención cuando era niña, Luisa Isabel recibió poca educación y parecía destinada a casarse con algún príncipe alemán o italiano que no fuera muy conocido. Al igual que su hermana menor, Diana, fue educada en un convento. Estuvo muy unida a su hermano, Luis, Duque de Chartres por nacimiento, que, al morir su padre en 1723, heredaría el título de Duque de Orleans.

Desde su llegada a la Corte de los Borbones españoles, Luisa Isabel fue protagonista de numerosos incidentes, como pasearse sin ropa, eructar, ventosear en público, corretear por los pasillos y treparse a los árboles, síntomas del Trastorno límite de la personalidad (TLP) y de la bulimia que padecía.

Se presentaba ante toda la corte sucia y maloliente, negándose a utilizar ropa interior e intentaba provocar al personal exponiendo sus partes vergonzantes de un modo sibilino. También se dice que se negaba a tocar la comida en la mesa, pero luego se escondía y engullía de modo compulsivo todo lo que encontraba a mano, fuera o no comestible. Su comportamiento parecía empeorar con el tiempo, ya que de la noche a la mañana se la ve limpiando pañuelos, cristales, baldosas, azulejos y tejidos de toda índole en el palacio. Los súbditos allí presentes ven atónitos cómo la soberana se desnuda, agarra su vestido y se afana en limpiar con él los cristales del salón. Su marido, el rey Luis, destrozado, escribe a su padre:
"No veo otro remedio que encerrarla lo más pronto posible, pues su desarreglo va en aumento".

Reina de España

Luisa Isabel se convirtió en reina consorte de España al producirse la abdicación de su suegro, el rey Felipe V, el 15 de enero de 1724. El carácter de Luisa Isabel fue el origen de desavenencias entre la pareja real, y la reina llegó en una ocasión a estar encerrada en sus habitaciones durante seis días por su comportamiento.
Pocos meses después de acceder al trono, Luis contrajo viruela y Luisa Isabel cuidó y permaneció junto a su marido hasta su muerte, el 31 de agosto de 1724. Luisa Isabel contrajo la viruela pero pudo recuperarse al ser, en su caso, menos maligna. Los reyes Luis I y Luisa Isabel no tuvieron descendencia.

Muerte

La reina, ya viuda, regresó a Francia por voluntad de la reina Isabel de Farnesio. Tras permanecer en un convento durante dos años, residió el resto de su vida en el Palacio de Luxemburgo, situado en París. Fue enterrada en la capital francesa.




                      Infante Felipe (2 de julio de 1709 - 8 de julio de 1709)




           

                   Felipe Pedro (7 de junio de 1712 – 29 de diciembre de 1719).




Fernando VI de España


Fernando VI de España, llamado «el Prudente» o «el Justo» (Madrid, 23 de septiembre de 1713-Villaviciosa de Odón, 10 de agosto de 1759), fue rey de España desde 1746 hasta 1759, tercer hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya. Se casó en la iglesia de San Juan Bautista de Badajoz con Bárbara de Braganza en 1729, que fue reina de España hasta su muerte en 1758.            

Príncipe de Asturias

Cuando Fernando nació el 23 de septiembre de 1713 —siendo bautizado sin gran solemnidad en la iglesia franciscana de San Gil, el 4 de diciembre— tenía por delante en la sucesión al trono a dos hermanos mayores Luis y Felipe Pedro, nacidos en 1707 y 1712, respectivamente —un tercer hermano, mayor que él, había muerto en 1709 al poco de nacer—. Pero cuando tenía seis años falleció Felipe Pedro, por lo que Fernando quedó el segundo en la sucesión tras el príncipe de Asturias, Luis, seis años mayor que él.

La infancia de Fernando estuvo marcada por el hecho de que su madre, la reina María Luisa Gabriela de Saboya, falleció a los cinco meses de su nacimiento, y de que su padre contrajo nuevas nupcias siete meses después de haber enviudado con la princesa del ducado de Parma, Isabel de Farnesio, que le dio seis hijos que prosperaron —el primero fue el infante Carlos nacido el 20 de enero de 1716—. Así la nueva reina se preocupó más por la suerte y el futuro de sus propios hijos —dedicando todos sus esfuerzos en conseguirles en Italia un estado propio sobre el que pudieran reinar, lo que determinó en buena medida la política exterior de la Monarquía de Felipe V durante las décadas siguientes— que por la de sus hijastros. Además, el rígido protocolo de la corte impedía el contacto directo de los príncipes con los reyes —ni comían juntos, ni asistían a actos oficiales con sus padres—, así que Luis y Fernando se comunicaban con su padre —y con su madrastra— a través de cartas escritas en francés, que era la lengua que utilizaba la familia.

En 1721, tras cumplir los siete años, el infante Fernando fue dotado de «cuarto aparte para que en él le sirvan y asistan sólo hombres, y para el cuidado de su persona, su asistencia y educación [el rey] ha resuelto nombrar al conde de Salazar, con el título de gobernador de la casa de S.A.».


Retrato del infante Fernando cuando tenía diez años de edad,
obra del pintor de cámara Jean Ranc (1723)
 
Lo que cambió definitivamente el destino del infante Fernando fueron los acontecimientos ocurridos en 1724, durante los cuales estuvo cerca de convertirse en rey a los once años de edad. El 10 de enero de 1724 el rey Felipe V firmó un decreto por el que abdicaba en su hijo Luis, de diecisiete años, casado con Luisa Isabel de Orleans, dos años menor que él, pero Luis I de España reinó sólo durante ocho meses ya que a mediados de agosto enfermó de viruela y murió el 31. Al haber abdicado Felipe V, su sucesor tendría que haber sido Fernando pero la rápida actuación de la reina Isabel de Farnesio lo impidió. Tuvo que hacer frente a ciertos sectores de la nobleza castellana que apoyaban la opción del príncipe Fernando argumentando que no cabía la marcha atrás en la abdicación de un rey y le costó convencer al propio rey para que volviera a reinar, pero el 7 de septiembre de 1724, una semana después de la muerte Luis I, Felipe V volvía a ostentar la Corona de la Monarquía de España, y Fernando era proclamado como el nuevo Príncipe de Asturias y jurado el 25 de noviembre por las Cortes de Castilla, convocadas con tal fin.

Durante la mayor parte de los veintidós años en que fue Príncipe de Asturias (1724-1746), Fernando y su esposa, la princesa portuguesa Bárbara de Braganza con quien se había casado en enero de 1728, vivieron aislados de la corte y con las visitas restringidas. La orden de 1733 de "esta especie de arresto domiciliario" de los príncipes, como la llamó el historiador Pedro Voltes, partió de la reina Isabel de Farnesio que quería impedir que mantuvieran contactos con los grupos "casticistas" y "contestatarios" de la nobleza castellana y de la corte que propugnaban una nueva abdicación de Felipe, cuya salud mental continuaba deteriorándose.


Así el reglamento de la conducta del príncipe de Asturias aprobado en el verano de 1733 —poco después de la vuelta a Madrid de la corte después de deambular por Sevilla y otras poblaciones andaluzas durante los cinco años anteriores para intentar restablecer la salud mental y física del rey— determinaba que "don Fernando y doña Bárbara podrían ser visitados cada uno por sólo cuatro personas, cuyo nombre y cargo se indicaba. No podrían recibir a otros embajadores que los de Francia y Portugal. Los príncipes no debían comer en público ni salir de paseo ni ir a ningún templo o convento. [...] Se suprimió también la asistencia del príncipe al Consejo de Gobierno y todo despacho con él, y en especial cualquier trato con [el "primer ministro"] Patiño y los ministros, y, en suma, toda visita suya a sus padres".

Durante los últimos años de su reinado, la enfermedad mental y el deterioro físico de Felipe V se fueron acentuando —"hasta los pintores de cámara como Jean Ranc y Van Loo, habían tenido que reflejar la decrepitud del rey, hinchado y torpe, con las piernas arqueadas y la mirada perdida"—, hasta que en la noche del 9 de julio de 1746 murió de un ataque cerebrovascular. Apenas transcurrida una semana de la muerte de su padre, el nuevo rey Fernando VI ordenó a su madrastra, la reina viuda Isabel de Farnesio, que abandonara el palacio real del Buen Retiro, y se marchara a vivir a una casa de la duquesa de Osuna, acompañada de sus hijos, los infantes Luis y María Victoria. Al año siguiente fue desterrada de Madrid y su residencia quedó fijada en el palacio de La Granja de San Ildefonso —cuando la reina viuda protestó por medio de una carta en la que le decía al rey que «desearía saber si he faltado en algo para enmendarlo», Fernando VI le respondió con otra misiva en la que decía: «lo que yo determino en mis reinos no admite consulta de nadie antes de ser ejecutado y obedecido»—.

El reinado

Cuando llegó al trono, España se encontraba en la Guerra de Sucesión Austriaca, que terminó al poco tiempo (Paz de Aquisgrán, 1748) sin ningún beneficio para España. Comenzó su reinado eliminando la influencia de la reina viuda Isabel de Farnesio y de su grupo de cortesanos italianos. Establecida la paz, el rey impulsó una política de neutralidad y paz en el exterior para posibilitar un conjunto de reformas internas. Los nuevos protagonistas de estas reformas fueron el Marqués de la Ensenada, francófilo; y José de Carvajal y Lancaster, partidario de la alianza con Gran Bretaña. La pugna entre ambos terminó en 1754 al morir Carvajal y caer Ensenada, pasando Ricardo Wall a ser el nuevo hombre fuerte de la monarquía.

El 30 de agosto de 1749, Fernando VI autorizó una persecución con el fin de arrestar y extinguir a los gitanos del reino, conocida como la Gran Redada.
Mediante la ordenanza del 2 de julio de 1751 prohibió la masonería.

Los proyectos de Ensenada

Algunos de los más importantes proyectos durante el reinado fueron llevados a cabo por el marqués de la Ensenada, secretario de Hacienda, Marina e Indias. Planteó la participación del Estado para la modernización del país. Para ello era necesario mantener una posición de fuerza en el exterior para que Francia y Gran Bretaña considerasen a España como aliada, sin que ello supusiese una renuncia de Gibraltar.
Entre los proyectos del marqués de la Ensenada encontramos:
  • El nuevo modelo de la Hacienda, planteado por Ensenada en 1749. Intentó la sustitución de impuestos tradicionales por un impuesto único, el catastro, que gravaba en proporción a la capacidad económica de cada contribuyente. Propuso también la reducción de la subvención económica por parte del Estado a las Cortes y al ejército. La oposición de la nobleza hizo que se abandonase el proyecto.
  • La creación del Giro Real en 1752, un banco para favorecer las transferencias de fondos públicos y privados fuera de España. Así, todas las operaciones de intercambio en el extranjero quedaron en manos de la Real Hacienda, lo que beneficiaba al Estado. Se le puede considerar el antecesor del Banco de San Carlos, que se instituyó durante el reinado de Carlos III.
  • El impulso del comercio americano, que pretendió acabar con el monopolio de las Indias y eliminar las injusticias del comercio colonial. Así se apoyó a los navíos de registro frente al sistema de flotas. El nuevo sistema consistía en la sustitución de las flotas y galeones para que un barco español, previa autorización, pudiera comerciar libremente con América. Esto incrementó los ingresos y disminuyó el fraude. Aun así, este sistema provocó muchas protestas en los comerciantes del sector privado.
  • La modernización de la marina. Una poderosa marina era fundamental para una potencia con un imperio en ultramar y aspiraciones a ser respetada por Francia y Gran Bretaña. Para ello, el Marqués de la Ensenada incrementó el presupuesto y amplió la capacidad de los astilleros de Cádiz, Ferrol, Cartagena y La Habana, lo que supuso el punto de partida del poder naval español en el siglo XVIII.
  • Las relaciones con la Iglesia, que fueron muy tensas desde los inicios del reinado de Felipe V a causa del reconocimiento del archiduque Carlos como rey de España por el Papa. Se mantuvo una política regalista que perseguía tanto el objetivo fiscal como político y cuyo logro decisivo fue el Concordato de 1753. Por éste se obtuvo del papa Benedicto XIV el derecho de Patronato Universal, que supuso importantes beneficios económicos a la Corona y un gran control sobre el clero.
  • Florecimiento cultural con la creación en 1752 de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
  • Prisión general de gitanos, un intento de exterminar a los gitanos mediante su arresto y posterior separación de los hombres y de las mujeres, obligándolos a trabajar a ellos en astilleros y minas y a las mujeres en fábricas. Los menores de 14 años fueron internados en instituciones religiosas.

La política exterior de Carvajal

Durante la Guerra de Sucesión Austriaca y la de los Siete Años, España reforzó su poderío militar.
El principal conflicto fue el enfrentamiento con Portugal por la colonia de Sacramento, desde la que se facilitaba el contrabando británico por el Río de la Plata. José de Carvajal consiguió en 1750 que Portugal renunciase a tal colonia y a su pretensión de libre navegación por el Río de la Plata. A cambio, España cedió a Portugal dos zonas en la frontera brasileña, una en la Amazonia y la otra en el sur, en la que se encontraban siete de las treinta reducciones guaraníes de los jesuitas. Los españoles tuvieron que expulsar a los misioneros jesuitas, lo que generó un enfrentamiento con los guaraníes que duró once años.

El conflicto de las reducciones provocó una crisis en la Corte española. Ensenada, favorable a los jesuitas, y el padre Rávago, confesor del Rey y miembro de la Compañía de Jesús, fueron destituidos, acusados de entorpecer los acuerdos con Portugal.

El último año: el «año sin rey» (agosto 1758-agosto 1759)
Retrato del rey Fernando VI, por Louis-Michel van Loo.


Mausoleo del rey Fernando VI (Convento de las Salesas Reales, en Madrid).
 
La reina Bárbara de Braganza no gozaba últimamente de buena salud. "Padecía especialmente una tos continua, que la obligaba a veces a suspender las cultas veladas que se organizaban casi diariamente en palacio". En la primavera de 1758 fue trasladada a Aranjuez pensando que allí se restablecería del asma, haciendo el viaje en etapas para que no se cansara. Aunque al principio pareció mejorar, pronto volvieron los dolores y la fatiga. En julio su salud empeoró. Padecía fiebres altas que aumentaban por la tarde y la madrugada. El 25 de agosto perdió la voz. Su agonía duró dos días, falleciendo en la madrugada del 27 de agosto de 1758. Su cadáver fue llevado al Convento de las Salesas Reales en Madrid, que había sido fundado por ella, y provisionalmente guardado bajo la cripta.

El fallecimiento de la reina produjo un agravamiento en la salud del rey (los reyes estaban profundamente unidos), hasta llegar a un alto grado de locura.

Durante las periódicas recaídas de la salud de la reina, Fernando VI siempre estuvo y sufrió junto a ella, lo que debilitó su estado de salud. Algunos médicos actuales han supuesto que el rey padecía Alzheimer y que la muerte de la reina aceleró el proceso de la enfermedad. Fernando VI no participó en el cortejo fúnebre que condujo el cadáver de la reina a Madrid, sino que abandonó Aranjuez el mismo día en que murió doña Bárbara para instalarse en el castillo de Villaviciosa de Odón, acompañado por su medio hermano el infante don Luis. Se pensó que sería un buen lugar porque allí nada le recordaría a la reina y podría distraerse con su afición favorita, la caza. Pero a los diez días aparecieron los primeros síntomas de la enfermedad.
Sentía grandes temores de morir o de ahogarse y fue abandonando los asuntos y la caza. [...] El último documento que firmó es de un mes después de la defunción de su esposa y el último despacho del rey con el ministro Wall fue a principios de octubre de 1758, «de pie y en conversación». [...] El rey dejó de hablar, y fue reduciendo sus comidas hasta el punto de que no se alimentaba. Las manías hicieron su aparición y poco después se encerró en una habitación en la que había sitio escaso para una cama, donde pasó sus últimos meses  
Durante ese tiempo se mostró agresivo —«tiene unos impulsos muy grandes de morder a todo el mundo», escribió el infante Luis a su madre Isabel de Farnesio— y para calmarlo le suministraban opio; intentó suicidarse en varias ocasiones y pidió veneno a los médicos o armas de fuego a los miembros de la guardia real; jugaba a fingir que estaba muerto o, envuelto en una sábana, a que era un fantasma. Cada día estaba más delgado y pálido, lo que se unía a la dejadez en su aseo personal. No dormía en la cama sino sobre dos sillas y un taburete. Mientras esto sucedía en el castillo de Villaviciosa de Odón, por la "villa y corte" de Madrid circulaban versos como éstos:
...Si este rey no tiene cura,
¿a qué esperáis o qué hacéis?
Muy presto cumplirá un año
que sin ver a vuestro rey,
os sujetáis a una ley
hija de un continuo engaño...
Fernando VI murió el 10 de agosto de 1759, decimotercer aniversario de su proclamación como rey. Su cadáver fue trasladado al Convento de las Salesas Reales y al igual que se había hecho con los restos de su esposa, los suyos fueron guardados en un sepulcro provisional debajo del coro. Los mausoleos del rey y de la reina fueron construidos luego durante el reinado de su sucesor Carlos III y terminados en 1765. El de Fernando, diseñado por Francesco Sabatini y labrado en mármol por Francisco Gutiérrez Arribas, fue colocado en el lado derecho del crucero de la iglesia del Convento y el de doña Bárbara en el coro bajo de las monjas, detrás del de su esposo.

Fue sucedido por su medio hermano, Carlos III, hijo de Felipe V y su segunda esposa Isabel de Farnesio, al no haber tenido descendencia propia.







Bárbara de Braganza


Bárbara de Braganza (Maria Madalena Bárbara Xavier Leonor Teresa Antónia Josefa de Bragança; Lisboa, 4 de diciembre de 1711 – Madrid, 27 de agosto de 1758) fue una infanta portuguesa, hija de Juan V de Portugal y María Ana de Austria. Bárbara contrajo matrimonio en 1729 en la ciudad de Badajoz con el entonces príncipe de Asturias, Fernando VI, llegando a ser reina consorte de España. No tuvo hijos.
       
La joven Bárbara era una mujer culta, de agradable carácter, dominadora de seis idiomas y gran amante de la música desde niña. A pesar de no ser muy agraciada debido a las marcas de viruela que quedaron marcadas en su cara a la temprana edad de los catorce años, y de su figura ciertamente voluminosa, cosa que fue a más según pasaron los años, lo compensaba con una personalidad encantadora.

Fernando y Bárbara se enamoraron profundamente y vivieron aislados de la Corte durante el reinado de Felipe V por voluntad de la madrastra del príncipe, la reina Isabel de Farnesio.

En 1746 Fernando sube al trono de España y su esposa pasa a ocupar un importante papel en la corte, especialmente como mediadora entre el rey de Portugal y su esposo. Es conocida la protección que concedió al famoso cantante italiano Carlo Broschi, más conocido por el nombre de «Farinelli», y por su afición a la música, pues tuvo por maestro de clave a Domenico Scarlatti desde 1721 hasta su muerte y se sabe que tocó sus sonatas, que en su publicación fueron dedicadas a ella.

Fue también la promotora de la construcción del Convento de las Salesas Reales de Madrid. Tras su inauguración en 1757, la reina se trasladó a Aranjuez, donde falleció tras una larga agonía el 27 de agosto de 1758, provocando un estado de locura en su devastado marido. Sus restos reposan en un cuidado mausoleo, encargo posterior de Carlos III a Sabatini, en el convento que ella había fundado, dentro de la capilla del Santísimo, dando espalda al del rey, que ocupa el lado de la Epístola en el crucero.

Bárbara de Braganza es recordada como una reina moderada en sus costumbres, mecenas y amante de las artes, así como por el sincero amor y fidelidad que profesó a su marido el rey, y él a ella, cosa no tan frecuente en tiempos de matrimonios políticos o de conveniencia.

 


Segundo matrimonio

Contrajo segundas nupcias con Isabel de Farnesio (25 de octubre de 1692 – 11 de julio de 1766) el 24 de diciembre de 1714; tuvieron siete hijos:
  • Carlos III (1716 – 1788), rey de España y de las Dos Sicilias.
  • Francisco (1717). Fallecido al poco de nacer.
  • Mariana Victoria (1718 – 1781), reina de Portugal, esposa de José I.
  • Felipe (1720 – 1765), duque de Parma.
  • María Teresa (1726 – 1746), esposa de Luis, Delfín de Francia (hijo del rey Luis XV).
  • Luis Antonio (1727–1785), arzobispo de Toledo y cardenal, desde 1735 hasta 1754. Abandonó la vida eclesiástica.
  • María Antonia (1729 – 1785). Esposa de Víctor Amadeo III de Cerdeña.

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    Isabel de Farnesio


    Isabel de Farnesio (en italiano: Elisabetta Farnese; Parma, Italia; 25 de octubre de 1692 - Aranjuez, España; 10 de julio de 1766), reina consorte de España, segunda esposa de Felipe V.

    Isabel de Farnesio nació en la ciudad italiana de Parma, como la segunda hija del príncipe heredero de Parma, Eduardo II Farnesio, que murió cuando ella tenía un año, y de la condesa palatina Dorotea Sofía de Neoburgo. Su infancia estuvo rodeada de opulencia y tuvo como tutor en un primer momento a su abuelo, el duque Renato II y, después, por su tío Francisco, su padrastro tras su boda con su madre en 1696. Su educación fue excelsa.
       

    Las muertes sucesivas de su hermano mayor, Alejandro Ignacio (5 de agosto de 1693) y de su padre (6 de septiembre de 1693), la dejan como la tercera en la línea sucesoria del ducado de Parma, precedida únicamente por sus dos tíos, Francisco y Antonio Farnesio, que reinarían en el ducado de Parma uno tras el otro, muriendo sin descendencia alguna. Esto convertía a Isabel en la única y legítima heredera de los estados tanto de los Farnesio como de los Médicis (vía su bisabuela paterna, Margarita de Médicis), una vez que esta familia se extinguió en 1743.

    Fue apodada despectivamente "la parmesana". El cardenal Alberoni la describió así a su llegada a Madrid: "Se trata de una buena muchacha de veintidós años, feúcha, insignificante, que se atiborra de mantequilla y de queso parmesano y que jamás ha oído hablar de nada que no sea coser o bordar". De todas formas, en su reinado como esposa de Felipe V formó una importante colección de arte; cada cónyuge marcaba sus cuadros con un símbolo dinástico diferenciado (la flor de lis, ella; y la Cruz de Borgoña, el rey) y la reina se aficionó especialmente a los cuadros de Murillo, que compró en gran número. También fue esta real pareja la responsable de la compra de la colección escultórica de Cristina de Suecia, que incluye el Grupo de San Ildefonso y las ocho "Musas" (todos ellos expuestos ahora en el Museo del Prado).

    La reina nunca mostró afecto, sino desdén, por sus hijastros. Para ella, los descendientes del primer matrimonio del rey con María Luisa Gabriela de Saboya constituían un escollo más para lograr su principal objetivo: dotar a sus hijos Carlos (futuro Carlos III) y Felipe de un reino donde gobernar. Mientras Felipe V vivió, la relación entre Isabel y sus hijastros (sobre todo con el infante Fernando) se caracterizó por un continuo ninguneo mutuo, pese a una aparente cordialidad.

    
    Isabel de Farnesio con su hijo mayor, Carlos.
     
    Isabel tampoco se reveló como una madre amorosa con los seis hijos que tuvo, ya que consumió todo su tiempo y energías en las intrigas políticas para, precisamente, forjarles ese brillante porvenir que tanto ansiaba para ellos.

    Su política estuvo orientada a recuperar para la monarquía española los territorios italianos perdidos por el tratado de Utrecht. Así, consiguió para su hijo Carlos (futuro Carlos III) el reino de Nápoles y Sicilia además de dotar a su otro hijo, Felipe, del ducado de Parma. Cuando quedó viuda, su hijastro, Fernando VI de España, la desterró al Real Sitio de la Granja de San Ildefonso en Segovia, aunque ella se construyó otra residencia cerca, el Palacio Real de Riofrío. En esos años de destierro, Isabel de Farnesio vivió dedicada a sus tareas privadas, pero siempre atenta a la evolución del reinado de su hijastro, sobre todo atenta a la salud de Fernando VI y muy especialmente tras la muerte de su esposa, Bárbara de Braganza. Al morir aquel sin descendencia en 1759 (después de caer en un período de depresiones cercanas a la demencia), lo que propició la subida al trono de su hijo Carlos, volvió a la corte, pero las continuas peleas y discusiones con su nuera, María Amalia de Sajonia, la hicieron volver a su exilio hasta el fin de sus días en la localidad madrileña de Aranjuez.

    Fallecimiento

    En 1766 muere Isabel, siendo enterrada junto a los restos de su difunto marido Felipe V en el Palacio Real de la Granja de San Ildefonso, concretamente en un mausoleo emplazado en la Real Colegiata de la Santísima Trinidad, en la llamada Sala de las Reliquias, templo inserto en el propio palacio, ubicado en la localidad de La Granja de San Ildefonso (provincia de Segovia), a escasos kilómetros de Segovia.

    

    Felipe V e Isabel de Farnesio




    Carlos III de España

    Enlace aquí:

    Carlos III de España, llamado «el Político» o «el Mejor Alcalde de Madrid» (Madrid, 20 de enero de 1716-ibídem, 14 de diciembre de 1788), fue duque de Parma y Plasencia —como Carlos I— entre 1731 y 1735, rey de Nápoles—como Carlos VII— y rey de Sicilia —como Carlos V— de 1734 a 1759 y de España desde 1759 hasta su muerte.
                         
    Carlos era el tercer hijo varón de Felipe V que llegó a la vida adulta y el primero que tuvo con su segunda mujer, Isabel de Farnesio, por lo que fueron sus medio hermanos Luis I y Fernando VI, quienes sucedieron a su padre en un primer momento. La muerte sin descendencia de estos llevaría a Carlos a ocupar el Trono español.

    Carlos sirvió a la política familiar como una pieza en la lucha por recuperar la influencia española en Italia: heredó inicialmente de su madre los ducados de Parma y Plasencia en 1731; pero más tarde, al reconquistar Felipe V el Reino de Nápoles y Sicilia en el curso de la Guerra de Sucesión de Polonia (1733-1738), pasó a ser rey de aquellos territorios con el nombre de Carlos VII.
    Contrajo matrimonio en 1738 con María Amalia de Sajonia, hija de Federico Augusto II, duque de Sajonia y de Lituania y rey de Polonia.

    Nació el 20 de enero de 1716 a las cuatro de la madrugada en el Real Alcázar de Madrid. Su cuidadora fue María Antonia de Salcedo. Luego, fueron responsables de él un grupo de hombres a cargo de Francisco María Spínola y Spínola, duque de San Pedro. El 15 de enero 1724 su medio hermano mayor Luis heredó el trono por la abdicación de su padre en su favor, pero falleció en agosto y su padre volvió a ser rey.

    En 1729, se trasladó a Sevilla junto con su padre. Las naciones europeas, con el Tratado de Utrecht de entre 1713 y 1715 y el Tratado de Hannover de septiembre 1725, firmado como respuesta al Tratado de Viena de abril de 1725, establecieron sus posiciones en Europa. España había perdido muchos territorios e influencia tras la Guerra de Sucesión. Sin embargo, esta situación no duraría mucho ya que en los planes de Felipe V estaba recuperar sus territorios en Italia.

    Desde Sevilla, el monarca puso en marcha un plan para asegurar la sucesión de su hijo en el Ducado de Parma, firmando el Tratado de Sevilla con Inglaterra y Francia. Sin embargo, a la muerte del duque de Parma, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Carlos VI invadió esos territorios y Felipe V, al no recibir apoyo de las dos potencias, amenazó con declarar la guerra por su cuenta. En 1731, el Imperio Romano Germánico se adhirió al Tratado de Sevilla y Carlos III, con 15 años, abandonó Andalucía rumbo a Italia para ocupar sus plazas.

    El 1 de febrero de 1733 murió Augusto II, rey de Polonia, cuya monarquía no era hereditaria, sino elegida por el Parlamento polaco, el Sejm. Felipe V envió desde Sevilla un emisario a Varsovia para negociar la candidatura del infante don Felipe y la del infante Carlos. Sin embargo, sus candidatos tenían pocas posibilidades frente a otros con apoyos de Austria y Francia. Felipe V se trasladó a Madrid y firmó el Tratado del Escorial, Primer Pacto de Familia, con el que España abandonó su pretensión polaca y decidió aliarse con Francia para luchar contra el Imperio Romano Germánico a cambio de la ayuda de Francia en su campaña contra Nápoles y Sicilia, bajo el control austríaco, y para conseguir Gibraltar. La guerra en Italia se ganó, y el 10 de mayo de 1734 el infante don Carlos ordenó proclamar rey a su padre, sin embargo Felipe V cedió Nápoles y Sicilia a su hijo.

    Rey de Nápoles y Sicilia
    Carlos como Rey de Nápoles y Sicilia, Rey de las Dos Sicilias
    por Giuseppe Bonito, Madrid, Museo del Prado.
     

    Durante su reinado en Nápoles y Sicilia (Carlos VII, Carlo VII en italiano, o simplemente Carlo di Borbone, que es como se le suele llamar allí), intentó reformar y modernizar el reino, unificándolo, conquistando el afecto de los ciudadanos junto con su esposa María Amalia de Sajonia.

    Carlos contrajo matrimonio en 1738 con María Amalia Walburga de Sajonia, de 14 años. Ella era una princesa polaca de familia rica y fecunda, y su matrimonio tuvo un interés político, sin embargo fue también bien avenido. Se casaron por poderes en el Palacio de Dresde, en Sajonia, el 9 de mayo de 1738 y la boda se celebró en Nápoles el 9 de junio de ese año.

    Intentó dotar a la capital, Nápoles, del aspecto que debía tener una Corte. Hizo hincapié en mejorar las edificaciones públicas, como el Hospicio, y trató de adaptar el palacio virreinal de acuerdo con la moda que imperaba desde la construcción de Versalles. También hizo construir complejos palaciegos en otros lugares del reino, como el Palacio Real de Caserta, uno de los mayores palacios reales del mundo. Otra de sus aportaciones fue el Teatro de San Carlos, para las representaciones de ópera.
    Sus años como rey de las Dos Sicilias le dieron una experiencia muy valiosa como rey de España.

    Los barones y la Iglesia acaparaban más del 50 % de las tierras, y en el caso de los primeros tenían además jurisdicción sobre las mismas, por lo que impedían el acceso de sus vasallos a los tribunales.

    El rey limitó su influencia política, dejando clara la supremacía de la Corona, pero su poder económico siguió intacto. El 3 de julio de 1738, en ocasión de su matrimonio, fundó la Insigne y Real Orden de San Jenaro, de la cual fue su primer gran maestre.

    En 1740, uno de sus consejeros, el duque de Salas, permitió a los judíos retornar al reino, de donde habían sido expulsados por Carlos V, con la finalidad de impulsar la actividad económica. El pueblo y la Iglesia se opusieron y Salas fue destituido, derogándose el permiso. Poco después, el arzobispo Spinelli intentó introducir la Inquisición, pero el pueblo se opuso también a esta medida y hubo de desistir.

    También durante estos años encontró el monarca a algunos de los hombres que más influirían en su vida, como Bernardo Tanucci, jurista al que nombró Ministro de Justicia primero y de Asuntos Exteriores después, y que quedó como miembro del Consejo de Regencia cuando Carlos III heredó el trono español.

    Destaca el hecho de haber sido quien ordenó comenzar la excavación sistemática de las poblaciones sepultadas por la erupción del Vesubio del año 79: Pompeya, Herculano, Oplontis y las Villas Stabianas. No sólo eso, sino que en 1752, al ordenar construir una carretera hacia el sur (precursora de la actual Statale 18), salieron a la luz los restos de la ciudad de Paestum, que llevaban años cubiertos por la maleza (parte del anfiteatro yace precisamente bajo dicha carretera). Fue un hallazgo especialmente importante, porque allí se hallaban tres templos griegos en muy buen estado de conservación. Se encargaron de su estudio Felice Gazzola (un culto aristócrata y militar de confianza de Carlos, al que servía desde su época de duque de Parma) y Francesco Sabatini.

    La muerte sin descendencia de su medio hermano Fernando VI de España, hizo recaer en Carlos la Corona de España, que pasó a ocupar en 1759, dejando con gran tristeza, tanto de los reyes como del pueblo, la corona del Reino de Nápoles y Sicilia a su tercer hijo, Fernando.

    Rey de España

    Tras los fallecimientos de Luis I y de Fernando VI sin descendencia, el trono de España pasó a Carlos III, tercer hijo de Felipe V y primero de su matrimonio con Isabel de Farnesio, con gran experiencia de gobierno como rey de Nápoles. Regresó a Madrid el 9 de diciembre de 1759. Fray Sebastián de Jesús de niño le pronosticó que iba a ser rey. Carlos III a su fallecimiento promovió el proceso de beatificación, mediante una carta dirigida en mayo de 1771 al cardenal arzobispo de Sevilla, Francisco de Solís.

    Política exterior

    La Guerra de los Siete Años (1756-1763)

    El primer asunto que el rey trató fue la Guerra de los Siete Años. El monarca español se vio obligado a tomar parte en la guerra tras la ocupación británica de Honduras y la pérdida de la colonia francesa de Quebec, lo que requirió la intervención española en el conflicto para frenar el expansionismo británico por América.

    En 1761 se firmó el Tercer Pacto de Familia y España entró en el conflicto bélico. El monarca se equivocó en cuanto a la ayuda real que podía prestar Francia y el estado de sus tropas. Una escuadra inglesa de 53 buques con un ejército de 14 000 hombres consiguió tomar La Habana por la falta de entrenamiento de las milicias, en número muy inferior a los ingleses, y la incompetencia del gobernador de la plaza, Juan de Prado. Poco después una escuadra procedente de la India bombardeó y tomó Manila. Los ingleses no pudieron extender su dominio por las Filipinas gracias a la resistencia de las guerrillas organizadas por Simón de Anda. La guerra terminó con la Paz de París de 1763. España cedió a Gran Bretaña la Florida y territorios del golfo de México, a cambio de la devolución de La Habana y Manila. La Luisiana francesa pasó a manos de España, más preparada para defenderla. Portugal, aliado de los británicos, recuperó la colonia del Sacramento.

    Guerra de independencia de los Estados Unidos (1776-1783)[

    España continuó la alianza francesa. La sublevación de las Trece Colonias contra Jorge III dio a ambas potencias la ocasión para el desquite. Así, en la Guerra de la Independencia de los Estados Unidos, España intervino junto a Francia y contra Gran Bretaña.

    Desde la Declaración de Independencia (4 de julio de 1776) los sublevados recibieron ayuda española de forma solapada. En 1779 se rompieron las relaciones. Se asedió Gibraltar sin éxito, pero se pudo recuperar Menorca. Bernardo de Gálvez, gobernador de la Luisiana, ocupó Florida. Inglaterra, aislada y sin poder someter a los rebeldes, tuvo que firmar la paz.

    El Tratado de París puso fin a la guerra. España recuperó Menorca, Florida y la costa de Honduras, aunque no pudo conseguir lo mismo con Gibraltar, que los ingleses se negaron en redondo a ceder.

     España, de esta forma, contribuyó a la independencia de los Estados Unidos, hecho que creó un precedente para la emancipación de las colonias españolas en el siglo xix.

    Rusia y Prusia

    Dos nuevas potencias, Rusia y Prusia, entraron en el mapa político europeo del siglo xviii bajo los reinados de dos déspotas ilustrados: Catalina II y Federico II respectivamente. Ambos monarcas suscitaron interés y admiración en España, aunque la expansión rusa había alcanzado el Pacífico y se llegó a temer una alianza anglorrusa en el Mediterráneo. Tal evento no sólo no llegó a materializarse, sino que Rusia se opuso a la pretensión inglesa de controlar todos los movimientos marítimos en tiempo de guerra.

    Mediterráneo

    Carlos III había firmado un tratado de comercio con Turquía siendo rey de Nápoles y Sicilia, pues consideraba a este imperio un freno a los intereses ingleses, austríacos y rusos. El Monarca excluyó una alianza que estimó no sería bien recibida en el país, pero intervino en Orán que dependía del Imperio otomano, con el doble objetivo de conseguir liberar el mar de piratas berberiscos y obtener concesiones económicas. En 1775 envió una expedición militar contra Argel al mando del general O'Reilly que acabó en desastre. Después de dos nuevos ataques, en 1783 y 1784, se firmó el Tratado Hispano-Argelino de 1786.

    Pacífico

    En diversas áreas del océano Pacífico el Virreinato del Perú y el Virreinato de la Nueva España tuvieron la autorización del rey Carlos III de expandir el poder español y afianzarlo en el Gran Océano. Así pues, hubo varios intentos de incorporar la costa de Oregón y Alaska al Virreinato de la Nueva España con expediciones como la de Bruno de Heceta y otras. Mientras tanto, en el océano Pacífico Sur (llamado en ese momento los Mares del Sur) el Virreinato del Perú de Manuel de Amat y Junient ordenó dos expediciones: la primera, en la que se descubrió la isla de Pascua por Felipe González de Haedo tomando posesión de ella en nombre de Carlos III en 1770, y la segunda en 1772, capitaneada por Domingo de Bonechea que llegó al archipiélago Tuamotu y a las islas de la Sociedad donde estableció la soberanía española y la del rey sobre las islas. Los jefes de las principales aldeas de Tahití aceptaron la soberanía de España y ser súbditos de la corona española. Sin embargo, el proceso de ocupación de la Polinesia fue abandonado por el poco apoyo que le daban a esa iniciativa en Madrid y por los problemas religiosos del reino, por lo que dejaron la presencia española en esa área y abandonaron a finales de 1775.

    Política interior: despotismo ilustrado
    Carlos III con el hábito de la Orden de Carlos III,
    hacia 1783-1784. Óleo de Mariano Salvador Maella (Palacio Real).
     

    En política interior, intentó modernizar la sociedad utilizando el poder absoluto del Monarca bajo un programa ilustrado.
    En la línea de la Ilustración propia de su época, Carlos III realizó importantes cambios —sin quebrar el orden social, político y económico básico, despotismo ilustrado— con ayuda de un equipo de ministros y colaboradores ilustrados, como el Marqués de Esquilache, Aranda, Campomanes, Floridablanca, Wall y Grimaldi.

    Las reformas de Esquilache

    
    
    El Monarca nombró al marqués de Esquilache Secretario de Hacienda. Éste incorporó señoríos a la Corona, controló a los sectores eclesiásticos y reorganizó las Fuerzas Armadas. Su programa de reformas y la intervención española en la Guerra de los Siete Años necesitaron más ingresos, que se consiguieron con un aumento de la presión fiscal y nuevas fórmulas, como la creación de la Lotería Nacional. Al mismo tiempo liberalizó el comercio de los cereales, lo que originó una subida de los precios de los productos de primera necesidad a causa de las especulaciones de los acaparadores y de las malas cosechas de los últimos años. Campomanes apoyó esta medida, pero el pueblo hizo responsable de todo al siciliano.

    En marzo de 1766 se produjo el Motín de Esquilache. Su detonante fue la orden de cambiar la capa larga y el sombrero de ala ancha de los madrileños por la capa corta y el sombrero de tres picos. La tensión subió gracias a los pasquines que circulaban por la capital y que aparecían en sitios públicos, pasquines cuyo léxico y ortografía sólo podían provenir de hombres con cultura. La manipulación realizada por sectores nobiliarios y eclesiásticos lo convirtió en un ataque directo a la política reformista llevada a cabo por ministros extranjeros del gobierno del rey.

    En Madrid el punto álgido de la revuelta se produjo cuando la muchedumbre que se había congregado frente al Palacio Real se topó con la Guardia Valona, que en 1764 había cargado contra el gentío durante la boda de una de las hijas del rey, la infanta María Luisa, con el futuro emperador de Austria. Se produjo una refriega y hubo bajas por ambas partes, sin que la Guardia Española interviniera. Carlos III recabó el parecer de sus consejeros, y aunque recibió opiniones contrapuestas, acabó siguiendo el consejo del conde de Revilla Gigedo, que declaró que dimitiría de su cargo antes que ordenar disparar a la multitud.

    De Madrid, el levantamiento se trasladó a ciudades como Cuenca, Zaragoza, La Coruña, Oviedo, Santander, Bilbao, Barcelona, Cádiz y Cartagena entre otras muchas. Pero mientras que en Madrid las quejas se referían al gobierno de la nación, en las provincias las quejas se dirigían contra las autoridades locales, lo cual revela un problema subyacente de corrupción e incompetencia administrativa.

    Los amotinados exigieron la reducción del precio de los alimentos y la supresión de la Junta de Abastos, la derogación de la orden sobre la vestimenta, el cese de ministros extranjeros de Carlos III, su sustitución por españoles y un perdón general. El Monarca desterró a Esquilache y nombró en su lugar al conde de Aranda. Se tomaron medidas para acelerar la importación de cereales desde Sicilia y se reformaron los gobiernos concejiles, añadiendo a éstos diputados del estado llano elegidos por sufragio.

    La política religiosa

    Desaparecidos los ministros extranjeros, el rey se apoyó en los reformistas españoles, como Pedro Rodríguez de Campomanes, el conde de Aranda o el conde de Floridablanca. Campomanes, nombrado fiscal del Consejo de Castilla, trató de demostrar que los verdaderos inductores del motín de Esquilache habían sido los jesuitas. Se nombró una comisión de investigación y sus principales acusaciones fueron:
    • Sus grandes riquezas.
    • El control de los nombramientos y de la política eclesiástica.
    • Su apoyo al papa.
    • Su lealtad al marqués de la Ensenada.
    • Su participación en los asuntos de Paraguay.
    • Su intervención en dicho motín.
    Sectores de la nobleza y diversas órdenes religiosas estuvieron claramente en contra. Por todo ello, mediante el decreto real del 27 de febrero de 1767, se les expulsó de España y todos sus dominios y posesiones fueron confiscados.

    Reformas

    La expulsión de los jesuitas se quiso aprovechar para realizar una reforma de la enseñanza que debía fundamentarse en las disciplinas científicas y en la investigación. Sometió las universidades al patronazgo real y creó en Madrid los Estudios de San Isidro (1770), como centro moderno de enseñanza media destinado a servir de modelo, y también la Escuela de Artes y Oficios, que han perdurado hasta el siglo xx, cuando pasaron a llamarse Escuelas de Formación Profesional, EFP. Las propiedades de los jesuitas sirvieron para crear nuevos centros de enseñanza y residencias universitarias. Sus riquezas, para beneficiar a los sectores más necesitados, se destinaron a la creación de hospitales y hospicios.

    Promovió un nuevo plan de Estudios Universitarios, que fue duramente contestado por la Universidad de Salamanca, proponiendo un plan propio, que a la postre fue implantado años después.
    El impulso hacia la reforma de la agricultura durante el reinado de Carlos III vino de mano de las Sociedades Económicas de Amigos del País creadas por su ministro José de Gálvez. Campomanes, influido por la fisiocracia centró su atención en los problemas de la agricultura. En su Tratado de la Regalía de la Amortización, defendió la importancia de ésta para conseguir el bienestar del Estado y de los ciudadanos y la necesidad de una distribución más equitativa de la tierra.

    En 1787, Campomanes elaboró un proyecto de repoblación de las zonas deshabitadas de las tierras de realengo de Sierra Morena y del valle medio del Guadalquivir, creando las Nuevas Poblaciones de Andalucía y Sierra Morena. Para ello, y supervisado por Pablo de Olavide, intendente real de Andalucía, se trajeron inmigrantes centroeuropeos. Se trataba principalmente de alemanes y flamencos católicos, para fomentar la agricultura y la industria en una zona despoblada y amenazada por el bandolerismo. El proyecto fue financiado por el Estado. Se fundaron así nuevos asentamientos, como La Carolina, La Carlota o La Luisiana, en las actuales provincias de Jaén, Córdoba y Sevilla.

    Se reorganizó el ejército, al que dotó de unas Ordenanzas en 1768 destinadas a perdurar hasta el siglo XX, se impulsó el comercio colonial formando compañías, como la de Filipinas, y mediante el Reglamento de libre comercio de 1778 que liberalizó el comercio con América. También destaca el Decreto de libre comercio de granos de 1765.

    Otras medidas reformistas del reinado fueron la creación del Banco de San Carlos, en 1782, y la construcción de obras públicas, como el Canal Imperial de Aragón y un plan de caminos reales de carácter radial, con origen en Madrid y destino a Valencia, Andalucía, Cataluña y Galicia.
    Hizo un ambicioso plan industrial en el que destacan como punteras las industrias de bienes de lujo: Porcelana del Buen Retiro, Cristales de la Granja y traslada la Platería Martínez a un edificio en el paseo del Prado, pero no faltaron muchas otras para la producción de bienes de consumo, en toda la geografía española.

    Entre los planteamientos teóricos para el desarrollo de la industria destacó el Discurso sobre el fomento de la industria popular de Campomanes, para mejorar con ella la economía de las zonas rurales y hacer posible su autoabastecimiento. Las Sociedades Económicas de Amigos del País se encargaron de la industria y su teoría en esta época.

    Hizo hospitales públicos, servicios de alumbrado y recogida de basura, uso de adoquines, una buena red de alcantarillado. En Madrid, un ambicioso plan de ensanche, con grandes avenidas, monumentos como la Fuente de Cibeles, la de Neptuno, la Puerta de Alcalá, la fuente de la Alcachofa, la construcción del jardín botánico (trasladando al paseo del Prado el antiguo de Migas Calientes), el hospital de San Carlos (hoy Museo Reina Sofía), el edificio del Museo del Prado (destinado originalmente a Museo de Historia Natural).

    La sociedad

    La nobleza

    Descendió en número, debido a la desaparición de los hidalgos en los censos por las medidas restrictivas hacia este grupo por el rey. Representaba el 4 % del total de la población. Su poder económico se acrecentó gracias a los matrimonios entre familias de la alta nobleza, que propiciaron una progresiva acumulación de bienes patrimoniales. Mediante un decreto en 1783, el rey aprobó el trabajo manual y lo reconoció, favoreciendo a los nobles. A partir de ese momento, los nobles podían trabajar, cosa que antes no podían hacer, únicamente podían vivir de sus riquezas. Los títulos nobiliarios aumentaron con las concesiones hechas por Felipe V y Carlos III. Se crearon la Orden Militar de Carlos III, las Reales Maestranzas con estatutos nobiliarios y el Real Cuerpo de la Nobleza de Madrid. En contrapartida se pusieron numerosas restricciones a los mayorazgos y a los señoríos, aunque nunca llegaron a desaparecer durante el reinado.

    El clero

    La Iglesia poseía cuantiosas riquezas. Siendo el clero un 2 % de la población, según el Catastro de Ensenada era propietaria de la séptima parte de las tierras de labor de Castilla y de la décima parte del ganado lanar. A los bienes inmuebles se añadían el cobro de los diezmos, a los que se descontaban las tercias reales, y otro ingresos como rentas hipotecarias o alquileres. La diócesis más rica era la de Toledo, con una renta anual de 3.500.000 reales. Carlos III ayudó a repartir las riquezas entre los más necesitados en el país y abolió algunos leyes dictadas por la iglesia que suprimian derechos del pueblo.

    El estado llano

    Era el grupo más numeroso. En él se encontraban los campesinos que gozaban de cierta estabilidad económica. Los jornaleros sufrían situaciones de miseria. De acuerdo con el Catastro de Ensenada, los artesanos representaban el 15 % del total de los asalariados y tenían mejores retribuciones que los campesinos. La burguesía comenzó a despuntar tímidamente en España. Localizada en la periferia peninsular, se identificó con los propósitos reformistas y los ideales ilustrados del siglo. Fue especialmente importante en Cádiz, por su vinculación al comercio americano, Barcelona y Madrid.

    Los gitanos

    Desde el fracaso de la Gran Redada de 1749 los gitanos estaban sujetos a una situación muy problemática, que se pretendió resolver con una serie de iniciativas legislativas desde 1763, finalmente sustanciadas en la Real Pragmática de 19 de septiembre de 1783, con propósitos claramente asimiladores y de carácter utilitarista, tras dicha pragmática, se deja de considerar su origen o naturaleza diferenciada o inferior (raíz infecta); se prohíbe el uso de la denominaciones gitano o castellano nuevo (tenidas por injuriosas); se concede libertad de residencia (excepto en la Corte y Reales Sitios por ahora) y se permiten nuevos modos para ganarse la vida, incluyendo la admisión en gremios, pero se prohíben oficios como poseer tabernas o esquilar caballos, de vital importancia para el pueblo gitano; también se prohíben sus vestiduras tradicionales y su gerigonza (su idioma diferenciador, el caló) y una vez más se establece la obligación de asentarse, abandonando el nomadismo; todo ello bajo graves penas a los desobedientes, que serían considerados vagos y sujetos a las penas correspondientes sin distinción de los demás vasallos (se les aplica el código penal general).

    Aquellos casos en los que un individuo se negase a acatar las leyes en cuanto a residencia, lengua, oficios, vestimenta y demás, la primera vez que fuese detenido sería marcado con un hierro candente en la espalda (en sustitución de las penas anteriormente previstas: la muerte o cortar las orejas), en caso de ser detenido una segunda vez serían condenados a la pena capital, dicha ley no se aplicaba a los menores de diecieseis años, que serían separados de sus familias y educados por las Juntas o Diputaciones de caridad.

    Proyección posterior
    Detalle de la estatua ecuestre de Carlos III en la Puerta del Sol de Madrid.
     

    Cuando el rey murió en 1788, terminó la historia del reformismo ilustrado en España, pues el estallido casi inmediato de la Revolución francesa al año siguiente provocó una reacción de terror que convirtió el reinado de su hijo y sucesor, Carlos IV, en un periodo mucho más conservador. En seguida, la invasión francesa arrastraría al país a un ciclo de revolución y reacción que marcaría el siglo siguiente, sin dejar espacio para continuar un reformismo sereno como el que había desarrollado Carlos III.

    Entre los aspectos más duraderos de su herencia quizá haya que destacar el avance hacia la configuración de España como nación, a la que dotó de algunos símbolos de identidad (como los que en el futuro se convertirían en su himno y su bandera nacionales) e incluso de una capital digna de tal nombre, pues se esforzó por modernizar Madrid (con la construcción de paseos y trabajos de saneamiento e iluminación pública) y engrandecerla con monumentos (de su época datan la Puerta de Alcalá, el Museo del Prado —concebido como Gabinete de Historia Natural—, el hospital de San Carlos o la construcción del nuevo Jardín Botánico, en sustitución del antiguo de Migas Calientes) y con edificios representativos destinados a albergar los servicios de la creciente administración pública. El impulso a los transportes y comunicaciones interiores (con la organización del Correo como servicio público y la construcción de una red radial de carreteras que cubrían todo el territorio español, convergiendo sobre la capital) ha sido, sin duda, otro factor político que ha actuado en el mismo sentido, acrecentando la cohesión de las diversas regiones españolas. Estas son sólo algunas de las razones por las cuales Carlos III fue conocido como el «mejor Alcalde de Madrid».

    Matrimonio e hijos

    Contrajo matrimonio en 1737 con María Amalia de Sajonia (1724-1760), hija de Federico Augusto II. Tuvieron trece hijos, pero sólo siete llegaron a adultos:





    María Amalia de Sajonia


    María Amalia de Sajonia (María Amalia Cristina Francisca Javiera Flora Walburga; Dresde, 24 de noviembre de 1724 - Madrid, 27 de septiembre de 1760) fue la Reina consorte de Nápoles y Sicilia (1737-1759) y de España (1759-1760), esposa de Carlos III.
                    
    Fue hija de Federico Augusto II, príncipe-elector de Sajonia y después rey de Polonia y gran duque de Lituania (como Augusto III); y de la archiduquesa María Josefa de Austria, hija de José I, emperador del Sacro Imperio.

    Con apenas catorce años contrajo matrimonio con Carlos, entonces rey de Nápoles y Sicilia, que era el hijo primogénito de Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio. A pesar de que se trataba de un matrimonio concertado, Amalia y Carlos se mantuvieron muy unidos, y el rey, al enviudar, no volvió a contraer matrimonio. La boda se celebró por poderes en el Palacio de Dresde, en Sajonia, el 9 de mayo de 1738 y la celebración fue en Nápoles el 9 de junio de ese año.

    En 1759 falleció el rey Fernando VI de España, hermano de Carlos, sin descendencia, y Amalia acompañó a su esposo a España para ocupar el trono. A la reina María Amalia se le debe la introducción en España de la costumbre navideña del belén o "nacimiento" de origen napolitano.

    En septiembre de 1760, apenas dos años después de su llegada a España, María Amalia murió a causa de una tuberculosis. Carlos III señaló: "En 22 años de matrimonio, éste es el primer disgusto serio que me da Amalia".


     



     Infante Francisco  21 marzo de 1717 - 21 abril de 1717 - muerto en la infamcia

     
     

    Mariana Victoria de Borbón

     
    Mariana Victoria de Borbón y Farnesio (en portugués: Mariana Vitória de Bourbon e Farnese; Madrid, 31 de marzo de 1718 - Lisboa, 15 de enero de 1781), apodada la Infanta-Reina, era la hija mayor de Felipe V y de su segunda esposa Isabel de Farnesio.
    Fue prometida a la edad de 4 años a Luis XV, por entonces de 11 años, y enviada para educarse a la Corte francesa. Años más tarde, en 1725, fue reenviada a su padre debido a su corta edad, quién tomó esto como un insulto puesto que servía para asegurar a Francia lo más deprisa posible una descendencia para el joven rey. Se casó el 19 de enero de 1729 con José I de Portugal y fue madre de María I, actuó como regente de Portugal durante los últimos meses de vida de su marido y actuó como asesora de su hija en su reinado.   

    Mariana Victoria nació en el Real Alcázar de Madrid y se le dio el mismo nombre de pila que el de su abuela paterna, María Ana Victoria de Baviera. Era Infanta de España por nacimiento e hija mayor de Felipe V de España y de su segunda esposa Isabel de Farnesio. Su padre era nieto de Luis XIV y había heredado el trono español en 1700. En el momento de su nacimiento, Mariana Victoria fue la quinta en la línea de sucesión al trono de España detrás de sus medios hermanos, el Infante Luis, Príncipe de Asturias, el Infante Fernando, el Infante Pedro, así como su hermano fraterno el Infante Carlos. Como una infanta de España, tenía el estilo de Alteza Real.

    Compromiso con Luis XV

    
    
    Después de la Guerra de la Cuádruple Alianza, Francia y España decidieron reconciliarse mediante la unión de la Infanta Mariana Victoria con su primo hermano el joven Luis XV de Francia. Organizado por Felipe II de Orleans, regente de Francia, durante la minoría de edad de Luis, el compromiso era parte de un conjunto más amplio de matrimonios que incluía también el compromiso del hijo mayor de Felipe V, el Infante Luis con Luisa Isabel de Orleans y a Felipa con el Infante Carlos.

    El duque, Louis de Rouvroy, duque de Saint-Simon, pidió su mano el 25 de noviembre de 1721. El intercambio de la infanta joven y la joven Luisa Isabel se hizo en la "Île des Faisans" ("Isla de los Faisanes") el sitio donde sus antepasados comunes, Luis XIV y María Teresa de España se habían conocido en 1660. Mariana Victoria llegó a París el 2 de marzo de 1721, entre mucha celebración y se instaló en el Palacio de Louvre. La joven infanta fue apodada La reina infanta ya que la pareja no se casaría hasta que Mariana alcanzará una edad más madura. Mariana era popular entre la corte, pero el propio rey evitaba su presencia.

    Según la madre del regente, Isabel Carlota del Palatinado, Mariana Victoria era la cosa más dulce y bonita, con un considerable ingenio para su edad. Su educación fue puesta al cuidado de María Ana de Borbón, una hija ilegítima de Luis XIV y de Luisa de La Vallière. En febrero de 1723, Luis XV llegó a su mayoría de edad y por lo tanto gobernó el país por su propia voluntad.

    Bajo la influencia del primer ministro Luis Enrique de Borbón-Condé y de su amante Madame de Prie, se tomó la decisión de enviar a la niña de siete años de nuevo a España el 11 de marzo de 1725. Borbón había querido mantener su influencia sobre el joven Luis XV y ofreció a su hermana Enriqueta Luisa de Borbón-Condé como potencial esposa, que a diferencia de Mariana Victoria, ya tenía edad para concebir.

    La situación, tampoco fue ayudada por parte de España, que decidió enviar de nuevo a Francia a Luisa Isabel de Orleans cuyo marido murió después de haber gobernado como Luis I de España por sólo siete meses. Como su matrimonio no había sido consumado, España se negó a apoyarla y ordenó que regresará a Francia con su hermana Felipa. Mariana abandonó Versalles el 5 de abril de 1725 y viajó de nuevo a la frontera, donde ella y las hermanas Orleans se intercambiaron. Posteriormente Luis XV se casó con María Leszczyńska en septiembre 1725 y la hermana de Mariana Victoria, la infanta María Teresa Rafaela de Borbón se casó con el hijo de Luis XV en 1745 para tranquilizar a la insultada corte española.

    Tratamiento y armas

    Tratamiento

    • 31 de marzo de 1718 – 19 de enero de 1729: Su Alteza Real la Infanta Mariana Victoria de España.
    • 19 de enero de 1729 – 31 de julio de 1750: Su Alteza Real la Princesa de Brasil, Duquesa de Braganza.
    • 31 de julio de 1750 – 29 de noviembre de 1776: Su Majestad Fidelísima la Reina de Portugal y los Algarves.
    • 29 de noviembre de 1776 – 24 de febrero de 1777: Su Majestad Fidelísima la Reina Regente de Portugal y los Algarves.
    • 24 de febrero de 1777 – 15 de enero de 1781: Su Majestad Fidelísima la Reina Madre de Portugal y los Algarves.

    Armas

    Su armas estaban compuestas por las armas reales de Portugal y las armas de su padre Felipe V de España.





    José I de Portugal


    José I de Portugal, apodado el Reformador, (6 de junio de 1714 - 24 de febrero de 1777 ) fue rey de Portugal.
      
    José nació en Lisboa el 6 de junio de 1714. Era el tercer hijo de Juan V de Portugal y de su esposa, María Ana de Austria. José tenía un hermano mayor, Pedro, que murió a los dos años de edad, lo cual convirtió a José en heredero al trono luso. Por línea paterna era nieto del rey Pedro II de Portugal y de la reina doña María Sofía de Neoburgo. Por línea materna era nieto del emperador Leopoldo I de Austria y de doña Leonor Magdalena de Neoburgo. Sus abuelas eran hermanas, siendo ambas hijas del Conde palatino Felipe Guillermo de Neoburgo, mientras que sus abuelos eran primos cuartos.

    José I era un devoto católico y le apasionaba la ópera. Ascendió al trono portugués a los 35 años de edad, tras la muerte de su padre, y casi de inmediato dejó el poder en manos de Sebastião José de Carvalho e Melo, más conocido como el Marqués de Pombal. La historia del reinado de José estuvo marcada por la política dictada por el propio Melo.
     
    El poderoso Marqués de Pombal supervisó todos los aspectos de la política económica, social y colonial, con la intención de hacer que Portugal se convirtiera en un serio rival para las otras potencias europeas, así como para preservar su propio estatus de poder. Una conspiración de nobles falló en su intento de asesinar al rey y al marqués, lo que permitió que Melo expulsara a los jesuitas de Portugal en 1759, ganando el control sobre la educación pública y confiscando además las tierras de la iglesia. A continuación José I implementó una serie de medidas económicas que han sido descritas como dirigistas.
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    El reinado de José fue también famoso por el terremoto que asoló la ciudad de Lisboa el 1 de noviembre de 1755, día de Todos los Santos. Más de 100,000 personas perdieron la vida por culpa del seísmo y el consecuente tsunami. El terremoto hizo además que José I desarrollara una fuerte claustrofobia y ya no se sintió cómodo viviendo entre cuatro paredes. Por eso, trasladó la corte a un caro complejo de tiendas localizadas en las colinas de Ajuda. Es allí donde se encuentra en la actualidad el Palacio de Ajuda. La capital lisboeta se reconstruyó totalmente, pero a un coste elevado, siguiendo las directrices del Marqués de Pombal; una estatua ecuestre del rey José aún se puede ver en la Praça do Comércio, una de las principales plazas de Lisboa.

    Muerte y sucesión

    Con la muerte de José I el 24 de febrero de 1777, el trono pasó a su hija, María y el férreo gobierno del Marqués de Pombal llegó a su fin.






    Felipe I de Parma

     
    Felipe I de Parma (Madrid, 15 de marzo de 1720 - Alessandria, 18 de julio de 1765) fue infante de España y duque de Parma, Plasencia y Guastalla. Fundador de la rama de los Borbón-Parma.
       
     
    El infante Felipe de Borbón nació en el Real Alcázar de Madrid, siendo el cuarto hijo (tercer varón), de Felipe V, rey de España y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio. Se crio en la ciudad que lo vio nacer y, desde pequeño, mostró mayor interés por las artes que por la política. En 1738, con la autorización de su padre el rey, compró el Condado de Chinchón a su último propietario, Giuseppe Sforza-Cesarini, con dignidad de Grande de España.

    Su madre, Isabel, provenía de la familia de Farnesio, gobernantes de los estados de Parma, Piacenza y Guastalla, en Italia, desde hacía varias generaciones. Al iniciarse la guerra de Sucesión de Austria, en 1741, Felipe se trasladó a Italia el frente del Ejército Español expedicionario, con la pretensión de hacerse con el Milanesado y el ducado de Parma, y nombró como primer ministro a Zenón de Somodevilla. Por la paz de Aquisgrán de 1748 se le reconocieron los ducados de Parma y Piacenza (de los cuales había sido titular su hermano Carlos pero que éste cedió a la emperatriz María Teresa, después de la guerra de Sucesión de Polonia, en 1738, a cambio del reino de las Dos Sicilias) y Guastalla (que a la muerte de Juan María Gonzaga también había recaído en María Teresa, en 1746), pero no el Milanesado. De esta manera el infante Felipe se convirtió en nuevo soberano, con el título de duque, de los estados de los Farnesio, fundando así la Casa de Borbón-Parma.

    Como parte del Tratado de Versalles de 1757, entre Austria y Francia, estaba previsto que Felipe se convirtiera en rey de los Países Bajos del Sur, en un acuerdo que otorgaba, a las tropas francesas, puestos clave en el país -sin embargo este acuerdo fue anulado por el posterior tercer pacto de Familia borbónico, al que Felipe se unió en 1762, durante la guerra de los Siete Años. El duque continuó ocupando el trono en Parma hasta su muerte.

    Muerte

    Felipe murió de repente el 18 de julio 1765 en Alessandria, Italia, después de haber acompañado a su hija María Luisa en su camino a Génova, donde se embarcó rumbo a España para casarse con Carlos, príncipe de Asturias. A través de la hija de Felipe, María Luisa, es antepasado común de los Borbones de España, los Borbones de las Dos Sicilias y la Casa de Orleans.
    El gobierno del duque Felipe I, dirigido por Guillaume du Tillot, desarrolló una política de signo ilustrado, regalista y jansenista: se introdujeron reformas que sanearon la Hacienda, se reforzó el poder del Estado, se crearon escuelas públicas y se desarrollaron nuevos planes de estudios universitarios incidiendo en los jurídicos. Gracias a él Parma se convirtió en uno de los más importantes centros intelectuales de Italia.

    Matrimonio y descendencia

    El 25 de octubre de 1739 Felipe contrajo nupcias con Luisa Isabel de Francia, hija de Luis XV, en Alcalá de Henares; sus hijos fueron:
    A su muerte le sucedió su hijo Fernando (1765-1802).




    Isabel de Francia


    Isabel de Francia (en francés: Élisabeth de France) (Palacio de Versalles, 14 de agosto de 1727 - Palacio de Versalles, 6 de diciembre de 1759), princesa francesa y luego Duquesa Consorte de Parma. Hija del rey Luis XV de Francia y de su esposa María Leszczyńska.
                
    Luisa Isabel era la hija mayor del Rey Luis XV de Francia y de su consorte María Leszczynska y hermana gemela de Ana Enriqueta de Francia. Junto a su hermana gemela, fue bautizada en Versalles el 27 de abril de 1737. Era conocida en la corte como Madame Royale, Madame Première y Madame Isabel. Era la hija favorita de su padre, quien la llamaba afectuosamente Babette.

    Isabel fue criada en Versalles junto a su hermana gemela, Enriqueta, sus hermanas Luisa María, María Adelaida y su hermano, el Delfín Luis. Era conocida por ser muy inteligente y por aprender rápido. Ella y su hermano fueron los únicos que se casaron, y sólo Adelaida y Victoria vivieron para ver la caída del Antiguo Régimen bajo el reinado de su sobrino, Luis XVI.

    A diferencia de sus hermanas menores, que fueron criadas en el ambiente estricto de la Real Abadía de Fontevraud, Isabel se crió en un entorno familiar y amoroso en Versalles.

    Matrimonio

    
    Luisa Isabel de Francia junto a su hijo por Adélaïde Labille-Guiard.
    Este retrato fue encargado por sus hermanas, que muestra a Madame Luisa junto a su hijo.
    Las sombras en la cara y en la pared posiblemente simbolicen su muerte.
     
    El 25 de octubre de 1739, Luisa Isabel contrajo matrimonio por poderes en Alcalá de Henares, España, con el Infante Felipe de España, tercer hijo del Rey Felipe V de España y de su segunda esposa Isabel Farnesio. Después de unas magníficas fiestas, dejó llorando Versalles para ir a España el 30 de agosto de 1740, dejando atrás a su querida hermana gemela. En octubre de 1748, ella y su esposo se convirtieron en Duque y Duquesa de Parma.

    En el momento de su llegada a España, la etiqueta en la corte española era mucho más estricta que la de Versalles, y, para empeorar las cosas, Isabel descubrió que su suegra, la reina Isabel, era dominante. Como resultado, ella pasaba la mayor parte de su tiempo lejos de la reina, jugando con sus muñecas. Isabel escribió de su infelicidad a su padre.

    Muerte

    Luisa Isabel se destacó por su carácter ambicioso y su afán de conseguir a toda costa una corona, razón por la cual pasó largas temporadas intrigando en Versalles, donde enfermó y murió de viruela el 6 de diciembre de 1759 con sólo 32 años. Fue enterrada junto a su hermana gemela, Enriqueta, en la Basílica de Saint-Denis.


     
     

    María Teresa Rafaela de Borbón


    María Teresa Rafaela de Borbón (Madrid, 11 de junio de 1726 - Versalles, 22 de julio de 1746) infanta de España y Delfina de Francia.
          
    Era hija de Felipe V de España, Rey de España y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio. Fue descrita por ser bella y "alta con dignidad". Sin embargo, sus cabellos rojizos le valieron algunas observaciones desatentas en el momento de su llegada a Francia.

    Su matrimonio con el Delfín Luis Fernando de Francia, el 23 de febrero de 1745 marcaba la reconciliación entre Francia y España, en respuesta al matrimonio fallido de Luis XV y de Mariana Ana Victoria, hermana de María Teresa.

    El matrimonio no fue consumado en sus primeros tiempos, lo que molestó a la Delfina frente a su marido y a la corte. Muy tímida, distante, prefería la mayoría de las veces quedarse en sus apartamentos y detestaba el juego (los juegos de naipes eran la distracción cortesana favorita en Versalles)

    Unos meses más tarde, en septiembre de 1745, el matrimonio fue por fin consumado, poniendo fin a los cotilleos de los cortesanos, que insinuaban que Luis era impotente. Este acontecimiento acercó a la pareja, que pasaba todo el tiempo juntos, con una gran devoción, en oposición del Rey, cuya nueva favorita, Madame de Pompadour, era detestada tanto por el Delfín como por María Teresa. Esta última fue también hostil hacia el monarca, que no comulgaba tanto desde hace años, y se decía que "su timidez le impedía totalmente hablarle".

    Poco después María Teresa quedó embarazada. El parto estaba previsto para principios de julio de 1746, pero el nacimiento se hizo esperar, lo que exasperaba a Luis XV. Finalmente, dio a luz el19 de julio de 1746 a una niña llamada María Teresa, que murió en abril de 1748. La Delfina no se recuperó del parto y murió el 22 de julio. Su marido fue inundado por una pena extrema, que persistió hasta después de su nuevo matrimonio.

    Hijos

    1. Maria Teresa de Francia, "Madame Royale" (19 de julio de 1746 - 27 de abril de 1748).
    11 June 1726 – 23 de febrero de 1745 Her Royal Highness La Infanta Doña María Teresa Rafaela de España.
    • 23 de febrero de 1745 – 22 de julio Su Alteza Real la Delfina de Francia (Son Altesse royale Madame la Dauphine)



     

    Luis de Francia


    Luis Fernando de Borbón, Delfín de Francia (en francés Louis, Dauphin de France; Palacio de Versalles, 4 de septiembre de 1729 - Fontainebleau, 20 de diciembre de 1765), fue un príncipe francés, el mayor de los hijos de Luis XV de Francia y de Navarra, y de su esposa María Leszczynska.
           
    El nacimiento de un heredero al trono había sido largamente esperado, desde la trágica mortalidad de la familia real francesa, a principios de 1710 (ver Luis XV de Francia). Cuando el tercer embarazo de María Leszczynska dio por resultado en un hijo en 1729, hubo un gran regocijo y celebraciones complementadas con fuegos artificiales, (conmemorados en láminas) en todas las grandes ciudades de Francia, y realmente en la mayor parte de la cortes europeas. Por primera vez en 15 años, el futuro de la dinastía parecía asegurado. Su nacimiento privó a su tío-abuelo Felipe V de España de su posición como presunto heredero al trono de Francia.

    Primer matrimonio

    Luis se casó el 23 de febrero de 1745 en el Palacio de Versalles con su tía en segundo grado, la infanta María Teresa Rafaela de España (1726-1746) (octava hija de Felipe V) que le dio una hija, (muerta a los 21 meses), María Teresa murió tres días después del parto.

    Segundo matrimonio

    Volvió a casarse el 9 de febrero de 1747 en Versalles con la princesa Maria Josefa de Sajonia que le dio ocho hijos, de los cuales sólo cinco sobrevivieron a la edad adulta.

    Relación con su padre

    A pesar de ser el único hijo varón, su padre nunca tuvo unas buenas relaciones con él. Luis XV llevaba una vida que no complacía al delfín y que les mantuvo alejados durante mucho tiempo. No obstante, el delfín acompañó a su padre en la Batalla de Fontenoy (1745) en la que dio muestras de su valentía. A partir de 1757 (atentado de Damiens contra su padre) Luis fue invitado a participar en las sesiones del Consejo Real, en las que llamó la atención por sus posiciones conservadoras. Luis era un hombre fuerte, piadoso, unido al partido devoto que condenaba la política y la vida privada del Rey. Desaprobó la expulsión de los Jesuitas en 1764. Luis murió ocho años antes que su padre y tres antes que su madre.

    Su padre lo alejó del gobierno y Luis se convirtió en el centro de un grupo de devotos (Dévots), caballeros austeros y religiosos que esperaban ganar el poder cuando él sucediera a su padre en el trono.

    Muerte

    Luis murió de consunción (tuberculosis) en Fontainebleau en 1765 a la edad de 36 años, mientras su padre aún vivía de manera que nunca se convirtió en rey de Francia. Su madre, la reina María Leszczyńska, y su abuelo materno, el anterior rey de Polonia, Estanislao I Leszczynski, duque de Lorena, también le sobrevivieron. Su hijo mayor, Luis-Augusto, duque de Berry, se convirtió en el nuevo Delfín, ascendiendo al trono como Luis XVI a la muerte de su abuelo Luis XV, en mayo de 1774.

    El delfín Luis fue enterrado en la Catedral de San Esteban en Sens; su corazón fue llevado a la Basílica de Saint-Denis. Su cuerpo fue profanado en marzo de 1794 por los revolucionarios que lo enterraron en una fosa común de la ciudad. Gracias a unos testimonios se pudo encontrar su cuerpo que fue llevado de nuevo a la Catedral el 8 de diciembre de 1814.

    Entre sus hijos se encuentran los tres últimos reyes borbónicos de Francia:
    • Luis XVI (1754- 1793), Rey de Francia y Navarra (1774-1791), Rey de los franceses (1791-1792)
    • Luis XVIII (1755- 1824), Rey de Francia y Navarra (1814-1815 y 1815-1824)
    • Carlos X (1757- 1836), Rey de Francia y Navarra (1824-1830)




    Luis de Borbón y Farnesio


    Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio (Madrid, 25 de julio de 1727 – Arenas de San Pedro, 7 de agosto de 1785) fue Infante de España, sexto hijo de Felipe V de España y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, duquesa de Parma. Ejerció la carrera eclesiástica y fue cardenal arzobispo de Toledo y Primado de las Españas (1735) y arzobispo de Sevilla (1741). Abandonó el estado eclesiástico en 1754, convirtiéndose en 1761 en el XIII conde de Chinchón. Fue un importante mecenas que apoyó a pintores como Francisco de Goya y Luis Paret, y al músico Luigi Boccherini.
      
    Se le llamó Luis en honor a Luis XV de Francia. Ocupaba un lugar muy retrasado en la línea sucesoria de la corona de España, por lo que fue orientado hacia la carrera eclesiástica tal como se hacía en toda Europa con los hijos segundones de la realeza y la nobleza. Por delante de él estaban en la línea sucesoria los dos hijos varones del primer matrimonio de su padre, Felipe V (Luis y Fernando), y también sus otros dos hermanos mayores, Carlos y Felipe, fruto del matrimonio de Felipe V con Isabel de Farnesio, que estaban destinados a ocupar por la influencia ejercida por su madre en Italia, el Reino de Dos Sicilias y el Ducado de Parma, respectivamente.

    En 1735 sus padres le consiguieron, tras duras y largas gestiones con la Santa Sede, el otorgamiento del arzobispado de Toledo. El nombramiento hubo de realizarse en calidad de administrador de los bienes temporales de la diócesis toledana, ya que Luis tenía apenas ocho años y el Concilio de Trento impedía el ordenamiento de sacerdotes niños. El acuerdo con la Santa Sede estaba conectado con la instauración del futuro Carlos III como monarca de Nápoles y Sicilia y con las pretensiones papales en el sur de Italia. Tres meses después de otorgarle el arzobispado de Toledo, el Papa Clemente XII nombró a Luis Cardenal presbítero de Santa María della Scala. En 1741, una vez ordenado, el papado le otorga también el arzobispado de Sevilla.

    Abandono de la carrera religiosa

    Desde años atrás, Luis deseaba abandonar la vida eclesiástica, puesto que no tenía una vocación religiosa; sus aficiones eran la danza, la música, el tiro, la caza o la esgrima. En 1754 comunicó su deseo a su hermano, el rey Fernando VI, pues según escribió "aspiraba a una mayor tranquilidad de su espíritu y seguridad de su conciencia".

    El rey accedió a la propuesta y el Papa aceptó su renuncia, por lo cual se le permitió ese año abandonar la carrera eclesiástica. En 1761 Luis compró el Condado de Chinchón a su hermano Felipe, que se había convertido en duque de Parma. El condado comprendía, además del castillo de Chinchón, diversas propiedades en Morata de Tajuña, San Martín de la Vega, Colmenar de Oreja, Villaconejos, Villaviciosa de Odón y Boadilla del Monte, donde encargó al arquitecto Ventura Rodríguez el famoso palacio de su nombre. Esta residencia le permitió mantener sus aficiones: la caza y el cultivo de las artes, las letras y las ciencias, patrocinando a músicos como Boccherini y pintores como Francisco de Goya, Luis Paret y Alcázar o Charles Joseph Flipart. En otoño de 2012, Patrimonio Nacional dedicó una exposición al mecenazgo que desarrolló don Luis; esta muestra incluía numerosas obras de Goya y Paret en el madrileño Palacio de Oriente.

    Matrimonio y descendencia

    El deseo de contraer matrimonio del infante que había reiterado en diferentes ocasiones constituyó un problema para Carlos III, ya que los derechos de sus hijos a la corona española podían ser puestos en duda, ante la opinión suficientemente extendida de que la Ley Sálica dictada en 1713 disponía en su redacción original que solo podían acceder al trono los nacidos en España (no obstante, no existe semejante cláusula en la ley publicada y en uso desde 1713), requisito que sus hijos no cumplían al haber nacido en Italia, durante el periodo en que fue rey de Nápoles y Sicilia. Para acceder a un matrimonio el rey estableció: "No permitiendo las circunstancias actuales el proporcionar matrimonio al Infante don Luis mi hermano con persona igual a su alta esfera… Vengo a concederle permiso para que pueda contraer matrimonio de conciencia, esto es, con persona desigual, según él me lo ha pedido…". Las condiciones quedaron plasmadas en la Pragmática Sanción de 1776: debía tomar la esposa asignada por el rey en matrimonio morganático, abandonar la corte y por último, sus hijos estarían exentos de todo tipo de honores y distinciones y llevarían el apellido de su madre.

    Inició entonces una vida itinerante fuera de la corte, residiendo sucesivamente en Velada, Cadalso de los Vidrios y finalmente en Arenas de San Pedro, donde construyó otro palacio, el palacio de la Mosquera, donde residiría hasta su muerte. Fue en esas tierras de Arenas de San Pedro, con un clima tan parecido a la Toscana, donde Boccherini compuso Música nocturna de las calles de Madrid, una de las cimas musicales de su época.

    Contrajo matrimonio en Olías del Rey (Toledo) el 27 de junio de 1776 con María Teresa de Vallabriga y Rozas (1758–1820), hija de Luis de Vallabriga, mayordomo de Carlos III, y de María Josefa de Rozas y Melfort, III condesa de Castelblanco, hija de José de Rozas y Meléndez de la Cueva, I duque de San Andrés, II conde de Castelblanco, capitán general y presidente de la Real Audiencia de Guatemala.

    Luis de Borbón y Farnesio y María Teresa de Vallabriga y Rozas fueron padres de tres hijos:

    
    La familia del infante don Luis de Borbón (1784), por Francisco de Goya.
    1. Luis María de Borbón y Vallabriga (1777–1823), XIV conde de Chinchón, arzobispo de Toledo y cardenal. Fue el único miembro de la familia que se quedó en España durante la Guerra de la Independencia Española siendo presidente de la Regencia instaurada por las Cortes de Cádiz en 1808, hasta la llegada de su primo Fernando VII. Fue enterrado en la catedral de Toledo.
    2. María Teresa de Borbón y Vallabriga (1780–1828) fue, por renuncia de su hermano, la XV condesa de Chinchón; además, fue I marquesa de Boadilla del Monte. Recuperó para la familia el apellido Borbón y el tratamiento de altezas reales, gracias a su matrimonio con Manuel de Godoy, siendo su hija Carlota Luisa de Godoy y Borbón. Fue retratada por Goya en el cuadro de su nombre y fue enterrada en la capilla del palacio de Boadilla del Monte.
    3. María Luisa de Borbón y Vallabriga (1783–1846), que casó con Joaquín José de Melgarejo y Saurín, duque de San Fernando de Quiroga, de quien no tuvo sucesión; yace sepultada en la sacristía del palacio de Boadilla del Monte.

    Final de su vida

    Pese a conseguir una vida familiar, falleció sin haber sido feliz: los reproches de su mujer por vivir en el exilio en el que se encontraban amargaron sus últimos años de vida. Además, temía que a su muerte el rey fragmentase la familia, como finalmente hizo, recluyendo a la viuda en Zaragoza, a las hijas en un convento de Toledo y al varón, a disposición del cardenal Francisco Antonio de Lorenzana.
    Falleció en Arenas de San Pedro el 7 de agosto de 1785; no se respetó su deseo de que sus restos mortales descansaran en su palacio de Boadilla, y fue enterrado en el panteón de los Infantes del monasterio de El Escorial, bajo una lápida en la que se apoya una corona de conde, al fin y al cabo lo que fue.






    María Teresa de Vallabriga


    María Teresa de Vallabriga, Rozas, Español y Drummond de Melfort (Zaragoza, 6 de noviembre de 1759 - Zaragoza, 26 de febrero de 1820), fue una aristócrata española.

    Nieta de José de Rozas y Meléndez de la Cueva, I duque de San Andrés, II conde de Castelblanco, Capitán General y Presidente de la Real Audiencia de Guatemala y de su mujer Francisca Drummond de Melfort y Wallace.
      
    Casada con el infante Luis de Borbón y Farnesio. Está enterrada en la cripta de la Basílica del Pilar, con honores de persona regia.

    Hija de José Ignacio de Vallabriga y Español, señor de Soliveta, teniente coronel del regimiento de voluntarios de España, su madre era Josefa de Rozas y Drummond de Melfort, IV condesa de Castelblanco y viuda de José de Villalpando, conde de Torresecas. No ostentó el título de infanta consorte hasta la muerte de su marido, debido a su matrimonio morganático, como lo dictaba la Pragmática Sanción de 1776.

    Al casarse su hija María Teresa de Borbón y Vallabriga con Manuel Godoy, María Teresa sería resarcida; el rey le permitía usar el título de infanta y fue, al igual que sus dos hijas, dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa.

    Altos cargos para sus hijos

    • El hijo mayor, Luis María de Borbón y Vallabriga, fue arzobispo de Toledo y cardenal como su padre, pero con verdadera vocación religiosa. De talante liberal, fue el único miembro de la familia Borbón que quedó en España durante la Guerra de la independencia española. Por ese motivo, y por ser el Primado de España, fue presidente de la Regencia instaurada por las Cortes de Cádiz de 1808. La llegada de su primo Fernando VII supuso el final de su carrera política. Está enterrado en la catedral de Toledo, en la sacristía, en un mausoleo neoclásico obra de de Valeriano Salvatierra.
    • La segunda hija, María Teresa de Borbón y Vallabriga, al convertirse en esposa de Manuel Godoy, fue la causante de la rehabilitación de sus hermanos, que recuperaron el apellido Borbón, y el tratamiento de Altezas Reales. Además, por renuncia de su hermano, recibió el título paterno de condesa de Chinchón. Su vida fue desgraciada. Está enterrada en la capilla del palacio de Boadilla del Monte. Tuvo una hija llamada Carlota Luisa de Godoy y Borbón.
    • La tercera hija, María Luisa de Borbón y Vallabriga, casó con Joaquín José de Melgarejo y Saurín, duque de San Fernando de Quiroga. No tuvo sucesión. Está enterrada en la sacristía del palacio de Boadilla del Monte, bajo una sepultura de mármol de Valeriano Salvatierra.

    Distinciones honoríficas

    • Order of Queen Maria Luisa (Spain) - ribbon bar.png Dama de la Orden de las Damas Nobles de la Reina María Luisa.




    María Antonia Fernanda de España


    María Antonia Fernanda de Borbón y Farnesio (Sevilla, 17 de noviembre de 1729 - Moncalieri, 19 de septiembre de 1785). Infanta de España y Reina consorte de Cerdeña por su matrimonio con Víctor Amadeo III.
            
    Era la menor de los hijos del rey de España Felipe V de Borbón y de su segunda esposa Isabel de Farnesio. Nació en los Reales Alcázares de Sevilla durante la firma del Tratado de Sevilla, que acabó la guerra Guerra anglo-española. Pasó su infancia en Sevilla antes de trasladarse a Madrid en 1733.

    Fue bautizada con los nombres María Antonia, junto con Fernanda en honor de su medio hermano, el heredero al trono. Como hija del Rey de España, ostentaba el título de Infanta de España y el tratamiento de Alteza Real.

    Matrimonio e hijos

    En un plan de doble matrimonio, se casaría con Luis, delfín de Francia  y su hermano el Infante Felipe se casaría con la hermana del delfín Luisa Isabel de Francia. Su madre accedió a esto, pero insistió en esperar a que María Antonia llegara a una edad más madura. La mano de la Infanta también fue buscada por el Príncipe Elector de Sajonia. El matrimonio entre el Infante Felipe y Luisa Isabel se celebró en 1739 y, finalmente, su hermana mayor, la infanta María Teresa, se casó con el Delfín en 1745. Sin embargo, al morir María Teresa en 1746, Fernando VI trató de comprometer a María Antonia con el Delfín, pero la idea fue desechada por Luis XV como "incesto". En su lugar, optó por María Josefina de Sajonia.

    El 31 de mayo de 1750, finalmente contrajo matrimonio en las cercanías de Turín con el Príncipe Víctor Amadeo III de Saboya, quien luego sería Rey de Cerdeña con el nombre de Víctor Amadeo III. La pareja tuvo doce hijos:
    1. Carlos Manuel IV (1751-1819), Rey de Cerdeña, casado con María Clotilde de Francia.
    2. María Isabela (1752-1753), murió en la infancia.
    3. María Josefina (1753-1810), casada con el conde de Provenza, futuro Luis XVIII de Francia. Sin descendencia.
    4. Amadeo Alejandro, Duque de Montferrato (1754-1755), murió en la infancia.
    5. María Teresa (1756-1805), casada con el Conde de Artois, futuro Carlos X de Francia. Tuvo descendencia.
    6. María Ana Carlota (1757-1824), casada con su tío Benedicto de Saboya, Duque de Chablais. Sin descendencia.
    7. Víctor Manuel I (1759-1824), Rey de Cerdeña, casado con la Archiduquesa María Teresa de Austria-Este. Tuvo descendencia.
    8. María Cristina Fernanda (1760-1768), murió en la infancia.
    9. Mauricio José María (1762-1799), soltero. Murió de malaria.
    10. María Carolina Antonieta (1764-1782), casada con el Rey Antonio I de Sajonia. Sin descendencia.
    11. Carlos Félix (1765–1831), Rey de Cerdeña, casado con María Cristina de Borbón-Dos Sicilias. Sin descendencia.
    12. José María Benedicto (1766-1802), Conde de Moriana y Asti. Murió de malaria. Sin descendencia.

    Fallecimiento

    La reina falleció en el Castillo de Moncalieri, en las afueras de Turín, y sus restos reposan en la Basílica de Superga junto a su esposo y al resto de los monarcas de la Casa de Saboya.



    Víctor Amadeo III de Cerdeña


    Víctor Amadeo III (Turín, 26 de junio de 1726 - Moncalieri, 16 de octubre de 1796) fue Rey de Cerdeña desde 1773 hasta 1796.
          
    Nació en el Palacio Real de Turín, Turín, primógenito de Carlos Manuel III de Cerdeña y de su segunda esposa, Polixena Cristina de Hesse-Rotenburg. Su nacimiento fue recibido con mucha celebración, ya que su padre solo había logrado tener un hijo de su anterior matrimonio, al quién también nombró Víctor Amadeo, que murió un año antes de su nacimiento.
    Su educación fue confiada a Gerdil Giacinto Sigismondo, con una particular énfasis sobre formación militar. Durante toda su vida tuvo un gran interés por la guerra, lo que le prodigó mucha atención. Era conservador y muy religioso, y se mantenía lejos de la vida pública. Su padre creyó que era inadeacuado para mantener el poder, pero siempre sería amado por sus súbditos por su generosidad.

    Después de haber sucedido a su padre en 1773, pronto comenzó obras de mejora en el puerto de Niza, hizo represas en el Arce y construyó la carretera de la Costa.

    Durante las Guerras Napoleónicas, sus tropas fueron derrotadas por los franceses en la Batalla de Millesimo (13 de abril de 1796). Víctor Amadeo se vio obligado a firmar el Tratado de París, en la que cedió la fortaleza de Cuneo, Ceva, Alessandria y Tortona a Francia, y permitió el libre paso de los ejércitos de este último hacia Italia. Él también se vio obligado a ceder Niza y Saboya.

    En su vida privada era una persona conservadora y muy religiosa que, siendo aún joven, se mantenía lejos de la vida pública. Su padre pensaba que no estaba preparado para mantenerse en el poder. Cuando llegó al trono en 1773, trabajó en los aspectos burocráticos y militares del reino. No fue un innovador pero, sin embargo, promovió muchas obras públicas, así como, por iniciativa suya mejoró los sueldos a gran parte de su administración y las fuerzas armadas. Aprobó y creó dos importantes instituciones culturales del estado con el asesoramiento de la burguesía y la aristocracia por igual, la Academia de Ciencias y la Sociedad de Agricultura.
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    Grandes armas de Felipe V con manto real, cimera real de Castilla y el lema «A solis ortu usque ad occasum» (Desde la salida del sol hasta el ocaso), derivado de la famosa frase atribuida a Felipe II: «En mis dominios no se pone el sol», haciendo referencia a que el sol nunca se ponía en los territorios españoles, pues abarcaban los dos hemisferios. También se incluye la palabra Santiago, en referencia al Santo Patrón de España, Santiago el Mayor, y más concretamente al lema tradicional «Santiago y cierra España». Fueron utilizadas por Luis I y más tarde, por Fernando VI, tras la muerte de su padre. Al morir éste último sin descendencia, su hermano Carlos VII de Nápoles subió al trono como Carlos III y modificó el blasón central y, por lo tanto, los estandartes que portan los ángeles.

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