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jueves, 26 de enero de 2017

Discurso de S.M. el Rey ante el Cuerpo Diplomático acreditado en España ...






Palabras de Su Majestad el Rey en la recepción ofrecida al Cuerpo Diplomático

Junto a mi agradecimiento al Nuncio de Su Santidad por sus palabras y buenos deseos que nos ha dedicado, en su condición de Decano del Cuerpo Diplomático, quiero comenzar mi intervención manifestándoles también, con la Reina, el Gobierno y el conjunto de los españoles, nuestros mejores deseos para este nuevo año 2017; a ustedes personalmente, a sus colaboradores y sus familias, y por supuesto a los Estados que ustedes representan.

Quiero también, y en primer lugar, dedicar un recuerdo lleno de emoción a las víctimas de los ataques terroristas que han golpeado en diversas partes del mundo, algunos en fechas tan recientes y señaladas como Navidad y Año Nuevo, en Berlín y Estambul; sin olvidar los perpetrados en Afganistán, Irak, Egipto, Somalia, Israel, EEUU, Mali… Nuestro mejor homenaje a las víctimas y a sus familias es nuestra firme determinación para seguir luchando hasta erradicar el terrorismo, una lucha en la que España ha dado siempre muestra de su compromiso invariable.

Señores embajadores,
No son pocos los retos y desafíos que nuestro país tiene ante sí en esta nueva legislatura −como tampoco los que tendremos el conjunto de la Comunidad Internacional−, pero los afrontaremos como una nación orgullosa de su pasado y proyectada hacia el futuro, y apoyados en su indudable vocación universal; una nación firme en la protección y el fomento de sus principios e integradora de su diversidad y pluralidad.

Junto a la defensa de estos valores, nuestro proyecto nacional se incardina también en el proceso de construcción europea ─en el que creemos firmemente─, en nuestra plena identificación con la Comunidad Iberoamericana de Naciones como parte de nuestro ser, y en nuestro papel como miembro activo y comprometido de la Comunidad Internacional.

Prueba de este compromiso ha sido nuestra reciente responsabilidad como miembro no permanente del CSNU, en el bienio 2015-2016, una participación que ha culminado con nuestra presidencia del Consejo el pasado mes de diciembre. Durante la misma ha sido posible adoptar tres importantes resoluciones: en primer lugar sobre cooperación judicial en la lucha contra el terrorismo y el crimen organizado; una segunda sobre la no proliferación de armas de destrucción masiva ‒para evitar que puedan caer en manos de grupos terroristas‒; y una tercera para combatir la trata de seres humanos en conflictos armados.

Creo sinceramente que ha sido la culminación a un trabajo bien hecho, del que nos podemos sentir legítimamente orgullosos.

En estos dos años hemos considerado esencial, asimismo, dar voz en el Consejo de Seguridad a las víctimas de la trata de personas en situaciones de conflicto y a todas las víctimas del terrorismo, a quienes hemos dedicado, por vez primera, un Debate de Alto Nivel. España seguirá apoyando a las víctimas del terrorismo siempre y en todo lugar, en el reconocimiento de sus derechos y en el respeto a su dignidad.

También hemos liderado, junto con nuestros socios, la negociación y la adopción de resoluciones sobre el papel de la mujer como actor principal en la consecución de la paz y la seguridad, y sobre la asistencia médica en conflictos armados.

Los ataques a hospitales y a personal médico y sanitario son lacras que recrudecen aún más conflictos como los que asolan Oriente Medio y otras partes del mundo. Estos ataques, como cualquier violación de los principios básicos de humanidad en los conflictos armados, nos devuelven a la barbarie y han de cesar si además queremos evitar que futuras generaciones nos juzguen con la misma severidad con la que nosotros juzgamos los peores crímenes de la historia.

Las graves crisis humanitarias a las que nos enfrentamos pueden tener un origen local o regional, pero sus repercusiones son globales. Así lo pudimos constatar en septiembre de 2016, en la Reunión de Alto Nivel convocada por Naciones Unidas sobre los grandes desplazamientos de migrantes y refugiados. Ante este fenómeno, que ha adquirido proporciones dramáticas en los últimos años, hemos de dar lo mejor de nosotros mismos en la medida de nuestras capacidades y sin eludir nuestras responsabilidades.

España cuenta con una amplia experiencia en la gestión de flujos migratorios que tiene como elementos fundamentales el respeto de los derechos y la dignidad de los migrantes y refugiados, y el diálogo y la colaboración con los países de origen y tránsito. Pero debemos hacer más y debemos hacerlo mejor, siempre en sintonía con nuestros socios europeos y con pleno respeto a las normas internacionales.

España cumplirá también con sus compromisos en otros dos grandes temas de la agenda global. Me refiero, por un lado, al Clima, y por otro, al Desarrollo Sostenible que alumbró la Agenda 2030.

Conseguir un crecimiento sostenible cada vez más centrado en las energías renovables y respetuoso con el medio ambiente, es responsabilidad de todos, y España no es una excepción. Nuestro propósito es seguir en la vanguardia de la Comunidad Internacional en este empeño, en el que reconocemos el papel protagonista de las NNUU.

Y aprovecho esta oportunidad para reiterarle a su nuevo Secretario General, Antonio Guterres, mis mejores deseos en el desempeño de su nueva responsabilidad. Queremos ofrecerle, asimismo, el pleno apoyo de España, al tiempo que le felicitamos por su éxito personal, que es también el de su país, Portugal, país hermano que recientemente he tenido ocasión de visitar con la Reina y cuya espléndida acogida quiero agradecer hoy nuevamente.

Señores embajadores,
España ha atravesado, como otros muchos países, una dura crisis económica con graves consecuencias sociales. Ahora hemos de continuar poniendo todo nuestro esfuerzo para paliar el daño que ha causado, perfeccionando nuestros mecanismos de protección social que atiendan a los más vulnerables, y creando empleos dignos y de calidad, especialmente para los más jóvenes.

Al mirar al pasado inmediato, los españoles podemos sentirnos orgullosos, pues en las mayores dificultades nuestra sociedad ha sabido dar muestras de madurez y responsabilidad; ha demostrado solidaridad y capacidad de integración; ha reafirmado su compromiso con los valores y principios que compartimos; y ha subrayado su convicción en los proyectos de cooperación en los que participamos en Europa y los grandes foros multilaterales, con la vista puesta siempre en el destino que deseamos alcanzar.

Para los españoles, ese destino sigue pasando por la Unión Europea. Somos conscientes de que el proyecto europeo es hoy puesto en cuestión, pero también es cierto que, en los peores momentos de la última crisis, la Unión Europea, fiel a su mandato, puso en práctica mecanismos que evitaron las consecuencias más perjudiciales. Es tiempo, por ello, de aprender de la experiencia, de reparar los daños y de mejorar la arquitectura institucional y las políticas de la Unión. Es tiempo para una mejor Europa, no para deshacer lo mucho y bueno construido, ni para retroceder.
Es tiempo para una mejor Europa, no para deshacer lo mucho y bueno construido, ni para retroceder

Sabemos bien dónde nos llevaría el camino de retorno: a una Europa egoísta y ensimismada, de nacionalismos enfrentados, con más fronteras y barreras a la prosperidad, a la movilidad de nuestros ciudadanos y a la circulación de bienes e ideas. Ese es un lugar al que no deseamos volver.

El futuro de la Unión pasa igualmente por sus inmediatas vecindades. Aquí también es necesaria más y mejor Europa.

En el Sur, mediante la creación de un espacio de seguridad y prosperidad euro-mediterráneo que alcance hasta Oriente Próximo. Es condición necesaria para ello terminar con las guerras y conflictos que afligen a la región, desde Libia a Siria y Yemen; y también lo es vencer al terrorismo en Irak. Es necesario, asimismo, que el conflicto palestino-israelí sea superado mediante la solución de los dos Estados, como ha reafirmado el pasado mes de diciembre el Consejo de Seguridad y como ya previó la Conferencia de Paz de Madrid, hace 25 años. El mundo entero espera que el objetivo de una paz justa y duradera se haga realidad.

El acuerdo sobre el programa nuclear de Irán de 2015 demuestra que, hasta la resolución de las controversias más complejas es posible. España ha velado durante nuestra permanencia en el Consejo de Seguridad por la supervisión de ese acuerdo, cuyo cumplimiento por todas las partes es indispensable y que ha de constituir una de las claves de bóveda de esa arquitectura regional de paz que queremos ver emerger en Oriente Medio.

España está dispuesta y preparada para seguir contribuyendo a la búsqueda de la paz en los distintos escenarios de la región que no gozan de ella. También lo está para aportar nuestra capacidad empresarial y tecnológica en la construcción de un gran espacio de prosperidad en el Mediterráneo y Oriente Medio.

En nuestra Vecindad Oriental, aún no se ha producido la recuperación de la integridad territorial de Ucrania. Rusia es un actor esencial para la resolución de numerosas situaciones de crisis y conflicto en diversos escenarios regionales y deseamos que también sea un actor constructivo en la creación de un espacio de seguridad y prosperidad compartidas en el espacio euro-asiático. Seguiremos trabajando para que así sea.

La Unión Europea es igualmente un factor de estabilidad y progreso en su proyección mediterránea y euro-asiática. Y también es uno de los pilares esenciales de la comunidad euro-atlántica. Nuestras relaciones con los dos grandes países norteamericanos son excelentes y tenemos la voluntad de que siga siendo así. Deseo felicitar a Canadá, país muy querido que celebra este año el 150 aniversario de su creación; y compartir la esperanza generada por el reciente acuerdo que ha alcanzado con la UE.

Con Estados Unidos en particular, nos unen vínculos históricos y culturales muy relevantes y profundos que he tenido ocasión de recordar y revivir en mis recientes visitas a este gran país; así como una estrecha agenda política, económica, empresarial y de seguridad que se proyecta más allá de nuestra relación bilateral. Es nuestro deseo seguir trabajando con la nueva Administración al mismo nivel de excelencia con que lo hemos venido haciendo hasta ahora, también en los asuntos globales y en los foros multilaterales.

El destino de los españoles pasa asimismo por la Comunidad Iberoamericana de Naciones. El pasado mes de octubre, en Cartagena de Indias, en Colombia, tuvimos ocasión de conmemorar el 25 aniversario del sistema de Cumbres Iberoamericanas. Celebramos este aniversario dedicando el tema principal de la Cumbre de Cartagena a los 150 millones de jóvenes iberoamericanos, en cuyas manos y mentes está el futuro de nuestra Comunidad.

Un futuro que espero próspero y en paz particularmente para el pueblo y el Gobierno de Colombia. España ha estado, está y seguirá estando a su lado en este proceso que esperamos ver culminado muy pronto. Como también estamos al lado de todos los pueblos y Gobiernos de nuestra querida Iberoamérica en la mejora de sus instituciones democráticas y en los procesos de reformas económicas y sociales que solo pueden apuntar a un presente y futuro mejores para todos nosotros. Todos deseamos que nuestra Comunidad Iberoamericana esté más integrada y sea más próspera y más activa en la esfera global, donde nuestros emprendedores y creadores están ya dejando huella en múltiples ámbitos.

Formamos también parte de una comunidad lingüística compartida por más de 500 millones de personas, cuyo idioma y cuya cultura son cada vez más demandados y apreciados. El Instituto Cervantes y otros instrumentos de nuestra diplomacia cultural y pública, como las Casas, sirven para darnos a conocer mejor en cada vez más rincones del planeta, y también para que nuestros ciudadanos tengan acceso a otros ámbitos de civilización cuyo conocimiento nos enriquece.

España fue pionera y vanguardia en los albores de la Modernidad, abriéndonos al mundo e iniciando la primera globalización. Los españoles seguimos conservando esa vocación abierta y global y ello tiene su reflejo en nuestra política exterior. En las últimas décadas hemos ampliado nuestra presencia en Asia-Pacífico y en nuestra vecina África.

En el Magreb tenemos una relación privilegiada con Marruecos, que queremos seguir preservando y profundizando, así como con Argelia y con los otros países de la orilla Sur que componen el Diálogo 5+5.

Con África Subsahariana, nuestra vocación y voluntad es seguir acompañando a sus países y a sus pueblos en la búsqueda de la paz y la seguridad allí donde están amenazadas; y también en la senda del progreso que hoy está cada vez más generalizado en el continente, pero que ha de consolidarse. Es nuestro deseo celebrar durante esta legislatura una Cumbre entre España y África que nos acerque todavía más y que prepare una agenda compartida de paz, seguridad y prosperidad.

Con Asia y el Pacífico nos une una historia que estamos recuperando y poniendo en valor. Dentro de menos de dos años se cumplirán cinco siglos del inicio de la expedición Magallanes Elcano −impulsada por la Corona−, la primera Circunnavegación de la Tierra, el primer gran hito de la globalización de nuestro planeta, y que supuso también la primera travesía documentada del océano Pacífico. Y precisamente aquí en Madrid, en el Museo Naval, está teniendo actualmente lugar una exposición, que les invito a visitar, sobre el Galeón de Manila, la ruta transoceánica española que unió Asia, América y Europa durante dos siglos y medio de forma casi ininterrumpida, desde el siglo XVI.

Hoy Asia es la región más dinámica en crecimiento y, cada vez más, en innovación. Deseamos formar parte de esa historia de éxito en el presente como ya lo fuimos en el pasado. Deseamos también, en la región del Pacífico, contribuir a la gestión sostenible de los recursos oceánicos y a la solución de los problemas que acucian a los pequeños estados insulares, derivados en buena medida del cambio climático y en cuya lucha se juegan su supervivencia.

España, pues, cuenta con la vocación y la capacidad para mantener e impulsar una presencia global efectiva. Sabemos bien lo que nuestro país puede aportar en estos tiempos de incertidumbre y de esperanza. Tengan la seguridad de que la Comunidad Internacional en su conjunto y sus miembros pueden contar con España.

Como uno de los creadores del moderno Derecho Internacional somos, sobre todo, un país que se rige por las normas contenidas en la Carta de las Naciones Unidas. Respetamos y promovemos los Derechos Humanos y, por ello, somos candidatos al Consejo de Derechos Humanos durante el período 2018-2020, candidatura para la que les solicitamos su apoyo.

Señoras y Señores Embajadores, termino ya mis palabras aprovechando esta ocasión especial para enviar a través de ustedes mi saludo más cordial a sus respetivos Jefes de Estado, y renovando mis mejores deseos para este nuevo año 2017.

Muchas gracias.
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